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Elegía

 

BELIÉ BELTRÁN [mediaislaElegía pertenece más o menos a la serie de poemas que conforman Crónicas a la colmena, en cuanto al tema y quizás a ciertas imágenes. Pero, ni tiene una función de crónica o de diario, ni carga con el ritmo de visitante que llevan las piezas de aquel libro. En cambio, la estructura de este funciona como triada. Tiene un color más  sin salida, que alcanza hasta la naturaleza cuántica, por decirlo de algún modo. Este poema tuvo el mismo detonante de los de Crónicas, sin embargo, su condición le hizo ser el cierre de El búho en la carne, un poemario que quizá algún día publique. 

I 

Mañana  el ulular de las lechuzas
Dirá eslabones entre nudos
De tallos antaño bautizados
Por las yemas escurriéndose,
Barquichuelas sin fantasmas encadenados a sus quillas,
Entre las pieles desprendidas de sus héroes deshilachándose
En medio de la sabia y las huellas de grillos enlutados.

El ulular de las mañanas anunciará
En lechuzas el nublado de relámpagos
Con la sed acurrucada bajo los ángulos
Eléctricos, aguijones, insectos desovados
A fuerza de electrocutar las abejas e incendiar mariposarios,
Dentaduras de lagartos, estrujan pieles
De piñones enraizados en plumas de infecciones blancas.

El lío de colores en las alas
De un pájaro mudo crepita
En las fosas nasales, encierra
Las corrientes, nerviosas, de ojos
Y lenguas que reptaron como fronteras
A trazos gruesos en papel de arroz;
Toda imagen, todo cielo, todo aliento,
Luz, lentejuela, ternura, celos,
Tejido en punto de cruz
a pulso del pico y las garras manchadas, marcha
sobre la sanguaza del estigia.

Al pájaro, que vaga por el muslo
De la niña le caen las profecías de sus uñas
Como guijarros pintarrajeados de hiedra
entre la dermis y el calcio,
cada graznido le es premonitorio, el búho,
que otea la carne de las lagartijas,
desconoce el álgebra o los pares ordenados
para calcular el fondo desconchado de las líneas
de café en las tazas;
el pájaro desconoce a su vez
los labios amoratados que antes,
sobre la rabia de las aceras
inhumaron las manos
cercenadas del último herrero de los dioses,
Bautizaron   las hojas innominadas de las caléndulas.

II

A las aceras de la tarde
Les da igual una gota
De agua diurna que el escupitajo de los albañiles
O las patas de los ratones desprendidas al vuelo del búho
O el aire lleno de la colmena
Con sus zánganos, obreras, mieles, abejas reina
Y marcas de uñas de osos invitados
A las puertas del panal;
Les da igual a las aceras
Que atentas a las hormigas   y los aleros
Vendaron de grises sus ojos;
Les da igual ser patíbulos de pájaros
O surcos de anguilas y grúas
O lecho de botellas amarradas a dueños sin callos
O la esclerosis que fosiliza las luces
De las lámparas aún sin romper y
La sombra estridente de las rapaces vírgenes;
Tanto les da igual y a nadie acogen
Que enmudecidas ocultan las latas rotas
que las uñas acrílicas de la media noche
que las marcas de perros funambulistas
que el escupitajo genital de mercaderes
que la noche bajo el fornicio de Orión
que la casa del toro o la flecha
que le cuelga de la lápida a Sagitario
que diciembre que julio que mayo,
que gorros rojos de lana
que aviones de papel o de musgo
que caminatas por puentes endebles
que nubes o el Jaya,
que funerarias o bibliotecas o crucifijos de madera,
todo tan igual les da a las aceras
que cuando se desperezan y
que descorren los grises y
que saltan las tapias alambradas y
que se enjuagan las huellas de las gandayas,
dan con la frente a los cuerpos,
caen como hienas sobre las colmenas,
quiebran las patas al oso y las antenas
al gusano,
abren al búho el circo y el
impacto acaso levanta
las plumas adormiladas
de la serpiente.

III

Si atravesara las vibraciones de las cuerdas
Que anudadas sostienen cada átomo
Como mayas en las canchas soleadas,
Cruzaría por el barullo extendiendo
Raudo, feroz, un par de calcinadas alas
Hasta estrellar contra los vórtices
La letanía, que amorata, los relojes;
Decrecería en picado contra las ruedas, contra los acordes,
Contra los mensajes, contra cada bit,
Contra los augurios, contra las revelaciones,
Contra el vuelo del búho, contra
Sus ondas; cruzaría las cuerdas contraviniendo
Las paradojas de la mecánica, caería
Contra la ceniza en las pupilas, contra
Los pulmones de Lavinia, contra
Los testículos saeteados de Acteón, lanzaría
Agujas mensajeras en la carótida de la última parca,
Curare sobraría entre el telar y la carne sajada,
El Leteo a cuenta gotas inhumaría su hígado.

El tiempo se arrodilla en cambio
A la indefensión, indefinido,
Aborta entre cardúmenes el espacio
Que divide unos dedos leves de unos pies en el autobús;
Arrodillado baja la cabeza, recibe
Con piadosa gratitud el disparo en la nuca,
Cae atragantándose de salmodias que resquebrajan
El zumbido último de las abejas encaminadas a la colmena;
Este balcón insinúa tener la respuesta,
La línea bajo la sangre de cristo a lo lejos
Se oculta con las ondas, ulula, ulula, ulula
El búho arrastra bajo el chillido de las ratas
La carne que le quedaba al oso,
Ninguna cuerda vibra para ser cruzada.

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BELIÉ BELTRÁN
[
Bayaguana, RD], comunicador, lector. Autor de Pardavelito y Crónicas a la colmena.
Ha sido publicado en distintas antologías de México, Guatemala y República Dominicana.
Es vegetariano por aburrimiento.

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