<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>mediaisla &#187; De vez en cuando</title>
	<atom:link href="http://mediaisla.net/revista/category/de-vez-en-cuando/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>http://mediaisla.net/revista</link>
	<description>Puente de palabras vivas</description>
	<lastBuildDate>Sat, 28 Jan 2012 19:34:35 +0000</lastBuildDate>
	<language>en</language>
	<sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
	<generator>http://wordpress.org/?v=3.3</generator>
		<item>
		<title>¿Quién nos protegerá de los que nos protegen?</title>
		<link>http://mediaisla.net/revista/2011/09/%c2%bfquien-nos-protegera-de-los-que-nos-protegen/</link>
		<comments>http://mediaisla.net/revista/2011/09/%c2%bfquien-nos-protegera-de-los-que-nos-protegen/#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 24 Sep 2011 17:59:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mediaIsla</dc:creator>
				<category><![CDATA[De vez en cuando]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://mediaisla.net/revista/?p=8002</guid>
		<description><![CDATA[RENÉ RODRÍGUEZ SORIANO [mediaisla] Quién nos protegerá de quienes se empecinan en protegernos. En la palabra Oficial está todo el horror y la indignidad del odio y el oficio de la autosuficiente prepotencia del ultraje y la indiferencia.  Oslo, Noruega.- Centenares de personas se congregaron ayer en una iglesia de Nesodden, municipio a la orilla [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/09/Quien-nos-protege...7.jpg"></a><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/09/Quien-nos-protege.-portada.png"><img class="alignright size-medium wp-image-8003" title="Quien nos protege. portada" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/09/Quien-nos-protege.-portada-300x213.png" alt="" width="300" height="213" /></a>RENÉ RODRÍGUEZ SORIANO </strong>[<a href="http://mediaisla.net/revista">media<strong>i</strong>sla</a>] <strong>Quién nos protegerá de quienes se empecinan en protegernos. En la palabra Oficial está todo el horror y la indignidad del odio y el oficio de la autosuficiente prepotencia del ultraje y la indiferencia.</strong><strong> </strong></p>
<p><strong>Oslo, Noruega.-</strong> <em>Centenares de personas se congregaron ayer en una iglesia de Nesodden, municipio a la orilla del fiordo de Oslo, para despedir a <strong>Bano Rashid</strong>, una chica de 18 años de origen kurdo, víctima de la matanza perpetrada hace una semana por el extremista Anders Behring Breivik en la isla de Utoya. La adolescente, de largos cabellos castaños, llegó en 1996 a Noruega huyendo de Irak con su familia, en busca de seguridad.</em><strong> AFP</strong>,<strong> </strong>sábado 30 de julio de 2011.- </p>
<p><strong>Santo Domingo, RD</strong>.- <strong><em>Francisco (Francis) Núñez</em></strong><em>. Trece años y algunos meses de edad. Campeón Nacional Infantil Escolar en la modalidad de salto largo, corrió ayer por última vez en el Centro Olímpico. Un militar le disparó por la espalda con su fusil y le destrozó el corazón. </em><strong>El Sol</strong>, miércoles 27 de agosto de 1980.- </p>
<p>Con la pregunta como dogal de lodo seco apozada en la garganta me siento a ver cuando ya casi el rojo cruza las luces verdes, indicadoras de que no aparecerá ningún desaprensivo tren, y veo a Rebel soltar el auto azul. Los deja que rueden y rueden; que crucen domos y badenes, puentes, líneas ferroviarias, bosques y praderas plagadas de serpientes y caimanes. De un momento a otro, por alguna de esas leyes de la física o la gravedad (quién sabe), el rojo, que había salido con bastante antelación, ha dado tantas vueltas que casi empieza a pisarle los talones al auto azul que definitivamente tomó la delantera. El rojo, me dice, es mi favorito color. No bien termina de decirlo, saca de circulación el auto azul y me dice que prefiere ver una película o salir al sol, tal vez a comprobar si hay claros síntomas de comprensión o incomprensión entre los cuervos y las tórtolas por los alrededores de la laguna. También el green es mi favorito color, dice y se desentiende totalmente de las preocupaciones cromáticas y del mundo que se deshilacha afuera. </p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/09/Quien-nos-protege.....jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-8004" title="Quien nos protege...." src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/09/Quien-nos-protege.....jpg" alt="" width="270" height="203" /></a>Las ardillas van de un árbol a otro sin pagar peaje, sin que nadie revise si llevan cinto o quiensabequé artefacto oculto bajo su chaleco. Rebel —asumo yo— se devana los sesos por entender por qué tiene que sacarse sus relucientes zapatillas de Spiderman para cruzar por debajo de un arco que en nada le recuerda toboganes ni laberintos de los tantos que hemos compartido ante la indiferencia de los patos que nadan o caminan sin la previsión de que a cualquier rufián se le ocurra intoxicar las calmas aguas del estanque o abonar con alquitrán la grama. Él sólo quiere montarse en el avión; que éste alce el vuelo y que crucemos sobre el agua o la jungla (igual da) y que alguien nos recoja del otro lado sin que ni siquiera tengamos que golpear puertas ni ventanas. Cómo, me pregunto, se las ingeniaría El Gato Félix para cruzar con su utilitario maletín ante las agrias miradas de las cámaras y los antipáticos agentes de Inmigración. </p>
<p>El yellow es otro de los favoritos colores de Rebel; el yellow banana, el yellow escudo/corazón del Chapulín y el yellow mariposa. Jamás el yellow frenesí de Gru y su pandilla de villanos. Prefiere, y así lo hace constar, el orange amianto de los bomberos y del Rescue, que acuden presurosos con su bocina a todo tren por los retortijones del día. Y esa música pregunta, cuando escucha la sirena y se apresta a establecer las abismales distancias que separan los mundos del Guasón y Batman. Yo trazo curvas, rectas y líneas quebradas sobre una pantalla incierta con el predeterminado propósito de pintarle un puente seguro para cruzar de un lado a otro sin que, tan siquiera un poco, le distraiga el brillo incierto de una flor de poliestireno o plexiglás… Las arañas son buenas, me dice con tanta seguridad, como si tratara de desenmadejarme el intrincado hilo que me turba y conturba la calma y la paz desde que desconfío hasta de la propia palabra confianza, sus sinónimos y antónimos. </p>
<p><em>Quiero tejer un nido de gorriones</em>, intento afinar. Y me interrumpe. Canta <em>Thriller</em>, me dice y me sobrecoge, me arrincona y me arruga… tan sólo de pensar en tantos terroríficos matadores, traficantes que aterrorizan la noche, el aire y el día. Pero pienso en Borges y sus espejos. Negados, negadores; ya ni siquiera se molestan en demostrarnos que en nada nos parecemos a sus imágenes o a las imágenes que tenemos de nosotros. Quién nos protegerá de quienes se empecinan en protegernos. En la palabra Oficial está todo el horror y la indignidad del odio y el oficio de la autosuficiente prepotencia del ultraje y la indiferencia. <em>No canta quien tiene ganas sino quien sabe cantar</em>, le advierto y le hablo del Martín Fierro que, total le suena igual que el <em>nido de gorriones,</em> <em>la yerba que nunca ha sido pisoteada </em>o<em> Las mañanitas</em>.</p>
<p> <a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/09/Quien-nos-protege....3.jpg"><img class="alignright size-full wp-image-8005" title="Quien nos protege....3" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/09/Quien-nos-protege....3.jpg" alt="" width="300" height="250" /></a>Entonces pienso en Bertold Brecht y lo antepongo a Rambo, al Terminator, los buitres, la carroña y <em>el</em> <em>árbol que se la come…</em> Era más seguro el mundo antes del 9-11, me pregunto. Hago y deshago la respuesta que, de antemano, no responderé; mucho menos pensar en escribirla: el mundo que conozco nunca ha dejado de oscilar al borde. Esa fecha, en los engranajes rotos de un reloj que nunca tuve, apenas suma un episodio más de un espantoso filme que no hay manera de parar. Y vuelvo a Rebel, para mirar desde sus ojos —sin falsos cromatismos ni aprensiones—, vías expeditas para transitar sobre la cuerda floja; él prefiere los rojos y amarillos de Miró, para nada le atraen los grises y el naranja turbio de <em>El grito</em> de Munch (entonces pienso en <strong>Bano Rashid</strong> y en <strong>Francis Núñez</strong>; el grito que les secó la risa y el vuelo antes y después de que las torres se desparramaran hacia adentro). Abro de nuevo el libro. Qué dice ahí, pregunta y le cuento lo que leo al margen: sobre sus bisabuelos dominicanos y peruanos, a quienes nunca ha visto ni siquiera en foto. Pienso en Piglia y en los mecanismos del recuerdo; pienso en Tabucchi, sobre todo en su afán de extraer <em>lo existente de lo no-existente</em>, de relatar un mundo cada vez más <em>ancho y ajeno</em>; y lo invito a nadar <em>El fuego</em> de Manuel Valerio o las profundas aguas de Heráclito. Vuelve y se va. </p>
<p>Siempre me ha seducido la Babel de lenguas que se desmadeja, trota, empuja y aglutina por los laberintos de las terminales de los aeropuertos; me encantan los semáforos, las tórtolas y las cigüitas palmeras; odio la atrabiliaria pulcritud con la que te reciben o despiden los atildados oficiales de Inmigración y Aduanas. Sobre todo si voy en compañía  de Rebel y su acuarela repleta de preguntas y acertijos. Y, como si fuera algún personaje de Cabrera Infante o de Cortázar, hablando casi en glíglico o no sé qué, traduciendo una mixtura de lo que oye o lo que ve… Cuándo subimos en el avión, me pregunta. Y mira, se pierde en los destellos y parpadeos de pantallas, valijas e indumentarias. Ansía, sueña con llegar al otro lado. Ni sabe ni le importa qué dicen los noticiarios sobre Oslo, Somalia, Wall Street o el Polo Sur. </p>
<p>Ya dentro de cabina, intento sumergirme en las páginas de algún libro, un libro grande y ancho, con unas tapas negras, negrísimas. Qué haces me pregunta. Leo, estoy leyendo, le digo y creo que con ello sacio su curiosidad. Quiero leer también, me dice y se acerca. Qué dice aquí y le contesto cualquier cosa y entonces me pregunta ¿y aquí? Y le invento y le invento y, ante cada nueva invención, viene una nueva pregunta. Tienes que ajustarte el cinturón de seguridad, le digo. ¿De seguridad? Qué cosa es me pregunta. Trato de explicarle, pero nos interrumpe la sobrecargo de la aerolínea que trae un jugo amarillo y otro rojo y le digo que el amarillo es de naranja y me increpa, cuestiona y asegura. El de naranja es orange, no yellow; no puede ser. Estás seguro le pregunto. Por toda respuesta me muestra, ya ajustado, el cinturón. </p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/09/Quien-nos-protege...71.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-8007" title="Quien nos protege...7" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/09/Quien-nos-protege...71.jpg" alt="" width="266" height="200" /></a>Mi nieto, con una sintaxis muy particular, <em>sólo habla en líneas generales</em>. A veces sonríe; otras, mira de medio lado, como Pedro Navaja o El Sastrecillo Valiente. Dudo que tenga idea de cómo era el mundo antes de que rusos y estadounidenses llegaran a la luna; ni se entera, siquiera, de las radiaciones, bacterias, preservativos y colorantes de los alimentos. Le teme a las cosas vivas y enjauladas (conejos, mariposas y palomas). Quiero volver a casa, me mira y me dice tajante. No tiene certeza de la distancia que media entre el mañana y el ayer. Tampoco yo, enmarañado en la salva de mensajes visuales y auditivos que desde su cabina y a su antojo difunde y autoriza el capitán de la aeronave, puedo prefigurar la gama de matices ni la dimensión de una pena, que aún no se asoma a los ojos de Rebel. Mecesito (así lo dice) irme ahora. Y aunque no sabe, ni le preocupa qué forma tenía el mundo ni la que tendrá, está pendiente de apagar cuatro velitas con sus favoritos colores, cuatro o cinco días antes de la conmemoración del 9-11. I’d rather watch, me dice mientras empujo mis entresijos e interrogantes por el calendario y las aceras. | <strong><a href="http://rodriguesoriano.net/">RENÉ RODRÍGUEZ SORIANO</a></strong></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://mediaisla.net/revista/2011/09/%c2%bfquien-nos-protegera-de-los-que-nos-protegen/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>5</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>ROBERTO MARCALLE ABREU: “He sido objeto de una grosera exclusión.”</title>
		<link>http://mediaisla.net/revista/2011/07/roberto-marcalle-abreu-%e2%80%9che-sido-objeto-de-una-grosera-exclusion-%e2%80%9d/</link>
		<comments>http://mediaisla.net/revista/2011/07/roberto-marcalle-abreu-%e2%80%9che-sido-objeto-de-una-grosera-exclusion-%e2%80%9d/#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 30 Jul 2011 10:55:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mediaIsla</dc:creator>
				<category><![CDATA[De vez en cuando]]></category>
		<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://mediaisla.net/revista/?p=7303</guid>
		<description><![CDATA[RENE RODRIGUEZ SORIANO &#124; “Creo que  existe una realidad muy torcida que pesa de manera descomunal sobre la creación literaria en el país. Que es como un fardo de truculencias, una espantosa carga de perversidad que oscila de manera peligrosa contra los que honestamente se esfuerzan con el propósito de estructurar una obra.”  Recuerdo la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/07/rmarcalle.-En-honor-de-Stella.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-7304" title="rmarcalle. En honor de Stella" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/07/rmarcalle.-En-honor-de-Stella-205x300.jpg" alt="" width="301" height="376" /></a><a href="http://www.rodriguesoriano.net/">RENE RODRIGUEZ SORIANO</a> | “Creo que  existe una realidad muy torcida que pesa de manera descomunal sobre la creación literaria en el país. Que es como un fardo de truculencias, una espantosa carga de perversidad que oscila de manera peligrosa contra los que honestamente se esfuerzan con el propósito de estructurar una obra</strong>.<strong>”</strong><strong> </strong></p>
<p>Recuerdo la vieja cafetería de Humanidades, los inolvidables derretidos del Colmado Tilza (que después degeneraría en El Almendrón), las tardes de serruchos largos para una pizza en La Cotica; ir caminando toda la José Contreras, desde la Jonas E. Salk hasta la Abraham Lincoln, y esperar hasta el sábado, que llegara <em>La Gaceta de Auditorium</em> con las discusiones sobre “Tel Quel”,  “Cinema Verité”, las teorías de Barthes, Todorov, la Morin, la Kristeva y demás sobre “los niveles del sentido” o simplemente los poemas de la tribu, llenos de pólvora y <em>olvido</em>. Ibámos a Macalé, donde Blasco y en Ágora, aprovechando en especial los que se salvaron del fuego, nos artillábamos con todo lo que salía del <em>Boom </em>y sus alrededores. En Ágora, precisamente, chamuscado, me cayó en las manos <strong>Las dos muertes de José Inirio </strong>(Taller, 1972), primer libro de cuentos de Roberto Marcallé Abréu, aunque la presentación del mismo (sucio y ahumado, como ya dijera y tipografiado con una rudimentaria máquina de escribir) careciera de atributos para anunciarme o advertirme de lo que me esperaba páginas adentro, me encontré con quizás uno de los relatos más terriblemente humanos de la narrativa breve dominicana: <a href="http://www.rodriguesoriano.net/rmarcalle/index.html">“Las pesadillas del verano”</a>. </p>
<p>Lo demás es historia, historia conocida o traslapada; más o menos como la que se infiere de la conversación que finalmente logro concertar con Marcallé Abréu para preguntarle, y lograr que me cuente, un poco o casi todo sobre la historia negra que desde hace tiempo se urde sobre el trabajo de autores que han preferido mantenerse al margen y distantes de las pasarelas y los puntos de repartos de lisonjas y prebendas. Podrá decirse que sus tramas, sus personajes y cuentos y novelas se urden y navegan en los más sordidos pasajes de la realidad y la ficción; podrá decirse quizás que el autor es uno de esos bocadura que se labran un espacio fuera de la faramalla y los aposentos del poder o que, sencillamente él escribe y describe, con un lapicito mongo, desde el mismo fango sin temor a las salpicaduras. Desde hace largo rato, sus textos merecen la atención y la fidelidad de un nutrido grupo de lectores plenamente identificado con el mundo que a fuerza de rigor y tesón se ha labrado Roberto Marcallé Abréu. </p>
<p><strong>ROBERTO MARCALLÉ BÁSICO</strong><strong> </strong></p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/07/rmarcalle.-Roberto-Marcalle-Abreu.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-7305" title="rmarcalle. Roberto Marcalle Abreu" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/07/rmarcalle.-Roberto-Marcalle-Abreu-300x199.jpg" alt="" width="277" height="173" /></a>Narrador y periodista, Santo domingo, 1948. Dos veces Ganador del Premio Anual de Novela: <strong>Cinco bailadores sobre la tumba caliente del licenciado</strong> (1979) y <strong>Las siempre insólitas cartas del destino</strong> (1999). Obras publicaddas: <strong>Las dos muertes de José Inirio</strong> (1972), <strong>El minúsculo infierno del Señor Lukas</strong> (1973), <strong>Sábado de sol después de las lluvias</strong> (1978), <strong>Cinco bailadores sobre la tumba caliente del licenciado</strong> (1978), <strong>Espera de penumbras en el viejo bar</strong> (1980), <strong>La comunidad dominicana en el exterior: El desarrollo de la década</strong> (1986), <strong>Esas oscuras presencias de todos los días</strong> (1998), <strong>Las siempre insólitas cartas del destino </strong>(1999), <strong>Sobre aves negras cortes de media luna y lágrimas de sangre</strong> (2002), <strong>Desdicha, enfermedad y muerte cortesía del señor Marcelino Ozoria </strong>(s005), <strong>Contrariedades y tribulaciones en la mezquina existencia del señor Manfredo Pemberton</strong> (2007), <strong>No verán mis ojos esta horrible ciudad </strong>(s009), <strong>En honor de mi muy querida Stella </strong>(2010). </p>
<p>—<strong>En un país signado por el relumbrón, el zigzagueo, las verdades a medias y esa necesidad casi imperiosa de estar a la diestra de quien “corta el bacalao”, ¿cómo sobrevive un escritor que urde y trama un mundo que dice todo lo contrario de lo que propala y defiende a rajatabla la manada del gremio que, acicalada, sorda y ciega, almuerza, cena y desayuna opíparamente de los condumios del poder?</strong> </p>
<p>—La misma palabra que utilizas, <em>sobrevivir</em>, creo que lo  enuncia todo. En realidad, no creo que exista un solo escritor dominicano que viva del oficio. Por lo menos, no conozco ninguno. Esa situación, creo, es la que ha provocado incontables distorsiones,  vínculos y lealtades discutibles con quienes disponen del dinero, de la influencia, del acceso a la mecánica del poder. Es fácil citar nombres y detallar situaciones deleznables, pero no vamos a descender a ese nivel salvo que eventualmente sea necesario. Los hay que han optado por adherirse a circunstancias y realidades que de alguna manera pueden calificarse como indecentes. Todo esto es <em>vox populi</em>. Creo que  existe una realidad muy torcida que pesa de manera descomunal sobre la creación literaria en el país. Que es como un fardo de truculencias, una espantosa carga de perversidad que oscila de manera peligrosa contra los que honestamente se esfuerzan con el propósito de estructurar una obra. Un atentado, diría, contra la posibilidad de que alguna vez obtengamos resultados auténticos, valederos, que sean reconocidos y admirados en todo el mundo. Que, por méritos propios, obtengamos no uno sino numerosos galardones internacionales. Opino con franqueza que existe un contexto de aprovechamiento, de privilegio, de exclusión y de maldad que de manera sistemática supone una amenaza viva contra los que sinceramente están dedicados a edificar esa obra trascendente. Es natural que quienes hayan optado por el aprovechamiento escandaloso, por el tráfico de influencias, por el enriquecimiento inocuo, por favorecer relacionados y socios, es natural, repito, que no vean con buenos ojos a quienes se encuentran al frente, aquellos que en definitiva quieren que los asuntos se manejen de otra manera. Y que procedan de manera expresa o encubierta, a hacerles daño,  desmoralizarlos, dejarlos fuera del juego. Si es necesario, entraremos en mayores detalles más adelante. </p>
<p>—<strong>El nombre del narrador Roberto Marcallé Abréu tiene una ligazón de larga data con el periodismo investigativo en la República Dominicana, ¿dónde se encuentran y se separan el autor de ficciones y el experimentado periodista que ha sabido radiografiar y exponer ante la opinión pública intrincados temas de la vida nacional?</strong> </p>
<p>—En los años en que trabajaba en el periódico <em>El Nacional</em>, abogaba y, en la medida de las posibilidades, hacía mis esfuerzos por escribir de una manera diferente a la tradicional, lo que en el periodismo clásico se denomina “pirámide invertida”. Lo que llamas “periodismo de investigación” en nuestra práctica, era, sencillamente, un intento de ahondar, de profundizar en los temas que se consideraban de interés general pero que no se correspondía plenamente con esa clase de periodismo que supone muchas otras variables y cualidades. </p>
<p>Esta manera de trabajar los asuntos de prensa, además de lo indicado más arriba, tenía otras ramificaciones. La más importante: que el lector se compenetrara con la información que se le estaba suministrando, que sintiera su trascendencia o intrascendencia. Que supiera interpretar los datos, las palabras. Que, en cierta forma, se sintiera involucrado, y asumiera una postura responsable. </p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/07/rmacarlle.Las-siempre-insolitas.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-7306" title="rmacarlle.Las siempre insolitas" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/07/rmacarlle.Las-siempre-insolitas-185x300.jpg" alt="" width="185" height="300" /></a>La diferencia entre lo periodístico y lo literario, radica en el contexto. Ambos, desde el punto de vista que he abordado, sugieren investigación, elección de palabras, escenarios, un estilo, alcanzar al lector, interesarlo, seducirlo, obligarlo a tomar parte de la historia. En la literatura, no obstante, hay una eficacia y un ámbito mayores porque se pueden usar un mayor número de recursos, los recursos que proporcionan la imaginación, la experiencia, el conocimiento de causa. En la literatura, hay un marco, un contexto, que, en alguna medida, uno controla y dirige. Y digo en alguna medida porque los escritores saben  cuanto esto significa en lo relativo a trama y personajes. No pasa así cuando se trabaja seriamente lo que llamamos información pública. Por momentos, las diferencias no se ven con claridad, pero sí existen, tropiezan, se desencuentran y es bueno y necesario que sea de esa manera, porque en definitiva se trata de asuntos disímiles, que confluyen  en algún momento y de la misma manera se distancian. </p>
<p>—<strong>¿Qué ventaja o desventaja tiene llamarse Roberto Marcallé Abréu dentro del canon de la narrativa dominicana moderna?</strong> </p>
<p>—La ventaja es que, de acuerdo con un criterio bastante generalizado, se me juzga como una persona que vive dedicada al trabajo literario, a la lectura. Que tengo en mi haber algunos libros que quizás sea preciso evaluar y juzgar con algún detenimiento, que no se pueden pasar por alto, pese a la indiferencia o al desdén de miembros del oficio que te miran con desdén. Quizás las opiniones de un número de intelectuales dominicanos, de escritores y pensadores, de varios críticos, opiniones que, dígase de paso, se han publicado a través de los años, sean parte de esa apreciación positiva, y yo lo agradezco en lo más profundo de mi alma. Principalmente porque no tengo el honor de conocer personalmente a muchos de ellos. ¿La desventaja? Bueno, creo que hay quienes dicen que yo estoy al margen de lo mediático, que no asisto a los eventos sociales, que me mantengo al margen, que no me reúno con nadie, que es como si no viviera entre nosotros o en este mundo y cosas así por el estilo. Que soy una isla. Esta es una opinión compartida por amigos y gente distante. No es exactamente así, pero si es como se quieren ver las cosas, qué le vamos a hacer. No voy a disgustarme por eso, ni lo voy a discutir. No soy antisocial ni asocial, nada de eso, ni vivo en una burbuja. Y no es cierto que me mantenga a distancia. Lo que en verdad ocurre es que no tengo mucho tiempo. Pero como todo tiene sus consecuencias, el problema que este decir arrastra es que, como yo estoy al parecer lejos de los ámbitos que frecuentan los del oficio, de sus luchas, de sus intereses y hasta de sus intrigas, lejos de donde se toman las decisiones,  lo mejor es ignorarme, excluirme, dejarme a un lado. Es como si dijeran: No podemos contar con éste. O ignorémosle. Es, en su medida, lo que ha ocurrido en los últimos años. He sido objeto de una grosera exclusión. Por suerte, no se habla de arrogancia, ni de insolencia, de altanería, nada de eso, porque todo el mundo sabe que no soy de esa manera, sino todo lo contrario. </p>
<p>—<strong>En tus relatos y en tus novelas, ¿dónde confluye o se separa lo real real de lo real deseado o ficcionado?</strong> </p>
<p>—Lo imaginado, lo creado o re-creado, debe alimentarse de la mayor dosis de realidad posible. De la mayor dosis de lógica posible. Sólo de esta manera es posible alcanzar un nivel de arte y de seducir a los lectores. Incluso, las creaciones más inconcebibles y hasta próximas al absurdo, desde el punto de vista racional, necesitan de ese asiento en la realidad. Parecerá paradójico, pero, para ser creíble, para ser lógica, la imaginación debe fundamentarse en la realidad. Lo que calificas como “real deseado” o “real <em>ficcionado</em>” es la orientación que se imprime a la anécdota, al hilo anecdótico. En este orden, todo cuanto conforma el cuento o la novela (el hecho en primer término, la caracterización, los eventos, los ambientes, el desarrollo que se produce en la situación hombre-hombre, hombre-circunstancias en el segundo caso, el discurrir dialéctico en cada oportunidad) debe encaminarse hacia ese propósito. Es como una formación integrada por numerosas variables interconectadas, todas ellas muy sensibles a las otras y cuya esencia y vínculo definen la totalidad o marcan la totalidad de cuanto podemos apreciar. </p>
<p>Pongamos de ejemplo un personaje, el señor Pemberton. Es un hombre agraviado por su realidad misma (la edad, los logros y fracasos de su existencia, sus alegrías y  tristezas y, de manera decisiva, el ambiente descompuesto que lo rodea, los abusos de que es objeto). Entonces, el personaje, que es un símbolo, debe asumir su destino, tomar una decisión. Sencillamente, o tolera cuanto le ocurre de manera resignada o se decide por enfrentar sus circunstancias. En definitiva, personaje y circunstancias, como planteaba Ortega, se integran en una sola realidad. Ahí tenemos la respuesta a tu cuestionamiento sobre lo real-real y lo real-deseado o <em>ficcionado.</em> </p>
<p>—<strong>Además de textos narrativos tienes publicados varios títulos dentro del género del ensayo, ¿cómo te sientes con eso de los géneros y en cuál terreno encuentras un mejor vehículo expresivo?</strong>           </p>
<p>—Si tuviera el tiempo y las posibilidades, me hubiera gustado trabajar en numerosos temas de ensayo. Por ejemplo, me hubiera interesado uno sobre el Servicio de Inteligencia Militar (SIM), su estructura, la intimidad de sus métodos operativos, sus fundadores, el carácter, la psicología de sus integrantes. Me hubiera gustado trabajar en el perfil, el carácter del pueblo dominicano y sus transformaciones digamos que en los últimos cincuenta años, una especie de continuación de algunos trabajos de Zaglul y Fernando Martínez, de una parte y reflexiones dispersas de Juan Bosch, Peña Gómez, Balaguer y Jimenes Grullón de la otra. Me hubiera gustado hacer un análisis pormenorizado de la forma en que se utiliza el dinero en una institución pública durante un periodo de tiempo. Hubiera sido muy inspirador hacer una investigación de lo que ha sido el destino del tesoro público, de las propiedades y recursos del Estado desde el 1961 hasta el 2010, lo que diferentes administraciones han realizado con ese patrimonio en esos años. Me hubiera sido muy estimulante escribir las biografías de muchos personajes dominicanos, tales como Duarte, el Arzobispo Meriño, Balaguer, Peña Gómez, Antonio Guzmán, Juan Bosch, Salvador Jorge Blanco. Son algunos proyectos entre muchos otros que me hubiera gustado abordar. En realidad, me apasiona el ensayo como género. </p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/07/rmarcalle.-Manfredo-Permento.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-7307" title="rmarcalle. Manfredo Permento" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/07/rmarcalle.-Manfredo-Permento-205x300.jpg" alt="" width="205" height="300" /></a>No obstante, debo decirte que hace muchos años decidí dedicarme a escribir novelas. Excepcionalmente ahora escribo cuentos y tengo en proyecto numerosos temas a desarrollar en este sentido. Sólo que reflexioné sobre la necesidad de emprender proyectos de envergadura en un género a mi juicio no tan abundante en el país, como es la novela. Es un serio desafío porque supone dedicación, entrega, mucha preparación, mucha corrección, mucha coherencia. Siempre he considerado que la literatura requiere de una actitud responsable, dedicada y en este sentido hace tiempo que definí con toda claridad mis metas. Es lo que he procurado hacer y cumplir durante toda mi vida. De novelas, tengo muchos temas a desarrollar. Espero culminar varios de ellos. En respuesta a tu pregunta, me gusta escribir novelas, pero me siento igual escribiendo cuentos y ensayos. El asunto es la pasión. Es la pasión que imprimes a cuanto haces. En ese sentido, soy una persona que, cuando escribo, me siento poseído por una pasión lo suficientemente intensa como vencer tantos obstáculos. </p>
<p>—<strong>¿Cuál ha sido tu experiencia con el mercado editorial dominicano? ¿Qué consideras que hemos conquistado, en qué punto está y cuánto falta para que entre el autor, el mercado y el lector haya un canal más expedito? ¿Te sientes cómodo con ser la mayoría de las veces tu propio editor?</strong> </p>
<p>—Mis experiencias en el mercado editorial han sido terribles. Conoces la situación de ese mercado y sabes que los libros nuestros, sin que importe el valor y el atractivo que posean, no se venden lo suficiente. La aventura de hacer un libro es toda una experiencia que en la mayoría de los casos, resulta complicada, interminable, y en ocasiones muy desagradable. La parte más compleja y difícil es darle forma, darle vida a la obra. Es un ámbito en el que se alternan algunas satisfacciones y mucho sufrimiento. Luego, viene la corrección que es un capítulo que exige una dedicación brutal, que exige demasiado trabajo y muchos cambios y el asalto permanente de las dudas, porque el autor nunca se siente del todo conforme. Concluida esta parte (que en realidad nunca concluye), debemos enfrentar el hecho de concretar el libro. No se puede contar con editoriales o editoras, que no tenemos. Simple y llanamente, si tienes el dinero puedes hacer el libro, si no lo tienes, no puedes hacerlo. Quizás recibas el respaldo del Estado, pero para eso debes tener relaciones, ser uno del equipo. Algunos escritores se han diligenciado el apoyo de funcionarios que les ayudan a publicar, pero creo que eso no es tan frecuente, aunque hablo de oídas. Aparte de la corrección personal, es importante la revisión de un corrector profesional, sólo que esos técnicos  cobran una fortuna. Luego está la composición que es otro vía crucis y finalmente la tirada, la terminación. Todo eso supone gastar mucho dinero, dinero que uno sabe que el libro no te va a producir. Entonces, hablamos de una suma de sacrificios y amarguras sin cuento.  Hubiera deseado que muchos de los libros que he publicado fueran de mayor calidad. Espero lograrlo en el futuro y en este sentido debo decirte que planeo publicarlos todos, uno tras otro, debidamente corregidos y hasta mejorados, como indiqué más arriba. El problema es que, si hubiera esperado, la mayoría de esos libros no habrían visto la luz. Nunca he poseído ni el suficiente dinero ni las relaciones. Y el libro tiene también su momento de nacer. De eso es que se trata. Es un imperativo que tiene que ver directamente con el escritor. Si un libro no ve la luz en un determinado momento, el daño que puede sufrir quien lo ha escrito puede ser irreparable. Igual suerte puede correr la obra. Deseaba decirte finalmente que editar un libro, en las condiciones en las que me ha tocado hacerlo, es una de las empresas más solitarias, más amargas y más frustratorias que se puede imaginar. </p>
<p>—<strong>La escasa crítica o reseña de libros en el medio, normalmente te sindica como un autor de temas álgidos, a los que muy pocos —pocas veces— se arredran a meterle el diente, ¿qué hay de cierto en ello?</strong> </p>
<p>—Hay mucho de verdad en eso. Todos mis libros de una forma u otra son un cuestionamiento. Un cuestionamiento que surge de nuestros limitados niveles de desarrollo, de nuestra pobreza, de la vida tan agria que vivimos, de los abusos sin límites de que es objeto la mayoría de la gente, de nuestra impotencia, de la degradación creciente que nos disminuye en todos los órdenes, del cinismo de la clase dirigente y de la clase política, de la bajeza y la codicia de aquellos que se aprovechan y  venden su conciencia por un plato de lentejas, de la ausencia de metas, de propósitos superiores, de fines encomiables. ¿Acaso no es ese el papel de las artes? Para  algunos, los temas en discusión  son “temas álgidos”. ¿Por qué lo son? En honor a la verdad, hay un temor muy extendido. ¿A qué le tienen miedo? ¿A quiénes les temen? ¿A quienes les conceden privilegios, a quienes les pagan montones de dinero sin trabajar, a quienes les financian los viajes y les resuelven problemas económicos y de toda índole, a quienes les enriquecen? Si esos críticos o escritores que se niegan a incursionar o debatir ciertos temas les parece muy cómodo mantenerse al margen, allá ellos. Que se queden con el tema de Trujillo (desde sus ángulos menos trascendentes, los más frívolos o superficiales), o que permanezcan discutiendo sobre el sexo de los fantasmas que residen en la estratosfera. Que sea, pues, su propia conciencia la que dicte si cuanto hacen es digno o no. Que se cuestionen a sí mismos cuando se miren al espejo. Es en ese lugar donde tropezarán con las mejores respuestas. Lo definitivamente cierto es que  esa gente irresponsable jamás trascenderá. Serán sepultados por el tiempo y nadie se molestará en recordarlos. Aunque creo que a esa gente lo que se llama trascendencia les importa muy poco. Están muy entretenidos y divertidos con el disfrute de los privilegios que les conceden como pago a su renuncia, a la adulonería, a su desparpajo moral.</p>
<p> No obstante, debo decir que a pesar de los temas que trato en mis textos, muchos intelectuales, muchos escritores, algunos críticos, han actuado con mucha profesionalidad y se han referido a éstos de manera franca y objetiva. Son una minoría, ciertamente, pero sus voces poseen mucho peso y creo que con eso es suficiente.  No se puede, en un ambiente tan descompuesto como el que vivimos, pedir más. Esas personas a las que me refiero representan tanta integridad que su sola existencia realmente debería colmarnos de orgullo. Con ellos es suficiente, lo repito. </p>
<p>—<strong>Podría plantearse como una ruptura o una especie de pausa en tu acuciante búsqueda y escarceo entre los albañales del proceso de desarrollo que vive la nación dominicana la publicación de En honor a mi muy querida Stella, precisamente ubicada en el mismo centro de la tetralogía que iniciaste con <strong>Contrariedades y tribulaciones en la mezquina existencia del señor Manfredo Pemberton</strong> y <strong>No verán mis ojos esta horrible ciudad</strong>?</strong> </p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/07/rmarcalle.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-7308" title="rmarcalle" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/07/rmarcalle-300x199.jpg" alt="" width="300" height="199" /></a>—La novela <strong>En honor a mi muy querida Stella</strong> no es  una ruptura de lo que calificas como “acuciante búsqueda entre los albañales”, de lo que llamas <em>proceso de desarrollo</em> y que yo calificaría como <em>de inversi</em><em>ón</em> que vive la nación dominicana. Es una pausa en un sentido: mientras escribo un texto demasiado extenso, con docenas de personajes y situaciones en el que resulta terriblemente agotador mantener la continuidad, la coherencia, la unidad, porque eso es lo que exige el buen sentido para un trabajo de esa índole, me procuro una especie de respiro para retomar la historia con otros personajes y situaciones en apariencia o un tanto al margen de los de la trilogía. Sólo que si meditas con detenimiento cuanto ocurre en esa novela, te darás cuenta de que es otro ángulo de ese mismo ejercicio, es otro lado de la misma realidad tortuosa y torcida que estamos padeciendo. Los personajes de <em>Stella</em> son gente atrapada, degradada, que se debate en ambientes sórdidos, sus vidas están normadas por eventualidades peligrosas y anormales y su entorno es de desdicha y desgracia, aunque esto se presente desdibujado por un aparente disfrute que desconoce cualquier  límite, contención, escrúpulo o frontera. En definitiva vas a encontrarte con la misma   amargura y la sensación de derrota que por momentos  percibes en el señor Manfredo Pemberton. Puedes vislumbrar esa historia como una continuidad de <strong>El minúsculo infierno del señor Lukas</strong>, de <strong>Espera de penumbras en el viejo bar</strong>, <strong>Sobre aves negras, cortes de media luna y lágrimas de sangre</strong>, <strong>Estas oscuras presencias de todos los días</strong> y  <strong>Desdicha, enfermedad y muerte cortesía del señor Marcelino Ozoria</strong>. Se puede escribir profusamente en una existencia, pero en realidad algunos autores solo escriben un libro. Es lo que opino sobre autores como Paul Auster, como Raymond Chandler o Patricia Highsmith, para hablar, sólo, de escritores contemporáneos. Creo francamente que todos mis libros son un solo libro. Son las diferentes caras, los distintos capítulos  o manifestaciones de una realidad, los diversos  colores del espectro o, por lo menos, los más oscuros, sus intrincados matices. </p>
<p>—<strong>¿Cómo sientes el pulso de la narrativa dominicana actual? Algún texto en particular, autor o autores con las miras puestas en subvertir la Historia?</strong><strong> </strong></p>
<p>—Si se reflexiona en relación al trabajo literario actual se puede llegar a conclusiones  discutibles y hasta irritantes. He estudiado con una óptica reflexiva muchas de las obras que se han publicado en los últimos diez años y todas aquellas que han obtenido galardones literarios. Creo que cuanto está ocurriendo merece una reflexión cabal, porque, a mi juicio, debemos detenernos, analizar, retomar el camino. En principio, me parece que lo peor que está ocurriendo es la influencia nefasta de algunas personas que integran el estamento de poder vinculado con este quehacer. Ese estamento ha formulado compromisos al parecer muy profundos e insalvables con personas estrechamente vinculadas a ellos por razones de amistad, de sumisión, de propósitos que ni son santos ni son literarios. Entonces, lo que se promueve, estimula y en ocasiones se premia es un producto en extremo mediocre, superficial, vacío de contenido, carente de ciertos atributos. En segundo término, hay una insistencia en todo lo que tiene que ver con ciertas manifestaciones de la ignominia que nos agobia, pero desde un ángulo que presumo como de favorable y alegre exaltación. Eso resulta deleznable y malvado, aunque en realidad la postura se corresponde a la perfección con lo que evidencian estos falsos mecenas que usan nuestro dinero para sus fines aviesos y oscuros. En tercer término, encuentro que hemos dejado a un lado la técnica, no elaboramos adecuadamente ni personajes ni situaciones, descuidamos la anécdota, investigamos y estudiamos poco, apenas si corregimos y creo que estamos leyendo cada vez menos, lo que es verdaderamente grave. La última década literaria ha sido, para mí, una frustración con contadas excepciones que es mejor ni mencionar para evitar que les hagan todo el daño del mundo porque, créelo, hay personas dedicadas exclusivamente a este quehacer diabólico. Gente dedicada a tiempo completo a estos menesteres sórdidos, personas que cuentan con dinero e influencias, que han penetrado en todos los ámbitos literarios públicos y privados del país y no escatiman medios, que los tienen de sobra, para imponer su torcida visión de las cosas, para imponer sus amigos y hacerse a la vez de un prestigio y una notabilidad que les es imposible obtener de manera legítima. Por eso es que no hay una sola obra dominicana en las grandes librerías de Estados Unidos o Europa, por eso es que no hay obras dominicanas entre los títulos más vendidos en América o en los grandes países desarrollados. Si logramos encontrar una o varias obras de gran calidad, es casi seguro que ésta no procede de esos círculos de gente diabólica y, por eso, sus autores no dispondrán de los medios necesarios para acceder por lo menos al ámbito mismo de esos concursos. </p>
<p>Quería manifestarte, por demás que me preocupa el auge, con el auspicio del oficialismo, de tendencias literarias que exigen poco trabajo y menos dedicación, como si se pretendiera degradar más todavía el honorable quehacer literario. Además de estimular de manera descarada y sin enfado los más perversos <em>antivalores,</em> hay quienes están dedicados en cuerpo y alma a expandir la facilidad, la superficialidad, la degradación militante y la improvisación como el camino a seguir. Es un panorama vergonzoso. Y sombrío. </p>
<p>—<strong>¿Y la crítica, crees que vive su estación más crítica o verdaderamente se ejerce con criterio y responsabilidad en pro de destacar proyectar el trabajo de los escritores dominicanos?</strong> </p>
<p>—Sabes que la única crítica legítima que hemos tenido en los últimos veinte años es la que ha ejercido contra viento y marea Giovanni di Pietro, un intelectual como pocos, de  una honestidad y una preparación a toda prueba. Y Diógenes Céspedes. En ocasiones hay reseñas valederas como las de Luis Beiro y José  Rafael Sosa, las que realizan Miguel Angel Fornerín y García Cuevas. Quizás las de Pedro Conde, pero no tengo mucho acceso a ellas. Sabes que la crítica es un terreno minado que genera muchas enemistades y más en un ambiente como el nuestro donde hay tantas duplicidades e intereses. Sí, y tanta maldad y tanta perversidad, también, tantos privilegios, tanto <em>laborantismo</em>. Es difícil el papel de aceptar sobre tus hombros toda la enemistad del mundo en un medio de tan escaso reconocimiento y respeto como el que nos gastamos en la actualidad. Salvo excepciones, carecemos de una honrada y apta evaluación de cuanto se publica. La época en que Marianne de Tolentino, Josefina de la Cruz, María del Carmen Prodoscini y ocasionalmente y aunque de manera muy discutible Augusto Obando entre otros manifestaban sus criterios sobre los libros que se publicaban, quedó atrás. En otras palabras, estamos casi huérfanos. Y esa situación, significa y representa un atraso terrible para el desarrollo de nuestras letras. </p>
<p>—<strong>¿Qué opinión te merece la cada vez más reiterativa presencia de narradores dominicanos residentes en el exterior en las nóminas de los más renombrados premios que se otorgan en el país? ¿Algún texto o autor en particular?</strong> </p>
<p>—La presencia de narradores dominicanos residentes en el exterior en los últimos eventos literarios, me parece un tema para estudiar, para reflexionar. En principio, es natural que, en la situación de esos  jóvenes y algunos ya no tan jóvenes, exista esa imperiosa necesidad de creación que es, sencillamente, un fenómeno circunscrito a determinadas personas, pero que es una realidad elemental, universal. Es probable que por la propia situación especial de esos narradores, de su inmersión en una  atmósfera  cultural que supone tanta diversidad (principalmente en Estados Unidos), en contraposición con su propia cultura y la perentoria búsqueda y reafirmación de una identidad se produzca entonces una eclosión más potente, más decidida del fenómeno literario del que nos ocupamos. Es lógico que, cuanto se derive de esta suma de realidades sean creaciones muy auténticas, muy intensas, muy originales, incluso únicas en cuanto a personajes y situaciones en los que se siente el peso tremendo de las dudas, las indecisiones, la angustia existencial. A estas conclusiones es necesario considerar los esfuerzos oficiales, en este caso válidos, para estimular esa presencia. Creo que tu pregunta nos obliga a estudiar con más atención no el fenómeno de esa presencia en los concursos literarios, porque eso puede obedecer a otros motivos no siempre muy santos, sino al fenómeno en sí mismo. Por esa razón, he incluido entre mis presupuestos existenciales concederle toda la atención a esa eventualidad que, en principio, me parece tan prometedora como estimulante. </p>
<p>—<strong>Además de la conclusión de la tetralogía, de la cual llevas dos títulos publicados, en cuáles otros proyectos anda Roberto Marcallé Abréu? </strong> </p>
<p>—Estoy casi terminando el tercer tomo de la trilogía, cuyo nombre es <strong>La manipulación de los espejos</strong>. Tengo tantos proyectos a mano que abusaría de tu paciencia al mencionarlos. Me preocupa que ahora mismo no disponga del suficiente   tiempo para escribir, porque debo dedicar horas y horas a otras actividades que, lamentablemente, son  importantes y no puedo echarlas a un lado, soslayarlas, aunque deseos no me faltan. Te avanzo que, en ediciones individuales, corregidas, hago el esfuerzo por publicar cinco de mis primeros libros<em>: </em><strong>Las dos muertes de José Inirio</strong><em>, </em><strong>El  minúsculo infierno del señor Lukas</strong><em>, </em><strong>Sábado de sol después de las lluvias</strong><em>, </em><strong>Espera de penumbras en el viejo bar</strong><em> y </em><strong>Cinco bailadores sobre la tumba caliente del licenciado</strong>. Como manifesté al principio, está  la publicación del tercer tomo de la trilogía y en los meses por venir, verán la luz <strong>Memorias tardías (o sombrías) del general Rafael Leonidas</strong><em>,  </em><strong>Bruma de gente inhóspita</strong><em>, </em><strong>Las calles enemigas</strong><em>, </em><strong>Malos tiempos para los García</strong><em>, </em>Memorias post morten, cuentos y novelas. Debo decirte que estos son algunos de los proyectos, que hay más todavía. Pero haremos las celebraciones de lugar en la medida en que cada uno de ellos arribe a la luz y podamos hablar con los textos en las manos. Esperemos que sea en breve tiempo, si Dios nos lo concede.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://mediaisla.net/revista/2011/07/roberto-marcalle-abreu-%e2%80%9che-sido-objeto-de-una-grosera-exclusion-%e2%80%9d/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>5</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Sucede cada año</title>
		<link>http://mediaisla.net/revista/2011/01/sucede-cada-ano/</link>
		<comments>http://mediaisla.net/revista/2011/01/sucede-cada-ano/#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 29 Jan 2011 11:40:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mediaIsla</dc:creator>
				<category><![CDATA[De vez en cuando]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://mediaisla.net/revista/?p=5772</guid>
		<description><![CDATA[RENÉ RODRÍGUEZ SORIANO &#124; No se puede torcer el horizonte a pulso. Una paloma sola no pinta nada aunque el plumaje de sus alas intente lavarse en la cromática del arco iris. El mar siempre es el mar…  …cumplimos una jornada que empezó antes que nosotros &#124; y que no concluirá con nosotros. Jacques Viaux  [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/01/Sucede.-1.jpg"></a><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/01/AA-Sucede-2.bmp"><img class="alignright size-full wp-image-6438" title="AA Sucede 2" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/01/AA-Sucede-2.bmp" alt="" width="325" height="212" /></a><a href="http://rodriguesoriano.net/">RENÉ RODRÍGUEZ SORIANO</a> | No se puede torcer el horizonte a pulso. Una paloma sola no pinta nada aunque el plumaje de sus alas intente lavarse en la cromática del arco iris. El mar siempre es el mar</strong>… </p>
<p><em>…cumplimos una jornada que empezó antes que nosotros | y que no concluirá con nosotros. </em><strong>Jacques Viaux</strong><strong> </strong></p>
<p>A mis 20 años, me propuse un día llevar un diario. Cada noche anotaba todo lo que me ocurría durante el día. Eran los años de la universidad, nos creíamos con el derecho de deshojar margaritas en el Capitolio. John Lennon plantaba minas en los polos de la esfera, y en Vietnam las azucenas supuraban sorbitos de NAPALM. Más que en la multiplicación de los panes y los peces, nos aferrábamos a la linterna de unos ojos claros para cortar en dos las noches más oscuras. Algo así como la estampita milagrosa que se guarda como recuerdo de la primera comunión, o la contraseña del concierto al que, finalmente, asistimos para encontrarnos con alguien y no prestar atención ni a quien canta ni a lo qué canta&#8230; </p>
<p>No se puede torcer el horizonte a pulso. Una paloma sola no pinta nada aunque el plumaje de sus alas intente lavarse en la cromática del arco iris. El mar siempre es el mar, y uno viene y va de un punto a otro, con la incertidumbre de lo que dijo el Gabo que dijo su abuelo: “del otro lado no hay orilla”. El pasto, en cambio, nace y crece con el objetivo manifiesto de crear contradicciones entre el cartel y quienes lo desobedecen. Al final, siempre lo pisan; si no se lo engulle o lo empuerca el ganado que, en manadas, va sin rumbo fijo. </p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/01/sucede.jpg"></a><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/01/AA-sucede-11.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-6439" title="AA sucede 1" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/01/AA-sucede-11-300x300.jpg" alt="" width="292" height="291" /></a>Desde el principio de los tiempos, los seres y las cosas tienen su dignidad. Bombas y sandías, aunque se suicidan con idéntica resolución y brillo, tienen distintos pareceres. Un pétalo seco en la página 15 dice más que mil palabras. Los delfines son libres. Las piscinas son para lucir flores en el bañador, no para soltar delfines. Los estacionamientos, en cambio, sólo sirven para organizar los carros uno al lado del otro. Y las tortugas sólo pueden disfrutar su libertad en el lago o en la inmensidad del mar lleno de olas y de peces. Soy un lector de delfines que van de un seno a otro, de un ojo a otro ojo, consciente de que muy pocos cruzan más allá de la segunda quincena de enero con la agenda organizada día por día. </p>
<p>Sucede cada año, nos volvemos gelatina, nos deshacemos en promesas y dejamos que el tiempo se nos venga encima en esta fecha. Eso sí, antes de que el gallo cante, siquiera la primera vez; antes de que se apague el postrer vaho de los fuegos de artificio, ya andaremos ajustando nuestras caras de circunstancias para, sin mucho apuro, desmontar el arbolito, doblar y desdoblar bolsas y lazos, cajas y empaques y, sobre todo, estar a tiempo para desbarrancarnos de nuevo por las pendientes resbalosas del olvido.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://mediaisla.net/revista/2011/01/sucede-cada-ano/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>4</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Agua que no has de correr</title>
		<link>http://mediaisla.net/revista/2010/11/agua-que-no-has-de-correr/</link>
		<comments>http://mediaisla.net/revista/2010/11/agua-que-no-has-de-correr/#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 27 Nov 2010 14:41:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mediaIsla</dc:creator>
				<category><![CDATA[De vez en cuando]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://mediaisla.net/revista/?p=5110</guid>
		<description><![CDATA[RENÉ RODRÍGUEZ SORIANO &#124; He llegado a creer que, desde el fondo —tal vez nacida de las entretelas de la lluvia misma—, emergerá la fuerza que ha de barrer con toda esta inmundicia que en mangas de camisa se pasea por los parques de la desvergüenza.  Éste es el tiempo con olor a fugas y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Agua-que-no.-Rufino-de-la-Cruz-y-las-hermanas-Mirabal.jpg"></a><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Alberto-Breccia-Sobre-heroes-y-tumbas1.jpg"></a><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/entre-la-lluvia-y-tu-amor.gif"><img class="alignright size-medium wp-image-6476" title="entre-la-lluvia-y-tu-amor" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/entre-la-lluvia-y-tu-amor-300x225.gif" alt="" width="300" height="225" /></a><a href="http://rodriguesoriano.net/">RENÉ RODRÍGUEZ SORIANO </a></strong>| <strong>He llegado a creer que, desde el fondo —tal vez nacida de las entretelas de la lluvia misma—, emergerá la fuerza que ha de barrer con toda esta inmundicia que en mangas de camisa se pasea por los parques de la desvergüenza.</strong><strong> </strong></p>
<p><em>Éste es el tiempo con olor a fugas y acechanzas&#8230;| </em><strong>Fayad Jamis</strong> </p>
<p>Este jueves de dispersos aguaceros y heroicas remembranzas, que ya no son más que remembranzas, me deja un capote de confusión y angustia. No sé qué hacer con mis anhelos y temores. Yo, que vengo de una generación de creencias y descreencias, siento que floto en ascuas de un limbo sin cojines que puede desbandarse en cualquier punto. Realmente, no sé qué hacer ante toda esta parafernalia dicharachera y soez que vela y ensombrece las mañanas, las tardes y la semana entera.                                                                                                                        </p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Alberto-Breccia-Sobre-heroes-y-tumbas.jpg"></a><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Agua-que-no.-Rufino-de-la-Cruz-y-las-hermanas-Mirabal1.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-5118" title="Agua que no. Rufino de la Cruz y las hermanas Mirabal" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Agua-que-no.-Rufino-de-la-Cruz-y-las-hermanas-Mirabal1.jpg" alt="" width="224" height="290" /></a>En la casa y en la escuela, pusieron tanto empeño en que siguiera el ejemplo de seres que, sin doblegar ni un ápice su temple y espíritu, lo dieron todo por una idea. Muchos de ellos subieron a las montañas, se inmolaron en ellas. Yo, en cambio, bajé de ellas con los sueños henchidos de sus llamas (las de ellos). Me di de tortazos con los muros y portones, buscando en la oquedad de los discursos la brasa ardiente que decían guardar sus herederos. </p>
<p>Realengo en los salones y pasillos, deambulé como un paria sin mango, sin timón, no atiné a conciliar. Sigo creyendo aún en esos tontos valores que se desgajaron en lomas y callejones; en esos héroes de naftalina y alcanfor que dejaron una madre o una novia triste en cualquier rincón de la tarde de un pueblo olvidado; en esos lábaros mustios que erosionó la llovizna allende las cordilleras, y las manos que alzaron, aferradas al almíbar de los sueños de este hoy que, aunque quisiera, no ha logrado ser su mañana (el de ellos, el de nosotros). No puedo creer, aunque quisiera, en los quilates de estos héroes de ahora que —a diferencia de aquellos <a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/agua.jpg"></a>sublevados duendes—, tienen el don de la ubicuidad y, sin subirse a las montañas, desde un escenario o una pantalla, acortan distancias y dan la dimensión exacta de su precio justo. (¿A quién diablos le importa qué parte de su precio se gasten estos acartonados ídolos en doparse, maquillarse, transvertirse y viceversa?). </p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/agua1.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-5119" title="agua" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/agua1-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a>Vuelvo a repetirme y a golpearme las sienes y a echarme en cara mi torpeza. Preferiría, mil veces, hablar del soso canto de las ballenas jorobadas del Banco de la Plata. O de la alegría de los grillos del amanecer de Paso Bajito. Es más, a veces siento ganas de mandar al carajo el mando a distancia y volver a la sierra, desenterrar los venerados huesos (de ellos) y estrujárselos en la poses a dos o tres tunantes cuyos nombres no quisiera ni recordar. Pero recapacito, ¿es mi defecto? </p>
<p>He llegado a creer que, desde el fondo, a fuer de cierta mutación —tal vez nacida de las entretelas de la lluvia misma—, emergerá la fuerza que ha de barrer con toda esta inmundicia que en mangas de camisa se pasea por los parques de la desvergüenza. Por eso hoy, este jueves 25 de noviembre —un poco gris, un poco húmedo—, plenamente convencido de que la dignidad, la justicia, el pudor y el orden, al igual que la flora, la fauna, la educación y las “buenas costumbres”, están en peligro de extinción, no dejo de creer que la verdadera patria vibra y flamea más allá del panteón nacional y, sobre todo, el día más claro hay luz.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://mediaisla.net/revista/2010/11/agua-que-no-has-de-correr/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>2</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Los colores del mundo *</title>
		<link>http://mediaisla.net/revista/2010/11/los-colores-del-mundo/</link>
		<comments>http://mediaisla.net/revista/2010/11/los-colores-del-mundo/#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 13 Nov 2010 20:24:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mediaIsla</dc:creator>
				<category><![CDATA[De vez en cuando]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://mediaisla.net/revista/?p=4842</guid>
		<description><![CDATA[RENÉ RODRÍGUEZ SORIANO &#124; Las razones fundamentales han divido el mundo en el más absurdo y chato de los cromatismos. Se es toro o se es vaca. Mientras un grupo de científicos desafían los rayos carmesíes del sol del medio día de Sri Lanca, tras los pasos del último elefante albino, cientos de seres humanos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Los-colores.-Elefantes-blancos.jpg"></a><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Prisma.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-6478" title="Prisma" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Prisma-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a><a href="http://rodriguesoriano.net/">RENÉ RODRÍGUEZ SORIANO</a> | Las razones fundamentales han divido el mundo en el más absurdo y chato de los cromatismos. Se es toro o se es vaca.</strong></p>
<p>Mientras un grupo de científicos desafían los rayos carmesíes del sol del medio día de Sri Lanca, tras los pasos del último elefante albino, cientos de seres humanos se convierten en blanco de los bombardeos de las fuerzas estadounidenses e iraquíes en la asediada Faluya. Los corresponsales de prensa —que normalmente viajan con las tropas de ocupación y están sujetos a severas restricciones militares—, ni se enteran del negro destino que enfrentan los cuatro mil elefantes que aún quedan en Sri Lanca y no tienen la suerte de ser ni siquiera grises.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/el-aislado.-mariposas.jpg"></a><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/color-h.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-6479" title="color h" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/color-h-300x300.jpg" alt="" width="300" height="300" /></a>Las razones fundamentales han divido el mundo en el más absurdo y chato de los cromatismos. Se es toro o se es vaca. Aunque la mayoría blanca, enarbolara su fe cristiana para repudiar el asesinato prematuro de niños, reeligiendo a Bush en los EE. UU., y los budistas y los científicos vean en la aparición de un elefante blanco señales que los demás no ven, los ambientalistas no dejan de percibir en ello más que una voz de alerta para que la humanidad entera se sensibilice un poco más por la preservación de la especie.</p>
<p>De un lado de la acera, la agencia de noticias Associated Press describe con este tinte el panorama: “Durante gran parte del miércoles, los estadounidenses atacaron a los extremistas islámicos con artillería y fuego de mortero, mientras que aviones caza disparaban contra la calle principal y el mercado de la ciudad así como de Yolan, uno de los diferentes barrios donde los soldados libraban batallas con los insurgentes. En lo que se puede considerar como una señal de avance”.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/los_colores_del_mundo-2.jpg"></a>Detrás de la cortina de humo y estruendo, donde se supone que hay cientos de miles de inocentes gritos apagados, el periodista Fadhil Badrani, quien reporta desde el mismo centro de Faluya para el Servicio Mundial de la BBC, describe otro escenario: “Al caer la luz del día y acabar el ayuno, ingerí los últimos alimentos que me quedaban: dos papas y dos tomates. Los tomates estaban podridos, porque no hay electricidad y el refrigerador no funciona. Mis vecinos, una mujer y sus hijos, vinieron a verme ayer. Me pidieron que alertara al mundo sobre lo que está sucediendo aquí. Miro a la devastación que me rodea y me pregunto, ¿por qué?”</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/PRE-elefante-blanco_jpg_869080375.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-6480" title="PRE-elefante-blanco_jpg_869080375" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/PRE-elefante-blanco_jpg_869080375-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a>Cara o cruz de una moneda unipolar que se debate entre el caer y el no caer. Mientras los elefantes con sus trompas rozan las paredes de la idealizada realidad que los camufla en rosa para agenciarle a cada quien la realidad que quiere ver u oír, los colores del mundo Benetton velan corazones y sonrisas mapuches en la Patagonia argentina.</p>
<p>* El sábado 13 de noviembre de 2004, con el propósito de compartir entre un grupo de amigos las <strong>Crónicas Crónicas, </strong>que semanalmente publicaba en <em>El Caribe</em>, circuló en la red lo que pudiera considerarse como el primer boletín de <strong>mediaIsla</strong>. El texto que circuló fue precisamente <em>Los colores del mundo</em>; colores que, a la cromática de estos 6 años, siguen siendo tan turbiamente grises como entonces. Con la misma tiza, el mismo lápiz y el mismo brío, cruzamos hoy la línea hacia tonalidades más propicias y justas para los días de la humanidad. <strong>rrs</strong></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://mediaisla.net/revista/2010/11/los-colores-del-mundo/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>4</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>El mal del tiempo</title>
		<link>http://mediaisla.net/revista/2010/09/el-mal-del-tiempo/</link>
		<comments>http://mediaisla.net/revista/2010/09/el-mal-del-tiempo/#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 11 Sep 2010 19:35:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mediaIsla</dc:creator>
				<category><![CDATA[De vez en cuando]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://mediaisla.net/revista/?p=3941</guid>
		<description><![CDATA[RENÉ RODRÍGUEZ SORIANO &#124; El mal del tiempo es este olvido que, entre estampidas y estallidos, me hace olvidar cómo se olvida.  ¿Cómo llorar la muerte de una rosa, &#124; si los amaneceres han desdoblado el Mundo, &#124; y en la hierba que tiembla cerca de los rosales &#124; se han quedado las albas vueltas [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/09/El-mal-del-tiempo.-21.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-3944" title="El mal del tiempo. 2" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/09/El-mal-del-tiempo.-21-224x300.jpg" alt="" width="224" height="300" /></a><a href="http://rodriguesoriano.net/">RENÉ RODRÍGUEZ SORIANO</a> | </strong><strong>El mal del tiempo es este olvido que, entre estampidas y estallidos, me hace olvidar cómo se olvida.</strong><strong> </strong></p>
<p><em>¿Cómo llorar la muerte de una rosa, | si los amaneceres han desdoblado el Mundo, | y en la hierba que tiembla cerca de los rosales | se han quedado las albas vueltas gotas de agua?”</em><strong> Aída Cartagena Portalatín</strong> </p>
<p>De pequeño, en la escuela, me atiborraron de tantas fechas, fórmulas y sonoros nombres que, en cierto modo arruinaron mi capacidad de memoria. Hoy, en realidad, no sé si es ayer o pasado mañana, y hablo de las cosas viejas como si acontecieran ahora mismo. ¿Cuánto ha cambiado el mundo desde cuando Atila y sus hordas arrasaban con la humanidad, imponiendo su verdad o su mentira a horca y cuchillo? Luego vendrían cientos y cientos de guerras santas, e intervenciones, para salvar con más barbarie a los <em>unos</em> y a los otros. Eterno filme que se enmadeja y desenmadeja como los hilos de Penélope en busca de un imperdible vellocino, más perdido cada vez. </p>
<p>En el catecismo del sábado, las señoritas de familia tuvieron a buen recaudo enseñarnos, o al menos prevenirnos de la existencia del mal que, como daga perniciosa pendía sobre nuestras cabezas. El mal, ese animal perverso y sangriento que siempre está del otro lado, contra el que todos —hasta los más retorcidos— siempre debemos luchar. Bandera que ha servido para arropar tanto lodo y tanta bilis. ¿Acaso Hitler no pasó a millones por las armas en su cruzada contra el mal por el bien de la humanidad? </p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/09/El-mal-del-tiempo.-31.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-3945" title="El mal del tiempo. 3" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/09/El-mal-del-tiempo.-31-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a>Las cruzadas, las purgas sectarias, las bombas nucleares y cientos de miles de catástrofes y campañas patrocinadas y perpetradas por el hombre, desde el principio de los días, han sostenido una lucha a muerte contra los valores mundiales. No por azar o falsa inquina, Amnistía Internacional proclama que “la violencia de los grupos armados y el número cada vez mayor de violaciones que cometen los gobiernos se han unido para producir el ataque contra los derechos humanos y el derecho internacional humanitario más sostenido de los últimos 50 años&#8230;” </p>
<p>Mientras los ministros, los enviados especiales y los siempre sonrientes indignatarios del planeta se retratan en la prensa, obsesionados con la amenaza de las armas de destrucción masiva, la injusticia y la impunidad, la pobreza, la discriminación y el racismo, el comercio incontrolado de armas pequeñas, la violencia contra las mujeres y los abusos de menores, continúan su abierta tropelía, poblando un mundo segmentado, aprensivo, hosco y, sobre todo, hambriento. El mal del tiempo es este olvido que, entre estampidas y estallidos, me hace olvidar cómo se olvida.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://mediaisla.net/revista/2010/09/el-mal-del-tiempo/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>2</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Lento, el recurso de la cámara</title>
		<link>http://mediaisla.net/revista/2010/05/lento-el-recurso-de-la-camara/</link>
		<comments>http://mediaisla.net/revista/2010/05/lento-el-recurso-de-la-camara/#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 29 May 2010 06:49:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mediaIsla</dc:creator>
				<category><![CDATA[De vez en cuando]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://mediaisla.net/revista/?p=2046</guid>
		<description><![CDATA[RENÉ RODRÍGUEZ SORIANO &#124; La verdadera historia de la mujer que era incapaz de amar es un archipiélago de historias signadas por el amor fallido, la amistad inquietante y el cariño […] puede ser el relato del amor inconcluso entre Frank y Olga como la narración de la incapacidad literaria de un joven escritor en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/05/lento-el-recurso-2.png"><img class="alignright size-medium wp-image-2045" title="lento el recurso 2" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/05/lento-el-recurso-2-300x228.png" alt="" width="300" height="228" /></a></p>
<p><a href="http://rodriguesoriano.net/"><strong>RENÉ RODRÍGUEZ SORIANO</strong></a><strong> | <em><a href="http://www.lulu.com/product/tapa-blanda/la-verdadera-historia-de-la-mujer-que-era-incapaz-de-amar/10790113">La verdadera historia de la mujer que era incapaz de amar</a></em> es un archipiélago de historias signadas por el amor fallido, la amistad inquietante y el cariño […] puede ser el relato del amor inconcluso entre Frank y Olga como la narración de la incapacidad literaria de un joven escritor en una capital latinoamericana de los 80.</strong><strong> </strong></p>
<p><strong>Un acto</strong><em> </em></p>
<p>“Desde que el mundo es mundo, y vive gente”, la literatura dominicana toda es la historia de la exclusión y la negación cómplice. Se han escrito colecciones enteras de libros para tratar, la mar de las veces, de ocultar una verdad, se han abanderado y unido capillas enteras para denostar y desconocer el valor de la obra de uno o unos cuantos y, hasta se ha llegado al colmo, de recoger determinado libro y silenciarlo con el hielo más frío de la indiferencia, siempre en aras de exaltar sólo a unos cuantos, los afectos a determinado grupito que se ha creído amo absoluto de la verdad y de la estética. Esto viene de lejos. Habrá que rebuscar en los más intrincados laberintos de la historia para desentrañar de dónde viene toda esa inquina que todavía hoy campea en el ambiente literario.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/05/socrates-nolasco-2.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-2047" title="socrates nolasco-2" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/05/socrates-nolasco-2.jpg" alt="" width="180" height="247" /></a>Sobre la narrativa breve dominicana se han dicho muchas cosas. También se han ocultado bastantes. Otras tantas han sido cuidadosamente mediatizadas. Los ejemplos sobran. Y, probablemente, como en todo, hay más nombres que obras que soporten los montones de alabanzas y falsos monumentos erigidos. Así somos por estos lados. Así, aparentemente, a alguien o a muchos les ha convenido que sea. Por ello ha sido más fácil contar la historia sin todo aquello que no nos interesa que se diga o se vea. Hay un ejemplo clásico y contundente: en pleno trujillato, don Sócrates Nolasco, sin ningún “rigor de florilegio” —según sus propias palabras— reunió a un nutrido puñado de funcionarios del régimen que, a su entender, escribían “cuentos” y los agrupó en sus dos volúmenes de <strong>El cuento en Santo Domingo. Selección antológica </strong>(Librería Dominicana, 1957),<strong> </strong>excluyendo, indudablemente a Juan Bosch, váyase a saber por qué. Los demás, los que han seguido el trillo trillado, tampoco han expuesto sus razones para erigir torcidos cánones, pero la sordina cómplice se ha mantenido intacta y con muy buenos resultados.</p>
<p>Para los fines de lugar y, en cierto modo, tratando de borrar un poco, el nefasto baldón de la raya de Osorio que, sin dudas, pesa sobre todo el imaginario de la banda oriental de Hispaniola, se escribe esta historia en pocos actos que, pudiera ser que pudiera ser otro cuento y como tal se lea, quién sabe:</p>
<p><strong>Otro acto</strong></p>
<p>Suena una trompeta asordinada en un balcón, se inserta su sonido en los pasadizos de la noche. Erguido, un saxo alto juguetea con un hato de corcheas, la noche se diluye en el vaivén de unos ojos lascivos que se van detrás del brillo de unos glúteos torcaces, bien hechos, que se pasean libres y presos dentro de una <em>lycra</em> blanca, ceñida; acompañando a la mulata más despampanante que los alrededores del Drake hayan soñado jamás (pudiera ser que sonara un requinto, “El terror” salido de madre en una de esas noches de la Zona Colonial, y Olga, perdón Mónica, Sara, Ana, dejen su estela de ternura en un zaguán cualquiera)&#8230;</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/05/Lento-el-recurso-3.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-2048" title="Lento el recurso 3" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/05/Lento-el-recurso-3-214x300.jpg" alt="" width="176" height="227" /></a>Mientras tanto Frank, más Frank que nunca, hace y deshace la noche y sus entuertos. A veces, en un fondo oscuro que se difumina a más oscuro y degrada lenta, lentamente en parajes intransitados aún por nuestra más osada narrativa, Ramón, lúcido y lúdico mueve los hilos en un manojo de historias que desestabilizan todo, todo lo establecido, internándonos sin visa ni salvoconducto por los mundos más parecidos y extraños a la vez, desde una galería de espejos contrapuestos, en una lectura juguetona y desgarrante que desnuda la noche (la ciudad) y sus instintos en su más obscena intimidad.</p>
<p>Solo al fin, y de qué forma, Ramón Tejada Holguín vuelve al ruedo con <strong><a href="http://www.lulu.com/product/tapa-blanda/la-verdadera-historia-de-la-mujer-que-era-incapaz-de-amar/10790113">La verdadera historia de la mujer que era incapaz de amar</a> </strong>(<em>mediaIsla</em>, 2010). Los lectores tendrán algún día la oportunidad de internarse con él por los novedosos, lúcidos y lúdicos caminos que transita la más vigorosa narrativa breve dominicana. Esta reunión de narraciones convoca a una lectura juiciosa y divertida de lo que es el dominicana de hoy sin estúpidos sexismos ni abolengos ni partidos: una verdadera fiesta de los sentidos para el placer de la lectura o la lectura del placer y viceversa.</p>
<p><strong>Otro otro acto</strong><strong> </strong></p>
<p>Los ojos de Sara<strong> </strong>so<a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/05/MujerIncapazdeAmar_21.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-2049" title="MujerIncapazdeAmar_2[1]" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/05/MujerIncapazdeAmar_21-200x300.jpg" alt="" width="200" height="300" /></a>n un talismán para espantar el frío, y cortar en dos la raya aleve de la ausencia y la distancia. Ramón lo sabe, por ello pone en práctica con sobrada codicia el supremo recurso de la cámara lenta, para hacernos ver, a través de sus ojos de Sara, una lectura progresiva y atinada de nosotros mismos. Seres ordinarios que vamos por el mundo encandilados con las luces apagadas de los mil faroles de la ignorancia y el desaire.</p>
<p>¿Será una historia sin historia, que cuenta cero de lo que afuera acontece y se cuenta, precisamente, por su ausencia adentro?</p>
<p>Han pasado casi diez años desde que leí este texto por primera vez. Miércoles por la noche, sonaba <em>Living in the past</em> en un caserón de Gascue y, entre el crujir del hielo y el humo, alguien preguntó, negó o pontificó sobre la teoría del cuento. ¿Tendrá sentido acaso el propio sentido de las cosas? La literatura no se escribe para el sentido y la cordura de los seres más sensatos y ordenados del universo. Se traza con un lápiz despuntado en el más sucio papel del tiempo y del olvido.</p>
<p>— “Yo no digo que las ‘personas normales’ sean malas, pero son muy apegadas al mundo ordinario, a lo dado, a lo inmediato, no entienden de magia, no se interesan en la alegría por sí misma, están ocupadas buscando soluciones a estúpidos problemas y persiguiendo chucherías…” —parece decirnos Ramón dentro y fuera del contexto de un texto que, como toda la literatura que no está plagada de babosas genuflexiones a gurúes y pacatos funcionarios, tiene la suerte de invernar con el polvo y las polillas en aviesos archivos y anaqueles.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://mediaisla.net/revista/2010/05/lento-el-recurso-de-la-camara/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Leer en el parque</title>
		<link>http://mediaisla.net/revista/2010/04/leer-en-el-parque/</link>
		<comments>http://mediaisla.net/revista/2010/04/leer-en-el-parque/#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 01 May 2010 01:51:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mediaIsla</dc:creator>
				<category><![CDATA[De vez en cuando]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://mediaisla.net/revista/?p=1570</guid>
		<description><![CDATA[René Rodríguez Soriano &#124; Trato de descifrar el infinito número de puntos de la línea que separa las barreras entre la justicia y la injusticia. Creo que no es justo leer en el parque Una señora corre porque su niño, que hasta hace unos minutos también corría; ahora llora. Más acá, a la izquierda del [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/04/leer-en-el-parque-izq1.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-1569" title="leer en el parque izq1" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/04/leer-en-el-parque-izq1-e1272671149296-300x201.jpg" alt="" width="289" height="202" /></a></p>
<p><strong><a href="http://rodriguesoriano.net/">René Rodríguez Soriano</a></strong><strong> | </strong><strong><em>Trato de descifrar el infinito número de puntos de la línea que separa las barreras entre la justicia y la injusticia. Creo que no es justo leer en el parque</em></strong></p>
<p>Una señora corre porque su niño, que hasta hace unos minutos también corría; ahora llora. Más acá, a la izquierda del roble —diría Benedetti—, una pareja, que fue centro de atención de todos por la forma en que se gritaba, ahora, se toca, se acaricia. Dos viejecitos hacen todo lo posible porque cada uno escuche toda la sabiduría que resuman sus escasas y grises cabelleras. Yo, yo leo a Borges.</p>
<p>Decidí venir esta tarde al parque. Ignoré el computador, el mando a distancia del televisor. Nada que ver con las primeras planas ni las de último minuto. Nada que ver con las declaraciones de los políticos, intentando competir en el espacio con las luminarias del disco o el celuloide. Nada que ver con el último escándalo en un suburbio o en un gran residencial. Los francotiradores están en todas partes, como dioses de la cultura de este tiempo.</p>
<p>Borges habla de los malandros de facón y arteras puñaladas. La televisión no dice nada nuevo cuando dice que otros dicen que no es justo que un juez juzgue a un menor que ya antes pudo haber sido agredido por la justicia que habrá de juzgarlo. Cierro el libro de Borges. Leo el libro del aire viciado. Huele a humo y a grasa. Los niños juegan en el parque. Las madres fuman en público, algunos padres beben cervezas, y más allá del jardín de los senderos que se bifurcan, otros —que no son tan niños ni tan adultos, sino la misma cosa—, nos engañan, engañándose&#8230;</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/04/Leer-en-el-parque-izq.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-1571" title="Leer en el parque izq" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/04/Leer-en-el-parque-izq-300x200.jpg" alt="" width="300" height="200" /></a>“No hay dos cerros iguales, pero en cualquier lugar de la tierra la llanura es una y la misma” —dice Borges—, cuando, al azar, abro el libro en la página 123. Miro que se marcha la señora con el niño, que hace rato dejó de llorar, seducido por el bálsamo de un helado color rosa con sabor a sabe Dios qué cosa que le dio la madre. Uno de los viejecitos duerme mientras el otro mira a la muchacha que repele el calor con el brillo de sus muslos, más allá de donde el presentido rotito de Barthes deja ver lo que normalmente es de buen ver, cuando te lo dejan ver sin ver que ves.</p>
<p>Alguien habla de Irak o de Bin Laden. Piensa que la guerra es mala y que es justo no ser justos ni darles tregua a los que no tengan igual parecer. Es el cuento de nunca acabar. La historia que se escribe a sí misma, se borra y vuelve y comienza en el mismo principio. Tal vez, ad infinitum, la negación misma de la negación. ¿Spiderman o el tribunal supremo de las naciones unidas? La Paz, en realidad, es una ciudad que se niega a sí misma en todo su sentido de equidad. Este parque, aparentemente lleno de aire y extensión, no es tan libre ni tan abierto. Si alguien confesara abiertamente que duda, siquiera un poco, de las ciencias y las artes que justifican la guerra, descubriría en segundos que ciertos árboles, ciertos bancos y ciertas estatuas, que aparentan estar divorciados de la realidad, tienen oídos y esposas.<a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/04/Leer-en-parque-der.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-1572" title="Leer en parque der" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/04/Leer-en-parque-der-300x248.jpg" alt="" width="300" height="248" /></a></p>
<p>También oí que Wynona Ryder, con su blanca carita de niña y sus manos traviesas, enfrenta de nuevo a la justicia; que alrededor de un 75 por ciento de la “minoría” negra de la nación más justa y poderosa de todo el concierto de naciones, eligió no votar en unas elecciones donde cada día se pone más en duda el respeto a la igualdad que se pregona en foros y en pancartas por todo el orbe. Aquí en el parque, un niño blanco mira huraño a los patos tan negros que, en aparente libertad, nadan entre los espejos de la laguna de allá enfrente. Su madre, con un lacito muy blanco, tira de su pequinesa negra que no se arriesga a caminar sobre el pasto donde otras señoras compiten con la cháchara de los gansos y otras aves negras de un horrendo cantar.</p>
<p>Cierro el libro de arena. Trato de descifrar el infinito número de puntos de la línea que separa las barreras entre la justicia y la injusticia. Creo que no es justo leer en el parque, uno estorba a la gente que viene, en libertad, a disfrutar del aire libre, a descansar.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://mediaisla.net/revista/2010/04/leer-en-el-parque/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>4</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Travesura celeste</title>
		<link>http://mediaisla.net/revista/2010/03/travesura-celeste/</link>
		<comments>http://mediaisla.net/revista/2010/03/travesura-celeste/#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 06 Mar 2010 18:42:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mediaIsla</dc:creator>
				<category><![CDATA[De vez en cuando]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://mediaisla.net/revista/?p=797</guid>
		<description><![CDATA[La muerte debe ser algo muy aburrido. Quiero seguir viviendo sin condiciones, como sea&#8230; Adolfo Bioy Casares Por René Rodríguez Soriano De jardines ajenos Aunque no ha podido ser científicamente comprobada la aparición del hombre sobre la tierra, ni el talante o decibelio del berrido de las cabras que ayudaron al descubrimiento de los rollos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong> </strong></p>
<p><strong><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/03/BioyCasares1.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-796" title="BioyCasares" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/03/BioyCasares1-219x300.jpg" alt="" width="219" height="300" /></a></strong><strong> </strong><em>La muerte debe ser algo muy aburrido. Quiero seguir viviendo sin condiciones, como sea&#8230; </em><strong>Adolfo Bioy Casares</strong></p>
<p><a href="http://rodriguesoriano.net"><span style="color: #0000ff;"><strong>Por René Rodríguez Soriano</strong></span></a></p>
<p><strong>De jardines ajenos</strong></p>
<p>Aunque no ha podido ser científicamente comprobada la aparición del hombre sobre la tierra, ni el talante o decibelio del berrido de las cabras que ayudaron al descubrimiento de los rollos del Mar Muerto, se tiene idea vaga del instante en que surgieron los primeros censores y aguafiestas sobre la faz del lenguaje que, para su salud y pureza —del lenguaje, por supuesto—, nació sin lengua… No me anima tirria alguna contra los correctores, editores y puristas de vieja data —Satán me cubra en el seno de sus piras, si mintiera—; me arroban los tantálicos tableteos de los teclados, los tambores y el trastabilleo de las sílabas, los fonemas y los monemas manoteándose con persistente perversidad hasta engendrar la frase que, feliz o infeliz, enciende el verbo o la palabra a todo tren sobre el papel o el aire. Me encantan las palabras y, ya lo he dicho, manipularlas como dardos o pinceles sobre el lienzo del diálogo, sin condones, sin reglas.</p>
<p>—¡Ojo, maestro, septiembre!</p>
<p>Dicen que le dijo, orgulloso y ufano el meloso impresor, al apocado viejito Azorín al enmendarle las planas de la primera edición de <em>El escritor</em>, quien, sin parafernalia ni boato alguno, lo remitió a tomar en cuenta el sentido del oído; como diciéndole: no es como se vea, sino como se oiga más mejor… En fin, que me divierte bañarme en los alambres de la guardarraya. Escribo y leo en el placer del fuego que no moja el agua que lo quema; y más que nada, me encanta llevarles la contraria a los amigos y editores que, desde que el día amanece, salen a la luz con preservativos y resguardos contra el juego, la alegría y la disensión.</p>
<p>—¡Oído contra el odio!</p>
<p>Asumo que le dijo la mula al trillo, o viceversa. Cada año pasa un año de la fecha conmemorativa del aniversario del fallecimiento de Adolfo Bioy Casares, que ¿por azar? coincidió con dos fechas nada bioycasarianas, y que, a mi modo de ver, encajaban con los hilos de las tramas del maestro. Como historia marginal sin trama y sin acento, quiero compartir la censurada nota que, por ausencia de sentido y en aras del buen sentido y la cordura, mi editor de ese entonces tuvo a bien, sin dilación y sin misterio, devolverme intacta y sin reparo.</p>
<p><strong>El sueño de los héroes</strong></p>
<p><strong><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/03/fotosilvinaocampo.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-799" title="fotosilvinaocampo" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/03/fotosilvinaocampo-300x227.jpg" alt="" width="300" height="227" /></a>Miércoles de Ceniza del 2000</strong>. Hoy hace un año ya que, hecho polvo el polvo de los días, tiembla en la página en blanco, poblándose de sueños, endomingándose de duendes, burlándose de todos. De ti y de mí, igual que haría Malagón si tuviera de nuevo la oportunidad de apurar su cafecito en Humanidades, con su sobado ejemplar de <em>Finnegan’s Wake</em> debajo del brazo, hablando de sus otros amados Proust, Maugham, Hemingway y Beckett, puteando a Lipe y al centenar que siguen repitiendo y repitiéndose la pendejada del perro mordido por el amo o el periodista de la inexistente movilización estudiantil por la sesuda intervención de la uniformada, de la objetiva objetividad de los compañeros del partido, de la prensa amarilla, de todos los gacetilleros y aguafiestas que pergeñan textuales indulgencias y oran rendidos, sin ingenio sin vergüenza ni medida ante los pies o la cabeza de la mentida y pregonada pirámide del qué, quién, cómo, dónde, cuándo sin el por qué que tanto desvelara la oscura perspectiva de la gris y manoseada teoría de <em>El nuevo periodismo</em> de Neale Cople.</p>
<p>Hoy, 8 de marzo, paradójico y contestatario día del calendario, hace precisamente un año que, urdiendo su postrer y más siniestro <em>Plan de evasión</em>, Adolfo Bioy Casares salió a <em>Dormir al sol</em>. <em>Una muñeca rusa</em>, desconsolada llora ante <em>El sueño de los héroes</em> y <em>La invención de Morel</em>, del otro lado del espejo, quizás donde está el otro, el duende mayor, con toda la visión de su ceguera, leyendo en <em>La trama celeste</em> un tema bufo y retozón que se burla de la fecha y de los días, principalmente como estos, en que el azar o el esquicio trasponen todas las puertas y bisagras, dislocan los más preclaros laberintos y, de cabeza, voltean y revuelven en potingues proclamas, protestas, pancartas y mentidos planteamientos que se venden o se compran con homenajes, reconocimientos y discursos por líneas que se arrugan, se trocean o se tiran al cesto entre risas y mofas de los dos que, sorbiendo una milonga o rielando un tango con Bustos Domec, tratan de resolver los <em>Seis problemas para Isidro Parodi</em>.</p>
<p>En fin, quizá buscando un sueño, quizá tejiendo historias o mateando hasta rabiar con el viejo Macedonio, Baldomero o Julito, el juguetón de la <em>Rayuela</em>, manosean a la sobrina preferida del tío Bioy. Solos o acompañados todos juntos, paseándose y escondiéndose, <em>En viaje</em>, <em>De un mundo a otro</em> o <em>De jardines ajenos</em>, leen, eso sí, sin voces engoladas, sin estridencias para que escuche Borges, para que se sonría y se le trabe la lengua al tío Julio, <em>El diario de la guerra del cerdo</em> o las <em>Historias fantásticas</em> o las <em>de amo</em>r. No sé ni sabes tú, si en la mujer o la ceniza hay una trampa para releer a contrapelo, las efemérides, las celebraciones oficiosas o las noticias del día. La anécdota no cuenta ni cuenta lo que cuentan los que cuentan la historia desde adentro. Como diría la Duras, cuenta la historia que desde afuera se genera por lo que adentro permanece ausente.| <em>Para Adolfo Bioy Casares, de un mundo a otro</em></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://mediaisla.net/revista/2010/03/travesura-celeste/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Intrusiones para dar cuerda al reloj</title>
		<link>http://mediaisla.net/revista/2010/02/intrusiones-para-dar-cuerda-al-reloj/</link>
		<comments>http://mediaisla.net/revista/2010/02/intrusiones-para-dar-cuerda-al-reloj/#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 20 Feb 2010 12:12:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mediaIsla</dc:creator>
				<category><![CDATA[De vez en cuando]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://mediaisla.net/revista/?p=557</guid>
		<description><![CDATA[Nunca se sabrá cómo hay que contar esto, si en primera persona o en segunda, usando la tercera del plural o inventando formas que no servirán de nada. Si se pudiera decir: yo vieron subir la luna, o: nos me duele el fondo de los ojos, y sobre todo así rubia eran las nubes que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignright" src="http://img.listal.com/image/305931/600full-julio-cortazar.jpg" alt="" width="352" height="500" /></p>
<p><strong><em>Nunca se sabrá cómo hay que contar esto, si en primera persona o en segunda, usando la tercera del plural o inventando formas que no servirán de nada. Si se pudiera decir: yo vieron subir la luna, o: nos me duele el fondo de los ojos, y sobre todo así rubia eran las nubes que siguen corriendo delante de mis tus sus nuestro vuestro sus rostros. Qué diablos.</em></strong><em> </em><strong>Julio Cortázar</strong> (Las babas del diablo)</p>
<p><strong>Por René Rodríguez Soriano</strong><strong> </strong></p>
<p><strong>N</strong>o se arriesguen a mirar sus relojes a esta hora, vaya a ser que, sin quererlo, convoquen al maestro de los duendes, y se desate entonces una tormenta bufa y retozona, de pronósticos reservados. Mejor es que juguemos sin freno, que nos dejemos ir por ahí, inocuos y vacíos, a inventariar territorios desusados y mudos. Así es que, propongo que sigamos a esa chica, le inventemos un nombre: Marión, ojos de miel, aceitunada tez, desgarbada y locuaz. Crucemos un zaguán de mediodía con sus floreros sordos; deshojemos geranios y jacintos, no nos está dado el milagro de las voces ni del tacto; sigamos solamente a la muchacha.</p>
<p>Conjuguemos un parque con niños, buhoneros, muchachas de servicio, guardianes y un bestiario infinito de libélulas tenues que alborotan el tiempo, las frituras… y aquel señor, medio miope, absorto en su periódico de torcidas columnas o el patisuelto tajalán que duerme a la bartola, inmerso en sus asuntos, austeros y afanosos. Ojo, el sujeto en cuestión, encargado del parque y perversiones varias, se despabila de un tirón y nos advierte en vilo; nos mira sin reparos a nuestra chica sabatina de esta fecha; se relame de gusto y, sin transición alguna, paciencia en ristre, entramos a otra zona del presagio: la hora del almuerzo, la oficina, Manuel que se aposenta en una esquina, desenrosca cantinas, pañoletas, desplegables y—héroe de mil batallas—, el viejo cortaplumas de su abuelo se retuerce y sonríe con su insigne y desdentado tenedor al aire; mientras, la cuchara, cansada, soñolienta y pecosa, en la otra punta, se desgonza y se niega a asumirse a sí misma.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/02/1218cortazar.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-558" title="1218cortazar" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/02/1218cortazar-288x300.jpg" alt="" width="288" height="300" /></a>Es un poema Daniela, tratando de dorar sus espaguetis; Tricia, que se deshace en maldiciones por el ajo, la cebolla y el orégano que han invadido sus minutas y sus senos filosos, petulantes. Ni se diga David, maldiciendo, rondando la estufita, con unos puerros mustios, en su bolsita a rayas del colmado, rallando uno y tres fósforos de madera que se encienden y se apagan de pronto, antes de llegar al mechero, preciso instante en que, como manga de viento, entra lo esperado: Lorensito y… “lo de siempre”, piensa Mónica. “Lo paró un policía”, se lleva Manuel, junto a un bocado, su angustiado pensamiento a sus adentros; y un “no hay gas” o “me caí del motor”, traspone con nosotros indigestos las paredes magenta del olvido, trasegando canciones, sotanas y manías, porque Marión se ha ido, ya no está o regresó.</p>
<p>Dejó de ser ella, la chica desgarbada tan sensible y manuable que deja sin aliento al sábado y sus alrededores. Sucede que hace un rato, austera y atorrante, ha trasuntado en genio, analista al dedillo de temas y renglones, conocedora indómito, fatua y contradictorio de sí misma. Total, obviemos a esa tipo —dicen todas—, tan lerda y tan tortuoso. Salgámonos del sábado, no sigamos a nadie, no escuchemos a nadie croar con sus graznidos eruditos y vacuas. Abandonemos de una vez por todas la muchacho. Echemos un pie, salgamos ya. Nada de incienso, nada. Necrologías, ¡zafa! Sonémonos con garbo, con pañuelo o con kleenex, circunspectos, distantes, pongámonos la cara más cara de estos fines. Que se empine cabizbaja y dolida nuestra más sufrida y abnegada condición de oficiantes del dolor y de la pena en suplementos, novenarios y plenas.</p>
<p>Desgarremos algo. Pongámonos a tiro del llanto, prestos a desempeñar con elegancia el papel de afligidos deudores. Pero… ¿Qué diablos hacemos aquí, tan pánfilos y lelos? ¿Qué razón nos convoca en esta casa? Bien, n<a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/02/Julio_en_Paris_1968.gif"><img class="alignright size-medium wp-image-559" title="Julio_en_Paris_1968" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/02/Julio_en_Paris_1968-208x300.gif" alt="" width="208" height="300" /></a>o me lo digan. No osen mencionar su nombre, no lo nombremos. Lo queremos tanto, amamos sus diabluras, sus devaneos. Lo conocemos tanto, sabemos que anda cerca y no se ha ido; ha de estar cabriolando, descalzo y en mangas de camisa, con la más sonora de sus carcajadas en los peldaños y pasillos más diáfanos e intemporales del absurdo y de la lluvia. Mofándose de nosotros, inventariándonos las poses, maquinando jugarnos cualquier trastada. No lo duden. No miren calendarios ni relojes, se lo ruego; no miren esa puerta, han tomado la casa y no hay nada que hacer afuera. Hemos convocado la tormenta y no es juego. Tan fresco como la primera o la última golondrina del primer día, aquí está él:<em> </em></p>
<p><em>Ahora pasa que las tortugas son grandes admiradoras de la velocidad, como es natural. Las esperanzas lo saben, y no se preocupan. Los famas lo saben, y se burlan. Los cronopios lo saben, y cada vez que encuentran una tortuga, sacan la caja de tizas de colores y sobre la redonda pizarra de la tortuga dibujan una golondrina.</em>|<strong> Para Julio Cortázar, in cronopian</strong></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://mediaisla.net/revista/2010/02/intrusiones-para-dar-cuerda-al-reloj/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>1</slash:comments>
		</item>
	</channel>
</rss>

