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ALEXIS GÓMEZ ROSA: “Soy lo que escribo y en lo escrito están las voces que me nutren”

MANUEL GARCÍA CARTAGENA [mediaisla] Alexis Gómez Rosa ya no está con nosotros, un sarampión de aguas ebrias, imantadas, llueve de abajo hacia arriba hasta cubrir su nombre… Su palabra, brasa ardiente de insondables registros, seguirá ardiendo por los días de los días. La presente es una de las últimas entrevistas que el poeta substancial de la ciudad más vieja y pendenciera de estos lados del mar y sus marismas, concediera a su colega Manuel García Cartagena. 

En el momento en que escribo estas líneas, acabo de leer el parte de prensa en que se informa que el poeta Alexis Gómez Rosa se encuentra al borde de la muerte luego de sufrir un accidente cardiovascular. La noticia me ha dejado literalmente devastado, pues, para mí, Alexis ha sido y será siempre un entrañable ser humano que muchas veces me ayudó a sentir que la espesa jalea de mezquindades que sustituye a la atmósfera en esta bella media isla digna de mejor suerte era bastante menos densa de lo que en realidad es. Nunca imaginé que Coartada, el poema, título del libro que dio pie a que Alexis y yo concertáramos esta entrevista, sería el último que escribiría el poeta Alexis Gómez Rosa. Ambos acordamos que la entrevista quedaría insertada como apéndice en la parte final de su libro y que yo me encargaría de colocarla en las páginas del número 33 de la revista Cuadernos de poética de próxima aparición o en alguna de las secciones de la mediaisla que dirige otro de mis entrañables amigos, René Rodríguez Soriano, quien, dicho sea de paso, fue quien me informó en primer lugar sobre lo que le había sucedido al poeta Gómez Rosa.

En Coartada, el poema, se incluye una colección de textos en los que la escritura toca de manera crucial el trasfondo subjetivo de un poeta al que, quienes lo venimos leyendo desde los años 80, vimos evolucionar en una especie de tránsito intermitente entre lo personal y lo colectivo (y viceversa) en una gran lista de obras que incluye algunas tan antitéticas como La tregua de los mamíferos y Cabeza de alquiler. Mi primer abordaje de los poemas de Coartada, el poema, me dejó más preguntas que respuestas. ¿Qué había pasado en la vida de Alexis que sus textos parecían ahora guiados más por un deseo de tomar posición (ethos) personal que por un movimiento empático de la conciencia poética (epos)? ¿Qué sentido tenían para él los distintos posicionamientos que mi lectura encontraba diseminados en los poemas de este nuevo libro? Aunque con armas (palabras) distintas, varias de las preguntas que le formulo al poeta en esta entrevista apuntaban en esa dirección. Desde el principio, Alexis se mostró interesado y animado a cooperar con el principal propósito de esta entrevista, el cual era proporcionarme varios puntos de apoyo para sustentar (o invalidar) una serie de ideas que elaboré en un pequeño ensayo que escribí para que sirviera de prólogo a su nuevo libro. Y aunque en más de una ocasión me dio la impresión de que evitó responder de manera directa mis preguntas, lo cierto es que, como pude comprender al cabo de mi segunda lectura de su libro, ya las había respondido con creces en sus poemas. Bien lo dijo Baudelaire: «La poesía es lo más real que existe, lo cual solo es completamente cierto en otro mundo». Y es que los buenos poetas no mueren nunca: alguien debería encargarse de averiguar cuál es la suerte de los otros, es decir, aquellos que ya estaban muertos antes de que comenzaran a escribir 

Hablemos un poco de este nuevo libro tuyo, Alexis. En varios de los poemas de «Coartada, el poema» pones de manifiesto un estado de insatisfacción respecto a lo que ha sido la poesía dominicana a partir de la década de 1980. Puesto que, como sabes, el público lector de poesía se reduce en nuestro país a un estrecho campo del mismo sector de los productores de poemas, es fácil de prever que ocurra con este libro tuyo otro de esos terremotos de indiferencia que tantas veces acontecen entre nosotros con el único resultado de que no pase, por supuesto, absolutamente nada. ¿Cuáles dirías tú que son las coordenadas de este nuevo temblor?

—Como te imaginarás, Coartada, el poema, es un guiño del ojo (ciclópeo y permanente a lo largo de mi obra), a la mirada inteligente de quien busca en la expresión su desafío. (Lezama: Solo lo difícil es estimulante). En ella (mi coartada), he tejido con diversos hilos la trama de mi desobediencia para transitar en lo escrito el camino de la experiencia inédita. Léxico, procedimientos y visión poética se conjugan en unos textos que ponen distancia de por medio con respecto a una poesía huera y acartonada, repetitiva, de modelos intercambiables. Es la poesía bonita, trascendente, correcta, que hereda a Mieses Burgos con su altar de arcángeles y serafines; poesía fundamentada en mitos bíblicos y grecolatinos que da la espalda a sus orígenes para ganar el prestigio que refiere.

Una idea de Charles Simic, verdaderamente ilustrativa, asoma en mi cabeza con fuerza y lucidez. Cito: “Un poeta que merezca la pena leerse vive en el presente, lo que le mantiene evolucionando continuamente hacia otra cosa”. Una cacería que persigue anular en lo poético la gratuidad de lo fácil. De la segunda parte de tu planteamiento te confirmo la norma: indiferencia, desprecio y silencio. En 1975 realicé la primera exposición de poesía concreta o visual en Casa de Teatro y la crítica no se dio por enterada. Posteriormente, con mi primer libro de haikus (el primero que se publica en República Dominicana), di a conocer esa vieja forma de versificación japonesa para que Manuel Rueda, Freddy Gatón Arce y Máximo Avilés Blonda declararan desierto el Concurso Siboney de Poesía donde High Quality, Ltd participó. Ignorancia y mala leche combinadas no solo se hicieron cargo de mi obra, que se orientó después con mejor suerte, sino que me llevaron a cargar el peso de otras descalificaciones por extranjerizante, raro y elitista con lo que mucho engordó mi biografía.

Ahora, con este nuevo libro, he trabajado la palabra en lírico torbellino: palabra dicha en el hueso; desmesurada, proteica, llena de ojos. De ahí el poema en sentencia, como el aforismo un cuchillo; y aquellos poemas que se gestaron a todo pulmón, de respiración profunda su inspiración, su torrente sanguíneo.

Varios de tus textos rezuman igualmente cierto malestar en la cultura dominicana (contemporánea). ¿Podrías explicar desde qué ángulo se imbrican estos nuevos poemas con lo que hasta hace algunas décadas se conocía como crítica social?  

—La poesía es lenguaje en movimiento con el que trazo (he trazado) un viaje de reconocimiento de cielo a tierra: una inspección en la que barajo nombres, tendencias, recursos estilísticos diversos, ¿qué más?, escuelas, fórmulas, clisés, hasta tocar las puertas de la afasia, que mucho dice.

Asumir el llamado poético supone cambiar permanentemente de máscaras. Desde el vértigo inicial de un insospechado periplo, a la móvil plasticidad que pone al desnudo el pentagrama de su elocuencia, son muchos los cambios del discurso. En ese recorrido que parte de la epidemia de la poesía instrumentalizada, vendedora de ideología (que no por política descalifico), a la escritura que transita y se desarrolla arriesgando la faja, vengo procurando el aire fresco de una literatura que busca su centro desde los márgenes, NO; el margen constituye mi centro.

Son las diferentes caras de un poliedro en letras convertido; en diálogo de norte a sur y en ambos lados de la carretera por donde el sentido se desplaza en función de lo que carga y descarga la cabeza. Y es que las palabras de ese dialogo, en la construcción del lenguaje diferente al que aspiro, está imbricada esa crítica social a la que te refieres porque es crítica del lenguaje, a través del cual, la razón de ser de la literatura cobra sentido.

Y continuando en este mismo tenor, ¿cómo describirías las motivaciones implícitas y explícitas que guiaron tu trabajo de producción, selección y edición de los poemas que reúnes en este nuevo libro?

—Todos mis libros (salvo High Quality Ltd y Trueno robado), se fueron formando con los años tras almacenar en el cajón de sastre las cosas que al otro ruborizan; porque la única verdad que soy capaz de mentir (adulterar) y que mi rubor escandaliza es la escritura. Por eso me demoro en cada entrega para que haya limpieza en el desnudo con el que hago vitrina. Por eso el poema, en mis manos, difícilmente logra del mármol, su atormentado perfil, porque al ojo siempre respondo por lo que veo con maleabilidad de arcilla. Poema vía poesía: orfebrería. Coartada, el poema, es un tejido diverso de temblores sorprendidos.

A partir de los aforismos que incluyes en «Coartada, el poema» se perfila una preocupación por acceder en cierta forma a un pensamiento —no quiero decir “teórico”— sobre la poética, entendida como la arquitectura del poema. Aunque no debería haber un solo poeta que carezca de una idea más o menos clara del sentido de su oficio, como sabes, es en ese aspecto donde fracasan y enmudecen la mayoría de nuestros nuevos poetas, sobre todo —pero no únicamente— los más jóvenes. ¿Qué opinión te merece el rechazo del pensamiento poético de parte de esos poetas?

—Debo decirte que desde Oficio de pos muerte (mi primer libro), concebí el poema como espacio de reflexión sobre la poesía, el oficio de escribir; sobre el arte y el acto creador. Notarás que en ese libro de inicio se incluye una bibliografía para que el lector conozca las diversas voces del coro que sostienen esas páginas. Pero antes, para dar cuenta del proceso creativo, encontramos un poema que ha sido ANULADO (sello gomígrafo) para generar variaciones del poema que se anuló, ejemplificando, de esta manera, que la escritura es lectura que implica su reescritura. Otra forma de diversidad tenemos en el poema “Ego enamorado” en el que haciendo uso de notas al calce (footnotes), se amplía el poder de significación de la metáfora o la imagen.

Pretendo (pretendía) de esta manera, pensar la poesía desde el poema que, al alcanzar la síntesis del aforismo, por ejemplo, colinda con formas de conceptualización propias de otras disciplinas en las que se inscriben muchos poetas de hoy.

Los poemas de este nuevo libro tuyo se presentan envueltos en un aire sapiencial. Se diría que buscas transmitirles a tus lectores un poco de tu experiencia del mundo, y en particular, del mundillo literario y político –dos aspectos que, como sabes, han tendido a unificarse entre nosotros en el período contemporáneo. ¿Estás consciente de esto? ¿Lo has hecho de manera deliberada o consideras que se trata de un simple efecto de lectura cuya única responsabilidad sería imputable a lo que quieran ver algunos lectores?

—Soy lo que escribo y en lo escrito están las voces que me nutren. En consecuencia, soy un deudor del verbo iluminado y alucinado de una gran tradición que se refleja en mi obra. He sido y soy lector goloso, interdisciplinario, con intereses más allá de la literatura que con frecuencia tocan fondo en la política y en la historia, como para llenarme de microbios e impurezas. Mi poesía bebe de ambas disciplinas porque ellas traducen las pasiones y mezquindades humanas desde la lucha por la pequeñez de un cargo público, hasta la conmiseración que despierta un presidente de la República arrinconado por sus propios demonios. Aunque he crecido y me he desarrollado bajo la sombra copiosa de la política, no busco sus mieles porque me aterra mucho acelerar mis problemas diabéticos.

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MANUEL GARCÍA CARTAGENA (Santo Domingo, RD, 1961) escritor, profesor y editor; doctor en Letras Francesas Modernas por la Universidad François Rabelais de Tours, Francia. Ha publicado, entre otros, Aquiles Vargas, fantasma (1989), Ni ser, ni fingir (2014) y Decir, hacer, poder (2016). Su título más reciente es El pubis de Astarté (2019).

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