Una de cal y otra de arena   Reviewed by Momizat on . Rating: 0
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Una de cal y otra de arena  

SANTIAGO DAYDÍ-TOLSON [mediaisla] La antigüedad se vanagloriaba de sus siete maravillas, todas construcciones colosales concebidas para la admiración del poder de los poderosos. De ellas solo queda la gran pirámide de Giza, la más antigua, la más ambiciosa, la más desaforada muestra de la capacidad humana

De cal y arena se dice se va armando la conflictiva argamasa con que se construye el mundo, este complicado palacio o conventillo en que vivimos, que mucho tiene de Babel confuso y de aún más confuso laberinto. Arena del tiempo que las aguas y el viento mueven, cal de los huesos calcinados de soles, o lo que se quiera simbolizar con dos materiales de construcción de milenaria estirpe.

Alegoría son del conflictivo ir creando la realidad que somos: nuestra realidad, artificio de nuestras propias manos. Piedra sobre piedra, con cal y arena hemos construido, sin ayuda de un Primer Arquitecto ni demiurgo alguno, la gran ciudad de los mortales: la humanidad, imaginado fantasía de la mente.

Con las materias primas que la naturaleza ofrece la imaginación humana —la gran creadora— ha inventado la realidad que ni los dioses pudieron imaginar. En labor de titanes la humanidad a solas, sin más apoyo que el de su inteligencia y la ingeniosa habilidad tecnológica de sus propias manos, ha concebido y armado —contra vientos y mareas— el mundo que habita: su obra de artificio.

Homo Faber, que de la piedra hizo martillo y cincel, hacha y cuchillo, el ser humano fue convirtiendo en herramientas, en objetos manufacturados los objetos naturales. Inventó, al manipular la obsidiana a golpes, la tecnología. Y lo hizo a partir de la incipiente ciencia de observar lo concreto y sus leyes. No fue el fuego un descubrimiento ni un don prometeico, sino un razonado comprenderlo y dominarlo al punto de poder crearlo de un chispazo de pedernal, de un frotar de ramas transformadas también en utensilios. Vio en la roca el muro; en el árbol vio la viga, el mástil, el mango de la azada. Vio en las aguas y el viento la energía, en la fogata la herrería, el calendario en el firmamento. Se vio a sí mismo —solitario exiliado de un Paraíso inexistente— en el populoso futuro de la humanidad, creación suya, obra de la tribu.

La proverbial referencia a una de cal y otra de arena, que evoca la capacidad tecnológica de elevar muros y tajamares, alude al continuo tira y afloja de toda acción humana, a los logros y fracasos en el proceso de ir llevando a cabo lo imaginado. Alegoría del construir un mundo en que hay tanto bibliotecas y acueductos como portentosos monumentos del poder: palacios, fortificaciones y el infaltable desmesurado templo.

Figurar se puede de mil maneras la humanidad. Lo arquitectónico la representa de maravilla: metáfora perfecta del logro humano. Desde la caverna que, ampliada y decorada, deja de ser caverna natural; desde la enramada que es muro y techumbre primitivos; desde el dolmen de la superstición ancestral se desarrollan en progresivas invenciones las capacidades constructivas que representan hoy en las grandes ciudades el problemáticamente descalibrado talento creador de la especie animal que se ha creado un mundo y se sabe creadora.

La antigüedad se vanagloriaba de sus siete maravillas, todas construcciones colosales concebidas para la admiración del poder de los poderosos. De ellas solo queda la gran pirámide de Giza, la más antigua, la más ambiciosa, la más desaforada muestra de la capacidad humana para generar una realidad que sobrepasa la del mundo natural. Queda también la memoria histórica de otra tumba y su inútil reto a la muerte y el olvido. Y nunca abandonará la mente humana las fabulosas  referencias al jardín colgante, prodigioso por su fantástica belleza, y al faro de tecnología admirable. Perduran como símbolos las estatuas gigantescas del coloso y de Zeus, que, con el templo de la diosa —monumental, digno del incendiario— expresaban el temor, la incertidumbre, la duda sobre el propio poder creativo y sobre el arbitrario control del mismo por quienes manipulan las leyes que rigen su realidad, la auténtica construcción humana: la sociedad y la política que regula sus parámetros socioeconómicos y religiosos.

Hoy, el mundo del progreso tecnológico cuenta por millares las maravillas de la arquitectura y la ingeniería, las ciencias y las artes. Se le añade, además, a la grandeza material visible una tal vez más maravillosa serie de creaciones que, aparentemente invisibles, van probando que lo que hasta hace poco —y todavía hoy entre los recalcitrantes— se creía pertenecer a otra esfera, también imaginada —la transcendental del espíritu— es parte integral del mundo material en que la humanidad se ha forjado a sí misma.

Al fin, después de milenios de negarlo, el ámbito de la mente o el espíritu —ya no se hable del alma, entelequia de las entelequias— se muestra en su esencial condición material, en su propia concreta arquitectura. Dase por vencido por fin el dualismo filosófico y sus transcendentalismos fantasmagóricos, tan creación fantasiosa como los inverosímiles ángeles y deidades supersticiosamente antropomorfas.

Frente al mundo natural, el mundo de artificio, creación del homo faber —nuestro mundo de cal y arena— se nos presenta como lo que ha sido desde el momento cuando el genio ancestral imaginó que la piedra, inerte en el suelo, no era una piedra sino una herramienta activa: como la maravillosamente impredecible —grandiosa y a la vez terrible—realidad futura.

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SANTIAGO DAYDÍ-TOLSON (Valparaíso, Chile, 1943), ha vivido en los Estados Unidos desde la década de los sesenta. Recibió en 1973 el Doctorado en Filosofía y Letras por la Universidad de Kansas y actualmente, después de enseñar en las universidades de Fordham, Virginia y Wisconsin-Milwaukee —de la que es profesor emérito—, es catedrático de literaturas hispánicas en la Universidad de Texas en San Antonio. Ha publicado en su campo de especialización, entre sus publicaciones recientes destacan Under the Walnut Tree (mediaisla, 2013), Insectario (2014), La lira de la ira and Some Irate Lyrics (2015)

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