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Es tiempo de entrar en el tiempo

MANUEL GARCÍA VERDECIA [mediaisla] El ser humano necesita sentarse consigo mismo a meditar. No tenemos tiempo para perder. No habrá otro momento. Esa es la advertencia de Alice Walker con su novela «Ahora es el tiempo de abrir tu corazón». No esperemos más. Hagámoslo ya

Alice Walker es una persona de verdadero humanismo y elevada espiritualidad. En su existencia y, en esa parte visible, compartida de la misma que es su obra, busca persistente y lúcidamente las esencias que dan continuidad, así como sentido a la criatura humana. En su labor acomete la relectura de la herencia histórico-cultural como referente y brújula para no errar el camino futuro, además trata de definir y sacar a la luz lo que nos define como seres para la trascendencia en el infinito universo. Sin embargo, esto no implica que sea una persona extraviada en laberintos esotéricos ficticios ni en ritos subjetivos y fantasiosos. Ella está muy afincada en la tierra más firme y en el presente más descarnado. Esto es lo que hace que su búsqueda espiritual no sea vano ejercicio cerebral ni se desvíe por las inconsecuencias de lo meramente discursivo. Alice necesita creer, encontrar, entregarse a una espiritualidad afirmativa, sanadora y definitivamente liberadora del individuo como especie terrestre única. Es una persistente luchadora en el más pleno y diáfano significado.

Su vasta y diversa obra (novelas, ensayos, poemas, artículos, literatura para niños) no es solo una demostración de pericia y sagacidad para contar historias. Es una constante exploración de conflictos que la sociedad en su devenir ha creado y acumulado, cuyos frustrantes resultados no ha sabido resolver. Ella misma, por ser descendiente de indios y negros, guarda en su sangre el latido de miles de arbitrariedades y de un caudaloso dolor. La tergiversación del legado de los pueblos primitivos, los atropellos y el sojuzgamiento a que fueron sometidos los primitivos americanos y africanos, el abuso y el desplazamiento de la mujer, las diversas formas de intolerancia (ideológica, cultural, religiosa, sexual) que impuso el poder del dinero y la avaricia, la destrucción de la relación armónica con la naturaleza,  el creciente afán de posesión que desplaza el sentido de la existencia del ser al tener, etc., son algunos de los temas que mueven a la escritora a reaccionar críticamente empleando su mejor arma, su obra literaria y pública. Porque es necesario decirlo, Alice no es solo una escritora, es una fuerza cívica de vasto impacto social.

La presente novela, Ahora es el tiempo de abrir tu corazón (Random House, 2004), retoma algunos de esos motivos recurrentes en su trayectoria literaria pero los condensa y actualiza. Los analiza desde la perspectiva de la más reciente información y la nueva sensibilidad que lentamente se va despertando en torno a la imposibilidad de mantener el tipo de vida que insensatamente hemos desarrollado. En tal sentido devine un dramático y convincente SOS sobre los peligros que acosan a la civilización humana tal y como la conocemos.

Los personajes principales son dos creadores, una escritora, Kate, y un pintor, Yolo. Ambos se han hallado fortuitamente cuando ya sus vidas han experimentado otros encuentros que no les rindieron mayores crecimientos como individuos. Luego de unirse han compartido un tiempo espléndido de hallazgos y amplitud de experiencias. Sin embargo, en un punto de sus vidas en conjunto sienten que han alcanzado ese momento en el ascenso cuando la gravedad parece detener todo vuelo y tirar de las cosas hacia la tierra. Por eso deciden darse una tregua, un lapso de tiempo para viajar cada uno por separado y tratar de hallar respuestas a las quemantes preguntas que los obsesionan. Además, sobre todo, decidir si tienen fuerza y sentido para proseguir juntos la jornada afectiva.

American author and poet Alice Walker. (Photo by Harcourt Brace/Getty Images)

Entonces, Kate parte hacia la Amazonía, mientras que Yolo se enrumba en sentido opuesto hacia Hawái. Dos mundos donde prevalece el latido primitivo pero con distinta fuerza y vicisitud. En la selva suramericana se ha preservado contra viento y marea lo natural propio sin definitivas adulteraciones más allá de una historia de violentación y despojo trascendida en la práctica aunque no desdibujada de la memoria. En la isla polinesia, el sitio se ha convertido no solo en un estado anexo a una nación con la cual tiene poco de común, sino que además es el destino turístico de gente que van en busca de un exotismo que falsea la verdad histórica. Esto coincidentemente trae todo un conjunto de prácticas nocivas para el individuo y la sociedad que hace peligrar hasta sus propios cimientos culturales.

La perspectiva de la novela es uno de sus puntos acertados. La historia se cuenta desde la propia experiencia de sus protagonistas. Así Kate y Yolo alternan sus voces para narrar la historia mutua y plural que transitan. La selección de estos personajes para columna discursiva no es casual. Aquí hay una reevaluación crítica sobre el papel del intelectual en este tiempo. En qué debe fijarse, qué información debe dominar, con quién debe aliarse, qué actitud debe asumir frente a los desatinos del presente, cuáles deben ser sus prioridades y perspectivas, así como su postura ante los otros etc. La autora parece advertirnos que hacen falta personas que piensen con pasión racional y con afecto auténtico hacia el prójimo e igualmente con sentido de perspectiva del devenir potencial.

Así mismo, resulta atrayente el empleo del tiempo narrativo. Es algo de lo que el lector debe estar muy atento para no extraviarse. La historia se relata como el oleaje que sucede en una poza cuando se lanza una piedra (no es accidental que el agua, el río, tengan un papel preponderante en la novela, pues los elementos naturales son las principales fuerzas y compañeros del hombre para ella). Desde el centro que narra, unas olas van hacia el lado del pasado y otras avanzan hacia el desarrollo perspectivo. Somos nosotros los que debemos ordenar, si es que lo sentimos necesario, el itinerario cronológico de la novela. Lo importante es ese mundo circular donde todo se actualiza y se vuelve significativo y presente.

El núcleo de la historia es un viejo motivo en el devenir de la humanidad, el viaje que se emprende para encontrar algo otro, el cual termina haciéndonos encontrar a nosotros mismos y despierta la necesidad de la vuelta, pero ya cambiados respecto al que partió. No fue el mismo Ulises que salió de Ítaca el que luchó denodadamente contra sortilegios y catástrofes para llegar al hogar. Kate ha llegado a una edad madura. Momento de coger aliento para repasar realizaciones y fracasos así como para visualizar lo que se anhela para el tiempo que entra en su conteo final. En medio de una sociedad que estimula y premia lo juvenil, insistiendo en que a fuerza de engañosos procedimientos se mantenga el look joven, entre otras razones por ser el sector perspectivamente más consumidor, que puede aportar mayores réditos, ser viejo ha venido a constituir un obstáculo para los otros y casi una tacha para el individuo. Entonces ella necesita reevaluar si a esa edad todavía le quedan asuntos por descubrir, tareas que cumplir, motivos para erguirse, razones para seguir palpitando. En tal sentido la novela es un desagravio al rechazo cometido contra lo viejo y los viejos. Hay que restituir el valor de la tradición, de la sabiduría acumulada por el tiempo y reconocer en todo su sentido y esplendor las tareas que los mayores pueden aún desempeñar acompañando y guiando a las nuevas generaciones.

La protagonista vivió con varias parejas, entre ellas un esposo con el que tuvo dos hijos. Fracasó porque, bien el egoísmo, bien la posesividad del otro, no le dejaron el suficiente espacio para su autorrealización. En cierto momento de maduración tropieza con un pintor, Yolo, que le inspira nuevos brotes de vitalidad. Yolo también ha tenido sus amoríos pero no ha conseguido la compañía que se sostenga en el tiempo.

Cuando se unen, la vida parece desplegar nuevos colores, como esos fantásticos de los cuadros del pintor, e inéditas aventuras que oxigenan la vida en pareja. Sin embargo, llega un instante en que la fatiga parece querer asfixiar a Kate. Además la edad avanza con sus rigores, muchos sueños empiezan a resquebrajarse y planea sobre uno la oscura nube del temor. Igual que sus rodillas, sus días emiten un crujido de advertencia, una incitación a revisar el discurrir de sus horas y el contenido con que desaloja la nada. Entonces se embarca en un viaje por el Amazonas, con un grupo de seres que también arrastran complejos e insatisfacciones. Yolo, a su vez, parte para Hawái para darse un descanso. Ella experimentará, mediante el expediente de una planta medicinal, la ayahuasca, un viaje a la verdad de sus temores y sus aprensiones. Además conocerá seres que le proporcionan otra dimensión de vida. Él, en medio de un esplendor turístico, también conocerá una realidad oculta a los ojos del visitante y que habla de un mundo que se deshace producto de la influencia nefasta de la suplantación cultural. Al volver, han cambiado de perspectiva, han descubierto otra vida esencial. Entonces la separación deja de ser una opción y deciden casarse de un modo personal pero redentor.

La novela es un intento ficcional, pero con la más aguda percepción, de resumir los problemas que aquejan al hombre contemporáneo. Estos se reflejan en la alta degradación del entorno así como la banalidad y los desajustes sociales que desarticulan el mundo. En tal sentido la autora ha renovado la novela de tesis. Pero lo ha hecho con imaginación, con sutileza reflexiva y con una muy genuina destreza para construir un mundo narrativo. El personaje que durante el viaje con la ayahuasca instruye a los viajantes explica el modo en que la vida contemporánea los hace frágiles:

Cuando ustedes quedan atrapados en el mundo que no diseñaron como sostén para su vida y la vida de la tierra y la gente, es como quedar atrapados en el sueño o la pesadilla de otro. Muchas personas existen en sus vidas de esta forma. Digo existir porque eso no es realmente vivir. Es similar a estar suspendido en un sueño que uno tiene de noche, un sueño sobre el cual uno no tiene control.  Vas aquí y allá, ves a esta y esa otra persona. No las conoces o te interesas por ellas normalmente, están ahí solamente, en tu pantalla interior. La humanidad no sobrevivirá si continuamos de esta manera, la mayoría de nosotros viviendo vidas en las que nuestra propia vida no es el centro.

Vivir una vida diseñada a partir de los presupuestos de la comercialización o el sostenimiento de determinados poderes e intereses no es la que el individuo auténtico necesita. Por eso debe romper esa red de fantasía que lo confunde y asfixia. Es necesario conocer la esencia verdadera del vivir, del crecimiento espiritual.

De aquí que el sentido de la búsqueda de Kate no sea solo para hallar respuestas al pasado de su vida (hija de un desliz materno silenciado y desconocido). Igualmente busca una recuperación de energías intelectuales para hacer por los demás. Es por eso por lo que al iniciar sus viajes hiciera ciertos votos generales:

Cuando fue su turno de tomar la medicina, pidió, como siempre hacía, ayuda para los humanos del planeta y para las generaciones venideras y para los animales y las plantas y las piedras. Pidió ser guiada al conocimiento de cómo actuar en el mundo por el mayor bienestar de todos.

Esto resume no solo el sentido que nos brinda el libro, sino mucha de la orientación de la infatigable lucha personal de Alice.

“Limpieza” es una palabra que se repite una y otra vez durante la historia. Limpiar la casa, su entorno, el interior de la persona, su mente. El hombre ha acumulado demasiadas cosas que no le son necesarias. Se ha aferrado a elementos simbólicos que lo hacen prisionero de sus posesiones. Es una de las confrontaciones entre Kate y Yolo. Mientras aquella sistemática y permanentemente se deshace de objetos que le estorban, Yolo es incapaz de arrojar lo más mínimo. Cree que allí está su tiempo y, en definitiva, su propio ser. Es la falsedad a que nos condena la vida materialista. Por eso Kate cumple esos ritos de tirar:

Y un día, ceremoniosamente, prendió fuego no solo a sus escritos sino a varios billetes de cien dólares, solo para demostrarse a sí misma que estos artículos no eran el Dios o Diosa de su vida.

Se trata de la liberación mediante el fuego que purifica de aquello que nos cosifica deshumanizándonos.

Kate no solo es consciente del proceso colonizador con que las naciones de Occidente redujeron y explotaron a los pueblos aborígenes de África, América y Oceanía. Les robaron las tierras y los recursos, asesinaron sus hombres, violaron a sus mujeres, los despojaron de sus recursos. Aún en el presente acometen nuevas prácticas de sometimiento y degradación. Así a los indios suramericanos les quieren quitar la ayahuasca para patentarla por alguna transnacional farmacéutica. Y en Hawái destruyen su sustento cultural mediante la implantación de una cultura turística falsa, con la incentivación a la comida chatarra, la importación de una imagen a partir de símbolos creados por los medios masivos así como la creciente anulación del ego mediante el abuso de las drogas.

Kate sabe que su propio gobierno tiene una gran dosis de responsabilidad en el estado caótico y nocivo del mundo actual:

Bueno, como mujer afro-amerindia del sur, estaba familiarizada desde su nacimiento con el espíritu malsano de América. La gente que había linchado y achicharrado a la gente negra y había abierto a cuchillo el vientre de mujeres negras por diversión no había muerto y desaparecido. Se había metamorfoseado en gente que trabajaba para el Pentágono y podía hacer este tipo de cosas desde el aire.

Un intelectual, un ser que busca lo esencial del ser, que desea una vida genuina, no puede ser remiso a la verdad ni a la crítica de lo que es nefasto por duro que sea.

De aquí que es el tiempo de abrir nuestros corazones a lo esencial y auténticamente humano. Para esto debemos acometer la más profunda limpieza de nuestras personas y nuestro entorno. El espíritu de la Tierra nos aconseja seguir el ejemplo de Buda, alguien que supo hallar no solo el sentido transformador hacia lo que es verdadero y trascedente sino las armas para conseguirlo. Así lo cuenta la Abuela: 

¡Lo valioso que es tener una vida humana para vivirla! Lo triste que es desperdiciarla en algo tan desalentador e impreciso. (…) Lo que se necesita matar no es la persona. Lo que se necesita matar es su idea de que torturar a otra persona producirá la felicidad. (…)

Por esa razón la gente emplea tiempo para aprender a hacer eso, abrir el corazón. Es por eso por lo que se van a un retiro. Es por eso que aprenden a meditar.

El ser humano necesita sentarse consigo mismo a meditar. No tenemos tiempo para perder. No habrá otro momento. Esa es la advertencia de Alice Walker con esta novela. No esperemos más. Hagámoslo ya: este y no otro es el tiempo para abrir nuestros corazones a la verdad y el bien. Tiempo de adentrarnos en el definitivo tiempo de lo humano.

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MANUEL GARCÍA VERDECIA (Holguín, Cuba, 1953) es profesor, poeta, traductor y editor. Ha sido profesor en universidades de Cuba, Canadá, República Checa y México. Entre sus últimas publicaciones destacan Luz sobre la piedra (2011) y El día de La Cruz (2012).

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