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Polifonía Caribeña en «Materia prima» de Marcio Veloz Maggiolo

MIGUEL ÁNGEL FORNERÍN [mediaisla] «Materia prima» viene a recuperar un tiempo perdido cuando ya el espacio de Villa Francisca está destruido por la falsa modernidad de Joaquín Balaguer, que ha derrumbado el barrio y ya no es posible la recuperación ni de su pasado contemporáneo ni de su pasado aborigen.

Materia prima (1988) es, desde cierto punto de vista, una novela polifónica como usara este concepto Mijaíl Bajtín (1895-1975). En ella se estructura un fresco en el que participan variadas voces, aunque los diálogos entre los de arriba y los de abajo esté elaborado al mínimo y esto sólo porque las voces juegan o contrastan con el discurso que impone el poder, muy definido bajo la Era de Trujillo.

Lo primero que hay que resaltar en el interés de los personajes por recuperar una historia del barrio mediante las distintas voces del cronotopo, el espacio-tiempo que es Villa Francisca. Ese deseo de recuperar el pasado, de historiar la vida individual, es lo que hace de esta obra una polifonía que nos presenta el fresco, la crónica de la vida de los personajes en un barrio de la capital dominicana, que es presentado como un microcosmo de la historia de la humanidad. Y en esta parte, Veloz Maggiolo se reescribe y es intradiegético, porque la narración versa sobre aspectos que ya están en su narrativa, como el deseo de encontrar en el barrio la historia de la humanidad o la historia clásica o el pasado aborigen, como ocurre en Florbella (1986).

La obra es prefigurativa en la media en que el plan de hacer la novela siempre está en el centro de las narraciones, es una metanarración, la que la hace vanguardista. Los elementos metapoéticos aparecen en el decurso narrativo desde el principio hasta el final. En la obra, el material para la novela es la búsqueda y la escritura constante, lo que hace que la obra más en el telling que en el sowing, sea una especie de flor de loto en la que cada hoja es un capítulo que remite muchas veces a otro discurso narrativo como el epistolar y, mientras, trata de formar la novela como totalidad, de flor, sea también la extensión de otras novelas futuras del autor.

De ahí que la lectura del texto se enriquezca con la intertextualidad de otros textos conformando lo que podríamos llamar la hipertextualidad y la postextualidad. Porque si bien Materia prima nos remite a las novelas anteriores de Veloz Maggiolo, ella también nos adelanta las posteriores. En ese juego de ir de un texto a otro, de referir la vida y hacer de ella una crónica y de buscar la historia de forma paralela, se da una narración que nos presenta el hiperrealismo de la vida bajo la Era.

La memoria tiene un papel importantísimo porque es en su evocación donde se reconstruyen los relatos personales que va a formar el fresco del barrio. Un espacio que viene a ser la cuarta expansión de la historia de la ciudad de Santo Domingo fuera de sus murallas históricas. La primera hacia San Carlos, la segunda hacia Ciudad Nueva, la tercera hacia Primavera-Gascue y la cuarta hacia Villa Francisca a principio de siglo y que adquiere mayor vigor en los años treinta luego del ciclón de San Zenón.

Aunque la historia del barrio y la historia clásica, sobre todo, la de Roma, están ahí en un contrapunto de relatos que refieren al pasado y a la historia de la humanidad; la obra es búsqueda de la historia personal y la del barrio, sus personajes como el poeta Héctor J. Díaz, el chismoso Paco Escribano y cantantes como Johnny Ventura. Marcio Veloz presenta una historia de cuando la radio y el cine se apoderan de la refiguración de la realidad y cambian la conversación y la oralidad, en un tiempo posbélico en que la dictadura alcanza su mayor esplendor y también su declive. Son los años cincuenta con la entrada al mundo del espectáculo, los Joseito Mateo y Alberto Beltrán, el inquieto Anacobero, Daniel Santos.

En el barrio entraban los militares de Trujillo, proliferan los caliés, las prostitutas y la vida sórdida formaba parte de el hiperrealismo de la miseria, de la búsqueda, de la esperanza de seres sin más norte que el vivir. Aquellos que pudieron salvarse pasaron a otros espacios. De ahí que la obra se escriba en una constante ir y venir entre Roma y Nueva York. El barrio contrastaba con otros barrios como Mejoramiento social, narrado con un sentido ideológico en la novela Caonex (1949), de Sanz Lajara; contrario a este escritor de la ciudad letrada trujillista, Veloz Maggiolo en Materia prima, no presenta el esplendor de un espacio reconfigurado por el poder, sino la vida bajo la dictadura, la relación de lo individual con el poder y las distintas estrategias de defensa que establecen sus habitantes.

El caliesaje, la delación, la muerte y la opresión por el delito de palabra, por no estar de acuerdo con la dictadura, es lo que liga el barrio al escenario político que vivía el país. Si Villa era un barrio como todos, si las acciones que ocurrían allí eran representativas de otras acciones y otros lugares, debemos entender que el barrio era un microcosmos de la sociedad dominicana y de Ciudad Trujillo, en particular. En él la moral y las normas tanto en la vida como en la sexualidad eran trastocadas, de forma que ya no existía un paradigma moral al que hacer referencia, más bien era, como dice Lukács: un mundo sin dioses.

En cuanto a sus estructuras, la obra sigue la poética de Veloz Maggiolo. Una antinovela. Consiste en destruir el concepto de novela que el siglo XX heredó y que surgió más allá de la Deshumanización del arte (1925) de José Ortega y Gasset. Una novela antiburguesa que se perfila como un accionar recurrente de espacios y personajes que quedan referidos; su historia anodina se inscribe en la historia del barrio y niega la historia oficial, la de los grandes personajes y héroes. Ellos han surgido del pueblo, salen de los barrios, de los tugurios, de los garitos, de los bares, de los prostíbulos o del ring de boxeo, de la vida de la farándula, del entretenimiento o de la falsa modernidad que construye la dictadura.

Materia prima viene a recuperar un tiempo perdido cuando ya el espacio de Villa Francisca está destruido por la falsa modernidad de Joaquín Balaguer, que ha derrumbado el barrio y ya no es posible la recuperación ni de su pasado contemporáneo ni de su pasado aborigen. Ya no es posible viajar al pasado mediante la arqueología, las nuevas avenidas han destruido el pasado y como el espacio-tiempo ha cambiado, es necesario narrar el cronotopo, de ahí que cada personaje sea también el cronista y que algunos de ellos estén conscientes de que alguien está escribiendo una novela en la que es actor y busque corregir el librero. Esto es muy pirandélico y muestra el interés de Maggiolo en el teatro como en la arqueología y la historia clásica.

La polifonía caribeña es distinta a la polifonía de la Edad Media que trabajó Bajtín. La nuestra es un multiperspectivismo, un diálogo de oposición al poder, no a la clase poderosa, sino a un poder unipersonal que se apodera de toda la refiguración simbólica y de los actos de habla, en el que todo discurso debe ser legitimado por el reconocimiento de ese poder omnímodo de Trujillo; mientras que la vida se vive en la sordidez, de una picaresca, en la que el ser vive una vida chata y sólo logra una salida en la emigración, desde afuera viene el deseo de recuperar las acciones del pasado, un pasado que, si bien se piensa, su pensar no es para la acción, sino para la ‘cura’ o catarsis de un fracaso, de deseos no cumplidos.

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MIGUEL ÁNGEL FORNERÍN (Higüey, RD). Departamento de Estudios Hispánicos de la UPR Cayey, es autor de Ensayos sobre literatura puertorriqueña y dominicana (2004), Los letrados y la nación dominicana (2013), La escritura de Pedro Mir (2014), y El canon horizontal (2018), entre otros.

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