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Hipertextualidad, historicidad y discurso en la novela Guanuma de Federico García Godoy

MIGUEL ÁNGEL FORNERÍN «Guanuma» es una novela que se escribe bajo el influyo del modernismo que, desde la publicación de «Ismaelillo» de José Martí en 1882 y «Azul» de Rubén Darío en 1882, había impuesto las formas simbolistas y parnasianas de la poesía francesa y un gusto por el exotismo y el cosmopolitismo de las grandes ciudades europeas. 

Introducción

Esta lectura tiene el propósito de situar, valorar y criticar la novela Guanuma: novela histórica (1914) de Federico García Godoy, escritor dominicano nacido en Cuba. Uno de los principales ensayistas de la corriente filosófica positivista. Como educador y pensador, García Godoy sigue las formas de pensamiento del maestro puertorriqueño Eugenio María de Hostos[1].

Revisaremos su escritura historicista en su Trilogía patriótica compuesta por las obras Rufinito: novela histórica (1908), Alma Dominicana: novela histórica (1911) y Guanuma[2]. Nos referiremos a su ensayo de interpretación histórico cultural El derrumbe[3] para situar sus ideas liberales y nacionalistas. Así como entroncaremos su escritura dentro de una corriente latinoamericanista de la que él es uno de los pioneros en la República Dominicana.

Las obras de García Godoy tuvieron difusión antes de la invasión de las tropas interventoras estadounidenses de 1916, que se mantuvieron en el país hasta 1924. Durante la Era de Trujillo figuró en las obras de los historiadores literarios como Max Henríquez Ureña y en la de Joaquín Balaguer[4]. Pero las reediciones de sus obras aparecen más tarde con la publicación de la Librería Dominicana de don julio Postigo, con una introducción de Joaquín Balaguer. Luego en la década de 1970, Juan Bosch prologa la primera edición conocida de El derrumbe, un libro incinerado por las tropas estadounidenses y publicado por la editora de la Universidad Autónoma de Santo Domingo.

Este acontecimiento será de mucho valor para apreciar las ideas de García Godoy y la génesis de sus planes que en mímesis I, o refiguración, usará el autor para construir su Trilogía patriótica[5]. Más adelante, El derrumbe tiene dos ediciones y la Trilogía patriótica una, que en su conjunto abonaron al conocimiento y la entrada definitiva de este autor al canon de las letras nacionales. Sin embargo, mostraremos en este ensayo cómo Balaguer es el creador del lugar común con el que se ha denominado la obra de García Godoy dentro de un grupo de escritores llamados “pesimistas”[6].

Denotaremos, en la conclusión de esta exposición, que Federico García Godoy tenía una visión angustiada de la dominicanidad y quería como José Ramón López o Américo Lugo, el desarrollo de una ciudad civil en un momento en que se imponían las fuerzas militares; el de una república democrática como la soñaron los trinitarios. Ese nacionalismo también estuvo cruzado por una visión racialista de la sociedad dominicana, el que hemos situado ya en Los letrados y la nación dominicana[7].

La lectura y el estudio de las obras de García Godoy y la ponderación de sus ideas sobre la nación dominicana son de mucha importancia en estos días en que se debate el fortalecimiento de su gobierno democrático y en que se han exacerbado las ideas identitarias que él atisbó hace más de un siglo. Invito al amable lector a seguir mis ideas sobre Guanuma y sus contextos sociales e ideológicos. Haré una cala en la forma de la novela y su entroncamiento con otras obras del autor. Al final, espero haberle conducido con la mayor sencillez por los vericuetos del alma nacional que el autor buscó explicar y a la vez, motiva una acción que cambiará el curso de la azarosa historia que se nos venía encima.

La novela histórica y la Trilogía patriótica

Es bien sabido por los conocedores de las obras de García Godoy que sus planes de preconfigurar una obra literaria de carácter histórico parte de un hipotexto español que son los Episodios nacionales de Benito Pérez Galdós, que, a su vez, se inspiran en acontecimientos destacados de la historia contemporánea de España. Esto muestra que nuestro autor no estaba tan empeñado en realizar una obra original en su factura, en su forma, sino que quería usar una forma novelística que le permitiera avanzar su programa ideológico sobe la nación. Por lo que debemos considerar la relación entre novela como arte y novela como ideología, y evaluar hasta dónde los elementos artísticos o poéticos sobresalen sobre las afirmaciones ideológicas que el texto contiene.

Postularé de forma provisional que, los textos de la Trilogía patriótica no conforman relatos históricos alejados del autor, sino acontecimientos valorados como históricos, pero que eran contemporáneos al autor que al realizar la mímesis de las acciones llamadas históricas pudo valerse de recuerdos y testimonios, y realizar una crónica del mundo vivo. Esto se puede ver en las menudas fuentes que usa el autor para llevar a la forma artística el discurso histórico. Podríamos remitirnos a los libros del historiador José Gabriel García (Compendio de la historia de Santo Domingo, 1900-1906) y a la obra Anexión y guerra de Santo Domingo, del general José de La Gándara, publicada en Madrid en 1884, que era una crónica de los acontecimientos de la Restauración de la República[8]. Acontecimientos que inician en 1861 con la anexión a España y terminan y continúan en 1863 con el Grito de Capotillo y la salida de las tropas españolas dos años después. De estas acciones tenía conocimiento José Gabriel García porque había participado en ellas, como el General de la Gándara. Así que lo histórico parte de una posición de testigo y del relato de un cronista. Esta ventaja no la tiene el autor que bucea en acontecimientos del pasado y de los cuales los únicos intermediaros son los textos escritos y la formulación de un método de investigación como hacen los historiadores. En fin, García Godoy trabaja con la historia contemporánea y sobre todo con una historia política, fuertemente vectorizada por sus ideas nacionales, lo cual hace de sus textos exposiciones privilegiadas por los lectores que al hacer la refiguración encuentran acontecimientos y planteamientos en los que pueden reconocerse. Acontecimientos que, es bueno precisar, han sido elevados a un metarrelato nacional. Es decir, un relato que habla a la nación, una escritura en la que todos se reconocen o deben reconocerse.

Antes de la publicación de Rufinito, en la literatura dominicana se conocía una sola obra de temas históricos que era Enriquillo de Manuel de Jesús Galván, publicada en 1879-1882, como una “leyenda indígena”, es decir un relato que no se ajustaba del todo a la historia como la planteaban los historiadores de la época, que eran positivistas; es decir, que lo que afirmaban tenía que ser sustentado por pruebas documentales. Se valió de seguro Galván de la publicación de las obras del padre Bartolomé de Las Casas, que aparecieron en el siglo XIX. Pero el subtítulo de la obra y el prólogo de José Joaquín Pérez, una de las figuras más importantes de la literatura indigenista que iniciara Javier Angulo Guridi en la década de 1840, decía muy claro a los lectores que su obra era una creación poética con elementos históricos, pero no era la historia que narraban los historiadores.

Otras novelas dominicanas anteriores a Enriquillo exponían situaciones en las que participan o se refieren personajes históricos como en La fantasma de Higüey de Angulo Guridi, publicada en La Habana en 1857. Mientras que, en El montero, publicada en el Correo de Ultramar de París en 1856, por Pedro Francisco Bonó, narra la historicidad de los hombres del campo dedicados a la montería. La relación entre la vida y lo histórico aparece además en la obra de Francisco Gregorio Billini, Baní o Engracia y Antoñita (1892) con la exposición y costumbre de los canarios del pueblo de referencia y la vida de las guerras civiles dominicanas posterior a la Restauración. Mientras que La sangre, (1914) la vida bajo la tiranía de Ulises Heureaux (Lilís) no puede catalogarse como novela histórica, aunque verse sobre un periodo de nuestra historia patria es una novela modernista en su factura, costumbrista en sus situaciones y política en los temas que trata. Remite a un pasado histórico, pero no es una novela histórica en el buen sentido del género que iniciara en Inglaterra Walter Scott.

Por lo dicho anteriormente, cabe decir que es Federico García Godoy el fundador de un tipo de novela histórica que aparece en la literatura dominicana y que ya venía atisbándose en la novelística dominicana desde su origen. Un género muy particular que toma un escenario histórico crea un personaje ficticio, como Rufinito a Fonso López y lo hace actuar dentro del escenario con el fin de poner en escena las ideas nacionales. A favor de este plan prefigurador o mímesis I se da la configuración de las acciones que son valoradas por las ideas, por lo que vemos por un lado el interés ideológico nacionalista y por otro el plan estético de la obra; ambos han de contribuir al resultado final que se da en la lectura como reconfiguración de las acciones y el decurso de la obra como artificio ficcional.

Novela, arte e ideología

La novela es un género literario, es decir, una forma artística que han venido cultivando muchos escritores para exponer acciones humanas. Se puede considerar a Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes, publicada a principios del siglo XVII, como la novela paradigmática de la lengua española. Este género no se desarrolló mucho en América y hasta existe un debate sobre las prohibiciones que se hicieron a este tipo de obras. Carlos Esteban Deive ha rastreado la presencia de Don Quijote de la Mancha en La Española el mismo año de su publicación. Sin embargo, ya sea por la influencia cubana, como anota el doctor Bruno Rosario Candelier, en su prólogo a La fantasma de Higüey de Guridi (1857), la tradición literaria dominicana ha dado prioridad después de la poesía a los relatos cortos, novelas cortas o nouvelles, que aparecieron concomitantemente al periodo de independencia y luego, en la década de 1880 aparecen las novelas de largo aliento coincidiendo con el desarrollo y el maquinismo que posibilitó probablemente la entrada de modernas imprentas a la isla. El apego a la lectura de obras de ficción lo tomó el cuento que se publicaba, al igual que las novelas cortas, en los diarios y revistas, como lo ha estudiado Emilio Rodríguez Demorizi[9]. El dominicano prefirió las narraciones cortas a las novelas. Hay que anotar que los lectores de estas obras no eran muchos en tiempos de García Godoy, y no deberían hacerse ediciones superiores a los trescientos ejemplares y en los de Juan Bosch, década de 1930, unos quinientos ejemplares, que ascienden a los mil en 1970.

Como ha referido Juan Bosch, Federico García Godoy tenía las condiciones para ser un gran novelista, aunque su interés ―agrego yo― no estaba en crear obras de arte, ni seguir modelos literarios famosos en las urbes metropolitanas[10]. En el país se leían muchas novelas francesas y los debates que sobre las mismas se suscitaba demostraban el apego a la forma moderna de la novela que se desarrollaba en Francia, lo mismo pasaba en Cuba desde hacía muchos años, desde que Domingo del Monte tenía su tertulia y animaba a la ciudad letrada de La Habana (itinerario que puede leerse en los siete tomos que conforman Centón de Domingo del Monte). La novela en Francia y España había pasado del Realismo al Naturalismo, como se puede apreciar en obras del puertorriqueño Manuel Zeno Gandía, La charca (1898).

Los elementos del realismo o del naturalismo no aparecen destacados en las obras de García Godoy porque él está interesado en la exposición de unas ideas que tiene sobre la nación dominicana, de ahí que la ideología pese más que la construcción artística. Sin embargo, es muy oportuno anotar que fue García Godoy uno de los pocos novelistas de su época en retratar las diferencias de clase en el país y el valor de las masas pobres en el accionar político. Y era García Godoy más que un hombre interesado en las formas literarias un ideólogo que usaba las formas literarias para exponer sus ideas políticas.

Esto no desmerece su accionar literario, pero no ayuda a comprender la génesis de su obra, el plan fundador de mímesis I y los resultados de la mímesis II o configuración de las acciones humanas, dan como resultado la expresión del mundo de la vida de los personajes dominados por las acciones históricas y el horizonte intelectual del autor que se unen en la lectura para dar al lector una determinaba visión del mundo, de la vida y del pasado, que el autor ata a su particular manera de ver el devenir dominicano.

El nacionalismo de García Godoy

En la década de 1880, el continente americano arriba a una situación política en la que entran en lucha la vida rural y la vida ciudadana que se desarrolla al amparo de la vida republicana. Las ideas para remediar estas contradicciones pueden ser encontradas en la obra Facundo o civilización y barbarie de Domingo Faustino Sarmiento, argentino que había sido director de la educación en Chile. En nuestro mundo caribeño los ideólogos de ese período son José Martí, Eugenio María de Hostos y más tarde García Godoy y Américo Lugo. Estos autores mantienen una discusión sobre el destino de nuestros países como conjunto de naciones libres de talante republicano. Martí es el más agigantado por la forma y extensión de sus ideas y por la acción que llevó por la independencia de Cuba; Hostos realizó su trabajo en el área pedagógica y los demás en la difusión de las ideas de un latinoamericanismo en ciernes. La bandera hispanoamericana y el antiamericanismo que se ve en los estudios de la literatura del continente tienen en Federico García Godoy a un exponente cuando publica en París. Por el mismo camino iniciaban los hermanos Max y Pedro Henríquez Ureña su peregrinar por las tierras americanas.

Las ideas democráticas y el deseo de desarrollo de nuestros pueblos como pasó con gobiernos civiles, con planes de modernización donde la educación fundara el accionar de la vida política, eran las banderas de estos intelectuales que, a partir de 1900 tuvieron en el escritor José Enrique Rodó un marco referencial, una indagatoria cultural que perfilaba el espíritu latino frente al espíritu sajón. Con la publicación de Ariel, el positivismo y el krausismo de la educación que instaura Eugenio María de Hostos en 1870 en Puerto Plata va a tener una base culturalista en la que Ariel actúa contra Calibán. Los intelectuales como García Godoy, como Hostos, inspirados en Martí no creían en la lucha entre civilización y barbarie sino entre político creativo y masas que querían que las gobernaban bien. Sin embargo, como lo preveía Martí en Nuestra América, no estaba lejos el día de la visita. Y el mundo latino se había complicado con la Guerra Hispanoamericana, España perdía en el Tratado de París de 1898 todo su imperio en América y cerraba cuatrocientos años de dominio en América y El Caribe.

Estados unidos es el vencedor de esta guerra, la Republica Dominicana había empeñado su soberanía al contraer los gobiernos de la segunda república deudas con compañía inescrupulosas que usaron su poder para establecer arreglos de pago que fueron poco a poco minando su soberanía como los préstamos de la compañía holandesa Westendorp (1888) y la norteamericana Santo Domingo Improvement Co. (1892), la imposición de un recaudador de adunas bajo Ulises Heureaux (Lilís) y la compra de la deuda internacional por empresas estadounidenses que impusieron la convención dominio-americana de 1905 y otros acuerdos en 1907[11]. Esta situación se unió a las luchas entre distintas “ínsulas interiores” que provocaron la inestabilidad gubernativa imponiéndose los líderes de Concho Primo a las fuerzas ideológicas que buscaban una república independiente de toda potencia extrajera, como lo signaba el nacionalismo de Juan Pablo Duarte.

En este escenario es que hay que ver la Propaganda redentora que realiza Federico García Godoy. Como parte del grupo letrado que ve por dónde van los derroteros de la República, escribe artículos, da conferencias, publica novelas y busca que el dominicano entienda que el camino por el que va la República lo llevaría a la pérdida irremediable de la soberanía nacional. La filosofía positivista, el arielismo de García Godoy, dan como resultado un antiamericanismo antiimperialista, pero también una conciencia de que la República Dominicana debía inspirase en las ideas de Juan Pablo Duarte para terminar de afianzar las ideas liberales o democráticas.

Análisis contextual de Guanuma

Guanuma sigue el plan fundador de la Trilogía patriótica que proyectara el autor. Eso se puede ver en las ideas fundacionales como en el desarrollo de las narraciones. Se parte del contexto histórico, en la primera obra, Rufinito, el autor relata los acontecimientos que ponen a Juan Pablo Duarte en el Cibao, la campaña de Ramón Matías Mella porque el líder trinitario es candidato a la presidencia, contra el poder de los hateros representado por Pedro Santana. En ella aparece la lucha entre los trinitarios, representantes de la pequeña burguesía comercial y letrada, contra el santanismo, representante de los hateros. El escenario es la ciudad de La Vega. El partido duartista tiene mayores adeptos en el Cibao, tierra de pequeños comerciantes que apoyan el liberalismo que se funda en un nacionalismo contrario a la dominación haitiana.

En Alma dominicana el centro de operaciones es el Cibao y el personaje histórico es el general Gregorio Luperón, primera espada de la Restauración de la República y quien va a encabezar el partido Azul contra los conservadores capitaneado por Buenaventura Báez. El centro de operaciones de estas luchas se da en la ciudad de Santiago. En el Caso de Guanuma el personaje histórico es Pedro Santana y la ciudad que aparece como cronotopo es Santo Domingo.

Es en el seno del gobierno Restaurador establecido en la ciudad de los treinta caballeros, que aparecen en las primeras conversaciones que llevaran a Fonso Ortiz a infiltrarse en el campamento que mantenía Pedro Santana en Guanuma. Esto se da por la complicidad de un oficial santanista que tiene una deuda con Perico. Luego la acción se traslada a la ciudad de Santo Domingo donde Perico ingresa como mensajero especial del general Santana.

En cada novela de la trilogía García Godoy realiza un homenaje a la ciudad; de la de Santo Domingo va a destacar su historia, su pasado hispánico, sus edificios, sus murallas y baluartes, su Torre del Homenaje, el mar y su proximidad al río Ozama. Este homenaje no se da sin que encontremos la ironía de que no hace mucho estaba ocupada por las tropas haitianas de Boyer; ahora está ocupada por el ejército español que el general Santana y sus seguidores ha traído de regreso con la anexión de la república. Con este acontecimiento tan vívidamente narrado por García en su Historia de Santo Domingo inicia la novela, que cambia de escenario a Santiago, luego a Guanuma y se detiene en la contemplación de los edificios, de las afueras de la ciudad hacia el norte, una pequeña pensión donde Perico, el personaje, encuentra adeptos y luego se reúne con un grupo de complotados de la capital.

La historia no se libró en esta ciudad, los capitalinos están en la lucha, pero el centro del escenario es Santiago. El homenaje a la ciudad también deja ver que ya no era la ciudad que dictaba la política de la nación, el Cibao es el escenario. Juan Bosch ha dicho con mucha razón que en las novelas de García Godoy no son los generales los personajes que hacen la historia, la historia está dada por el pueblo. Y coincidimos con este aserto de Juan Bosch, quien lo lleva más lejos afirmar que la Restauración de la República en 1865 fue obra de la lucha de todo un pueblo. Y en este aspecto podremos decir que García Godoy se separa del relato fundacional romántico que veía en la novela romántica la forma de exaltar a un héroe; aquí el héroe queda en segundo plano, mientras son las gentes de a pie los que hacen la historia.

Guanuma es el espacio donde aparece Pedro Santana. Y el espacio del descontento de Santana con la forma en que el gobernador español ha venido llevando la lucha contra los dominicanos alzados en armas que iniciaron muy temprano la lucha nacional contra España con el levantamiento del general José Contreras y miles de pequeños agricultores en Moca el 2 de mayo de 1861, y continúo con la incursión armada de Francisco del Rosario Sánchez en El Cercado para explotar definitivamente en Capotillo con Santiago Rodríguez y Benito Monción. Las actividades de Polanco en Puerto Plata y las de Luperón, así como las del General Florentino en el sur fueron muestras de la forma decidida de los patriotas dominicanos por recuperar la soberanía perdida en los acuerdos de Santana con la reina Isabel II.

Pedro Santana en Guanuma era un hombre ya al final de su propia gloria como defensor de la frontera dominicana. Estratega que se impuso en muchas batallas como en la de Las Carreras, sabía cómo podía ganar a los cibaeños y estaba descontento con la forma que los peninsulares llevaban la lucha. Por otro lado, estaba el hombre cansado que había entregado la soberanía del país a cambio de un título nobiliario y de posiciones para sus antiguos generales. En otras palabras, Santana era una sombra. Pero no es Guanuma la novela del dictador que luego aparecerá con Tirano Bandera de Valle-Inclán y en las obras de Juan Rulfo y García Marqués. No existe un interés en centrar la narración en los personajes, sino en los acontecimientos mismos. El peso de la diégesis lo tiene el personaje ficticio Fonso Ortiz en la medida en que es él coordina todos los nexos que va desarrollando la historia. La presencia de una contraparte femenina, que aparece al principio y al final de la obra, muestra el gusto por la novela sentimental y romántica de la época. La mujer viene a ser simbólicamente una representación de la tierra, pero queda convertida en signo porque no participa de igual a igual en la lucha por la libertad.

Análisis formal de Guanuma

Guanuma es una novela que se escribe bajo el influyo del modernismo que, desde la publicación de Ismaelillo de José Martí en 1882 y Azul de Rubén Darío en 1882, había impuesto las formas simbolistas y parnasianas de la poesía francesa y un gusto por el exotismo y el cosmopolitismo de las grandes ciudades europeas. El homenaje a las grandes ciudades se da en la escritura de García Godoy no como una exposición de su modernidad, sino como la permanencia del tiempo en ellas y haber servido como centro del desarrollo de acontecimientos heroicos que hacían sobresalir las gestas de la patria.

El estilo y la forma de exposición esmerada, el lenguaje correcto que lleva a sus novelas a ser obras de arte está acompañado de una tendencia al ensayismo, a la exposición de ideas como recursos que mantiene el propósito ideológico y la acción civil que anima al autor. El narrador está en primera persona, y, por lo antes expuesto, busca confundirse con el autor. Estableciendo un pacto autorial en que el letrado pesa sobre las ideas y sobre la historia narrada. La focalización se hace desde la perspectiva del autor sin que el relato se convierta en una exposición homodiegética. El narrador es omnisciente y su tercera persona le permite estar presente en todo lo que ocurre sin darle paso a los personajes.

Cabe decir que una exposición multiperspectivista aparece ausente porque en su interés discursivo el autor da poca cabida a los diálogos y a la dramatización de la diferencia. Los elementos intertextuales remiten a los textos de historia que ya hemos mencionado arriba. Su relación genérica con los Episodios nacionales de Galdós y su apego a ciertos historiadores muestra la relación hipertextual de la Trilogía patriótica. Por otra parte, los personajes quedan bosquejados para dar paso a las situaciones y a las ideas que traban las obras por lo que no se destacan más que como elementos actanciales de una historia referida.

Como obra de talante historicista Guanuma comparte con Alma dominicana y Rufinito una misma forma que plantea el mismo propósito del autor en Mímesis I, contribuir a defender la nación dominicana desde una perspectiva que se entronca en las ideas de los trinitarios. Tiene lo que llamaría Gérard Genette una relación extraliteraria con ellas, como una relación hipertextual con los Episodios nacionales de Galdós con las que comparte una relación hipotextual, mientras que tiene una intertextualidad con las narraciones históricas que conforman el Compendio de la historia de Santo Domingo de García, la crónica de la Gándara y La Historia de Santo Domingo de Antonio del Monte y Tejada. Por lo demás la filosofía política liberal, el positivismo y el arielismo son parte de su relación metatextual con otros textos de su época que nos dan una nueva visión del mundo en que vivimos.

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MIGUEL ÁNGEL FORNERÍN (Higüey, RD). Departamento de Estudios Hispánicos de la UPR Cayey, es autor de Ensayos sobre literatura puertorriqueña y dominicana (2004), Los letrados y la nación dominicana (2013), La escritura de Pedro Mir (2014), y El canon horizontal (2018), entre otros.

[1] García Godoy, Federico. Guanuma: novela histórica. Santo Domingo: La Cuna de América, 1914.

[2] García Godoy, Federico. Rufinito: novela histórica. Santo Domingo: La Cuna de América, 1908 y Alma dominicana: novela histórica. Santo Domingo: La Cuna de América, 1911.

[3] García Godoy, Federico. El derrumbe. Santo Domingo: Editora de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, 1975.

[4] De la novelística de García Godoy dice J. Balaguer: “El novelista, creador en nuestro país  de un género nuevo…, tiene ideas propias y no se limita como crítico a llenar su repertorio de nociones vulgares: si el comentarista de libros ajenos, en efecto, sólo moviliza conceptos que nada tienen de inéditos y coincide en cuanto dice con sus antecesores en la misma materia, el autor de “Rufinito” y de “Alma dominicana”, narraciones que en algunos capítulos se hayan compuestas con arte insuperable, trata de  infundir nueva vida a la historia y de sacar a la escena con diferente colorido a personajes que no nos hemos acostumbrado a ver bajo otro aspecto en las frías semblanzas de los historiadores”. Balaguer, Joaquín: Literatura dominicana. Buenos Aires Argentina, 1950. Segunda edición Letras dominicanas. Santo Domingo; Editora Corripio, 1985, págs. 194-195. Mientras que Max Henríquez Ureña dice: de las tres novelas de García Godoy, “la que tiene mejor urdimbre novelesca —episodio sencillo y coherente que es al mismo tiempo fiel e impresionante evocación del ambiente local en “la vega de los dones, en un siglo atrás, —es Rufinito”. Henríquez Ureña, Max: Panorama histórico de la literatura dominicana, tomo II, segunda edición revisada y ampliada. Santo Domingo: Colección Pensamiento Dominicano, 1966.

[5] Los conceptos de mímesis I, II y III los tomos de Paul Ricoeur, Temps et récit 1, 2, 3.  Paris: De Seuil, 1984.

[6] Véase López, José Ramón. El gran pesimismo dominicano. Santiago: Universidad católica Madre y Maestra, 1974.

[7] Véase Fornerín, Miguel Ángel. Los letrados y la nación dominicana, polis etnicidad, paideia, discurso y narración en Santo Domingo (1900-1930). Santo Domingo: Santuario, 2013.

[8] También García Godoy había escrito una monografía sobre la Restauración titulada “La anexión a España” Estudios Históricos, 37 (1921): 25-40, citado por Frank Moya Pons en La otra historia dominicana. Santo Domingo: Editora Búho, 2008.

[9] Obre la publicación y lectura de cuentos en la cultura dominicana, véase Rodríguez Demorizi, Emilio. “Introducción” a Cuentos de Política criolla. Santo Domingo: segunda edición, Librería Dominicana, Colección Pensamiento Dominicano, 1977.

[10] Véase Bosch, Juan. “Prólogo” a El derrumbe, Op. Cit. págs. 9-27 y el “Prologo” a Guanuma. Santo Domingo: Librería Dominicana, 1963.

[11] Ver Franco Pichardo, Franklin. Historia económica y financiera de la República Dominicana 18-44-1962. Santo Domingo: Editora Universitaria, 1999.

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