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Betún melancolía», relectura de un tiempo que ya no volverá

AIDA L. CARRERO VÉLEZ [mediaisla] René Rodríguez Soriano utiliza el betún como juego para lustrar ese tiempo que ya no volverá o para ocultar el dolor de lo que nunca ha de volver a ser.

Betún melancolía (Ediciones Ferilibro, 2008) de René Rodríguez Soriano contiene una muestra de cuatro libros de los tantos publicados por este destacado escritor dominicano. A saber: Todos los juegos el juego (1986), su muy celebrado Su nombre, Julia (1991), La radio y otros boleros (1996) y El diablo sabe por diablo (1997). Betún melancolía es un juego con su ser, como diría nuestra querida Julia de Burgos. Hay en estos textos una dulce melancolía por la época pasada, por la mujer que ya no está, por los amigos que se marcharon, por la música del ayer, por el país que ya no es, sin descartar algún elemento político. Utiliza el betún como juego para lustrar ese tiempo que ya no volverá o para ocultar el dolor de lo que nunca ha de volver a ser. A través de sus páginas, descubrimos a un excelente escritor con plena conciencia de su oficio; un escritor que se alejó de la literatura de contenido socialista para traer una escritura más intimista, más existencial si se quiere.

Rodríguez Soriano, figura destacada de las letras dominicanas y nacido en el valle de Constanza, irrumpe en la escena literaria en la década del 70. Es cuentista, novelista, editor independiente, articulista y corresponsal de importantes medios del mundo hispano en los Estados Unidos donde reside desde 1998.  También ha sido productor de radio, televisión y cine; y profesor universitario en el área de mercadeo y publicidad. Y aunque él dice que abandonó la poesía por la narrativa, yo diría que sigue siendo poeta. En esta antología se demuestra un dominio del lenguaje y de la imagen que solo poseen los grandes poetas, y Rodríguez Soriano lo es.

Su éxito literario lo reafirma la cantidad de premios literarios que ha recibido durante su carrera, entre ellos, el Premio Nacional de Cuentos Casa de Teatro (1996); el Premio Nacional de Novela de la Universidad Central de San Pedro de Macorís 2007, por la novela El mal del tiempo; el Premio de Poesía otorgado por la misma Universidad Central en San Pedro de Macorís en el 2008 por el libro Rumor de pez; y el Premio Internacional Talent Seekers 2009-2010, en la categoría de “literatura, periodismo y filosofía”.

A través de estas melancólicas páginas, teñidas a veces por el betún, observamos un estilo personal y distintivo que presenta un distanciamiento de las formas y los temas tradicionales que habían conformado el discurso nacional dominicano. Rodríguez Soriano abreva de la tradición literaria de su isla, pero también de la experimentación que caracterizó a muchos escritores del Boom de la literatura hispanoamericana, específicamente de Julio Cortázar. En esta antología observamos cómo el elemento lúdico es presencia constante en su discurso literario, así como la presencia recurrente de ciertos temas como lo son: la melancolía por una época que se fue, la ironía, la pasión, la memoria, los recuerdos, las relaciones de pareja, la cultura literaria y la cultura musical (La radio y otros boleros); la intertextualidad, la invención de la palabra, la imagen poética cuando menos se le espera, y sus finales memorables.

En Todos los juegos el juego (1986) la intertextualidad cortazariana es evidente desde el título que nos remite a Todos los fuegos el fuego de Cortázar (1986). El libro está dedicado, por supuesto, “al tío Julio in cronopiam” en obvia referencia al libro Historias de cronopios y de famas del maestro argentino. Y si nos quedara alguna duda del elemento lúdico en este texto cual tablero de dirección de una rayuela, los títulos de las narraciones se identifican con la palabra juego (del “Juego 000” al “Juego 0010”.  Solo dos narraciones de las tres del libro tienen título, “Remitente conocido” y el último relato que le da el título al libro “Todos los juegos el juego”. Cual poeta que agarra su lira para improvisar, así escribe Rodríguez Soriano estos cuentos que son un ejercicio de reto al lenguaje donde se hacen presente el absurdo, el dominio de la palabra, y la sorpresa de la imagen poética cuando menos se le espera. Ejemplo de esto es la narración “Juego 006”. En esta, a pesar de la risa socarrona, de la burla y el absurdo, aparece la voz del dominicano inconforme con lo que sucede en su país y el elemento poético en la imagen inesperada al finalizar el texto: “…reunión para resolver los problemas del país, la humanidad y el estrabismo de tus ojos al amanecer”.

Su nombre, Julia (1991), es uno de los libros más elogiados de René Rodríguez Soriano. También se compone de trece narraciones y concluye con el relato que le da el título al libro, “Su nombre, Julia”, cuento que el autor quisiera llevar siempre en su equipaje. El texto tiene un epígrafe de Milán Kundera que nos da las coordenadas del libro: “La muchacha que le había parecido íntimamente conocida era precisamente una completa desconocida. Pero era precisamente la que siempre había anhelado”. Esa completa desconocida puede ser Julia, pero a su vez puede ser Laura, Claudia o Josefina, por mencionar algunas de las protagonistas de las historias de este texto. La mujer y la búsqueda de la pareja son un leitmotiv en la obra de René y en este texto esa mujer llega por diferentes avenidas, pero siempre se le escapa, como sucede en “Su nombre, Julia” o en “Nuevamente, el adiós llega de golpe y el olvido no logra consumarse” cuyo final también ilustra la imposibilidad de la comunicación y la relación de pareja: 

¿A qué evocar tristezas, si tenemos tantos tonos vivos que desmadejar? ¿Por qué hemos esperado tanto para abrevar esta pausa? Deberíamos hablar más a menudo. Es más, dame tu núm.… Aló, aló, ¡Julia! (95). 

La radio y otros boleros (1996), con un epígrafe del cantante de boleros Odilio González, Rodríguez Soriano inicia este libro con uno de los cuentos más memorables de esta antología: “La radio”. La gran sorpresa del texto es la personificación de la radio, quien a su vez narra cómo su llegada a la mansión de los Olmedo fue la noticia del siglo. Con su llegada, se anuncia la modernidad en la sociedad dominicana y el cambio a una sociedad de consumo. En este texto, Rodríguez Soriano maneja de forma extraordinaria el lenguaje, el tiempo, el recuerdo, la cotidianidad, la música y las canciones de la época, sin olvidar los acontecimientos políticos del país. Al finalizar el cuento, la sociedad dominicana se ha transformado, como también se ha transformado la tecnología: “…pues mis obsoletos engranajes, tubos, baterías, antenas y bocinas, solo transmiten canciones y noticias en unas bandas y frecuencias que apenas sintonizan sus recuerdos” (los recuerdos de la familia no pueden ser sintonizados porque ya ese mundo no existe). Las relaciones de pareja y la cotidianidad se presentan en “Casi nada ha cambiado, amor”. El elemento lúdico y la ironía hacen de este un cuento único porque, como advierte su título, nada ha cambiado en esta pareja después de veinticinco años de casados: “sólo tu mano y la mía, que ya no se entrelazan con la misma fuerza”. El poeta innato que vive en Rodríguez Soriano se evidencia en un microrrelato como “All those born with wings”:

El piano de tus ojos me sorprende, engendra tenues melodías aquí en mis dedos. La mariposa de tu aroma bailotea y alborota mis instintos (148).

Por su originalidad, por el manejo de los temas, nuevamente por el extraordinario manejo del idioma, por la poeticidad en algunos de sus cuentos, por los finales sorpresivos, por el despliegue de la vasta cultura musical del autor, considero este texto una auténtica joya literaria que bien merece la pena leerse y estudiarse con profundidad.

El diablo sabe por diablo (1997). Hemos señalado que dos características de la obra de este narrador son el elemento lúdico y el uso de la ironía. Así llegamos al cuarto y último libro de esta antología donde Rodríguez Soriano sigue jugando con el lector y la ironía. Entonces el autor recurre al refranero popular para arrastrarnos a su juego. Su denuncia hace que pensemos en los paradigmas que hemos aprendido a lo largo de nuestra vida. Su obra narrativa necesita de lectores activos, como los identificara el maestro argentino Julio Cortázar. Entonces en este libro tenemos que decidir si el diablo sabe por diablo o por viejo, aunque el autor ya nos ha dicho que sabe por diablo. Así es la vida, no todo es blanco o negro. En el epígrafe del libro también tenemos que elegir porque, como expresa Marguerite Yourcenar: “No se puede poseer al mismo tiempo la noche inmensa y el sol”.

Por las páginas de este libro desfilan los temas recurrentes en la obra de Rodríguez Soriano: la búsqueda de una pareja, el uso de la imagen certera, la música, específicamente la de los Beatles y lo que en Puerto Rico se llamó la Nueva Ola; el mundo de la publicidad, los finales sorprendentes como el de “Boquita pintada” y el recuerdo. Para el autor, trabajar el tema del recuerdo es un reto al lenguaje, como en toda su obra, pero a la vez es un reto a su trabajo como escritor porque tiene que manejar el tema para que no resulte ridículo lo que está narrando, sino memorable. Así lo manifiesta en el último cuento de esta selección titulado “Vivir de los recuerdos”. Para Soriano Rodríguez, vivir de los recuerdos es también un ejercicio de estilo para retar al lenguaje y jugar con éste y la imaginación en su proceso creador. El material para muchas de sus narraciones está en sus recuerdos y él sabe que para algunas personas ese manejo del tema no es agradable, pero también sabe que en el arte de narrar no hay temas malos ni buenos; lo que existe es un mal manejo del tema. Y con eso él no tiene problemas, porque si algo demuestra a través de esta antología es el dominio que tiene del lenguaje para manejar cualquier tema y lograr una obra memorable.

Betún melancolía de René Rodríguez Soriano ha sido un grato descubrimiento. Y, aunque hay cierta melancolía en sus páginas por el país que ya no es, también hay cierta alegría que se refleja en el tema de la música. Y es que la música es parte de la idiosincrasia de las comunidades caribeñas y parte esencial en la vida de Rodríguez Soriano. Por sus páginas se hace un recuento de la música de Lucho Gatica, Leo Marini, La Nueva Ola y los Beatles. En fin, en sus páginas se refleja la cultura musical, literaria y política del narrador. Éste, a su vez, nos presenta una mirada objetiva de su país desde afuera… desde el autoexilio. Son historias contadas “fuera de los bordes de los cánones y las leyes establecidas”. Son historias escritas con una prosa prístina, con humor, con ironía, con nostalgia, con melancolía… que te dejan esa sensación de “un no sé qué que te deja balbuceando”, de la que hablaba el gran místico español, San Juan de la Cruz.

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AIDA L. CARRERO es Catedrática en el Departamento de Estudios Hispánicos UPR- Mayagüez. Es ABD del Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe. Posee una maestría en Estudios Hispánicos de State University of New York at Albany. Becada por el Instituto de Cooperación Iberoamericana en Madrid, España.

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