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Puertas y ventanas

Si el poeta eres tú | No les guardo rencor, papá circula en Argentina | David Huerta: “México es una comunidad tan desgarrada que ya casi no es comunidad” | La escritora que descubrió que su padre era la ‘mano derecha’ de Manson | Los libros del estallido | Un equilibrio difícil | Callan por temor, no por ignorancia | Dora Maar es el nuevo Picasso | Lobo Antunes: “Portugal es lo que el mar no ha querido” | Vanguardias, la locura poética en Latinoamérica | David Huerta: “La poesía es un supergénero” | La poligamia, el orden tribal y una niña fugitiva | Andrea Cavalletti: una filosofía vertiginosa | Mario Bunge: un siglo tras la verdad | Los 21 mejores libros del siglo XXI | El horror de Auschwitz escrito desde sus entrañas| Silvio Rodríguez en busca del unicornio | El cuento clásico de Ciudad Seva | Antología mínima de Alexis Gómez Rosa. 

Ya circula en Argentina «No les guardo rencor, papá» de René Rodríguez Soriano 

La cuarta edición de la emblemática novela ambientada en las postrimerías del oprobioso régimen de Rafael L. Trujillo del dominicano René Rodríguez Soriano continúa su andadura editorial y ahora sale en Argentina bajo el sello Palabrava. 

Publicada inicialmente en República Dominicana (2017), Estados Unidos (2018) y España (2019), No les guardo rencor, papá, fue seleccionada para inaugurar en tierras argentinas la nueva serie Letras del Caribe, ventana a través de la cual Editorial Palabrava se propone ampliar los horizontes y borrar fronteras. 

La obra 

Ambientada en la gesta del 14 de junio de 1959, la novela ofrece una radiografía de los últimos años de la tiranía trujillista, simbolizados en la lucha generacional de una familia; publicada en Santo Domingo, en agosto de 2017, esta cuarta edición es en Argentina y de la mano de una editorial independiente como lo es Palabrava. La tercera edición salió en Madrid este verano y la segunda se publicó en 2018 en Houston, TX.

No les guardo rencor, papá es un relato donde lo ficcional está cruzado con el hecho histórico, dando cuenta de la opresión política que ha marcado a los países latinoamericanos. El monólogo interior, el género epistolar, el diario personal, son algunos de los recursos que usa para contar la historia de los personajes y de la vida política del país.

Tal y como lo destaca Susana Szwarc en la contratapa de esta edición argentina: “En esa parte del abanico que se llama país –tela que se pliega y despliega– René Rodríguez Soriano escribe, nos escribe. Nos dona un San José del Puerto y lo ubica en la República Dominicana. El mapa, a los lectores, se nos estira. Crecemos en un lugar nuevo que se junta a Macondo, a Santa María, a Comala. Se habla en ese lugar –que, como en cada uno de estos sitios, tiene sus casas, su iglesia, su juventud que comprende otra versión de los hechos– con un idioma que, siendo el mismo, no es el mismo. Y se habla ‘de una época extraña para siempre’ pero tan conocida, reiterada en nuestro continente americano: del horror de las dictaduras que ya estaban cuando llegábamos al mundo y se repetían”.  

El autor 

René Rodríguez Soriano es escritor y editor. Ha recibido la distinción del Talent Seekers International Award 2009-2010. De sus libros publicados en todos los géneros destacan: Voces propias (2018), El nombre olvidado (2015), Solo de flauta (2013), Tientos y trotes (2011), Rumor de pez (Premio UCE de Poesía, 2008), Apunte a lápiz (2007), El mal del tiempo (Premio UCE de Novela, 2007), Sólo de vez en cuando (2005), Queda la música (2003), La radio  y otros boleros (Premio Nacional de Cuento José Ramón López, 1997), Su nombre, Julia (1991), Todos los juegos el juego (1986) y Canciones rosa para una niña gris metal (1982). Se radicó en Estados Unidos en 1998, desde donde desarrolla una intensa labor de difusión y promoción de la literatura iberoamericana.

Resonancias 

Desde la edición original, la novela de Rodríguez Soriano ha contado con la aceptación de colegas y críticos literarios de reconocida trayectoria. Entre ellos destacan:

Es una breve relación a tres voces cuyo tema reitera la inmediatez de la historia, la fugacidad de la verdad, lo dócil y maleable que es el ser humano y, de fondo, como turbia marea, la relativa gravedad del bien ante las artimañas del Poder” León Leiva Gallardo (Honduras)  

“…una novela del dictador que en lugar de explorar los corredores del poder presenta la historia de los más afectados por esas tiranías que la mayoría de las veces no logran percibir las circunstancias en que viven”. Rebecca Bowman (Estados Unidos) 

“Es difícil ser objetiva y no deambular por los derroteros que se abren con este nuevo libro de René Rodríguez Soriano. Es difícil no pensar en otras dictaduras, en otros chivos con sus lodazales”. Ophir Alviárez (Venezuela)

“Rodríguez Soriano ha desarrollado una forma de narrar nuestra historia de América con su plaga de autoritarismo desde un ángulo distinto evitando caer en lo argumentativo, en lo meramente ilustrativo, en lo redundante y a la vez sin que la cuerda emocional se desborde. El buen uso del silencio ha permitido que la palabra resplandezca en una novela en la que la articulación entre lo político y lo personal alcanzó su mejor equilibrio”. Irma Verolín (Argentina) 

En las obras de Rodríguez Soriano juegan y dialogan las imágenes. No solo las que se construyen en el relato, sino las que se yuxtaponen, entrecruzan y vienen a dialogar con el texto lingüístico. Desde “Canciones rosa para una niña gris metal” hasta esta novela es una constante, un deseo del autor de completar, ampliar la significación con contextos semióticos que completan la historia contada”. Miguel Ángel Fornerín (Puerto Rico) 

“No les guardo rencor, papá” posee una vitalidad arrobadora y una prosa ennoblecida capaz de cautivar al leyente con un lenguaje sencillo. Nos deja un buen sabor de boca, los tres personajes protagónicos: Jorgito, Luisa y Manuel, cada uno en su rol dentro de un escenario convulso. Tal circunstancia enmarca al texto en un frondoso y seductor realismo. Hasta podría hablarse de un doliente relato que apela a la evocación desde todos los recodos del desasosiego”. Maritza Luza Castillo (Perú) 

“No les guardo rencor, papá”, de René Rodríguez Soriano, es una crónica de los últimos años de la Era simbolizados en la lucha generacional de una familia. Una vez más la novelística dominicana se hace desde la periferia. Las grandes ciudades dejan de ser los centros y los márgenes muestran su propia participación en la historia nacional”. Miguel Ángel Fornerín (Puerto Rico)

La editorial

Editorial Palabrava se origina de manera independiente en el año 2012, y desde hace siete años, las escritoras y editoras Alicia Barberis y Patricia Severín, trabajan con la premisa de la revalorización del trabajo creativo, el reconocimiento de los escritores y escritoras, y la distribución y difusión de los libros a nivel nacional e internacional.

Esta nueva colección “Rosa de los vientos. Letras del Caribe”, se suma a otras que componen el catálogo de la editorial. La colección “Anamnesis”, que propone poesía y fotografía argentina en miradas que se conjugan para resaltar el hecho estético en libros de alta calidad y que cuenta ya con más de doce títulos. “Las cuatro estaciones de la palabra”, con ocho libros de cuentos y novelas de autores y autoras de la provincia, con arte de tapa de artistas plásticos santafesinos. “Dos ríos”, narradoras y narradores, emergentes y consagrados, de la provincia de Santa Fe. “Palabrújula”, destinada a lectores infantiles. “Las Zonas Azules”, libros de Conocimiento. Siga leyendo Editorial Palabrava 

David Huerta: “México es una comunidad tan desgarrada que ya casi no es comunidad” 

El poeta mexicano, que recibe hoy el gran premio de la FIL, habla en su casa de su trayectoria, sus influencias y la relación entre hermetismo y claridad.

Tardes de salón con Nicolás Guillén, David Siqueiros, Alí Chumacero y hasta paseos por el parque comiendo helados de la mano de José Emilio Pacheco. “De niño, mi primer contacto con la poesía fue con las personas mismas de los poetas, pintores y artistas”, cuenta sentado en el sillón de su casa David Huerta (Ciudad de México, 1949), último ganador del Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances. El jurado destacó en septiembre su “dominio y asimilación de las más diversas tradiciones”. A Huerta, la tradición literalmente venía a verle a casa.

A unos pocos kilómetros al norte de este sillón, en la colina del Periodista. Un “gueto gremial”, lo recuerda Huerta. Un barrio nacido de una cooperativa de reporteros, fotógrafos, pintores y escritores donde “prácticamente todas las familias se conocían”. Allí aterrizó su padre, Efraín Huerta, uno de los poetas de cabecera de México. Coetáneo de Octavio Paz —ambos nacieron en 1914—, fueron compañeros de bachillerato y de militancia comunista hasta la caída del caballo del autor de Laberinto de la soledad.

Huerta todavía conserva el acta matrimonial de sus padres donde aparece como testigo el nombre del único Nobel mexicano: “Octavio Paz Lozano, 27 años, empleado público”. “La poesía siempre nos mantuvo unidos aunque la política nos separara”, recuerda que le decía a su padre. La tensión entre Juan Ramón Jiménez y Pablo Neruda, entre la poesía “pura y vestida de inocencia” y la sucia “como un traje, penetrada por el sudor y el humo”, fue uno de los faros que compartieron los dos poetas amigos mexicanos. Siga leyendo David Huerta 

La escritora que descubrió que su padre era la ‘mano derecha’ de Manson 

Claire Vaye Watkins debuta con un libro de relatos en los que encara su identidad.

Claire Vaye Watkins no supo de la fama criminal de su padre y de su penetración en el imaginario colectivo de la generación de los años sesenta en Estados Unidos hasta que fue demasiado tarde. Cuando se enteró, él llevaba cuatro años bajo tierra. La pequeña Claire Vaye Watkins (Bishop, California, 1984) creció convencida de que Paul Watkins, su padre, que en otro tiempo había sido la mano derecha del asesino Charles Manson, era un padre corriente. Un buen padre que simplemente había tenido mala suerte y había muerto antes de tiempo. Pero nadie puede pretender estar a salvo de una maldición así para siempre. Claire, que acaba de publicar Nevada (Malas Tierras), un sorprendente libro de relatos, tenía 10 años cuando su madre le entregó el titánico Helter Skelter, el ensayo de Vincent Bugliosi sobre los crímenes de la familia Manson (editado este año en España por Contra): al consultar el índice descubrió que el nombre de su padre aparecía mencionado en 36 páginas.

Alguien se había metido con su hermana Lise en el colegio. Le había dicho que era hija de un asesino y la niña, que entonces tenía nueve años, llegó llorando a casa y quiso saber si era verdad. Lo primero que hizo fue contárselo a su hermana Claire, que miró el recorte de periódico que la chica le tendió y vio a su padre, de quien tenía un recuerdo borroso, jovencísimo en una fotografía junto a Charles Manson. “Por entonces no sabíamos qué o quién era Charles Manson. Pero su nombre daba miedo. Estaba asociado a algo diabólico”, contó en un artículo en The Guardian. Corrió a buscar a su madre. Sus pies descalzos golpeando el suelo de madera de su casa en Tecopa, California, en pleno Death Valley, el desierto de Mojave, en Nevada. Se lo dijo. Su madre le tendió el Helter Skelter. El resto, como suele decirse, es historia.

Una historia que podría empezar de muchas maneras, como el relato con el que abre su libro, Nevada, una mutante pieza titulada Fantasmas, cowboys. En ella recuerda aquella enésima vez en la que —colocada, en el cuarto de la residencia universitaria— contó la historia de cómo primero su padre se dejó seducir por Manson y luego, cuando vio que la cosa iba en serio y que alguien estaba perdiendo la cabeza más de la cuenta con Helter Skelter, de los Beatles, se echó atrás y se fugó, para, una vez descubiertos los primeros cadáveres, acabar testificando en contra del tipo que había sido su Jesucristo particular durante demasiado tiempo. [Helter Skelter pasó a formar parte del universo de canciones malditas cuando Manson reveló que se había inspirado en ella para planear los asesinatos de la esposa de Roman Polanski, Sharon Tate, y sus invitados]. Claire Vaye Watkins podría seguir también rememorando qué pasó el día en que descubrió que su padre le había hecho una felación a Charlie (como él solía llamarle). ¿Hacían los padres ese tipo de cosas con asesinos? Siga leyendo Claire Watkins 

Los libros del estallido 

En las protestas de Chile, lo que los analistas políticos y económicos no pudieron ver está ya en ‘Hijo de Ladrón’, de Manuel Rojas, publicada en 1951. 

En el 2018, cuando Chile parecía ser aún un oasis tranquilo y satisfecho, la escritora chilena Diamela Eltit publicó Sumar, la historia de una marcha infinita en la que los personajes viven sin más domicilio fijo que la marcha misma. Una alegoría que, como muchas otras que ha intentado la literatura chilena, se ha ido convirtiendo en palpitante realidad desde que el 18 de octubre un grupo de estudiantes se saltaron en masa los torniquetes del metro y nada volvió a ser igual que ayer.

¿Cómo, cuándo y por qué llegamos a este estado de protesta permanente? Se preguntan todos. Pero lo que los analistas políticos y económicos no pudieron ver está ya en Hijo de Ladrón, de Manuel Rojas, quizás uno de los clásicos más incuestionables de la literatura chilena. Publicada en 1951, la novela transcurre en una jornada violenta y desesperada de protesta que lleva al protagonista, Aniceto Hevia, a preguntarse por todas sus heridas, las de clase, pero también las del amor, la soledad, la muerte de la que lleva el peso.

Manuel Rojas era, como muchos de los jóvenes que protagonizan las revueltas de hoy, anarquista. Su compañero de militancia, José Santos González Vera, convirtió este anarquismo profundamente humanista y escasamente violento que compartía con Rojas en el centro de su libro Vidas Mínimas, de 1923. Este conjunto de novelas breves hasta la parquedad cambió para siempre la forma de escribir en chile. La manera de contar la precariedad de un ambiente sórdido sin aspaviento alguno se conecta por miles de afinidades secretas con los cuentos totalmente contemporáneos de Paulina Flores (Que vergüenza del 2015), Diego Zúñiga (Camanchaca del 2012) y Romina Reyes, que en su libro Reinos (del 2014) retrata de manera cruda y sin piedad esos nuevos amores exigentes y desabrigados que quizás explican más que los índices socioeconómicos la fiebre que recorre a la juventud que protagoniza la protesta. Una forma de amor, o de lo contrario, que habita también en los libros de Camila Gutiérrez (Joven y alocada, 2012) y de manera más programática en los cuentos de Arelis Uribe de Quiltras, (2016). Siga leyendo Libros del estallido 

Un equilibrio difícil 

En la galardonada ‘Terra Alta’, Javier Cercas narra la historia de un ‘mosso d’esquadra’ usando las herramientas de la novela negra. El dominio del ritmo narrativo queda lastrado por cierta relajación del estilo.

Javier Cercas lleva años defendiendo, mal que pese a algunos, que la “verdad” es una construcción narrativa, y quizá haya que entender Terra Alta, su adscripción y homenaje a la novela policiaca con vocación popular, como la insistencia paradójica y algo bromista en su forma de narrar de siempre: una capacidad imaginativa que se aplica con igual solvencia a los “hechos reales” y los “hechos ficticios”, pues ambos trabajan para la construcción de una misma verdad, la literaria. Ahora bien, cabe preguntarse cuánto del estilo de su autor se potencia y cuánto se encorseta en este coqueteo con las convenciones del género.

Resumamos la situación de partida: el asesinato de una pareja catalana de la alta burguesía, dueña de un emporio en el tranquilo territorio tarraconense de Terra Alta (tranquilo quiere decir que las guerras van por dentro), pone en marcha una investigación con la que el joven mosso d’esquadra Melchor, “extranjero” en la localidad, letraherido y lacónico, no se conforma.

Pronto sabremos más de Melchor. La novela alterna capítulos dedicados al caso con otros centrados en el pasado del protagonista: hijo de una prostituta asesinada, delincuente, presidiario, posteriormente mosso d’esquadra y héroe en los atentados islamistas de Cambrils en agosto de 2017. Siga leyendo Un equilibrio difícil

Callan por temor, no por ignorancia

Qué hermoso sería el mundo si la sabiduría condujera al hombre; lastimosamente, no es así, lo conducen personas que nunca escuchan porque son prepotentes, se creen infalibles y su ceguera espiritual les incapacita para conmoverse por el sufrimiento humano. Toman decisiones crueles e inmisericordes sin sentir remordimiento, ya que están obnubilados y embrutecidos por la ruindad del medio que les rodea.

Esto explica las arbitrariedades cometidas contra Julian Assange, que intentó cambiar e l planeta y arriesgó su vida en el intento. Ha hecho lo nadie hizo: desenmascarar al Complejo Militar Industrial de EEUU, que arrasa el mundo y con sus guerras deja tras de sí una estela de muerte y desolación. Hoy, e l fundador de WikiLeaks se encuentra preso e imposibilitado de ejercer su defensa para evitar que lo extraditen a EEUU, que lo ha declarado “una amenaza para la seguridad nacional” y le acusa de “colaborar con el enemigo”, por lo que podrían aplicarle la pena de muerte o, en el mejor de los casos, la tortura, luego de que le esconden en una larga prisión de hasta 175 años.

Tod a esta tragedia se desarrolla a pesar de que Eva-Maria Persson, la fiscal sueca que conducía la indagación por el delito de violación, supuestamente cometido por Julian Assange, informara: “He convocado esta conferencia de prensa para anunciar que la investigación contra Julian Assange fue cerrada, porque resultó evidente que los testimonios orales no son convincentes”. La fiscal agregó que no prevé interrogar al propio Assange, ya que su testimonio no ayudaría a arrojar la luz sobre el incidente. Siga leyendo Callan por temor

Dora Maar es el nuevo Picasso 

La muestra que la Tate de Londres dedica a la artista surrealista pone en cuestión el papel de musa que le ha impuesto la historia.

Hace años, tras su muerte en julio de 1997 olvidada por casi todos, el obituario de Dora Maar no dejaba lugar a dudas sobre su lugar en el mundo desde la historia impuesta: se la seguía describiendo como “la musa de Picasso”. Poco parecían importar sus indiscutibles aportaciones visuales, puestas en valor entre otros por Victoria Combalía; poco la versatilidad de sus propuestas y el atractivo de sus genialidades o su riquísimo mundo intelectual. Maar era para esa historia repetida la documentalista de las “fases” del Guernica de Picasso; otras, mujer guapa próxima al surrealismo; otras, amante desesperada del “genio malagueño” que, tras la ruptura de una relación que siempre fue simultánea a la que él tuvo con otras mujeres, se encerró en su casa y, presa de una obsesión irrefrenable, se dedicó a pintar las paredes con una letra diminuta y nerviosa.

Pese a todo, pese a cierta verdad implícita en la parte más oscura del desamor de Dora Maar –Picasso fue dejando cuerpos y retratos a su paso con la excepción de Françoise Gilot, quien se adelantó a los acontecimientos y se fue con un portazo–, ese no sería el capítulo esencial de la vida de Maar, salvo quizás porque la llevó, tras varias sesiones de electroshock, hasta al diván de Jacques Lacan, psicoanalista fetiche de los surrealistas, que pensaba en la palabra como única manera de recomponer el inconsciente. No sólo. Maar dio mucho a Picasso, igual que Picasso dio mucho a Maar, porque cuando dos personas creativas se encuentran colaboran, se contaminan y se influyen.

Queda patente en la muestra sobre la fotógrafa que acaba de abrirse en la Tate Modern de Londres (hasta el 15 de marzo de 2010), donde la parte que se dedica –inevitablemente– a su relación con Picasso, muestra los bellos retratos a lápiz y pintados que éste hace a la mujer y las fotos de Maar del Guernica, que tienen mucho de extraño dibujo preparatorio. Quizás junto a Maar, de ideas más drásticas que las de Picasso, el pintor se radicaliza, inicia esa línea que abre el Guernica y que hasta entonces no forma parte clara de su imaginario. Siga leyendo Dora Maar

Lobo Antunes: “Portugal es lo que el mar no ha querido”

Antonio Moreno 26.11.2019 Barcelona Cataluña. Antonio Lobo Antunes en la presentación de su nuevo libro en Barcelona.Foto:Antoino Moreno

El escritor luso retrata las desigualdades y la violencia de la sociedad portuguesa en su última novela, ‘De la naturaleza de los dioses’.

Cuando era un niño pequeño, a António Lobo Antunes le sorprendía que todo el mundo se levantara cuando entraba en una habitación. Hasta el cura, viejo y achacoso, lo hacía cuando iba a misa los domingos. “En la calle todos eran pobres, pero yo iba a casa de mis abuelos y allí había un jardín”, recuerda el escritor portugués. El “shock” que supuso vivir “a caballo entre dos mundos”, la aristocracia a la que pertenecía su familia de origen brasileño y la pobreza estructural de la mayoría de portugueses, es el paisaje de fondo en su última novela, De la naturaleza de los dioses (Literatura Random House).

Portugal tuvo la dictadura europea más larga, 48 años que terminaron con la Revolución de los Claveles de 1974. Los años de Salazar protagonizan la mayoría del cruento relato familiar que escucha Fátima, una humilde librera que cada poco recorre en autobús el trayecto entre Cascais y Estoril con un paquete de libros para la Señora, una anciana que vive en una mansión cerca del mar. Las lecturas son una excusa: lo que busca la Señora es conversación, una confidente que escuche la historia de su familia y especialmente la de su padre, un hombre importante que se creyó todopoderoso. “Los libros tienen que ser un desafío”, opina el escritor de 78 años, para el que “la literatura es una lucha permanente contra la imposibilidad de escribir”.

“Los portugueses siempre han sido pobres. Como decía el poeta, Portugal es lo que el mar no ha querido. En mi país los aristócratas sólo hablaban entre ellos. Recuerdo también la inmensa popularidad del rey Juan Carlos cuando se paseaba por Cascais, simpático, sencillo y agradable. La gente le gritaba ¡Juanito, Juanito!; por entonces todo el mundo era muy agradecido, las clases estaban muy marcadas, no había matrimonios interclasistas”, recuerda. La novela trata de desentrañar “el código de la gente rica”, un mundo con un lenguaje propio y unas normas sutiles, “difíciles de comprender”. “El portugués es un pueblo que no se merecía aquella dictadura ni aquella pobreza. Muchos amigos me decían: ¿por qué escoges una opción de clase? Yo respondía: ¿cómo no voy a hacerlo? Soy fiel hasta la muerte a mí mismo, a la gente que amé y que fue destruida por 48 años de violencia”. Siga leyendo Lobo Antunes

Vanguardias, la locura poética en Latinoamérica

Un fantasma literario recorría la Europa de finales del XIX con la arrogancia del que está convencido de que el porvenir le pertenece. Filippo Tommaso Marinetti, de mirada torva, pajarita y bigotes en punta, fijó en el Manifiesto futurista lo que tantos intuían pero no supieron discernir. «Queremos cantar el amor al peligro, a la fuerza y a la temeridad. Los elementos capitales de nuestra poesía serán el coraje, la audacia y la rebelión (…) Queremos glorificar la guerra -única higiene del mundo-, el militarismo, el patriotismo, el gesto destructor de los anarquistas, las bellas ideas que matan y el desprecio a la mujer». Casi nada.

Desde aquel 20 de febrero de 1909 en que el periódico francés Le Figaro había publicado aquel nuevo evangelio de las letras, cientos de poetas consideraron que se abría un nuevo horizonte, que era posible asaltar el cielo y hasta abrir las compuertas del mar. «En realidad las vanguardias llevan calentando motores desde mucho antes -los zutistas, Rimbaud, Verlaine, el golpe de dados de Mallarmé, las revistas satíricas en donde le pintaban bigotes a la Gioconda-, y Marinetti, lo que hoy llamaríamos un gestor cultural, con mucho olfato remata a puerta vacía. El propio Marietti procede del simbolismo, los propios modernistas saben que ya ha pasado la era de las princesas y los cisnes, todo eso está en el ambiente y en 1909 explota». Así ajusta el timón Juan Bonilla quien, junto a Juan Manuel Bonet, se ha encargado de editar Tierra negra con alas. Antología vanguardista latinoamericana (Fundación José Manuel Lara), una titánica tarea que fija en 190 poetas (barajaron 300 nombres) y 825 poemas aquellos años tan convulsos.

«Las vanguardias irrumpieron con fuerza en un continente que con Rubén Darío ya había trasplantado a América el simbolismo francés y belga. Ciertos modelos se difundieron por doquier. Los poetas de todo el continente pasaron de cantar el Ángelus con Francis Jammes o las ciudades muertas con Rodenbach, a cantar las ciudades tentaculares con Verhaeren. Se impusieron por todas partes el jazz, los cláxones, Charlot, la Torre Eiffel, Josephine Baker. En Latinoamérica, además, todo eso fue compatible con la atención a lo más cercano, la Pampa en el caso de los argentinos y los uruguayos, los Andes en el caso de los peruanos, ecuatorianos y bolivianos, el mar Caribe y lo negro en el caso de los cubanos o los puertorriqueños, la revolución en el caso de los mexicanos, la Amazonia en el caso de los brasileños…». Juan Manuel Bonet, erudito en esa época y autor del imprescindible Diccionario de las vanguardias en España, es quien ahora habla. Y es, a su vez, el responsable de todos y cada uno de los 190 perfiles de los poetas de este libro. «Los he concebido un poco como microrrelatos. Las vidas de los vanguardistas latinoamericanos dan mucho juego», dice a La Esfera. «Se podrían escribir 10 o 12 novelas con las 10 o 12 vidas más movidas. Ya Bonilla ha escrito la de Nahui Olin [Totalidad sexual del cosmos, Seix Barral] y Roberto Bolaño ha novelado en parte el estridentismo en Los detectives salvajes». Siga leyendo Vanguardias 

David Huerta: “La poesía es un supergénero”

De una poeta a un poeta. O lo que es lo mismo decir: de una uruguaya a un mexicano. De Ida Vitale a David Huerta. Este año, el Premio Premio Fil de Literatura en Lenguas Romances quedó en manos del poeta mexicano David Huerta, quien sucede, queda dicho, a la poeta uruguaya Ida Vitale. El reconocimiento, dotado con 150 mil dólares y que ya obtuvieron, entre otros Alfredo Bryce Echenique, Nicanor Parra, Juan Gelman y Julio Ramón Ribeyro, se entrega el sábado 30 de noviembre en la apertura de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, una de las más importantes y convocantes de América Latina.

¿Pero quién es David Huerta? Su biografía cuenta que nació en Ciudad de México hace 70 años y que es hijo de Efraín Huerta, poeta, y Mireya Bravo, activista y precursora del feminismo. Eugenia y Andrea son sus hermanas mayores. Es poeta, ensayista y traductor, y tan querido y reconocido en su país que los mexicanos se refieren a él como “El Maestro”.

En Argentina, no es tan fácil dar con sus libros de poesía: editados por el Fondo de Cultura Económica, están los dos volúmenes de La mancha en el espejo, que reúne la poesía de Huerta, entre 1972 y 2011. También es posible conseguir una breve antología poética de Efraín, su padre. Y no mucho más. En versión electrónica, en cambio, las opciones son mayores.

Sin embargo, él, David, es conocedor de nuestro país y más que nada de sus Letras. En las últimas dos décadas, pisó suelo porteño para presentarse en la Feria del Libro y, ya que estaba, para conocer la fervorosa Buenos Aires de Jorge Luis Borges​, de quien justamente viene de brindar un seminario en la Universidad Autónoma de México. Fue sobre Fervorosa Buenos Aires, el primer título del argentino: “En ese libro, Borges aparece en toda su plenitud como poeta lírico”, dice Huerta a Ñ vía telefónica. Los libros de Borges ocupan dos largos estantes en la biblioteca que comparte con su mujer, la escritora Verónica Murguía, en su casa del barrio Colonia Nápoles en la Ciudad de México. Siga leyendo David Huerta 

El escritor de Togo Kossi Efoui presenta historias de emancipación dentro de una fuerte cultura colonial.

Desde hace unos dos años, la editorial Empatía presenta una propuesta muy original para nuestro mercado, ya que se dedica exclusivamente a publicar autores africanos. Desconocido en nuestro medio, Kossi Efoui, nacido en Togo, vive en Francia, autoexiliado del régimen del presidente Gnassingbé Eyadéma desde principios de los años 90.

La historia política del Golfo de Guinea ocupa un lugar central en Cántico de la acacia. Se la puede leer en tanto relato de cómo toda la región pasó en tres generaciones de una cultura y economía tradicionales al poscapitalismo del presente. Pero además, y por sobre todo, es una novela desde el punto de vista de las mujeres.

La narración se organiza alrededor de la biografía de Joyce, una niña hallada flotando en el río, única sobreviviente de un contingente que huía del hambre y la violencia de Togo hacia Ghana. Es adoptada y a partir de allí la novela avanza en una ida y vuelta entre su historia, la de su madre Io Anna y la de su abuela Grace. Son, en todos los casos, historias de emancipación, cada una en un plano específico de la cultura colonial: del cristianismo, de la poligamia y del orden tribal. Lo más interesante es que ninguna es realmente hija de la otra, el vínculo pasa por algo más fundamental y libre que la sangre. Siga leyendo La poligamia

Andrea Cavalletti: una filosofía vertiginosa

El pensador italiano analiza en su novedoso libro cómo el vértigo nos conecta con la realidad y con nosotros mismos, aunque también puede provocar una desaparición de la identidad. Andrea Cavalletti dice que el vértigo es un modo de estar ligado a uno mismo, al propio habitus.

Andrea Cavalletti es un filósofo italiano que tiene un truco para no quedarse solo durante el viaje en el que bucea en las profundidades de la construcción del sujeto y de la intersubjetividad: apela a una película, una novela, alguna cita que nos resulte familiar, que hayamos visto, leído o sobre la que hayamos oído hablar. Invita a repasar, por ejemplo, el guión de Vértigo, la película de Alfred Hitchcock; a releer Mario y el mago, de Thomas Mann.

Cavalletti estudió Filosofía con Giorgio Agamben y Urbanismo con Bernardo Secchi. Hoy enseña Estética y Literatura italiana en el Instituto Universitario de Arquitectura de Venecia.

Sus reflexiones filosóficas suelen partir de una cita cinematográfica o literaria. ¿Lo hace por su afinidad con el pensamiento de Agamben de enhebrar vida y poética o porque le parece que el arte, en cualquiera de sus manifestaciones, acerca y ayuda a presentar una idea filosófica más compleja?

–Tal vez porque entre una novela y un texto filosófico no veo una gran diferencia. Los leo del mismo modo. El cine, por su parte, me parece una técnica filosófica: se trata de un filme pero, sobre todo, se trata de un dispositivo que se mueve entre el efecto zoom y el dolly (el carro que se desplaza para filmar). El método que uso para escribir, con las citas, es el del montaje, si se quiere, cinematográfico. Es algo que aprendí del autor italiano Furio Jesi, que escribió Spartakus. Simbología de la revuelta. El construía sus textos así. Siga leyendo Andrea Cavalletti 

Mario Bunge: un siglo tras la verdad

En su casa en Canadá, el físico y filósofo argentino que acaba de cumplir 100 años cuenta por qué sigue combatiendo a las “pseudociencias”, entre las que incluye al psicoanálisis, y por qué se arrepiente de haber sido comunista y también gorila.

¿Qué le parece vernos mañana domingo, a las 15? La invitación de Mario Bunge, una semana después de haber cumplido 100 años, implicó atisbar en el mundo de quien es considerado el filósofo más universalista nacido en Latinoamérica, más precisamente en Buenos Aires el 21 de septiembre de 1919.

En el hall del edificio de Westmount Park diseñado por Mies van de Rohe donde vive Bunge encontramos casualmente a Marta Cavallo, su segunda esposa. “No me avisó de la entrevista. Siempre me hace lo mismo. Pero suba”.

Junto a la puerta abierta de su departamento esperaba de pie ese apasionado racionalista que escribió unos 70 libros y que dedicó gran parte de ese siglo de vida a concebir una filosofía propia que él llama materialismo sistémico y a combatir encarnizadamente las pseudociencas, en las que incluye al psicoanálisis y medicinas alternativas.

Su denuncia de quienes llama “macaneadores acríticos” lo han hecho blanco de ácidas diatribas por parte de los sen~alados. Bunge no retrocede. No le importa cuán solo pueda estar ni los enemigos que se granjee. Convencido de que lo único valioso es la verdad. Siga leyendo Mario Bunge 

Los 21 mejores libros del siglo XXI 

Un jurado de 84 expertos ha escogido los títulos más relevantes de las dos primeras décadas del milenio.

“Hacer listas”, escribe Alberto Manguel en su Diario de lecturas, “da lugar a cierta arbitrariedad mágica, como si la simple asociación pudiera crear sentido”. Pues bien, ¿qué sentido se puede encontrar en una lista que trata de hacer balance de las dos primeras décadas del siglo XXI? Empecemos por el principio. El martes 11 de septiembre de 2001, dos aviones de pasajeros secuestrados por terroristas suicidas derribaron las Torres Gemelas de Nueva York, mataron a casi 3.000 personas y cambiaron el mundo para siempre. De paso, mandaron al trastero de las hipótesis la teoría hegeliana del fin de la historia reciclada por Francis Fukuyama tras la caída del muro de Berlín y zanjaron la discusión sobre si el siglo XXI empezaba en el año 2000 o en 2001. La guerra de las galaxias se quedó en choque de civilizaciones. Los ordenadores pasaron la prueba del efecto 2000, pero sus usuarios —la nueva gran palabra— entraron en la era del miedo, la inseguridad, la precariedad, la intimidad (pública) y la realidad (virtual). 

El futuro había llegado tan pronto en forma de metralla que los cines se llenaron de remakes; las librerías, de cánones, recuentos y resúmenes y listas de lo muy muy y lo más más (que había que ver, leer y escuchar… antes de morir). También de relatos con un fondo de historia universal y libros de no ficción o de autoficción que dan tanto valor a la trama como a su making-of. Incapaz de imitar a una realidad presente que parecía de novela, la literatura se volcó en el pasado, en la memoria (histórica y a secas), en las investigaciones periodísticas, en la primera persona y en la propia literatura, que se volvió metatodo.

De ahí el triunfo absoluto de 2666, un libro total compuesto de cinco partes y publicado en otoño de 2004, al año siguiente de la muerte de su autor. Desde Borges —retratado minuciosamente por Adolfo Bioy Casares en un diario ya ineludible—, ningún escritor ha influido tanto como Roberto Bolaño en las nuevas generaciones. Que sus libros empezasen a publicarse en Anagrama y actualmente lo hagan en Alfaguara —las dos editoriales más presentes en la lista de Babelia— es otro síntoma del peso de algunos sellos en la creación del gusto contemporáneo. Siga leyendo 21 libros siglo XXI

El horror de Auschwitz escrito desde sus entrañas

Una libreta de recuentos donde los nazis anotaban los ‘gaseables’ del día y un lápiz. Esto fue lo único que necesitó el joven médico holandés Eddy de Wind (La Haya, 1916-Amsterdam, 1987) para novelar el peor de los horrores. Lo hizo porque no le quedaba otra, siguiendo una máxima que le perseguiría toda la vida: “Tengo que seguir vivo para contarlo”. Echó mano para ello de un tal Hans Van Dam, tan joven, tan médico y tan judío como Eddy, un tipo que llevó sus mismos zapatos y que no fue más que la distancia de seguridad para no volverse completamente loco.

De aquel álter ego nació Auschwitz. Última parada (Espasa, 2019), la memoria novelada de su paso por el campo de exterminio escrita desde sus mismas entrañas poco después de haber sido liberado después de dos años. El rumor de la inminente llegada de los soviéticos le permitió armarse de valor y pasar a limpio lo vivido. Un cuaderno escrito casi a vuela pluma, que nos habla de lo cotidiano en aquella macrofactoría de la muerte, un texto de ambigua belleza en el que el horror más absoluto da paso a la dignidad del ser humano.  

Eddy nos habla de las condiciones inhumanas en las que vivían, del clima extremo y de la insalubridad. Cuando aquello no era suficiente para acabar con la vida de los prisioneros, se optaba por el Zyklon-B, gas ideado como pesticida capaz de acabar con 1.440 vidas con tan sólo 5 kilos. El número de cuerpos excedía la capacidad de los hornos crematorios, de forma que, tal y como relata Eddy en su libro, se optaba por cavar zanjas de «treinta metros de largo, seis de ancho y tres de profundidad» para, a continuación, echar los cuerpos, rellenar con madera e incendiar las trincheras con gasolina.

Es difícil contar el hambre, trasladar al lector la penuria que supone no tener nada que llevarse a la boca. Eddy lo consigue como pocos en apenas unas líneas, lean esto: «Cabían mil cadáveres. El fuego duraba veinticuatro horas y luego podía volver a echarse un nuevo cargamento […]. Les aseguro que he visto con mis propios ojos cómo un hombre que trabajaba cerca de esa hoguera descendía al canal y sumergía su pan en la grasa humana derretida, que seguía fluyendo hacia abajo». Siga leyendo Auschwitz 

Silvio Rodríguez en busca del unicornio 

La carrera de Silvio Rodríguez (San Antonio de los Baños, Cuba, 1946), tan orgánica como fructífera, se despliega en múltiples direcciones, estimula interpretaciones diversas y desafía cualquier convención o ley taxonómica. La dimensión política de su repertorio es ineludible, pero, en este caso, el todo se impone a las partes y trasciende cualquier contorno ideológico hasta difuminarlo. Porque Rodríguez le ha cantado a muchas cosas, no solo a los procesos revolucionarios que se desarrollaron durante la segunda mitad del siglo pasado. Y su trayectoria se caracteriza por la búsqueda continua de nuevas formas de expresión. A solas con la guitarra o acompañado por bandas que indagan en la tradición cubana con voluntad experimental, ha establecido un canon particular, identificable y perdurable.

Acostumbrado a cuestionar y reescribir su propio libro de estilo, lleva más de medio siglo en activo y ha escrito decenas de canciones-faro que siguen centelleando en las escarpadas costas de la música popular contemporánea. Delimitar los márgenes idiomáticos, geográficos y genéricos de su trabajo no es de recibo. Cualquiera de sus hitos creativos —que son muchos, echen cuentas— tiene el suficiente peso específico para convertir las acotaciones en afrentas. Silvio juega en la liga de la totalidad, del patrimonio global. Es muy difícil no darse por aludido al escucharle, no conmoverse con su amplísimo legado de invenciones armónicas, desafíos melódicos y seísmos líricos.

Inscrito en la fértil nómina de la Nueva Trova Cubana, movimiento con espíritu rompedor pese a sus fuertes vínculos institucionales, el joven Silvio admiraba el trabajo de cantores y compositores añejos como Sindo Garay, Eusebio Delfín o Manuel Corona, pero también apreciaba a The Beatles y a Leadbelly, a los iconoclastas del Tropicalismo brasileño y a los renovadores de la canción combativa que afloraba en España desde finales de los años 60. Siga leyendo Silvio Rodríguez

El cuento clásico de la semana

Incluimos el cuento clásico de la semana; seleccionado por Luis López Nieves. Patriotismo; del japonés Yukio Mishima (1925-1970). Pulse sobre el título para leer el cuento en Ciudad Seva.

Antología mínima de Alexis Gómez Rosa

 

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