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Nuevas miradas para una episteme caribeña

A D E L A N T O [mediaisla] Circulando ya Figuraciones caribeñas de Miguel Ángel Fornerín, libro en el que, a través de diferentes lecturas, nos ofrece una fascinante panorámica de esa isla que, como afirma Benítez Rojo, se repite….

MIGUEL ÁNGEL FORNERÍN 

¿Es posible pensar el Caribe desde un horizonte que no se aleje de sus propias prácticas discursivas, de su representación como positividad y como habla? Elementos significantes saltan de lo que hacemos a lo que pensamos y repetimos constantemente. Somos islas. Si, como dice Llorens: Las hespérides[1]. Somos el espacio perdido de las Atlantes platónicas que se recrea en frontispicio del monumento funerario a Colón, cual si fuéramos descendientes de los deseos y dioses griegos. ¿Como si un Virgilio nos hubo de recrear cual si fuéramos los griegos perdidos?

¿Somos una metáfora del mar en que divagó el divino Ulises, donde los pies más ligeros de Hermes llevaron las nuevas? Donde Afrodita con palabras salidas de sus divinos labios preguntó por la suerte de quien había hecho tantas ofrendas a los dioses. ¿Es el discurso mitológico griego que le da valor a ese reencuentro que posibilitó Colón entre el mundo conocido y el orbe nuevo? ¿Podríamos explicarnos desde una mitología que se recreara en otro archipiélago? ¿Somos islas de viajes y regresos? ¿Es posible un saber sobre nosotros que excluya el relato y la sátira? ¿La historia de los periodos y los posicionamientos de razas, clases, el clima y la cultura viajera?

Hablar del Caribe será siempre la búsqueda de ciertas metáforas. ¿Plasmar nuevas miradas para nunca encontrar un marco categorial que nos permita explicarnos? ¿Es posible que el pensamiento occidental nos nombre? Ya ha fracasado en su metafísica, en sus nociones de modernidad, Estado, clases, progreso, objetividad. Es el Caribe, los que vivieron y los que vivimos conformamos otra realidad: ¿Una sub-realidad, una supra-realidad o una irracionalidad que nos funda en el relato?

1. Antonio Benítez Rojo narró el Caribe en varias de sus obras y en La isla que se repite nos deja varias metáforas de las que no podemos desembarazarnos. La primera tiene que ver con el Caribe como vagina del nuevo mundo. Pero me resisto a entrar en un relato del pasado. Y, por lo tanto, veo que aún el mundo nuevo renace en el Caribe. Está naciendo un nuevo mestizaje cultural, porque los grupos étnicos europeos recibirán en los próximos cincuenta años miles de africanos que lucharán por una nueva ciudadanía; las poblaciones del este de Europa y parte de Asia se han desplazado hacia el oeste. Y han causado un pandemónium: el movimiento social de la xenofobia. No quiero ser profeta. El Caribe es el espacio de una mezcla nueva de razas. Se hizo añicos el entendido de que hay alguna superioridad en el color de los ojos, en el color de la piel. Aquí las civilizaciones han cambiado su modo de decir, sobre todo de hablar de civilización.

La olla originaria de una nueva cultura universal rompe con la Universitas cristiana con sede en Roma con la Biblia de Lutero que los barcos de los piratas trajeron a la Feria de Guanahibes. Y M. A. Gattinara fracasó en su intento de una monarquía universal con Carlos V como emperador, así como fuera el gran fiasco final la Armada Invencible de Felipe II. La visión de un paraíso en América en cartas y bulas papales que demarcaban los meridianos y daban posesiones cuasi divinas sobre seres mansos y desnudos, que viven como si estuvieran en el Paraíso, se desvanece por la entrada del mercantilismo que era la misma base de los entendidos que los reyes firman con Colón en Santa Fe.

La declaración de los derechos del hombre y el ciudadano crea en el Saint-Domingue francés, la sublevación de Ogé y Chavannes y nunca más los blancos pudieron controlar ―por lo menos directamente― una colonia de negros sin pensar en la posibilidad de la muerte propia. Tenor que los hizo pasar el Canal del viento hacia otro Puerto Príncipe.

2. El Caribe es un conjunto de islas que se repiten. Y su centro está en todas partes. Me recuerda la explicación de Dios en Pensamientosde Pascal. El sentido semiesférico de del Caribe y su movimiento en el tiempo. Hoy Santo Domingo es el centro, ayer, Puerto Rico, antes de ayer lo fue Cuba. En el siglo XIX, terminando, Saint Thomas y antes, Venezuela. El Caribe cambia de centro y somos, como bien lo ha dicho Benítez Rojo, un centro de flujos. Iniciamos con el flujo del negocio triangular (Caribe, África Europa) y seguimos con la navegación convoyada de las flotas, en procura de guardar las riquezas reales y cuidarnos de los piratas.

Ya los enemigos de España habían surcado estos mares. Ya entraban a aprovisionarse en las salinas del Cabo Rojo puertorriqueño. Ya habían atacado puertos, mercadeaban cueros y hundido naves en las ciudades puertos de estas islas. Ya habían recibido el fuego de las artillerías entre el moro y el Cañuelo de San Juan. Ya los holandeses se preparaban para atacar a Salvador de Bahía y las costas de Riohacha podían saborear los peces que degustaron el cadáver de Francis Drake. El Caribe se alejó de Europa y, en la Feria de Portobelo, los barcos llegaban con retrasos y, aun así, desataron fiestas y carnavales en esa colonia venida a menos que describe García Márquez en Del amor y otros demonios. Nos repetimos en la soledad y el abandono, en ser la zona desechada y visitada de vez en cuando. Se trastocaron los correos y las cartas se extrajeron dejando a todos en el sálvesequienpueda. La cultura que se impone se debe al contrabando, la piratería, el corso… la delincuencia contra el estado nos hace ricos, desde hace tanto tiempo.

Somos una sola isla que se repite. El efecto barlovento nos hace más verdes al norte y más desérticos al sur. Nuestras ciudades atlánticas son La Habana y San Juan. Una era puerto de entrada y otra de salida. Santo Domingo, Pointe-à-Pitre y Kingston son ciudades que miran al sur, al mar que nos crea. Carpentier nos ha visto como las islas sonantes, donde el paisaje y la música son los mismo. Así como el mangú y el mofongo, el sancocho y el arroz con frijoles sólo tienen pequeñas diferencias. Nos repetimos la danza que viene de otra isla como lo es Britania y pasa por Francia y se aloja en Haití, Martinica y se acelera en el merengue que prohibió en su bando el gobernador Juan de la Pezuela en el Puerto Rico decimonónico y que Espaillat tae en sus escritos. La danza señorial de Tavárez y Morel Campos recreó la aristocracia local que tuvo en la ciudad puerto de Ponce la ilusión de una modernidad invitada que sucumbió ante el nuevo poder emergente en 1898.[2]

Atrás quedaron los sueños y deseos de modernidad que los vendedores de sueños les regalaron a Buenaventura Báez, a Ulises Heureaux (Lilís). Así finge leer un artículo en un diccionario y se inventa el dramaturgo puertorriqueño Alejandro Tapia y Rivera un Puerto Rico moderno. Montado en un globo y orientado por un astrolabio persa, vio escuelas, bancos, ferrocarriles, bibliotecas y universidades; significó la democracia e integró al jíbaro a la polis, para terminar la lectura convencido de que no era más que el invento de un lector cegato. Ilusiones de una clase letrada que vio en la modernización la manera de igualarnos con la revolución industrial americana, cuando Martí retrataba el progresismo que iría a aplastar las islas que, a pesar de todo, se salvarán por su capacidad de creación.

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MIGUEL ÁNGEL FORNERÍN (Higüey, RD). Departamento de Estudios Hispánicos de la UPR Cayey, es autor de Ensayos sobre literatura puertorriqueña y dominicana (2004), Los letrados y la nación dominicana (2013), La escritura de Pedro Mir (2014), y El canon horizontal (2018), entre otros.

[1] Benítez Rojo, Antonio. La isla que se repite. El Caribe y la perspectiva post-moderna. Barcelona: Casiopea, 1998.

[2] Véase: Quintero, Rivera, Ángel: “La capital alterna: los significados clasistas de Ponce y San Juan en la problemática de la cultura nacional puertorriqueña en el cambio de siglo”, Patricios y plebeyos: burgueses, hacendados y obreros. San Juan: Ediciones Huracán, 1998.

 

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