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	<title>mediaisla &#187; Imaginerías</title>
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	<description>Puente de palabras vivas</description>
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		<title>Angie Gaona, anticipo del sol</title>
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		<pubDate>Sat, 28 Jan 2012 19:16:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mediaIsla</dc:creator>
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		<description><![CDATA[MERY SANANES &#124; Un cacique llora la decisión de una mandataria de expropiar 40 mil hectáreas a los pueblos ancestrales. Y se recogen firmas. Una mujer será lapidada por un adulterio. Y se recogen firmas. Otro hombre es sentenciado a una cámara de gas o a la horca y las firmas van y vienen. Pero [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/01/Angie-Gaona-anticipo-del-sol.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-8917" title="Angie Gaona, anticipo del sol" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/01/Angie-Gaona-anticipo-del-sol-230x300.jpg" alt="" width="230" height="300" /></a>MERY SANANES | Un cacique llora la decisión de una mandataria de expropiar 40 mil hectáreas a los pueblos ancestrales. Y se recogen firmas. Una mujer será lapidada por un adulterio. Y se recogen firmas. Otro hombre es sentenciado a una cámara de gas o a la horca y las firmas van y vienen.</strong></p>
<p><em>Pero si pones en tu lengua una gota de este dolor | destilarás quizá un extracto de la admonición: |una masacre nunca es la última | todavía no estamos sentados como hermanos y | sigue siendo un obsceno misterio | el Mal con mayúscula</em>—<em> | pero si pones en tu lengua una gota de este dolor | sabrás que el cabo es también para ti | la culpa final, cierto, a quién atribuirla | pero sí es nuestra la culpa finita sí | y mientras te creas al margen no tendrás las manos limpias. | No busques culpables, tú mismo has de cambiar | antes que las manos están los corazones | y mejor es no ensuciarse que pensar en la colada</em>. <em>Jaime Vandor</em> – <em><a href="http://embusteria.blogspot.com/2012/01/jaime-vandor-nunca-korczak-llego.html">Por qué Janus Korszac no llegó a Jerusalem</a></em></p>
<p><strong>Una estopa en la garganta</strong></p>
<p>Estas palabras estrujadas unas con otras, como los niños con Janus, quiebran todos los moldes. Se salen de las clasificaciones, se desbordan de los papeles y de las nomenclaturas. Y es lo que queda de pie como estandarte, hasta que alguna vez —si alguna vez será—, que nos sentemos como hermanos y el Mal con mayúscula deje de ser ese obsceno misterio que nos engulle, destroza, inhabilita, trastorna, hasta convertirnos en meros espectadores.</p>
<p>Aquí no hay nada que distraiga. Todo el texto es esa gota de dolor que hay que colocarse en la lengua, hasta que de tanto arder, entendamos que mientras nos creamos al margen no tendremos las manos limpias y que seremos culpables hasta que podamos hablar de la última masacre del hombre contra el hombre. Esto no es literatura, y como diría León Felipe, es una estopa en la garganta.</p>
<p><strong>La inmensa tragedia del hombre</strong></p>
<p>Un hombre muere tras 50 días en huelga de hambre en Cuba.  Durante la alocución de nueve horas del mandatario venezolano, diez personas caían asesinadas en este expaís. En la Sierra Tarahumara 50 personas se suicidaron al carecer de alimentos para llevarles a sus hijos. Una niña se suicida cuando en apenas unos días iba a parir a su hijo. Este 23 de enero se inicia el juicio contra la poeta colombiana Angie Gaona acusada de rebelión y narcotráfico. Seis millones de judíos fueron exterminados por los nazis. Pero ocho millones más, también fueron masacrados, por las mismas fuerzas, en negociación con las fuerzas opuestas, sin que al parecer los números digan algo de la inmensa tragedia que sacude al hombre.</p>
<p><strong>Una masacre que nunca es la última</strong></p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/01/Angie-gaona.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-8918" title="Angie gaona" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/01/Angie-gaona-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a>Y Angie exclama: Somos llama / anticipo del sol / aún oculto en esta noche fría / lodazal donde vemos cruzar la luz / cuando nos juntamos. Y uno sólo tiene la palabra para bordarle un inmenso expediente a un mundo en el cual, dice Vallejo el dolor crece a treinta minutos por segundo. Un tiempo en el cual una masacre nunca es la última, porque todavía no estamos sentados como hermanos y el Mal con mayúscula sigue siendo un obsceno misterio.</p>
<p>Un mal que hemos minimizado a tal altura que convive con nosotros, y ni siquiera nos damos cuenta. En una esquina a un niño lo atraviesa una bala que jugaba a ver qué blanco hacía entre dos bandas. Un mendigo desfallece en una acera sin haber logrado reunir lo suficiente para saciar su sed y su hambre. Un hombre dispara porque fue enseñado a matar. Y otro dispara para defenderse hasta convertirse a su vez en alguien que mata.</p>
<p>Ese mal está en el niño que no regresó a su madre. Al que le robaron la sonrisa. A los que no han nacido y a los que languidecen bajo toda forma de hambrunas, como si ese no fuera un holocausto mayor. En el que fabrica, distribuye y consume las drogas. El que mata en nombre de una fe y en el que lo hace sin fe alguna. El que se dedica a contabilizar el horror sin advertir que está inmerso en él.</p>
<p><strong>Un mal en mayúsculas que no hemos podido detener</strong></p>
<p>Describir el horror es entonces pasearse por este planeta de fronteras cerradas y mares abiertos a la aventura de huir. De riquezas insólitas y miserias indescriptibles. Por el dolor del ensañamiento y del ensañado. Por las cárceles de castigo. Por el hacinamiento. Por la pérdida de toda humana dignidad. Por los soldados que pisan los cadáveres de sus enemigos. Y por el niño que carga una bomba a su cinto para producir a su vez decenas de cadáveres.</p>
<p>Por los aherrojados del mundo y por los que cuando pueden comienzan a fabricar sus propios hierros para dejar idénticas huellas. Un planeta en el cual todo se ha convertido en mercancía. Revoluciones, democracias, tiranías, dictaduras todas formas distintas de ejercer un mismo mal.</p>
<p><strong>La niña de Hiroshima sigue corriendo desesperada</strong></p>
<p>El hombre común, el hombre a solas, está al margen de las decisiones, y de sus propios destinos. Paramilitares y guerrilleros se juntan en ver quien lleva el horror a un más alto grado. Los tiranos y los defensores de una tal democracia que aún no existe esgrimen argumentos para proceder con permiso a lanzar sus misiles atómicos. Y la niña de Hiroshima sigue corriendo desesperada buscando un lugar seguro que nunca encontrará.</p>
<p>Un cacique llora la decisión de una mandataria de expropiar 40 mil hectáreas a los pueblos ancestrales. Y se recogen firmas. Una mujer será lapidada por un adulterio. Y se recogen firmas. Otro hombre es sentenciado a una cámara de gas o a la horca y las firmas van y vienen.</p>
<p><strong>Firmar para no estar al margen</strong></p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/01/Angie-gaona-4.jpg"><img class="alignright size-thumbnail wp-image-8919" title="Angie gaona 4" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/01/Angie-gaona-4-150x150.jpg" alt="" width="150" height="150" /></a>Y hay que firmarlas. Hay que hacer algo por conmover la opinión de quienes tienen acceso a estas tecnologías para que hagan bulla, para que le griten en el oído al masacrador, al asesino, al carcelero y a todos los que se convierten en sus cómplices, que hay quien quiere que eso cambie. Que hay multitudes que quieren detener el Mal con mayúsculas, que no queremos estar al margen</p>
<p>Que hoy seamos apenas una firma en un papel es apenas una señal de que vamos creciendo, aquí, allá, más acá de nosotros mismos y más allá de quienes creen dominarnos, y que hay la esperanza sembrada en un papel de que alguien detendrá la mano, el mazo, el disparo, la arbitrariedad, en alguna parte. Y hay que empujar.</p>
<p>Hoy es la antesala del comienzo del juicio de la poeta colombiana, Angie Gaona, firmamos porque la liberen, por protestar contra la injusticia, por afirmar nuestro derecho a disentir de los poderes, por aspirar un mundo distinto, por reclamar libertad.</p>
<p>Firmamos porque la fuerza de estas rúbricas, de estos nombres estampados en papeles, representan las luchas de todos los que al igual que ella, quieren ser silenciados, ignorados, desaparecidos, domesticados, inhabilitados.</p>
<p><strong>Para hacer sentir una voz colectiva</strong></p>
<p>Firmamos para hacer sentir una voz colectiva que está en contra del terror, de la opresión y de la muerte. Un sentir que quiere avanzar hacia una realidad distinta, en la cual el hombre deje de ser una mercancía, un objeto negociable, un ser prescindible.</p>
<p>Y hoy, con esa gota de dolor en la lengua, con esa estopa encendida en la garganta, con la convicción de que el silencio nos hace cómplices y responsables, que nos hace partícipes de un mal, en mayúscula o minúscula que queremos erradicar del vivir, queremos gritar alto, muy alto, como si estuviésemos en el fondo de un pozo.</p>
<p>Alzar la voz, como si fuese un poema recitado, un murmullo de flor, una imaginería desbordada, con resonancia de trombón, acordes de clave y la irisada dulzura de una flauta dulce, para que nos escuchen quienes pretenden culpar de terrorismo y narcotráfico a quien sueña ser anticipo del sol, luz entre lodazales, mano extendida de amaneceres, y para que el poder sepa, dondequiera que esté, que hay un conglomerado, un colectivo, un hombre innumerable que esta allí atento, para detener el horror donde quiera se encuentre y en su lugar sembrarle maticas de amor al porvenir. <em>ms, caracas, venezuela, <a href="mailto:merysananes@gmail.com">merysananes@gmail.com</a> </em></p>
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		<title>Estos «Tientos y trotes» van por las calles más hondas de nosotros</title>
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		<pubDate>Sat, 26 Nov 2011 17:56:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mediaIsla</dc:creator>
				<category><![CDATA[Imaginerías]]></category>

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		<description><![CDATA[MERY SANANES [mediaisla] Quien haya leído a René Rodríguez Soriano no se sorprenderá de este texto. Comulga con su desenfado que no es otra cosa que la cobertura de aquel rubor inicial que nunca lo abandona. No pasa leve por parte alguna.   Leer para cruzar sin tedio los pasadizos de la soledad  Sólo quien escribe [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/11/Tientos2.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-8548" title="Tientos" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/11/Tientos2-194x300.jpg" alt="" width="194" height="300" /></a>MERY SANANES</strong> <a href="../../revista">[media<strong>i</strong>sla</a>] <strong>Quien haya leído a René</strong><strong> Rodríguez Soriano </strong><strong>no se sorprenderá de este texto. Comulga con su desenfado que no es otra cosa que la cobertura de aquel rubor inicial que nunca lo abandona. No pasa leve por parte alguna.</strong><strong> </strong><strong><em> </em></strong></p>
<p><strong><em>Leer para cruzar sin tedio los pasadizos de la soledad</em></strong><strong><em> </em></strong></p>
<p>Sólo quien escribe en las aristas del vértigo, nadando en claves de agua, algas, piedras, arena, sal y sed que, a veces cortan de duras, mientras pastan a sus anchas las más tiernas olas de la luz, y quien lee para cruzar sin tedio ni sobresaltos todos los pasadizos de esa soledad más triste que la muerte, puede armar un libro como éste.</p>
<p>Una travesía abrupta como la historia que se lee, porque lo que queda en la memoria es el fuego que se atiza entre sus letras, el verso que atravesó la piel hasta dar con el anverso de la lágrima.</p>
<p>Quien haya leído a René Rodríguez Soriano no se sorprenderá de este texto. Comulga con su desenfado que no es otra cosa que la cobertura de aquel rubor inicial que nunca lo abandona. No pasa leve por parte alguna. Se hunde en cada sitio en el que acampa para hurgar hasta sus raíces, en todo aquello que lo conmueve y mueve. Y así pasa por las historias de los otros que hace suyas de pura pasión. Y con ello invita, sin decirlo, a convertir el acto de leer en otra forma de inédita e indetenible creación.</p>
<p><strong> </strong><strong><em>Un antes que es un siempre</em></strong></p>
<p>Escribe porque un día se le quedó su caballito <em>melao</em> atrapado en la mirada de una niña que nunca se fugó de sus dedos. Y lee porque se secaron los <em>yaguarales</em> cundidos de rocío en los cuales sabía distinguir el origen de la lluvia y el tormento de las tempestades.</p>
<p>Y lee, lee sin piedad buscando el poema que se bebe o se vierte hasta el filo de las tardes, hasta alcanzar las ráfagas de luz que desatan unos versos sobre la piel de un libro al que él entra para leer o leerse.</p>
<p>Este texto es el de un poeta que descubrió el primer verso en la mirada de la madre o en los limonares del padre, y que fue lanzado de pronto a un mundo baldío, donde él asume la ternura por el mango, dejándose llevar por la corriente, subiéndose hasta la más profunda espesura de su gracia.</p>
<p>Un poeta que escribe o sueña que escribe y se ve en los sueños, soñando que escribe cosas. Un niño que con las palabras entre sus dedos las empuña para transmitirlo todo o nada, o para corretear por los patios de la tarde sin alborotar las palomas de la plaza. Alguien que escucha la música que rubrican los seres y las cosas.<strong> </strong></p>
<p><strong><em>Leer para untar los días con zumos de pasión</em></strong></p>
<p>¿Y quién que así sea no habrá de convertirse en un lector apasionado en busca de  los <a title="MiniMensajes Gratis" href="http://tecnologia100.com/minimensajes-de-claro-gratis.html" target="_blank">mensajes</a> cifrados que le anuncian las nubes, las estaciones y el clarear o el oscurecer de las tardes? Lee para untar los días con zumos de pasión y goce, lanzándose hacia la exploración de pardas y arriesgadas zonas del amor y sus melenas, que es su territorio preferido.</p>
<p>Leer para René Rodríguez Soriano es llenar de pájaros sus cielos, darle nombre a la tristeza que lo acompaña desde que <em>el mal del tiempo</em> le dio al viento una migración de balas. Alguien que ha aprendido a manejar con torpes aleaciones, puntadas y vadeos, los sonidos y el tiempo. Alguien que invita a quien le plazca a bañarse con él en las aguas que bailan cerca del remolino.</p>
<p>Y así y sólo así nace este texto que pasea sobre las páginas de sus lecturas preferidas, sin otro acercamiento que el de la piel y el del aire que mueve las hojas, mientras en su interior dibuja sus propios duendes.<strong> </strong></p>
<p><strong><em>Jugar al borde de un barranco</em></strong></p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/11/René-0778.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-8556" title="René 0778" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/11/René-0778-300x200.jpg" alt="" width="300" height="200" /></a>Si algo conmueve es el listado de sus lecturas. Allí no hay propuesta crítica alguna, ni anhelo de dictar cátedra. Es un compartir de pasiones que se deslizan entre sus propios ajetreos pero que dejan tras de sí una huella que toca definitivamente a quien se acerca a ellas. No hay otra elección que esa página que se abre y no se vuelve a cerrar, porque en su madeja se recorre la vida en un solo instante.</p>
<p>Allí el lector de este lector empecinado encontrará referencias a Fernando Delgado, Manuel Salvador Gautier, Carlos Fuentes, Miguel Ángel Fornerín, Roa Bastos, Fernando Despradel, Alessandro Baricco, Abel Posse, Carmen Posadas, Roberto Marcallé Abréu, Dionisio de Jesús, José Saramago, Marcio Veloz Maggiolo, Antonio Gala, Antonio Tabucchi, Máximo Vega<em>, </em>González Viaña, Sally Rodríguez, Plinio Chahín, Sergio Ramírez, Ángel Garrido,  José Mármol, Fermín Arias Belliard,<em> </em>Médar Serrata, Ramón Tejada Holguín, Luis López Nieves, Pastor de Moya, y sobre una Marguerite Duras que recorre todo el libro incesantemente; un libro duro, fuerte como un aullido.</p>
<p>En un intervalo. RRS incorpora una “Botella al mar<strong>”</strong>, una entrevista en la que suelta sus dedos de leer, sobre un papel que nunca se llena del agua que mueve el vacío de un objeto en viaje sin destino hacia las orillas de uno mismo. Porque a través de todos estos <strong><a href="http://www.alibris.com/booksearch.detail?invid=10960447731&amp;noworks=1&amp;query=Tientos+y+trotes%2C+rene+rodriguez+soriano&amp;qsort=&amp;page=1">Tientos y Trotes </a></strong>(Editora Nacional, RD 2011), aparece el autor, ejerciendo el oficio mayor que conoce, una vez que tuvo que dejar las yaguas en las que leía los vaticinios de todas las estaciones y la escritura acuática de los ríos en  los murmullos de los peces.</p>
<p>Y así lo dice: “Además de leer las solapas de los libros, leer a Sara, y la <em>morf</em><em>osintaxis </em>de los clasificados del domingo, me cautiva jugar al borde del barranco. De niño, con mis primos —que vivían al borde de un barranco que daba al arroyito—, solíamos deslizarnos en una yagua que se atajaba en el cafetal. A veces llegábamos hasta el fondo, incólumes sobre la yagua&#8230; Me gustan los colores, como me deleitan los olores. A veces, cuando llueve, trazo rectas y curvas en el cristal de las ventanas. No sé qué es. Siento que al leer me atrapa alguna música”.<strong> </strong></p>
<p><strong><em>Descifrador de música y acordes</em></strong></p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/11/Tientos-7.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-8551" title="Tientos 7" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/11/Tientos-7.jpg" alt="" width="228" height="221" /></a>Y ese descifrador de música y acordes, es el que se desliza sobre los cafetales de la palabra en busca cada vez de una aventura que no se repite. Ningún hombre es una isla, afirma. Un archipiélago le vibra en cada palmo de la piel, y su canto enciende las paredes y las cosas que le circundan y le dan razón de ser y estar. Tampoco es el nombre, que reduce y aniquila. El hombre es todo lo que evoca y provoca con sus gestos y sus actos; la ciudad crece y se aniquila a su alrededor, y el poeta lo advierte y lo sugiere. Igual el barrio, lugar donde extraviamos “un lirio de mayo” o la escafandra para bucear en las profundidades de la torpe memoria repetida, de la que hablara Benedetti.</p>
<p>Aquí están las claves de este escritor convertido en hacedor de los escrutinios que aparecen registrados en cada palmo de la piel, en busca de de esa razón de ser y estar que persigue el hombre perennemente. Por eso va con los pulmones como esponjas, bebiéndose el aire y el entorno, lanzando sus toscas redes para ver si pesca florecillas del bosque o pizquitas de fusas y semifusas.<strong> </strong></p>
<p><strong><em>Cabalgando sobre los cautivos prados de la lengua</em></strong></p>
<p>Por ello, quien se autodenomina frustrado timbalero, sabe que un libro es un lago en el cual hay que sumergirse como un buzo, si se quiere alcanzar el canto de las ranas. Que hay que cabalgar a rienda suelta por los cautivos prados de la lengua, contar historias sin historia y bañarse en las ardientes aguas del fuego del infierno donde, en verdad, todos hemos nacido.</p>
<p>Lo dice y lo repite para que no quede duda: “Intento un decir que sale de mis dedos, que piensan o sueñan que piensan&#8230; luego escriben. Mucho menos crítico, entendido, analista y diseccionador de contenidos, significantes e insignificantes. Lector sí soy. De esos que, seducidos por el percutir de la palabra, resbalándose sobre el páramo de papel o cristal, danzan la melodía interminable de aquel placer del que, alguna vez, hablara Barthes&#8230;”<strong> </strong></p>
<p><strong><em>Cada texto es una ruta, un continente </em></strong><strong> </strong></p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/11/Tientos-6.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-8552" title="Tientos 6" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/11/Tientos-6-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a>Tampoco, afirma, intento “transformar el mundo” —ni siquiera “entenderlo”, como dijo el casi ni citado ya, Carlitos Marx, que pretendieran Hegel y demás pensadores de otros tiempos—, con sentir es suficiente. Leo con placer y en el placer que da leer un texto que fue escrito con placer. Amo el fuego, los puentes y los pasadizos –de Heráclito, de Paz o Efraín Huerta–, los juegos de Cortázar, los chicos en los parques, los caballos pastando y, mientras enarbolo mi pancarta, mi no rotundo contra la ignominia, vuelvo a Plinio”.</p>
<p>Ese es su credo, su propuesta y su andar,  con esa convicción de que cada uno de los textos es una ruta, un continente, por los cuales él navega, a sus anchas, a favor o en contra del viento, a todo velamen por el naranja de las  vibrantes auroras de sus sístoles.</p>
<p>Y así lo propone y dispone: “Bebamos sin asepsia de las limpias lecturas de Aurora (Molina, Pizarnik, Blanca Varela, Ida Vitale, Fernández Moreno, Girondo, Zaid, Huerta y ese Pellicer de “Los azules que se caen de morados”, como los pezones fructuosos de la Zulamita del Cantar de los Cantares). Transitemos las vías sin semáforos y sin puentes. Abordemos la arena misma y sus canales en su <em>Guagua lírica</em>”.</p>
<p>¿Y qué propuesta mayor que esta apertura total que invita a cada lector a encontrar sus propios pasos?  Es ese estremecimiento del lector el que le otorga a un texto su carácter infinito. Cada pupila le abre un horizonte distinto. Y allí en ese mágico vértice escritura y lectura se convierten en el derecho y anverso de un mismo oficio sin fin. Sólo es necesario enamorarse de una palabra que no es mera caligrafía sino bajel para recorrer los ríos de la tierra.<strong> </strong></p>
<p><strong><em>No tiene rumbo este viaje sin rumbo</em></strong></p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/11/Tientos-5.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-8553" title="Tientos 5" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/11/Tientos-5-300x224.jpg" alt="" width="300" height="224" /></a>Y a esto invita rrs, con sus pretextos, textos y contextos, a un antes y otro antes, un después y otro después que se detiene en el intervalo de un paréntesis, para un final que no concluye y en espiral vuelve al sitial de donde parte que es su propia escritura ofrendada al lector que vendrá, como él lo ha sido y seguirá siendo, de lo que será.</p>
<p>Es el acercamiento que desea todo escritor, el que transgrede las normas, olvida los prólogos, deja a un lado las conjeturas de los otros o los vaivenes de una política cultural en la que jamás ha creído ni creerá. Es entregarse al deleite que muerde los ojos hasta hacerlos llover. Es como montarse en un caballito de papel e irse cabalgando a los vastos territorios de la magia o el dolor, de la pasión o el desenfreno, de la ternura que es un enigma, de la cercanía que se vuelve lejanía.</p>
<p>Y éste es su credo: “El agua, como el ojo, es luz que moja los cuerpos. Como la ventana, uno mira a través de ellos, no con ellos. La sed es otra cosa: temblor que irriga el iris, la retina; leer a pecho abierto la relampagueante claridad que nada en las aguas del poema”.</p>
<p>Y ese es el oficio que asume rrs en estos <a href="http://www.alibris.com/booksearch.detail?invid=10960447731&amp;noworks=1&amp;query=Tientos+y+trotes%2C+rene+rodriguez+soriano&amp;qsort=&amp;page=1"><strong>Tientos y trotes</strong> </a>que dejan al lector con ganas de leer y de asumir su propia aventura a lomo de cualquier libro, sin fronteras, sin otra pretensión que develar lo que en su interior no alcanza a traducirse en palabra. Por ello se entrelazan lectura y escritura en una sola madeja de hilos estremecidos labrando memorias sobre el dintel del agua.</p>
<p>Porque, como lo reafirma rrs, no tiene rumbo este viaje sin rumbo, este piano de brasas y agua tibia va por las calles más hondas de nosotros. | <strong><a href="http://embusteria.blogspot.com/">MERY SANANES</a></strong>, escritora venezolana, autora de <em>Tiempo de guerra</em>, 1974, <em>Reflexión sobre una y otra historia</em>, 1997.-</p>
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		<title>Hacia una palabra-pájaro</title>
		<link>http://mediaisla.net/revista/2011/08/hacia-una-palabra-pajaro/</link>
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		<pubDate>Sat, 27 Aug 2011 13:15:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mediaIsla</dc:creator>
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		<description><![CDATA[MERY SANANES [mediaIsla] Una palabra que navegue en los charcos hasta anegar las sequías, que arrulle en la elipsis de sus conjugaciones, una sonata para niños  que aún no conocen la risa.  Con la ilusión de alcanzar &#124; la palabra-pájaro &#124; que en vuelo sobre sí misma &#124; funde al fin &#124; la preterida historia [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/08/Palabra.pajaro.-vuelo1.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-7533" title="Palabra.pajaro. vuelo" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/08/Palabra.pajaro.-vuelo1-300x223.jpg" alt="" width="300" height="223" /></a>MERY SANANES </strong>[<em><a href="http://mediaisla.net/revista">mediaIsla</a></em>] <strong>Una palabra que navegue en los charcos hasta anegar las sequías, que arrulle en la elipsis de sus conjugaciones, una sonata para niños  que aún no conocen la risa.</strong><strong><em> </em></strong></p>
<p><em>Con la ilusión de alcanzar </em><em>| </em><em>la palabra-pájaro | que en vuelo sobre sí misma | funde al fin | la preterida historia |  del hombre</em><strong><em> </em></strong></p>
<p><strong>La palabra-adagio</strong><strong> </strong></p>
<p>La palabra, ese arrullo que se adormece en la garganta, queriendo convertirse en música, en adagio que remonte las estancias de la ternura hasta convertirse en un beso alado y vivo, que siembre mandarinares en los rostros, pomarrosares en los huertos,  aromerías en la vida.</p>
<p>Ese grito perplejo, que viene de las profundidades de los pozos buscando un párpado que la ataje y la haga suya hasta convertirla en piedra de honda, en guijarro que desciende hacia el río, en corteza de un bosque que aún no ha nacido.</p>
<p>Esa disonancia que se convierte sin querer en grieta, herida, tumulto de lágrimas que no la contiene alfabeto alguno, sino que se derrama como un arroyo desbordado sobre la sed de quienes no tienen risa ni suspiro.</p>
<p>Esa arma que se carga de dolores tercos, que desenvuelve sin pudor el cristal de su inocencia para dinamitar muertes, como si fueran estrellas fugaces de un firmamento que ha perdido su luz.</p>
<p>Ese invento inútil del hombre por alcanzar la sonrisa del hermano, que se convirtió en piedra de amolar fuegos ajenos y extraños, en los que se perdió la transparencia  de una risa sin congojas.<strong> </strong></p>
<p><strong>La palabra-espejo</strong><strong> </strong></p>
<p>Ese errático estatuto de injusticias, de proverbios amañados, de salmos sin ánforas de miel y de mirra, de voces apagadas y cuentas opacas sin mágicos abalorios en los cuales inscribir la vida.</p>
<p>Ese juguete aromado que se dobla y quiebra en simetrías y acordes para ajustarse a un ritmo y un corte que es un delirio de sueños sin despertares, de acompasados versos que caen en el precipicio de un canto quebrado que no encuentra su camino en la escalinata interminable de los deseos.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/08/Palabra.pajaro-portada.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-7534" title="Palabra.pajaro portada" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/08/Palabra.pajaro-portada-300x199.jpg" alt="" width="300" height="199" /></a>Esa huella de cicatrices clavadas en el costillar como un ritual fúnebre que no sabe descifrar la magnitud sonora de un latido sin traducción ni ortografía.</p>
<p>Ese cuchillo que destroza la piel de los encantamientos y la luz de las fulguraciones hasta convertir el sobresalto del día en un tropel de oscuridades.</p>
<p>Ese rictus sin melancolía ni esperanza que se dibuja en los rostros sin palabras ni alarido.</p>
<p>Ese párpado desprovisto de pupila que deambula ciego sobre las frondas de un tiempo que no reconoce como suyo.</p>
<p>Esa anfitriona que endulza y embauca, domestica y paraliza, seduce y condena, hasta apagarse en si misma como un candil sin cedazo.</p>
<p>Ese tumulto de florerías que se quedó atrapado en los solares del olvido, que no logró acampar en el hemisferio central de un corazón enardecido y que sepultó sus ansias jardineras en el estropicio de una vida convertida en muerte.<strong> </strong></p>
<p><strong>La palabra-lágrima</strong><strong> </strong></p>
<p>Ese instrumento que de ser canto y melodía para convocar la lluvia, la primavera, la cosecha y el abrazo, se trastocó en sistema contable, en almacén de números que no guardan en su interior sino la clave de todos los maleficios, inventados sin consonantes, para que rijan cada uno de nuestros pasos, como si fuese la palabra viva de un manantial.</p>
<p>Esa herramienta sin cinceles ni azadones, que se disputa el filo de las metrallas y el estruendo de los combustibles que se vierten sobre los niños que no comen caramelos.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/08/Palabra-pajaro.jpg"><img class="alignright size-full wp-image-7535" title="Palabra-pajaro" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/08/Palabra-pajaro.jpg" alt="" width="226" height="213" /></a>Esa desfachatada creación de la muerte para confundirnos la vida y hacer estallar en sollozos el rito de amor que nos pertenece por razón de especie.</p>
<p>Esa inútil voltereta de los labios que no conocieron el sabor a duraznos de los besos niños.</p>
<p>La palabra fraccionada y herida en mil palabras que se desentienden y disgregan, separan y desvanecen, hasta que no nos reconocemos sino en la palabra muerta que nos dejaron inscrita en los viejos libros de una historia que se repite incesantemente. <strong> </strong></p>
<p><strong>La palabra-metralla</strong><strong> </strong></p>
<p>Con esa palabra desvencijada y fracturada hemos acometido todos los crímenes, hemos descrito la historia milenaria de nuestras propias inutilidades, hemos albergado la esperanza para luego verla disuelta en un vertedero de lágrimas que aún no logran estructurar su sal en verbo que contenga el alto grito de la vida.</p>
<p>Con esa palabra hemos dibujado la tristeza en todas sus dimensiones, y hemos endulzado los manjares amargos que nos entregaron desde el nacimiento para llenar nuestras alforjas de proscritos de la vida.</p>
<p>Con esa palabra hemos avalado y justificado, consentido y permitido, que se haga ley y costumbre, república y frontera, la palabra que acalla y adormece,  extingue y aniquila.</p>
<p>Y hasta con esa palabra, con la que no logramos entendernos, hemos distraído nuestra vida hasta convertirla en palabra muerta y exhausta, de tanto contener silencios que no silencian y gritos que no despiertan a nadie.</p>
<p><strong> </strong><strong>La palabra-aurora</strong><strong> </strong></p>
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<p><strong> </p>
<p></strong></p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/08/palabra.pajaro_volando_a_la_luz_del_sol.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-7536" title="palabra.pajaro_volando_a_la_luz_del_sol" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/08/palabra.pajaro_volando_a_la_luz_del_sol-225x300.jpg" alt="" width="225" height="300" /></a>Y es tiempo y hora de una palabra-aurora que se acueste sobre la noche para producir el alba. Una palabra que nos devuelva el lenguaje de la especie que somos, del umbral de infinito que nos contiene, de la dimensión estelar de la que formamos parte.</p>
<p>Una palabra oceánica que haga cesar los naufragios y que le devuelva a las orillas ese sabor a estadía en la casa del hombre que ha borrado las fronteras de los otros, las verjas de metal ancladas en los costados del agua, para hacer prisioneros a los sueños de una palabra que vuela en su lamento más allá de sus ausencias.</p>
<p>Una palabra-barreno que dinamite los claustros, las reclusiones que convierten la palabra en un despojo del viento, en un grito sin viga que lo sostenga, en el ruido sordo de un tormento.</p>
<p>Una palabra-gigante que rompa los linderos de las lenguas, que tome por asalto las manos, las miradas, los gestos, los abrazos y hable con ellos palabras de amor que hagan acallar los verbos de odios enardecidos, de conjuros extraños, de silencios ensordecedores y malignos.<strong> </strong></p>
<p><strong>La palabra-molino</strong><strong> </strong></p>
<p>Una palabra-molino que desgrane la tristeza hasta convertirla en una harina para el pan de los días que se viven, tomados de los días de los otros, que hicimos nuestros en un intercambio de cuerdas sonoras que nos otorgue el don de escuchar y comprender la palabra del otro como nuestra propia memoria.</p>
<p>Una palabra-horizonte que le teja caminos a la palabra que aún no alcanzamos, que le tienda un manto de soles a las oscuridades que nos arropan, que le borde cánticos a los llantos estremecidos de a quienes les arrebataron hasta el habla, dejándolos solos con una muerte a cuestas que nos toca y golpea como un madero furioso lanzado por un torbellino.<strong> </strong></p>
<p><strong>La palabra-libertaria</strong><strong> </strong></p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/08/palabra.pajaroletras-cuerpo-news.jpg"><img class="alignright size-full wp-image-7537" title="palabra.pajaroletras-cuerpo-news" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/08/palabra.pajaroletras-cuerpo-news.jpg" alt="" width="250" height="150" /></a>Una palabra libertaria que desenvuelva los linos, las mortajas, las inmensas sepulturas de que están hechos nuestros sueños vulnerados por una palabra que nos atraviesa como el filo de una noche ensimismada de menguantes.</p>
<p>Una palabra que navegue en los charcos hasta anegar las sequías, que arrulle en la elipsis de sus conjugaciones, una sonata para niños que aún no conocen la risa.</p>
<p>Un palabra escudo, que detenga en la urdimbre de su tejido, toda violencia que acometa la ausencia de palabras y la presencia de una bala certera que rasga el corazón de las azucenas que nadie recogió.<strong> </strong></p>
<p><strong>La palabra-colibrí</strong><strong> </strong></p>
<p>Una palabra que comunique, que lleve en sus acordes el reverbero de las abejas cuando producen su miel, el revuelo de los pájaros cuando regresan a su nocturnidad,  el aleteo incesante que produce la mágica inmovilidad del colibrí a orillas de un pétalo esculpido de polen y azúcares.</p>
<p>Una palabra recia que inunde los sinsentidos y las sinrazones de quienes usan las palabras como un instrumento para herir, acumular, expatriar o masacrar.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/08/palabra.pajaroPLUMA_aspx.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-7538" title="palabra.pajaroPLUMA_aspx" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/08/palabra.pajaroPLUMA_aspx.jpg" alt="" width="200" height="140" /></a>Una palabra enfurecida cuyo furor no llegue más allá de la letanía de los números que  cuentan los muertos y su repunte en la bolsa de valores donde se rematan los restos de palabras que ya no sirvieron ni para adormecer.</p>
<p>Una palabra que teja un manto de encantamientos en los escampados del alma, que le traiga florerías a los atriles de los días por vivir, que se convierta en el abrazo que el niño entrega generoso a la brisa que le alboroza los rizos de los que están hechos sus suspiros.</p>
<p>Una palabra que ponga en desbandada la maldad, y que le entregue a cada quien su porción de alfabeto, el predicado con el cual habrá de hacer florecer su huerto, sin subjuntivos ni condicionales.<strong> </strong></p>
<p><strong>La palabra-pez</strong><strong> </strong></p>
<p>Una palabra-pez nacida de los pliegues de los párpados que se sumergen en el agua de los nacimientos para que la palabra que se gesta en el murmullo inicial de la vida, no pierda jamás la dulzura de la lluvia, el resplandor de los aguaceritos, el acorazado de los cielos despejados de grises.</p>
<p>Una palabra de agua que inunde todas las vasijas y los cántaros que dan de beber a la sed su manantial de palabrerías alegres.</p>
<p>Una palabra sustantiva, que se conjugue en gerundio, que no se detenga hasta aplacar la ira de los otros.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/08/palabra.pajaro-ideograma.jpg"><img class="alignright size-full wp-image-7539" title="palabra.pajaro ideograma" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/08/palabra.pajaro-ideograma.jpg" alt="" width="180" height="130" /></a>Una palabra recia que ascienda hasta el interior de los morteros y desarme la pólvora, que alcance el corazón del uranio y lo regrese a los macizos donde pertenece.</p>
<p>Una palabra que no retroceda, que no se quiebre al erguirse sobre quienes quieran acallarla, que retumbe, como quería León Felipe, desde el fondo de los pozos, para que puedan escucharla los hombres que han quedado sordos de tanta palabra amañada y mentirosa.<strong> </strong></p>
<p><strong>La palabra-raíz</strong><strong> </strong></p>
<p>Una palabra-raíz que nos devuelva a la tierra de donde provenimos, a la arcilla y el agua, al fuego y al horno que cuece la vasija y el cántaro.</p>
<p>Una palabra-pájaro de alto vuelo y nidales encendidos. Una palabra-mariposa que reparta florerías de polen al planeta todo.</p>
<p>Una palabra-rebelde que se alce sobre todo atropello y deje correr su abecedario preciso y contundente para detener todo metal convertido en bala, metralla o reja.<strong> </strong></p>
<p><strong>La palabra-lirio </strong><strong> </strong></p>
<p>Una palabra-dulce como el rizoma de un lirio, que extienda en el aire su murmullo de arpegios, hasta acabar de una vez con todas las guerras, las conflagraciones, los enfrentamientos y la muerte, hasta sembrar al fin en este vulnerable y triste planeta, la palabra-vida como la lengua definitiva del hombre. <strong><a href="http://embusteria.blogspot.com/">MERY SANANES</a></strong>, escritora venezolana, autora de <em>Tiempo de guerra</em>, 1974, <em>Reflexión sobre una y otra historia</em>, 1997.-</p>
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		<title>Una esdrújula dormida sobre el  cordel de la memoria</title>
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		<pubDate>Sat, 25 Jun 2011 04:10:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mediaIsla</dc:creator>
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		<description><![CDATA[MERY SANANES &#124; El tiempo transcurre sin que nosotros transcurramos en él. Hay como un vacío gigantesco. Y unas ganas de llorar ríos de gritos, a ver si alguien despierta. Pero no son más que ilusiones.  De pronto, una mañana cualquiera, el sapito que acostumbraba escuchar cada noche, entrelazados sus sonidos con el de los [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/06/Una-esdrujula.-5.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-6793" title="Una esdrujula. 5" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/06/Una-esdrujula.-5-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a>MERY SANANES | </strong><strong>El tiempo transcurre sin que nosotros transcurramos en él. Hay como un vacío gigantesco. Y unas ganas de llorar ríos de gritos, a ver si alguien despierta. Pero no son más que ilusiones.</strong><strong> </strong></p>
<p>De pronto, una mañana cualquiera, el sapito que acostumbraba escuchar cada noche, entrelazados sus sonidos con el de los grillos y el silencio de los árboles, se me apareció fuera de sus charcos, lejos de sus albergues, apartado de sus hierbas altas, en medio del cemento y la acera caliente de un verano.</p>
<p> <strong>Giré como si buscara un milagro</strong> </p>
<p>Lo vi como si me hubiese llamado. Y cuando fui a su encuentro, como guiada por un hilo que estaba allí antes que yo, advertí que una fuerza arrolladora, sin tino ni medida, había quebrado sus cuerdas vocales, hasta silenciarlo. No supe qué hacer. Un dolor hondo como de huesos desplegados ascendió hasta el inicio de mis respiraciones, dejándome muda. Giré como si buscara un milagro. Levanté los ojos como si nada hubiera sucedido.<strong> </strong></p>
<p><strong>El estambre rojo de sus penas</strong> </p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/06/Una-esdrujula.-11.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-6795" title="Una esdrujula. 1" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/06/Una-esdrujula.-11-300x200.jpg" alt="" width="300" height="200" /></a>Y al regresar observé que aún estaba allí, a mis pies, inmóvil, dibujando en las piedras el estambre rojo de sus penas. Y comencé a llorar como si se me hubiese quebrado el dintel de los párpados. </p>
<p>Y le pregunté: ¿Dime sapito qué congoja opacaba tus pasos que de la tierra te fuiste a posar sobre la piedra, sin advertir que no eran tus rutas, ni adivinar que algo pudiera detener el canto que llevas en la garganta, mojadita de charcos y lagunas? </p>
<p>¿Qué tristezas te hicieron no mirar hacia el hemisferio de tus sueños, para predecir el golpe que te hirió irrefutablemente en la nostalgia de tus días plantados sobre la hierba? </p>
<p>¿Y dime qué nos haremos ahora que tu canción vesperal no acompaña la melancolía de las horas en las que te aguardamos en la espera de la noche? </p>
<p>¿No sabías acaso que los arbustos te darían cobijo y que los pájaros desde la cumbre de las hojas podían haberte dado aviso del peligro, si tan sólo te hubieses detenido a mirarte en el espejo de los cielos? </p>
<p><strong>Te buscan los grillos y te busco yo</strong> </p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/06/Una-esdrujula.-3.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-6796" title="Una esdrujula. 3" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/06/Una-esdrujula.-3-300x199.jpg" alt="" width="300" height="199" /></a>Te buscan los grillos en las madrugadas, acostumbrados a entonar contigo sus silbidos amorosos. Preguntan por tí las mariposas y los pájaros. La hierba no ha querido cerrar el paso de tus huellas con nuevos retoños. Y los habitantes de la laguna, los minúsculos danzarines de los pocitos, se han quedado inmóviles aguardando tus claves de lluvia, los lúdicos arpegios de tus disonancias. </p>
<p>Te busco yo porque tu ausencia le deja a mis silencios un pozo de penas, una sequía de conciertos,  una esdrújula dormida sobre el  cordel de la memoria. </p>
<p><strong>Para que su adiós se fugara entre las hierbas</strong> </p>
<p>Y al ver que el tiempo se detenía sin rubor en la aguja de sus latidos, le hablé con la dulzura de una flor para explicarle, antes de que se apagaran los agujeros diminutos por los cuales vertía su último canto, que noche tras noche lo había escuchado, que sus acordes formaban parte de mis madrugadas y que no sabría cómo mecer mis sueños si él no estaba.<strong> </strong></p>
<p>Me parecía que sus patitas de danzar aún podrían moverse hasta alcanzar el charco. Pero sólo me respondió el silencio de la piedra. Lo recogí reverente y ceremoniosamente, como si cumpliera un designio, y lo escondí entre la maleza, para que su adiós se fugara entre las hierbas. </p>
<p>Lo devolví a las aguas de donde venía para que se cumpliera una vez más el ciclo de sus suspiros en la dulce melodía que le inventa a los atardeceres para que no olvidemos que en su nombre y su travesía se conjuga el tiempo musical de las más altas alegorías del vivir. </p>
<p>Se quedó quieto como si después que yo me fuera él pudiera girar sobre el tiempo, rehacer sus cuerdas y saltar hasta la vasija de sus allegros. Y yo me retiré como si la piedra dura de su sepultura se hubiese erguido para cubrirme.<strong> </strong></p>
<p><strong>¿Qué muerte lo hirió?</strong> </p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/06/Una-esdrujula.-6.jpg"></a><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/06/Una-esdrujula.-21.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-6801" title="Una esdrujula. 2" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/06/Una-esdrujula.-21-300x200.jpg" alt="" width="300" height="200" /></a>¿Qué muerte lo hirió? ¿Y qué versos escribirían sus ansias derramadas sobre el canto de la ausencia? ¿Qué me hizo ser testigo y parte de esa pena de piedra de amolar? ¿Y qué signos me dejó para que yo los revirtiera en vida? </p>
<p>Aún no lo sé. Indago cada hora en los intersticios del vivir. Busco en los charcos las respuestas. En las tempestades y en las lloviznas. En el silencio de los bosques, en la algarabía de los pájaros, en el andar parsimonioso de las hormigas, en la danza de las hojas que nacen, en el esplendor de la hierba que da de beber a las mariposas.<strong> </strong></p>
<p><strong>Escucho el espacio de silencio que debió ocupar su canto</strong><strong> </strong></p>
<p>Me detengo en las aceras, en las piedras, en los caminos sin tierra, buscando descifrar el misterio. Y aún lo tengo entre los ojos. Y en las noches cuando cantan los grillos, me parece que escucho el espacio de silencio que debió ocupar su canto. Y me sobresalto. </p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/06/Una-esdrujula.-9.jpg"><img class="alignright size-full wp-image-6802" title="Una esdrujula. 9" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/06/Una-esdrujula.-9.jpg" alt="" width="294" height="171" /></a>Sé que hay días que se tiñen de gris y en los que el corazón se va llenando de sombras. Y en los que a veces ni siquiera la palabra se acomoda. El tiempo transcurre sin que nosotros transcurramos en él. Hay como un vacío gigantesco. Y unas ganas de llorar ríos de gritos, a ver si alguien despierta. Pero no son más que ilusiones. </p>
<p>Advierto entonces que se me ha roto hasta la escritura. Que ya no manan de ella los cantares de madrugada que se juntaban al de los sapitos. Y que en el aire hay un augurio que debo tramontar. Una resurrección que hay que invocar. Que va de la piedra a la hierba, del gris a la explosión solar.<strong> </strong></p>
<p><strong>En luna llena advendrá la consagración</strong> </p>
<p>Y me digo que en luna llena advendrá la consagración de los sapitos y el regreso de los niños al regazo de la madre, para la celebración de sus risas y sus rizos. Y que las lágrimas esparcidas en la circunferencia de una sonata en re menor, tramontarán su travesía hasta alcanzar el festejo de los días vividos en el canto mayor de todas las alegrías, expropiadas sin misericordia en el recinto de las ausencias.  | <strong>MERY SANANES</strong>, escritora venezolana, autora de <em>Tiempo de guerra</em>, 1974, <em>Reflexión sobre una y otra historia</em>, 1997.-</p>
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		<title>Réquiem a un cardenal</title>
		<link>http://mediaisla.net/revista/2011/02/requiem-a-un-cardenal/</link>
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		<pubDate>Sat, 26 Feb 2011 18:05:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mediaIsla</dc:creator>
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		<description><![CDATA[MERY SANANES &#124; A veces no se sabía si eran las hojas o los rizos los que bailaban al son de un viento venido de los lagos. Sólo puedo decir que fueron días inolvidables&#8230; Cuando llegué por primera a esta casa, en el año 2007, y comencé a recorrer sus jardines y sus paisajes aledaños, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/02/Requiem-21.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-6000" title="Requiem 2" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/02/Requiem-21-300x259.jpg" alt="" width="300" height="259" /></a>MERY SANANES | A veces no se sabía si eran las hojas o los rizos los que bailaban al son de un viento venido de los lagos. Sólo puedo decir que fueron días inolvidables&#8230;</strong></p>
<p>Cuando llegué por primera a esta casa, en el año 2007, y comencé a recorrer sus jardines y sus paisajes aledaños, lo primero que me recibió fue un cazar de cardenales. No estaban propiamente en la casa, sino en sus alrededores. </p>
<p>Jugaban a columpiarse desde un árbol a otro, con su silbido peculiar. Comencé a observarlos y a comunicarme con ellos. </p>
<p>Ellos sabían que yo seguía sus movimientos y que me deleitaba observando ese juego amoroso de ambos, en los cuales ella y él hacían piruetas y cantos, danzas y escondites para llamarse. </p>
<p>Yo miraba y escuchaba. Silbaba con sus silbos y les hablaba. Y desde que los descubrí, cada día en las mañanas salía a buscarlos. Y ellos estaban allí, jugando a esconderse y a reaparecer. El uno tras el otro.<strong> </strong></p>
<p><strong>Qué de cánticos inventamos en esos amaneceres</strong> </p>
<p>Hasta que se hizo habitual su presencia y la mía. Qué de cánticos inventamos en esos amaneceres. Si cuando salía no estaban, caminaba hasta encontrarlos entre los árboles cercanos. Y cuando daba con ellos nos pasábamos el informe del día. </p>
<p>El sol al asomarse se colaba entre las ramas hasta llegar a nuestros sitios y un amarillo brillante se derramaba sobre las hojas, la hierba, los techos de las casas, los dominios de la flor. ¿Lloverá? Nos preguntábamos. ¿Qué naves dibujarán las nubes en el cielo de hoy? </p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/02/Requiem-3.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-6001" title="Requiem 3" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/02/Requiem-3-300x199.jpg" alt="" width="300" height="199" /></a>¿Saludaron, mis cardenalitos, a los patos, en su camino hacia la laguna? ¿Con qué frutos o semillas se alimentaron hoy? Yo salía con los niños a recorrer todo el sendero que llega hasta el parque, y también ellos aprendieron a buscarlos en los árboles.<strong> </strong></p>
<p><strong>Hablaba con los cardenales y con los niños un mismo abecedario</strong> </p>
<p>Hablaba con los cardenales y con los niños. Después de todo era el mismo abecedario, los mismos signos y entre todos nos entendíamos con una magia que cada día me asombraba más. </p>
<p>Ellos, mis niños, aprendieron primero a hablarles a los pájaros que a pronunciar sus primeras palabritas. Y los pájaros les contestaban. Era un concierto maravilloso, armónico, sonoro. </p>
<p>Un día me dije: ¿y por qué no colocar alpisteras para que mis cardenalitos y todos los otros pajaritos que revolotean por aquí tengan un lugar seguro para alimentarse? </p>
<p><strong>La búsqueda de alpisteras sin ardillas</strong> </p>
<p>Y salí a buscarlos. Me aconsejaron y explicaron. La comida de los pájaros les gusta mucho a las ardillas. Así que tienes que buscar alpisteras en las cuales las ardillas no tengan dónde agarrarse, porque si logran subirse se lo comerán todo y nada le dejarán a los pajaritivos. </p>
<p>No fue fácil la tarea porque además pensaba que las ardillitas también tenían derecho a comer. Ensayé con varios envases. Y en principio reinaron las ardillas. Sabían hacer unos malabarismos increíbles para meter su hociquito y vaciar la alpistero. </p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/02/Requiem-4.jpg"></a><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/02/Requiem-51.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-6004" title="Requiem 5" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/02/Requiem-51-300x199.jpg" alt="" width="300" height="199" /></a>Había que buscar la distancia exacta del techo de donde colgaban los comederos hasta el comedero mismo. Si estaba muy cercano, aterrizaban sin ninguna dificultad. Pero si estaba muy abajo, se montaban en los maderos del pequeño porche y le llegaban también.<strong> </strong></p>
<p><strong>En un principio las ardillas parecían invencibles</strong> </p>
<p>En un principio parecían invencibles. Las ardillas iban engordando y mis pajaritos se iban sin comer. </p>
<p>Finalmente conseguí la medida exacta. E hice algo indebido. Coloqué una gran alpistera donde la ardillita pudiera alcanzar, pero lo deje vacío. Y después de subirse muchas veces a él y no encontrar nada, un buen día dejó de saltar. </p>
<p>Sin embargo, los pajaritos saben compartir. En sus diminutos piquitos las semillas que caben son muy pocas. Al suelo iban a dar muchas de ellas. El piso era de maderos que no estaban unidos. De manera tal que la mayor parte de las semillitas se iba por los aperturas y lo que quedaba era muy poco para el hambre de las ardillitas. </p>
<p>Me busqué una alfombra de jardín, de un verde agua, que recogía todo el alpiste derramado y le ofrecía un verdadero banquete a las ardillitas. Y de allí comenzaron a comer. </p>
<p>Conseguimos que todos estuviesen contentos. Pero los más alegres fueron los niños. Cuando se sentaban a desayunar, yo los colocaba frente a la ventana de la cocina precisamente donde colocamos los comederos. La fiesta era ver llegar a los pajaritos y detenerse en su aleteo a devorar las semillitas.<strong> </strong></p>
<p><strong>Las conversitas entre los pájaros y los niños se multiplicaron</strong> </p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/02/Requiem-41.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-6005" title="Requiem 4" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/02/Requiem-41-e1298743061740-300x291.jpg" alt="" width="300" height="291" /></a>Había muchos, de todos los tamaños y colores y cantos. Era un espectáculo mayor que cada día disfrutábamos los niños y yo. Las conversitas se multiplicaron y no sé si eran los niños los que aguardaban a los pajaritos o si ya eran los pajaritos quienes esperaban la llegada de los niños. </p>
<p>Hasta que un día apareció primero el cardenal macho. Hermoso, de un rojo profundo. Creo que sabía que lo estábamos esperando porque estuvo el tiempo necesario para que lo descubriéramos y lo saludáramos. </p>
<p>Su confianza en nosotros fue tal que poco después vino su compañera. Y los dos comenzaron a venir de seguidas a buscar su alimento y a recoger el informe del día. </p>
<p>Luego, cuando salíamos a pasear, ellos nos regalaban sus mejores gorjeos y el día se hacía único y maravilloso.<strong> </strong></p>
<p><strong>A los pájaros también les gusta nutrirse del silencio de los brotes</strong> </p>
<p>Si dejaban de venir algún día, todo era zozobra e inquietud. El cardenal no ha venido, tampoco su compañera. ¿Les habrá pasado algo? ¿Se habrán ido a otros árboles? ¿Conseguirían otra gentica con quien conversar? Y salíamos a recorrer los árboles a ver si los divisábamos. </p>
<p>Pero sabíamos que los pájaros como nosotros, también les gusta a veces perderse en las partes más intrincadas del bosque para nutrirse del silencio de los brotes.<strong> </strong></p>
<p><strong>Nuestra vida comenzó a medirse por la compañía de los cardenales</strong> </p>
<p>Nuestra vida y la de los niños comenzó a medirse por la compañía de los cardenales. En las tardes cuando salíamos a pasear, ellos nos divisaban y se confundían sus alitas con el dorado del poniente que se posaba sobre cada hoja, tiñendo todo el paisaje, hasta que a medida que iba asomándose la noche, le dibujaba al cielo pinceladas de mandarina. </p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/02/Requiem-71.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-6008" title="Requiem 7" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/02/Requiem-71-e1298743252700-300x240.jpg" alt="" width="300" height="240" /></a>Los niños se conocían todas las flores que se asomaban a las veredas y se acostumbraron a hacer ramitos que le llevaban a su mami. Todo el coche estaba impregnado de aromas, colores y hojitas de hierba.<strong> </strong></p>
<p><strong>Fueron días en que los niños y yo aprendimos a hablar con los pájaros y las flores</strong> </p>
<p>Y a veces no se sabía si eran las hojas o los rizos los que bailaban al son de un viento venido de los lagos. Sólo puedo decir que fueron días inolvidables, maravillosos, en los que los niños y yo aprendimos a conversar con los pájaros y las flores. </p>
<p>No había pregunta que no les contestara a los niños o a los pájaros. Y la vida se hacía un transcurrir alegre que se cobijaba en las pupilas de los niños, desbordadas de florerías. </p>
<p>Era increíble, pero en aquel pequeño espacio se conjugaban tantas formas de vida y tantos paisajes que se le llenaba a uno el corazón de armonías y cánticos. Los venados caminaban pausadamente entre las casas. Las ardillas corrían por todas partes. Un topo amenazaba con llegar hasta el sitio donde las ardillas se comían las semillas. </p>
<p>Los patos y gansos silueteaban sus formas en el cielo cada mañana y cada atardecer dejando los signos de sus vuelos. Conejos y rabipelados visitaban a menudo. Y hasta un zorro jovencito hizo un día su aparición entre las espigas. Se detuvo, miró, escudriñó y se marchó, sin decir palabra.<strong> </strong></p>
<p><strong>Mediamos la estatura en los árboles y el asombro en el ciclo de las flores</strong> </p>
<p>Los niños iban creciendo pero no perdían su capacidad para hablar con los pájaros y las flores. Un día ya no cupieron en el coche y comenzaron a hacer el paseo un sus triciclos, en sus patinetas, o simplemente con sus pasos traviesos. Medíamos su estatura en los árboles. Y su asombro en el ciclo de las flores. </p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/02/Requiem-8.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-6009" title="Requiem 8" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/02/Requiem-8-300x199.jpg" alt="" width="300" height="199" /></a>Su lenguaje era fluido con los pájaros. Y el sol y la luna se hicieron huéspedes permanentes de nuestras conversitas e imaginerías. </p>
<p>Era un tiempo muy hermoso que le regaló a mi vida el candor de los pájaros, las flores y los niños, en una amalgama de tiempos por venir.<strong> </strong></p>
<p><strong>Y el tiempo comenzó a deshacerse como un paso en la nieve</strong> </p>
<p>Sólo que, como suele ocurrir, el tiempo comenzó a deshacerse como una figura de arena, como un paso en la nieve, una tormenta de verano. La gente grande comenzó a hacer de las suyas.<strong> </strong></p>
<p><strong>Nada detuvo el avance de los días rotos</strong> </p>
<p>Ni el reflejo de los árboles en la laguna, ni las circunvalaciones de los troncos cortados, ni el rumor de las espigas al viento, lograron detener el avance de los días rotos. </p>
<p>Una oscuridad imprecisa comenzó a colarse por los parajes hasta entrar en la casa y asentarse en los dinteles de las ventanas, en los rostros, en las palabras, en el aire que respirábamos.<strong> </strong></p>
<p><strong>Rota la armonía advino el caos de las palabras</strong> </p>
<p>Rota la armonía advino el caos de las palabras sin significados, de las órdenes sin acierto, de los desmanes y desplantes. Como si un cúmulo de nubes grises y resecas, se hubiese introducido por las puertas y adherido a los techos hasta ocultar toda luz. </p>
<p>El sueño se hizo intranquilo. Las ardillitas se fueron a otros escampados. Los pájaros buscaron otros refugios. Los niños, por primera vez, conocieron de ausencias y se les llenaron los ojitos de preguntas sin respuestas.<strong> </strong></p>
<p><strong>Se partió en mitad la quietud</strong> </p>
<p>Exclamaciones sin sentido se volvieron gritos. Se apagó la cancion y en su lugar se repetía una especie de letanía exasperante que daba cuenta de las horas, como un reloj con sus mecanismos rotos. </p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/02/Requiem-11.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-6010" title="Requiem 1" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/02/Requiem-11-300x235.jpg" alt="" width="300" height="235" /></a>Se partió en mitad la quietud. Rompieron su formación los patos. El dorado de las tardes se fugó al otro lado de la ciudad. El silencio se pobló de alaridos.<strong> </strong></p>
<p><strong>Y a los niños se les quebró la risa</strong> </p>
<p>Y a los niños se les quebró la risa y se les suplantó por una obediencia sin mesura ni ley. Su tiempo de niños se detuvo de repente. Y una mueca extraña invadió el espacio de los asombros. </p>
<p>Todos los anuncios indicaban que llegábamos al final de un ciclo y al inicio de otro. Pero no nos imaginábamos la hondura del pozo que tendríamos que recorrer para reencontrarnos con los mediodías.<strong> </strong></p>
<p><strong>La tristeza se estacionó en los párpados</strong> </p>
<p>Se acalló el lenguaje de los pájaros y los rituales de las mañanas. Como si alguien hubiese sellado el ventanal que da a las alpisteras. Las flores se ensimismaron, como si en vez de abrir se fuesen a cerrar. Y la tristeza se estacionó en los párpados y en la respiración. </p>
<p>Y llegó el día en que tuve que marcharme de esos sitios, dejando atrás a mis niños de la vida. Y fue tan grande la herida, que salí al jardín que me había recibido, a invocar la presencia de mis cardenales.<strong> </strong></p>
<p><strong>El cardenalito regresó a dejarme sus señales</strong> </p>
<p>Llamé, silbé, invoqué, clamé, y no aparecieron. Ni él ni ella estaban ni en el huerto ni en los árboles ni al vuelo. Y de pronto se me apareció uno de mis niños, con rostro atribulado, me tomó de la mano, en silencio, y me llevó justo debajo del dintel de la ventana por la que los veíamos cada mañana comer de la alpistera. </p>
<p>Allí acurrucado sobre sus plumitas encendidas, sobre el césped que guarecía las semillas para las ardillitas, estaba el cardenal. Mata, Mata, me dijo el niño: mira. </p>
<p>Me acerqué y entendí. La muerte del cardenalito cerraba mi ciclo en esa casa. Si al llegar me había recibido con sus cantos y sus travesuras, ahora, allí en su diminuta mortaja de hierbas y hebras, el cardenal me volvía a hablar de nuevo, desde la cancion que llevaba en el piquito, desde su diminuto corazón, para anunciarme la clausura de los mediodías y la sequía sobre la nieve.<strong> </strong></p>
<p><strong>No fue en vano el tiempo de los cardenales</strong> </p>
<p>Lo tomé entre mis manos con amoroso recogimiento. Le hablé también, le dije que conmigo me llevaba todos los días que su vuelo me había regalado, que no había sido en vano su tiempo, y que sabía desde ese momento, que como él, tenía que prepararme para abrir nuevas ventanas, en otros paisajes, hasta que ellos lleguen de nuevo a mis ventanales a entregarle a mis niños la sonrisa que se mezcla con sus rizos, mientras reinventan el mundo en la transparencia de sus pupilas.  | <strong>MERY SANANES</strong>, escritora venezolana, autora de <em>Tiempo de guerra</em>, 1974, <em>Reflexión sobre una y otra historia</em>, 1997.-</p>
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		<title>«ContraPalabra», travesía de la palabra-disparo al pájaro vivo de la tarde</title>
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		<pubDate>Sat, 15 Jan 2011 14:31:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mediaIsla</dc:creator>
				<category><![CDATA[Imaginerías]]></category>

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		<description><![CDATA[MERY SANANES &#124; Asombra como Lidia atrapa la palabra que hiere, hasta desaparecerla entre sus pliegues, sin saber quien acabó con quién. Si la palabra con ella o ella haciendo de la palabra todo menos un abecedario.  Y la palabra rompió en pedazos &#124; el aire de la tarde  Conozco bien esa palabra-estilete que, con [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/01/Contrapalabra1.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-5686" title="Contrapalabra1" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/01/Contrapalabra1-300x161.jpg" alt="" width="300" height="161" /></a>MERY SANANES | Asombra como Lidia atrapa la palabra que hiere, hasta desaparecerla entre sus pliegues, sin saber quien acabó con quién. Si la palabra con ella o ella haciendo de la palabra todo menos un abecedario.</strong> </p>
<p><em>Y la palabra rompió en pedazos | el aire de la tarde</em> </p>
<p>Conozco bien esa palabra-estilete que, con precisión de cirujano, puede abrir boquetes en las pieles más amuralladas. La que deshace todo encantamiento y trueca la vida por un dardo sin mesura. La que le roba el rubor a la pupila y viste de silencio los cantos de la noche. </p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/01/Lidia-Barugel.bmp"><img class="alignleft size-full wp-image-5687" title="Lidia Barugel" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/01/Lidia-Barugel.bmp" alt="" width="328" height="215" /></a>A <a href="http://www.lidiabarugel.com.ar/">Lidia Barugel</a> no la conocía más allá de la evocación que hizo el amigo común René Rodríguez Soriano de su obra <strong>Otilia Umaga, la mulata de Martinica</strong> (2009), en la edición de <strong><a href="http://mediaisla.net/revista/2010/06/otilia-umaga-la-mulata-de-martinica-yegua-de-agua-sublime%25E2%2580%25A6/">mediaIsla</a></strong> del sábado 19 de junio del 2010.Y a él debo este nuevo y fructífero contacto que agradezco y cultivo. </p>
<p>Más que suficiente material para crear expectativas, para querer adentrarse en ese universo de palabras, ardides y movimientos, gestionando la vida, desde los ángulos del barro, el color o la leche, en dirección a un decir que, como la arcilla, edifique recipientes para dar de beber. </p>
<p>Y tal vez por eso me ha sorprendido tanto el libro (Lidia Barugel, <strong>ContraPalabra</strong>. Buenos Aires, Gran Aldea Editores, 2010), que recién hace travesía desde el sur hasta la atarraya de un mar que no cesa, si es que así puede llamarse esa llamarada, ese dibujo que se deshoja mientras la palabra, vuelta contrapalabra, se vierte sobre la nada, aún siendo el todo. </p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/01/CONTRAPALABRA-1_Page_04.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-5690" title="CONTRAPALABRA 1_Page_04" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/01/CONTRAPALABRA-1_Page_04-300x173.jpg" alt="" width="300" height="173" /></a>Las letras se enredan en la cabellera que Lidia esculpe, señalando la dirección de la grieta, el espacio preciso de la bala y el camino hacia la quietud de aquello a lo que le ha sido arrebatado hasta el viento, que juega a columpiar lo que el sílice de la piedra quiebra sin recato ni misericordia.<strong><em> </em></strong></p>
<p><em>Y la palabra le pegó en el pecho | con el estampido certero de un disparo</em> </p>
<p>Asombra como Lidia atrapa la palabra que hiere, hasta desaparecerla entre sus pliegues, sin saber quien acabó con quién. Si la palabra con ella o ella haciendo de la palabra todo menos un abecedario. La imagen se incrusta en el disparo y es ella la que le da la medida del agujero abierto en el centro del pecho, como si fuese un hoyo para sembrarle nidos de pájaros en el corazón. </p>
<p>Y sin embargo Lidia tiene las claves y el misterio, las herramientas y las manos, las que moldean, las que dibujan, las que trabajan la leche hasta convertirla en cuajo y en paladar. Y con tantos escudos ¿cómo pudo esa palabra herirla de una muerte que no le pertenece, porque la ha sobrevivido ya tantas veces?<strong><em> </em></strong></p>
<p><em><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/01/CONTRAPALABRA-1_Page_07.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-5691" title="CONTRAPALABRA 1_Page_07" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/01/CONTRAPALABRA-1_Page_07-e1295101577234-300x174.jpg" alt="" width="300" height="174" /></a>Una palabra con filo, | brutal como un disparo, | dura como un bala</em></p>
<p>Lo que conmueve es la sobriedad, lo certero de la palabra cántaro que no puede contener la palabra disparo-piedra, capaz de romper en pedazos el aire de la tarde, y el centro mismo que anida la memoria.</p>
<p>Una palabra trueno, palabra con filo, capaz de acabar con todas las palabras que construyeron el recuerdo que se anidó en ese mismo pecho que ahora tiene un estilete entre sus diminutas costillas de pájaro, allí donde había hecho nido la congoja.<strong><em> </em></strong></p>
<p><em>Una sola palabra. Y no supo esquivarla.</em> </p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/01/CONTRAPALABRA-1_Page_06.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-5692" title="CONTRAPALABRA 1_Page_06" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/01/CONTRAPALABRA-1_Page_06-300x174.jpg" alt="" width="300" height="174" /></a>Y si se quebró la memoria y se deshizo la congoja hasta convertirla en un cisne herido, inclinado en el camino, para atrapar la palabra que dejó la herida ¿dejará de ser una amenaza helada, bajo el sol ardiente del camino, si en su trayecto de estocada, su agravio de vidrio, su travesía de astilla se convierte en pájaro vivo agitándose adentro?<strong><em> </em></strong></p>
<p><em>La sostuvo en la palma de la mano, | incrédula, perpleja</em><strong><em> </em></strong></p>
<p>Del costillar del pájaro nació un nuevo ser alado que descendió hasta donde siempre había anidado la nostalgia, aún palabra, hasta coserse con alambre a su piel, y volverla un pájaro muerto, con su pequeño esqueleto hecho pedazos. Y dice Lidia que quedó perpleja y muda, desabrigada, atónita en el camino, de pie, sola y muda para siempre.<strong><em> </em></strong></p>
<p><em><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/01/CONTRAPALABRA-1_Page_08.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-5693" title="CONTRAPALABRA 1_Page_08" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/01/CONTRAPALABRA-1_Page_08-e1295101711906-300x172.jpg" alt="" width="300" height="172" /></a>Una palabra tirana y cubierta de borrasca | salvaje y fría adentro de su boca</em> </p>
<p>Y sin embargo es su contrapalabra la que vence la mudez y la soledad, la que rescata la nostalgia, la memoria y la congoja, la que abre y cierra el expediente con el movimiento de las alas de un pájaro, palabra sobre palabra, piedra sobre piedra. </p>
<p>Tendida en vertical se yergue por encima de los alfabetos que fabrican palabras como si fueran balas y reconstruye con su mano de ceramista y escultora un decir que hace el recorrido de ese disparo invisible, capaz de quebrar el costillar de la memoria y el recinto de la nostalgia, sin que nadie lo advierta. Como quien recoge la herida para amolar la piedra, reconstruir el pecho y la memoria, sin otra arma que una contrapalabra que se hace advertencia.<strong><em> </em></strong></p>
<p><em>Y sintió un dolor punzante en las costillas, | un pájaro vivo agitándose adentro</em> </p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/01/CONTRAPALABRA-1_Page_10.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-5694" title="CONTRAPALABRA 1_Page_10" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/01/CONTRAPALABRA-1_Page_10-e1295101788239-300x173.jpg" alt="" width="300" height="173" /></a>Quien recorra sus andamios, habrá conocido para siempre el filo exacto de la palabra que hiere, y tal vez en su interior amordazado y deshabitado de florerías, comprenda alguna vez que la palabra fue hecha para alzar vuelo como los pájaros, para ser guijarro en el río, suspiro y caricia en el viento. Nombre de la ternura de la que fuimos hechos y que hemos sustituido por la palabra muerte. Por eso el vuelo de la cabellera de fuego es la dura travesía de la palabra-disparo al pájaro vivo de la tarde.<strong><em> </em></strong></p>
<p><em>Y tragó con un coraje exhausto |esa piedra dura que poco antes había roto | en dos pedazos el aire quieto de la tarde</em> </p>
<p>Porque mientras haya una contrapalabra que se dore al negro sol del silencio, que haga girar la dirección de la bala, que entre sus pequeñas costillas de pájaro grabe la sonoridad de la memoria, que haya cisnes que se traguen las palabras que hieren y las devuelvan al agua convertidas en tormentas de peces, sobrevivirá la ternura del hombre. Y de su boca comenzarán a brotar alas, de sus manos vasijas para contener el amor y de sus párpados, abiertos como lunas, emergerán cantos, hasta que el aire inquebrantable de la tarde recomience su ronda musical sobre la vida. | <strong>MERY SANANES</strong>, escritora venezolana, autora de <em>Tiempo de guerra</em>, 1974, <em>Reflexión sobre una y otra historia</em>, 1997.-</p>
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		<title>Letanía sobre el poder</title>
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		<pubDate>Sat, 20 Nov 2010 20:27:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mediaIsla</dc:creator>
				<category><![CDATA[Imaginerías]]></category>

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		<description><![CDATA[MERY SANANES &#124; El poder es un veneno letal que liquida a quien se interpone contra él y que a la vez envenena a quien lo ejerce hasta convertirlo en el mismo trozo de miseria al que conduce a tantos.  ¿Y qué es una imaginería?  Este espacio fue creado para imaginerías. ¿Y qué es una [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Letania-sobre.-1.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-4960" title="Letania sobre. 1" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Letania-sobre.-1-300x300.jpg" alt="" width="300" height="300" /></a>MERY SANANES | El poder es un veneno letal que liquida a quien se interpone contra él y que a la vez envenena a quien lo ejerce hasta convertirlo en el mismo trozo de miseria al que conduce a tantos.</strong><strong> </strong></p>
<p><strong>¿Y qué es una imaginería?</strong> </p>
<p>Este espacio fue creado para imaginerías. ¿Y qué es una imaginería? El anverso del poder. La capacidad de creación sobre la fuerza para oprimir. El recinto donde el hombre consagra el vivir. El coloquio del corazón con la flor. La esperanza de un tiempo sin aflicción. </p>
<p>Pero para el mundo que el hombre ha construido la imaginería es una ilusión. Una conjugación del porvenir. Una utilería para sobrevivir. Aún no se ha convertido en una realidad colectiva, en un hacer nuestro y permanente, en la huella del hombre sobre el agua.<strong> </strong></p>
<p><strong><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Letania-sobre.-2.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-4961" title="Letania sobre. 2" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Letania-sobre.-2-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a>Un espejo que aguarda</strong> </p>
<p>Es un espejo que aguarda fraguarse desde los fondos marinos y las orillas deshabitadas. Es un deseo que anida en el alma. Un mandarinar que aún no esparce sus gajitos. Es la ofensiva amurallada de la vida contra la muerte. </p>
<p>Todo lo contrario del poder, que jamás podrá contener imaginería alguna,  aunque disponga de todas sus maquinarias para destrozar la vida y convertirla en otro instrumento de sumisión. De violencia. De aplastamiento y  perversión. </p>
<p><strong>¿Y qué es el poder?</strong> </p>
<p>¿Y qué es el poder? ¿Un designio otorgado por los dioses al hombre para hacerlo a su imagen y semejanza? ¿Un salvoconducto para la eternidad? ¿El santo y seña de la impunidad? </p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Letania-sobre.-3.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-4962" title="Letania sobre. 3" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Letania-sobre.-3-264x300.jpg" alt="" width="264" height="300" /></a>El poder está en todas partes. Se ejerce, manifiesta y expresa de infinitas maneras. Y su capacidad para dañar crece proporcionalmente a la fortaleza de los campos mayores sobre los que gravita. O en los pequeños donde es posible de un solo golpe exiliar toda ilusión de que el mundo puede ser un sitio donde la justicia impere, sin estar unida al poder que la convierte en injusticia.<strong> </strong></p>
<p><strong>Una madeja incalculable de hilos</strong> </p>
<p>El poder es esa madeja incalculable de hilos que se entrecruzan, extienden, para sujetarlo todo, hasta la respiración. Y se vale de todos los recursos a fin de no debilitarse o ceder espacios a quien somete, veja o expropia hasta la vida. </p>
<p>El poder está indisolublemente ligado al capital. Una fuerza que todo lo corrompe y resquebraja. Y como se construye en base a la compraventa de conciencias y entidades, a veces también implosiona en su propia podredumbre.<strong> </strong></p>
<p><strong>Un goce secreto y a viva voz</strong> </p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Letania-sobre.-5.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-4963" title="Letania sobre. 5" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Letania-sobre.-5-300x228.jpg" alt="" width="300" height="228" /></a>El poder es profundamente repulsivo. No tiene medida ni límite en su expansión y en su capacidad para humillar. El poder utiliza las herramientas más sofisticadas para hacerse pasar por benévolo y para trabajar con la anuencia de aquellos a quienes oprime, domina y somete. </p>
<p>El poder es ese placer de ubicarse en una posición desde la cual hay alguien sobre quien ejercerlo. Es un goce secreto y a viva voz, que se deleita cuando logra la sumisión obligada, la domesticación, la profanación, la humillación.<strong> </strong></p>
<p><strong>Un veneno letal</strong> </p>
<p>El poder es un veneno letal que liquida a quien se interpone contra él y que a la vez envenena a quien lo ejerce hasta convertirlo en el mismo trozo de miseria al que conduce a tantos. </p>
<p>Sólo que no nos damos cuenta. No hemos crecido aún lo suficiente para detectar el poder cuando comienza a nacer. Por el contrario, lo dejamos pasar, casi hasta lo envidiamos,  porque cuando se ejerce contra nosotros, deseamos poder para tomar la debida venganza, que consiste en humillar a quien te humilla, someter a quien te somete, herir a quien te ha herido con toda su saña.<strong> </strong></p>
<p><strong>Pobre mundo destrozado</strong> </p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Letania-sobre.-7.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-4964" title="Letania sobre. 7" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Letania-sobre.-7-184x300.jpg" alt="" width="184" height="300" /></a>Vivimos entonces en un mundo que se reparte entre quienes ejercen el poder y quienes desean ejercerlo. Pobre mundo destrozado que aniquila todo lo que no se ubique entre esos dos polos. </p>
<p>La mayoría, sobre la cual se ejerce globalmente el poder, su grado de sometimiento es tal, que no tiene posibilidades mayores de comprender los mecanismos que la aniquilan. De modo tal que toma su desvivir como un destino asignado del cual no se puede salir. Y a lo más que acude es a una instancia supraterrenal o divina a quien clama por algo de suerte o un lugar en el más allá.<strong> </strong></p>
<p><strong>La alianza capital-religión</strong> </p>
<p>Extraordinario trabajo, por cierto, que fortalecen las religiones, las ideologías, las llamadas ciencias del hombre, trasmutadas en medios o ciencias del poder, para consolar a los sometidos y ofrecerles a cambio de su sacrificio aquí en la tierra, un lugar innominado allá en el paraíso y tal vez hasta a la diestra del Señor, o una aplicación estadística en los basureros del mundo. </p>
<p>Las religiones y las ciencias se alían entonces con el capital para ejercer la dominación y justificar toda injusticia. Y por más que Jesús, por nombrar un iluso imaginario, haya tratado de enderezar esos entuertos, sólo sobrevive el acuerdo-negociación, la trampa-mentira sobre la cual se levanta todo el proceso civilizatorio, que otorga parcelas de poder a algunos mientras mantiene a las mayorías violentadas hasta lo indecible. </p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Letania-sobre.-81.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-4966" title="Letania sobre. 8" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Letania-sobre.-81-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a>Pobre mundo sin rumbo que no atina a discutir proyecto alguno, que tenga en su mira conformar una sociedad sin poderes ni sometimientos.<strong> </strong></p>
<p><strong>Un arma vertical</strong> </p>
<p>El poder es un arma vertical que va empujando hasta ejercer la potestad sin límite de cada quien sobre cada cual. Allí nadie se salva. Quien no hace uso del poder que le haya sido otorgado, será sometido por el poder que lo precede. No tiene alternativa ni salida.<strong> </strong></p>
<p><strong>Metáfora de la muerte</strong> </p>
<p>El poder es una metáfora de la muerte que se instala entre los párpados y le roba a la vida toda su certidumbre.  </p>
<p>Es un espacio sin vacíos, que revienta todo a su alrededor hasta reventarse a sí mismo. Sólo que cuando eso ocurre otro poder lo sustituye y el ciclo se repite interminablemente, porque no hay quien lo detenga.<strong> </strong></p>
<p><strong><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Letania-sobre.-9.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-4967" title="Letania sobre. 9" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Letania-sobre.-9-232x300.jpg" alt="" width="232" height="300" /></a>La historia como sucesión de poderes</strong> </p>
<p>La sociedad, en su desenvolvimiento y en medio de ese proceso que nos han vendido como de progreso y superación, no es más que una sucesión de poderes, cada uno más efectivo que el anterior, porque los propios poderes que se crean, lo hacen para darle continuidad a los espacios de su dominio. </p>
<p>Cuando caen, son sustituidos por nuevos poderes que hacen uso de todo el avance tecnológico, científico e ideológico para hacerse pasar por renovadores, subversivos y hasta revolucionarios. Hasta que la propia historia se encarga de demostrar lo contrario. Y el poder vuelve a usurpar la condición de la esperanza, la ilusión o el sueño de un mundo con justicia para todos.<strong> </strong></p>
<p><strong>No hay otro historial sino éste</strong> </p>
<p>No hay otro historial sino éste. No se conoce. Y ya ni siquiera tenemos capacidad para imaginarlo. </p>
<p>Nos han convertido, y así lo hemos aceptado, en seres pasivos, resignados a recibir las migajas del poder que nos controla y con él fabricar una suerte de vida en la cual buscamos aplicar el mínimo poder que nos ha sido concedido para aplastar todo conato de pensamiento diferente. </p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Letania-sobre.-10.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-4968" title="Letania sobre. 10" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Letania-sobre.-10-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a>Con el niño comenzamos nuestra labor. O lo sometemos con el hambre, la violencia, la desnutrición, la insalubridad, las carencias y la muerte de mengua, o si tiene el privilegio de poseer bienes materiales, lo liquidamos pronto a fuerza de  robarle su libertad, su espontaneidad, su ilusión y su capacidad para inventar.</p>
<p><strong> </strong><strong>Ay del hijo que habla con las piedras</strong> </p>
<p>Pronto lo colocamos en el riel de la vida permitida. Y lo que no logramos hacer nosotros directamente, lo delegamos en las instituciones  de todo tipo, entidades todas encargadas de concluir con la misión de controlar los desaguisados o los exabruptos. </p>
<p>Ay del hijo que sueña cielos sin horizontes y mira por las ventanas en busca del amanecer. Ay del niño que habla con las piedras, los pájaros y la lluvia. Ay del que se asoma atónito a contemplar las estaciones de la luna o los pasajes del bosque. </p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Letania-sobre.-12.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-4969" title="Letania sobre. 12" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Letania-sobre.-12-234x300.jpg" alt="" width="234" height="300" /></a>Cuidado, ese pequeño ser indefenso, que adviene a la vida cargado de imaginerías, puede poner en peligro el planeta entero, la sociedad existente, el poder que se levanta sobre la extinción de todo asombro. </p>
<p>Por eso pronto se le domestica, se le ordena, se le reglamenta, se le ponen horarios y se le cierran los espacios para que deje de soñar. Debe obedecer, seguir las reglas, cumplir los horarios, domesticarse a través de la sumisión a los poderes. </p>
<p><strong>Triste mundo que ha autodesterrado su propia vida</strong> </p>
<p>Así sabrá que cuando crezca otros poderes mayores le impondrán lo que debe pensar, hacer, decir y hasta sentir. Y lo hará considerando que es algo tan natural como el día y la noche. No se preguntará por los cauces secretos que lo convirtieron en un ser amaestrado. Esperará tan sólo la ocasión para a su vez domesticar a quien se le atraviese. </p>
<p>Triste mundo que ha autodesterrado su propia vida. En ella ya no cabe nada que hable el lenguaje secreto de los árboles. </p>
<p>Hasta nuestra palabra es un poder destemplado y desvergonzado que nos ha robado el rubor del lenguaje que alguna vez soñó ser humano y amoroso. </p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Letania-sobre.-13.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-4970" title="Letania sobre. 13" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Letania-sobre.-13-300x244.jpg" alt="" width="300" height="244" /></a>Nuestras palabras se han convertido en órdenes o en sumisiones. Perdió casi desde sus inicios su poder de creación, de imaginería, de redención y consagración.<strong> </strong></p>
<p><strong>La palabra: privilegio del poder</strong> </p>
<p>Quedó encerrado en eso que dan por llamar arte. O en la lágrima de una madre. En el suspiro de un colibrí herido. En la canción que se gesta en las colinas. En el abecedario del agua sobre la tierra que aún retoña. </p>
<p>Una expresión libre que no libera a nadie. Un desorden de lo estatuido, que no desordena poder alguno y que las más de las veces se constituye a su vez en poder de murallas, de cercas. De líneas divisorias. </p>
<p>En ese contexto hasta la palabra se convierte en un privilegio del poder. </p>
<p>Dice César Vallejo: <em>Quiero escribir, pero me sale espuma, / Quiero decir muchísimo y me atollo; / No hay cifra hablada que no sea suma, / No hay pirámide escrita, sin cogollo. / Quiero escribir, pero me siento puma; / Quiero laurearme, pero me encebollo. / No hay voz hablada, que no llegue a bruma, / No hay dios ni hijo de dios, sin desarrollo. / Vámonos, pues, por eso, a comer yerba, / Carne de llanto, fruta de gemido, / Nuestra alma melancólica en conserva. / Vámonos! Vámonos! Estoy herido; / Vámonos a beber lo ya bebido, / Vámonos, cuervo, a fecundar tu cuerva.</em> </p>
<p><strong>Me voy con César a comer fruta de gemido</strong> </p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Letania-sobre.-14.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-4971" title="Letania sobre. 14" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Letania-sobre.-14-203x300.jpg" alt="" width="203" height="300" /></a>Y hoy y aquí, entre estas paredes abiertas de mi propio encierro, entre esta palabra que no llega a ser espuma, entre esta voz hablada que no llega a bruma, me voy con César a comer yerba, carne de llanto, fruta de gemido, porque como él, en este día de todos los días, estoy herida por poderes disfrazados de relicarios, que llegaron en la noche, al destemplado, a soliviantar la risa de los niños, a amedrentar la luz de sus pupilas, a quebrarles el hilo mágico de sus imaginerías. </p>
<p><strong>Los poderes cumplieron su sentencia inequívoca</strong> </p>
<p>Como si hubiesen sido obligados a crecer en un instante. Arrebatados de su sol de mariposas, de sus dinteles escarchados, de sus brazos extendidos hacia las auroras que les nacen en sus adentros, y encerrados en el claustro de las sumisiones, las mentiras y los falsos espejos de devociones que nunca supieron de misericordia.<strong> </strong></p>
<p>Y este yo cuarteado en sus raíces, pulverizado el verso, que supo de los poderes aún antes de nacer, hoy en este día invertido, en este anochecer que no sabe de soles, en esta grieta que se enasta en el alma, he dejado que los poderes tomen por sorpresa mis incertidumbres para cumplir su sentencia inequívoca.<strong> <a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Letania-sobre.-15.png"><img class="alignleft size-medium wp-image-4972" title="Letania sobre. 15" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Letania-sobre.-15-249x300.png" alt="" width="199" height="242" /></a></strong></p>
<p><strong>Dejo esta letanía como un expediente a los poderes</strong> </p>
<p>Y como me he quedado sin palabra y sin espuma, náufraga entre torrentes de cal, vacía de imaginerías que puedan dinamitar el horror, dejo esta inútil letanía, este grito venido de las honduras de un pozo, como un expediente inalterable que le levanto a los poderes de todos los tiempos y dimensiones, a sus usufructuadores, a sus seguidores, a quienes los ejercen y sustentan, a quienes asesinan, a cada paso, la vida que pudo haberse enseñoreado como un don sobre este triste y desvalido planeta, extinguido mucho antes que el astro que lo alimenta y lo nutre. </p>
<p>Una letanía que le dedico, inerme como estoy para protegerlos, a tres niños que me enseñaron y siempre me enseñarán el privilegio de vivir sin poderes. | <strong>MERY SANANES</strong>, escritora venezolana, autora de <em>Tiempo de guerra</em>, 1974, <em>Reflexión sobre una y otra historia</em>, 1997.-</p>
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		<title>mediaIsla, el lado aislado de una isla indivisible</title>
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		<pubDate>Sat, 13 Nov 2010 19:50:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mediaIsla</dc:creator>
				<category><![CDATA[Imaginerías]]></category>

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		<description><![CDATA[MERY SANANES &#124; Como entonces, cuando inició su expedición, mediaIsla le sigue pintando colores a un mundo que aglutina con dedos que piensan, palabras que horadan, sentidos que recomponen. a seis años de su navegación inicial mediaIsla, el lado aislado de una isla indivisible, aunque le hayan inventado cercas y rayas imaginarias para atrapar la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/El-aislado.-cayena.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-4815" title="El aislado. cayena" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/El-aislado.-cayena-300x200.jpg" alt="" width="300" height="200" /></a><a href="http://embusteria.blogspot.com/">MERY SANANES</a></strong><strong> </strong><strong> | Como entonces, cuando inició su expedición, <em>mediaIsla</em> le sigue pintando colores a un mundo que aglutina con dedos que piensan, palabras que horadan, sentidos que recomponen.</strong></p>
<p style="text-align: right;"><strong><em>a seis años de su navegación inicial</em></strong></p>
<p><strong>mediaIsla</strong>, el lado aislado de una isla indivisible, aunque le hayan inventado cercas y rayas imaginarias para atrapar la historia en dos bandos contrapuestos. Media Isla es como cortar el mar en dos pedazos o dibujarle fronteras a las nubes. ¿Pero acaso el hombre no se ha especializado precisamente en contradecir todas las leyes de lo humano?</p>
<p><strong>Y todo se convirtió en fragmento</strong></p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/El-aislado.-aves.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-4816" title="El aislado. aves" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/El-aislado.-aves-300x199.jpg" alt="" width="274" height="177" /></a>Cuando se irguió por vez primera en sus dos pies y extendió su cuerpo vertical buscando el sol, el horizonte se le ofreció como un manjar para sus días. Sólo que pronto se le quebró para convertirse en territorio de alguien. Y desde ese malhadado instante de las reparticiones, todo se tornó en mitad, o en fragmento, o en pedazo roto de algo que aún no hemos podido recobrar.</p>
<p>Dijimos alguna vez, deletreando la canción de las islas, que era un lugar de horizontes e infinito, en el que la tierra se extiende mar adentro buscando una travesía de estrellas que se desborda sobre los riscos, derramando un incendio de espuma y de sal.</p>
<p><strong>Los azules espejos de las aguas</strong></p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/el-aislado.-nino-de-punta-cana.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-4817" title="el aislado. nino de punta cana" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/el-aislado.-nino-de-punta-cana-300x200.jpg" alt="" width="300" height="200" /></a>Posada donde el sol deslumbra sobre los azules espejos de las aguas en las madrugadas de peces que atajan las redes para dibujar señales de amor a los barquitos de vela.</p>
<p>Sólo que no eran veleros las naves expedicionarias. Y su arribo partió los espejos y desasistió la vida, instalando en sus albores una historia de resquebrajaduras que aún perdura y se extiende, sin que el hombre indivisible logre aglutinarse de nuevo.</p>
<p><strong>La mitad de una palabra quebrada</strong></p>
<p><strong>mediaIsla</strong> es entonces la mitad de una palabra también quebrada, afanada en reconstituir el alfabeto del agua.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/el-aislado.-el-carpintero-de-la-hispaniola.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-4818" title="el aislado. el carpintero de la hispaniola" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/el-aislado.-el-carpintero-de-la-hispaniola-200x300.jpg" alt="" width="200" height="300" /></a>Porque de las islas le vienen al hombre esas ganas de vivir entre aguas, ese modo de ser marinero de pastos, sin equipaje ni ancla, aventurero como el viento, remoto como los tiempos, ligero y salobre, móvil como la marea que viene y va andando de la vida al asombro.</p>
<p><strong>Un río al revés</strong></p>
<p>Hace seis años emergió <strong>mediaIsla</strong> del mar Caribe en un recorrido de río al revés. Desde la desembocadura decidió ir hacia atrás, hasta llegar a las altas montañas desde donde se divisa la isla entera regada por los mismos cauces.</p>
<p>Y se hizo vertiente de la palabra y encrucijada para los transeúntes. Nacía cuesta arriba, como suelen aparecer los esfuerzos que perduran. Imagínense, hacer nacer una media isla en un territorio plagado de islotes.</p>
<p><strong>Fundar una orilla sin demarcaciones</strong></p>
<p>Pero estaba claro el objetivo. Había que fundar una orilla sin demarcaciones donde pudieran anclar ideas acuáticas, pensamiento de archipiélagos, tesituras de ese azul caribe, que reta todas las imaginerías.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/el-aislado.-llantas.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-4819" title="el aislado. llantas" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/el-aislado.-llantas-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a>Lugar para el encuentro de ideas desencontradas. Refugio de quienes tienen cercada la palabra. Centro para el debate, la discusión, el rescate de la historia fragmentada que está por reconstruir.</p>
<p>Sin cercas, ni nacionalidades, ni premeditación alguna. Un poner el ojo sobre lo que ocurre en el mundo, en el conjunto de medias islas que conforman el planeta y las disputas por su propiedad.</p>
<p><strong>Un clamor de historia sufrida</strong></p>
<p>No podía ser mejor el título ni la intención. Cuando se parte un todo en dos, cada una clama por la otra. Y esta <strong>mediaIsla</strong> es un clamor de historia sufrida, de arte que se restea con la vida.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/el-aislado.-iguana.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-4822" title="el aislado. iguana" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/el-aislado.-iguana-300x271.jpg" alt="" width="300" height="271" /></a>República Dominicana, con la mitad de su isla y una historia fragmentada por guerras e invasiones internas y ajenas, con una retahíla de tristezas que no las borran las líneas de demarcación, se yergue con sus poetas, escritores, narradores, pintores y músicos, para hacerle un expediente a la isla que no cuaja, a la vida que no se vive, a la muerte que no cesa.</p>
<p><strong>Persistencia de piedra de amolar</strong></p>
<p>Y lo hace desde una potestad de la palabra que se vuelve incienso de los días. Sin estridencias pero con persistencia de piedra de amolar.</p>
<p>Desde noviembre del 2004 hasta diciembre del 2009 tomó las rutas marinas de islas y continentes. En enero del 2010, en este año aniversario, <strong>mediaIsla</strong> tomó la forma de revista digital, para anclar aún más lejanas sus recaderías.</p>
<p>En sus páginas que ahora corren más de prisa acampan muchos amigos que la han convertido en residencia de sus palabras, en asiento de sus testimonios, en solar de sus ilusiones. Una media isla donde convergen diversos pensamientos, gente de todas las latitudes, registrando el color exacto de su tristeza o de sus afanes.<strong> </strong></p>
<p><strong>Otro sábado trece para la misma celebración</strong></p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/el-aislado.-tiznaos.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-4823" title="el aislado. tiznaos" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/el-aislado.-tiznaos-300x200.jpg" alt="" width="300" height="200" /></a>Nosotros que fuimos antiguos lectores y que ahora le dibujamos imaginerías a sus imaginarios linderos, celebramos con júbilo y alegría esta nueva estación, que ocurre otra vez en sábado trece, para reafirmar la vocación náutica de este empeño, que deja para los tiempos que vendrán, una insustituible fuente para el estudio de esta isla de aislados lados, como la designó René Rodríguez Soriano, escritor dominicano quien ha estado al frente de esta gestión desde sus inicios, con irreductible persistencia.<strong> </strong></p>
<p><strong>mediaIsla le sigue pintando colores al mundo</strong></p>
<p>Como entonces, cuando inició su expedición, <strong>mediaIsla</strong> le sigue pintando colores a un mundo que aglutina con dedos que piensan, palabras que horadan, sentidos que recomponen. Dejando sobre las aguas azules de este archipiélago los trazos pasteles de los amaneceres, encendidos en cada uno, como el combustible necesario para reedificar la vida en este Medio Planeta a punto de estallar en pedazos y en vías de extinción.</p>
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		<title>Tu nombre en un espejo de agua, Isadora</title>
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		<pubDate>Sat, 16 Oct 2010 17:03:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mediaIsla</dc:creator>
				<category><![CDATA[Imaginerías]]></category>

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		<description><![CDATA[MERY SANANES &#124; Dondequiera que un niño conjugue en brisa el verbo vivir, que columpie su risa en los engranajes de las nubes y respire mar adentro su pertinencia de pez, estarás tú señalando el porvenir. Nací a la orilla del mar. &#124; Mi primera idea del movimiento &#124; y de la danza me ha [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/10/isadora_duncan_image_0.jpg"><img class="alignright size-full wp-image-4348" title="isadora_duncan_image_0" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/10/isadora_duncan_image_0-e1287248207781.jpg" alt="" width="225" height="285" /></a><a href="http://embusteria.blogspot.com/">MERY SANANES</a> | </strong><strong>Dondequiera que un niño conjugue en brisa el verbo vivir, que columpie su risa en los engranajes de las nubes y respire mar adentro su pertinencia de pez, estarás tú señalando el porvenir.</strong><strong> </strong></p>
<p><em>Nací a la orilla del mar. | Mi primera idea del movimiento | y de la danza me ha venido | seguramente del ritmo de las olas…</em> <strong>Isadora Duncan</strong></p>
<p>Te encontré un día por azar, como se encuentran muchas de las cosas trascendentes. Un día en el que medía el fuego de los pájaros y la travesía de los rayos que dan de beber a las hojas. Una noche que me detuve a descifrar el viaje de las ondas luminosas desde la fogata del sol hasta los bosques de este planeta que resiste. Una tarde en la que, frente al mar, se desenvolvieron como en un delta inmenso todos los acordes que alguna vez había escuchado.</p>
<p>Perseguía el cometa que nunca aprendí a volar pero que dibujaba en el cielo una vorágine de movimientos. Iba tras un cangrejo que demarcaba su paso en un giro hacia atrás. Un mediodía en el que intentaba deletrear el misterio de las espigas que inundan la tierra con su danza interminable de susurros.</p>
<p>Te encontré mientras seguía la cambiante línea del horizonte sobre la metáfora de una tempestad. O en aquel amanecer en el que por primera vez me fue revelada la desmesura de un bajel de velas blancas, surcando los acantilados de un mar cuyo azul me escribió por vez primera tu nombre sobre un espejo de agua, una luna creciente o el hilo fosforescente de un cocuyo enamorado.</p>
<p>Me prendí de los pliegues de tu túnica, del color de tus ojos, del rumor que manaba de cada uno de tus dedos, en ascenso hacia el plexo solar del universo y supe que había llegado a una estación de la que nunca más partiría.</p>
<p><em><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/10/back.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-4349" title="Isadora DuncanSF PALM" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/10/back-e1287248249916-300x198.jpg" alt="" width="300" height="198" /></a>El movimiento de las olas, del viento, | de la tierra siempre | tiene la misma y eterna armonía</em></p>
<p>Busqué tus señas, indagué en tu historial de tiempo, hice el registro de tus andares, pero donde verdaderamente acampé fue en la volatilidad de tus pies descalzos trazando en el aire la respiración de un campo de hierbas o el susurro irrefutable del mar. Entre tus manos la música adquiría una sonoridad inédita y en tus movimientos la armonía de la vida redefinía sus trayectos.</p>
<p>Parecías tan natural como una ola marina, una flor abriendo sus pétalos, una llovizna cayendo sobre verdes pastos, un tallo invocando la continuidad de la vida, el recinto de un suspiro o la residencia sonora de un jilguero. Trazabas arcos, espirales, como si pudieras hacer del viento un pincel que trazara en colores pasteles el derroche naranja de los atardeceres.</p>
<p>Lo que hacías, en verdad, era enhebrarle un adagio al movimiento natural y armónico de todo lo que vive. Lo reproducías y reinventabas en tu danza para que en su lenguaje pudiera comenzar a hacerse escritura del hombre.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/10/isadora-duncancon-alumnas-paris-1910.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-4350" title="isadora-duncancon alumnas paris 1910" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/10/isadora-duncancon-alumnas-paris-1910-300x215.jpg" alt="" width="300" height="215" /></a>Y en ti vi al pez mecerse en las aguas marinas, al colibrí enamorado del polen, al vuelo rítmico de los gansos, el alborozo de los palomares, el allegro vivace de las mariposas, la risa de los niños cuando se despliega en sus párpados el asombro.</p>
<p>Y comencé a hurgar en tus propuestas, en ese arte de la danza que te dedicaste a explicar  para dejarnos esa lección de vida que aún no aprendemos.</p>
<p>Tu visión, tu propuesta va mucho más allá del recinto del arte, va al centro del sentido más alto de lo vivo, reencuentra su dimensión esencial, rescata su sentido y lo reintegra como parte fundamental de un ser humano en libertad y en armonía con la naturaleza a la cual pertenece.</p>
<p><em>Si buscamos la verdadera fuente de la danza, | si vamos a la naturaleza, encontramos que | la danza del futuro es la danza del pasado, la danza | de la eternidad y ha sido y siempre será la misma.</em><em> </em></p>
<p>No sé si alguna vez y en verdad te han entendido, Isadora. Tu propuesta está demasiado cargada de futuro para que los hombres de estos tiempos, tan domesticados y atados a todo tipo de cercas, seamos capaces de comprender la esencia de lo que dices. Como si hubieras podido desechar de golpe todo lo efímero y formal, todo lo accesorio e intrascendente de lo que estamos hechos.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/10/isadora_duncan_image_01.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-4351" title="isadora_duncan_image_0" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/10/isadora_duncan_image_01.jpg" alt="" width="225" height="285" /></a>Rompes los patrones de la vida que nos ha regido por milenios  y devuelves lo humano al tiempo primigenio de un nacimiento que aún está en camino. Si aquel largo tránsito hasta erguirse vertical sobre horizontes que aún no vislumbraba y descubrir la magia incesante de unas manos humanamente móviles significó toda una evolución de la especie, lo que tú ahora planteas, Isadora, es devolverle a la vida el ritmo vital que el tiempo de una historia ajena le arrebató a su cósmica condición. Rescatar para los dedos la función de la caricia por encima de toda herida.</p>
<p>En otras palabras reencontrar el flujo del agua que nos recorre y trazar su cauce  con las ondas del viento. Devolverle a la mirada su perspectiva de infinito. Y al cuerpo humano la movilidad de una gacela que en su armonioso tropel contiene toda la belleza de la danza, que aún el hombre no aprende a liberar.</p>
<p><em>La emoción no alcanza su momento de expresarse | a través de una acción que se apresura; | se madura primero, duerme como la vida en la semilla | y se desenvuelve despacio y con gentileza.</em><em> </em></p>
<p>Desde los avatares de un destino insospechado, lograste encontrar en tu interior la clave en sol de una partitura aún no escrita que, sin embargo, deletreaste con tus movimientos, como una carta infinita de amor a la humanidad.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/10/isadora-duncan4.jpeg"><img class="alignright size-medium wp-image-4352" title="isadora-duncan4" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/10/isadora-duncan4-300x218.jpg" alt="" width="300" height="218" /></a>Y supiste desde un inicio que esa revelación de lo humano que buscabas, que define y precisa nuestra humana condición, estaba precisamente en la capacidad para ejercer una libertad que tiene como límites las propias leyes de la naturaleza, y como pentagrama el universo mismo del cual partimos y hacia donde vamos, en esta móvil y permanente transformación de los decibeles de los que estamos hechos.</p>
<p><em>Enseñemos primero a los niños a respirar, |vibrar, sentir e integrarse con la armonía general | y el movimiento de la naturaleza. | Primero produzcamos un hermoso ser humano, | un niño que danza.</em><em> </em></p>
<p>Sabías que había que buscar en el niño la manifestación espontánea de esa fuerza vigorosa. Pero también estabas consciente de que en el mundo en el cual sobrevivimos hay que extraerla de las profundidades de los párpados que van descubriendo los milagros de todo lo que existe, del arpegio de la risa que brota sin razones de un corazón recién parido, de ese movimiento amoroso que acompaña las circunvalaciones del agua.</p>
<p>Lo supiste y lo viviste desde el movimiento primero de la vida brotando en tu interior como un vendaval de armonías. Dos hijos, un niño y una niña, que se hicieron continuidad de tu suspiro en sus risas en flor. Hasta la agonía interminable e infinita de ver sucumbir sus cantos en el cauce de un agua que no los aguardaba y que en su absurda y contradictoria insensatez, los tomó en su marejada hasta convertirlos en peces traviesos usurpando el vuelo de los pájaros, como colibríes marinos.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/10/genthe_11.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-4353" title="genthe_1" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/10/genthe_11-231x300.jpg" alt="" width="231" height="300" /></a>Nunca se iría de ti aquella imagen de sus rostros pegados del cristal del carruaje que los llevaba y que nunca los regresaría. Y sin embargo, de esa tristeza que se instaló como un silencio gigante en el curso lunar de tus imaginerías, brotó tu fuerza renovada para que ellos fueran la señal de los niños que soñabas, danzando el movimiento de la naturaleza, para rehacer este mundo deshecho.</p>
<p>Y así te fuiste a asentar tu escuela de danza, de vida, de futuro. Y lo hiciste en medio de un tiempo adverso, amotinado, dedicado a las tareas de destrucción que no a las de construcción. Tiempos de ‘postguerra’ que preludiaban los que habrían de venir.  Sacudimientos históricos que ya transitaban con su carga de frustración y desenfreno.</p>
<p><em>Los griegos entendieron la continua belleza | de un movimiento que insurge, se esparce y concluye | con una promesa de renacimiento.</em><em> </em></p>
<p>Ibas y venías de una Grecia antigua que no supo dejar sus frutos en las empalizadas florecidas sino en las instituciones hechas para deshacer los azules. Refutaste sin ser comprendida pero no cejaste en tu empeño por abordar la belleza que retrata la vida en el crisol de un escarabajo o la fiesta lúdica de un panal de abejas. Sabías que en todo niño se asentaba ese encantamiento y que bastaba dejarlo ser, con su carga de flor y de alas, para que el mundo girara sobre sí mismo y encontrara el rumbo que aún no ha tenido.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/10/Lo-que-llevo.-Walt-Whitman1.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-4354" title="Lo que llevo. Walt Whitman" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/10/Lo-que-llevo.-Walt-Whitman1-300x250.jpg" alt="" width="300" height="250" /></a>Te recostaste en las barbas frondosas, como nidos de aves, del viejo Walt Whitman quien en su propio universo dinamitaba la palabra como tú lo hacías con la danza, buscando el tiempo de vivir que no el verso, como tú, gigante del viento que amaina su recorrido sobre soliloquios de lluvias y estampidas de infinitos, para dibujarle al hombre la medida exacta de su recorrido, si alguna vez despierta a lo que en verdad tiene que ser.</p>
<p><em>La danza es el ritmo de todo lo que muere | para que pueda volver a nacer, |  es el eterno amanecer del sol. </em><em> </em></p>
<p>No sé, Isadora, si te comprendieron. Pero aquello de lo que tú hablabas, las lecciones de danza y de vida que dejaste enastadas en las comarcas del suspiro, tienen la vigencia de las constelaciones, el resplandor de los luceros del alba, el rumor sinfónico de los tejeritos. Y sólo aguarda su tiempo de derramarse como un río caudaloso sobre un océano de días, hasta instalarse al fin en el recinto de lo posible.</p>
<p>Y lo hiciste desde el dolor y la tristeza, desde los desencantos y la incomprensión de quienes no entendieron la estatura de tus brazos erguidos hasta la cima de un vivir resplandeciente. Se fugaron tus niños en el torbellino de aguas mansas, e hiciste tus hijos a los niños del mundo. Y a ellos legaste la fantasía imperiosa de tu danza.</p>
<p><em><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/10/Tu-nombre.-portada.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-4355" title="Tu nombre. portada" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/10/Tu-nombre.-portada-300x274.jpg" alt="" width="300" height="274" /></a>No hay manera más simple y directa | para dar arte a la gente que transformar | sus propios hijos en vivientes obras de arte.</em></p>
<p>Y por ello, Isadora, dondequiera que un niño conjugue en brisa el verbo vivir, que columpie su risa en los engranajes de las nubes y respire mar adentro su pertinencia de pez, estarás tú con tus brazos extendidos, tus pies descalzos y tu rostro amoroso, señalando el porvenir. Aunque te hayas ido tú misma, en el movimiento rítmico de un telar que giró de improviso sobre tus lágrimas, para que al fin pudieses ir al encuentro de tus caballitos de agua y cabalgar desde los astros una danza cósmica y eterna.</p>
<p>Y te digo, Isadora, en estos tiempos, cada vez más llenos de dolor, marcados por  el terror y la angustia, por el monótono tableteo de las máquinas de muerte, por la propia convicción de un hombre que no sabe de su destino y de su propia condición, tomamos tu mensaje que hace de los movimientos que se vuelven niños, el propio acercamiento a los dioses  que han venido a estas tierras a decirnos que es la hora de comenzar el vaivén sin fin del amor,  para que, hasta el propio cielo lleguen los pasos de tus amaneceres, tejidos en danza y sonido por la humanidad que alguna vez será.</p>
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		<title>La canción de vida de Luis Mariano y Gualberto</title>
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		<pubDate>Sat, 18 Sep 2010 16:53:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mediaIsla</dc:creator>
				<category><![CDATA[Imaginerías]]></category>

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		<description><![CDATA[Carta para Gualberto Ibarreto No sé cuánto he tardado en escribirte esta carta. Son muchos agostos de demora. Pero en  este  septiembre me decidí a cumplir contigo. Ya no hay ninguna justificación para   excusas. ¿Por qué agosto? Porque es el mes de Luis Mariano Rivera y tu nombre, tu canto y tu imagen van unidos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/09/La-cancion-de-vida.-Luis-Mariano-Rivera.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-4028" title="La cancion de vida. Luis Mariano Rivera" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/09/La-cancion-de-vida.-Luis-Mariano-Rivera-270x300.jpg" alt="" width="270" height="300" /></a></p>
<p style="text-align: right;"><strong><em>Carta para Gualberto Ibarreto</em></strong></p>
<p>No sé cuánto he tardado en escribirte esta carta. Son muchos agostos de demora. Pero en  este  septiembre me decidí a cumplir contigo. Ya no hay ninguna justificación para   excusas.</p>
<p>¿Por qué agosto? Porque es el mes de Luis Mariano Rivera y tu nombre, tu canto y tu imagen van unidos al poeta de Canchunchú Florido y a la magia que ha dejado escrita en los luceritos de monte y amor.</p>
<p>Y también te escribo, porque en estos días  me puse a hurgar entre memorias  guardadas y conseguí un registro que contiene las canciones de Luis Mariano cantadas por tí.</p>
<p>Volví entonces al umbral de los tiempos de augurios y soles que nos piden tocar a tu puerta para que siga abierta a la canción que forma parte de  nuestras vidas.<strong> </strong></p>
<p><strong>En tu voz Luis Mariano alcanza una sonoridad inédita</strong></p>
<p>Y qué decirte, Gualberto, te escuché una y otra vez y sobre tus acordes eché a volar las palabras.  Cómo no decirte que Luis Mariano en tu voz alcanza una sonoridad inédita, como si te hubieras metido en el interior de su cuatro o en el envés de su pecho, para darle esa hondura que él pedía a sus versos y a su música.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/09/La-cancion-de-vida.-Gualberto-Ibarreto-1.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-4032" title="La cancion de vida. Gualberto Ibarreto 1" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/09/La-cancion-de-vida.-Gualberto-Ibarreto-1-e1284828334139-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a>Las canciones de Luis Mariano, de versos puros, dulzura y  trascendencia sinfónica   se desbordan en tu voz y toman el cauce del viento y se siembran en los párpados, se adhieren a la piel y brotan como almácigos que  se reproducen como las florecitas sin nombre, a orillas de los caminos, en las faldas de las colinas, en la travesía del agua.</p>
<p>Es como si esa música hubiese sido escrita para tu garganta y que tu voz hubiese encontrado en ese recinto múltiple del canto de Luis Mariano, la medida exacta de su condición.<strong> </strong></p>
<p><strong>Ambos rompen el silencio</strong></p>
<p>Ambos rompen el silencio, abren compuertas, desisten de cercas y se dan como si de ustedes surgiera un canto colectivo y anónimo que dijera algo de cada uno de nosotros. Fogón o lucerito, semeruco o guácara, paloma de pluma blanca o tucusito, chivita o chacalera, canto de amanecer o plegaria de pescador, todo se conjuga en las florerías de Canchunchú, ese campo de armonía que trae en sus versos toda su alegría.</p>
<p>En cada tonada, Gualberto, tu voz tiene la magia de adelgazarse hasta hacerse susurro o suspiro, de hacer travesía de arroyito sobre las notas, o de elevarse hasta darle sonoridad de tuba, como si la palabra cantada pudiese ser a la vez mano que se agita, murmullo del alba, grito de trabajo o canción de amor.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/09/La-cancion-de-vidda.-LMRivera.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-4035" title="La cancion de vidda. LMRivera" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/09/La-cancion-de-vidda.-LMRivera-242x300.jpg" alt="" width="242" height="300" /></a>Entre ambos entregan un testimonio que queda registrado en la memoria colectiva de la historia que aún deberemos inventar y escribir.</p>
<p>Y ese sentimiento, tan semejante al acidito de mi tierra que se vuelve juguito de amor en corazón de alegría, se queda prendido en los territorios en los cuales sobrevive el amor.<strong> </strong></p>
<p>Tu voz y la poesía infinita de Luis Mariano dan cuenta de las vueltas que ha dado y tiene que dar el mundo, para constituir una hermosa, profunda y trascendente ofrenda al porvenir.</p>
<p>Mucho se habla y se escribe que hay un canto popular y otro  que alcanza un sitial de privilegio, al cual sólo ingresan algunos grandes iniciados en el arte de decir o de componer. Nada más alejado de lo real, porque la creación del hombre no admite encierros, cercas o límites.</p>
<p>Y quien se aleja de ese vuelo ya no puede recibirla porque le han robado la visión, lo han aturdido con ruidos que nada tienen que ver con su capacidad para captar las señales de lo que, viniendo de su propio interior, alcanza la mayor trascendencia.<strong> </strong></p>
<p><strong>No hay división posible en la hechura mágica del hombre</strong></p>
<p>No hay división posible en la hechura mágica del hombre que logra deslastrarse de los males de su tiempo.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/09/gualberto_ibarreto_4.gif"><img class="alignleft size-full wp-image-4036" title="gualberto_ibarreto_4" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/09/gualberto_ibarreto_4.gif" alt="" width="261" height="190" /></a>Esa calidad de lo propiamente humano, que aún identifica lo que somos, más allá de las tablas rasas de los especializados en convertir sociedades en estadísticas,  seres humanos en rebaños, o en una masa que sólo se identifica por la capacidad de opresión que sobre ella se descarga, aparece en cualquier parte, como los tallitos verdes sobre el gris de los muros, como el sol que regresa irreverente tras cada tormenta, como el gesto amoroso y oferente que se entrega en medio del mayor sufrimiento.</p>
<p>Esa calidad no se restringe a patrón alguno. Desborda el saber que se conforma para que el hombre lejos de reconocerse se extravíe en la ausencia de sí mismo. Sobrepasa la tragedia de una historia hecha de sepulturas y sepultureros. Y brota en cualquier corazón como un engranaje perfecto que aguarda el conjunto del cual prenderse para construir el tiempo inédito del hombre en plenitud.<strong> </strong></p>
<p><strong>Esporas en la brisa</strong></p>
<p>Algunos hombres, a través de esta historia de los otros, aparecen con las señales, los augurios, los campanarios de la vida que se vive, o de la vida que se ha convertido en muerte, o del vivir que se intuye desde las barricadas del amor. Y desde allí se riega como esporas en la brisa, buscando hacerse raíz en el rostro hermano que aún no conoce.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/09/aaas.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-4037" title="aaas" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/09/aaas-236x300.jpg" alt="" width="236" height="300" /></a>Sólo que estos testimonios gigantes, estas altas expresiones de la sensibilidad humana que habitan en cada uno, se les cerca y restringe hasta quitarles su fuego y su lumbre. Así es como  se les convierte en arte, en material para minorías, que lejos de revertirse en la totalidad de la sociedad, se trasmuta en rara especie de cultos y avezados especialistas.<strong> </strong></p>
<p><strong>Subvertir la palabra acallada</strong></p>
<p>Y cuando esa expresión surge con fuerza arrolladora desde los confines del hombre atrapado en su exclusión, la llamada ‘cultura superior’ se agita y se defiende, levanta vallas y muros, para que esa explosión de vida, no subvierta la quietud de los libros en sus estantes, no soliviante las imágenes y los colores detenidos en los marcos, no eche a andar la música más allá de la caja de resonancia de sus instrumentos.</p>
<p>Inventa esa oscura entidad que se llama ‘cultura popular’ y hasta la redime y la premia. Así la mantiene en su lugar y no la confunde ni la pone a cohabitar con los consagrados en el marco de una cultura que convierte el estallido en palabra acallada, la angustia desmedida en teoría literaria, la melodía en compleja trama acústica.</p>
<p>Luis Mariano Rivera<a href="http://mediaisla.net/revista/wp-admin/post-new.php#_edn1">[i]</a> es un claro ejemplo de cómo desde un pueblo pequeño emerge un canto que habla por todos los pueblos, de un verso que nombrando la flor, designa todos los pétalos que adornan los caminos, que observando el vuelo del tucusito traza sobre el viento el aleteo de todas las aves.</p>
<p>Pero más que eso, cuando toma el dolor de la mano y lo desenvuelve como si fuese a develar más allá de toda mortaja, el sentimiento que recoge toda la tristeza de las vidas a las que se les ha arrebatado el horizonte, el acorde alcanza la pena mayor de una humanidad en sobresalto.<strong> </strong></p>
<p><strong>Palabra y canto para el porvenir</strong></p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/09/aaaas.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-4038" title="aaaas" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/09/aaaas.jpg" alt="" width="280" height="280" /></a>Y en  tu voz, Gualberto, palabra y melodía se disparan como una saeta hacia los cielos ennochecidos por los transeúntes del tiempo. O se dispersan como una llovizna fresca sobre hierbas recién cortadas para que el hombre dondequiera que esté, se detenga a mirar lo que nunca ha visto.</p>
<p>Esa es la magia y el encantamiento. Lo que prolonga y extiende, lo que siembra y recoge, lo que se entrega como una ofrenda floral a la risa del otro, con el anhelo de construir un canto tejido con todas las voces y todos los versos que corren en la intemperie de la vida, hacia un porvenir que aún no vislumbramos.</p>
<p>Y la sonoridad de tu canto, Gualberto, es el recinto que le otorga la movilidad al guijarro que se lanza al río, que le dibuja la profundidad a la lágrima que no se derrama, que le regala la conflagración del corazón al campo de armonías que contiene cada paisaje que el hombre mira con amor.</p>
<p>Y ese don, Gualberto, que te viene de tus adentros, que se acrecienta con tus sentimientos, que se perfecciona cuando modulas cada sílaba como si tu voz fuese el temblor de una flauta, una mandolina que se desliza por todas las ternuras, o una trompeta en tempestad de clarines, es tu tarea y tu deber, tu oficio cantorilero. Y debes cuidarlo, cultivarlo, afinarlo. No lo puedes  aquietar, agrietar ni dejar que nada lo dañe.</p>
<p>La sonoridad de tu voz no tiene derecho al silencio y aún te aguardan jornadas de siembra y de rocío, para ayudar a despertar al hombre del letargo de sus ausencias y del lastre de su dolor.</p>
<p>Ese es tu compromiso y tu deber. Luis Mariano te aguarda para que sigas esparciendo sus florerías. Y también la canción anónima y colectiva que, como las florecitas silvestres, aguarda que una garganta como la tuya la siga recogiendo, envuelta en el tamiz de tus torbellinos  para llevarla por los aleros de todos los vientos.</p>
<p>Y eso es lo que vine a decirte hoy, con la armonía de tu canto enredada en el corazón y con el encanto de Luis Mariano enlazado en el alma. Con la ilusión de que fructifique, se extienda y te lleve en alguna medida lo que significa la huella que dejas entreverada en la risa que aún estamos obligados a construir y multiplicar.</p>
<p>Y para que rescatemos los tantos Luis Mariano y Gualberto dispersos en este planeta triste que no se apagarán mientras, como dice León Felipe, haya allá arriba en las colinas hombres que observan los signos estelares, que sostienen vivo el fuego prometeico y cantan unas canciones que hacen crecer las espigas. <a href="http://mediaisla.net/revista/wp-admin/post-new.php#_edn2">[ii]</a> Con esos brotes reforestaremos la vida hasta recomponer colectiva y anónimamente la canción rota del hombre.</p>
<hr size="1" /><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-admin/post-new.php#_ednref1">[i]</a> Sobre LMR y esta temática puede consultarse nuestro libro: <strong>La trampa engaño de la cultura. Aproximación a Luis Mariano Rivera</strong>. Caracas, CPT-CEHA-UCV, 2006. 464 p.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-admin/post-new.php#_ednref2">[ii]</a> LF, Español del éxodo y el llanto,  <strong>OC</strong>. Buenos Aires, Losada, 1963, p. 120.</p>
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