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Creciente sagacidad: La poesía de Luisa Govela

REBECCA BOWMAN [mediaisla] Govela sabe crear los poemas con calma, con serenidad; permite que crezcan dentro de ella, los pule. Sabe escarbar dentro de sí y también captar con palabras las sensaciones no nombradas que experimentamos

En Tampico trabaja con diligencia una poeta cuyas obras merecen conocerse en otras partes no sólo de México sino más allá de sus fronteras.

Luisa Govela, graduada de la UNAM y de la Universidad Autónoma de Tamaulipas, ha publicado Tiempo de palabras, Península del viento, Claraboya, Poemas del enemigo entrañable y Cruce de cebra, y sigue produciendo una obra lírica de peso.

Govela trabaja magistralmente los temas de la enfermedad, de la muerte. En su poema “Igual que un río” Govela capta la extrañeza del luto, lo diáfano del duelo, esos días tristes y bellos en que se lamenta una pérdida, en donde sentimos distinto el correr del tiempo. Honra a su padre y a la familia que queda después:

(sólo queda un sollozo de truenos
y ataúdes de luna.
el pinar umbrío
teje una red de sombras
en la arena).

En “El hermano menor¨ retrata a un ser desaparecido y capta el anhelo de proteger a quien ya está ausente:

Dan ganas de ser árbol
y alojarte en mi tronco
leve litoral de alas
surcando el aire tibio.

En “Regalos” Luisa Govela se inspira en el Popol Vuh utilizando la lista de los regalos de Nacxit, dones sagrados mencionados en el texto maya, dando a cada uno de éstos un significado personal. Este listado crea un efecto de acumulación y ciclicidad que hace que nosotros también nos sintamos atrapados en la experiencia entre tierna y dolorosa de la enfermedad de un desahuciado querido, esos días de ternura y frustración, de miedo por la incertidumbre. Desenvolvemos los regalos junto con los familiares del que agoniza, sintiendo el impacto ya de embelesamiento o tristeza al ver qué contiene cada envoltura. La yuxtaposición de los implementos de la enfermedad moderna con los elementos de simbología maya hace que cada uno se releve aún más, y el ritmo, que se parece al de las letanías religiosas, a los ritmos repetidos de las novenas, de los rosarios, también evoca un estado emotivo. Al mismo tiempo, estos ritmos e imágenes parecen ayudar a sosegar la voz que canta. Se imagina uno que este poema sirve para compartir con los demás qué es lo que se siente al pasar por días parecidos, pero también otorga una especie de consuelo tal como lo hace el rito del Sacramento de los Enfermos en el culto católico. A su vez, las últimas líneas son desgarradoras:

El último don es Astapulul, el espantapájaros
tiembla de miedo como yo tiemblo
ante lo helado de tu piel
¿Hay algo peor que esto?

En “Memoria de tu cuerpo” se evocan los amores ya pasados de un esposo ausente. Recordar esos días de goce desde un tiempo en que ya no es posible la unión es una vivencia universal pero poco tratada, algo bello y conmovedor:

Manos de resplandor silvestre
escalando las vértebras vencidas por la lluvia

Luisa Govela incluye en sus libros textos que son respuestas a lecturas de otros poetas, algunos juegos líricos, casi poesía de ocasión. Con cada publicación se ha reforzado su capacidad de creación. El poema que más llama la atención de este último libro es “Malintzin Marina Malinche Malinalli”. Es interesante aquí que el título de este poema de largo aliento publicado en Cruce de cebra abarque en su título todos los nombres que se le da a esta figura histórica, lo que marca lo totalizante de la visión de la autora, y el hecho de que Govela imagina a la mujer nahua como un personaje multidimensional. Este poema es uno que mezcla lo épico con lo lírico, comenzando casi como una autobiografía imaginaria para alcanzar después un grado de poesía amorosa parecida al Cantar de los cantares, pero con elementos tomados de la poesía náhuatl y la maya. Govela logra que, en lugar de ver a doña Marina desde la distancia, repudiándola o sintiendo lástima por ella, lleguemos a comprender lo que seria ser ella. Este nivel de empatía engrandece un poema de extraordinario ritmo y de hartas imágenes bellas y novedosas.

El poema contiene las preguntas retóricas que se ven en la poesía náhuatl. Hay deleite en el cuerpo masculino, en las sensaciones del acto amoroso:

No es mi deseo calmar ese barrunte,
Mis viñas están en cierne,
Manada de cabras desbocadas
Bocanada de ansia irrefrenable.

No obstante, la relación se extiende a que doña Marina reconozca la completa humanidad de Cortés; no es centauro ni dios barbudo sino un ser que bebe, eructa y siente temor. Luego experimentamos junto con ella la decepción, el rechazo, la añoranza, el abandono, la ignominia y finalmente el comienzo de una nueva vida que remata el poema con una especie de esperanza dulceamarga.

Tal vez haya versos que no alcancen la altura de otros, pero son pocos, a veces aparece una palabra de procedencia posterior al tiempo de Malintzin pero éstas son mínimas, en uno que otro momento se usan técnicas que me distraen por pertenecer, a mi parecer, a una cierta época de la poesía de los sesenta y setenta en donde se jugaba con la imagen gráfica del poema, pero son tan raros estos sucesos que me hacen pensar en el defecto intencional de la alfarería japonesa, el que por contraste revela lo excelso de lo demás.

Govela sabe crear los poemas con calma, con serenidad; permite que crezcan dentro de ella, los pule. Sabe escarbar dentro de sí y también captar con palabras las sensaciones no nombradas que experimentamos todos. Pienso que con cada libro que escribe Govela crece como poeta, y anticipo aún mayores logros en años venideros.

Luisa Govela pertenece a una generación de mujeres poetas a las que rara vez se les animaba a promoverse y a las que se les pedía sobre todo discreción. Aunque lleva años escribiendo, no presume de sus destrezas ni ha perseguido publicidad. Además, me pregunto si la geografía de México, añadida a su cultura centralista imponente, no haya sido responsable de haber relegado a una poeta cuyos logros, si aparecieran en un lugar menos distante de la capital y menos olvidado por ella, obtendrían inmediata aclamación.  Pienso que estos dos factores han privado al lector del privilegio de escuchar una voz callada que ha trabajado con agilidad temas contundentes.

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REBECCA BOWMAN [Los Ángeles, CA]. Ha publicado varios libros incluyendo Los ciclos íntimosLa vida paralela, Horas de visita y Portentos de otros tiempos. Sus cuentos y poemas se han incluido en antologías y sus obras de teatro se han puesto en escena varias veces; escribe literatura infantil.

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