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	<title>mediaisla &#187; Visiones</title>
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	<description>Puente de palabras vivas</description>
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		<title>Mercedes Mota y la trascendencia literaria</title>
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		<pubDate>Sat, 28 Apr 2012 14:14:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mediaIsla</dc:creator>
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		<description><![CDATA[JOSÉ ACOSTA [mediaisla] La Editora El Caribe publicó en 1965 su libro «Vida y Pensamiento», que recoge su obra ensayística de 1903 hasta 1915. Con estos antecedentes, me volví a preguntar por el legado literario de Mercedes Mota. ¿Dónde está? Cuando terminé de leer el primer tomo de las obras completas de Pedro Henríquez Ureña, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/04/Mercedes-Mota.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-9505" title="Mercedes Mota" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/04/Mercedes-Mota-206x300.jpg" alt="" width="206" height="300" /></a>JOSÉ ACOSTA </strong>[<a href="../../revista">media<strong>i</strong>sla</a>] <strong>La Editora El Caribe publicó en 1965 su libro «Vida y Pensamiento», que recoge su obra ensayística de 1903 hasta 1915. Con estos antecedentes, me volví a preguntar por el legado literario de Mercedes Mota. ¿Dónde está?</strong></p>
<p>Cuando terminé de leer el primer tomo de las obras completas de Pedro Henríquez Ureña, el que contiene sus estudios literarios, se quedó grabado en mi mente el nombre de Mercedes Mota. El ensayo comienza con esta descripción: “La más joven de las escritoras dominicanas es una personalidad interesante y sugestiva que asombró desde temprano por la seriedad de su talento y de su vida”.</p>
<p>Como Mercedes Mota nació en 1880, publicado el ensayo en 1904, calculé que la escritora contaba a la sazón con apenas 24 años de edad.</p>
<p>Más adelante, Henríquez Ureña nos dice que Mercedes Mota, graduada de Maestra Normal, consagró su vida a la enseñanza, y continúa señalando que, “mientras tanto (es decir, al tiempo en que era maestra) ha escrito abundantemente para el público”.</p>
<p>¿Y qué había escrito?, me pregunté. Henríquez Ureña lo revela a continuación: “fantasías puramente literarias”.</p>
<p>Eran estas “fantasías puramente literarias”, como las define el gran ensayista dominicano, ¿cuentos, relatos, poemas, novelas o ensayos? Los textos que fueran, me dije, consiguieron despertar el interés de una de las máximas figuras de las letras dominicanas y universales, el mismísimo Henríquez Ureña.</p>
<p>Intrigado, seguí investigando. Supe que Mercedes Mota era de padre chino. José Chez Checo y Mu-kien Adriana Sang, en la obra titulada <strong>Historia de la migración china en República Dominicana</strong>, nos cuentan lo siguiente: “En 1867, el señor Gregorio Rivas, mocano-vegano, importó un grupo de chinos desde Cuba. Los puso a trabajar en la confección de ladrillos y cal. De este modo construyeron depósitos en Moca, Yuma y Samaná, al menos. Uno de estos chinos fue el padre de Mercedes y Antera Mota, educadoras dominicanas, nacidas en San Francisco de Macorís, pero residentes en Puerto Plata”.</p>
<p>La misma Mercedes Mota, en su autobiografía, describe a su padre así: &#8220;De país lejano era mi padre. Y nada sé que pueda arrojar luz sobre mi ancestro paterno a no ser los datos administrados por la boca de mis progenitores. Hijo de gente que ejercía la profesión de comercio en una importante ciudad marítima, víctima de rapto por un buque pirata en ocasión de estar bañándose en el mar, vinieron a parar en tierna edad a playas americanas&#8221;.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/04/Mercedes-Mota.-henriquez_urena.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-9506" title="Mercedes Mota. henriquez_urena" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/04/Mercedes-Mota.-henriquez_urena-300x270.jpg" alt="" width="300" height="270" /></a>Ángela Peña, por su parte, escribió una detallada biografía de Mercedes Mota donde la describe como “maestra precoz y brillante escritora”.</p>
<p>“Brillante escritora”, me dije y a seguidas me pregunté: si Mercedes Mota fue una brillante escritora, ¿qué obra de ella quedó en el imaginario dominicano, que texto suyo trascendió? ¿Escribió Mota, por lo menos, un poema como “Una mujer está sola”, como el de Aída Cartagena Portalatín? ¿O un “Mi Pedro”, como el de Salomé Ureña?</p>
<p>Sus publicaciones —nos dice Ángela Peña— y reclamos por los derechos de la mujer le granjearon reconocimientos. Representó a la República en Buffalo y en época tan remota como mediados del siglo pasado disertó en la Sociedad Internacional de Mujeres Feministas leyendo un valiente trabajo dando a conocer la condición cultural de las dominicanas.</p>
<p>Lo que para Mercedes Mota fue la cristalización de un ideal —continúa diciendo Ángela Peña— fue tal vez la causa que la condenó al olvido de sus compatriotas: su ausencia de la Patria, en 1919, en busca de salud moral y física, de más amplios espacios.</p>
<p>Mota recorrió Italia, España, Inglaterra, Alemania, Bélgica, Suiza, pero quedó deslumbrada por el encanto del alma de París donde compartió con el ex presidente Carlos Morales Languasco, entonces embajador dominicano ante varias naciones europeas, Rubén Darío —en extrema decadencia mental, una verdadera ruina humana—, Vargas Vila, Rufino Blanco Fombona, los hermanos García Calderón, Alejandro Sux, y “de los nuestros”, los doctores Betances, Julio Piñeyro, José Dolores Alfonseca, Américo Lugo, Tulio Cestero&#8230; La misma Mota nos dice: “La colonia hispanoamericana residente o transeúnte allí por ese tiempo, era en verdad, de gente selecta, brillante. Gente de alta alcurnia intelectual y social. Poetas, novelistas, periodistas, diplomáticos, algunos exilados, víctimas de nuestras corrientes dictaduras”.</p>
<p>Pero también se codeó con gobernantes e intelectuales parisinos.</p>
<p>Los últimos años de su vida discurrieron, después de veintitrés en Nueva York, según ella misma revela: “en cuatro acres de tierra en el estado de Nueva Jersey. Teniendo por fieles compañeros mis libros, mis souvenirs de otros tiempos, circundada de árboles y arbustos que mis manos han plantado, un rústico jardín, lindas flores y perfumes exquisitos. Y así, ni envidiosa ni envidiada, los versos de Fray Luis de León repercuten a mi oído: ‘Qué descansada vida, / la del que huye del mundanal ruido&#8230;’, concluía la maestra en las notas que preparó a petición de su alumna María Coiscou.</p>
<p>Mercedes Mota vivió cuarenta y tres años en el extranjero. Fue una escritora de la diáspora. La Editora El Caribe publicó en 1965 su libro <strong>Vida y Pensamiento</strong>, que recoge su obra ensayística de 1903 hasta 1915. Con estos antecedentes, me volví a preguntar por el legado literario de Mercedes Mota. ¿Dónde está? ¿Qué quedó de él? ¿Adónde fue a parar?</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/04/Mercedes-Mota.-2.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-9507" title="Mercedes Mota. 2" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/04/Mercedes-Mota.-2-147x300.jpg" alt="" width="147" height="300" /></a>La conclusión es sencilla y hasta parece una perogrullada: Mercedes Mota, descrita en su época como una escritora brillante, no trascendió. No pudo pasar por el tamiz del tiempo. El Tiempo —ese crítico inexorable y misterioso— la aniquiló.</p>
<p>De Mercedes Mota la escritora (no la maestra), ya nadie se acuerda. No sobrevivió en la Historia de la Literatura Dominicana un poema, un verso siquiera, o al menos una de esas “fantasías puramente literarias”, de que hablara el maestro Henríquez Ureña.</p>
<p>Mercedes Mota, sin embargo, tuvo en sus manos todo lo necesario para trascender. Se codeó con lo más granado de la intelectualidad dominicana de su tiempo, viajó, conoció el mundo, tuvo en su padre un enigma genial para articular una buena novela, todo, en fin, le auguraba un brillante porvenir en las letras.</p>
<p>¿Qué sucedió entonces? ¿Por qué no se le dio? ¿Qué le faltó? Mercedes Mota (y esta podría ser una respuesta) no tuvo la capacidad de hacer que al menos una de sus obras perdurara en el imaginario colectivo. Una obra es trascendente cuando puede ser leída en distintas épocas y siempre sigue siendo considerada actual, cuando el lector puede reconocerse en esa lectura, cuando transmite algo significativo e importante. Tal vez, si por casualidad nos encontráramos con unas de estas “fantasías puramente literarias” de Mota, no nos causaría la mínima impresión. “Fue buena para su época, diríamos tal vez, pero para la nuestra resulta anacrónica, vieja”.</p>
<p>Si echamos una mirada honesta a las escritoras dominicanas de la diáspora de esta época, sin duda encontraríamos entre ellas a muchas Mercedes Mota. Escritoras que si bien han escrito (y escriben) obras de calidad, esta calidad como que no nos convence, como que al leerlas sentimos que trillan un terreno requetetrillado. ¿A qué se debe? A que han antepuesto el estrellato, el <em>vedettismo</em> literario, a un oficio que, además de la vivencia, lo único que necesita es soledad, papel y pluma.</p>
<p>Muchas de las Mercedes Mota de nuestra época, en lugar de dedicar tiempo y esfuerzo a la lectura, la investigación y el oficio de escribir; en vez de encerrarse a cal y canto a crear su obra con fe monjil, se entregan al deleite frívolo de las pasarelas literarias, que sólo dejan una fama tan mediocre como efímera.</p>
<p>Creen, estas nuevas Mercedes Mota, que con procurarse entrevistas en los medios de comunicación, sellarán con ello la trascendencia de sus obras. Olvidan que las obras que aún se leen de Kafka y de Pessoa, las que han permanecido y permanecerán por los siglos de los siglos en los anaqueles de las bibliotecas universales, fueron descubiertas en un baúl tras la muerte de estos autores. Todavía hay quien piensa que fue Max Brod quien, al no destruir los manuscritos de Kafka, como éste le pidió en vida, salvó a Kafka del anonimato. No; quien colocó a Kafka en el mapa de la literatura mundial, fueron sus libros. Si la obra de Kafka hubiera sido pobre en términos literarios, hasta el mismo Max Brod habría desaparecido de la faz de la tierra, y hoy nadie lo recordaría.</p>
<p>No vayan a pensar que estoy en contra de la promoción y difusión del libro. No. De lo que estoy en contra es que esto sea el norte de nuestras escritoras de la diáspora, de que se crean que el arte literario es un juego de <em>quítate para ponerme yo</em>.</p>
<p>Viriato Sención, que en paz descanse, una vez me dijo que entre las vacas sagradas de nuestra literatura dominicana hay muchos escritores con nombres inmensos pero con una obra pírrica. Gente que copan los medios, las antologías, las ferias de libros; gente que, como buenos publicistas (porque eso es lo que son al fin y al cabo) se han colocado en la cima del escenario intelectual de nuestra isla, valiéndose de subterfugios y engañifas. Pero cuando nos vamos a sus obras, cuando los leemos, se nos convierten en una bocanada de humo.</p>
<p>Si nuestras escritoras de la diáspora quieren seguir los pasos a estos farsantes, allá ellas. Las que sigan este sendero, las que no hagan un alto en su camino para entregarse por entero a hacer su obra alejadas de los cantos de sirena de las pasarelas, se convertirán, estoy seguro, en otras Mercedes Mota. (Presentado en la Feria del Libro de las Mujeres en NY). | <em>ja, new york, ny <a href="mailto:joacosta@hotmail.com">joacosta@hotmail.com</a> </em></p>
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		<title>La  literatura centroamericana hoy, ¿cuál es su realidad?</title>
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		<pubDate>Sat, 31 Mar 2012 14:17:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mediaIsla</dc:creator>
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		<description><![CDATA[BENEDICTO VÍQUEZ GUZMÁN [mediaisla] No cabe duda de que poco a poco la Cenicienta está recibiendo el ‘toque mágico’ que el escritor Horacio Peña anhelaba, y que la narrativa centroamericana se está abriendo paso en los Estados Unidos y en el mundo Desde los años ochentas cuando surgían con mayor fuerza los movimientos guerrilleros en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/03/libros-literatura.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-9202" title="libros-literatura" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/03/libros-literatura-300x251.jpg" alt="" width="300" height="251" /></a>BENEDICTO VÍQUEZ GUZMÁN </strong>[<a href="../../revista">media<strong>i</strong>sla</a>] <strong>No cabe duda de que poco a poco la Cenicienta está recibiendo el ‘toque mágico’ que el escritor Horacio Peña anhelaba, y que la narrativa centroamericana se está abriendo paso en los Estados Unidos y en el mundo</strong></p>
<p>Desde los años ochentas cuando surgían con mayor fuerza los movimientos guerrilleros en Centroamérica —sobre todo en Guatemala, El Salvador y Nicaragua— los ojos de la academia estadounidense y la mirada occidental de Europa, se dirigieron a esa realidad político-social que cobraba vigencia en esos países. Así Centroamérica se vio representada en su totalidad por esos tres países. Los escritores desgarraron sus voces y cantaron con dolor las masacres, las matanzas, los exterminios de indígenas, niños y mujeres y la crudeza de los ejércitos que trataron por todos los medios de evitar el triunfo de los guerrilleros, los resultados están muy frescos y aún los protagonistas gozan de buena salud, los que no murieron en el cruento batallar. La literatura entonces se alimentó de esa realidad, de esa contextualidad, y dio una abundante muestra de ello. Desaparecieron el canto y las loas a los indígenas, los campesinos, su vida rural, su idílica y feliz comunión con la naturaleza y se abrieron las venas de la violencia, y los aires de triunfo y poder. Gritos de victoria y fusiles levantados amanecieron con algún furor y las balas dejaron la cotidianidad y los poetas cantaron de nuevo ese amanecer esperanzador.</p>
<p>Llegaron pronto los premios Nobel a nuestra región —Óscar Arias Sánchez, el costarricense y La Menchú, la indígena guatemalteca— y la pacificación se intuía y respiraba por toda la región. No fue muy largo el tiempo para descubrir los nuevos derroteros políticos de la Centroamérica ensangrentada, cuando los escritores descubrieron la intimidad de esa historia y comenzaron a mostrar el descontento y la frustración. Todos los que nacieron en los años cincuentas y un poco antes, en los cuarentas, apaciguan sus voces y, entre dientes y con las labios apretados, vomitan narraciones de pesar, dolor, desgarradas por la traición y la esperanza perdida. Unos vuelven los ojos a la ciudad y renuevan historias con el nuevo lumpen de la miseria, atizada esta vez por la violencia, y los nuevos residentes, mercaderes de la droga que envenenan a la juventud y nacen, crecen y se reproducen los maras y grupos especializados en la criminalidad del narco. ¿Pero qué pasa, mientras tanto, en los países que fueron testigos de esa historia, Honduras, Costa Rica y Panamá? La crítica los olvidó o simplemente los incorporó a todos en un mismo cajón, a pesar de la diversidad. En estos países la voz de ese contexto vivido también causó desencanto, y desesperanza en la mayoría de escritores jóvenes. Unos miraron hacia la búsqueda de una identidad en el pasado y miraron las raíces de nuestros antepasados, quizás buscando más un mito que una realidad pero los más se debaten en buscar un derrotero en la interioridad, casi privada y un asidero entre nostalgia, dolor, desencanto y desesperanza. Los resultados aún creo yo, están por verse y habrá que esperar algún tiempo aún.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/03/La-literatura-cent.-bencastro.-disparo-en-la-catedral.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-9203" title="La literatura cent. bencastro. disparo en la catedral" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/03/La-literatura-cent.-bencastro.-disparo-en-la-catedral.jpg" alt="" width="300" height="300" /></a>Tal es el caso, por ejemplo, de la narrativa del salvadoreño Mario Bencastro (1949), nos comenta  Daniel R. Fernández, quien en 1989 publicó su primera novela, <strong>Disparo en la catedral</strong>, sobre el asesinato del monseñor Oscar Arnulfo Romero en1980, arzobispo de San Salvador ejecutado al principio de la Guerra Civil Salvadoreña. Su segunda obra, <strong>Árbol de la vida</strong>, retoma y explora el tema de la guerra civil. No es sino hasta la publicación de <strong>Odisea del Norte</strong><em> </em>(1999), cuando Bencastro se aleja del escenario centroamericano para centrar su atención en la precaria vida de los inmigrantes salvadoreños en los Estados Unidos, continúa diciendo Daniel R. Fernández; asimismo, el hondureño Roberto Quesada (1962), residente en Nueva York desde 1989, ciudad donde trabaja como representante diplomático de su país ante la Organización de las Naciones Unidas, en su primera novela, <strong>Los barcos</strong><em> </em>(1988), una clara denuncia de la explotación que sufren los países centroamericanos a manos de compañías transnacionales estadounidenses; las tensiones políticas, las huelgas y protestas laborales y la Revolución Sandinista de Nicaragua forman el marco ambiental de una historia de amor entre el protagonista, Guillermo, y su novia, Idalia. En otras novelas de Quesada, sin embargo, el centro de atención ya no es la lucha del hondureño por el cambio social en su propio país sino la lucha del inmigrante centroamericano en los Estados Unidos por el éxito profesional y personal. En novelas como <strong>Big Banana</strong><em> </em>(2000) y <strong>Nunca entres por Miami</strong><em> </em>(2002), ambas editadas por editoriales españolas, Quesada narra con ironía y humor los chascos y desengaños que sufren quienes llegan a los Estados Unidos con sus maletas llenas de sueños e ilusiones y tienen que enfrentarse a una realidad muy distinta de la que esperaban encontrar.</p>
<p>Hay escritores, sin embargo, cuyas miradas no se han alejado de Centroamérica, donde escenifican casi la totalidad de sus narraciones. Tal es el caso del novelista guatemalteco Arturo Arias (1950), quien desde hace varios años se desempeña como investigador, ensayista y docente en varias universidades estadounidenses. Sus novelas giran en torno al conflicto armado de Guatemala y de las contradicciones y fracasos de la izquierda de ese país. Hasta la fecha ha escrito las siguientes novelas: <strong>Después de las bombas</strong><em> </em>(1979), <strong>Itzam Na</strong><em> </em>(1981, ganadora del premio Casa de las Américas), <strong>Jaguar en llamas</strong><em> </em>(1990), <strong>Los caminos de Paxil</strong><em> </em>(1991) y <strong>Sopa de caracol</strong><em> </em>(1998). En esta última novela esperpéntica y carnavalesca, claramente polifónica se ofrece una especie de crítica de quienes defraudaron y traicionaron los ideales revolucionarios.</p>
<p>Los ideales y las contradicciones de la revolución también tienen un papel protagónico en la obra de la poeta y narradora Gioconda Belli (1949), quien desde principios de la década de los noventa reside en los Estados Unidos, aunque también vive parte del año en su natal Nicaragua.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/03/La-literatura-cent.-gioconda_belli.jpg"><img class="alignright size-full wp-image-9204" title="La literatura cent. gioconda_belli" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/03/La-literatura-cent.-gioconda_belli-e1332859236968.jpg" alt="" width="300" height="254" /></a>Entre sus obras narrativas se encuentra la novela <strong>Mujer habitada</strong>, sobre la toma de conciencia de una mujer nicaragüense de clase media alta (1988), y la autobiografía Roberto Quesada con su libro <strong>Big Banana</strong>. Y <strong>El país bajo mi piel </strong>(2001), en la que narra episodios de su vida como madre, esposa, amante, escritora y revolucionaria sandinista. El salvadoreño Manlio Argüeta, los guatemaltecos, Arturo Arias y Víctor Montejo, los nicaragüenses Ernesto Cardenal, Claribel Alegría, Sergio Ramírez y Gioconda Belli, los hondureños Roberto Quesada y Roberto Sosa, y la costarricense Ana Istarú. No cabe duda de que poco a poco la Cenicienta está recibiendo el ‘toque mágico’ que el escritor Horacio Peña anhelaba, y que la narrativa centroamericana, llevada de la mano de un creciente interés por parte de la crítica y del éxito editorial de varias obras destacadas, se está abriendo paso en los Estados Unidos y en el mundo; de ello dan cuenta obras como <strong>Campanas para llamar al viento </strong>(1989) de José León Sánchez, <strong>El Salvador de buques </strong>(1991) de Rodrigo Rey Rosa, <strong>Margarita está linda la mar</strong><em> </em>(1998) de Sergio Ramírez y <strong>Big banana </strong>(2000) de Roberto Quesada y sin duda alguna las novelas históricas de la escritora costarricense Tatiana Lobo W- que comentaremos.</p>
<p>La primera generación del período comprendido entre los años 1980 y que se extenderá hasta el 2024 y que hemos llamado Poeticismo por su apego a una escritura muy cercana al paradigma polifónico, recibe el nombre de “generación de 1972: Historicismo. Y comprende los escritores nacidos entre los años 1935 a 1949 y cuya vigencia se extiende preferentemente desde 1980 a 1994.</p>
<p>Esta generación está compuesta por los novelistas nacidos entre 1935 y 1949, como lo hemos notificado. Ellos comienzan a dar los primeros frutos importantes en la creación literaria, a partir de 1965. Son novelistas que conocen, en su mayoría, las técnicas modernas de la literatura y por lo general han estudiado en carreras relacionadas con la literatura o el arte en general. Son lectores asiduos y se han dedicado al estudio de nuestras sociedades, no sólo desde la perspectiva histórica sino, la social. A ellos no escapa el interés de crear obras literarias, por principio y como última finalidad, sin que esto quiera decir que se desinteresan de las problemáticas más importantes de este período. Por eso le hemos llamado historicismo, sin ninguna connotación peyorativa. La creación de su nuevo paradigma se nos presenta más lúdico, más atrevido, sin prejuicios de ninguna naturaleza. Por eso podremos encontrar el tratamiento de temáticas tabúes en el pasado, como lo erótico y sexual, abiertos, el homosexualismo, el racismo, sin contemplaciones, ni moralismos. Se puede encontrar desde el cinismo manifiesto hasta el descaro, en sus creaciones.</p>
<p>Las novelas buscan el mundo de la infancia de los personajes, para mostrar abiertamente los prejuicios recibidos, sus desnudeces moralistas, sus mutilaciones sexuales y carencias vitales como producto de convencionalismos y falsas morales que impidieron sus realizaciones ante la libertad y la búsqueda de su identidad. Y qué decir del enfrentamiento descarnado y profundo de la lucha del ser y el parecer, lo fútil y lo importante, lo interior y lo exterior o superficial, que ya había experimentado un tratamiento importante en algunos novelistas de la generación anterior, la de 1957. Por ello, los personajes se muestran como seres vivos, imperfectos, inacabados, incompletos, en formación, en lucha por sobrevivir a su misma angustia, llena de ludismo impúdico, abierto, como contraparte a la apariencia de los dogmas y de las castraciones. Esto convierte a los personajes en contradictorios, ambiguos, incompletos, agónicos, equívocos, mutantes y, por todo ello, más humanos y menos terminados. Con esta generación, mueren los héroes definitivamente y aparecen las dudas, las variantes: lo complejo sobre lo sencillo e inauténtico.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/03/La-literaturaa-sombras-nada-mas_grande.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-9206" title="La literaturaa-sombras-nada-mas_grande" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/03/La-literaturaa-sombras-nada-mas_grande-209x300.jpg" alt="" width="209" height="300" /></a>Lo anterior hará que los novelistas se preocupen sobremanera por el decir, por las voces de los personajes y la manera de comunicarse o incomunicarse; su lenguaje estará lleno de reiteraciones, contradicciones, listas de palabras, simultaneidades, yuxtaposiciones. En otras palabras, el lenguaje se convierte en una especie de carnaval, de multicolores facetas. Esto exigirá del novelista el influjo de la poesía, la música y las artes en general. Por ello, la intertextualidad, también será una técnica muy usada.</p>
<p>No escapa a ellos, el conocimiento de que la obra literaria es un mundo completo en sí, creado por el autor, es su invención, su irrealidad, su ficción. Esto les exigirá un cuidadoso uso del lenguaje y la verosimilitud extremada a la hora de crear los personajes, sus voces y el mundo externo e interior a ellos mismos.</p>
<p>La incursión de los novelistas costarricenses en la historia de nuestra patria y la recreación de etapas importantes de ella, así como personajes de gran importancia, muestra la necesidad de reimprimir lo que Azorín llamó: la <em>infrahistoria</em>. Es una búsqueda frenética de lo verdadero, sobre lo aparente, lo oculto sobre lo dicho, la verdad en la contradicción, la ambigüedad, la pluralidad y no lo causal. Por eso sus novelas desencarnan los mitos, los rituales, los formalismos, para brindar una historia más irreal y por lo tanto más real, más humana, más hecha por hombres y no por el oficialismo imperante, en determinados momentos, y a través de acontecimientos inusitados y cuidadosamente acallados.</p>
<p>En los últimos años han aparecido historiadores con una visión que se presenta como novedosa, sobre todo en España, encabezada por Fernando García de Cortázar. Reconocen, y es uno de sus postulados, los mitos desarrollados y mantenidos durante mucho tiempo por las corrientes historicistas y las turísticas del pueblo y la patria España. Se tornan críticos y aceptan la falsedad de esa visión mítica pero consideran que existe otra España, la positiva, que consideran, la real, la del proyecto, la rescatable, la noble, y es bajo esa visión que se proponen rescatar la memoria, la identidad de España. Pensamos que la verdadera España se encuentra en la diversidad, la pluralidad, ni la buena de unos, ni la mala de otros sino en la síntesis de las dos o tres o más que puedan existir. No se puede, ni se debe, borrar lo feo y lo malo de la religión católica en España, las guerras de ocho siglos contra los moros, ni las cruzadas y matanzas en nombre de Dios, y buscar una aparente racionalidad, pero tampoco pensar que ese país es esencialmente eso. La realidad histórica está en el conocimiento científico, nunca en el mítico y mucho menos en el religioso.</p>
<p>En la literatura hispanoamericana destaca como impulsor de esta generación el escritor peruano Mario Vargas Llosa (1936) y su novela, entre otras, <strong>La ciudad y los perros</strong> (1962); por lo menos en la primera etapa de su carrera literaria, la panameña Gloria Guardia (1940), con su novela <strong>El último juego</strong> (1984), el nicaragüense, Sergio Ramírez (1942), con su novela <strong>Margarita está linda la mar</strong> (1988) y <strong>Sombras nada más</strong> (2002). Existen muchos otros novelistas en Hispanoamérica que pertenecen a esta generación. Hay cuatro, novelistas costarricenses, entre otros, que se destacan por haber escrito novelas históricas de gran trascendencia: Virgilio Mora Rodríguez (1935), Tatiana Lobo Wiehoff (1939), José León Sánchez Alvarado (1929) (de la generación anterior), Alfonso Chase Brenes (1944), Fernando Durán Ayanegui (1939) y Ana Cristina Rossi Lara (1952) (de la generación siguiente).</p>
<p>La conciencia escritural es el segundo factor que marca cambios significativos. De un valor instrumental, el lenguaje se volvió protagonista y pasó a ocupar el primer plano en la narrativa de este período. Así, Vargas da cuenta del nivel metaficcional en la novelística centroamericana y afirma la existencia de una conciencia de la escritura en los autores de este momento. El tercer factor corresponde a la ficcionalización de la historia. Se trata también de una toma de conciencia: el interés por revisar el pasado colonial para saldar cuentas con la historia oficial. <strong>Asalto al paraíso </strong>(1992) de Tatiana Lobo y <strong>La casa de los Mondragón</strong> (1998) de Gloria Elena Espinoza dan testimonio de este proceso.</p>
<p><strong>Tatiana Lobo Wiehoff, un ejemplo costarricense.</strong></p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/03/La-literatura-cen.-Tatiana-Lobo-Wiehoff.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-9207" title="La literatura cen. Tatiana Lobo Wiehoff" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/03/La-literatura-cen.-Tatiana-Lobo-Wiehoff-225x300.jpg" alt="" width="225" height="300" /></a>La novela histórica que tuvo su origen latinoamericano en <strong>El arpa y la sombra</strong> (1979) del cubano Alejo Carpentier (1904-1980) se ha mantenido vigente en Centroamérica hasta nuestros días. Así nuestra escritora Tatiana Lobo ha penetrado en el discurso histórico literario en sus cuatro primeras novelas que marcan el recorrido más importante de esta escritora y esa corriente tan arraigada en la literatura centroamericana desde las novelas del guatemalteco Miguel Ángel Asturias. Se trata de: <strong>Asalto al Paraíso (</strong>1992), <strong>Calipso</strong> (1996), <strong>El año del laberinto</strong> (2000) y <strong>El corazón del silencio</strong> (2004).</p>
<p>Brevemente comentaremos la primera de ellas como ejemplo de esta tendencia literaria hoy vigente en nuestra región.<strong><br />
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<p><strong>Asalto al Paraíso</strong> que publicó en 1992<a title="" href="#_edn1">[i]</a>, es la primera novela escrita por Tatiana Lobo Wiehoff.</p>
<p>Compartimos con Joaquín Gutiérrez Mangel el criterio de que esta novela es nuestra primera gran novela histórica, por el valor literario del discurso narrativo y el tratamiento temático. Y no sólo es la primera sino la de mejor calidad literaria. La historia sirve de fuente para crear una obra de arte y no al revés porque no es la historia la que ocupa el primer nivel sino el arte, el carácter literario<a title="" href="#_edn2">1</a>.</p>
<p>La novela se estructura bajo un importante manejo del narrador y los puntos de vista. Nunca aparece el autor que se distancia y deja que sea el narrador, sujeto de la enunciación, quien dirija los hilos narrativos y forme enunciados de los personajes que se convierten en narradores de lo que realizan o ven. Así se forma un calidoscopio de voces que narran, viven, sufren sus propias acciones y las de otros que se relacionan con ellos.</p>
<p>Las principales voces narrativas están dirigidas por el narrador principal omnisciente que permite a las voces narrativas de los personajes contar la historia de la novela. Principalmente son: la voz del personaje Pedro Albarán o Pedro de la Baranda, el español que huye de España, acusado por la Inquisición y llega a Cartago donde participa en casi todo lo concerniente al relato, su amigo El Ruiseñor, un zapatero vecino de la ciudad, doña Águeda Pérez, esposa de José de Casasola, militar, el fraile Juan de las Alas, Pablo Presbere, el indio que levantó a su pueblo contra los españoles, La Muda, Jerónima, La Madre de los Forasteros, La Chamberga, etc.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/03/La-literatura-cen.-asalto-al-paraiso.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-9208" title="La literatura cen. asalto-al-paraiso" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/03/La-literatura-cen.-asalto-al-paraiso.jpg" alt="" width="199" height="283" /></a>La novela comienza con un canto al pueblo indígena,  su tierra, sus dioses y su cultura. Es una especie de introito al altar, donde posteriormente serán masacrados los nativos y violados todos sus derechos, vilipendiados, robados, engañados, esclavizados por parte de los españoles. Es el primer capítulo de la novela y  lleva por título Ba-brú Presbere sueña a Surá Señor del Mundo Más Abajo. Son las profecías del Dios a su Cacique guerrero de la suerte que espera a su pueblo. Se observa el uso de la letra gótica y la descripción del suceso principal del capítulo, tal y como lo hizo Cervantes en la novela Don Quijote de la Mancha. Esto no es casual sino un recurso técnico que da a la novela una clara ubicación histórica: 1700 y algunos  años sucesivos. Es el tiempo de la “pacificación” de los indígenas y la imposición de la cultura española, por las buenas o preferiblemente por las malas.</p>
<p>La primera sección se dedica a la historia del personaje Pedro Albarán, su origen, sus reflexiones, sus inquietudes, sus vicisitudes, hasta que, en una mesa de un bar, se burla de algunas autoridades políticas y religiosas. La historia se interrumpe para trasladarse a la ciudad de Cartago, en la parte tercera. Parte del final de la intervención del Santo Oficio, se conocerá más adelante.</p>
<p>Las interrupciones de la historia permite disfrutar de una novela polifónica, rica en posibilidades técnicas, tales como el manejo del tiempo, a través de frases introductorias, tales como “mucho tiempo después”, años antes”, “muchos años después”, “Ese lado oscuro de su vida se me revelaría mucho tiempo después”, “años después”, etc. Esto también lo utilizó Gabriel García Márquez: 1928 en su novela <strong>Cien años de soledad</strong>: 1967. También la obra de Tatiana, utiliza el realismo mágico en algunos de sus acontecimientos. Es una novela que puede competir con cualquiera otra del ámbito latinoamericano, en calidad literaria e importancia histórica.</p>
<p>La novela narra las aventuras de Pedro Albarán, tanto en España como en Costa Rica, en la ciudad de Cartago y la zona de Talamanca. A través de su vida y aventuras se van desarrollando los acontecimientos históricos y la vida privada de algunos personajes que evidencian sus aspiraciones, vicios, degeneraciones, intereses.</p>
<p>Tres grupos bien caracterizados se pueden observar, a nivel colectivo: Los indios, los españoles y los costarricenses blancos, los criollos, producto de la mezcla entre ellos, los mestizos. Los primeros, los indios se dividen en dos, los rebeldes, los que no aceptan el yugo español y los evangelizados y esclavizados o pacificados como prefieren llamarlos los franciscanos. Los españoles se dividen en dos, pero con idénticos fines: los representantes de la corona, civiles que con las armas imponen su  ley y los que se cobijan alrededor de la religión católica, representados, en la novela, por los franciscanos. El tercer grupo, mezcla de españoles, nacidos en la colonia, se presentan como aliados de los españoles, ricos y explotadores de los indígenas, dueños de las haciendas, sobre todo de cacao, en la zona atlántica.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/03/La-literatura-cen.-El-corazon-del-silencio.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-9209" title="La literatura cen. El corazon del silencio" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/03/La-literatura-cen.-El-corazon-del-silencio-185x300.jpg" alt="" width="185" height="300" /></a>Por último cabe destacar el papel sobresaliente de las mujeres, no importa a cuál grupo pertenezcan. Están representadas por mujeres  brillantes, de gran personalidad, inteligentes, símbolos de virtudes, ideales, cultas y de gran ternura, solidaridad, visionarias. Las mujeres se destacan en las novelas de esta escritora.</p>
<p>A manera de ejemplo se pueden destacar a La Muda y su hermana Jerónima, ambas indígenas. A pesar de que la joven muda, se presenta como pasiva, aceptadora de lo que deseen hacer con ella y desde luego, sin voz, como la cultura indígena, es a través de sus ojos que logra comunicar su inmensidad de posibilidades. En ellos se pierden los que se atreven a sondearlos. Esto le sucede a Juan de las Alas y al mismo Pedro, que no resisten su belleza, su misterio, su reclamo, su rebeldía, sin casi no resistirse, su embrujo. Los ojos se convierten en grito inconmensurable de ser, de vitalidad, de asombro. La muda y Jerónima que es todo valor, valentía, esfuerzo, rebeldía, trabajo, protección, se convierten en símbolos de esa cultura avasallada por los españoles.</p>
<p>Otro personaje femenino que alcanza gran relieve es Águeda Pérez, es independiente, emprendedora, inteligente, visionaria, valiente. Brilla con luz propia y comprende su papel en el enfrentamiento entre los indios alzados por Pablo Presbere y los españoles. Lo mismo se enfrenta a los oficiales de España, en Cartago, como a los frailes. Su simple presencia es motivo de respeto y admiración.</p>
<p>Hay otros personajes femeninos que sin importar el papel que desempeñan, son nobles, inteligentes, solidarias y humanitarias. Nos referimos a la Señora de los forasteros y a La Chumberga, capaces de grandes actos para defender la amistad y sus empresas.</p>
<p>Esto no opaca a los personajes masculinos sino que los iguala, los humaniza, los personaliza. No son buenos y malos enfrentados en el conflicto sino personajes humanizados que luchan por sus ideales aunque muchas veces estén equivocados. Es su propia conducta la que  les da la estatura que alcanzan.</p>
<p>La novela no es una repetición de acontecimientos lineales y cronológicos, desde un punto de vista oficial sino la multivisión de un grupo de personajes de diferentes estratos y culturas enfrentados en defender lo que consideran justo y suyo. Unos usurpadores y otros, víctimas de esa usurpación. Así los hechos históricos se mezclan con la vida privada, sus pasiones, lo íntimo, lo secreto de sus aspiraciones, vicios, defectos y hasta aberraciones. Por ello el Santo Oficio se refleja en sus más bajos instintos. No sólo juzga, hasta crímenes comunes, sino que condena, tanto materialmente como espiritualmente, a los que se oponen a sus dogmas e imposiciones. La iglesia, con él, se une al poder político y económico de la corona y sin importarles el método, se convierten en dueños de vidas y haciendas. Los frailes franciscanos no escatiman esfuerzos y acciones, en aras de conseguir los fines de evangelización, de imposición de una cultura extraña con base en la cruz y la espada.</p>
<p>La novela termina con la victoria de frailes y militares sobre los indios, la humillación de estos, el encarcelamiento de gran parte de ellos y la derrota de los españoles, víctimas de epidemias y enfermedades propias de esta región. Es la naturaleza la única que obtiene la victoria al final de la obra, con símbolos como las guacamayas que se apropian de la iglesia en la ciudad y las levitaciones de Juan de las Alas que augura una nueva visión espiritual. Es la síntesis de la locura de unos y la búsqueda de una identidad cultural que sólo se encontrará en la pluralidad de la misma.<strong><br />
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<p><strong>Asalto al Paraíso</strong> que publicó en 1992<a title="" href="#_edn3">1</a>, es la primera novela escrita por Tatiana Lobo Wiehoff. Compartimos con Joaquín Gutiérrez Mangel el criterio de que esta novela es nuestra primera gran novela histórica, por el valor literario del discurso narrativo y el tratamiento temático. Y no sólo es la primera sino la de mejor calidad literaria. La historia sirve de fuente para crear una obra de arte y no al revés porque no es la historia la que ocupa el primer nivel sino el arte, el carácter literario<a title="" href="#_edn4">1</a>.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/03/la-literatura-cen.-el-ano-del-laberinto.-Tatiana-lobo.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-9210" title="la literatura cen. el ano del laberinto. Tatiana lobo" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/03/la-literatura-cen.-el-ano-del-laberinto.-Tatiana-lobo.jpg" alt="" width="176" height="286" /></a>La novela se estructura bajo un importante manejo del narrador y los puntos de vista. Nunca aparece el autor que se distancia y deja que sea el narrador, sujeto de la enunciación, quien dirija los hilos narrativos y forme enunciados de los personajes que se convierten en narradores de lo que realizan o ven. Así se forma un calidoscopio de voces que narran, viven, sufren sus propias acciones y las de otros que se relacionan con ellos.</p>
<p>Las principales voces narrativas están dirigidas por el narrador principal omnisciente que permite a las voces narrativas de los personajes contar la historia de la novela. Principalmente son: la voz del personaje Pedro Albarán o Pedro de la Baranda, el español que huye de España, acusado por la Inquisición y llega a Cartago donde participa en casi todo lo concerniente al relato, su amigo El Ruiseñor, un zapatero vecino de la ciudad, doña Águeda Pérez, esposa de José de Casasola, militar, el fraile Juan de las Alas, Pablo Presbere, el indio que levantó a su pueblo contra los españoles, La Muda, Jerónima, La Madre de los Forasteros, La Chamberga, etc.</p>
<p>La novela comienza con un canto al pueblo indígena, su tierra, sus dioses y su cultura. Es una especie de introito al altar, donde posteriormente serán masacrados los nativos y violados todos sus derechos, vilipendiados, robados, engañados, esclavizados por parte de los españoles. Es el primer capítulo de la novela y lleva por título Ba-brú Presbere sueña a Surá Señor del Mundo Más Abajo. Son las profecías del Dios a su Cacique guerrero de la suerte que espera a su pueblo. Se observa el uso de la letra gótica y la descripción del suceso principal del capítulo, tal y como lo hizo Cervantes en la novela Don Quijote de la Mancha. Esto no es casual sino un recurso técnico que da a la novela una clara ubicación histórica: 1700 y algunos  años sucesivos. Es el tiempo de la “pacificación” de los indígenas y la imposición de la cultura española, por las buenas o preferiblemente por las malas.</p>
<p>La primera sección se dedica a la historia del personaje Pedro Albarán, su origen, sus reflexiones, sus inquietudes, sus vicisitudes, hasta que, en una mesa de un bar, se burla de algunas autoridades políticas y religiosas. La historia se interrumpe para trasladarse a la ciudad de Cartago, en la parte tercera. Parte del final de la intervención del Santo Oficio, se conocerá más adelante.</p>
<p>Las interrupciones de la historia permiten disfrutar de una novela polifónica, rica en posibilidades técnicas, tales como el manejo del tiempo, a través de frases introductorias, tales como “mucho tiempo después”, años antes”, “muchos años después”, “Ese lado oscuro de su vida se me revelaría mucho tiempo después”, “años después”, etc. Esto también lo utilizó Gabriel García Márquez (1928) en <strong>Cien años de soledad</strong> (1967). También la obra de Tatiana, utiliza el realismo mágico en algunos de sus acontecimientos. Es una novela que puede competir con cualquier otra del ámbito latinoamericano, en calidad literaria e importancia histórica.</p>
<p>La novela narra las aventuras de Pedro Albarán, tanto en España como en Costa Rica, en la ciudad de Cartago y la zona de Talamanca. A través de su vida y aventuras se van desarrollando los acontecimientos históricos y la vida privada de algunos personajes que evidencian sus aspiraciones, vicios, degeneraciones, intereses.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/03/La-literatura-cen.-Calipso.-Tatiana.jpg"><img class="alignright size-full wp-image-9211" title="La literatura cen. Calipso. Tatiana" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/03/La-literatura-cen.-Calipso.-Tatiana.jpg" alt="" width="216" height="300" /></a>Tres grupos bien caracterizados se pueden observar, a nivel colectivo: Los indios, los españoles y los costarricenses blancos, los criollos, producto de la mezcla entre ellos, los mestizos. Los primeros, los indios se dividen en dos, los rebeldes, los que no aceptan el yugo español y los evangelizados y esclavizados o pacificados como prefieren llamarlos los franciscanos. Los españoles se dividen en dos, pero con idénticos fines: los representantes de la corona, civiles que con las armas imponen su ley y los que se cobijan alrededor de la religión católica, representados, en la novela, por los franciscanos. El tercer grupo, mezcla de españoles, nacidos en la colonia, se presentan como aliados de los españoles, ricos y explotadores de los indígenas, dueños de las haciendas, sobre todo de cacao, en la zona atlántica.</p>
<p>Por último cabe destacar el papel sobresaliente de las mujeres, no importa a cuál grupo pertenezcan. Están representadas por mujeres brillantes, de gran personalidad, inteligentes, símbolos de virtudes, ideales, cultas y de gran ternura, solidaridad, visionarias. Las mujeres se destacan en las novelas de esta escritora.</p>
<p>A manera de ejemplo se pueden destacar a La Muda y su hermana Jerónima, ambas indígenas. A pesar de que la joven muda se presenta como pasiva, aceptadora de lo que deseen hacer con ella y desde luego, sin voz, como la cultura indígena, es a través de sus ojos que logra comunicar su inmensidad de posibilidades. En ellos se pierden los que se atreven a sondearlos. Esto le sucede a Juan de las Alas y al mismo Pedro, que no resisten su belleza, su misterio, su reclamo, su rebeldía, sin casi no resistirse, su embrujo. Los ojos se convierten en grito inconmensurable de ser, de vitalidad, de asombro. La muda y Jerónima que es todo valor, valentía, esfuerzo, rebeldía, trabajo, protección, se convierten en símbolos de esa cultura avasallada por los españoles.</p>
<p>Otro personaje femenino que alcanza gran relieve es Águeda Pérez, es independiente, emprendedora, inteligente, visionaria, valiente. Brilla con luz propia y comprende su papel en el enfrentamiento entre los indios alzados por Pablo Presbere y los españoles. Lo mismo se enfrenta a los oficiales de España, en Cartago, como a los frailes. Su simple presencia es motivo de respeto y admiración.</p>
<p>Hay otros personajes femeninos que sin importar el papel que desempeñan, son nobles, inteligentes, solidarias y humanitarias. Nos referimos a la Señora de los forasteros y a La Chumberga, capaces de grandes actos para defender la amistad y sus empresas.</p>
<p>Esto no opaca a los personajes masculinos sino que los iguala, los humaniza, los personaliza. No son buenos y malos enfrentados en el conflicto sino personajes humanizados que luchan por sus ideales aunque muchas veces estén equivocados. Es su propia conducta la que  les da la estatura que alcanzan.</p>
<p>La novela no es una repetición de acontecimientos lineales y cronológicos, desde un punto de vista oficial sino la multivisión de un grupo de personajes de diferentes estratos y culturas enfrentados en defender lo que consideran justo y suyo. Unos usurpadores y otros, víctimas de esa usurpación. Así los hechos históricos se mezclan con la vida privada, sus pasiones, lo íntimo, lo secreto de sus aspiraciones, vicios, defectos y hasta aberraciones. Por ello el Santo Oficio se refleja en sus más bajos instintos. No sólo juzga, hasta crímenes comunes, sino que condena, tanto materialmente como espiritualmente, a los que se oponen a sus dogmas e imposiciones. La iglesia, con él, se une al poder político y económico de la corona y sin importarles el método, se convierten en dueños de vidas y haciendas. Los frailes franciscanos no escatiman esfuerzos y acciones, en aras de conseguir los fines de evangelización, de imposición de una cultura extraña con base en la cruz y la espada.</p>
<p>La novela termina con la victoria de frailes y militares sobre los indios, la humillación de estos, el encarcelamiento de gran parte de ellos y la derrota de los españoles, víctimas de epidemias y enfermedades propias de esta región. Es la naturaleza la única que obtiene la victoria al final de la obra, con símbolos como las guacamayas que se apropian de la iglesia en la ciudad y las levitaciones de Juan de las Alas que augura una nueva visión espiritual. Es la síntesis de la locura de unos y la búsqueda de una identidad cultural que solo se encontrará en la pluralidad de la misma.</p>
<p>Esta visión histórica en cualesquiera de las tendencias temáticas está presente en la novelística centroamericana actual y los escritores se arraigan cada vez más a un nuevo paradigma de la novela que nosotros; desde los años ochenta, hemos bautizado como la novelística polifónica porque el autor desde su misma creación y escogencia del sujeto de la enunciación, ese yo que en tiempos pasados era omnisciente y casi como un Dios de poderoso da la palabra, la voz a los sujetos de los enunciados, representados por los personajes y son ellos los que narran sus propias vivencias. Esto le convierte en voces (polifonía) que penetran en los contextos vividos por ellos, una evocación de la memoria, de ese pasado remoto y cercano, que nos ha tocado vivir o traer al presente después de escudriñar nuestra historia oficialmente oculta y muy hábilmente resucitada por nuestros escritores.</p>
<p>Es lamentable que nuestra literatura, a pesar de tener tanta calidad, aún no encuentre la notoriedad universal, más por una ineficaz divulgación y comercialización que por calidad literaria.<a title="" href="#_edn5">[ii]</a> | <em>bvg, alajuela, cr </em><em><a href="mailto:benevquez@hotmail.com">benevquez@hotmail.com</a></em><em></em></p>
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<p><a title="" href="#_ednref1">___</a></p>
<p><a title="" href="#_ednref1">[i]</a> Lobo Wiehoff, Tatiana. <strong>Asalto al Paraíso</strong>. Cuarta edición. Editorial de la Universidad de Costa Rica, San José, 1996.</p>
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<p><a title="" href="#_ednref2">[ii]</a> Antes de esta novela se publicaron algunas obras sobre temas históricos, tales como las de Manuel Argüello Mora,  <strong>El Delfín del Corubicí</strong> de Anastasio Alfaro González, <strong>El crimen de Alberto Lobo</strong> de Gonzalo Chacón Trejos, ¿<strong>Será la bestia</strong>?, de Mariano Padilla Bolaños y muchas otras ya comentadas, pero ésta novela de Tatiana Lobo es la primera en utilizar los contextos históricos en forma  literaria y con una clara visión crítica por desentrañar la intrahistoria y desenmascarar la historia oficialista que llamamos carlista.</p>
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		<title>Juan Bosch como biógrafo: un antes y un después</title>
		<link>http://mediaisla.net/revista/2012/02/juan-bosch-como-biografo-un-antes-y-un-despues/</link>
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		<pubDate>Sat, 25 Feb 2012 13:10:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mediaIsla</dc:creator>
				<category><![CDATA[Visiones]]></category>

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		<description><![CDATA[GREGORIO DELGADO SILVERIO [mediaisla] Como estudiante de maestría en literatura latinoamericana en la Universidad de Bergen, Noruega, tuve que escribir una tesina, la cual consistió en estudiar la biografía de Bosch, «Hostos, el sembrador». Así, entonces, me dediqué a indagar sobre una faceta no tan difundida del profesor Juan Bosch, es decir, sus estudios biográficos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/02/Juan_Bosch_escritor1.jpg"><img class="alignright size-full wp-image-9013" title="Juan_Bosch_escritor" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/02/Juan_Bosch_escritor1.jpg" alt="" width="250" height="250" /></a>GREGORIO DELGADO SILVERIO </strong>[<a href="../../revista">media<strong>i</strong>sla</a>]<strong> </strong><strong>Como estudiante de maestría en literatura latinoamericana en la Universidad de Bergen, Noruega, tuve que escribir una tesina, la cual consistió en estudiar la biografía de Bosch, </strong><strong>«</strong><strong>Hostos, el sembrador</strong><strong>»</strong><strong>. Así, entonces, me dediqué a indagar sobre una faceta no tan difundida del profesor Juan Bosch, es decir, sus estudios biográficos los cuales son bastante interesantes.</strong></p>
<p>Juan Bosch se inició como biógrafo en la década de 1930 y lo hace con la publicación del libro <strong>Mujeres en la vida de Hostos</strong><em> </em>(1938), que sería un avance para más tarde escribir la más extensa biografía sobre la vida del apóstol puertorriqueño con el título de <strong>Hostos, el sembrador</strong>. En este trabajo biográfico, Bosch presenta a las mujeres que de una u otra forma tuvieron alguna relación con el apóstol.</p>
<p>Juan Bosch publicó <strong>Hostos, el sembrador</strong><em> </em>en 1939 en Cuba, después de haberse empapado de las ideas del pensador y de haber escudriñado toda su obra, pues le tocó supervisar el traslado a maquinilla de todos los originales de la obra del maestro antillano. Esto le dio a Bosch la oportunidad de poder conocer cabalmente la totalidad del pensamiento de Hostos, los logros y dificultades en sus viajes a Europa, Estados Unidos, América del sur y por el Caribe. Además, tuvo oportunidad de ponerse en contacto con sus sentimientos y con sus acciones. Tal como lo señala Bosch ”…de manera que tuve la fortuna de vivir en la entraña misma de uno de los grandes de América, de ver cómo funcionaba su arma, de conocer —en sus matices más personales— el origen y el desarrollo de sus sentimientos…” (Bosch, <strong>Hostos, el sembrador</strong>, 1939: 5 y 6). Con todo este conocimiento el autor logra presentar una vida de fracasos y desengaños y al mismo tiempo describir a un Hostos lleno de esperanza de poder alcanzar el ideal que siempre había soñado. Pero sobre todo logra enfatizar a Hostos como una persona llena de sentimiento, humildad, coraje y decisión. En esta biografía, Bosch se empeña en dar a conocer “…la parte de su vida que no se veía, la que navegaba bajo la superficie de las aguas, la parte en que se hallaban los sentimientos y las ideas que hicieron de él lo que fue, no lo que hizo” (Bosch, 1939: 8).</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/02/David-juan-bosch.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-9014" title="David, juan bosch" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/02/David-juan-bosch-210x300.jpg" alt="" width="210" height="300" /></a>Hostos se convirtió en maestro fallecido de un discípulo viviente, pues al conocer Juan Bosch su obra, 35 años después de su muerte, no cabe duda de que él sería para Bosch la estrella del oriente que le guiaría y le conduciría durante toda su vida de escritor y político. Hostos sería en adelante el maestro a imitar y el ideal a seguir. El apóstol se colocaría en referente moral en los momentos y circunstancias cruciales de la vida de Bosch. Entonces podríamos decir que hay un antes y un después al Juan Bosch conocer la obra de Hostos. Así lo afirma Bosch en una entrevista en el diario <em>La Prensa, </em>de Nueva York (8 de diciembre de 1985), “…La lectura de Hostos me sacudió de arriba abajo. Me convirtió en un hombre distinto…” (Citado por Belliard http://www.cielonaranja.com/hostosbelliard.htm, 23.03.2009). Además, afirma Bosch en su prólogo que si tuviera una vida importante y por lo tanto fuera necesario escribir sobre ella habría que iniciar exponiendo: “…Nació en la Vega, República Dominicana, el 30 de junio de 1909, y volvió a nacer en San Juan de Puerto Rico a principios de 1938, cuando la lectura de los originales de Eugenio María de Hostos le permitió conocer qué fuerzas mueven, y cómo la mueven, el alma de un hombre consagrado al servicio de los demás” (Bosch, 1939: 6). A partir de ese momento Bosch se convirtió en el discípulo más destacado para comentar y analizar la obra hostosiana.</p>
<p>Todos estos planteamientos nos dan la respuesta a la pregunta de ¿por qué escribió Bosch una biografía justamente sobre Hostos? Además de que ya lo había anticipado el general Máximo Gómez cuando dijo que “Los dominicanos, que quizás tengamos muchos defectos, pero no somos ingratos&#8230;, escribirán la historia —ellos mejor que nadie— de la vida de aquel hombre ilustre, cuyo recuerdo no olvidaremos nunca” (Bosch, 1939: 9); y siendo Bosch un dominicano ejemplar con una sabiduría y unos ideales a la altura del maestro, no pudo dejar escapar la oportunidad de poder dar a conocer a la comunidad literaria, la vida y visión del apóstol de Borinquen y de todo el Caribe.</p>
<p>Me parece que lo que hizo Don Juan, como se le conoce en la República Dominicana, no fue más que una acción recíproca. Él recibió las ideas de Hostos y éstas se volvieron hacia él con la escritura de su biografía de una manera especial y particular; es la ley de la gravedad humana y moral del discípulo agradecido que rebota hacia el maestro y lo hace precisamente dando a conocer su vida, sus sentimientos, sus ideas, sus sufrimientos, avatares, decepciones, engaños y sus deseos de algún día poder ver a las Antillas libres y confederadas. Bosch tomó como un <em>deber </em>la tarea de dar a conocer su obra y pensamiento a las futuras generaciones. Es por eso que afirma que “…yo tenía que ayudar a difundir la obra de Hostos. Tenía que hacer con ella, en otros jóvenes, lo que ella había hecho en mí…” (Bosch, 1939: 7). Es como cuando un pecador encuentra a Jesús y empieza a difundir el mensaje de salvación para cumplir con ese llamado que Jesús le hace. Así mismo se sintió Bosch atraído por el actuar consecuente de Hostos, según Bosch, y por esa moral que mostró durante toda su vida.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/02/Hostos-el-sembrador.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-9015" title="Hostos el sembrador" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/02/Hostos-el-sembrador-187x300.jpg" alt="" width="187" height="300" /></a>En 1955 publicó Bosch <strong>Judas Iscariote, el calumniado</strong>, una biografía que se dedica al estudio de la vida de Judas Iscariote y al análisis de las acusaciones que se le hicieron a este apóstol de Jesús. El autor analiza de forma detallada y documentada los postulados que señalan a Judas como traidor de la doctrina de Jesús y el papel que éste desempeñó en la crucifixión de Jesucristo. Bosch afirma que Judas ni vendió, ni traicionó, ni besó a Jesús. Resulta paradójico que Bosch, al igual que Judas Iscariote, enfrentó las mismas acusaciones. Años más tarde, al ocupar la Presidencia de la República Dominicana, fue derrocado por un grupo de militares que le acusaban de comunista.</p>
<p>Juan Bosch publicó una biografía sobre Simón Bolívar en Caracas en 1960. En <strong>Simón Bolívar, biografía para escolares</strong>, Bosch hace una adaptación para los niños de la vida del héroe suramericano. Presenta a Bolívar como un hombre de aciertos y desaciertos, que logra vencer todos los obstáculos para poder alcanzar sus metas.</p>
<p>Entre las otras biografías que escribió Bosch, encontramos a <strong>David, biografía de un rey</strong><em> </em>publicada en 1963. Aquí el autor relata la vida del Rey David del Antiguo Testamento. Bosch aborda la vida de David, rey de los israelitas, desde diferentes perspectivas: desde el punto de vista histórico, ya que esto sucedió en una época y en un tiempo determinado, desde el punto de vista político, analizando sus acciones y sus conceptos e ideas del Estado, y desde el punto de vista religioso, estudiando su misión de conducir a los hijos de Yavé hacía la “tierra prometida”. Bosch nos presenta al rey David como un personaje esencial en la historia de la fundación del pueblo de Israel y como un hombre inteligente para tomar decisiones fundamentales en la conducción de su pueblo. Así señala Bosch que “Si David tiene importancia histórica es gracias a que llegó a ser un rey excepcional, el rey que logró la unidad de Israel, el que organizó a su pueblo en Estado e hizo a ese Estado poderoso y respetado” (Bosch 1960: <strong>David</strong>…, en http://www.juanbosch.org/libro.php?id=1624, consultado 22.04.09).</p>
<p>A diferencia de la biografía que Bosch escribió sobre Hostos, la cual no tiene referencia bibliográfica, ni notas, mediante la cual se puedan rastrear y localizar los datos y hechos que el autor nos presenta, en esta biografía sobre David sí aparecen. Así es que Bosch se tomó la Biblia como referente para analizar y estudiar la vida de David y explicar su punto de vista y conclusiones que aparecen en las notas que él señala en el libro. Lo que más se destaca en estas biografías es una visión moral por parte del autor de cada personaje biografiado. | <em>gdv, bergen, noruega, </em><em><a href="mailto:delgado1972@hotmail.com">delgado1972@hotmail.com</a></em><em> </em></p>
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		<title>Escribir en el paraíso (Notas para un testamento)</title>
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		<pubDate>Sat, 25 Feb 2012 13:05:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mediaIsla</dc:creator>
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		<description><![CDATA[TOMÁS MODESTO GALÁN [mediaisla] Escribir en Nueva York es hacerlo desde una colonia planetaria y opresoramente dulce. Proclama sus verdades desde una parada donde solo hay consignas, payasos tristes o folclore divertido. Hemos masificado la melancolía. Parece que no existe puente entre la subjetividad más radical, en la que ya no soy “reconocible”, y el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/02/Escribir-en-el-paraiso-1.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-9001" title="Escribir en el paraiso 1" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/02/Escribir-en-el-paraiso-1-300x201.jpg" alt="" width="300" height="201" /></a>TOMÁS MODESTO GALÁN </strong>[<a href="../../revista">media<strong>i</strong>sla</a>] <strong>Escribir en Nueva York es hacerlo desde una colonia planetaria y opresoramente dulce. Proclama sus verdades desde una parada donde solo hay consignas, payasos tristes o folclore divertido. Hemos masificado la melancolía.</strong></p>
<p><em>Parece que no existe puente entre la subjetividad más radical, en la que ya no soy “reconocible”, y el mundo exterior de la vida. Dicho con otras palabras, el dolor, verdadera experiencia entre la vida como “ser entre los hombres” (</em>inter hornines ese<em>) y la muerte, es tan subjetivo y alejado del mundo de las cosas y de los hombres que no puede asumir una apariencia en absoluto</em>. <strong>Hannah Arendt</strong> / <em>La condición humana</em><strong><br />
</strong></p>
<p><strong>E</strong>scribir es una experiencia hermafrodita. Yo soy todo lo que existe. El escriba hace el amor y pare un monstruo deparado por una aventura de conocimiento sin bisagra. No escribe el falo arrepentido ni la vagina totalitaria. Ambas palabras son hipócritas. Escriben los bolígrafos robados o la tinta hambrienta del culo divino del Señor. El punto de partida es el vacío. La página ya no es blanca, ni totalmente electrónica. El androide no puede con la metamorfosis de ser pájaro, pero declara enviado desde mi <em>iphone </em>sin una propuesta sensual. Esta pluma inmunda moviliza la perversión pero no abre las piernas fácilmente. Siempre sueña mierdas del otro mundo.</p>
<p>A donde ese poder pueda ser cuestionado, ahí tiene sentido la experiencia poética. El desencuentro es el éxodo maquillado por los acólitos. Para desmentirlo el signo sale en busca de sí mismo. La escritura no puede separarse de esta condición decorativa. No hay arcas para Noé ni yolas para regresar al templo de los sabios, pero soñémosla. Somos signos desmembrados, fragmentos de una agricultura infernal, paradigmas de una sombría aventura con el amor. El espacio abierto es su desventura. Su prisión adolece de promiscuidad. Hemos nacido para violar desacuerdos. El avión recurrente de este condenado a su ruina vuela sobre el abismo sin poder hacer nada, a lo sumo pintarse un mar y luego tomar clases de natación</p>
<p>El conocimiento comienza como sospecha de un significante. Los hombres aprendieron segregándose. Hablan arrojando sombra sobre las cosas, iluminando de chispas el camino de su destierro. El hombre huye y la palabra insiste en denunciarlo. Sin ella se ahoga de incertidumbre. Camina hacia el futuro y se hunde en el pasado.</p>
<p>La realidad es un animal cíclico. Adquiere una forma histórica. Cuando escribimos pintamos un escenario. Hemos despejado señales de una ruta difusa dicha por un pronombre ambiguo. ¿Cuáles identidades delatan estas absurdas otredades?</p>
<p>Hay quienes hablan por nosotros sin haber sido autorizados. Pero el sujeto desenrosca ansias. Ansias de ser y de  sentir. Experiencia de un estado agónico. Signos de existencia que quiere ser novelada. El habla es revelación. La palabra gravita como espacio de la conciencia escritural.  Emana cuando el Yo es intransferible.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/02/Escribir-en-el-paraiso1.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-9004" title="Escribir en el paraiso" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/02/Escribir-en-el-paraiso1-197x300.jpg" alt="" width="197" height="300" /></a>¿Quiero saber de quién es esta pluma libertaria? ¿De dónde viene? ¿Hacia dónde se encaminan estos pies? Este desterrado de su tumba. Esta momia lúdica cierne su belleza sobre un mundo desechable. Quiere saber la ruta de su éxodo. Despejar las brumas que la historia ha tendido como una trampa colonial primorosa.</p>
<p>El territorio de los axiomas compite por destrozar las brumas que nos imponen los dogmas de este sincretismo medieval. Por supuesto, ahí está la metamorfosis de aquellos que emigran del pasado. Aunque toda arqueología juegue a ser piadosa y si te vi no me acuerdo, hombres y dioses confunden este tránsito hacia una tierra prometida.</p>
<p>Machado ilumina esta ambigüedad con una imagen poética que pudiera ser producto de una filosofía migratoria. Gravita en la incertidumbre metafísica, donde copula lo racional y lo irracional: <em>Todo pasa y todo queda pero lo nuestro es pasar, pasar haciendo camino, camino sobre la mar</em>. El pensamiento puede escapar a la ilusión de autenticidad para ser consumido por una apetitosa sed de universalidad.</p>
<p>Escribo desde lo que muchos dicen es el centro del mundo y yo digo que para eso está el Bronx. Una aldea donde el mal tiene déficit. También desde la marginalidad plural de Liberty Avenue,  Flatbush, Grand Concourse, Chamber o Amsterdam. La gramática del gueto me abrió una esperanza. Baudelaire y el Conde Lautremont la usurparon. La esperanza es falsamente bonita.  Cría cuervos para cualquier Edgard Alan Poe sin rumbo.</p>
<p>He vivido casi idéntica experiencia al escribir desde San Carlos o descubrir Villa Juana desde la paradójica ironía de un Nueva York chiquito, a lo dominicano. El arrebato de este dios sin dios ha sido consumir la tinta robada, el lápiz dividido en múltiples pedazos para que los otros escriban la anti historia de los mercenarios de la educación, de los enemigos de la cultura, de los seres institucionales con ganas de inflar globos, señalar fronteras, discriminar a los que vienen de los márgenes con una palabra que niega lo sagrado, con un discurso sin palabras inútiles.</p>
<p>Escribir contra una hermandad corsaria. Nos abrazan y nos besan. Se inclinan Judas arrepentidos de comer solos. Nos huelen o nos buscan entre los cadáveres que llegan a discreción o de incógnito para homenajearnos con el asombro del que ama a su prójimo y luego realizan la tarea odiosa de Caín. Nos dan una cuota para cortar la caña del progreso. ¿Dónde está la Gran Colombia? ¿Dónde está el gran país que desmiente este poema?</p>
<p>Escribir en Nueva York es hacerlo desde una colonia planetaria y opresoramente dulce. Proclama sus verdades desde una parada donde solo hay consignas, payasos tristes o folclore divertido. Hemos masificado la melancolía. Escribir desde la invisibilidad de los que creen existir abrumados por las delicias de este paraíso que falla en el oficio de desterrar la ilusión.</p>
<p>Escribimos para ser traducidos por los ángeles. Seguimos escribiendo en la intimidad de un imperio, en los dialectos nativos de la humareda del decir, acudiendo a  maldiciones perfumadas, a fórmulas corporativas que desdicen o desmienten la escritura. No opongo resistencia. Sigo atrincherado en estas instituciones personales, listas para enviar Mesías al Bronx. Cazadores de brujas. La escritura herética o escéptica solo se cuela como un café salobre en las catacumbas de la libertad. Hay patios donde no llegan las fantasías de las excelencias académicas a leer un poema.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/02/Escribir-en-el-paraiso.-21.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-9005" title="Escribir en el paraiso. 2" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/02/Escribir-en-el-paraiso.-21-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a>Escribimos con el pan bajo el brazo. Hay que ahogar el mal olor con una fórmula mágica o un litargirio impune. Irrumpimos en los salones vacios a depositar ofrendas. Le regalamos ignorancia a los que limpian las universidades de nuestras pisadas. Brutalidad a manos llenas para que deshabiten los muros de estas cárceles frías o de estos palacios limpios y ordenados donde el tiempo es un culto y la programación una codicia deliciosa de leer. Arruinando al escritor, negándole catres para una buena pesadilla, inyectándole vitamina a la servidumbre, limpiándole el camino por donde habrá de pasar quien repite semestres. Vomita días feriados y eructa una tiza angelical. Fuma su mantra mientras se masturba con un borrador celoso de un buen polvo. No tiene la virtud de borrarlo totalmente, pero si ser dictador de naderías excelentes.</p>
<p>Todos los días dibuja una máscara para convencerse de que hay que reír frente a los demás. Ser obediente. Hacer silencio. La feligresía no puede protestar sin orden ni cuando el esclavo escribe para liberarse de su mordaza. Puede confundir lo  mundano con un jardín. No puede hacer de guerrillero del honor. No estamos en Manaclas ni en la Sierra Maestra.</p>
<p>Escribir todavía es arrogancia pequeño burguesa. Exilio cómodo. Parricidio de la vida. Erguirse frente a la escritura Corsaria. Si el español es una piedra antigua, sirve para tocar la puerta metafísica de la gloria. El inglés adoptado por las oligarquías culturales del mundo es otralengua militar, comercial y fomenta un nacionalismo imperialista. Solo garantiza la regresión. No el progreso. <strong>Ulises</strong>, una aventura eterna e íntima, como leer <strong>El Quijote</strong>. Del inglés aplaudan su mansedumbre. No ha globalizado el pudor en Grand Concourse. Nos juzga pero no nos salva de morir de inanición. En manos de esta gleba colonial la dicha come puntualmente, sin manchar el cuchillo. | <em>tmg, bronx, ny <a href="mailto:tomasgalan1@hotmail.com">tomasgalan1@hotmail.com</a> </em></p>
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		<title>Cuando las mariposas no volaron</title>
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		<pubDate>Sat, 26 Nov 2011 16:13:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mediaIsla</dc:creator>
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		<description><![CDATA[TONY PINA * &#124; A palos y con pañuelos apretados al cuello para apagar los quejidos, se consumó la matanza. A 51 añosdel asesinato de las hermanas Mirabal y Rufino de la Cruz Obligadas a punta de pistola a desmontarse del jeep Land Rover en el que regresaban a Salcedo por cinco matones que bloquearon [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/11/Cuando-las-mariposas.-Hermanas_Mirabal_y_Rufino_de_la_Cruz.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-8473" title="Cuando las mariposas. Hermanas_Mirabal_y_Rufino_de_la_Cruz" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/11/Cuando-las-mariposas.-Hermanas_Mirabal_y_Rufino_de_la_Cruz-204x300.jpg" alt="" width="204" height="300" /></a>TONY PINA * | A palos y con pañuelos apretados al cuello para apagar los quejidos, se consumó la matanza. A 51 añosdel asesinato de las hermanas Mirabal y Rufino de la Cruz</strong></p>
<p>Obligadas a punta de pistola a desmontarse del jeep Land Rover en el que regresaban a Salcedo por cinco matones que bloquearon el paso de la antigua carretera Duarte, con un carro “cepillo” atravesado en el puente Marapicá, las víctimas fueron metidas a empujones a una casa de adobe y caoba situada en las inmediaciones de La Cumbre.Allí, un día como hoy, hace 51 años, aguardaba a los matones el capitán Alicinio Peña Rivera para asegurarse que esta vez se cumpliera el macabro plan de asesinar a las hermanas Patria, Minerva y María Teresa Mirabal y de Rufino de la Cruz, no sólo un chofer, sino un amigo solidario de la familia, consciente del riesgo que asumía.</p>
<p>Ciriaco de la Rosa, quien llegó a Santiago una semana antes para coordinar el crimen, asignó una víctima por cada uno de los cuatro matones, tras recibir la orden del exterminio impartida por Peña Rivera, a la sazón jefe en el Cibao del Servicio de Inteligencia Militar (SIM).</p>
<p>A palos y con pañuelos apretados al cuello para apagar los quejidos, se consumó la matanza.</p>
<p>Luego, tiran los cadáveres al jeep que fue empujado al precipicio, mientras, en la prisa de la impunidad, los asesinos huyeron del entorno cómplice.</p>
<p>“Dos días después, en la página 9 del diario El Caribe, el periodista Domingo Saint Hilaire hijo, escribíaa desde Santiago una crónica con el lead de una pirámide construida con retorcidos datos policiales: “El conductor de un jeep y tres hermanas que viajaban como pasajeras murieron, al precipitarse el vehículo por un abismo de 50 metros de profundidad, en la vía que enlaza la carretera de Luperón con la autopista Duarte”. (El Caribe, página 9 del 27 de noviembre de 1960).</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/11/Cuando-las-mariposas..gif"><img class="alignleft size-medium wp-image-8474" title="Cuando las mariposas." src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/11/Cuando-las-mariposas.-300x260.gif" alt="" width="300" height="260" /></a>Cuando se celebró el juicio a los asesinos, en junio de 1962, De la Rosa, parado ante el juez Osvaldo Soto, quien conoció el expediente instrumentado por el fiscal del Distrito Nacional, Rafael Valera Benítez, confesó fríamente: “Después de apresarlas, las condujimos al sitio cerca del abismo, donde ordené a Rojas Lora que se llevara una de las muchachas. Cumplió la orden en el acto y se llevó una de ellas, la de las trenzas largas (María Teresa). Alfonso Valerio eligió la más alta (Minerva); yo elegí a la más bajita y gordita (Patria), y Malleta, al chofer, Rufino de la Cruz. Ordené a Pérez Terrero que permaneciera en la carretera para que avisara si se acercaba algún vehículo o alguien que pudiera enterarse”.</p>
<p>En esa ocasión en que declaró al tribunal, sin que en su ceño se advirtiera señal de arrepentimiento, acaso sí de satisfacción, el confeso asesino relató que se dirigió a Peña Rivera con la siguiente expresión: “Señor, misión cumplida”.</p>
<p>En su libro “Trujillo y yo” (página 68), Jhonny Abbes García, que en ese entonces no dirigía el SIM porque estaba al frente de las agresiones contra la jerarquía católica, refiere que el general José René Román Fernández (Pupo), secretario de las Fuerzas Armadas, instruyó al mayor de la Marina, Candito Torres Tejada, titular interino del SIM, para que asumiera personalmente la operación. l</p>
<p><strong>Acciones previas a los asesinatos</strong></p>
<p>El 18 de mayo de 1960, Minerva y María Teresa fueron juzgadas y condenadas a tres años de prisión por “atentar contra la seguridad del Estado”. En el mismo juicio fueron condenados Manolo Tavárez Justo y Leandro Guzmán, esposos de Minerva y María Teresa. Los cuatro comenzaron a purgar sus condenas en la cárcel de La Victoria, pero el 9 de agosto, en un gesto extraño de la dictadura, las dos hermanas fueron puestas en libertad.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/11/Cuando-las-mariposas....jpg"><img class="alignright size-full wp-image-8475" title="Cuando las mariposas..." src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/11/Cuando-las-mariposas....jpg" alt="" width="300" height="226" /></a>A finales de ese mes, Manolo y Leandro fueron trasladados a la cárcel de Salcedo, aunque no habían transcurrido dos semanas cuando se les confinó en la cárcel de Puerto Plata, alegándose que el régimen había descubierto un arsenal de armas en manos de dirigentes del Movimiento Revolucionario 14 de Junio.</p>
<p>En realidad, el plan criminal contra las hermanas Mirabal había sido puesto en marcha. Se buscaba eliminarlas en una de las visitas a sus maridos, plan que se frustró el 18 y el 22 de noviembre porque en ambas ocasiones los esbirros argumentaron que las Mirabal andaban en compañía de niños. De ahí que el propio Peña Rivera supervisara el fiel cumplimiento del plan.</p>
<p><strong>Ciriaco de la Rosa, Jefe del grupo de matones</strong></p>
<p>Ciriaco de la Rosa llegó a Santiago en un “cepillo” del SIM el 15 de noviembre y ese mismo día constató a Ramón Emilio Rojas Lora, Alfonso Cruz Valerio, Néstor Antonio Pérez y Emilio Estrada Malleta, de origen cubano, para llevar a cabo los asesinatos. | * <em>El Caribe</em></p>
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		<title>Marrón y negro</title>
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		<pubDate>Sat, 29 Oct 2011 14:24:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mediaIsla</dc:creator>
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		<description><![CDATA[FIDEL MUNNIGH [mediaisla] Un mundo sin limpiabotas es tan increíblemente hermoso como improbable. Digo limpiabotas, pero pienso en toda una pequeña humanidad que hallo a mi paso, regada por nuestras calles y avenidas… Estoy sentado tranquilo debajo de un paraguas. A mi alrededor hay mesas ocupadas por estudiantes universitarios. Los fines de semana vengo a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/10/Marron-y-negro..jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-8204" title="IF" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/10/Marron-y-negro.-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a>FIDEL MUNNIGH </strong>[<a href="../../revista">media<strong>i</strong>sla</a>] <strong>Un mundo sin limpiabotas es tan increíblemente hermoso como improbable. Digo limpiabotas, pero pienso en toda una pequeña humanidad que hallo a mi paso, regada por nuestras calles y avenidas…</strong></p>
<p>Estoy sentado tranquilo debajo de un paraguas. A mi alrededor hay mesas ocupadas por estudiantes universitarios. Los fines de semana vengo a esta ciudad del interior a impartir docencia. Entre clases, tomo un breve descanso. El calor es insoportable a esta hora del día. Me siento a tomar un jugo de naranja en el patio de la cafetería. Dentro de quince minutos daré otra clase. Filosofía, estética. Siempre que debo enseñar me enfrento a la misma cuestión: ¿Cómo ser novedoso sin repetirme? ¿Cómo evitar que la clase se convierta en una odiosa reiteración de lugares comunes? ¿Cómo hacerla dinámica y atractiva, divertida incluso? En esas estoy cuando una vocecilla viene a sacarme de mis pensamientos.</p>
<p>¿Va a limpiar, señor?</p>
<p>Dejo de tomar y vuelvo la cabeza. A mi lado hay un chiquillo con una caja de limpiar zapatos en la mano. Lo miro algo sorprendido:</p>
<p>—¿Va a limpiar, señor? —me repite.</p>
<p>—No, gracias, otro día —le digo.</p>
<p>—Están sucios —señala a mis zapatos—. Se los limpio por diez pesos.</p>
<p>Realmente lo están. Se me habían ensuciado un poco de camino a la universidad.</p>
<p>—Sólo a diez pesos la limpia, eh? —insiste.</p>
<p>—Está bien, límpialos —me rindo.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/10/Marron-y-negro.-Limpia_Botas_by_Pablo_Amorsolo.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-8205" title="Marron y negro. Limpia_Botas_by_Pablo_Amorsolo" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/10/Marron-y-negro.-Limpia_Botas_by_Pablo_Amorsolo-300x210.jpg" alt="" width="300" height="210" /></a>El niño se entrega de inmediato a su tarea. Entonces lo miro más detenidamente. Es pequeño y delgado, con unos ojos vivos y una mirada de hambre. Los dientes, algo separados, sobresalen hacia delante. Debe tener unos diez u once años. Sigo mirándolo. Decido hablarle:</p>
<p>—¿Cómo te llamas? —le pregunto.</p>
<p>—Jansel —responde.</p>
<p>—Jansel. ¿Cuántos años tú tienes?</p>
<p>—Once, señor.</p>
<p>—Once. ¿Y vas a la escuela?</p>
<p>—Sí, señor.</p>
<p>—¿Y en qué curso estás?</p>
<p>—En tercero.</p>
<p>—En tercero. ¿Y a qué hora vas a la escuela, si tienes que limpiar en el día?</p>
<p>—Por la tarde. Cuando termino de limpiar.</p>
<p>Con el extremo del cepillo toca la caja para indicarme que debo poner el otro pie. Limpia despacio, se toma todo su tiempo. A veces levanta la cabeza para contestarme. Entonces guiña el ojo derecho y abre la boca. Un rayo de sol le da directo a la cara.</p>
<p>—¿Y qué haces con el dinero que te ganas? —continúo.</p>
<p>—Se lo llevo a mi mamá. Le doy la mitad y la otra mitad la cojo para mí. Me la como y también compro pasta y líquido. Ayudo a mi mamá porque ella se dejó de su marido —el chico ahora me sorprende por lo locuaz.</p>
<p>—¿Y tienes hermanos?</p>
<p>—Sí, tengo tres hermanas. Toditas son más viejas que yo. Yo soy el más chiquito de mi casa.</p>
<p>—¿Y ellas trabajan?</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/10/Marron-y-negro.-nina.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-8206" title="Marron y negro. nina" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/10/Marron-y-negro.-nina-e1319897983262-232x300.jpg" alt="" width="232" height="300" /></a>—No, ninguna trabaja. Ellas estudian. Yo soy el único que trabaja. Con la caja de limpiar. Mi mamá ahora tiene una fritura porque el hombre que vivía con ella se fue de la casa.</p>
<p>—¿Y tu papá? —llego a ese punto.</p>
<p>—El ya no vive con nosotros. Le digo que se fue de la casa!</p>
<p>Dejo de preguntarle. El niño llama a su padre “el hombre”, “el marido” de su madre. Baja la cabeza y se queda pensativo un rato. Un momento después la levanta de nuevo:</p>
<p>—¿Usted es profesor aquí, verdad?</p>
<p>—Sí, soy profesor.</p>
<p>—¿Y de qué da usted clases? —ahora es él quien interroga.</p>
<p>—Doy clases de filosofía —respondo sin esperar que me entienda.</p>
<p>—Filo…fiso… ¿Y qué es eso?</p>
<p>Me ha puesto en apuros. Qué responderle.</p>
<p>—Bueno, mira, es una clase que trata de…bueno, de…a ver, cómo te digo…trata de quiénes somos y por qué vivimos —improviso algo para salir del apuro—. Sí, de eso. Trata de quiénes somos y por qué vivimos.</p>
<p>Me mira sin comprender y vuelve a bajar la cabeza. Luego le pasa el paño a mi zapato. Sigue concentrado en su labor. Ya casi termina.</p>
<p>—El presidente de la república quiere llenar de computadoras todas las escuelas del país —es lo único que se me ocurre decirle—. ¿Te gustaría cambiar tu caja por una computadora?</p>
<p>—Yo no sé —contesta.</p>
<p>—¿No sabes? ¿Nunca has visto una computadora?</p>
<p>—Yo no sé…Espérese. ¿Eso no es como una caja con una pantalla que hay en las bancas donde la gente apuesta los cuartos?</p>
<p>—Más o menos. Pero es bueno que algún día no haya más niños limpiabotas.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/10/Marron-y-negro.-limpiabotas.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-8209" title="Marron y negro. limpiabotas" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/10/Marron-y-negro.-limpiabotas-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a>—¿Y entonces quién va a limpiar zapatos, quién? Alguien tiene que hacerlo —razona—. Señor, los limpiabotas no se acaban nunca —concluye tajante.</p>
<p>Su respuesta me desarma. No hay argumento que valga frente a la interrogación de un niño. Me callo. Una estudiante se me acerca para saludarme, otra me indaga sobre exámenes y notas.</p>
<p>Respondo cualquier cosa. Jansel termina de limpiarme los zapatos. Con el cepillo toca la caja. No me doy cuenta de que ha terminado. Vuelve a tocar la caja. Sigo distraído.</p>
<p>—Señor, ya terminé —me dice.</p>
<p>—Ah sí. ¿Cuánto te debo?</p>
<p>—Diez pesos.</p>
<p>—Toma veinte. Te los ganaste.</p>
<p>—Gracias, señor. ¿Usted viene siempre por aquí?</p>
<p>—Sí, pero sólo los sábados.</p>
<p>Me levanto del asiento, recojo mis libros y papeles. Me despido del niño. No le digo nada más, tampoco le doy consejos para la vida. Odio ponerme sentimental. Ni siquiera le he preguntado qué quiere ser cuando sea grande. Ignoro qué futuro le espera, si estudiará o seguirá limpiando zapatos.</p>
<p>No quiero pensar en la próxima clase. “Los limpiabotas no se acaban nunca”. Tal vez Jansel tenga razón. Un mundo sin limpiabotas es tan increíblemente hermoso como improbable. Digo limpiabotas, pero pienso en toda una pequeña humanidad que hallo a mi paso, regada por nuestras calles y avenidas: canillitas, maniseros, dulceros, limpiavidrios, palomitos guelecemento,…</p>
<p>Ya debo volver a clases. Me esperan mis alumnos. Ahora sólo pienso en la clase que voy a dar. ¿Será interesante y amena, diré algo nuevo o me repetiré? Camino unos   pasos en dirección al aula. Entonces vuelvo a escuchar la vocecita a mis espaldas: “¿Señor, va a limpiar?”. |<strong>FIDEL MUNNIGH</strong>, Santo Domingo, 1962. Profesor universitario, ensayista y traductor.  Es autor de <em><strong>Huellas del errante</strong></em><em> </em>(2002), <em><strong>La memoria incautada</strong></em> (2007) y <em><strong>La condición rebelde</strong></em><em> </em>(2010).</p>
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		<title>La Casa Usher</title>
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		<pubDate>Sat, 24 Sep 2011 17:00:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mediaIsla</dc:creator>
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		<description><![CDATA[MANUEL GARCÍA VERDECIA [mediaisla] La fantasía narrativa de Bradbury es un alerta contra la muerte de la imaginación. El autor defiende los inagotables beneficios de esta facultad esencialmente humana y humanizadora a la vez.  La ignorancia y los prejuicios son factores que concitan no pocos crímenes contra los seres humanos. La gente que se atrinchera [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/09/Ray-Bradburry.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-7937" title="The 12th Annual L.A. Times Festival Of Books - Day 1" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/09/Ray-Bradburry-e1316883374663-300x202.jpg" alt="" width="300" height="202" /></a>MANUEL GARCÍA VERDECIA </strong>[<a href="http://mediaisla.net/revista">media<strong>i</strong>sla</a>] <strong>La fantasía narrativa de Bradbury es un alerta contra la muerte de la imaginación. El autor defiende los inagotables beneficios de esta facultad esencialmente humana y humanizadora a la vez.</strong> </p>
<p>La ignorancia y los prejuicios son factores que concitan no pocos crímenes contra los seres humanos. La gente que se atrinchera en determinados conceptos como el chauvinismo, el puritanismo moral, la preeminencia clasista, étnica o cultural, tiende a pensar que los otros, los diferentes —que de tan diferentes pueden en un momento pensarse como prescindibles—, son siempre enemigos. Lo peor es que algunos poderes propician y enconan estos conceptos para dominar y prevalecer. Son estos elementos sustanciales en la obra del excelente escritor estadounidense Ray Bradbury (Waukegan, Illinois, 22 de agosto de 1920). </p>
<p>Como pocos autores, Bradbury ha sabido penetrar y reflejar el clima de estupidez y violencia que ha generado la sociedad industrial desarrollada. Si Charles Dickens fue el pionero en describir los horrores de la escalada del progreso industrial sin verdadero progreso social, en la pauperización y marginalización de numerosos grupos de individuos, el estadounidense ausculta los niveles de devastadora sutileza destructiva que alcanzaría después. En medio de la más sofisticada técnica y el increíble progreso científico, el control y la banalización del individuo van más allá de la dependencia económica hasta el sometimiento mental y moral. Fue un adelantado en prever las maneras en que la información automatizada y la televisión derivaban en opiáceos alternativos, altamente aceptados por su aparente inocuidad. </p>
<p>Lamentablemente al autor se le etiquetea con usual simpleza como escritor de ciencia ficción y esto arroja una tinta engañosa que no deja percibir toda la hondura y la aguda reflexión humana presente en sus obras. Lo científico-ficticio de sus narraciones (desplazamiento a tiempos futuros, al ámbito interplanetario, a un desarrollo altamente robotizado, etc.) no es más que una construcción simbólica que le permite trasladar a un plano más atractivo, universal y perdurable agudos dilemas del individuo de su tiempo. En las obras de Bradbury el sujeto es siempre coartado de sus posibilidades de realización por los condicionamientos que impone un poder totalitario que lo reduce a “masa”. Esto halla razón si advertimos que lo fundamental de su obra la escribió en lo más espeso de la Guerra Fría, aquel conflicto bipolar que oscilaba entre la contención y la amenaza de la desaparición nuclear, y en medio de la cruenta inquisición maccarthista. </p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/09/Ray-Bradburry.-2.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-7938" title="Ray Bradburry. 2" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/09/Ray-Bradburry.-2-182x300.jpg" alt="" width="182" height="300" /></a>El concepto de “masa” es una creación de la sociedad industrial. El sujeto de los grandes grupos que no están entre la élite de poder deviene una suerte de materia amorfa que es modelada por los que saben, los que tienen, los que pueden. Esa ductilidad que posibilita su mejor manipulación por los poderosos se logra mediante la instrucción, la propaganda y el arte debidamente condicionados y simplificados. La acción sistemática de estos elementos adulterados tiende a eliminar el germen de la individualidad real, o sea, todo pensamiento consciente y creativo. Por esa acción erosiva, el individuo deviene gradualmente un número, un mero elemento reactivo, como el perro de Pavlov que responde siempre en una predecible forma ante determinados estímulos. El sujeto se convierte en una entelequia perfectamente controlable y manipulable. </p>
<p>La obra de Bradbury se alza desafiante contra esa estupidización del individuo. Un ejemplo eficaz lo hallamos en su cuento “Usher II” de <strong>Crónicas marcianas</strong>, 1950. El mismo está inspirado en “La caída de la casa Usher” de Edgar Allan Poe. Esto es bien intencional pues Poe representa la exaltación de la imaginación y, su cuento, una muestra de cómo ciertos antivalores pueden conducir a la aniquilación. En el cuento de Bradbury, un hombre ha conseguido construir en Marte una réplica exacta de la Casa Usher, según es descrita en el relato original. Ha esperado pacientemente por la oportunidad para resarcirse del período de censura conocido como la Gran Hoguera (tema de su novela <strong><em>Fahrenheit 451</em></strong>), cuando se eliminaron todos los productos del arte verdadero. Una vez construida la mansión logra que a ella concurran los burócratas miembros de la Sociedad de Represión de lo Imaginario. Los invita a una fiesta y los va suplantando por clones robots, de manera que consigue hacer desaparecer la infame estirpe. </p>
<p>Hay determinados seres que temen a la imaginación, carecen de ella y no entienden su esencia ni función. Ven en quienes la practican y propugnan una extraña hueste de facinerosos y raros, por eso tratan de censurarla. Consideran que la información y el conocimiento pueden ayudar a la “masa” a perder su esencia indolente y maleable. Por eso tratan de evitar a toda costa cualquier estímulo al despertar de la conciencia. Describe, “Diversos grupos comenzaron a censurar las revistas de historietas, las novelas policiales y, naturalmente, las películas, siempre en nombre de algo distinto: la política, la religión, los intereses profesionales. Siempre había una minoría temerosa de algo y una gran mayoría temerosa de la oscuridad, del futuro, del presente, temerosa de sí misma y de su propia sombra.” Esa timidez es precisamente el resultado del desconocimiento que estimula los prejuicios, del desgaste de la voluntad individual que se logra mediante la constante mella de la capacidad razonadora y la voluntad del ser. </p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/09/Ray-Bradburry.-fahrenheit-451.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-7939" title="Ray Bradburry. fahrenheit-451" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/09/Ray-Bradburry.-fahrenheit-451-186x300.jpg" alt="" width="186" height="300" /></a>Tangencialmente, Bradbury nos da señas del modo en que progresó un determinado concepto de la educación y el arte, no como formas de refinamiento del sujeto reflexivo y participativo sino como mecanismo de su anulación en la informe masa. Relata, “Y apretando un tornillo aquí y una tuerca allá, presionando, sacudiendo, tironeando, muy pronto convirtieron el arte y la literatura en una pasta de caramelo, retorcida, aplastada, sin consistencia ni sabor (…), las cámaras cinematográficas se detuvieron, los teatros quedaron a oscuras, y de las imprentas que antes inundaban el mundo con libros, revistas y periódicos, comenzó a salir, como de un cuentagotas, una materia inofensiva e insípida.” La maquinaria de idiotización creó un arte sin sentido ni valores, fácil de digerir y mejor de reemplazar. Artificios que ayudaran a conferir mayor plasticidad y proporcionalmente menor capacidad de raciocinio a quienes lo consumen. Es lamentable comprobar que mucho, demasiado, de este “arte” ha prevalecido, se ha extendido, se ha imitado irreflexivamente e, incluso, ha llegado a conseguir sus “teóricos” defensores. Conozco que muchos encandilados aún creen que todo lo que emiten los grandes centros de poder son destellos de estrellas verdaderas y no meras luces impostoras. La “deshumanización del arte” de la que advertía Ortega no es fantasía. Está ahí, royendo y corroyendo en los flancos de la humanidad. </p>
<p>La fantasía narrativa de Bradbury es un alerta contra la muerte de la imaginación. El autor defiende los inagotables beneficios de esta facultad esencialmente humana y humanizadora a la vez. La imaginación es una sonda eficaz para penetrar lo desconocido de la vasta realidad. Es también un recurso infinito de senderos para sortear los dilemas prácticos. No solo constituye un fértil terreno para hallar respuestas en la verdad desconocida sino también un aliciente propicio para formular preguntas nunca hechas. </p>
<p>El novelista estadounidense ha sido un adelantado del verdadero progreso, el del hombre en su esencia humana. Su obra se ha consagrado a advertirnos de las nocivas consecuencias de una sociedad que antepone los adelantos técnicos al crecimiento de los sujetos, neutralizadora del individuo antes que activadora de sus potencialidades. Nos previene sobre una situación donde todo —educación, información, arte— se reduce a un mero consumo de contenidos debidamente simplificados y condicionados para lograr que el sujeto entre por el aro de lo inocuo y trivial. </p>
<p>Ray Bradbury es un escritor necesario. Cuenta entre los autores que entretienen pero incitan. Los indignados del mundo tienen en él un profeta eficaz. | <strong>MANUEL GARCÍA VERDECIA</strong>, Holguín, Cuba, profesor, escritor, editor y traductor poeta y ensayista, en 2007 obtuvo el Premio Julián del Casal de la UNEAC en poesía, autor de <em>El día de la cruz</em>, 2008</p>
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		<title>J. D. Salinger: cómo se engendra un monstruo</title>
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		<pubDate>Sat, 24 Sep 2011 16:10:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mediaIsla</dc:creator>
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		<description><![CDATA[MANUEL VICENT [*] El escritor publicó en 1951 El guardián entre el centeno, y cuatro años después vino al mundo Mark David Chapman, el asesino de John Lennon. Los tres tenían algo en común con Holden Caulfield, el protagonista de la novela  No todos los escritores tienen la suerte de que un asesino, que acaba [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/09/SALINGER.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-7909" title="SALINGER" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/09/SALINGER-227x300.jpg" alt="" width="227" height="300" /></a>MANUEL VICENT</strong> [*] <strong>El escritor publicó en 1951 El guardián entre el centeno, y cuatro años después vino al mundo Mark David Chapman, el asesino de John Lennon. Los tres tenían algo en común con Holden Caulfield, el protagonista de la novela</strong> </p>
<p>No todos los escritores tienen la suerte de que un asesino, que acaba de cometer un crimen histórico, esté leyendo tu mejor novela en el momento de ser detenido. Es más. Hay que ser un autor privilegiado, bendecido por los dioses, para que el famoso asesino se llame Mark David Chapman, quien disparó cinco balas de punta hueca por la espalda a John Lennon, después de pedirle un autógrafo, en el vestíbulo del edificio Dakota de NY, el 8 de diciembre de 1980 y una vez vaciado el cargador del revólver 38 especial se siente tranquilamente en un bordillo de la acera a leer <strong><em>El guardián entre el centeno</em></strong><em>,</em> esperando a que llegue la policía y en su descargo confiese que él no había hecho otra cosa que acomodar su vida a la de Holden Caulfield, protagonista de la novela. &#8220;Esta es mi confesión&#8221;, exclamó Chapman exhibiendo el libro, mientras era esposado. </p>
<p>Las ventas de la novela de J. D. Salinger, ya de por sí millonarias, se dispararon una vez más. Una nueva oleada de lectores asaltó masivamente las librerías al saber que la historia llevaba una carga suficiente como para borrar del mapa a John Lennon, héroe de una rebeldía en la que se reconocían varias generaciones de jóvenes. En ese momento J. D. Salinger había hecho de su fuga y anonimato una de las obras de arte que consagran definitivamente a un escritor. Vivía refugiado en una granja de Cornish y llegar hasta él era una misión tan difícil como encontrar un mono en Marte, siempre que el explorador fuera un periodista, biógrafo, crítico literario o editor, pero no una jovencita admiradora o una becaria dispuesta a ser pasada por las armas. Mark David Chapman había asesinado a Lennon buscando la fama; en cambio J. D. Salinger se había hecho extremadamente famoso por no querer serlo y haberse convertido en un ser invisible.</p>
<p>El escritor Salinger, el asesino Chapman e incluso el asesinado John Lennon tenían algo en común con Holden Caulfield, el protagonista de <em>El guardián entre el centeno,</em> un chaval de buena familia, que se movía como un tornillo suelto en el engranaje de la sociedad neoyorquina de aquella época, cuando la gente se sentía feliz en medio de la plétora de tartas de frambuesa que trajo la victoria en la Segunda Guerra Mundial.</p>
<p> <a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/09/Salinger_1569032c.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-7910" title="707546_01" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/09/Salinger_1569032c-300x187.jpg" alt="" width="300" height="187" /></a>Salinger, Chapman, Lennon, Holden, los cuatro habían sido adolescentes sarcásticos, rebeldes, inconformistas e inadaptados y se habían comportado con un desparpajo irreverente con los mayores, ya fueran padres, profesores o simples predicadores de la moral de consumo. Los cuatro fueron expulsados del colegio. Los cuatro odiaban los ritos, las costumbres y los gestos del orden constituido, para ellos todo el mundo era idiota, una actitud que en algunos acaba cuando desaparece el acné para convertirse en señores respetables, a otros les incita a escribir o a tocar la guitarra hasta transformarse en artistas y a otros les lleva a encargar un revólver por correo y usarlo contra el héroe de sus sueños. Los cuatro habían pasado por YMCA, la organización religiosa juvenil. Allí Marc David Chapman estuvo encargado de cuidar de los niños, un trabajo que ejercía a la perfección, hasta el punto de que le pusieron Nemo de sobrenombre; la misma y única aspiración manifestó también Holden Caulfield al final del relato, la de vigilar a unos niños mientras jugaban entre el centeno. En el YMCA un amigo le dio a leer a Chapman la novela de Salinger y el futuro asesino decidió ordenar su vida según la del protagonista mientras en Chicago tocaba la guitarra en iglesias y locales nocturnos cristianos. </p>
<p>Salinger nació en NY el 1 de enero de 1919, hijo de un judío llamado Salomón, descendiente a su vez de un rabino que, según las malas lenguas, se hizo rico importando jamones. En realidad Salomón Salinger fue un honrado importador de carnes y quesos de Europa. La compañía Hoffman para la que trabajaba estuvo envuelta en un escándalo, acusada de falsificar agujeros en los quesos de bola, pero de ese lío salió indemne Salomón quien acabó viviendo en un lujoso apartamento de Park Avenue entre la alta burguesía neoyorquina. Allí el adolescente Jerome David Salinger comenzó a sacar las plumas. Después de ser expulsado del colegio McBurney entró como cadete en la academia militar de Valley Forge donde empezó a escribir iluminando el cuaderno con una linterna bajo las sábanas unos relatos cortos que durante años mandó sin éxito a las revistas satinadas. Después ingresó en la Universidad de NY y siguió escribiendo, seduciendo a chicas adolescentes a las que a la vez despreciaba. Era un joven elástico, rico, inteligente, esnob y sarcástico. Se comportaba como el propio protagonista de su novela, el Holden Caulfield enfundado en un abrigo negro Chesterfield que envidiaban sus compañeros. Las chicas se volvían locas con él, mientras luchaba denodadamente por ser famoso, pero hubo una que le fue esquiva, Oona O&#8217;Neill, la hija del famoso dramaturgo, a la que escribió mil cartas de amor hasta de Charles Chaplin, 40 años mayor que ella, se la birló para hacerle seis hijos. </p>
<p>El caso de Salinger es sintomático. Ningún aprendiz de escritor luchó tanto por sacar cabeza buscando el éxito, nadie como él realizó tanto esfuerzo por colocar los relatos cortos en las revistas que habían consagrado a otros famosos escritores en cuyo espejo Salinger se miraba, Fitzgerald, Hemingway, Capote. A la vez nadie era tan quisquilloso y peleaba hasta la agonía con los directores de esos medios, <em>The Story, Saturday Evening Post, Bazzar&#8217;s,</em> y sobre todo <em>The New Yorker.</em> Nadie buscó con tanto ahínco la fama y a continuación, al verse aplastado por ella, buscó refugio bajo tierra como si se tratara de un bombardeo cruel de una guerra ganada. </p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/09/jd-salinger.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-7911" title="jd-salinger" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/09/jd-salinger-300x219.jpg" alt="" width="300" height="219" /></a>Antes de este tormento del éxito Salinger viajó a Europa pensando en hacerse mercader de quesos. Después se alistó en la Segunda Guerra Mundial. Participó en el desembarco de Normandía, mientras todo su carácter y experiencia se lo iba transfiriendo en la imaginación al personaje de ficción que lo haría célebre. En 1951 publicó <em>El guardián entre el centeno,</em> paradigma del desasosiego juvenil y cuatro años después vino al mundo el monstruo que engendró la novela, cuando Salinger ya había huido del mundo, se había metido en un agujero y se había hecho discípulo de Jesús, de Gotama, de Lao-Tse y de Shankaracharya hasta convertir su anonimato en una leyenda, una fuga que no le impedía degustar en secreto de mujeres cada vez más jóvenes. </p>
<p>Chapman nació en Fort Worth, Texas en 1955, cuando el protagonista Holden Caulfield empezaba a arrasar en todas las librerías. El padre de Chapman era un sargento de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, y su madre, Kathryn Elizabeth Pease, era una enfermera. Él dijo que vivía con miedo de su padre cuando era niño. En la mañana del 8 de diciembre de 1980 Chapman salió del hotel Sheraton donde estaba hospedado, dejó su documentación en la habitación para facilitar el trabajo a la policía, se dirigió a una librería de la Quinta Avenida, compró la novela de Salinger y bajo el título añadió su firma a la del autor. La mañana del crimen el asesino había visitado el lago de Central Park, que estaba helado, y como Holden Caulfield, se había preguntado adónde habrían ido a parar los patos. Con el crimen no trataba sino de escenificar escenas de <em>El guardián entre el centeno.</em> Fue sentenciado a prisión entre los veinte años y la perpetuidad. Sigue encarcelado en Attica Correctional Facility, en Attica, Nueva York, después de haber sido denegada la libertad condicional en seis ocasiones. El monstruo en la cárcel y el autor de la ficción condenado por la fama a vivir bajo tierra hasta la muerte. Esta es la historia. [*] <strong>Babelia</strong></p>
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		<title>Claroscuro</title>
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		<pubDate>Sat, 24 Sep 2011 16:01:46 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[FIDEL MUNNIGH[mediaIsla] El Caribe se ha convertido en el mar de los detritos, un mar contaminado adonde van a parar nuestras podredumbres. Es curioso: cuando nos sentamos en el malecón, solemos darle la espalda.  Empezaba a restablecerme de una virosis que me había dejado tres días postrado en cama. Me recuperaba lentamente.  En el trópico, los [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3><strong><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/09/Claroscuro_The_Big_ComboTrailer.png"><img class="alignright size-full wp-image-7894" title="Claroscuro_The_Big_ComboTrailer" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/09/Claroscuro_The_Big_ComboTrailer.png" alt="" width="320" height="196" /></a>FIDEL MUNNIGH</strong>[<a href="http://mediaisla.net/revista">mediaIsla</a>] <strong>El Caribe se ha convertido en el mar de los detritos, un mar contaminado adonde van a parar nuestras podredumbres. Es curioso: cuando nos sentamos en el malecón, solemos darle la espalda.</strong> </h3>
<p>Empezaba a restablecerme de una virosis que me había dejado tres días postrado en cama. Me recuperaba lentamente.  En el trópico, los virus son tenaces y no te sueltan tan fácil. A duras penas logré levantarme del lecho. Caminé un poco por la sala, di algunas vueltas y fui hasta el balcón. Allí me paré y me puse a mirar a lo lejos.  Desde lo alto (vivo en un quinto piso) disfruto de una vista parcial de la ciudad, con el mar al fondo. Perdida la mirada, miraba aquella franja de mar y divagaba. El Caribe se ha convertido en el mar de los detritos, un mar contaminado adonde van a parar nuestras podredumbres. Es curioso: cuando nos sentamos en el malecón, solemos darle la espalda. Casi hemos perdido nuestra antigua relación con el mar. Pensaba en ello cuando de pronto me sentí observado. Me volví y advertí detrás de mí una presencia, agazapada en la sombra. Tardé un tiempo en reconocerla. <em>Aparición</em> salió de la sombra y vino hacia mí: </p>
<p>—¿No esperabas mi llegada, verdad? Aunque yo nunca llego, pues siempre estoy allí donde estás. Te veía contemplar el mar de tu infancia. </p>
<p>—Cuando quiero descansar miro al mar. Me hace bien.  Cuando lo contemplo, pienso mejor, veo más claro. Lo contemplo y me confundo con lo contemplado. Medito. </p>
<p>—Conozco el objeto de tu meditación. Te preocupa no saber hacia dónde vamos, si todo esto lleva a algún lado, si el presente es viable, si tenemos porvenir. No eres lo que se dice un entusiasta del futuro ni de la idea de progreso. </p>
<p>—Estoy acostumbrado a dudar. Desconfío siempre. Aún soy joven, pero ya he  vivido bastante.  He sobrevivido al fin de las utopías, al desastre del amor, al cerco de la soledad. Me ha tocado un tiempo incierto y difícil. ¡Y heme aún aquí! Soy fuerte. </p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/09/claroscuro.-cl.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-7895" title="claroscuro. cl" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/09/claroscuro.-cl-266x300.jpg" alt="" width="266" height="300" /></a>—Es bueno dudar. La duda, y no la afirmación dogmática, es el principio de todo conocimiento. Un intelectual es una conciencia: alguien que hace de la vida  un ejercicio del entendimiento. Su misión principal es la crítica. Sus instrumentos, además de la palabra, son el juicio, el examen, la duda. </p>
<p>—Y, sin embargo, parece que hay que creer en algo. ¿En qué? ¿En Dios? ¿En el hombre? ¿En el amor? ¿En la democracia?<em> </em></p>
<p><em>Aparición</em> guardó silencio. No quiso responder a mi pregunta. Prefirió dejarme pensar. Al tiempo prosiguió: </p>
<p>—Si ya no se cree en ideales superiores, es preciso al menos creer en el mejoramiento. Hay un derecho a la esperanza, legítimo, irrenunciable. </p>
<p>—Vivimos bajo un orden más o menos democrático. ¿No es esto acaso lo que debemos mejorar? —pregunto. </p>
<p>—La democracia es una voluntad y una conquista siempre mejorable, perfectible —responde—. Es un deseo: no es lo que somos, sino lo que queremos ser. Las palabras clave parecen ser diálogo, consenso, participación. El juego de la democracia se asemeja hoy cada vez más a un juego de luces y de sombras. Hay esplendores y miserias. Sin embargo, demasiadas cosas se oponen a ella. En primer lugar, el poder.  </p>
<p>—¿El poder? —interrogo. </p>
<p>—¿Has leído a Nietzsche? “Se paga caro el llegar al poder: el poder <em>vuelve estúpidos</em> a los hombres”. </p>
<p>—Es cierto. Nada obnubila más que el poder. Su ejercicio entumece los sentidos y envilece el alma. </p>
<p>—Nuestros políticos deberían leer a Nietzsche más a menudo. Les vendría bien.  Sabes, los políticos locales no leen a los filósofos. </p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/09/Claroscuro-vegetal.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-7896" title="Claroscuro-vegetal" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/09/Claroscuro-vegetal-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a>—Ni falta que les hace para gobernar y ejercer poder…Pero Nietzsche se refería a la Alemania de su tiempo, posterior al 1871 –trato de explicar-. Cuando afirma que “el poder vuelve estúpidos a los hombres”, lo hace pensando en los alemanes, el otrora “pueblo de los pensadores y los poetas”. Por entonces la política lo envilecía todo. Imperaba lo mediocre. Pero no debemos extrapolar su pensamiento. Estamos en el Caribe insular, a dos mil y tantos años después de Cristo.   </p>
<p>—Poco importa. No se trata de extrapolar su pensamiento, sino de compartir sus intuiciones. Hoy como ayer imperan la vulgaridad, la chabacanería, el instinto de mediocridad. El poder obnubila. La política es un falso paradigma, la Gran Engañifa. ¿No has pensado que disfrutar del poder y a la vez mantener la conciencia íntegra son cosas casi excluyentes? Te diré más: el poder es el gran narcótico de la humanidad, el más nocivo de todos, el narcótico que han consumido los grandes Jefes o Caudillos o Dictadores de nuestro siglo, el de Trujillo, el de Hitler y Stalin. Por eso, toda oposición al Poder es un acto de salud mental, de purificación interior, de libertad suprema. </p>
<p>—De acuerdo, pero hay cosas (buenas y no pocas) que sólo pueden hacerse desde el poder. Oigo repetir que “el poder es para ejercerlo”.   </p>
<p>—¡Cuidado! Es la frase más cínica que pueda haber. Resulta peligrosa. Sirve para legitimar cualquier conducta desde el poder, su uso y su abuso. Convierte al poder en un fin en sí mismo, en una instancia inapelable. </p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/09/Claroscuro....jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-7897" title="Claroscuro..." src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/09/Claroscuro...-201x300.jpg" alt="" width="201" height="300" /></a>—Entre nosotros la política es un ámbito demasiado envolvente, demasiado decisivo. Lo es todo, o casi todo. Labra caminos. Garantiza éxitos. Otorga privilegios y prebendas. Decide vidas y destinos.<em> </em></p>
<p><em>Aparición</em> me escuchaba atentamente. Hizo una pausa como si meditara sus palabras. Después dijo: </p>
<p>—Escucha. Si queremos evitar que se nos entronice como realidad absoluta, el poder debe ser relativizado, interpelado.  Y sólo puede serlo desde la ética. Nuestro fracaso consiste en no haber sabido ni podido conciliar historia y moral, ética y política. </p>
<p>—¿Una ética desde el poder o una ética frente al poder? </p>
<p>—La primera es casi imposible: el poder suele prescindir de toda ética que lo pueda relativizar.  La segunda no sólo es posible, sino también necesaria, urgente. El poder del intelectual está en hacer la crítica del poder. Esta crítica debe ser radical y subversiva. El intelectual puede ser lo que desee, cualquier cosa menos complaciente con el Poder. ¡Aléjate del poder, de sus tentaciones seductoras, de su fuerza corruptora! ¡Aléjate de los halagos exagerados y del aplauso lisonjero! ¡Y aléjate también de la gritería y los excesos de la multitud! Y sigue pensando: recuerda que ese es tu primer y acaso único deber. No olvides que eres un hombre de estudio. Y ahora debo dejarte. Creo haberte ayudado a ver un poco más claro.<em> </em></p>
<p><em>Aparición</em> se marchó tan inesperadamente como llegó. Cuando lo hizo, volví de nuevo la vista al mar. Seguí mirando a lo lejos un buen rato, de pie, débil aún, hasta que una sensación de ligero decaimiento me obligó a volver a cama. | <strong>FIDEL MUNNIGH</strong>, Santo Domingo, 1962. Profesor universitario, ensayista y traductor.  Es autor de <em>Huellas del Errante</em> (2002), <em>La Memoria Incautada</em> (2007) y <em>La condición rebelde</em> (2010).</p>
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		<title>Filosofía: una comunidad inexistente</title>
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		<pubDate>Sat, 24 Sep 2011 15:52:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mediaIsla</dc:creator>
				<category><![CDATA[Visiones]]></category>

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		<description><![CDATA[MANUEL CRUZ [*] Quizá los filósofos deban fijarse en los científicos para compartir procedimientos fecundos en el desarrollo de sus conocimientos  Nosotros somos seres racionales &#124; de los que toman las raciones en los bares. Siniestro Total, Somos Siniestro Total  Desde que Thomas S. Kuhn le concediera un lugar preeminente en su propuesta teórica, el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/09/filosofia1-portada.png"><img class="alignright size-medium wp-image-7882" title="filosofia[1] portada" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/09/filosofia1-portada-300x227.png" alt="" width="300" height="227" /></a>MANUEL CRUZ</strong><strong> </strong><strong>[*] Quizá los filósofos deban fijarse en los científicos para compartir procedimientos fecundos en el desarrollo de sus conocimientos</strong><em> </em></p>
<p><em>Nosotros somos seres racionales | </em><em>de los que toman las raciones en los bares. </em><strong>Siniestro Total,</strong> <em>Somos Siniestro Total</em> </p>
<p>Desde que Thomas S. Kuhn le concediera un lugar preeminente en su propuesta teórica, el concepto de <em>comunidad científica</em> ha venido siendo utilizado cada vez con mayor asiduidad para referirse al conjunto de autores que comparten el conocimiento y la práctica de una misma disciplina. Sin embargo, está lejos de ser evidente que el concepto pueda utilizarse de forma tan irrestricta como suele hacerse. Por poner el caso que mejor conozco, el de la comunidad filosófica, me atrevería a afirmar que uno de los rasgos más característicos de su peculiar naturaleza es precisamente el hecho de que incumple buena parte de los estándares que Kuhn prescribía a una comunidad para ser tal, esto es, para desempeñar el papel protagonista en la historia de su disciplina que, según él, desempeñaban aquellas comunidades que sí los cumplían. </p>
<p>Entre filósofos no existen ni las revistas de referencia que sancionan de forma irreversible lo que debe ser considerado un avance de la disciplina, ni los libros de texto universalmente aceptados que sirven para formar a los futuros miembros de una comunidad, ni ninguno de los demás rasgos con los que el autor de <em>La estructura de las revoluciones científicas</em> describiera a dicho tipo de grupo. Y aunque es cierto, como ha sido señalado en más de una oportunidad, que algunos filósofos parecen haberse deslizado en los últimos tiempos hacia un hiperespecialismo que no tiene nada que envidiar al de los científicos duros más conspicuos (de manera que no es raro que, pongamos por caso, el especialista en filosofía griega alardee de desconocer por completo el pensamiento contemporáneo, el esteta sonría displicente ante cualquier tipo de consideración ética y el ético, a su vez, desdeñe todo lo relacionado con la lógica formal o la teoría de la ciencia) lo cierto es que, en el interior de cada uno de esos universos, no rigen criterios inequívocos a la hora de valorar las aportaciones y propuestas de un autor. </p>
<p>Probablemente sea eso (sin descartar motivaciones psicológicas, que, como es obvio, no vienen al caso) lo que se encuentra en el origen de esa variedad de aparentes elogios (en el fondo, inequívocamente envenenados) que se prodigan entre sí los miembros de la comunidad filosófica, de los que un inicial muestreo podría ser el siguiente (entre paréntesis se indica lo que el presunto elogiador de veras opina): </p>
<p><strong><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/09/filosofia..jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-7883" title="filosofia." src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/09/filosofia..jpg" alt="" width="274" height="273" /></a>1.</strong> &#8220;En realidad es un poeta&#8221; (o sea, no es un genuino filósofo). </p>
<p><strong>2.</strong> &#8220;Es una pena que se haya metido en política&#8221; (de hecho, siempre utilizó el pensamiento como palanca para alcanzar el poder). </p>
<p><strong>3.</strong> &#8220;Donde de verdad luce es en sus conferencias&#8221; (no nos engañemos, lo suyo es una pirotecnia insustancial pero muy efectista, propia de un encantador de serpientes sin mayor fundamento teórico). </p>
<p><strong>4.</strong> &#8220;Su mejor libro es el primero&#8221; (esto es, desde entonces no ha hecho otra cosa que repetirse). </p>
<p><strong>5.</strong> &#8220;A mí donde más me gusta es en sus artículos periodísticos&#8221; (&#8230; porque los libros que ha escrito -la prueba del algodón para comprobar el talento del auténtico filósofo- carecen del menor interés). </p>
<p><strong>6.</strong> &#8220;Sin duda es un tipo muy listo&#8221; (de hecho, ha salido a flote por su principio de realidad -i. e., por su capacidad de adaptación al medio- pero no por sus méritos propiamente filosóficos). </p>
<p><strong>7.</strong> &#8220;Es muy trabajador: no para de hacer cosas&#8221; (en definitiva, sustituye la calidad por la agitación pública permanente del propio nombre)&#8230; Y así sucesivamente. </p>
<p>Como se habrá podido observar, el común denominador de todos estos aparentes elogios es que localizan las virtudes del presunto <em>elogiado</em> en un lugar distinto (y de menor importancia o valor) del que se supone que realmente debería contar, que no es otro que la actividad académica, entendida, además, en un sentido extremadamente restrictivo. El problema es que ese lugar desde el que se pretende dictaminar la ausencia de valor de la tarea ajena es, en sí mismo, un lugar de casi imposible definición (por no decir un lugar vacío). Buena prueba de ello la constituye el hecho de que también los elogios, aunque sean sinceros, que a menudo estos <em>hipercríticos-con-los-otros</em> dedican a los del propio grupo resultan susceptibles de análoga decodificación. En efecto: </p>
<p><strong><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/09/filosofia.-sabato.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-7884" title="filosofia. sabato" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/09/filosofia.-sabato-300x200.jpg" alt="" width="300" height="200" /></a>1.</strong> Afirmar de alguien que es &#8220;un filósofo socrático&#8221; se puede interpretar, no sin cierta malevolencia, como equivalente a que el elogiado no ha escrito prácticamente nada, </p>
<p><strong>2.</strong> Señalar que &#8220;ha dedicado toda su vida a la universidad&#8221; admite sin gran esfuerzo la traducción libre de que el personaje en cuestión se las ha apañado para no dejar en ningún momento de ocupar algún carguito en el organigrama universitario, </p>
<p><strong>3.</strong> Enfatizar que &#8220;se ha negado a hacer concesiones fáciles&#8221; casi siempre es una forma maquillada de decir que sus textos resultan de muy difícil inteligibilidad; o, en fin (por terminar en algún sitio), </p>
<p><strong>4.</strong> Resaltar (por lo general con tono solemne y voz engolada) que un pensador determinado &#8220;posee un sólido conocimiento de los clásicos&#8221; a menudo de lo que de veras está informando es de que el susodicho está decididamente al margen de los debates más actuales y urgentes. </p>
<p>Tal vez a los filósofos no nos viniera del todo mal disponer de criterios unánimemente compartidos que nos permitieran ir dirimiendo, de la forma más consensuada posible, el genuino valor de nuestras propuestas teóricas. Tras tantos años denostando la manera de funcionar de los científicos (tan incapaces ellos, según nuestros autosuficientes clásicos -la desdeñosa crítica de Heidegger a la técnica vendría a constituir un ejemplo paradigmático-, de pensar el sentido profundo de su propia tarea), acaso haya llegado la hora de importar alguno de esos criterios que, desde luego, tan buen resultado parecen haber dado a los primeros en sus respectivas disciplinas. Cuando menos, les ha permitido constituirse en comunidad e ir pactando procedimientos fecundos para el desarrollo de sus conocimientos. Habrá que ir con cuidado, claro está, para que lo que se importe sean sus virtudes y no sus patologías. Pero en todo caso siempre resulta preferible constituir comunidad que no mera tropa (conde de Romanones <em>dixit),</em> especialmente si a lo que ésta se aplica con especial ahínco es a la producción de elogios envenenados del tipo de los relacionados en el presente texto. [*] <strong>Babelia</strong></p>
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