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The State of the (Poetic) Union: La poesía norteamericana del siglo XXI a partir de sus principales antologías

CARLOS X. ARDAVÍN TRABANCO [mediaisla] El lector que se acerque con ánimo crítico a la par que, abierto a las antologías de la poesía norteamericana del siglo XXI, constatará la existencia de un panorama tal vez superpoblado, pero provocativo y enriquecedor. 

Desde que el 8 de enero de 1790 George Washington instituyera el rito en la ciudad de Nueva York —para aquel entonces, capital provisional de la Unión americana—, todos los eneros el presidente de los Estados Unidos presenta, ante el Congreso, su informe sobre el estado de la nación; ocasión que se presta para efectuar balance de lo alcanzado y esbozar las principales líneas de acción a seguir en el futuro inmediato. Este discurso presidencial, al margen de su prioritaria función política, puede también considerarse una apropiada figura retórica para el examen sucinto de la actual poesía norteamericana, con el fin de determinar el grado de salud de que goza y los diversos trayectos que se van perfilando en el vasto horizonte poético de la patria de Walt Whitman.

Esta función la cumplen, en el ámbito literario, las antologías, que, año tras año, colonizan con su novedosa o acreditada mercancía los estantes de las librerías y de las bibliotecas. A pesar de su respetable número —que les ha conferido su índole inabarcable — y de las enconadas polémicas que usualmente suscitan, las antologías siguen siendo provechosos instrumentos —por indispensables— para discernir el abigarrado y muchas veces confuso panorama de la presente poesía norteamericana; una ingente selva de papel en la que conviene internarse bien apertrechados de lecturas, provistos de una afinada brújula crítica y con el firme propósito de pasarse una larga temporada únicamente leyendo, atiborrados de libros y de revistas, con la leve esperanza de volver a casa ilesos, después de un atracón de letra impresa.

A pesar de lo azaroso de esta exploración lírica, merece la pena emprender la travesía y abordar el examen antológico. Los conocimientos que esta tarea procura serán, conviene enfatizarlo, aproximativos, en buena medida serán provisionales y estarán sujetos a revisión periódica. El lector posiblemente echará en falta la criba, la distancia crítica que el paso del tiempo autoriza, pero a cambio de esto tendrá la posibilidad de vislumbrar las diversas rutas por las que transita en la actualidad la poesía de los Estados Unidos, en las que se cifra buena parte de su porvenir.

El lector de la poesía norteamericana del siglo XX tiene hoy a su disposición varios repertorios que han fijado meticulosamente la variada cartografía de este quehacer. Cabe mencionar, sin ánimo de agotar los anaqueles y limitándonos a las aparecidas a partir del nuevo milenio, las antologías The Body Electric (2000) y The Poetry Anthology (2002), en las que se recoge, respectivamente, una selección de poemas publicados en las páginas de The American Poetry Review (entre los años 1972 y 1999) y en las de Poetry (entre 1912 y 2002), dos de las más influyentes revistas poéticas de los Estados Unidos. A estas recopilaciones pueden añadirse The Vintage Book of Contemporary American Poetry (segunda ed. ampliada: 2003), Twentieth-Century American Poetry (2004) y la monumental antología editada por David Lehman, The Oxford Book of American Poetry (2006), que, aunque abarca los orígenes y las grandes figuras del siglo XIX, se concentra en la producción contemporánea, de la que se ofrecen copiosos ejemplos.

El examen de las antologías de poesía norteamericana arroja un dato que estimo conviene resaltar, y es que a partir del año 2000 se consolida de forma definitiva una variante antológica que venía practicándose con éxito desde  mediados de los años noventa del pasado siglo: la antología de afán divulgativo y espectro popular, con la que se pretendía acercar la poesía al gran público lector y a amplios sectores del estudiantado, sobre todo los provenientes de la escuela secundaria y del bachillerato (los “high schools”). La concepción detrás de estos proyectos antológicos partía de la premisa de que un número considerable de lectores no especializados había abandonado la lectura poética por su creciente dificultad y oscuridad, en favor sobre todo de la narrativa, y, en menor medida, de la ensayística y otros géneros afines.

Estos esfuerzos por “des intelectualizar” o aligerar la poesía comenzaron a concretarse a través de diversas iniciativas, entre las que cabe mencionar los documentales y las entrevistas hechas por Bill Moyers para la televisión pública (PBS), recopiladas posteriormente en dos colecciones: The Language of Life (1995) y Fooling with Words (1999); o el “Favorite Poem Project” de Robert Pinksy, un archivo audiovisual a nivel nacional concebido por él mientras ocupó la posición de poeta laureado (“Poet Laureate”) de los Estados Unidos[1], y en el que personas de distintos estratos sociales y profesiones —desde maestros, profesores y estudiantes hasta trabajadores, científicos, negociantes o militares retirados, entre otros— recitaban y comentaban un poema de su propia selección. Estos poemas y comentarios fueron recogidos en 2000 y 2002, respectivamente, en los volúmenes Americans’ Favorite Poems y Poems to Read. En la introducción al primer título citado, Pinsky precisaba los motivos primordiales que le habían llevado a ejecutar este proyecto:

Like many other elements of national life, poetry has a shifting, ambiguous status, a role that is sometimes improvised —a fluctuating, sometimes invisible yet vigorous life that some have mistaken for neglect. In one stereotype, Americans are too pragmatic, or too undereducated, or too distracted by mass culture, to cherish this ancient art. The vigorous response to the Favorite Poem Project contradicts that conventional notion. […] When the video and audio recordings are completed, they will present something like a snapshot of the United States at the turn of the millennium year, through the lens of poetry[2].

[Como otros muchos elementos de la vida nacional, el estatus de la poesía es cambiante, ambiguo; en ocasiones, su papel se improvisa —una existencia que, sin dejar de ser vigorosa, ha sido fluctuante, invisible a veces, y que algunos han confundido con la desidia. Uno de los estereotipos juzga que los norteamericanos son demasiado pragmáticos, o están escasamente instruidos, o distraídos en demasía por la cultura de masas, como para valorar el antiguo arte de la poesía. La vigorosa acogida dispensada a este proyecto contradice esa noción convencional. El vídeo y las grabaciones sonoras, una vez se completen, constituirán una especie de instantánea de los Estados Unidos a las puertas del nuevo milenio, a través de los lentes de la poesía.]

En la misma línea del experimento antológico de Pinsky se sitúan las selecciones emprendidas por Garrison Keillor, Good Poems (2002) y Good Poems for Hard Times (2005), en las que se recogen los poemas leídos en su programa de radio “The Writer’s Almanac”; y las publicadas por el poeta Billy Collins bajo la rúbrica Poetry 180 (2003) y 180 More (2005), que originalmente se gestaron como parte del programa “A Poem a Day for American High Schools” [Un poema cada día para los estudiantes de bachillerato] de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos (www.loc.gov/poetry/180), mientras Collins fungió como poeta laureado. Estas iniciativas de Collins se propusieron sacar la poesía del patrocinio exclusivo de los profesores y críticos, con el fin de que la misma fuese un elemento más de la cotidianidad y de la experiencia de los jóvenes, al constituirse en método alternativo de enseñanza. Las únicas normas indispensables para Collins fueron la claridad y el placer; en este sentido, asevera:

Randall Jarrell said that poetry was so difficult to write, why should it be difficult to read. Clarity is the real risk in poetry. To be clear means opening yourself up to judgment. The willfully obscure poem is a hiding place where the poet can elude the reader and thus make appraisal impossible, irrelevant —a bourgeois intrusion upon the poem. Which is why much of the commentary on obscure poetry produces the same kind of headache as the poems themselves[3].

[Randall Jarrell solía decir que dado que la poesía era muy difícil de escribir, su lectura no tenía por qué serlo también. La claridad es el verdadero riesgo de la poesía. Ser claros implica ponderar el juicio de los demás. El poema obstinadamente oscuro no es más que un escondite desde donde el poeta puede eludir al lector y, de esta manera, imposibilitar la valoración crítica, haciéndola irrelevante —una suerte de intromisión burguesa en el poema. Lo que explica que una buena parte de la crítica sobre poesía oscura produzca el mismo tipo de dolor de cabeza que estos poemas procuran.]

La búsqueda y la formación de un público lector nutrido de poesía han sido las motivaciones principales de las selecciones anuales que, como editor general, ha promovido David Lehman con su serie antológica The Best American Poetry; serie que desde 1988 hasta la fecha ha venido ofreciendo a los lectores los 75 poemas más sobresalientes aparecidos en revistas norteamericanas. Cada año, la compilación es elaborada por un antólogo distinto —a su vez un poeta notable—, que asimismo escribe una breve introducción al volumen. Poetas de la talla de John Ashberry (que inició la serie en 1988), Charles Simic, Robert Bly, Charles Wright, Robert Hass o Robert Creeley, han formado parte de esta iniciativa. Los prefacios escritos por David Lehman para cada uno de estos volúmenes —que suman hasta el momento un total de veintidós, sin contar el editado por Harold Bloom, que es una especie de antología de las publicadas entre 1988 y 1997— constituyen una excelente síntesis para conocer los rasgos definitorios y las principales vías de desarrollo de la poesía norteamericana finisecular y de la compuesta en esta primera década del siglo XXI.

La lectura de estos prefacios arroja varias conclusiones que merece la pena apuntar: el creciente prestigio y popularidad de la poesía norteamericana, que ha concitado una mayor atención por parte de los medios de comunicación masivos (sobre todo la televisión); la entusiasta “democratización” de la poesía a través de lecturas públicas, ferias, festivales y proyectos editoriales y audiovisuales; la emergencia y el papel clave de fenómenos como los masters y los talleres de escritura creativa, la Internet y la actual plétora de vías de transmisión que ésta ha posibilitado (blogs, revistas electrónicas, e-books, bibliotecas y archivos digitales, y un largo etcétera), y que si, por un lado, han democratizado (tal vez en exceso) el otrora dificultoso proceso de publicación poética; por el otro, hacen prácticamente imposible hoy un conocimiento  exacto de la poesía norteamericana actual. Para Lehman, los efectos de los avances tecnológicos en la producción y el consumo de poesía están aún por verse: de qué formas afectarán la naturaleza y las estructuras formales de la escritura o en qué medida la recepción del artefacto verbal será distinta a la hasta ahora acostumbrada, son preguntas para las que Lehman no tiene respuestas fijas[4].

Esta visión “populista” integra el convencimiento de la excelente salud de que goza la poesía norteamericana en la actualidad; idea que, de tanto repetirse, se ha convertido en una especie de “dogma” recogido por la inmensa mayoría de las antologías que han visto la luz a partir del año 2000 y por un buen número de críticos y poetas. Como apoyos teóricos de la mencionada lozanía o excelencia lírica, suelen citarse la patente diversidad y el predominio multicultural que exhibe en el presente esta poesía, cuyo panorama parece estar dominado por las voces plurales de las distintas minorías étnicas de la nación; voces, en opinión de algunos comentadores, larga e injustamente silenciadas. Este hecho explica la proliferación de antologías consagradas a estos grupos que, por años, habían permanecido marginados del canon, de las aulas universitarias y de los circuitos de promoción y publicación de las grandes editoriales.

De entre las minorías apuntadas, la latina o hispana es la que ha sido mejor y más antologada, sin duda por ser la más numerosa y diversa. Existen en el mercado numerosos florilegios que se recogen, de forma particular o conjunta, muestras de las tradiciones mexico-americana o chicana, puertorriqueña (centrada en la ciudad de Nueva York), cubanoamericana y domínico-americana. Esta tendencia antológica ha alcanzado su mayor visibilidad y un prestigio que podría calificarse de “canónico” con la reciente publicación de The Norton Anthology of Latino Literature (2011), coordinada por Ilan Stavans. Después de la minoría hispana, la llamada afroamericana es, posiblemente, la que mayor atención antológica ha recibido. Repertorios que den cuenta de su quehacer poético en el nuevo milenio, abundan; entre ellos cabe destacar, por la reputación de sus editoriales, The Vintage Book of African American Poetry (2000) y The Oxford Anthology of African-American Poetry (2006).

También la nutrida comunidad asiática de los Estados Unidos ha cultivado sus antiguas tradiciones poéticas en suelo norteamericano, como bien atestigua la antología compilada por Victoria Chang, Asian American Poetry (2004), por sólo citar una de las más recientes; obra que continúa la línea antológica emprendida por Joseph Bruchac a principios de los ochenta con la publicación de la recopilación titulada Breaking Silence. An Anthology of Contemporary Asian American Poets (1983).

En los últimos años ha venido consolidándose la poesía de la comunidad árabe-americana que, como las anteriores, busca apuntalar, a través de los versos, una voz propia, reconocible y singular, y fundar una identidad sólida a la que asirse y desde la que exponer sus preocupaciones artísticas. De este curioso fenómeno —por ser todavía desconocido de muchos críticos y lectores, y por estar enmarañado de estereotipos— da cuenta la antología editada por Hayan Charara, Inclined to Speak. Anthology of Contemporary Arab American Poetry (2008).

A pesar de que algunos estudiosos sostienen que delinear, nombrar y definir los movimientos relevantes y las figuras centrales de la poesía norteamericana del siglo XXI es casi una tarea imposible[5], recurrir a las nuevas antologías resulta útil y orientador a este respecto. Tres son los títulos, en este punto, que vale la pena examinar: The Iowa Anthology of New American Poetries (2004), American Poets in the 21st Century (2007) y American Hybrid (2009). Los editores de estas tres antologías coinciden en el convencimiento de que la poesía norteamericana pasa en la actualidad por una etapa de esplendor estético, y señalan —otra coincidencia— sus tres líneas maestras: una línea lírica predominante, escorada hacia la meditación y la introspección, y que tiene una larga historia y un fuerte arraigo en la tradición; una segunda línea que se califica de forma indistinta como multicultural, identitaria o política, que busca configurar una “poética de la comunidad”; y, finalmente, una tercera línea que se acoge a la experimentación (heredera de las vanguardias poéticas o del “Modernism” y que suele agruparse también bajo la etiqueta de “Language Poetry”)[6].

Estas tendencias han venido coexistiendo más o menos en armonía (el territorio es lo suficientemente amplio y hay espacio para todas las corrientes) y, en algunos casos, se han fusionado mediante un proceso de hibridación en el que parecería que el predominio de una tendencia sobre otra se ha esfumado. El resultado de estas fusiones es, según Cole Swensen —uno de los dos editores de American Hybrid— un texto híbrido que puede amparar a la vez la narratividad y la fragmentación, el discurso ilógico y las estrictas convenciones del soneto, el neologismo y los vocablos arcaicos, o la renovación formal y las temáticas de la experiencia; y cuyo modelo más apropiado sería el formado por un rizoma[7].

Contra la excelencia y el renacimiento poético expuestos y defendidos por la mayoría de las antologías consignadas, se yerguen las valoraciones de Harold Bloom y de William Logan, dos de las “bestias negras” de la crítica de poesía contemporánea en los Estados Unidos, y cuyos juicios y reparos coinciden en lo esencial. Ambos consideran que los efectos del multiculturalismo han sido perniciosos, que sus producciones son endebles y que han erosionado los fundamentos de la poesía en particular y de la literatura en general, al sustituir el criterio estético por parámetros de índole racial, sexual, política o étnica; lo que ha contribuido a ahondar la crisis que viven los estudios literarios —entidad, para ellos, moribunda— y la falta de rigor en las universidades, donde ya, simplemente, no se enseña a leer poesía.

Tanto Bloom como Logan están convencidos de que el conocimiento de la auténtica poesía norteamericana implica necesariamente un grado sustancial de dificultad y que, por ello mismo, está dirigida sobre todo al lector culto, educado y solitario, no a la colectividad o al público en general[8]. Se trata de una postura elitista o aristocrática, hasta cierto punto antidemocrática, pero a nivel exclusivamente estético o literario, no ideológico o socioeconómico, que propugna una vuelta a la tradición, al canon, y la lectura minuciosa de los grandes poetas[9].

Estos reparos de Bloom y de Logan desmontan la creencia —alentada por las antologías comentadas— de que la poesía norteamericana vive en nuestros días una nueva edad de oro. Logan, para quien sería más exacto hablar de una “edad de hojalata”, se muestra implacable e irónico —y muy convincente— en su evaluación de este quehacer poético:

This is a golden age for poetry. Everyone seems to think so. There are more poets than ants in an anthill, and they write more poetry than ever. Grants and medals and honorary degrees and gimcrack awards shower down upon them. If you step onto a bus or enter a subway car, you’re likely to run into a few lines of poetry on a placard, next to a laxative advertisement —usually it’s a very short poem, since anything as long as a sonnet might tax the commuter’s brain. He might decide poems were too long and not much fun; and then where would we be, in this golden age of poetry? […] There’s a little gold in our age, no doubt […], and some silver, more than enough bronze, valleys of lead, and as in all ages mountains of tin[10].

[La poesía vive una edad de oro. Todo el mundo así parece creerlo. Existen más poetas que hormigas en un hormiguero, y ellos escriben más poesía que nunca. Becas y medallas y diplomas honorarios y premios inútiles han llovido sobre sus cabezas. Si uno toma un autobús o entra en el metro, puede fácilmente toparse con unos pocos versos escritos en un cartel, al lado de un anuncio de laxantes —habitualmente se trata de un poema muy corto, ya que cualquier poema que tenga la extensión de un soneto podría ser dañino para el cerebro del viajero. Este podría decidir que los poemas son demasiado largos y poco divertidos. Si esto sucediera, ¿dónde estaríamos entonces?, ¿en esta edad dorada de la poesía? (…) En realidad, no hay duda de que el oro es exiguo en nuestro tiempo; puede encontrase un poco de plata, más que suficiente bronce, valles de plomo, y, como en todas las épocas, montañas de hojalata.]

Sin duda, el lector que se acerque con ánimo crítico a la par que, abierto a las antologías de la poesía norteamericana del siglo XXI, constatará la existencia de un panorama tal vez superpoblado, pero provocativo y enriquecedor. Este acercamiento antológico lo será en la doble acepción del término: propio de las antologías, pero también digno de destacarse; un viaje extraordinario del que se regresa con una conciencia crítica más aguda, con una pizca extra de sabiduría.

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CARLOS X. ARDAVÍN TRABANCO es profesor de literatura y cultura españolas en la Universidad de Trinity, San Antonio, Tejas. Es autor de los libros La pasión meditabunda. Ensayos de crítica literaria (2002), La transición a la democracia en la novela española (2006), Diccionario personal de literatura dominicana (2010) y La isla letrada (2011)

Antologías

Ammons, A. R. [ed.] (1994): The Best American Poetry 1994, New York, Charles Scribner’s Sons.

Ashbery, Jonh [ed.] (1988): The Best American Poetry 1988, New York, Charles Scribner’s Sons.

Berg, Stephen, Bonanno, David y Vogelsang, Arthur [ed.] (2000): The Body Electric. America’s Best Poetry from The American Poetry Review, New York, W. W. Norton and Company.

Bloom, Harold [ed.] (1998): The Best of the Best American Poetry 1988-1997, New York, Scribner.

Bly, Robert [ed.] (1999): The Best American Poetry 1999, New York, Scribner.

Bruchac, Joseph [ed.] (1983): Breaking Silence. An Anthology of Contemporary Asian American Poets, New York, The Greenfield Review Press.

Charara, Hayan [ed.] (2008): Inclined to Speak. An Anthology of Contemporary Arab American Poetry, Fayetteville, The University of Arkansas Press.

Collins, Billy [ed.] (2003): Poetry 180. A Turning Back to Poetry, New York, Random House.

_____ [ed.] (2005): 180 More. Extraordinary Poems for Every Day, New York, Random House.

_____ [ed.] (2006): The Best American Poetry 2006, New York, Scribner.

Creeley, Robert [ed.] (2002): The Best American Poetry 2002, New York, Scribner.

Chang, Victoria [ed.] (2004): Asian American Poetry. The Next Generation, Urbana/Chicago, University of Illinois Press.

Dove, Rita [ed.] (2000): The Best American Poetry 2000, New York, Scribner.

Espinosa Domínguez, Carlos [ed.] (2001): La pérdida y el sueño. Antología de poetas cubanos en la Florida, Cincinnati, Ohio, Término Editorial.

García, Cristina [ed.] (2006): Bordering Fires: The Vintage Book of Contemporary Mexican and Chicano/a Literature, New York, Vintage Books.

Gerstler, Amy [ed.] (2010): The Best American Poetry 2010, New York, Scribner.

Gioia, Dana, Mason, David y Schoerke, Meg [ed.] (2004): Twentieth-Century American Poetry, New York, McGraw-Hill.

Glück, Louise [ed.] (1993): The Best American Poetry 1993, New York, Scribner.

González, Ray [ed.] (1998): Touching the Fire. Fifteen Poets of Today’s Latino Renaissance, New York, Anchor Books/Doubleday.

Graham, Jorie [ed.] (1990): The Best American Poetry 1990, New York, Scribner.

Hall, Donald [ed.] (1989): The Best American Poetry 1989, New York, Collier Books/Macmillan Publishing Company.

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Harper, Michael S. y Walton, Anthony [ed.] (2000): The Vintage Book of African American Poetry, New York, Vintage Books.

Hass, Robert [ed.] (2001): The Best American Poetry 2001, New York, Scribner.

Hejinian, Lyn [ed.] (2004): The Best American Poetry 2004, New York, Scribner.

Hollander, John [ed.] (1998): The Best American Poetry 1998, New York, Scribner.

Hoover, Paul [ed.] (1994): Postmodern American Poetry. A Norton Anthology, New York, W. W. Norton and Company.

Howard, Richard [ed.] (1995): The Best American Poetry 1995, New York, Scribner.

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Keillor, Garrison [ed.] (2002): Good Poems, New York, Viking.

_____ [ed.] (2005): Good Poems for Hard Times, New York, Viking.

Komunyakaa, Yusef [ed.] (2003): The Best American Poetry 2003, New York, Scribner.

Lehman, David [ed.] (2006): The Oxford Book of American Poetry, New York, Oxford University Press.

McClatchy, J. D. [ed.] (2003): The Vintage Book of Contemporary American Poetry, New York, Vintage Books.

McHugh, Heather [ed.] (2007): The Best American Poetry 2007, New York, Scribner.

Moyers, Bill [ed.] (1999): Fooling With Words: A Celebration of Poets and Their Craft, New York, Morrow.

Moyers, Bill y Haba, James [ed.] (1995): The Language of Life: A Festival of Poets, New York, Doubleday.

Muldoon, Paul [ed.] (2005): The Best American Poetry 2005, New York, Scribner.

Parisi, Joseph y Young, Stephen [ed.] (2002): The Poetry Anthology, 1912-2002, Chicago, Ivan R. Dee.

Pinsky, Robert y Dietz, Maggie [ed.] (2000): Americans’ Favorite Poems: The Favorite Poem Project Anthology, New York, W.W. Norton.

_____ Poems to Read: A New Favorite Poem Project Anthology, New York, W. W. Norton, 2002.

Rampersad, Arnold [ed.] (2006): The Oxford Anthology of African-American Poetry, New York, Oxford University Press.

Rankine, Claudia y Sewell, Lisa [ed.] (2007): American Poets in the 21st Century. The New Poetics, Middletown, Conn., Wesleyan University Press.

Rich, Adrienne [ed.] (1996): The Best American Poetry 1996, New York, Scribner.

Shepherd, Reginald [ed.] (2004): The Iowa Anthology of New American Poetries, Iowa City, University of Iowa Press.

Simic, Charles [ed.] (1992): The Best American Poetry 1992, New York, Scribner.

Stavans, Ilan, Acosta-Belén, Edna et al. [ed.] (2011): The Norton Anthology of Latino Literature, New York, W. W. Norton and Company.

Strand, Mark [ed.] (1991): The Best American Poetry 1991, New York, Collier Books/Macmillan Publishing Company.

Swensen, Cole y St. John, David [ed.] (2009): American Hybrid. A Norton Anthology of New Poetry. New York, W. W. Norton and Company.

Tate, James [ed.] (1997): The Best American Poetry 1997, New York, Scribner.

Wagoner, David [ed.] (2009): The Best American Poetry 2009, New York, Scribner.

Wright, Charles [ed.] (2008): The Best American Poetry 2008, New York, Scribner.

Young, Kevin [ed.] (2011): The Best American Poetry 2011, New York, Scribner.

Revistas (selección mínima)

El repaso de esta lista mínima arroja dos evidencias que vale la pena subrayar: 1. el arraigado hábito de la publicación de poemas en revistas, lo que permite pensar que se leen más poemas de lo que la crítica estima (otra cosa supone la lectura de poesía publicada en libro); y 2. el patrocinio académico de muchas de estas publicaciones, que se extiende asimismo a la publicación de poemarios y colecciones de poesía. 

The American Poetry Review 

The Atlantic Monthly (ed. poesía) 

Beloit Poetry Journal 

Columbia Poetry Review 

The Connecticut Review 

Harvard Magazine (ed. poesía) 

Iowa Review 

The Kenyon Review 

Massachusetts Review 

The New Criterion (ed. poesía) 

New England Review (ed. poesía) 

The New York Review of Books 

The New Yorker (ed. poesía) 

The North American Review (ed. poesía) 

The Paris Review (ed. poesía) 

Parnassus: Poetry in Review 

Partisan Review (ed. poesía) 

Poetry 

Poets and Writers 

Seneca Review 

The Texas Observer (ed. poesía) 

The Yale Review (ed. poesía) 

Verse 

Virginia Quartely Review

Notas

[1] Entre los poetas que han ocupado la prestigiosa posición de poeta laureado, además de Pinksy, se cuentan W. S. Merwin, Charles Simic, Donald Hall, Ted Kooser, Louise Glück, Billy Collins, Robert Hass, Stanley Kunitz, Joseph Brodksy, Randall Jarrell, William Carlos Williams, Elizabeth Bishop, Robert Lowell y Robert Frost. Para una muestra de la obra de estos poetas y de los restantes que ocuparon esta posición, consúltese The Poets Laureate Anthology (2010), a cargo de Elizabeth Hun Schmidt.

[2] Robert Pinsky, «Introduction», en Americans’ Favorite Poems, New York, W. W. Norton and Company, págs. 3, 4. La traducción de esta cita y de las restantes  han sido realizadas por el autor de este trabajo.

[3] Billy Collins, “Poetry 180: An Introduction”, en Poetry 180. A Turning Back to Poetry, New York, Random House, pág. xix.

[4] David Lehman, “Foreword”, en The Best American Poetry 2009, New York, Scribner, 2009, págs. xix, xx.

[5] Véase, entre otros, a Lisa Sewel, “Introcution”, en American Poets in the 21st Century. The New Poetics, Middletown, Wesleyan University Press, 2007, pág. 2.

[6] En su introducción a The Best American Poetry del año 2001, Robert Hass señalaba que en la poesía norteamericana coexistían tres tradiciones claramente definidas: una tradición métrica, básicamente clásica en sus impulsos; el verso libre, central y de estirpe románica o vanguardista; y una tendencia experimental, más preocupada por la forma, la percepción y las convenciones del arte que por los contenidos, la emoción o la política (pág. 21).

[7] Cole Swensen, “Introduction”, en American Hybrid, New York, W. W. Norton and Company, 2009, págs. xxi, xxv.

[8] Es lo que David Lehman ha denominado “el argumento anti-populista” en la introducción de The Best American Poetry 2005, Paul Muldoon [ed.], New York, Scribner, 2005, pág. 3.

[9] Estas ideas han sido tomadas de la introducción de Bloom a The Best of the Best American Poetry, New York, Scribner, 1998, págs. 15-25, y de la introducción de Logan a su libro The Undiscovered Country. Poetry in the Age of Tin, New York, Columbia University Press, 2005, págs. 1-16.

[10] William Logan, The Undiscovered Country. Poetry in the Age of Tin, New York, Columbia University Press, 2005, pág. 1.

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