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El suplicio según Canetti

MANUEL GARCÍA VERDECIA [mediaisla] Canetti, como todo gran autor nos asoma a las vicisitudes del alma humana. Nos enfrenta, como en un gran espejo a nuestras propias angustias, obsesiones y ansias…

Elías Canetti es un autor esencial, exigente, de esos que no se ceden un ápice en rebajar al lector a una escritura complaciente y embaucadora. Su literatura es del máximo rigor tanto en pensamiento como en estilo y, por tanto, se convierte en una aventura del conocimiento y el reto a cualquiera que se adentre en ella. El escritor habla del hombre enfrentado a determinadas condiciones que intentan acosarlo y reducirlo a un simple animal. Su obsesión es la tentativa del hombre por oponerse a la aniquilación y la nada.

Canetti, descendiente de judíos sefardíes (precisamente su nombre viene del pueblo español de Cañete) que se radicaron en Bulgaria. Nació en la ciudad Rustschuk, de ese país el 25 de julio de 1905, o sea, que se han cumplido ciento diez años de esto. Hizo su vida entre Viena, Londres y Zurich, primero buscando espacios de realización y luego para escapar al terror fascista. A pesar de que su lengua materna es el judeoespañol, escribió la totalidad de su obra en alemán. En su ceración destaca fundamentalmente el ensayo y los aforismos, pero también escribió una significativa novela y varios tomos autobiográficos. A pesar de no ser extensa, su literatura tiene la consistencia y la hondura fundamentales para que fuera un digno acreedor al Premio Nóbel en 1981.

De entre sus libros destaca sobremanera su única novela Die Blendung, que podría traducirse como “La decepción” o “El deslumbramiento”, pero que sin embargo se ha dado a conocer con el título que le pusiera su traductor al inglés, C. V. Wedgwood, Auto de fe, con el que quiso asociarla con los castigos que imponía la Inquisición a los herejes, llevándolos a la hoguera. La novela narra la historia del profesor Peter Kien, un afamado investigador de la cultura china. Este hombre se ha construido un universo en su hogar conformado por miles de libros entre los que vive y los que constituyen para él su más cercana y exacta realidad. Esto lo hace, a pesar de su talento y su capacidad para el estudio de los fenómenos culturales, un ser poco hábil para enfrentar dilemas prácticos.

En determinado momento, su soledad y las vicisitudes que esto impone, lo llevan a contraer nupcias con la única persona que le era más cercana y creía conocer, su doméstica. Este paso le deparará la más angustiosa de sus empresas, pues lo que prometía ser una existencia de apoyo y colaboración, se convierte en una pesadilla de mezquindad y agresión. Gradualmente, la nueva inquilina ira usurpando el espacio de Kien y reduciéndolo a un cuartucho con algunos libros, pues hasta estos los va a vender. Finalmente, la esposa logrará expulsar al profesor de su propia casa y volverlo un proscrito en su propio mundo. La novela explora los mecanismos mentales y emocionales que hacen posible una experiencia como la del surgimiento del fascismo.

Sin embargo, esta singular y tremenda pieza narrativa, prohibida por los nazis, no conoció el favor del público hasta mucho después, cuando ya el autor había publicado otro de sus libros cardinales, Masa y poder. Es este un profuso ensayo, hasta donde creo insuperado, que estudia el fenómeno de eso en que se convierten los seres humanos de poca autoconciencia y automotivación que se ha dado en nombrar con el humillante nombre de “masa”.

Otra de las zonas de producción principal del autor son sus aforismos, de los que publicó varios libros. Canetti parecía tener cierta preferencia por los textos breves, concisos, muy densos de significación. Tal vez la urgencia de sus obsesiones, la movilidad de su vida y la variedad de intereses que lo llamaban, le impedía imbuirse en nuevos textos pensados y escrupulosamente elaborados como Masa y poder. Entonces acudió a estos apuntes, que están entre la viñeta, el microcuento, la simple observación o remembranza. Siempre afilados por su penetración singular en el asunto y siempre inquietantes por la perspectiva desde donde los acometía.

Uno de estos libros es El suplicio de las moscas. Ya desde el título nos enfrentamos a la peculiar manera de mirar la vida que poseía el autor. Para nombrarlo se basa en unas memorias que leyera donde la escritora narrara cómo una amiga se dedicaba a ensartar moscas vivas en un collar que luego se colgaba al cuello para disfrutar de la extraña sensación que los pataleantes animalitos le daban. Es un terrible tormento para recibir placer. Creo que el autor se veía así en la empresa de pensar la vida: fijar con una aguja doliente que no matara pero que nos hiciera poder experimentar los matices de la angustia de existir. De ellos les dejo tres muestras:

“Ninguna escritura es lo suficientemente secreta como para que el hombre se exprese en ella con veracidad.”

“Los animales que pueblan nuestro pensamiento deben volver a ser poderosos, como antes de su sometimiento.”

“Una experiencia espiritual excesiva requiere un periodo de gestación; no se puede aprender impunemente; lo aprendido tarda en ser olvidado, y solo lo olvidado emprende caminos nuevos.”

En fin, Canetti, como todo gran autor nos asoma a las vicisitudes del alma humana, que es en definitiva la esencia de toda gran obra. Nos enfrenta, como en un gran espejo a nuestras propias angustias, obsesiones y ansias, eso que pudiera denominarse el suplicio de existir, con la fuerza y la hermosura de una visión perspicaz y especialmente sensible.

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MANUEL GARCÍA VERDECIA (Holguín, Cuba, 1953) es profesor, poeta, traductor y editor. Ha sido profesor en universidades de Cuba, Canadá, República Checa y México. Entre sus últimas publicaciones destacan Luz sobre la piedra (2011) y El día de La Cruz (2012).

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