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Puertas y ventanas

Puede ser | No les guardo rencor, papá circula en Madrid y Viena | Vindicación de Julio Ramón Ribeyro | Filippo T. Marinetti: manual del disparate | El rastro indeleble que deja la dictadura en No les guardo rencor, papá | Los intelectuales y la política | Darwin y las nueces venenosas | El Hollywood más rojo | Como si fuera un cuento | La cultura en la era de la prisa | Mientras agonizamos | La amistad de dos niños atraviesa la censura china | Gianni Vattimo: “Espero morir antes de que reviente todo” | Ivo van Hove: “Sin el teatro, la sociedad sería todavía más salvaje”| Federico Finchelstein: “No hay fascismo sin dictadura, ni populismo sin elecciones” | Las voces del genocidio de Ruanda, 25 años después | Isabel Sarli y Armando Bo: una pasión marcada a fuego| El cuento clásico de Ciudad Seva | Isabel Sarli, 15 afiches emblemáticos. 

No les guardo rencor, papá circula en Madrid y Viena

La edición española de No les guardo rencor, papá, la emblemática novela de René Rodríguez Soriano inspirada en la gesta del 14 de junio en las montañas de Constanza fue acogida con beneplácito en Madrid y Viena.

Invitado por la 78 Feria del Libro de Madrid y el Instituto Cervantes de Viena, Rodríguez Soriano viajó a las capitales de España y Austria donde, además de presentar la tercera edición de su emblemático libro, disertó sobre el cuento dominicano desde sus orígenes hasta nuestros días.

En una bien documentada exposición el autor de No les guardo rencor, papá, condujo a los presentes por un excitante recorrido desde los primeros balbuceos del cuento en la República Dominicana hasta nuestros días, destacando sus principales exponentes y poniendo de manifiesto su inherente vinculación con la historia de la sociedad dominicana.

Destacó que, sin lugar a duda, “el cuento es el género más depurado de la literatura dominicana y, en su conjunto, se concentra casi toda la sabiduría del país y sus habitantes; no en vano la nómina de los cultores del género la encabeza Juan Bosch, referente obligado en la narrativa latinoamericana, junto a figuras de la talla de Tomás Hernández Franco, J. M. Sanz Lajara, Hilma Contreras, Marcio Veloz Maggiolo, Virgilio Díaz Grullón y un sinnúmero de narradores de reconocía valía”

Del extenso mapa que conforma la cuentística dominicana, Rodríguez Soriano decanta unos quince textos que, a su juicio, sobresalen tanto por la autenticidad de lo que cuentan como la manera en que lo cuentan, lo cual las convierte en historias capaces de radiografiar las ansias, aspavientos y milagros de ese singular universo que constituye el pueblo dominicano. “Leerlas será leernos de cuerpo entero”, concluyó.

Sobre la novela

Publicada por Legados Ediciones de Madrid, No les guardo rencor, papá “es una breve relación a tres voces cuyo tema reitera la inmediatez de la historia, la fugacidad de la verdad, lo dócil y maleable que es el ser humano y, de fondo, como turbia marea, la relativa gravedad del bien ante las artimañas del Poder”, ha dicho el novelista hondureño Leiva Gallardo.

Por su parte, la norteamericana Rebecca Bowman destaca que es “una novela del dictador que en lugar de explorar los corredores del poder presenta la historia de los más afectados por esas tiranías que la mayoría de las veces no logran percibir las circunstancias en que viven”.

De igual modo, la poeta venezolana Ophir Alviárez, al concluir su lectura de No les guardo rencor, papá, expresa: “Es difícil ser objetiva y no deambular por los derroteros que se abren con este nuevo libro de René Rodríguez Soriano. Es difícil no pensar en otras dictaduras, en otros chivos con sus lodazales”.

La presentación de Rodríguez Soriano en Viena, auspiciada por la Embajada Dominicana en Austria, tuvo lugar el 18 de junio en la Biblioteca Juan Gelman del Instituto Cervantes. Las palabras de bienvenida y salutación al acto estuvieron a cargo de Carlos Ortega, director del Instituto en Viena y la señora embajadora de República Dominicana en Austria, Lourdes Victoria-Kruse. En Madrid, la presentación se llevó a cabo el 20 de junio en el Espacio Huerga y Fierro.

René Rodríguez Soriano es escritor y editor. Ha recibido la distinción del Talent Seekers International Award 2009-2010. De sus libros publicados en todos los géneros destacan: Voces propias (2019), El nombre olvidado (2015), Solo de flauta (2013), Rumor de pez (Premio UCE de Poesía, 2008), Apunte a lápiz (2007), El mal del tiempo (Premio UCE de Novela, 2007), La radio  y otros boleros (Premio Nacional de Cuento José Ramón López, 1997), Su nombre, Julia (1991) y Canciones rosa para una niña gris metal (1982). Reside en Estados Unidos desde 1998, a través de la revista mediaIsla y sus continuos desplazamientos nacionales e internacionales, desarrolla una intensa labor de difusión y promoción de la literatura dominicana y del Caribe.

Vindicación de Julio Ramón Ribeyro

Seix Barral cierra el curso editorial con la reedición conmemorativa de tres obras maestras del paisano prosista de César Vallejo: sus inclasificables ‘Prosas apátridas’, todas las narraciones breves de ‘La palabra del mudo’ y sus deliciosos diarios ‘La tentación del fracaso’.

«La única manera de continuar en vida es manteniendo templada la cuerda de nuestro espíritu, tenso el arco, apuntando hacia el futuro». Eso escribió un versátil filósofo de a pie, aficionado ajedrecista, fumador empedernido, viajero incorregible o vagabundo irredento de las grandes ciudades europeas, pero, sobre todo, exquisito e inclasificable prosista en lengua castellana que pasó casi desapercibido para el gran público buena parte del siglo XX.

Y cada epíteto tiene su fundamento, porque, sin ir más lejos, lo de «exquisito», le vino por su desmesurada autoexigencia -aunque él mismo se fustigara por disperso o poco productivo- con la que elevó la precisión y la expresividad de la lengua castellana a una suerte de trascendente compromiso existencial: «Escribir bien es un acto profundamente moral donde estética y ética se confunden», dejó escrito. Lo de «versátil» le viene de su inclasificable obra, desde el teatro, al aforismo, de la narración breve a la novela, del diario a la miscelánea sin género o «apátrida» de cualquier frontera literaria, como el fragmento del comienzo. Fragmento número 200, la última de sus Prosas apátridas. Lo de empedernido le viene del cáncer pulmonar que lo depositó en el quirófano en 1973 o quizá de esa maravilla a medio camino entre autobiografía, ensayo literario, reflexión filosófica y relato titulada Sólo para fumadores. Lo de ajedrecista… En fin.

Se trata, claro está, de Julio Ramón Ribeyro (Lima, 1929-1994), un portentoso paisano de César Vallejo, quizá el más universal del siglo XX, a pesar de no llevarse ningún Nobel -¿acaso no se lo negaron tampoco a Borges?- que, para muchos, y con razón, es uno de los mejores cuentistas de la literatura latinoamericana. Siga leyendo Julio Ramón Ribeyro

Filippo T. Marinetti: manual del disparate

El fundador del Futurismo publicó en 1909 ‘Cómo se seduce a las mujeres’, un conjunto de artículos en línea con la locura de su vanguardia.

De entre todos los movimientos que confeccionaron el esplendor o decadencia de las vanguardias, el Futurismo se puso al frente ondeando el disparate como estética y el desorden como conquista. Filippo T. Marinetti (1876-1944) fue el jefe de expedición de todo aquello. El hombre capaz de hacer del desenfreno ideológico una contraorden del mismo modelo burgués que representaba. En el eslogan halló la medida exacta de las cosas. La liberación, el desahogo volatinero. Y así dibujó el Futurismo, a golpe de frases que sonaban como una descarga. Vanguardia es un término militar.

En 1909 armó el Manifiesto futurista y en 1910 soltó su primera novela, Mafarka. Un diario erótico bélico (“la guerra es la higiene del mundo”, arengaba) con ráfagas orientalistas, donde engalana un estilo algo pastoso.

Europa estaba en pleno fervor de lo nuevo. El surrealismo se presentía. El ideario de Marinetti -desplegado también en poemas pomposos- también atizaba los caireles de un fascismo libertario y arrasador, a la vez que promulgaba un desenfreno de modales arrebatados. La contradicción era parte de la aventura y las cosas debían ser lo que son y, a la vez, lo opuesto.

De algún modo, el Futurismo le declaró la guerra al mundo solvente para instaurar un dogma de fe que tiene mucho de acto mágico. Marinetti exige feligresía, obliga a amar la velocidad, a exaltar el maquinismo, lo moderno por lo moderno. Adora el automóvil como la venus fundacional de un nuevo Paleolítico Superior, una era tubular y de neones que alumbra otra astronomía desde la cultura y la política, desde el antifeminismo que reclamaba, a la vez, el contorno de una mujer renacida para el propósito de una vanguardia que inauguraba otra forma de estar en el mundo, histérica y bravucona. Marinetti reivindica la autonomía plena de la mujer y, en el siguiente párrafo, se dispara en la rodilla con una idea reaccionaria. Pura tensión de opuestos. Siga leyendo Filippo T. Marinetti

El rastro indeleble que deja la dictadura en No les guardo rencor, papá

Es difícil ser objetiva y no deambular por los derroteros que se abren con este nuevo libro de René Rodríguez Soriano. Es difícil no pensar en otras dictaduras, en otros chivos con sus lodazales.

Confieso que la lectura de No les guardo rencor, papá, me tuvo pensativa muchos días. Confieso además que mientras leía, la subjetividad se apoderó de mí y divagué entre las líneas de Jorgito, Arcadia, Manuel y las noticias provenientes de Venezuela que no solo bombardeaban mi concentración, sino que me mantenían —me mantienen aún— en vilo y, como consecuencia, se me hizo imposible no establecer paralelismos entre ambas situaciones.

Leer a René Rodríguez Soriano siempre alborota algo. Sus letras llegan a esa capa de la cebolla que, aunque no está pelada, logra que te piquen los ojos. Bien por curiosidad, bien por empatía, bien por descubrir que eso que el autor describe con absoluta destreza es exactamente lo que sientes y qué maravilla que alguien lo entienda como lo padezco. Porque padecer parece ser el leitmotiv de quienes nos adentramos en las letras y nos escabullimos del aquí y el ahora, nos escapamos de la algarabía del entorno para zambullirnos en los sonidos de ese silencio de los libros que nos grita y que nos coge por los pelos.

Eso hace René, eso hacen sus libros y eso fue justamente lo que sucedió. Leí las 70 páginas en poco más de dos horas y una vez en el punto final no pude más que preguntarme: ¿Y ahora qué?

La destreza narrativa de Rodríguez Soriano nos presenta un texto que es a la vez tres que se abren con cada página para adentrarnos en la historia de una familia en un pueblito de la República Dominicana sacudida por las ideas revolucionarias y las consecuencias de tan comprometida y arriesgada decisión. Jorgito, Manuel y Arcadia son los ejes de la trama y cada uno nos lleva de la mano y nos pasea por las poco engargoladas carreteras que diestramente y de forma sucinta, recrea el autor. Siga leyendo El rastro indeleble 

Los intelectuales y la política 

En la vida republicana hubo intelectuales que aparecieron a la sombra del poder. A ellos debemos la expresión pública de políticos ágrafos. Miles de cartas y soluciones a los problemas diarios que pasaron por los consejos de un ilustrado. 

1Para los propósitos de esta reflexión, no es necesario definir el concepto de intelectual. Esta es una categoría muy poco específica. Lo que nos interesa ahora es ver cómo se manifiestan los llamados intelectuales en sus prácticas con relación a la articulación del poder.

2En República Dominicana la tradición del pensamiento ha sido muy débil y sumamente repetitiva de modelos importados. Pero las prácticas de los intelectuales frente a la política, es decir, frente al ordenamiento de la ciudad, es una constante que podemos rastrear en la historia de las ideas.

3Generalmente, el intelectual ha sido el amanuense, el escriba, el productor simbólico que construye escenarios en los cuales él puede situarse de manera individual y resolver los problemas de su propia sobrevivencia. De construirse así mismo.

4La construcción de sí es su mayor logro. Muchas veces lo que hacen los intelectuales es sólo un pretexto para erigirse en un ágora que no les da espacio. Que constantemente se lo niega. El intelectual está amarrado a las ideas de Platón, cree que desde su mundo de ideas podría gobernar. Es decir, se cree el filósofo gobernante. El mejor modelo de este tipo de intelectual es Joaquín Balaguer. Y en la actualidad otros siguen su camino.

5En la vida republicana hubo intelectuales que aparecieron a la sombra del poder. A ellos debemos la expresión pública de políticos ágrafos. Miles de cartas y soluciones a los problemas diarios que pasaron por los consejos de un ilustrado. El caso más interesante es el de Manuel Rodríguez Objío, de quien se dice, fue secretario de Pedro Santana. Y luego secretario de Juan Pablo Duarte en Venezuela y, finalmente, secretario de Luperón, de quien se cree tuvo mucho que ver con la escritura de su autobiografía. Siga leyendo Los intelectuales

Darwin y las nueces venenosas

Hace unos días leía una noticia de El País que comenzaba de esta manera: “El creciente -y por ahora imparable- calentamiento global supone una amenaza ecológica”. No habría nada que objetar a esta advertencia ominosa si no fuese porque el periodista añadía enseguida: “Pero (es) también una oportunidad de negocio”. ¿Un negocio la carrera hacia el apocalipsis? Así es: “muchas empresas”, dice el texto, “mutan para tratar de encarar la subida de las temperaturas. Las farmacéuticas investigan sobre enfermedades tropicales; las empresas de moda cambian sus colecciones y los colores de sus vestidos; las vinícolas buscan tierras más altas para plantar las vides y las compañías de seguros subirán las tarifas ante el previsible aluvión de catástrofes e incendios”. El titular de la noticia declara: “Las empresas mutan por el cambio climático”. Y la entradilla del encabezamiento aventura una fórmula de este tenor: “Las farmacéuticas, la moda y las compañías de seguros se adaptan a las nuevas temperaturas”.

Es difícil ignorar la liviandad nihilista de esta pieza que, en realidad, describe muy bien la realidad. El capitalismo, máximo responsable de la erosión radical de nuestras condiciones de vida, busca y encuentra en el temblor del aire “nichos de mercado” muy alegres desde los que salvar a corto plazo sus beneficios mientras socava aún más las condiciones de nuestra supervivencia como especie. El periodista, como vemos, traslada a la actividad empresarial la terminología evolucionista (“adaptación”, “mutación”), en una expresión obscena de “darwinismo social”: el cálculo, la inteligencia, la riqueza, la fuerza, el poder -se sobreentiende- siempre hallan el modo de sobrevivir en las situaciones más adversas. El problema es que el “darwinismo social” siempre fue falso e injusto; mucho más ahora que su defensa es incompatible, más allá de la igualdad y la democracia, con los límites mismos del planeta y la supervivencia de la humanidad. “Adaptarse” al cambio climático para producir vino en Islandia es como “adaptarse” -en una postura cómoda- al asiento del avión que se precipita, con el motor averiado, al vacío.

El “darwinismo empresarial” no sólo no prueba sino que contradice radicalmente el darwinismo biológico. No hay ningún paso posible del uno al otro. Darwin nunca sostuvo que la selección natural seleccionase a lo más listos o a los más hijos de puta; la selección natural se limita, en efecto, a seleccionar a “los más aptos”. ¿Qué quiere decir eso? Pondré un ejemplo casi “tendencioso”. El neuropsicólogo inglés Nicholas Humphrey, especialista en nuestros primos primates, nos habla de una raza de simios entre cuyos miembros solo algunos, los más inteligentes, son capaces de abrir unas nueces particularmente duras y resistentes. Esos monos privilegiados manejan las manos -sede física de las ventajas neuronales- con una destreza inigualable que probablemente sus congéneres, mientras los ven maniobrar con éxito, envidian desde lejos. Aunque solo durante ese minuto de gloria. Porque hay un problema: resulta que esas nueces son venenosas; y precisamente los más listos y hábiles, a causa de su habilidad misma, perecen sin remedio mientras que los más “vagos” y “tontos” sobreviven. Siga leyendo Darwin y las nueces venenosas

El Hollywood más rojo 

Un libro de fondo de armario cinematográfico que ayuda a comprender lo que hay detrás de tantos clásicos del cine que aún nos hacen vibrar.

1. Antiamericanos

A menudo sucede que los árboles impiden la visión cabal del bosque del que forman parte. Es lo que le ocurre al, por otra parte, exhaustivo y bien documentado La izquierda de Hollywood (Machado Libros), de Paul ­Buhle y Dave Wagner, publicado originalmente en 2002 y considerado por la mayoría de los historiadores del cine un ensayo imprescindible para comprender la enorme influencia que los “radicales” —y de modo especial, los comunistas— tuvieron en la producción y difusión de las ideologías de izquierda durante la edad de oro de Hollywood.

Buhle (autor, entre otros libros acerca de la cultura de la izquierda en Estados Unidos, de una muy citada historia del marxismo en ese país) y Wagner (a quien se debe A Very Dangerous Citizen, la mejor biografía del guionista, director y exmiembro del Partido Comunista Abraham Polonski) acumulan en su libro tantos datos, tantas anécdotas, tantos rasgos biográficos de los guionistas, productores, directores, actores y actrices que en su momento serían llamados a declarar ante el Comité de Actividades Antinorteamericanas (HUAC, por sus siglas en inglés), que a menudo el lector se pregunta cuál es el propósito de tanta erudición no suficientemente jerarquizada.

Por sus páginas figuran todos los que intervinieron activa o pasivamente en aquellas películas —de Dorothy Parker o Dashiell Hammett a Katharine Hepburn o Humphrey Bogart—. Se analizan películas, con especial atención a sus subtextos —­como en el caso de El enemigo público (William A. Wellman, 1932) o Solo ante el peligro (Fred Zinnemann, 1952), que algunos interpretaron como una alegoría final del maccarthismo—; se repasan los géneros que resultaron más proclives a la exposición de tesis anticapitalistas y antifascistas —el film noir, el terror, el wéstern—; se reflejan las conductas políticas —y personales— de los protagonistas y su impacto en el imaginario y la cultura popular de la edad de oro de Hollywood. Y todo ello en un contexto de dos décadas largas —desde principios de los treinta hasta los cincuenta— en las que pasó de todo: Gran Depresión, new deal, consolidación del estalinismo, ascenso del fascismo, Guerra Mundial, comienzo de la Guerra Fría. Un libro de fondo de armario cinematográfico que ayuda a comprender lo que hay detrás de tantos clásicos del cine que aún nos hacen vibrar. Siga leyendo El Hollywood más rojo

Como si fuera un cuento

[Más de una docena de textos esenciales de la narrativa breve dominicana, siglo xx]  

Del Sena al Camú

Si nos aventuráramos a trazar una línea casi recta desde las noches parisinas, en las que Tomás Hernández Franco da forma y cincela los textos de su libro El hombre que había perdido su eje (1926), hasta las mil veces borradas riberas del Camú, donde Pastor de Moya urde Buffet para caníbales (2001), podríamos rastrear los primeros pasos del cuento dominicano. Juan Bosch, considerado como el gran estilista de nuestra cuentística, escribiría su primer cuento (“La mujer”) en el año 1932; y se animaría a publicar Camino real, el 24 de noviembre de 1933.

Mucho antes de Bosch, en los albores del siglo y con mucho tiempo de anticipación a una sistematizada práctica escritural del género en el continente, y mucho antes del famoso decálogo del uruguayo Horacio Quiroga —quien a la sazón tenía apenas 25 años—, José Ramón López sacaba a la luz su libro Cuentos puertoplateños (1904). Años más tarde, en 1923, en El Mundo de México, Pedro Henríquez Ureña publicaba sin firma sus Cuentos de la Nana Lupe. Más o menos para la misma época (1925), en la que Tomás Hernández Franco publicaba su emblemático libro.

Después, y esto es un tomo repetido, viene la historia maniquea que orilla y manipula; aquel afán de saldar, de alguna forma, viejas rencillas: se han urdido tantas antologías como crecidas ha tenido el Camú, borrando y sepultando bajo el lodo a más de un excelente narrador. Pero, por supuesto, eso no es más que agua pasada.

Baní no era una fiesta 

La comunicación viajaba en barco de vapor, las muchachas no salían a pasear sin chaperonas y, por cualquier quítame esta paja, un general se alzaba con un bando; Santo Domingo era algo menos que tres cuartos de isla, rural y aislada, superpoblada por pequeños islotes de poder y montoneras; sus escritores hacían vida cultural y, unos más que otros, con su sed de infinito, bebían de las fuentes más a mano para captar a pincelazos limpios el color y el perfume de la época.

No debemos dejar pasar por alto que, desde el 29 de agosto de 1916, Santo Domingo había sido ocupada por el ejército de los Estados Unidos, presencia que se mantuvo hasta finales de julio de 1924, cuando los Marines salen definitivamente del país. Para esos mismos días, si se recuerda, era dado a conocer en París, con ilustraciones de Jaime Colson el extraño libro de Hernández Franco, y en La Habana, Ricardo Pérez Alfonseca hacia otro tanto con El último evangelio (1927). Mientas que, en la isla, Juan Bosch un mozalbete que apenas calzaba pantalones largos, comenzaba a publicar sus primeros textos y poemas bajo el seudónimo de Rigoberto de Fresni. Siga leyendo Como si fuera un cuento

La cultura en la era de la prisa

¿por qué las canciones, las películas y los libros son cada vez más cortos?

Ni canciones de ocho minutos como las de Led Zeppelin, ni libros de casi 1.900 páginas como ‘Guerra y paz’. La industria cultural apuesta cada vez más por el formato ‘mini’ debido al impacto de la tecnología en nuestra capacidad de concentración

Dos de diciembre de 2002. Once de la noche. Suena la sintonía de Qué grande es el cine cuando el director José Luis Garci empieza a hablar de la película que va a emitirse en su programa: Trono de sangre. Se ofrece doblada al castellano del japonés y en blanco y negro. Tras su proyección, el presentador y sus tres acompañantes inician una tertulia: que si Kurosawa esto, que si Kurosawa lo otro… Se despiden de la audiencia a las dos y cuarto de la madrugada.

Qué grande es el cine llegó a tener picos de audiencia de un millón de espectadores. Hasta que abandonó la parrilla a finales de 2005, encarnó ese espíritu de inmensa minoría que defendió La 2 durante años. Hoy, sin embargo, cuesta imaginar qué sería de una propuesta tan singular en el panorama televisivo contemporáneo, radicalmente transformado por las plataformas de contenido bajo demanda.

¿Seguiría teniendo seguidores dispuestos a descubrir o revisitar clásicos del celuloide a las tantas? ¿Interesaría como entonces la obra de maestros ajenos al canon de Hollywood y su posterior análisis por un grupo de expertos? Y sobre todo: ¿seríamos capaces de dedicar hasta tres horas -sin contar la pausa publicitaria- al consumo de un producto cultural? Siga leyendo Cultura de la prisa 

Mientras agonizamos

Identificada con la “narrativa negra” de James Baldwin a Toni Morrison, Jesmyn Ward escribió varios libros que unen una impronta autobiográfica a la experiencia colectiva de los afrodescendientes. En La canción de los vivos y los muertos, su quinta novela, que le valió su segundo National Book Award, narra en un tono áspero y lírico la realidad de los barrios periféricos en el sur de los Estados Unidos.

Durante tres años, Jesmyn Ward vivió con su familia en la casa de su abuela. La ciudad era Deslile, Mississippi, y su familia se había mudado ahí desde California. Eran trece personas, entre primos, tíos y algunas visitas, que habitaban un espacio reducido, techo de madera y una enorme caldera en el centro del living. Cuando tenía 19 años, el hermano mayor murió en un accidente. Años después, Ward estudió en la Universidad de Standford y en la Univesidad de Michigan. En el año 2011, se dio a conocer con su segunda novela, Salvage de Bones que le valió el National Book Award. Al que le siguió Men we reaped, una larga y entrañable carta hacia su familia, en donde hablaba de su infancia como mestiza y afrodescendiente en el sur de Estados Unidos. Sus relatos fueron rápidamente encumbrados en la tradición de la “narrativa negra” con Toni Morrison y James Baldwin a la cabeza, más que en el “gótico sureño” aunque guarde muchas similitudes.

Ahora, la editorial mexicana Sexto Piso, tradujo su quinta novela, La Canción de los Vivos y los Muertos (en inglés es Sing, unburied, sing) que le valió su segundo National Book Award, algo poco usual, menos en las mujeres, menos que menos en la narrativa de afrodescendientes. Se trata de un relato alucinado, que le presta voz literaria a las clases bajas negras de los barrios periféricos, en el sur norteamericano. La historia transcurre en Bois Sauvage, una costa ficcional en el Mississippi (la misma costa en donde transcurre Salvage the bones). Con una prosa lírica y rítmica, intricada en el habla rural y de las zonas urbanas, que obviamente recuerda al Faulkner de Mientras Agonizo pero también a Joy Williams en Los vivos y los muertos, la novela de Ward comparte varios puntos de vista narrativos. Siga leyendo Mientras agonizamos

La amistad de dos niños atraviesa la censura china

La película ‘A First Farewell’, de Lina Wang, proyectada en el festival Cinema Jove, refleja el arrinconamiento de la cultura uigur.

La historia de la amistad entre un niño y una niña en una zona rural de abrumadora belleza de Xinjiang ha abierto una brecha en la férrea censura que China mantiene en torno a su región más occidental, escenario de la calificada como mayor campaña represiva del régimen desde la época de Mao, que tiene como objetivo a la minoría uigur. Dotada de una sensibilidad poética que recuerda a la del iraní Abbas Kiarostami, la película A First Farewell (Una primera despedida), que refleja el arrinconamiento de la lengua autóctona, en la que está rodada la cinta, ante la expansión del mandarín, fue presentada el miércoles por la noche por su directora, Lina Wang, en el festival Cinema Jove de Valencia.

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El paso de Wang por el certamen ha sido el más misterioso que se recuerda. Acompañada de un séquito en el que destacaba el papel de una traductora especializada en decir prácticamente a todo que no con una educación extrema, Wang no ha podido ser fotografiada ni ha concedido entrevistas, salvo una a la organización del festival, que se hizo por escrito y de la que se cayeron las preguntas más delicadas sobre la situación en Xinjiang. La realizadora, de 32 años, también fue muy cautelosa durante el encuentro con los espectadores que siguió a la proyección del filme en el edificio Rialto. Todas sus respuestas, así como las preguntas que le dirigieron sus interlocutores durante el acto y en los corrillos que se formaron después, fueron grabadas en vídeo por la traductora y otro escolta, convertidos en su sombra.

Xinjiang alberga a 11 millones de uigures, un pueblo que habla una lengua turca, es étnicamente diferente del principal grupo del país, los han, y profesa mayoritariamente el islam. La convivencia entre ambas comunidades, que ahora representan respectivamente en torno al 50% de los habitantes de la región, se quebró hace una década, cuando un estallido de violencia se cobró más de 200 muertos. El Gobierno chino ha ido elevando desde entonces el control sobre su minoría, justificándolo en la existencia de grupos terroristas separatistas vinculados al flujo de combatientes uigures que han viajado a Siria para luchar por la yihad. Siga leyendo La amistad 

Gianni Vattimo: “Espero morir antes de que reviente todo”

Turín no es una ciudad cualquiera para el pensamiento. El 3 de enero de 1889, Friedrich Nietzsche cruzó la plaza Carlo Alberto y se abalanzó sobre un caballo al que azotaba su cochero.

El gesto del filósofo, conmovido por la despiadada violencia humana contra el animal, liquidó su carrera y le confinó en un psiquiátrico de Basilea seis días después. A pocos pasos de ahí, en la porticada calle Po, vive uno de sus más fructíferos herederos. Gianni Vattimo (Turín, 83 años), el último gran filósofo italiano, autor de la teoría del pensamiento débil y de gran parte del análisis de la posmodernidad, construyó sobre aquellas cenizas un complejo sistema de pensamiento capaz de dar sentido a la descomposición surgida en el periodo posterior a Heidegger, su otro gran referente. Hoy sus ideas siguen viajando por el mundo, pero él apenas sale de casa.

Vattimo está delicado. Tras perder a las dos parejas de su vida, vive solo en el centro de la ciudad con su gato y una asistenta que le echa una mano y le protege de todo lo que no le apetece hacer. Lúcido, irónico y algo seductor, su pensamiento mantiene el vigor en un tiempo donde la verdad es cada vez más frágil y la aceleración ha dado pie a un retroceso histórico. El martes recibirá en Madrid la medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes y lo celebra ofreciendo vino mientras repasa las ideas que contiene su último libro. Ese es su legado. Porque Vattimo no deja herederos de ningún tipo ni reconoce a ningún filósofo relevante en el panorama actual. Su archivo ha terminado en Barcelona porque, asegura, en Italia nadie se lo pidió. No tiene ninguna intención de bajar a la calle a abrazar a un caballo. Pero advierte varias veces de que ya no le importa nada. 

Pregunta. ¿Cómo se encuentra? 

Respuesta. Hoy estoy moderadamente mal. Tengo una forma de Parkinson ligero que no se ve tanto… mire [muestra la mano]. Pero estoy un poco débil, me canso fácilmente. Por el resto, los psiquiatras dicen que estoy lúcido. Así que amén. Siga leyendo Gianni Vattimo 

Ivo van Hove: “Sin el teatro, la sociedad sería todavía más salvaje”

El director teatral flamenco llevará el espectáculo ‘Tan poca vida’ al Festival Grec barcelonés los días 3 y 4 de julio.

Por su carácter y por su cultura, Ivo van Hove nunca se emociona en público. Las lágrimas solo le han traicionado una vez en toda su carrera, como recuerda en su despacho, diáfano hasta extremos calvinistas, desde el que lleva dos décadas guiando el rumbo del Internationaal Theater de Ámsterdam, anteriormente conocido como Toneelgroep. Sucedió en septiembre del año pasado, durante el estreno del espectáculo Tan poca vida (A Little Life en su título original), una adaptación de la áspera novela de la estadounidense Hanya Yanagihara, convertida en un inesperado best seller tras su publicación en 2015. “Cuando terminó la representación, rompí a llorar sobre el escenario”, confiesa el director teatral flamenco, de 60 años, nacido en Heist-op-den-Berg (Bélgica), todavía descolocado. “La gente me tiene por un hombre frío, pero hay algo en ese libro que me afectó profundamente”, añade Van Hove, que llevará la obra al Festival Grec barcelonés los días 3 y 4 de julio.

El director leyó la novela por insistencia de los demás: todo el mundo le decía que la historia le iba como anillo al dedo, aunque él no entendía por qué. De ese volumen de 800 páginas, que retrataba la intensa y dolorosa amistad entre cuatro hombres a lo largo de varias décadas, a Van Hove le interesó el retrato de Jude, un huérfano que fue víctima de innumerables abusos y vejaciones, incapaz de experimentar, ya de adulto, lo que supone amar y ser amado. Van Hove firma una adaptación de cuatro horas y contenido muy explícito en lo violento y lo sexual, donde los espectadores se sientan en dos filas simétricas, con el escenario colocado en medio, como si el director les forzara a mirarse en el espejo de sus semejantes mientras observan la vida de su desdichado protagonista. Es su manera de insinuar que estamos juntos en esto. 

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Para Van Hove, el teatro es eso: un grupo de desconocidos que se encierran en la oscuridad para reflexionar sobre lo peor de la condición humana. “¿Por qué tanta gente viaja a Madrid para ver el Guernica, siendo el cuadro más terrible del mundo, en el que solo se distingue destrucción y barbarie? Porque sabemos que, como humanos, somos capaces de eso. Ir a ver ese cuadro permite quitarnos de encima ese instinto. Con el teatro sucede lo mismo”, afirma Van Hove. Ya en la Grecia clásica, los espectadores presenciaban maratones de tragedia, antepasado de los actuales festivales de artes escénicas, donde acudían a ver obras sobre incestos y parricidios. “Era una limpieza purificadora, que luego les permitía convivir mejor. La función de esta disciplina sigue siendo la misma. Sin el teatro, la sociedad sería todavía más salvaje”, opina. Siga leyendo Sin el teatro

Federico Finchelstein: “No hay fascismo sin dictadura, ni populismo sin elecciones” 

El experto argentino, que presenta en España su ensayo ‘Del fascismo al populismo en la historia’, muestra su preocupación por la emergencia de “un nuevo populismo que combina el neoliberalismo con resabios fascistas”.

“La aguanté durante un rato, hasta que no pude más y le dije que su marido no gobernaba con los votos del pueblo, sino con la imposición de una victoria. A la gorda no le gustó ni medio”. La “gorda” era Carmen Polo, la esposa de Franco. La autora de la frase es Eva Perón, la totémica Evita, esposa del presidente argentino Juan Domingo Perón (1946-1974). La anécdota, acontecida durante la visita a España de la primera dama argentina en 1947, aparece en Del fascismo al populismo en la historia (Taurus), el ensayo recién publicado del historiador argentino Federico Finchelstein, e ilustra una de sus tesis centrales: que el populismo hunde sus raíces en el fascismo, pero el primero es intrínsecamente democrático.

“No hay fascismo sin dictadura ni populismo sin elecciones. Y esto no es una definición teórica, sino que tiene que ver con una experiencia de democratización histórica que surge sobre todo luego de la Segunda Guerra Mundial y va llegando a otros países. No hay dictadores populistas. Cuando deja de haber elecciones reales, deberíamos hablar de dictadura, no de populismo”, explica en una entrevista Finchelstein (Buenos Aires, 1975), profesor de Historia en la New School for Social Research y en el Eugene Lang College de Nueva York, y autor de varias obras sobre fascismo, populismo y el Holocausto. 

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Para presentar su libro este viernes en la Casa América de Madrid, Finchelstein ha cruzado el Atlántico en sentido inverso al que hace ocho décadas lo hicieron las ideas. Tras la Segunda Guerra Mundial, con una Europa abriendo los ojos al alcance del horror nazi, y África y Asia mayoritariamente inmersos en el colonialismo o con un partido único autoritario, América Latina era la cuna natural de esa “reformulación” del fascismo que es el populismo, argumenta. “Era el único lugar donde los fascismos no habían perdido la legitimidad y había un marco democrático. No hay nada especial en América Latina en este sentido”, puntualiza. Primero fue el peronismo, en 1946. Poco después, el régimen de Getúlio Vargas (1951) en Brasil. Ambos recorrieron un camino similar: llegar al poder desde la dictadura y destruirla desde dentro para crear una democracia”. “El fascismo, en los casos más paradigmáticos, que son Alemania e Italia, llega al poder a través de la democracia y crea en una dictadura. El populismo hace lo contrario”, señala sobre sus inicios. Siga leyendo Fascismo y dictadura 

Las voces del genocidio de Ruanda, 25 años después 

Un libro de testimonios de mujeres supervivientes y un documental centran el cierre del congreso de la memoria.

Claudine Mukantaganzwa ha decidido no intentar explicar más a sus dos hijas veinteañeras cómo era físicamente el padre de ambas. La pequeña se pone muy triste y se resiste a creer que se pareciera tanto a su hermana mayor; seguro que era mucho más guapo, insiste. Claudine no conserva ni una sola imagen de su marido, muerto durante los tres brutales meses en los que fueron asesinadas en Ruanda al menos 800.000 personas, en un genocidio sistemático contra la minoría tutsi del que se cumplen 25 años. 

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La voz de Mukantaganzwa representa en el documental The Faces We Lost (2017) la de la mayoría de supervivientes —que o no tenían fotos de sus seres queridos o fueron destruidas— y remarca la importancia que le dan a estos humildes objetos aquellos que sí los conservan. Mujeres que se aferran a esas imágenes —de bodas, celebraciones familiares y, muchas veces, de carné— porque les ayudan a seguir adelante, porque se dirigen a ellas para pedir consejo al padre que no conocieron…

“Los especialistas lo habían llamado un genocidio sin imágenes”, explica el director del documental, profesor de cine en la Universidad de Sussex, Piotr Cieplak, pues apenas hay documentos de las matanzas perpetradas en Ruanda por la mayoría de población (hutus) entre abril y julio de 1994. Pero decidir cuáles son las realmente las imágenes del genocidio “depende del punto de vista”, añade en referencia a su película, que este viernes se proyecta en la Universidad Complutense de Madrid. Será en la sesión de clausura del tercer congreso anual de la Asociación de Estudios de la Memoria (MSA, en siglas inglesas), que ha reunido a más de 1.500 expertos en la materia.

Pero antes, la investigadora de la Universidad de Gante Catherine Gilbert recibirá el primer premio de la MSA y la revista SAGE Memory Studies al mejor libro del año por De sobrevivir a vivir: voz, trauma y testimonio en la escritura de mujeres de Ruanda. La obra reúne y estudia los testimonios publicados por supervivientes del genocidio —muchos de los cuales recogen a su vez los de muchas otras mujeres— y quiere ser, sobre todo, “una plataforma” para todas esas voces, explica Gilbert durante el congreso. Cuenta que la escritura del libro le ha enseñado el poder “de la resiliencia colectiva” de esas mujeres que perdieron todo. “Me refiero al sentido de comunidad, el estar juntas contando historias, viviendo, la capacidad de resiliencia de unas mujeres increíblemente fuertes”, añade. Siga leyendo Genocidio en Ruanda

Isabel Sarli y Armando Bo: una pasión marcada a fuego

El 9 de Julio de 1816 nuestra Patria decretaba que se liberaba de la dominación de los colonos foráneos. Capricho del azar, 119 años después, el 9 de julio de 1935 en Concordia, Entre Ríos, nacería quien fue símbolo de otro tipo de liberación. Aunque, paradójicamente, es curioso cómo esa mujer, la más audaz que jamás haya transitado los sets del cine argentino, puertas adentro siempre se comportó con extrema timidez, temerosa de la vida social hasta niveles patológicos y atada a los sometimientos familiares. Además, el amor ha sido con ella tan intenso como egoísta. Primero se casó, sin convencimiento, con el hombre equivocado; luego, se enamoró, sí, pero vivió con su amado un romance prohibido porque él ya estaba casado.

De su marido, casi nada se sabe, y de su gran amor, Armando Bo, se conoce casi todo porque los unió el cine y la vida pública a la que obliga la pantalla grande. Una atracción irrefrenable, que ninguno de los dos quiso dejar de sentir. Armando jamás dejó a su mujer legal. Sin embargo, eso no le impidió desarrollar una relación fogosa y duradera con su musa cinematográfica. Ambos construyeron un imperio taquillero y una de las historias de amor más intensas de la farándula argentina. “La Coca” y Armando formaron una pareja indestructible y fundaron una sociedad comercial perfecta, que se constituyó en símbolo del erotismo, el camp y el kitsch del cine local con injerencia en varios mercados latinoamericanos y europeos.

Hilda Isabel Gorrindo Sarli se crio marcada por las carencias. No solo los materiales, sino también las afectivas. Ningún lujo y una familia desintegrada. Su padre se fue cuando ella tenía solo 6 años. Su madre, María Elena, la educó a su modo. Sola. Y la acompañó mientras vivió, asfixiándola sin dejarla decidir. Esa madre odiaba a los hombres y fue ese mensaje el que le transmitió a su hija. Siga leyendo Isabel Sarli 

El cuento clásico de la semana

Incluimos el cuento clásico de la semana, seleccionado por Luis López Nieves. Las cosas andan mal, Carmelo Rosa, cuento breve que consiste de una sola oración, publicado por el destacado autor peruano Julio Ramón Ribeyro (1929-1994) en el 1975.. Pulse sobre el título para leer el cuento en Ciudad Seva.

Isabel Sarli, 15 afiches emblemáticos

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