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	<title>mediaisla &#187; De vez en cuando</title>
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	<description>Puente de palabras vivas</description>
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		<title>La verdadera historia del diminuto hábitat de Ramón Tejada Holguín</title>
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		<pubDate>Sat, 31 Mar 2012 14:19:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mediaIsla</dc:creator>
				<category><![CDATA[De vez en cuando]]></category>

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		<description><![CDATA[RENÉ RODRÍGUEZ SORIANO &#124; La verdadera historia de la mujer que era incapaz de amar es un largo travelling por las noches de las calles y callejones de la vieja ciudad que, en su delirio de gran constructor, trazara Frey Nicolás Ovando en la otrora Atenas del Nuevo Mundo. Aquella ciudad no la hallarás ahora [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/07/MujerIncapazdeAmar_215.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-2853" title="MujerIncapazdeAmar_2[1]" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/07/MujerIncapazdeAmar_215-200x300.jpg" alt="" width="200" height="300" /></a></p>
<p><strong><a href="http://rodriguesoriano.net">RENÉ RODRÍGUEZ SORIANO </a><em>|</em> <a href="http://www.lulu.com/shop/ram%C3%B3n-tejada-holgu%C3%ADn/la-verdadera-historia-de-la-mujer-que-era-incapaz-de-amar/paperback/product-12791533.html"><strong><em>La verdadera historia de la mujer que era incapaz de amar</em></strong></a> es un largo travelling por las noches de las calles y callejones de la vieja ciudad que, en su delirio de gran constructor, trazara Frey Nicolás Ovando en la otrora Atenas del Nuevo Mundo.</strong></p>
<p><em>Aquella ciudad no la hallarás ahora | por más que en este día | dejes caer la frente contra el puño | y trates de sentir…</em> <strong>René del Risco Bermúdez | <em>El viento frío</em></strong><strong><em> </em></strong></p>
<p>Gordas, cansadas y eternamente hambrientas, las palomas del parque junto a la vieja catedral, esperando que baje el dedo el Almirante —bien lo dijo Heráclito—, ya no son las mismas, ni es la ciudad aquel “vasto jardín, abierto junto al mar, por donde pasan los ángeles tocando a gloria en sus clarines de plata”<a href="http://mediaisla.net/revista/wp-admin/post-new.php#_edn1">[1]</a>. Tampoco Frank es Frank Ramírez, el que escribe, se describe y reniega y nos asaetea a todo lo largo y ancho de su desencantada y burlona saga por calles y callejones de la  ciudad que también se le desfiguró al poeta (<em>Ahora estamos frente a otro tiempo | del que no podemos salir hacia atrás…<a href="http://mediaisla.net/revista/wp-admin/post-new.php#_edn2"><strong>[2]</strong></a> )</em><em> </em></p>
<p><em>Si algún día me creo con los recursos necesarios para emprender, de nuevo, el intento de narrar la historia de la mujer que era incapaz de amar, Mónica y Ernesto terminarán envueltos en una vorágine de atracción-repulsión. Frank no será de los personajes del cuento. La soledad, a pesar de ellos y sus amigos, signará sus vidas. Hablaré de la solitud como sentimiento epocal y del cinismo y sus ventajas. </em>Pág. 53<em> </em></p>
<p>No se trata de mirar el bosque sin ver los árboles, ir por las calles sin la incertidumbre del zapato, el balde de ni se sabe qué o trozo de ladrillo que puede caernos encima desde cualquier descascarado balcón de fierros, cal y canto. <strong><a href="http://www.lulu.com/shop/ram%C3%B3n-tejada-holgu%C3%ADn/la-verdadera-historia-de-la-mujer-que-era-incapaz-de-amar/paperback/product-12791533.html">La verdadera historia de la mujer que era incapaz de amar</a> </strong>(mediaIsla-Ferilibro), como el secreto mejor guardado del Caribe o como los innumerables mapas de los fabulosos tesoros del pirata Drake, deviene en algo así como la mentira mejor urdida; a la manera de Penélope o de Scherezade, alongando y retorciendo los sonidos y el tiempo, para que no se llegue nunca, para que jamás se entienda y nos mantengamos ahí, lelos e inanes frente al embustero que nos traslapa, hurta y dosifica una historia que, como los múltiples ríos de la angustia y del placer, se pierden, se anudan y se bifurcan en esa línea paralela de un bolero que de vez en cuando se convierte en rock.</p>
<p><em><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/07/La-verdadera-history..ciga_...jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-2855" title="La verdadera history..ciga.." src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/07/La-verdadera-history..ciga_..-95x300.jpg" alt="" width="95" height="300" /></a>Esta idea de escribir la historia de Frank, un novel escritor que no logra materia-lizar un proyecto de narración que, cual fantasma, pulula sus hemisferios cerebrales, corre el riesgo de despeñarse por el mismo risco que los bocetos de Frank</em>.<em> </em>Pág. 43<em> <a href="http://mediaisla.net/revista/wp-admin/post-new.php#_edn3"><strong>[3]</strong></a></em><em> </em></p>
<p>Un rock ácido, bestial, casi desnudo, que brota lleno de sudor y rabia de las tensadas cuerdas de un Terror contestario y ácido contra el poder y sus acólitos.</p>
<p>Y el escritor bisoño, artero “bosteza” y se cuestiona (“Bostezo, luego existo y al bostezar me doy cuenta de lo infinito” Pág. 20); cuestiona la superestructura con sus poetas-funcionarios y sus funcionarios-poetas (tal vez los mismos de quienes hablara el otro Poeta —con mayúsculas—, “llenos de nieblas y silencio”<a href="http://mediaisla.net/revista/wp-admin/post-new.php#_edn4">[4]</a>). Y qué bueno que es novato y torpe ese escritor que a veces intenta ser Frank y otras reniega del Ramón que, sabiendo que su corazón no es fuerte como una coraza, tiene muy clara la solemnidad con la que triunfa la “milicia contra el amor civil”, y filosofa sobre la locomoción de los cangrejos o el sinsentido de la nostalgia en “los días de lluvia”.</p>
<p><em>Estos edificios coloniales | nada tienen que ver con la estética | la nostalgia | la historia |o los desesperados poetas.| Estas ancestrales construcciones |son el gran meadero |de los noctámbulos de Santo Domingo</em>.<em> </em>Págs. 135 y 136 <a href="http://mediaisla.net/revista/wp-admin/post-new.php#_edn5">[5]</a></p>
<p>Pero el poeta, el narrador o Frank, que de tanto eludir, elidirse y llevarnos de un lado a otro por las calles de la maquillada y tamizada ciudad de los Colones —que ya nada tenía que ver ni con la <strong>Guía emocional de la ciudad romántica</strong> ni con <strong>El viento frío</strong>—, nos zarandea hasta el punto de llevarnos a dudar si es el Ramírez o el Ramón quien nos acompaña o nos deja solos frente a sus personajes que se mofan de sí mismos y de los personajes de sus contemporáneos que, en vez de París, sueñan con el Bronx o con fornidas teutonas cansadas de vagar y sudar por las calles de la Zona.</p>
<p><em><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/07/La-verdadera-history....eye_.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-2856" title="La verdadera history....eye" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/07/La-verdadera-history....eye_-300x189.jpg" alt="" width="300" height="189" /></a>¿Qué haré después de clases? La Cafetera o quizás La casa de Bastidas, en la Fortaleza Ozama, expondrán los pintores de “Generación &#8217;80”. Si me coloco estratégicamente cerca del bar, puedo alcanzar dos o tres vasos de ron con Coca cola. Es probable que ligue a una de las recién llegadas de culito empolvado, antes de que me descubra y me odie por haber sido yo, el más ácido de los jóvenes escritores sin obra, quien le diera la bienvenida. </em>Pág. 74</p>
<p><a href="http://www.lulu.com/shop/ram%C3%B3n-tejada-holgu%C3%ADn/la-verdadera-historia-de-la-mujer-que-era-incapaz-de-amar/paperback/product-12791533.html"><strong>La verdadera historia de la mujer que era incapaz de amar</strong></a><em> </em>es un largo <em>travelling</em> por las noches de las calles y callejones de la vieja ciudad que, en su delirio de gran constructor, trazara Frey Nicolás Ovando en la otrora Atenas del Nuevo Mundo. Con casi la pericia y astucia con la que Antonioni nos hace testigos de la vulnerabilidad de la técnica fotográfica y cinematográfica, en su monumental <em>Blow Up</em>, Frank-Ramón-Ramírez, sin darse cuenta, nos pone en evidencia que el escritor-escribidor, haciendo todo lo contrario de lo que debería hacer (¿escribir?), logra darnos una visión de conjunto de toda una generación que, como las palomas de las plazas seguirán siendo “tema de fondo, una metáfora incomprensible, extras mal pagados”, perdidos en el mundo de los espejismos.</p>
<p><em>Esta cafetería la hice para mí, todo el que aquí habita es un extra, simple presente que no participante. Starring: Yo, sentado, pensando</em><em> que me miro pensarme. También un sólo espectador: Yo, parado, un espectador que no cuenta con los hilos necesarios, para entender esta trama salida de la mente febril de un postmoderno latinoamericano</em><em>… </em>Pág. 79</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/07/la-verdadera-historia-cultura1.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-2857" title="la verdadera historia cultura" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/07/la-verdadera-historia-cultura1-194x300.jpg" alt="" width="194" height="300" /></a>¿Y cómo le sale la novatada al escurridizo poeta-narrador que tanto se ufana de ser ensayista, jardinero, sicólogo (jamás sociólogo en abierto enfrentamiento o cachondeo contra feministas y feministos)? No sé si lo descubre o se lo inventa: fusiona, urde, trama una estrategia que se vale de todos los infundios y artimañas. Las reglas, las técnicas, los recursos, los géneros y toda la preceptiva literaria, le valen forros. Igual le da escribir una novela en clave de cuentos o una cumbancha de vecinas que, entre sorbo y sorbo, pasan por sus lenguas todo el entrecortinado y los intríngulis de lo que nadie dice o calla en el vecindario entero. Como el venezolano Federico Vegas, debe haber llegado a la concreta conclusión de “que el cuento tiene que ver con el chiste y la novela con el chisme […] En los primeros sólo nos importa qué sucede, no a quien; hablamos de un cura, un campesino, un marido, y ninguno tiene rostro, ni nombre, ni pasado, ni futuro. En cambio, para un buen chisme es fundamental saber de quién estamos hablando, conocer algo de su vida, de sus triunfos y miserias”.<a href="http://mediaisla.net/revista/wp-admin/post-new.php#_edn6">[6]</a></p>
<p><em>…no, esa no es una de mis fantasías, yo le puse su saborcito al contarlo, pero así fue como pasó, más o menos, ven acá que tú y yo hace mucho&#8230; está bien, está bien… pero falta por contar lo sabroso del chisme, oye, cuando la jodienda estaba en sus buenas, María usó el dedo índice como enema, él se paró alarmado y dijo que no era maricón, ella le dijo que eso no era nada, que a Jon le gustaba y él respondió que era de esperarse que a Jon le gustara, ella comenzó a arreglarse, le dijo que Jon no era maricón, pero te juro que yo le vi la duda en la cara… </em>Pág. 97</p>
<p>Ni más ni menos. De los alrededores de esa premisa parten las cortantes y elusivas historias que dan vida y movimiento a <a href="http://www.lulu.com/shop/ram%C3%B3n-tejada-holgu%C3%ADn/la-verdadera-historia-de-la-mujer-que-era-incapaz-de-amar/paperback/product-12791533.html"><strong>La verdadera historia de la mujer que era incapaz de amar</strong></a>. Corpus, dentro del cual Olga, Marión, Ernesto, Alana —como la Maga y Olivera—, la apócrifa muralla que protege a la muralla de la Ciudad Colonial, las tortugas, las babosas, Frank, Ramón, René y el que te dije, aunque la mayoría de los lectores que se precien de inteligentes traten de encontrarlos en el mundo real y considerarlos alondras o poetas, siempre serán “palabras, detrás de las cuales no había nada”. Sólo una historia que cuestiona y se burla de su tiempo, su espacio y de nosotros, que nos creemos “parte del mundo real”.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-admin/post-new.php#_ednref1">[1]</a> Balaguer, Joaquín. <em>Guía emocional de la ciudad romántica. </em>Ediciones ALPA. Santo Domingo. (Impreso en Barcelona, España, en los Talleres Sirvensaje, octubre 1969)</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-admin/post-new.php#_ednref2">[2]</a> Risco Bermúdez, René del. <em>El viento frío</em>. Biblioteca Taller N°208. Taller, Santo Domingo, 1985.-</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-admin/post-new.php#_ednref3">[3]</a> Tejada Holguín, Ramón. <em>La verdadera historia de la mujer que era incapaz de amar</em>. Las edades de Alicia, mediaIsla editores, ltd. 1° edición, Miami, FL 2010.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-admin/post-new.php#_ednref4">[4]</a> Mir, Pedro. <em>Hay un país en el mundo y otros poemas</em>. Taller, 1982.-</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-admin/post-new.php#_ednref5">[5]</a> Tejada Holguín, Ramón. <em>La verdadera…</em><em> </em></p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-admin/post-new.php#_ednref6">[6]</a> Vegas, Federico. <em>La carpa y otros cuentos</em>. Alfaguara. Caracas, Venezuela, 2008.-</p>
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		<title>«A veces llovía en Chicago», ese río sin orilla donde fuimos alguien una vez</title>
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		<pubDate>Sat, 25 Feb 2012 13:35:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mediaIsla</dc:creator>
				<category><![CDATA[De vez en cuando]]></category>

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		<description><![CDATA[RENÉ RODRÍGUEZ SORIANO &#124; Gerardo Cárdenas aúna técnicas y artimañas narrativas con las cuales nos atrapa y nos pasea por tiempos de otros mundos, de otros sueños que sin lugar a dudas mantienen en vigilia permanente la maquinaria de la invención y del recuerdo Violentando casi todas las poéticas del cuento habidas y por haber [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/03/A-aveces-llovia-en-chicago-feature.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-6431" title="A aveces-llovia-en-chicago-feature" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/03/A-aveces-llovia-en-chicago-feature-300x128.jpg" alt="" width="300" height="128" /></a><a href="http://rodriguesoriano.net/">RENÉ RODRÍGUEZ SORIANO</a> | </strong><strong>Gerardo Cárdenas aúna técnicas y artimañas narrativas con las cuales nos atrapa y nos pasea por tiempos de otros mundos, de otros sueños que sin lugar a dudas mantienen en vigilia permanente la maquinaria de la invención y del recuerdo</strong></p>
<p>Violentando casi todas las poéticas del cuento habidas y por haber (la cantidad de palabras, lo del fin previsto de antemano o la contraposición entre lo ‘intenso’ y lo ‘extenso’, frente a la novela, y otras monsergas más), Gerardo Cárdenas urde un mosaico de tramas y memorias que se confunden, difuminan y entroncan hasta el punto de hacernos olvidar o recordar qué porcentaje de espejismo yace o subyace en lo que él cuenta o el lector infiere que ocurre en Chicago y sus alrededores. Sin que advirtamos la menor tensión entre el objeto real y el objeto imaginado, sus voces y personajes —creados frase a frase—, se desplazan por las calles, los bares, los estacionamientos y las oficinas invitándonos a viajar o a contemplar un universo que siempre estuvo ahí, pero que sólo pueden ver aquéllos que no se conforman con vagar distraídos y absortos ante los escaparates en serie del mundo ordinario. <strong>A veces llovía en Chicago</strong> (Vocesueltas, 2011), en cierto modo opera como un boleto de Primera para viajar más allá de las chatas fronteras que rigen y controlan las autoridades en las estaciones del metro, las paradas de buses o en los aeropuertos.</p>
<p>De ahí que el lector, mediante la adquisición de ese boleto se convierta en testigo de excepción de infinidad de acontecimientos que, partiendo de una oscura y pasajera mesa de cafetería; pasando por la más extraordinaria puesta de sol o la más absurda refriega entre espalderos, comilitones de funcionario o matones de oficio; hasta llegar a los predios de lo sobrenatural y misterioso, le permiten convertirse, además de espectador, en juez y parte de hechos tan aparentemente ciertos y significativos como la elección del presidente López Mateos en México, la llegada triunfal de Fidel Castro a La Habana o la aparición de una imagen de la virgen de Guadalupe en un barrio latino de la ciudad de Chicago. En cada uno de sus textos, el narrador acomoda a sus lectores frente a un microcosmo armónicamente organizado que reproduce en sepia o blanco y negro la especificidad del mundo. Nada es lo que parece, tampoco deja de serlo: la memoria es un inmenso baldío en el que conviven, se contraponen e indisponen fantasmas, funcionarios y un montón de contribuyentes de a pie.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/03/A-gerardo.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-6432" title="A gerardo" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/03/A-gerardo-300x209.jpg" alt="" width="300" height="209" /></a>En el conjunto de textos que conforman <strong>A veces llovía en Chicago. Cuentos migrantes</strong>, los personajes están siempre en movimiento; se permutan, van y vienen de un lugar a otro sin bregar con los odiosos papeleos de Migración o Aduanas, sin la sevicia artera de coyotes y tratantes, quienes —aunque la mayoría de veces no figuran en las fotos—, están ahí; se les percibe, se les huele y se nos deja saber que forman parte del agreste paisaje del mundo parcelado en el que nos ha tocado vivir. De repente, como suceden las cosas en el mundo real, en el “caldero lleno de historias en ebullición” contenidas en el libro de Gerardo Cárdenas, acontecen milagros, desgracias y lloviznas; la gente se agarra de los más insignificantes hilos para salvarse de la inclemencia del clima o de la prepotencia de los de la migra; los policías disponen y predisponen, casi siempre con fichas marcadas y el narrador, casi Dios o director del teatrino, va de un lado a otro como piloto o pasajero, prestándonos su ojo para —a través de él y no con él—, ver más allá de la mentada visión única o sueño de Newton del que hablara el poeta William Blake.</p>
<p>En este libro, artillado de múltiples lecturas y con una devoción confesa por autores de su tierra —como “José Emilio Pacheco, José Agustín, Carlos Fuentes, Juan José Arreola y muchos otros”—, Gerardo Cárdenas aúna técnicas y artimañas narrativas con las cuales nos atrapa y nos pasea por tiempos de otros mundos, de otros sueños que sin lugar a dudas mantienen en vigilia permanente la maquinaria de la invención y del recuerdo: la ciudad verdadera es la que habitamos dentro de sus textos, la otra, definitivamente, es un recuerdo, pura memoria. Y eso no sólo pasa con la ciudad de Chicago, sino con los caminos, los paisajes y los cuartos de hotel donde habitan y se encuentran o mueren los personajes que dan cuerpo y alma a cada una de las historias del libro; historias que, la mayoría de las veces, tanto por su extensión y por la estructura y la utilización de los recursos narrativos pudieran ubicarse dentro de los folios de la novela negra («Cartas del Istmo», pág. 23); la historia trocada («Relictus», pág. 107); el relato policial («Nuestra Señora del Puente», pág. 123). Otras, como «Gallito bravo» (pág. 11) y «La lámpara danesa» (pág. 231), resultan simplemente entrañables. Uno puede irse por ahí a contarlas por vistas, por vividas.</p>
<p>La grandeza de este libro está cifrada en la pasión y la devoción con las que el autor se volcó en sus páginas; este manojo de historias, escritas con coraje y excelente manejo de la lengua —dentro de esta inmensa Babel de indeferencia y mirar de medio lado—, se lee y nos permite, fuera de las oficinas del registro civil y sin lujo de detalles, leernos o encontrarnos en ese río sin orillas donde fuimos <em>alguien </em>en alguna parte, alguna vez. <strong>A veces llovía en Chicago</strong>, un libro hijo del “ocio, las malas compañías, y el amor”, además de sumergirnos en esa ‘fascinación de la ausencia del tiempo’ de la que hablara Blanchot, constituye un sólido alegato en defensa de la lengua, la familia, los amigos y sobre todo la sabiduría de aquéllos que ni siquiera saben cuánto saben ni por qué.</p>
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		<title>Rituales de la Bella pagana, un libro como el amor, caótico y desnudo…</title>
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		<pubDate>Sat, 28 Jan 2012 19:31:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[De vez en cuando]]></category>
		<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>

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		<description><![CDATA[Hay que leer este libro como un salmo en la misa del domingo, es decir, con goce y devoción. Sólo así podremos llegar a su último cielo. Por René Rodríguez Soriano&#124; © MEDIAISLA Yo no lo sé de cierto, pero presiento que el olvido es un camino angosto que se pierde en las furnias que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><strong><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/01/Rituales11.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-74" title="Rituales[1]" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/01/Rituales11-176x300.jpg" alt="" width="176" height="300" /></a><span style="color: #333333;">Hay que leer este libro como un salmo en la misa del domingo, es decir, con goce y devoción. Sólo así podremos llegar a su último cielo.</span></strong></em></p>
<p><span style="color: #333333;"><strong>Por René Rodríguez Soriano| © MEDIAISLA<br />
</strong><br />
Yo no lo sé de cierto, pero presiento que el olvido es un camino angosto que se pierde en las furnias que anteceden el anochecer; un arpegio de temblores que se les desgranan en las manos y en las sienes a los amantes minutos antes del ineludible adiós. El <strong>poema</strong>, sin embargo, es ese indescifrable e instantáneo brazo de mar que nos arropa y nos empapa y nos lava y nos limpia de un plumazo y de una vez de pelusitas, de esporas y la eterna ceguera de las oscuras claridades o la visión singular de Newton, con y sin bañador. Si no, preguntémosle a <strong>Fernando Valerio-Holguín</strong>, dónde arde más la llama o el deseo o la pasión. O si el poema es el poema o la teoría que lo funda o lo describe. O el poeta, la sartén, </span><span style="color: #333333;">el libro, la academia, los bares, la muchacha, el Edén o, simplemente, si es que en verdad nada Eva como ave sobre la piel de Adán. O si es el libro en sí, la piel que se desborda todo cuerpo, y se posa en los ojos que se los sorben y absorben todo carne, fruta o ciega sed.</span></p>
<p><span style="color: #333333;">Yo no lo sé de cierto, estoy seguro de que luego de leer <strong>Rituales de la Bella Pagana</strong>. Diálogos de amor (Búho, 2009), el lector no sale ileso. Si como dijo Barthes, “La regla es el abuso, la excepción es el goce”, el ritmo de lo que se lee y lo que no se lee en estas páginas asalta (y de que forma) el cuerpo de uno, hasta el punto en que ya no es posible distinguir cuál de los dos es el cuerpo objeto de lectura o de placer. ¿Qué decir de un libro y de un autor perdidamente gozones que tejen y entretejen un tejido que desborda los sentidos de placer y goce en toda su extensión? Dejemos que nos cuente el autor:</span></p>
<p><span style="color: #333333;">—<strong>Háblame de este libro, ¿con cuáles manos, desde qué cielo, piso, tundra o altiplano puede uno lanzarse con tal tino en pleno centro del cuerpo y del deseo?</strong></span></p>
<p><span style="color: #333333;">—<strong>Rituales de la Bella Pagana</strong> nació de la lectura de El Collar de la Paloma de Ibn Hazm; y así fue creciendo a retazos, un día sí y otro no, con diálogos escuchados en bares, con confesiones de amigos, con imaginadas razones de filósofos y poetas.</span></p>
<p><span style="color: #333333;">Si tuviera que definir este libro, lo haría citando las “Palabras preliminares” del mismo: “Éste es, de alguna manera, un libro-collage, caótico, como el amor, mitad dolor, mitad ficción, en el que cohabitan leyendas, mitos, rituales paganos celtas, koanes budistas, retratos y autorretratos de palabras, poemas y diálogos de amor.”</span></p>
<p><span style="color: #333333;">Para acceder al cuerpo de la Bella Pagana, que escapa continuamente, hay que leer este libro como un salmo en la misa del domingo, es decir, con goce y devoción. Sólo así podremos llegar a su último cielo.</span></p>
<p><strong><span style="color: #333333;">—¿Tiene alguna creencia o religión el amor, la pasión, el fuego, el deseo desnudo y suelto por los páramos de la angustia?</span></strong></p>
<p><span style="color: #333333;">—En el libro, el amor es religión, lo que “religa” al Pintor y al Poeta con la <strong>Bella Pagana</strong>, quien, en el centro del círculo de fuego, se erige como diosa. Ambos se consumen en el fuego de la pasión. Para el Poeta, “el amor es la única salvación”. Como Calixto, tanto el Pintor como el Poeta son <strong>la Bella Pagana</strong>, a<strong> la Bella Pagana</strong> adoran y en <strong>la Bella Pagana</strong> creen.</span></p>
<p><strong><span style="color: #333333;">—¿Sale ileso el poema, el poeta, la lengua o el lenguaje, y sobre todo, la aséptica preceptiva de los géneros?</span></strong></p>
<p><span style="color: #333333;">—Creo que el texto, la lengua y el autor se transforman a sí mismos en la escritura y la lectura, a la vez que transforman al lector. Este texto está escrito a contrapelo de los géneros literarios convencionales. Ni poema, ni cuento, ni novela, es todos a la vez, a pesar de y contra las preceptivas. Este texto funda su propio género.</span></p>
<p><span style="color: #333333;">—¿Y el lector, acaso deba despojarse de alguna vestidura o tara original?</span></p>
<p><span style="color: #333333;">—Este libro debe ser leído desde el cuerpo desnudo, con cada poro, cada pliegue de la piel. La voz, entonces, se hace carne, carne trémula. Leer este libro es, de alguna manera, intentar poseer el cuerpo de <strong>la Bella Pagana</strong>, que está hecho de esa materia blanda de los sueños, de aire, deseo.</span></p>
<p><strong><span style="color: #333333;">—¿Y el rotito de Barthes y los matices de Verlaine, cómo se multiplican en los viñedos y mandarinares de las tardes de la estepa?</span></strong></p>
<p><span style="color: #333333;">—Perdona que me cite tanto a mí mismo —pero ésa, supongo, podría ser una definición del estilo, cuando uno se cita a sí mismo—. Pero con respecto al erotismo a través del rotito en la tela al cual se refiere Roland Barthes, en uno de los poemas del libro se puede leer lo siguiente: “Y no quieren ser estas notas/garabatos ni ovejas/ni versos ni poema en la noche pensativa,/porque ya se habrán transfigurado en algo más:/el destello de tu carne que el guante roto revela,/¡oh tú, Pagana mía!”. En la carne expuesta a través del rotito encuentra el Poeta el erotismo y el poema como inminentes revelaciones.</span></p>
<p><span style="color: #333333;">Por su parte, Paul Verlaine, en su “Arte poética”, —y gracias por darme a conocer estos versos— expresa: “Así, el Matiz siempre busquemos./¡Siempre matices, el Color nunca!/Con los matices juntar podemos/sueños con sueños, música y música.” El hecho estético como revelación que no llega a manifestarse (Borges) se encuentra precisamente en los matices, en la insinuación. Nunca “decir”, sólo “sugerir”. A través de las ochenta páginas del libro, el Poeta y el Pintor deambulan por la vasta estepa solitaria en busca de esos matices y sugerencias la estética que exprese su amor por la Bella Pagana.</span></p>
<p><strong><span style="color: #333333;">—¿Dónde empiezan y donde acaban sentimiento y conocimiento en las costas de la carne húmeda, encendida, deseada y deseante?</span></strong></p>
<p><span style="color: #333333;">—No existe oposición entre sentimiento y conocimiento, como se ha querido ver tradicionalmente. El amor es conocimiento. Sólo se llega a conocer lo que se ama. Los silogismos están inscritos en la piel de <strong>la Bella Pagana</strong>. Para tratar de ganar su cuerpo, el lector debe ser domador de palabras. A su empírica belleza el Poeta propone, entonces, una epistemología del amor. “El amor es conocimiento. Te conozco porque te amo. Te conozco en la piel. Te conozco en los besos, las caricias. Y como en el vino o la poesía, en ti he encontrado mi verdad”, le dice el Poeta a la Bella Pagana.</span></p>
<p><strong><span style="color: #333333;">—¿Y el académico y el gozón, dónde comulgan y se desencuentran?</span></strong></p>
<p><span style="color: #333333;">—Como siameses irreconciliables, con dos cabezas y dos corazones distintos, los dos Fernandos discuten y luchan hasta el amanecer en la prosa o el verso. Uno agoniza, en el aula, en la solemne conferencia y en incesantes aburridas reuniones del claustro, mientras el otro se va a los bares a beber grandes tragos de tafiá y a fumar cigarros de las islas y a escribir versos tristes en pedazos de servilletas. Uno se va de viaje mientras el otro se queda. Uno desea lo que el otro tiene; y cuando lo consigue no se conforma, en el presente o el pasado, del aquí/entonces, del allá/ahora. Sólo en la poesía —prosa o verso— logran reconciliarse los dos.</span></p>
<p><strong><span style="color: #333333;">—¿Y entre el Paraíso y el Infierno occidentales?</span></strong></p>
<p><span style="color: #333333;">—El tan anhelado Paraíso puede ser también un infierno. Para el poeta y el pintor, la búsqueda de la felicidad a través del amor es un síntoma, pero un síntoma que es gozo al mismo tiempo: Croce e delizia al cor, como canta Violeta en La Traviata.</span></p>
<p><span style="color: #333333;"><strong>La Bella Pagana </strong>es el Paraíso: “¿Quién que no haya sospechado al final de tus muslos el Paraíso&#8230;”; y es también el Infierno: “Si algún día pudiera deshacer el malentendido de/ nuestro amor —porque el amor no es más que un/malentendido— me comería todas las frutas del/Paraíso con tal de salvarme en su cuerpo”.</span></p>
<p><span style="color: #333333;">En Rituales de<strong> la Bella Pagana</strong>, la frontera entre Paraíso e Infierno es muy frágil.</span></p>
<p><strong><span style="color: #333333;">—¿Es la bella pagana la cosa en sí o la cosa para sí?</span></strong></p>
<p><span style="color: #333333;">—<strong>La Bella Pagana </strong>es la “cosa en sí”, es la belleza, el conocimiento, el deseo, por tanto, inasible y misteriosa. Sólo podemos tener una premonición de lo que ella es. De ahí que el Filósofo, el Poeta y el Pintor se afanen en representarla, traten de asirla constantemente. <strong>La Bella Pagana</strong> siempre se escapa; nunca será la “cosa para nosotros”.</span></p>
<p><strong><span style="color: #333333;">—¿Y Fernando Espejo, se pinta, se piensa, se escribe o se refleja en las aguas del olvido o del deseo?</span></strong></p>
<p><span style="color: #333333;">—Como ante un autorretrato, Fernando Espejo se piensa y se escribe en “las aguas del deseo” —para citarte—, pero no vive la vida. Como el Viejo Filósofo, piensa que “debería llorar en una escala pentatónica su incapacidad de poder comerse la naranja, de creer en Dios, compadecerse del mendigo o de amar a esa Joven Pagana de piel broncínea”.</span></p>
<p><strong><span style="color: #333333;">—Y para concluir, tres koanes de este pupilo de lector perdido en un arpegio de temblores y de asombros ante el ardid de una pantera que se queda, habitando en el recuerdo y en las manos, llena de música: ¿Cuál es la esencia del deseo? ¿Qué es el poema? ¿Por qué escribe, pinta o existe el poeta, el pintor y el filósofo?</span></strong></p>
<p><span style="color: #333333;">—El deseo no tiene esencia, es fundador e infinito y como tal inasible, en la voz y la mirada. Todo deseo nace de una carencia. Cuando crees haber logrado satisfacer un deseo ya estás deseando de nuevo. Asimismo, el poema es deseo concretizado en palabras, por lo tanto carencia. El Poeta, el Filósofo y el Pintor están condenados a repetir sus deseos en sus obras, a causa de una carencia, pero sin llegar a alcanzar la justa medida. Creo con Lacan que los tres, cuando aman, piensan, escriben o pintan dan lo que no tienen, lo que les falta.</span></p>
<p><strong><span style="color: #333333;">Fernando Valerio-Holguín Básico</span></strong></p>
<p><span style="color: #333333;">La Vega, RD 1956. Poeta, narrador, ensayista y docente universitario. Estudió literatura latinoamericana en la Universidad Autónoma de Santo Domingo y se doctoró en la Universidad de Tulane. Actualmente, es profesor de literatura y cultura afrocaribeñas en Colorado State University. Ha publicado sus cuentemas, prosemas y ensayos en revistas, periódicos y antologías de la <strong>República Dominicana</strong> y del extranjero. Ha publicado: Viajantes insomnes (1983), Poética de la frialdad: La narrativa de Virgilio Piñera (1996), Arqueología de las sombras: La narrativa de Marcio Veloz Maggiolo (2000), Memorias del último cielo (2002), Autorretratos (2002), Café insomnia (2002), Las eras del viento (2006), Banalidad posmoderna: Ensayos sobre identidad cultural latinoamericana (2006) y Presencia de Trujillo en la narrativa contemporánea (2006). Los huéspedes del paraíso (2oo9) y <strong>Rituales de la Bella Pagana </strong>(2009). [René Rodríguez Soriano]</span></p>
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		<title>Otilia Umaga, la mulata de Martinica, yegua de agua, sublime…</title>
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		<pubDate>Sat, 28 Jan 2012 19:19:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mediaIsla</dc:creator>
				<category><![CDATA[De vez en cuando]]></category>

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		<description><![CDATA[RENÉ RODRÍGUEZ SORIANO &#124; Un libro envolvente, mágico transparente y evocador, cosido de reflejos y señales, tan relámpagos, tan luz que, luego de su lectura, ningún lector indudablemente vuelve a ser el mismo. Ésta no es la historia de Erick al fin y al cabo &#124; que a los treinta años ya no era marinero &#124; [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/06/Otilia-umaga-portada.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-2359" title="Otilia umaga, portada" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/06/Otilia-umaga-portada-191x300.jpg" alt="" width="191" height="300" /></a><strong><a href="http://rodriguesoriano.net/">RENÉ RODRÍGUEZ SORIANO</a> | Un libro envolvente, mágico transparente y evocador, cosido de reflejos y señales, tan relámpagos, tan luz que, luego de su lectura, ningún lector indudablemente vuelve a ser el mismo.</strong></p>
<p><em>Ésta no es la historia de Erick al fin y al cabo | que a los treinta años ya no era marinero | y vendía arenques noruegos en su tienda de Fort Liberté | mientras la esposa de Erick madam Suquí | rezaba a Legbá y a Ogún por su hombre blanco | rezaba en la catedral por su hombre rubio. </em><strong>Tomás Hernández Franco</strong>, <em>Yelidá</em></p>
<p>Lidia Barugel se vale de la magia y del encantamiento para colgarnos de un lienzo a través del cual, con trazos insinuantes y casi invisibles, desmadeja semejanzas y desemejanzas en las vidas de mujeres tan parecidas y disímiles como la luz de cada día. <strong>Otilia Umaga, la mulata de Martinica</strong> (Nuevohacer, 2009), deviene en algo así como una historia de guiños y esguinces, de amagar y no dar, de aludir y elidir, deslindando vastos territorios entre lo real maravilloso y lo real deseado; un viaje fascinante del mar y la sangre, del mismo centro del Caribe a Senegal, mezclando razas, deidades y linajes; lecturas, vadeos, aproximaciones, conjunciones y vaivenes: Borges, Carpentier, Hernández Franco y <em>Las mil y una noches</em>, entre cientos y cientos de espejos que nos miran y, sin fisuras, nos devuelven una imagen tan autónoma y capaz de introducirnos en otras cientos y cientos de historias que a su vez generarían otras cientos y cientos de infinitas lecturas.</p>
<p>Es una trama espejeante, llena de luces y matices claros, definidos: África, el Caribe, España, Francia, Bélgica y <em>los cielos tensos de Van Gogh</em>. La historia de Erik, su descascarada bicicleta, su grapa y su sed tan ancha y tan redonda como sus apetecidas y lentamente degustadas bolas de queso de cabra. La historia del capitán Francis Guillot y su trasiego de esclavos hacia los algodonares del Caribe; su nave, su montura, sus monturas y la misma sed frente al espejo <em>cóncavo con marco de madera dorada a la hoja, con cuatro colibríes tallados en cada ángulo</em>, el mismo que pauta el principio y el final de esta historia de historias.</p>
<p><strong>Otilia Umaga, la mulata de Martinica</strong>, como el mar de ríos que desembocan en <em>Las mil y una noches</em>, está escrita en clave de afluencias, embocaduras y desembocaduras. Vidas que confluyen, se entrecruzan y luego viran a seguir sus propias sendas. Erik, como Scherezade, sabe que mientras más prolongue el final de su accidentado relato de la llegada del espejo a <em>La Estrella de África </em>en Nambasha, <em>un pueblo perdido de Senegal</em>, más se alongará la espera, la ilusión, el deseo de coronar su sueño.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/06/Otilia-Umaga-la-mulata-1.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-2363" title="Otilia Umaga, la mulata 1" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/06/Otilia-Umaga-la-mulata-1-185x300.jpg" alt="" width="185" height="300" /></a>Mara, sin embargo, con un celular sin baterías y un bolso casi lleno de ausencias y de olvido, vino de Brasil tras los <em>pasos perdidos </em>de sus progenitores, de sus raíces; sin ambición alguna de convertirse en redentora de la mestiza negritud del otro lado del mar. Venía podrida del cansancio, tal vez urgida por la luz o por el casi afónico rugir de los tambores, a lavarse por dentro y a encontrarse con su yo que, desde aquellos revueltos días de los baños del internado, se debatía en los difusos catecismos con los que la reconvenía y amonestaba Sor Tierna Ambrosía. Y nos lo cuenta mientras escucha y casi quiere hacer que Eric culmine de una vez y le narre hasta el final:</p>
<blockquote><p><em>Ella le contaba de los candomblés y de las ofrendas floridas a Iemanjá en las playas del mar de Bahía, y Erik de los bellísimos jardines de Ámsterdam ocultos entre casas angostas y redes y canales. Ella le describía a media voz qué eran las macumbas blancas, los Orixás y los rituales de iniciación en los terreiros; él hablaba de los cielos tensos de Van Gogh y de sus manos que volaban como pájaros sobre la tela… </em>Pág. 19</p></blockquote>
<p>Entonces, de la manga o del sombrero de copas, Erick saca a Blanca Conjetura, la sevillana que, a cambio de una abultada dote, adquiere el capitán Guillot para blanquear su indeseable zarandeo de negros de África a las islas. Y toda una nueva ría de sumisión y misoginia, en un terreno pantanoso donde la fusta del capitán es ley y constitución que se propaga y se defiende a horca y cuchillo. Y Mara escucha, apura de la grapa que generosamente Erik le escanciaba, <em>convencido de que avivar su curiosidad era retenerla.</em></p>
<p>Nítido, esa misma es la estrategia que, con muy buenos réditos, ocupa Lidia Barugel: dosificar espacio, tiempo, recursos y laberintos; conducirnos por la pista, con toda la cadencia y galanteo con los que se pasean los oficiantes de una rica bomba, plena o carabiné, urgidos y ansiosos, hasta final de la pieza: vacilarnos, coronarnos. Como si dijéramos: llegar a Pensacola, después de conducir de sur a norte y de este a oeste toda la franja ancha del estrecho y largo territorio de Florida.</p>
<blockquote><p><em>Fue justo en ese momento en que el hastío ya lo estaba por quebrar en dos mitades, cuando la le vida le cruzó por delante a Otilia Umaga, la joven mulata oriunda de Martinica.</em> Pág. 80</p></blockquote>
<p>Y Otilia (hija de blanca y moreno), como la Yelidá  de Hernández Franco(hija de blanco y morena), <em>deshojada a sí y a no/ por éxtasis de blanco y frenesí de negro</em>, conturba y re-menea la polvorienta monotonía de Nambasha y sus alrededores; sitia y conturba las agujas de los relojes y las brújulas de la tierra de sus ancestros paternos, y hace que le nazcan nuevos bríos al capitán Guillot quien, para entonces, ya no era diestro al montar a su fiel Matamoros ni a la ya indócil Blanca Conjetura. En realidad, antes de la aparición de Otilia Umaga, Blanca había estallado en matices:</p>
<blockquote><p><em>La ignorancia es atrevida y cava su propia tumba, capitán Guillot. </em>Pág. 56</p></blockquote>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/06/Lidia-Barugel-la-mulata-22.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-2364" title="Lidia Barugel, la mulata 2" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/06/Lidia-Barugel-la-mulata-22-192x300.jpg" alt="" width="192" height="300" /></a>Y hay una fusión de sangres, territorios y nociones. Y aparece Justina, tan blanca y anodina como un manto que vela e insinúa el presentido rotito que mencionara Barthes cuando, precisamente, hablaba del placer y sus velados desvelos. <strong>Otilia Umaga, la mulata de Martinica</strong> (Premio Juan Rulfo 2008), con su cuidada e insinuante prosa es una excusa, un bajel a toda vela por las ardidas aguas de la sed y la pasión, a todo sol y a toda luz, a través del cual, Lidia Barugel —también autora del libro de relatos <strong>Amores de vidrio</strong> (Nuevohacer, 2007)—, hábilmente logra sumergirnos dentro de las sensaciones y matices que nadan y se esconden bajo la subyacente calma que late más abajo, en lo profundo, donde se presienten y casi ni se sienten las olas ni el deseo de los peces:</p>
<blockquote><p><em>Ven, acércate para que te monte, Matamoros, mulata de mi vida, ven a darme de beber, Otilia Umaga, mi alma, padrillo, yegua de agua… </em>Pág<em>.</em> 113</p></blockquote>
<p>…y el agua y los espejos y el Caribe y el <em>eterno retorno</em> a una tierra amplia y luminosa, donde los seres y las cosas se confunden y se funden en un abrazo de ensoñación y paz, nos convoca y congrega frente a un libro envolvente, mágico transparente y evocador, cosido de reflejos y señales, tan relámpagos, tan luz que, luego de su lectura, ningún lector indudablemente vuelve a ser el mismo.</p>
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		<title>¿Quién nos protegerá de los que nos protegen?</title>
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		<pubDate>Sat, 24 Sep 2011 17:59:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mediaIsla</dc:creator>
				<category><![CDATA[De vez en cuando]]></category>

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		<description><![CDATA[RENÉ RODRÍGUEZ SORIANO [mediaisla] Quién nos protegerá de quienes se empecinan en protegernos. En la palabra Oficial está todo el horror y la indignidad del odio y el oficio de la autosuficiente prepotencia del ultraje y la indiferencia.  Oslo, Noruega.- Centenares de personas se congregaron ayer en una iglesia de Nesodden, municipio a la orilla [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/09/Quien-nos-protege...7.jpg"></a><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/09/Quien-nos-protege.-portada.png"><img class="alignright size-medium wp-image-8003" title="Quien nos protege. portada" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/09/Quien-nos-protege.-portada-300x213.png" alt="" width="300" height="213" /></a>RENÉ RODRÍGUEZ SORIANO </strong>[<a href="http://mediaisla.net/revista">media<strong>i</strong>sla</a>] <strong>Quién nos protegerá de quienes se empecinan en protegernos. En la palabra Oficial está todo el horror y la indignidad del odio y el oficio de la autosuficiente prepotencia del ultraje y la indiferencia.</strong><strong> </strong></p>
<p><strong>Oslo, Noruega.-</strong> <em>Centenares de personas se congregaron ayer en una iglesia de Nesodden, municipio a la orilla del fiordo de Oslo, para despedir a <strong>Bano Rashid</strong>, una chica de 18 años de origen kurdo, víctima de la matanza perpetrada hace una semana por el extremista Anders Behring Breivik en la isla de Utoya. La adolescente, de largos cabellos castaños, llegó en 1996 a Noruega huyendo de Irak con su familia, en busca de seguridad.</em><strong> AFP</strong>,<strong> </strong>sábado 30 de julio de 2011.- </p>
<p><strong>Santo Domingo, RD</strong>.- <strong><em>Francisco (Francis) Núñez</em></strong><em>. Trece años y algunos meses de edad. Campeón Nacional Infantil Escolar en la modalidad de salto largo, corrió ayer por última vez en el Centro Olímpico. Un militar le disparó por la espalda con su fusil y le destrozó el corazón. </em><strong>El Sol</strong>, miércoles 27 de agosto de 1980.- </p>
<p>Con la pregunta como dogal de lodo seco apozada en la garganta me siento a ver cuando ya casi el rojo cruza las luces verdes, indicadoras de que no aparecerá ningún desaprensivo tren, y veo a Rebel soltar el auto azul. Los deja que rueden y rueden; que crucen domos y badenes, puentes, líneas ferroviarias, bosques y praderas plagadas de serpientes y caimanes. De un momento a otro, por alguna de esas leyes de la física o la gravedad (quién sabe), el rojo, que había salido con bastante antelación, ha dado tantas vueltas que casi empieza a pisarle los talones al auto azul que definitivamente tomó la delantera. El rojo, me dice, es mi favorito color. No bien termina de decirlo, saca de circulación el auto azul y me dice que prefiere ver una película o salir al sol, tal vez a comprobar si hay claros síntomas de comprensión o incomprensión entre los cuervos y las tórtolas por los alrededores de la laguna. También el green es mi favorito color, dice y se desentiende totalmente de las preocupaciones cromáticas y del mundo que se deshilacha afuera. </p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/09/Quien-nos-protege.....jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-8004" title="Quien nos protege...." src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/09/Quien-nos-protege.....jpg" alt="" width="270" height="203" /></a>Las ardillas van de un árbol a otro sin pagar peaje, sin que nadie revise si llevan cinto o quiensabequé artefacto oculto bajo su chaleco. Rebel —asumo yo— se devana los sesos por entender por qué tiene que sacarse sus relucientes zapatillas de Spiderman para cruzar por debajo de un arco que en nada le recuerda toboganes ni laberintos de los tantos que hemos compartido ante la indiferencia de los patos que nadan o caminan sin la previsión de que a cualquier rufián se le ocurra intoxicar las calmas aguas del estanque o abonar con alquitrán la grama. Él sólo quiere montarse en el avión; que éste alce el vuelo y que crucemos sobre el agua o la jungla (igual da) y que alguien nos recoja del otro lado sin que ni siquiera tengamos que golpear puertas ni ventanas. Cómo, me pregunto, se las ingeniaría El Gato Félix para cruzar con su utilitario maletín ante las agrias miradas de las cámaras y los antipáticos agentes de Inmigración. </p>
<p>El yellow es otro de los favoritos colores de Rebel; el yellow banana, el yellow escudo/corazón del Chapulín y el yellow mariposa. Jamás el yellow frenesí de Gru y su pandilla de villanos. Prefiere, y así lo hace constar, el orange amianto de los bomberos y del Rescue, que acuden presurosos con su bocina a todo tren por los retortijones del día. Y esa música pregunta, cuando escucha la sirena y se apresta a establecer las abismales distancias que separan los mundos del Guasón y Batman. Yo trazo curvas, rectas y líneas quebradas sobre una pantalla incierta con el predeterminado propósito de pintarle un puente seguro para cruzar de un lado a otro sin que, tan siquiera un poco, le distraiga el brillo incierto de una flor de poliestireno o plexiglás… Las arañas son buenas, me dice con tanta seguridad, como si tratara de desenmadejarme el intrincado hilo que me turba y conturba la calma y la paz desde que desconfío hasta de la propia palabra confianza, sus sinónimos y antónimos. </p>
<p><em>Quiero tejer un nido de gorriones</em>, intento afinar. Y me interrumpe. Canta <em>Thriller</em>, me dice y me sobrecoge, me arrincona y me arruga… tan sólo de pensar en tantos terroríficos matadores, traficantes que aterrorizan la noche, el aire y el día. Pero pienso en Borges y sus espejos. Negados, negadores; ya ni siquiera se molestan en demostrarnos que en nada nos parecemos a sus imágenes o a las imágenes que tenemos de nosotros. Quién nos protegerá de quienes se empecinan en protegernos. En la palabra Oficial está todo el horror y la indignidad del odio y el oficio de la autosuficiente prepotencia del ultraje y la indiferencia. <em>No canta quien tiene ganas sino quien sabe cantar</em>, le advierto y le hablo del Martín Fierro que, total le suena igual que el <em>nido de gorriones,</em> <em>la yerba que nunca ha sido pisoteada </em>o<em> Las mañanitas</em>.</p>
<p> <a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/09/Quien-nos-protege....3.jpg"><img class="alignright size-full wp-image-8005" title="Quien nos protege....3" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/09/Quien-nos-protege....3.jpg" alt="" width="300" height="250" /></a>Entonces pienso en Bertold Brecht y lo antepongo a Rambo, al Terminator, los buitres, la carroña y <em>el</em> <em>árbol que se la come…</em> Era más seguro el mundo antes del 9-11, me pregunto. Hago y deshago la respuesta que, de antemano, no responderé; mucho menos pensar en escribirla: el mundo que conozco nunca ha dejado de oscilar al borde. Esa fecha, en los engranajes rotos de un reloj que nunca tuve, apenas suma un episodio más de un espantoso filme que no hay manera de parar. Y vuelvo a Rebel, para mirar desde sus ojos —sin falsos cromatismos ni aprensiones—, vías expeditas para transitar sobre la cuerda floja; él prefiere los rojos y amarillos de Miró, para nada le atraen los grises y el naranja turbio de <em>El grito</em> de Munch (entonces pienso en <strong>Bano Rashid</strong> y en <strong>Francis Núñez</strong>; el grito que les secó la risa y el vuelo antes y después de que las torres se desparramaran hacia adentro). Abro de nuevo el libro. Qué dice ahí, pregunta y le cuento lo que leo al margen: sobre sus bisabuelos dominicanos y peruanos, a quienes nunca ha visto ni siquiera en foto. Pienso en Piglia y en los mecanismos del recuerdo; pienso en Tabucchi, sobre todo en su afán de extraer <em>lo existente de lo no-existente</em>, de relatar un mundo cada vez más <em>ancho y ajeno</em>; y lo invito a nadar <em>El fuego</em> de Manuel Valerio o las profundas aguas de Heráclito. Vuelve y se va. </p>
<p>Siempre me ha seducido la Babel de lenguas que se desmadeja, trota, empuja y aglutina por los laberintos de las terminales de los aeropuertos; me encantan los semáforos, las tórtolas y las cigüitas palmeras; odio la atrabiliaria pulcritud con la que te reciben o despiden los atildados oficiales de Inmigración y Aduanas. Sobre todo si voy en compañía  de Rebel y su acuarela repleta de preguntas y acertijos. Y, como si fuera algún personaje de Cabrera Infante o de Cortázar, hablando casi en glíglico o no sé qué, traduciendo una mixtura de lo que oye o lo que ve… Cuándo subimos en el avión, me pregunta. Y mira, se pierde en los destellos y parpadeos de pantallas, valijas e indumentarias. Ansía, sueña con llegar al otro lado. Ni sabe ni le importa qué dicen los noticiarios sobre Oslo, Somalia, Wall Street o el Polo Sur. </p>
<p>Ya dentro de cabina, intento sumergirme en las páginas de algún libro, un libro grande y ancho, con unas tapas negras, negrísimas. Qué haces me pregunta. Leo, estoy leyendo, le digo y creo que con ello sacio su curiosidad. Quiero leer también, me dice y se acerca. Qué dice aquí y le contesto cualquier cosa y entonces me pregunta ¿y aquí? Y le invento y le invento y, ante cada nueva invención, viene una nueva pregunta. Tienes que ajustarte el cinturón de seguridad, le digo. ¿De seguridad? Qué cosa es me pregunta. Trato de explicarle, pero nos interrumpe la sobrecargo de la aerolínea que trae un jugo amarillo y otro rojo y le digo que el amarillo es de naranja y me increpa, cuestiona y asegura. El de naranja es orange, no yellow; no puede ser. Estás seguro le pregunto. Por toda respuesta me muestra, ya ajustado, el cinturón. </p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/09/Quien-nos-protege...71.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-8007" title="Quien nos protege...7" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/09/Quien-nos-protege...71.jpg" alt="" width="266" height="200" /></a>Mi nieto, con una sintaxis muy particular, <em>sólo habla en líneas generales</em>. A veces sonríe; otras, mira de medio lado, como Pedro Navaja o El Sastrecillo Valiente. Dudo que tenga idea de cómo era el mundo antes de que rusos y estadounidenses llegaran a la luna; ni se entera, siquiera, de las radiaciones, bacterias, preservativos y colorantes de los alimentos. Le teme a las cosas vivas y enjauladas (conejos, mariposas y palomas). Quiero volver a casa, me mira y me dice tajante. No tiene certeza de la distancia que media entre el mañana y el ayer. Tampoco yo, enmarañado en la salva de mensajes visuales y auditivos que desde su cabina y a su antojo difunde y autoriza el capitán de la aeronave, puedo prefigurar la gama de matices ni la dimensión de una pena, que aún no se asoma a los ojos de Rebel. Mecesito (así lo dice) irme ahora. Y aunque no sabe, ni le preocupa qué forma tenía el mundo ni la que tendrá, está pendiente de apagar cuatro velitas con sus favoritos colores, cuatro o cinco días antes de la conmemoración del 9-11. I’d rather watch, me dice mientras empujo mis entresijos e interrogantes por el calendario y las aceras. | <strong><a href="http://rodriguesoriano.net/">RENÉ RODRÍGUEZ SORIANO</a></strong></p>
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		<title>Letras vueltas</title>
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		<pubDate>Sat, 27 Aug 2011 17:12:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mediaIsla</dc:creator>
				<category><![CDATA[De vez en cuando]]></category>

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		<description><![CDATA[RENÉ RODRÍGUEZ SORIANO [mediaIsla] De vez en cuando llegan, cosidos de aletazos e invenciones; gota a gota o en racimos, alborotando los buzones…y alborozando la ceguera de mis dedos que, de vez en cuando, sólo de vez en cuando, anidan o se enchivan en los separadores y en los márgenes de aquellos libros que jamás [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="http://rodriguesoriano.net">RENÉ RODRÍGUEZ SORIANO </a></strong>[<em><a href="http://mediaisla.net/revista">mediaIsla</a></em>]<em> </em><strong>De vez en cuando llegan, cosidos de aletazos e invenciones; gota a gota o en racimos, alborotando los buzones…y alborozando la ceguera de mis dedos que, de vez en cuando, sólo de vez en cuando, anidan o se enchivan en los separadores y en los márgenes de aquellos libros que jamás retornarán a ser de quienes los enviaron.  </strong><strong> </strong></p>
<h4><span style="color: #ff0000;"><strong>Los caminos de la infancia</strong></span><strong> </strong></h4>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/08/Letras-vueltas.-David-Cortes-Caban.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-7608" title="Letras vueltas. David Cortes Caban" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/08/Letras-vueltas.-David-Cortes-Caban-193x300.jpg" alt="" width="111" height="166" /></a>Los caminos de la infancia entroncan y se ensanchan en los cruces y entrecruces de los otros caminos (los de antes, los de entonces); David Cortés Cabán (Arecibo, Puerto Rico, 1952) lo sabe, escribe a todo puño, con los pinceles de la lluvia, una historia que, a la vez que se cuenta, nos cuenta y enumera detalle por detalle las afluencias y confluencias que nos separan y nos unen en estos pequeños accidentes sobre el mar que somos. <strong>Islas</strong>, más que un libro es un manual de agravios y desagravios del poeta errante, ése que se lee desde su propia camisa de exiliado: (“…en las calles de mi pueblo | la lluvia escribe mi historia | para que la infancia no pierda sus caminos | ni las casas queden desiertas.” Pág. 21). En su ir y venir, de un puente a otro, de una ciudad a otra, el poeta nombra y nos nombra, contando los árboles del huerto porque “nadie me ve llegar nadie me espera | solamente los árboles | no sé si aún me reconocen” (Pág. 61). David Cortés Cabán. <strong>Islas</strong>. Monte Ávila Editores. 1° Edición, Caracas, Venezuela, 2011.-</p>
<h4><span style="color: #ff0000;"><strong>Pájaros de oscuro vuelo</strong></span><strong> </strong></h4>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/08/Lasitud.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-7609" title="Lasitud" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/08/Lasitud-193x300.jpg" alt="" width="137" height="201" /></a>El poema es un potro suelto a todo trote por los páramos del día, sólo el poeta con mano diestra es capaz de domeñar la bestia y enrumbarla hacia otros vuelos; inducirla a rodar plácidamente por los precipicios del cielo, subiendo o bajando desde y hacia los toboganes de las nubes o los presentidos cantos de los ángeles y de las ánimas. Volar, ya de por sí es un prodigio reservado para escasos seres del planeta (niños, duendes, aves)… y Elsa, poeta que a su antojo tensa o afloja las riendas del vuelo para que el poema llame por su nombre a los seres y las cosas (las flores, las ventanas, los párpados y los acantilados), canta, nos toma de la mano y nos conduce al punto justo donde las palabras duelen y se duelen del que canta y de quien recibe la intensidad del canto. <strong><a href="http://www.alibris.com/booksearch.detail?invid=10879815175&amp;noworks=1&amp;query=lasitud+del+vuelo%2C+elsa+batista+pimentel&amp;qsort&amp;page=1">Lasitud del vuelo</a> </strong>(Mente Editorial, 2011) es una travesía de ida y vuelta, un conjunto de dolidas estampas que tocan al lector de forma tan particular, tan íntima: <em>Cada noche muere un pájaro en mis ojos,| en la desolación cansada de mis sábanas | </em><em>cada pájaro es un relicario. </em><strong>Pág.</strong> 16</p>
<p>Ya lo ha dicho Mallarmé: no se construye con ideas el poema (y Elsa Batista Pimentel lo sabe); nace de las palabras que lo dotan de alas y lo convierten precisamente en ese pájaro sin voz que si nos toca, nunca otra vez volveremos a ser quienes creímos ser ni quienes fuimos. En las páginas de este libro late y vive una mujer que, aunque “esté sola con su estatura” y “con el corazón abierto como un silencio ancho”, sabe el lugar preciso para decir bien dicho lo que sólo se puede decir con las palabras: <em>cada noche hay un pájaro menos en la risa.</em><strong>  </strong>Elsa Batista Pimentel. <strong><a href="http://www.alibris.com/booksearch.detail?invid=10879815175&amp;noworks=1&amp;query=lasitud+del+vuelo%2C+elsa+batista+pimentel&amp;qsort&amp;page=1">Lasitud del vuelo</a></strong>. Mente Editorial, Santo Domingo, RD, 2011.-</p>
<h4><span style="color: #ff0000;"><strong>Frialdad que desuella las almas</strong></span><strong> </strong></h4>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/08/Letras-vueltas-Los-muertos-no-suenan.jpg"><img class="alignright size-full wp-image-7610" title="Letras vueltas-Los-muertos-no-suenan" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/08/Letras-vueltas-Los-muertos-no-suenan.jpg" alt="" width="131" height="170" /></a>El antes, el ahora y el pudiera ser —en una vertiginosa huida-acercamiento, que a veces apunta a colisión o encontronazo—, se tantean, se entrecruzan y hasta amenazan con enfrentase, desvelar las costuras de un misterio tan viejo como el hambre y la miseria humanas. El narrador lo sabe, lo dosifica, tantea, toma aire y se yergue entre las sombras y continúa armando, urdiendo tropiezos y artimañas para que los personajes y el lector se enfrenten cuerpo a cuerpo en una historia o dos historias (hijas y hermanas de todas las historias que se funden y cobran cuerpo y estatura en las fisonomías de unos personajes melancólicos, cansados y curtidos por el desarraigo y la ausencia) que otras manos les pautaron. Y la muerte, guadaña en ristre, con una frialdad que desuella las almas, va adueñándose del barrio, de los callejones y solares (en una lengua y otra lengua, de uno y otro lado del charco), como premonición o sino que se arrastra o se hereda desde el principio de las cosas. Un texto breve, vertiginoso, articulado paso a paso para contar y adentrarnos en pleno centro de ese otro que somos cuando, precisamente, no nos dejan ser. Rubén Sánchez Féliz. <strong>Los muertos no sueñan</strong>. (Premio de Novela Letras de Ultramar, 2010). Editora Nacional, República Dominicana, 2011.-</p>
<h4><span style="color: #ff0000;"><strong>Lenguaje sin lengua</strong></span><strong> </strong></h4>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/08/Letras-vueltas.-Blanco-es-el-sueno.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-7611" title="Letras vueltas. Blanco es el sueno" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/08/Letras-vueltas.-Blanco-es-el-sueno-249x300.jpg" alt="" width="106" height="125" /></a>Negra es la luz más clara del fue fuego silente de los ángeles que reman en la orilla de la noche, sin palabras. El poema, lavado por la sed y el deseo se balancea en los balcones de los cuerpos mudos, mojados, del calor, de la piel. Lena Retamoso Urbano, la poeta, con un fino escalpelo va grabando temblores, miradas y pálpitos; en su <em>vientre el calor es un animal que se mueve alrededor del deseo</em>. Un lenguaje sin lengua se apropia de las lámparas y de los pájaros que vuelan de una boca hacia otra boca, el poema lo es todo, un territorio vasto y sin fronteras donde los cuerpos <em>se engullen como víboras golosas. </em>Lena Retamoso Urbano. <strong>Blanco es el sueño de la noche</strong>.<strong> </strong>Hipocampo editores, Lima, Perú, 2008).-</p>
<h4><span style="color: #ff0000;"><strong>León de mar y carnaval</strong></span><strong> </strong></h4>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/08/Letras-vueltas.-Ferryboat.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-7612" title="Letras vueltas. Ferryboat" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/08/Letras-vueltas.-Ferryboat-173x300.jpg" alt="" width="93" height="145" /></a>De Santo Domingo a Mayagüez, los cuerpos como peces se lavan y se restriegan las ganas en una delirante travesía que alborota flora y fauna, y compone, descompone y recompone los armarios y las estancias del poema. Bastante sabe el poeta de abalorios y ardides, tala y cincela la palabra con todo el desparpajo y tigueraje de ida y vuelta. Alexis Gómez Rosa, poeta substancial de la ciudad más vieja y pendenciera de estos lados del mar y sus marismas; desparpajado y lenguaraz, domeñador del grito y la estampida, dueño de la palabra y sus secuaces, viene y va con la espoleta suelta por los páramos de la lengua, lenguaje en ristre, para estrujarnos su decir sin circunloquios ni sonrojos. Todo sucede en el trayecto, hasta lo que no se dice y nadie ve. En este <em>Ferryboat,</em> <em>como un león de mar</em> <em>y un carnaval de pulpos y sardinas</em> el poeta nos lleva a todo trote por las noches de las islas más allá del deseo, hasta el cielo finito de las sábanas. Alexis Gómez Rosa. <strong>Ferryboat de una noche invertebrada</strong>.<strong> </strong>Editorial Gente, Santo Domingo, RD, 2010.-</p>
<h4><span style="color: #ff0000;"><strong>Que nadie salga ileso</strong></span><strong> </strong></h4>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/08/Letras-vueltas.-Mujer.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-7613" title="Letras vueltas. Mujer" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/08/Letras-vueltas.-Mujer-207x300.jpg" alt="" width="109" height="146" /></a>Lo único cierto es el grito. Lo demás son historias que bien pueden contar una historia que no conduce a ningún punto. Total, las historias no tienen porqué llegar ni conducir a ningún punto. Son historias y punto. Se cuentan o se leen siempre a la orilla de las horas, mejor aún cuando la autora se propone cuestionar la manía de convertir —como dijera Benedetti— al escritor en una especie de florero social. Nada que ver con aquello de que el sexo y el dedo del medio se confunden en tamaño y olor. En <strong>Mujer que viene</strong>, María Laura Fernández Berro cuenta, desestabiliza y reta al lector para que no salga ileso de su enfrentamiento cuerpo a cuerpo con el tejido del libro. Lo fantástico, lo absurdo y un cuidadoso manejo del lenguaje le dan tono y armonía a un conjunto de relatos que nos hacen aferrarnos a estas páginas hasta el final y esperar a la mujer que, según la autora, ha de venir. María Laura Fernández Berro. <strong>Mujer que viene</strong>. Ediciones Al Margen, La Plata, Argentina, 2009)</p>
<h4><span style="color: #ff0000;"><strong>La excelencia de la carne</strong></span><strong> </strong></h4>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/08/Letras-vueltas.-Carnecruda.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-7614" title="Letras vueltas. Carnecruda" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/08/Letras-vueltas.-Carnecruda-200x300.jpg" alt="" width="109" height="145" /></a>Acabo de dar cuenta de las 94 páginas de <strong><a href="http://www.lulu.com/product/tapa-blanda/carne-cruda/16520294">Carne Cruda</a> </strong>de Josecarlos Nazario (¡hubiera querido que fueran más!). Me llamó poderosamente la atención no solamente la variedad de recursos narrativos de los que hace galas el joven narrador en estos nueve relatos; es excelente, vasto, vastísimo diría yo, el registro de ambientes, puntos de vista y temas que aborda con soltura y una limpieza que ya quisieran para sí las Hijas de María&#8230; Sin sonrojos, he disfrutado <strong><a href="http://www.lulu.com/product/tapa-blanda/carne-cruda/16520294"><strong>Carne cruda</strong></a></strong><strong> </strong>hasta rabiar; además de resultarme una lectura placentera, valoro el hecho de que los textos de Josecarlos, aunque cuentan y toman vida en el ambiente del Santo Domingo actual, gozan de un excelente manejo de la lengua y se salen del manido tema o la jerga del jevitismo cultural. Enhorabuena, celebro este primer libro y espero nuevas cosas, nuevas rutas por donde, al leerlo, pueda leerme y encontrarme. Josecarlos Nazario. <strong><a href="http://www.lulu.com/product/tapa-blanda/carne-cruda/16520294">Carne Cruda</a></strong>. mediaIsla, 2011. USA.</p>
<h4><span style="color: #ff0000;"><strong>Palabras como gajos</strong><strong> </strong></span></h4>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/08/Letras-vueltas.-Palabras.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-7615" title="Letras vueltas. Palabras" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/08/Letras-vueltas.-Palabras-212x300.jpg" alt="" width="108" height="154" /></a>Todo puede ocurrir, perdida la mesura o el paraguas: volar a contramano, apagar el reloj y subirse a la lila más remisa o remar en los cielos de encendidos crespones. Cruzar el puente es lo de menos, sobre todo si uno sufre a menudo de vértigo o si es, sin remedio, el más audaz de los tímidos. Desnudo, sin el librito rojo o los escapularios, sin sotana; a verso limpio y sin resguardos, oyendo al verso torcer la melodía para decir, con las mismas palabras, el verdadero nombre de las cosas. <em>Todo puede ocurrir cruzando un puente</em>, si oficia Mari Cruz Agüera, tensando y destensando una a una las vigas: tirando las palabras como gajos. En realidad, no pienso el pez ni el agua pura donde se aman hasta morir los peces, siento el poema estremecido que me moja y redime de la chatura de un mundo amorfo, aplatanado y gris, que no ve más allá de la suela del zapato; llego hasta el puente para leer y leerme a medio tramo, mecido y seducido por las palabras y su ausencia, que son el poema. <strong><a href="http://www.lulu.com/product/tapa-blanda/palabras-para-tirar-del-puente/10799804">Palabras para tirar del puente</a></strong>. mediaIsla, 2010. USA.</p>
<p><span style="color: #ff0000;"><strong>De sables y naufragios</strong> </span></p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/08/Letras-vueltas.-Saga-d-N.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-7619" title="Letras vueltas. Saga d N" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/08/Letras-vueltas.-Saga-d-N-220x300.jpg" alt="" width="104" height="144" /></a>El poema es lenguaje y lengua cabalgando/copulando a campo abierto por los yaraguales del deseo y del placer; la sed, un guijarro tantálico en los territorios de la piel desnuda a plena luz del centro de la noche. Nadie como Enrique Noriega (Guatemala, 1949) para conducirnos sin tambalearnos por las más delgadas traviesas de ese puente tan relampagueante y tan luz que flamea en el poema. [“me importa un pito | el qué || me interesa el cómo” (…) “¿qué hace | san vicente de paul | de | blanco impecable | en el cromo | del almanaque?”. La daga, el estilete que cuestiona y descose las estiradas vestimentas de los funcionarios y los aguafiestas desde su enjundiosamente jocoso<strong> La saga de N cuerpo cansado en la libreta copulante del centauro </strong>que no se anda por las ramas a la hora desenmascarar de soplo al santo patrón de las sociedades de caridad y a los narcos. Un diccionario para reír y rabiar. Enrique Noriega. <strong>La saga de N cuerpo cansado en la libreta copulante del centauro</strong>. Ediciones del cadejo, Guatemala, 2006.-</p>
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		<title>ROBERTO MARCALLE ABREU: “He sido objeto de una grosera exclusión.”</title>
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		<pubDate>Sat, 30 Jul 2011 10:55:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mediaIsla</dc:creator>
				<category><![CDATA[De vez en cuando]]></category>
		<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>

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		<description><![CDATA[RENE RODRIGUEZ SORIANO &#124; “Creo que  existe una realidad muy torcida que pesa de manera descomunal sobre la creación literaria en el país. Que es como un fardo de truculencias, una espantosa carga de perversidad que oscila de manera peligrosa contra los que honestamente se esfuerzan con el propósito de estructurar una obra.”  Recuerdo la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/07/rmarcalle.-En-honor-de-Stella.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-7304" title="rmarcalle. En honor de Stella" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/07/rmarcalle.-En-honor-de-Stella-205x300.jpg" alt="" width="301" height="376" /></a><a href="http://www.rodriguesoriano.net/">RENE RODRIGUEZ SORIANO</a> | “Creo que  existe una realidad muy torcida que pesa de manera descomunal sobre la creación literaria en el país. Que es como un fardo de truculencias, una espantosa carga de perversidad que oscila de manera peligrosa contra los que honestamente se esfuerzan con el propósito de estructurar una obra</strong>.<strong>”</strong><strong> </strong></p>
<p>Recuerdo la vieja cafetería de Humanidades, los inolvidables derretidos del Colmado Tilza (que después degeneraría en El Almendrón), las tardes de serruchos largos para una pizza en La Cotica; ir caminando toda la José Contreras, desde la Jonas E. Salk hasta la Abraham Lincoln, y esperar hasta el sábado, que llegara <em>La Gaceta de Auditorium</em> con las discusiones sobre “Tel Quel”,  “Cinema Verité”, las teorías de Barthes, Todorov, la Morin, la Kristeva y demás sobre “los niveles del sentido” o simplemente los poemas de la tribu, llenos de pólvora y <em>olvido</em>. Ibámos a Macalé, donde Blasco y en Ágora, aprovechando en especial los que se salvaron del fuego, nos artillábamos con todo lo que salía del <em>Boom </em>y sus alrededores. En Ágora, precisamente, chamuscado, me cayó en las manos <strong>Las dos muertes de José Inirio </strong>(Taller, 1972), primer libro de cuentos de Roberto Marcallé Abréu, aunque la presentación del mismo (sucio y ahumado, como ya dijera y tipografiado con una rudimentaria máquina de escribir) careciera de atributos para anunciarme o advertirme de lo que me esperaba páginas adentro, me encontré con quizás uno de los relatos más terriblemente humanos de la narrativa breve dominicana: <a href="http://www.rodriguesoriano.net/rmarcalle/index.html">“Las pesadillas del verano”</a>. </p>
<p>Lo demás es historia, historia conocida o traslapada; más o menos como la que se infiere de la conversación que finalmente logro concertar con Marcallé Abréu para preguntarle, y lograr que me cuente, un poco o casi todo sobre la historia negra que desde hace tiempo se urde sobre el trabajo de autores que han preferido mantenerse al margen y distantes de las pasarelas y los puntos de repartos de lisonjas y prebendas. Podrá decirse que sus tramas, sus personajes y cuentos y novelas se urden y navegan en los más sordidos pasajes de la realidad y la ficción; podrá decirse quizás que el autor es uno de esos bocadura que se labran un espacio fuera de la faramalla y los aposentos del poder o que, sencillamente él escribe y describe, con un lapicito mongo, desde el mismo fango sin temor a las salpicaduras. Desde hace largo rato, sus textos merecen la atención y la fidelidad de un nutrido grupo de lectores plenamente identificado con el mundo que a fuerza de rigor y tesón se ha labrado Roberto Marcallé Abréu. </p>
<p><strong>ROBERTO MARCALLÉ BÁSICO</strong><strong> </strong></p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/07/rmarcalle.-Roberto-Marcalle-Abreu.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-7305" title="rmarcalle. Roberto Marcalle Abreu" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/07/rmarcalle.-Roberto-Marcalle-Abreu-300x199.jpg" alt="" width="277" height="173" /></a>Narrador y periodista, Santo domingo, 1948. Dos veces Ganador del Premio Anual de Novela: <strong>Cinco bailadores sobre la tumba caliente del licenciado</strong> (1979) y <strong>Las siempre insólitas cartas del destino</strong> (1999). Obras publicaddas: <strong>Las dos muertes de José Inirio</strong> (1972), <strong>El minúsculo infierno del Señor Lukas</strong> (1973), <strong>Sábado de sol después de las lluvias</strong> (1978), <strong>Cinco bailadores sobre la tumba caliente del licenciado</strong> (1978), <strong>Espera de penumbras en el viejo bar</strong> (1980), <strong>La comunidad dominicana en el exterior: El desarrollo de la década</strong> (1986), <strong>Esas oscuras presencias de todos los días</strong> (1998), <strong>Las siempre insólitas cartas del destino </strong>(1999), <strong>Sobre aves negras cortes de media luna y lágrimas de sangre</strong> (2002), <strong>Desdicha, enfermedad y muerte cortesía del señor Marcelino Ozoria </strong>(s005), <strong>Contrariedades y tribulaciones en la mezquina existencia del señor Manfredo Pemberton</strong> (2007), <strong>No verán mis ojos esta horrible ciudad </strong>(s009), <strong>En honor de mi muy querida Stella </strong>(2010). </p>
<p>—<strong>En un país signado por el relumbrón, el zigzagueo, las verdades a medias y esa necesidad casi imperiosa de estar a la diestra de quien “corta el bacalao”, ¿cómo sobrevive un escritor que urde y trama un mundo que dice todo lo contrario de lo que propala y defiende a rajatabla la manada del gremio que, acicalada, sorda y ciega, almuerza, cena y desayuna opíparamente de los condumios del poder?</strong> </p>
<p>—La misma palabra que utilizas, <em>sobrevivir</em>, creo que lo  enuncia todo. En realidad, no creo que exista un solo escritor dominicano que viva del oficio. Por lo menos, no conozco ninguno. Esa situación, creo, es la que ha provocado incontables distorsiones,  vínculos y lealtades discutibles con quienes disponen del dinero, de la influencia, del acceso a la mecánica del poder. Es fácil citar nombres y detallar situaciones deleznables, pero no vamos a descender a ese nivel salvo que eventualmente sea necesario. Los hay que han optado por adherirse a circunstancias y realidades que de alguna manera pueden calificarse como indecentes. Todo esto es <em>vox populi</em>. Creo que  existe una realidad muy torcida que pesa de manera descomunal sobre la creación literaria en el país. Que es como un fardo de truculencias, una espantosa carga de perversidad que oscila de manera peligrosa contra los que honestamente se esfuerzan con el propósito de estructurar una obra. Un atentado, diría, contra la posibilidad de que alguna vez obtengamos resultados auténticos, valederos, que sean reconocidos y admirados en todo el mundo. Que, por méritos propios, obtengamos no uno sino numerosos galardones internacionales. Opino con franqueza que existe un contexto de aprovechamiento, de privilegio, de exclusión y de maldad que de manera sistemática supone una amenaza viva contra los que sinceramente están dedicados a edificar esa obra trascendente. Es natural que quienes hayan optado por el aprovechamiento escandaloso, por el tráfico de influencias, por el enriquecimiento inocuo, por favorecer relacionados y socios, es natural, repito, que no vean con buenos ojos a quienes se encuentran al frente, aquellos que en definitiva quieren que los asuntos se manejen de otra manera. Y que procedan de manera expresa o encubierta, a hacerles daño,  desmoralizarlos, dejarlos fuera del juego. Si es necesario, entraremos en mayores detalles más adelante. </p>
<p>—<strong>El nombre del narrador Roberto Marcallé Abréu tiene una ligazón de larga data con el periodismo investigativo en la República Dominicana, ¿dónde se encuentran y se separan el autor de ficciones y el experimentado periodista que ha sabido radiografiar y exponer ante la opinión pública intrincados temas de la vida nacional?</strong> </p>
<p>—En los años en que trabajaba en el periódico <em>El Nacional</em>, abogaba y, en la medida de las posibilidades, hacía mis esfuerzos por escribir de una manera diferente a la tradicional, lo que en el periodismo clásico se denomina “pirámide invertida”. Lo que llamas “periodismo de investigación” en nuestra práctica, era, sencillamente, un intento de ahondar, de profundizar en los temas que se consideraban de interés general pero que no se correspondía plenamente con esa clase de periodismo que supone muchas otras variables y cualidades. </p>
<p>Esta manera de trabajar los asuntos de prensa, además de lo indicado más arriba, tenía otras ramificaciones. La más importante: que el lector se compenetrara con la información que se le estaba suministrando, que sintiera su trascendencia o intrascendencia. Que supiera interpretar los datos, las palabras. Que, en cierta forma, se sintiera involucrado, y asumiera una postura responsable. </p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/07/rmacarlle.Las-siempre-insolitas.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-7306" title="rmacarlle.Las siempre insolitas" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/07/rmacarlle.Las-siempre-insolitas-185x300.jpg" alt="" width="185" height="300" /></a>La diferencia entre lo periodístico y lo literario, radica en el contexto. Ambos, desde el punto de vista que he abordado, sugieren investigación, elección de palabras, escenarios, un estilo, alcanzar al lector, interesarlo, seducirlo, obligarlo a tomar parte de la historia. En la literatura, no obstante, hay una eficacia y un ámbito mayores porque se pueden usar un mayor número de recursos, los recursos que proporcionan la imaginación, la experiencia, el conocimiento de causa. En la literatura, hay un marco, un contexto, que, en alguna medida, uno controla y dirige. Y digo en alguna medida porque los escritores saben  cuanto esto significa en lo relativo a trama y personajes. No pasa así cuando se trabaja seriamente lo que llamamos información pública. Por momentos, las diferencias no se ven con claridad, pero sí existen, tropiezan, se desencuentran y es bueno y necesario que sea de esa manera, porque en definitiva se trata de asuntos disímiles, que confluyen  en algún momento y de la misma manera se distancian. </p>
<p>—<strong>¿Qué ventaja o desventaja tiene llamarse Roberto Marcallé Abréu dentro del canon de la narrativa dominicana moderna?</strong> </p>
<p>—La ventaja es que, de acuerdo con un criterio bastante generalizado, se me juzga como una persona que vive dedicada al trabajo literario, a la lectura. Que tengo en mi haber algunos libros que quizás sea preciso evaluar y juzgar con algún detenimiento, que no se pueden pasar por alto, pese a la indiferencia o al desdén de miembros del oficio que te miran con desdén. Quizás las opiniones de un número de intelectuales dominicanos, de escritores y pensadores, de varios críticos, opiniones que, dígase de paso, se han publicado a través de los años, sean parte de esa apreciación positiva, y yo lo agradezco en lo más profundo de mi alma. Principalmente porque no tengo el honor de conocer personalmente a muchos de ellos. ¿La desventaja? Bueno, creo que hay quienes dicen que yo estoy al margen de lo mediático, que no asisto a los eventos sociales, que me mantengo al margen, que no me reúno con nadie, que es como si no viviera entre nosotros o en este mundo y cosas así por el estilo. Que soy una isla. Esta es una opinión compartida por amigos y gente distante. No es exactamente así, pero si es como se quieren ver las cosas, qué le vamos a hacer. No voy a disgustarme por eso, ni lo voy a discutir. No soy antisocial ni asocial, nada de eso, ni vivo en una burbuja. Y no es cierto que me mantenga a distancia. Lo que en verdad ocurre es que no tengo mucho tiempo. Pero como todo tiene sus consecuencias, el problema que este decir arrastra es que, como yo estoy al parecer lejos de los ámbitos que frecuentan los del oficio, de sus luchas, de sus intereses y hasta de sus intrigas, lejos de donde se toman las decisiones,  lo mejor es ignorarme, excluirme, dejarme a un lado. Es como si dijeran: No podemos contar con éste. O ignorémosle. Es, en su medida, lo que ha ocurrido en los últimos años. He sido objeto de una grosera exclusión. Por suerte, no se habla de arrogancia, ni de insolencia, de altanería, nada de eso, porque todo el mundo sabe que no soy de esa manera, sino todo lo contrario. </p>
<p>—<strong>En tus relatos y en tus novelas, ¿dónde confluye o se separa lo real real de lo real deseado o ficcionado?</strong> </p>
<p>—Lo imaginado, lo creado o re-creado, debe alimentarse de la mayor dosis de realidad posible. De la mayor dosis de lógica posible. Sólo de esta manera es posible alcanzar un nivel de arte y de seducir a los lectores. Incluso, las creaciones más inconcebibles y hasta próximas al absurdo, desde el punto de vista racional, necesitan de ese asiento en la realidad. Parecerá paradójico, pero, para ser creíble, para ser lógica, la imaginación debe fundamentarse en la realidad. Lo que calificas como “real deseado” o “real <em>ficcionado</em>” es la orientación que se imprime a la anécdota, al hilo anecdótico. En este orden, todo cuanto conforma el cuento o la novela (el hecho en primer término, la caracterización, los eventos, los ambientes, el desarrollo que se produce en la situación hombre-hombre, hombre-circunstancias en el segundo caso, el discurrir dialéctico en cada oportunidad) debe encaminarse hacia ese propósito. Es como una formación integrada por numerosas variables interconectadas, todas ellas muy sensibles a las otras y cuya esencia y vínculo definen la totalidad o marcan la totalidad de cuanto podemos apreciar. </p>
<p>Pongamos de ejemplo un personaje, el señor Pemberton. Es un hombre agraviado por su realidad misma (la edad, los logros y fracasos de su existencia, sus alegrías y  tristezas y, de manera decisiva, el ambiente descompuesto que lo rodea, los abusos de que es objeto). Entonces, el personaje, que es un símbolo, debe asumir su destino, tomar una decisión. Sencillamente, o tolera cuanto le ocurre de manera resignada o se decide por enfrentar sus circunstancias. En definitiva, personaje y circunstancias, como planteaba Ortega, se integran en una sola realidad. Ahí tenemos la respuesta a tu cuestionamiento sobre lo real-real y lo real-deseado o <em>ficcionado.</em> </p>
<p>—<strong>Además de textos narrativos tienes publicados varios títulos dentro del género del ensayo, ¿cómo te sientes con eso de los géneros y en cuál terreno encuentras un mejor vehículo expresivo?</strong>           </p>
<p>—Si tuviera el tiempo y las posibilidades, me hubiera gustado trabajar en numerosos temas de ensayo. Por ejemplo, me hubiera interesado uno sobre el Servicio de Inteligencia Militar (SIM), su estructura, la intimidad de sus métodos operativos, sus fundadores, el carácter, la psicología de sus integrantes. Me hubiera gustado trabajar en el perfil, el carácter del pueblo dominicano y sus transformaciones digamos que en los últimos cincuenta años, una especie de continuación de algunos trabajos de Zaglul y Fernando Martínez, de una parte y reflexiones dispersas de Juan Bosch, Peña Gómez, Balaguer y Jimenes Grullón de la otra. Me hubiera gustado hacer un análisis pormenorizado de la forma en que se utiliza el dinero en una institución pública durante un periodo de tiempo. Hubiera sido muy inspirador hacer una investigación de lo que ha sido el destino del tesoro público, de las propiedades y recursos del Estado desde el 1961 hasta el 2010, lo que diferentes administraciones han realizado con ese patrimonio en esos años. Me hubiera sido muy estimulante escribir las biografías de muchos personajes dominicanos, tales como Duarte, el Arzobispo Meriño, Balaguer, Peña Gómez, Antonio Guzmán, Juan Bosch, Salvador Jorge Blanco. Son algunos proyectos entre muchos otros que me hubiera gustado abordar. En realidad, me apasiona el ensayo como género. </p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/07/rmarcalle.-Manfredo-Permento.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-7307" title="rmarcalle. Manfredo Permento" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/07/rmarcalle.-Manfredo-Permento-205x300.jpg" alt="" width="205" height="300" /></a>No obstante, debo decirte que hace muchos años decidí dedicarme a escribir novelas. Excepcionalmente ahora escribo cuentos y tengo en proyecto numerosos temas a desarrollar en este sentido. Sólo que reflexioné sobre la necesidad de emprender proyectos de envergadura en un género a mi juicio no tan abundante en el país, como es la novela. Es un serio desafío porque supone dedicación, entrega, mucha preparación, mucha corrección, mucha coherencia. Siempre he considerado que la literatura requiere de una actitud responsable, dedicada y en este sentido hace tiempo que definí con toda claridad mis metas. Es lo que he procurado hacer y cumplir durante toda mi vida. De novelas, tengo muchos temas a desarrollar. Espero culminar varios de ellos. En respuesta a tu pregunta, me gusta escribir novelas, pero me siento igual escribiendo cuentos y ensayos. El asunto es la pasión. Es la pasión que imprimes a cuanto haces. En ese sentido, soy una persona que, cuando escribo, me siento poseído por una pasión lo suficientemente intensa como vencer tantos obstáculos. </p>
<p>—<strong>¿Cuál ha sido tu experiencia con el mercado editorial dominicano? ¿Qué consideras que hemos conquistado, en qué punto está y cuánto falta para que entre el autor, el mercado y el lector haya un canal más expedito? ¿Te sientes cómodo con ser la mayoría de las veces tu propio editor?</strong> </p>
<p>—Mis experiencias en el mercado editorial han sido terribles. Conoces la situación de ese mercado y sabes que los libros nuestros, sin que importe el valor y el atractivo que posean, no se venden lo suficiente. La aventura de hacer un libro es toda una experiencia que en la mayoría de los casos, resulta complicada, interminable, y en ocasiones muy desagradable. La parte más compleja y difícil es darle forma, darle vida a la obra. Es un ámbito en el que se alternan algunas satisfacciones y mucho sufrimiento. Luego, viene la corrección que es un capítulo que exige una dedicación brutal, que exige demasiado trabajo y muchos cambios y el asalto permanente de las dudas, porque el autor nunca se siente del todo conforme. Concluida esta parte (que en realidad nunca concluye), debemos enfrentar el hecho de concretar el libro. No se puede contar con editoriales o editoras, que no tenemos. Simple y llanamente, si tienes el dinero puedes hacer el libro, si no lo tienes, no puedes hacerlo. Quizás recibas el respaldo del Estado, pero para eso debes tener relaciones, ser uno del equipo. Algunos escritores se han diligenciado el apoyo de funcionarios que les ayudan a publicar, pero creo que eso no es tan frecuente, aunque hablo de oídas. Aparte de la corrección personal, es importante la revisión de un corrector profesional, sólo que esos técnicos  cobran una fortuna. Luego está la composición que es otro vía crucis y finalmente la tirada, la terminación. Todo eso supone gastar mucho dinero, dinero que uno sabe que el libro no te va a producir. Entonces, hablamos de una suma de sacrificios y amarguras sin cuento.  Hubiera deseado que muchos de los libros que he publicado fueran de mayor calidad. Espero lograrlo en el futuro y en este sentido debo decirte que planeo publicarlos todos, uno tras otro, debidamente corregidos y hasta mejorados, como indiqué más arriba. El problema es que, si hubiera esperado, la mayoría de esos libros no habrían visto la luz. Nunca he poseído ni el suficiente dinero ni las relaciones. Y el libro tiene también su momento de nacer. De eso es que se trata. Es un imperativo que tiene que ver directamente con el escritor. Si un libro no ve la luz en un determinado momento, el daño que puede sufrir quien lo ha escrito puede ser irreparable. Igual suerte puede correr la obra. Deseaba decirte finalmente que editar un libro, en las condiciones en las que me ha tocado hacerlo, es una de las empresas más solitarias, más amargas y más frustratorias que se puede imaginar. </p>
<p>—<strong>La escasa crítica o reseña de libros en el medio, normalmente te sindica como un autor de temas álgidos, a los que muy pocos —pocas veces— se arredran a meterle el diente, ¿qué hay de cierto en ello?</strong> </p>
<p>—Hay mucho de verdad en eso. Todos mis libros de una forma u otra son un cuestionamiento. Un cuestionamiento que surge de nuestros limitados niveles de desarrollo, de nuestra pobreza, de la vida tan agria que vivimos, de los abusos sin límites de que es objeto la mayoría de la gente, de nuestra impotencia, de la degradación creciente que nos disminuye en todos los órdenes, del cinismo de la clase dirigente y de la clase política, de la bajeza y la codicia de aquellos que se aprovechan y  venden su conciencia por un plato de lentejas, de la ausencia de metas, de propósitos superiores, de fines encomiables. ¿Acaso no es ese el papel de las artes? Para  algunos, los temas en discusión  son “temas álgidos”. ¿Por qué lo son? En honor a la verdad, hay un temor muy extendido. ¿A qué le tienen miedo? ¿A quiénes les temen? ¿A quienes les conceden privilegios, a quienes les pagan montones de dinero sin trabajar, a quienes les financian los viajes y les resuelven problemas económicos y de toda índole, a quienes les enriquecen? Si esos críticos o escritores que se niegan a incursionar o debatir ciertos temas les parece muy cómodo mantenerse al margen, allá ellos. Que se queden con el tema de Trujillo (desde sus ángulos menos trascendentes, los más frívolos o superficiales), o que permanezcan discutiendo sobre el sexo de los fantasmas que residen en la estratosfera. Que sea, pues, su propia conciencia la que dicte si cuanto hacen es digno o no. Que se cuestionen a sí mismos cuando se miren al espejo. Es en ese lugar donde tropezarán con las mejores respuestas. Lo definitivamente cierto es que  esa gente irresponsable jamás trascenderá. Serán sepultados por el tiempo y nadie se molestará en recordarlos. Aunque creo que a esa gente lo que se llama trascendencia les importa muy poco. Están muy entretenidos y divertidos con el disfrute de los privilegios que les conceden como pago a su renuncia, a la adulonería, a su desparpajo moral.</p>
<p> No obstante, debo decir que a pesar de los temas que trato en mis textos, muchos intelectuales, muchos escritores, algunos críticos, han actuado con mucha profesionalidad y se han referido a éstos de manera franca y objetiva. Son una minoría, ciertamente, pero sus voces poseen mucho peso y creo que con eso es suficiente.  No se puede, en un ambiente tan descompuesto como el que vivimos, pedir más. Esas personas a las que me refiero representan tanta integridad que su sola existencia realmente debería colmarnos de orgullo. Con ellos es suficiente, lo repito. </p>
<p>—<strong>Podría plantearse como una ruptura o una especie de pausa en tu acuciante búsqueda y escarceo entre los albañales del proceso de desarrollo que vive la nación dominicana la publicación de En honor a mi muy querida Stella, precisamente ubicada en el mismo centro de la tetralogía que iniciaste con <strong>Contrariedades y tribulaciones en la mezquina existencia del señor Manfredo Pemberton</strong> y <strong>No verán mis ojos esta horrible ciudad</strong>?</strong> </p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/07/rmarcalle.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-7308" title="rmarcalle" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/07/rmarcalle-300x199.jpg" alt="" width="300" height="199" /></a>—La novela <strong>En honor a mi muy querida Stella</strong> no es  una ruptura de lo que calificas como “acuciante búsqueda entre los albañales”, de lo que llamas <em>proceso de desarrollo</em> y que yo calificaría como <em>de inversi</em><em>ón</em> que vive la nación dominicana. Es una pausa en un sentido: mientras escribo un texto demasiado extenso, con docenas de personajes y situaciones en el que resulta terriblemente agotador mantener la continuidad, la coherencia, la unidad, porque eso es lo que exige el buen sentido para un trabajo de esa índole, me procuro una especie de respiro para retomar la historia con otros personajes y situaciones en apariencia o un tanto al margen de los de la trilogía. Sólo que si meditas con detenimiento cuanto ocurre en esa novela, te darás cuenta de que es otro ángulo de ese mismo ejercicio, es otro lado de la misma realidad tortuosa y torcida que estamos padeciendo. Los personajes de <em>Stella</em> son gente atrapada, degradada, que se debate en ambientes sórdidos, sus vidas están normadas por eventualidades peligrosas y anormales y su entorno es de desdicha y desgracia, aunque esto se presente desdibujado por un aparente disfrute que desconoce cualquier  límite, contención, escrúpulo o frontera. En definitiva vas a encontrarte con la misma   amargura y la sensación de derrota que por momentos  percibes en el señor Manfredo Pemberton. Puedes vislumbrar esa historia como una continuidad de <strong>El minúsculo infierno del señor Lukas</strong>, de <strong>Espera de penumbras en el viejo bar</strong>, <strong>Sobre aves negras, cortes de media luna y lágrimas de sangre</strong>, <strong>Estas oscuras presencias de todos los días</strong> y  <strong>Desdicha, enfermedad y muerte cortesía del señor Marcelino Ozoria</strong>. Se puede escribir profusamente en una existencia, pero en realidad algunos autores solo escriben un libro. Es lo que opino sobre autores como Paul Auster, como Raymond Chandler o Patricia Highsmith, para hablar, sólo, de escritores contemporáneos. Creo francamente que todos mis libros son un solo libro. Son las diferentes caras, los distintos capítulos  o manifestaciones de una realidad, los diversos  colores del espectro o, por lo menos, los más oscuros, sus intrincados matices. </p>
<p>—<strong>¿Cómo sientes el pulso de la narrativa dominicana actual? Algún texto en particular, autor o autores con las miras puestas en subvertir la Historia?</strong><strong> </strong></p>
<p>—Si se reflexiona en relación al trabajo literario actual se puede llegar a conclusiones  discutibles y hasta irritantes. He estudiado con una óptica reflexiva muchas de las obras que se han publicado en los últimos diez años y todas aquellas que han obtenido galardones literarios. Creo que cuanto está ocurriendo merece una reflexión cabal, porque, a mi juicio, debemos detenernos, analizar, retomar el camino. En principio, me parece que lo peor que está ocurriendo es la influencia nefasta de algunas personas que integran el estamento de poder vinculado con este quehacer. Ese estamento ha formulado compromisos al parecer muy profundos e insalvables con personas estrechamente vinculadas a ellos por razones de amistad, de sumisión, de propósitos que ni son santos ni son literarios. Entonces, lo que se promueve, estimula y en ocasiones se premia es un producto en extremo mediocre, superficial, vacío de contenido, carente de ciertos atributos. En segundo término, hay una insistencia en todo lo que tiene que ver con ciertas manifestaciones de la ignominia que nos agobia, pero desde un ángulo que presumo como de favorable y alegre exaltación. Eso resulta deleznable y malvado, aunque en realidad la postura se corresponde a la perfección con lo que evidencian estos falsos mecenas que usan nuestro dinero para sus fines aviesos y oscuros. En tercer término, encuentro que hemos dejado a un lado la técnica, no elaboramos adecuadamente ni personajes ni situaciones, descuidamos la anécdota, investigamos y estudiamos poco, apenas si corregimos y creo que estamos leyendo cada vez menos, lo que es verdaderamente grave. La última década literaria ha sido, para mí, una frustración con contadas excepciones que es mejor ni mencionar para evitar que les hagan todo el daño del mundo porque, créelo, hay personas dedicadas exclusivamente a este quehacer diabólico. Gente dedicada a tiempo completo a estos menesteres sórdidos, personas que cuentan con dinero e influencias, que han penetrado en todos los ámbitos literarios públicos y privados del país y no escatiman medios, que los tienen de sobra, para imponer su torcida visión de las cosas, para imponer sus amigos y hacerse a la vez de un prestigio y una notabilidad que les es imposible obtener de manera legítima. Por eso es que no hay una sola obra dominicana en las grandes librerías de Estados Unidos o Europa, por eso es que no hay obras dominicanas entre los títulos más vendidos en América o en los grandes países desarrollados. Si logramos encontrar una o varias obras de gran calidad, es casi seguro que ésta no procede de esos círculos de gente diabólica y, por eso, sus autores no dispondrán de los medios necesarios para acceder por lo menos al ámbito mismo de esos concursos. </p>
<p>Quería manifestarte, por demás que me preocupa el auge, con el auspicio del oficialismo, de tendencias literarias que exigen poco trabajo y menos dedicación, como si se pretendiera degradar más todavía el honorable quehacer literario. Además de estimular de manera descarada y sin enfado los más perversos <em>antivalores,</em> hay quienes están dedicados en cuerpo y alma a expandir la facilidad, la superficialidad, la degradación militante y la improvisación como el camino a seguir. Es un panorama vergonzoso. Y sombrío. </p>
<p>—<strong>¿Y la crítica, crees que vive su estación más crítica o verdaderamente se ejerce con criterio y responsabilidad en pro de destacar proyectar el trabajo de los escritores dominicanos?</strong> </p>
<p>—Sabes que la única crítica legítima que hemos tenido en los últimos veinte años es la que ha ejercido contra viento y marea Giovanni di Pietro, un intelectual como pocos, de  una honestidad y una preparación a toda prueba. Y Diógenes Céspedes. En ocasiones hay reseñas valederas como las de Luis Beiro y José  Rafael Sosa, las que realizan Miguel Angel Fornerín y García Cuevas. Quizás las de Pedro Conde, pero no tengo mucho acceso a ellas. Sabes que la crítica es un terreno minado que genera muchas enemistades y más en un ambiente como el nuestro donde hay tantas duplicidades e intereses. Sí, y tanta maldad y tanta perversidad, también, tantos privilegios, tanto <em>laborantismo</em>. Es difícil el papel de aceptar sobre tus hombros toda la enemistad del mundo en un medio de tan escaso reconocimiento y respeto como el que nos gastamos en la actualidad. Salvo excepciones, carecemos de una honrada y apta evaluación de cuanto se publica. La época en que Marianne de Tolentino, Josefina de la Cruz, María del Carmen Prodoscini y ocasionalmente y aunque de manera muy discutible Augusto Obando entre otros manifestaban sus criterios sobre los libros que se publicaban, quedó atrás. En otras palabras, estamos casi huérfanos. Y esa situación, significa y representa un atraso terrible para el desarrollo de nuestras letras. </p>
<p>—<strong>¿Qué opinión te merece la cada vez más reiterativa presencia de narradores dominicanos residentes en el exterior en las nóminas de los más renombrados premios que se otorgan en el país? ¿Algún texto o autor en particular?</strong> </p>
<p>—La presencia de narradores dominicanos residentes en el exterior en los últimos eventos literarios, me parece un tema para estudiar, para reflexionar. En principio, es natural que, en la situación de esos  jóvenes y algunos ya no tan jóvenes, exista esa imperiosa necesidad de creación que es, sencillamente, un fenómeno circunscrito a determinadas personas, pero que es una realidad elemental, universal. Es probable que por la propia situación especial de esos narradores, de su inmersión en una  atmósfera  cultural que supone tanta diversidad (principalmente en Estados Unidos), en contraposición con su propia cultura y la perentoria búsqueda y reafirmación de una identidad se produzca entonces una eclosión más potente, más decidida del fenómeno literario del que nos ocupamos. Es lógico que, cuanto se derive de esta suma de realidades sean creaciones muy auténticas, muy intensas, muy originales, incluso únicas en cuanto a personajes y situaciones en los que se siente el peso tremendo de las dudas, las indecisiones, la angustia existencial. A estas conclusiones es necesario considerar los esfuerzos oficiales, en este caso válidos, para estimular esa presencia. Creo que tu pregunta nos obliga a estudiar con más atención no el fenómeno de esa presencia en los concursos literarios, porque eso puede obedecer a otros motivos no siempre muy santos, sino al fenómeno en sí mismo. Por esa razón, he incluido entre mis presupuestos existenciales concederle toda la atención a esa eventualidad que, en principio, me parece tan prometedora como estimulante. </p>
<p>—<strong>Además de la conclusión de la tetralogía, de la cual llevas dos títulos publicados, en cuáles otros proyectos anda Roberto Marcallé Abréu? </strong> </p>
<p>—Estoy casi terminando el tercer tomo de la trilogía, cuyo nombre es <strong>La manipulación de los espejos</strong>. Tengo tantos proyectos a mano que abusaría de tu paciencia al mencionarlos. Me preocupa que ahora mismo no disponga del suficiente   tiempo para escribir, porque debo dedicar horas y horas a otras actividades que, lamentablemente, son  importantes y no puedo echarlas a un lado, soslayarlas, aunque deseos no me faltan. Te avanzo que, en ediciones individuales, corregidas, hago el esfuerzo por publicar cinco de mis primeros libros<em>: </em><strong>Las dos muertes de José Inirio</strong><em>, </em><strong>El  minúsculo infierno del señor Lukas</strong><em>, </em><strong>Sábado de sol después de las lluvias</strong><em>, </em><strong>Espera de penumbras en el viejo bar</strong><em> y </em><strong>Cinco bailadores sobre la tumba caliente del licenciado</strong>. Como manifesté al principio, está  la publicación del tercer tomo de la trilogía y en los meses por venir, verán la luz <strong>Memorias tardías (o sombrías) del general Rafael Leonidas</strong><em>,  </em><strong>Bruma de gente inhóspita</strong><em>, </em><strong>Las calles enemigas</strong><em>, </em><strong>Malos tiempos para los García</strong><em>, </em>Memorias post morten, cuentos y novelas. Debo decirte que estos son algunos de los proyectos, que hay más todavía. Pero haremos las celebraciones de lugar en la medida en que cada uno de ellos arribe a la luz y podamos hablar con los textos en las manos. Esperemos que sea en breve tiempo, si Dios nos lo concede.</p>
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		<title>Sucede cada año</title>
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		<pubDate>Sat, 29 Jan 2011 11:40:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mediaIsla</dc:creator>
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		<description><![CDATA[RENÉ RODRÍGUEZ SORIANO &#124; No se puede torcer el horizonte a pulso. Una paloma sola no pinta nada aunque el plumaje de sus alas intente lavarse en la cromática del arco iris. El mar siempre es el mar…  …cumplimos una jornada que empezó antes que nosotros &#124; y que no concluirá con nosotros. Jacques Viaux  [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/01/Sucede.-1.jpg"></a><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/01/AA-Sucede-2.bmp"><img class="alignright size-full wp-image-6438" title="AA Sucede 2" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/01/AA-Sucede-2.bmp" alt="" width="325" height="212" /></a><a href="http://rodriguesoriano.net/">RENÉ RODRÍGUEZ SORIANO</a> | No se puede torcer el horizonte a pulso. Una paloma sola no pinta nada aunque el plumaje de sus alas intente lavarse en la cromática del arco iris. El mar siempre es el mar</strong>… </p>
<p><em>…cumplimos una jornada que empezó antes que nosotros | y que no concluirá con nosotros. </em><strong>Jacques Viaux</strong><strong> </strong></p>
<p>A mis 20 años, me propuse un día llevar un diario. Cada noche anotaba todo lo que me ocurría durante el día. Eran los años de la universidad, nos creíamos con el derecho de deshojar margaritas en el Capitolio. John Lennon plantaba minas en los polos de la esfera, y en Vietnam las azucenas supuraban sorbitos de NAPALM. Más que en la multiplicación de los panes y los peces, nos aferrábamos a la linterna de unos ojos claros para cortar en dos las noches más oscuras. Algo así como la estampita milagrosa que se guarda como recuerdo de la primera comunión, o la contraseña del concierto al que, finalmente, asistimos para encontrarnos con alguien y no prestar atención ni a quien canta ni a lo qué canta&#8230; </p>
<p>No se puede torcer el horizonte a pulso. Una paloma sola no pinta nada aunque el plumaje de sus alas intente lavarse en la cromática del arco iris. El mar siempre es el mar, y uno viene y va de un punto a otro, con la incertidumbre de lo que dijo el Gabo que dijo su abuelo: “del otro lado no hay orilla”. El pasto, en cambio, nace y crece con el objetivo manifiesto de crear contradicciones entre el cartel y quienes lo desobedecen. Al final, siempre lo pisan; si no se lo engulle o lo empuerca el ganado que, en manadas, va sin rumbo fijo. </p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/01/sucede.jpg"></a><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/01/AA-sucede-11.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-6439" title="AA sucede 1" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/01/AA-sucede-11-300x300.jpg" alt="" width="292" height="291" /></a>Desde el principio de los tiempos, los seres y las cosas tienen su dignidad. Bombas y sandías, aunque se suicidan con idéntica resolución y brillo, tienen distintos pareceres. Un pétalo seco en la página 15 dice más que mil palabras. Los delfines son libres. Las piscinas son para lucir flores en el bañador, no para soltar delfines. Los estacionamientos, en cambio, sólo sirven para organizar los carros uno al lado del otro. Y las tortugas sólo pueden disfrutar su libertad en el lago o en la inmensidad del mar lleno de olas y de peces. Soy un lector de delfines que van de un seno a otro, de un ojo a otro ojo, consciente de que muy pocos cruzan más allá de la segunda quincena de enero con la agenda organizada día por día. </p>
<p>Sucede cada año, nos volvemos gelatina, nos deshacemos en promesas y dejamos que el tiempo se nos venga encima en esta fecha. Eso sí, antes de que el gallo cante, siquiera la primera vez; antes de que se apague el postrer vaho de los fuegos de artificio, ya andaremos ajustando nuestras caras de circunstancias para, sin mucho apuro, desmontar el arbolito, doblar y desdoblar bolsas y lazos, cajas y empaques y, sobre todo, estar a tiempo para desbarrancarnos de nuevo por las pendientes resbalosas del olvido.</p>
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		<title>Agua que no has de correr</title>
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		<pubDate>Sat, 27 Nov 2010 14:41:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mediaIsla</dc:creator>
				<category><![CDATA[De vez en cuando]]></category>

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		<description><![CDATA[RENÉ RODRÍGUEZ SORIANO &#124; He llegado a creer que, desde el fondo —tal vez nacida de las entretelas de la lluvia misma—, emergerá la fuerza que ha de barrer con toda esta inmundicia que en mangas de camisa se pasea por los parques de la desvergüenza.  Éste es el tiempo con olor a fugas y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Agua-que-no.-Rufino-de-la-Cruz-y-las-hermanas-Mirabal.jpg"></a><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Alberto-Breccia-Sobre-heroes-y-tumbas1.jpg"></a><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/entre-la-lluvia-y-tu-amor.gif"><img class="alignright size-medium wp-image-6476" title="entre-la-lluvia-y-tu-amor" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/entre-la-lluvia-y-tu-amor-300x225.gif" alt="" width="300" height="225" /></a><a href="http://rodriguesoriano.net/">RENÉ RODRÍGUEZ SORIANO </a></strong>| <strong>He llegado a creer que, desde el fondo —tal vez nacida de las entretelas de la lluvia misma—, emergerá la fuerza que ha de barrer con toda esta inmundicia que en mangas de camisa se pasea por los parques de la desvergüenza.</strong><strong> </strong></p>
<p><em>Éste es el tiempo con olor a fugas y acechanzas&#8230;| </em><strong>Fayad Jamis</strong> </p>
<p>Este jueves de dispersos aguaceros y heroicas remembranzas, que ya no son más que remembranzas, me deja un capote de confusión y angustia. No sé qué hacer con mis anhelos y temores. Yo, que vengo de una generación de creencias y descreencias, siento que floto en ascuas de un limbo sin cojines que puede desbandarse en cualquier punto. Realmente, no sé qué hacer ante toda esta parafernalia dicharachera y soez que vela y ensombrece las mañanas, las tardes y la semana entera.                                                                                                                        </p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Alberto-Breccia-Sobre-heroes-y-tumbas.jpg"></a><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Agua-que-no.-Rufino-de-la-Cruz-y-las-hermanas-Mirabal1.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-5118" title="Agua que no. Rufino de la Cruz y las hermanas Mirabal" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Agua-que-no.-Rufino-de-la-Cruz-y-las-hermanas-Mirabal1.jpg" alt="" width="224" height="290" /></a>En la casa y en la escuela, pusieron tanto empeño en que siguiera el ejemplo de seres que, sin doblegar ni un ápice su temple y espíritu, lo dieron todo por una idea. Muchos de ellos subieron a las montañas, se inmolaron en ellas. Yo, en cambio, bajé de ellas con los sueños henchidos de sus llamas (las de ellos). Me di de tortazos con los muros y portones, buscando en la oquedad de los discursos la brasa ardiente que decían guardar sus herederos. </p>
<p>Realengo en los salones y pasillos, deambulé como un paria sin mango, sin timón, no atiné a conciliar. Sigo creyendo aún en esos tontos valores que se desgajaron en lomas y callejones; en esos héroes de naftalina y alcanfor que dejaron una madre o una novia triste en cualquier rincón de la tarde de un pueblo olvidado; en esos lábaros mustios que erosionó la llovizna allende las cordilleras, y las manos que alzaron, aferradas al almíbar de los sueños de este hoy que, aunque quisiera, no ha logrado ser su mañana (el de ellos, el de nosotros). No puedo creer, aunque quisiera, en los quilates de estos héroes de ahora que —a diferencia de aquellos <a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/agua.jpg"></a>sublevados duendes—, tienen el don de la ubicuidad y, sin subirse a las montañas, desde un escenario o una pantalla, acortan distancias y dan la dimensión exacta de su precio justo. (¿A quién diablos le importa qué parte de su precio se gasten estos acartonados ídolos en doparse, maquillarse, transvertirse y viceversa?). </p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/agua1.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-5119" title="agua" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/agua1-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a>Vuelvo a repetirme y a golpearme las sienes y a echarme en cara mi torpeza. Preferiría, mil veces, hablar del soso canto de las ballenas jorobadas del Banco de la Plata. O de la alegría de los grillos del amanecer de Paso Bajito. Es más, a veces siento ganas de mandar al carajo el mando a distancia y volver a la sierra, desenterrar los venerados huesos (de ellos) y estrujárselos en la poses a dos o tres tunantes cuyos nombres no quisiera ni recordar. Pero recapacito, ¿es mi defecto? </p>
<p>He llegado a creer que, desde el fondo, a fuer de cierta mutación —tal vez nacida de las entretelas de la lluvia misma—, emergerá la fuerza que ha de barrer con toda esta inmundicia que en mangas de camisa se pasea por los parques de la desvergüenza. Por eso hoy, este jueves 25 de noviembre —un poco gris, un poco húmedo—, plenamente convencido de que la dignidad, la justicia, el pudor y el orden, al igual que la flora, la fauna, la educación y las “buenas costumbres”, están en peligro de extinción, no dejo de creer que la verdadera patria vibra y flamea más allá del panteón nacional y, sobre todo, el día más claro hay luz.</p>
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		<title>Los colores del mundo *</title>
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		<pubDate>Sat, 13 Nov 2010 20:24:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mediaIsla</dc:creator>
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		<description><![CDATA[RENÉ RODRÍGUEZ SORIANO &#124; Las razones fundamentales han divido el mundo en el más absurdo y chato de los cromatismos. Se es toro o se es vaca. Mientras un grupo de científicos desafían los rayos carmesíes del sol del medio día de Sri Lanca, tras los pasos del último elefante albino, cientos de seres humanos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Los-colores.-Elefantes-blancos.jpg"></a><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Prisma.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-6478" title="Prisma" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Prisma-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a><a href="http://rodriguesoriano.net/">RENÉ RODRÍGUEZ SORIANO</a> | Las razones fundamentales han divido el mundo en el más absurdo y chato de los cromatismos. Se es toro o se es vaca.</strong></p>
<p>Mientras un grupo de científicos desafían los rayos carmesíes del sol del medio día de Sri Lanca, tras los pasos del último elefante albino, cientos de seres humanos se convierten en blanco de los bombardeos de las fuerzas estadounidenses e iraquíes en la asediada Faluya. Los corresponsales de prensa —que normalmente viajan con las tropas de ocupación y están sujetos a severas restricciones militares—, ni se enteran del negro destino que enfrentan los cuatro mil elefantes que aún quedan en Sri Lanca y no tienen la suerte de ser ni siquiera grises.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/el-aislado.-mariposas.jpg"></a><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/color-h.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-6479" title="color h" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/color-h-300x300.jpg" alt="" width="300" height="300" /></a>Las razones fundamentales han divido el mundo en el más absurdo y chato de los cromatismos. Se es toro o se es vaca. Aunque la mayoría blanca, enarbolara su fe cristiana para repudiar el asesinato prematuro de niños, reeligiendo a Bush en los EE. UU., y los budistas y los científicos vean en la aparición de un elefante blanco señales que los demás no ven, los ambientalistas no dejan de percibir en ello más que una voz de alerta para que la humanidad entera se sensibilice un poco más por la preservación de la especie.</p>
<p>De un lado de la acera, la agencia de noticias Associated Press describe con este tinte el panorama: “Durante gran parte del miércoles, los estadounidenses atacaron a los extremistas islámicos con artillería y fuego de mortero, mientras que aviones caza disparaban contra la calle principal y el mercado de la ciudad así como de Yolan, uno de los diferentes barrios donde los soldados libraban batallas con los insurgentes. En lo que se puede considerar como una señal de avance”.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/los_colores_del_mundo-2.jpg"></a>Detrás de la cortina de humo y estruendo, donde se supone que hay cientos de miles de inocentes gritos apagados, el periodista Fadhil Badrani, quien reporta desde el mismo centro de Faluya para el Servicio Mundial de la BBC, describe otro escenario: “Al caer la luz del día y acabar el ayuno, ingerí los últimos alimentos que me quedaban: dos papas y dos tomates. Los tomates estaban podridos, porque no hay electricidad y el refrigerador no funciona. Mis vecinos, una mujer y sus hijos, vinieron a verme ayer. Me pidieron que alertara al mundo sobre lo que está sucediendo aquí. Miro a la devastación que me rodea y me pregunto, ¿por qué?”</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/PRE-elefante-blanco_jpg_869080375.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-6480" title="PRE-elefante-blanco_jpg_869080375" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/PRE-elefante-blanco_jpg_869080375-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a>Cara o cruz de una moneda unipolar que se debate entre el caer y el no caer. Mientras los elefantes con sus trompas rozan las paredes de la idealizada realidad que los camufla en rosa para agenciarle a cada quien la realidad que quiere ver u oír, los colores del mundo Benetton velan corazones y sonrisas mapuches en la Patagonia argentina.</p>
<p>* El sábado 13 de noviembre de 2004, con el propósito de compartir entre un grupo de amigos las <strong>Crónicas Crónicas, </strong>que semanalmente publicaba en <em>El Caribe</em>, circuló en la red lo que pudiera considerarse como el primer boletín de <strong>mediaIsla</strong>. El texto que circuló fue precisamente <em>Los colores del mundo</em>; colores que, a la cromática de estos 6 años, siguen siendo tan turbiamente grises como entonces. Con la misma tiza, el mismo lápiz y el mismo brío, cruzamos hoy la línea hacia tonalidades más propicias y justas para los días de la humanidad. <strong>rrs</strong></p>
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