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	<title>mediaisla &#187; Visiones</title>
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	<description>Puente de palabras vivas</description>
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		<title>Cuando las mariposas no volaron</title>
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		<pubDate>Sat, 26 Nov 2011 16:13:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mediaIsla</dc:creator>
				<category><![CDATA[Visiones]]></category>

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		<description><![CDATA[TONY PINA * &#124; A palos y con pañuelos apretados al cuello para apagar los quejidos, se consumó la matanza. A 51 añosdel asesinato de las hermanas Mirabal y Rufino de la Cruz Obligadas a punta de pistola a desmontarse del jeep Land Rover en el que regresaban a Salcedo por cinco matones que bloquearon [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/11/Cuando-las-mariposas.-Hermanas_Mirabal_y_Rufino_de_la_Cruz.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-8473" title="Cuando las mariposas. Hermanas_Mirabal_y_Rufino_de_la_Cruz" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/11/Cuando-las-mariposas.-Hermanas_Mirabal_y_Rufino_de_la_Cruz-204x300.jpg" alt="" width="204" height="300" /></a>TONY PINA * | A palos y con pañuelos apretados al cuello para apagar los quejidos, se consumó la matanza. A 51 añosdel asesinato de las hermanas Mirabal y Rufino de la Cruz</strong></p>
<p>Obligadas a punta de pistola a desmontarse del jeep Land Rover en el que regresaban a Salcedo por cinco matones que bloquearon el paso de la antigua carretera Duarte, con un carro “cepillo” atravesado en el puente Marapicá, las víctimas fueron metidas a empujones a una casa de adobe y caoba situada en las inmediaciones de La Cumbre.Allí, un día como hoy, hace 51 años, aguardaba a los matones el capitán Alicinio Peña Rivera para asegurarse que esta vez se cumpliera el macabro plan de asesinar a las hermanas Patria, Minerva y María Teresa Mirabal y de Rufino de la Cruz, no sólo un chofer, sino un amigo solidario de la familia, consciente del riesgo que asumía.</p>
<p>Ciriaco de la Rosa, quien llegó a Santiago una semana antes para coordinar el crimen, asignó una víctima por cada uno de los cuatro matones, tras recibir la orden del exterminio impartida por Peña Rivera, a la sazón jefe en el Cibao del Servicio de Inteligencia Militar (SIM).</p>
<p>A palos y con pañuelos apretados al cuello para apagar los quejidos, se consumó la matanza.</p>
<p>Luego, tiran los cadáveres al jeep que fue empujado al precipicio, mientras, en la prisa de la impunidad, los asesinos huyeron del entorno cómplice.</p>
<p>“Dos días después, en la página 9 del diario El Caribe, el periodista Domingo Saint Hilaire hijo, escribíaa desde Santiago una crónica con el lead de una pirámide construida con retorcidos datos policiales: “El conductor de un jeep y tres hermanas que viajaban como pasajeras murieron, al precipitarse el vehículo por un abismo de 50 metros de profundidad, en la vía que enlaza la carretera de Luperón con la autopista Duarte”. (El Caribe, página 9 del 27 de noviembre de 1960).</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/11/Cuando-las-mariposas..gif"><img class="alignleft size-medium wp-image-8474" title="Cuando las mariposas." src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/11/Cuando-las-mariposas.-300x260.gif" alt="" width="300" height="260" /></a>Cuando se celebró el juicio a los asesinos, en junio de 1962, De la Rosa, parado ante el juez Osvaldo Soto, quien conoció el expediente instrumentado por el fiscal del Distrito Nacional, Rafael Valera Benítez, confesó fríamente: “Después de apresarlas, las condujimos al sitio cerca del abismo, donde ordené a Rojas Lora que se llevara una de las muchachas. Cumplió la orden en el acto y se llevó una de ellas, la de las trenzas largas (María Teresa). Alfonso Valerio eligió la más alta (Minerva); yo elegí a la más bajita y gordita (Patria), y Malleta, al chofer, Rufino de la Cruz. Ordené a Pérez Terrero que permaneciera en la carretera para que avisara si se acercaba algún vehículo o alguien que pudiera enterarse”.</p>
<p>En esa ocasión en que declaró al tribunal, sin que en su ceño se advirtiera señal de arrepentimiento, acaso sí de satisfacción, el confeso asesino relató que se dirigió a Peña Rivera con la siguiente expresión: “Señor, misión cumplida”.</p>
<p>En su libro “Trujillo y yo” (página 68), Jhonny Abbes García, que en ese entonces no dirigía el SIM porque estaba al frente de las agresiones contra la jerarquía católica, refiere que el general José René Román Fernández (Pupo), secretario de las Fuerzas Armadas, instruyó al mayor de la Marina, Candito Torres Tejada, titular interino del SIM, para que asumiera personalmente la operación. l</p>
<p><strong>Acciones previas a los asesinatos</strong></p>
<p>El 18 de mayo de 1960, Minerva y María Teresa fueron juzgadas y condenadas a tres años de prisión por “atentar contra la seguridad del Estado”. En el mismo juicio fueron condenados Manolo Tavárez Justo y Leandro Guzmán, esposos de Minerva y María Teresa. Los cuatro comenzaron a purgar sus condenas en la cárcel de La Victoria, pero el 9 de agosto, en un gesto extraño de la dictadura, las dos hermanas fueron puestas en libertad.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/11/Cuando-las-mariposas....jpg"><img class="alignright size-full wp-image-8475" title="Cuando las mariposas..." src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/11/Cuando-las-mariposas....jpg" alt="" width="300" height="226" /></a>A finales de ese mes, Manolo y Leandro fueron trasladados a la cárcel de Salcedo, aunque no habían transcurrido dos semanas cuando se les confinó en la cárcel de Puerto Plata, alegándose que el régimen había descubierto un arsenal de armas en manos de dirigentes del Movimiento Revolucionario 14 de Junio.</p>
<p>En realidad, el plan criminal contra las hermanas Mirabal había sido puesto en marcha. Se buscaba eliminarlas en una de las visitas a sus maridos, plan que se frustró el 18 y el 22 de noviembre porque en ambas ocasiones los esbirros argumentaron que las Mirabal andaban en compañía de niños. De ahí que el propio Peña Rivera supervisara el fiel cumplimiento del plan.</p>
<p><strong>Ciriaco de la Rosa, Jefe del grupo de matones</strong></p>
<p>Ciriaco de la Rosa llegó a Santiago en un “cepillo” del SIM el 15 de noviembre y ese mismo día constató a Ramón Emilio Rojas Lora, Alfonso Cruz Valerio, Néstor Antonio Pérez y Emilio Estrada Malleta, de origen cubano, para llevar a cabo los asesinatos. | * <em>El Caribe</em></p>
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		<title>Marrón y negro</title>
		<link>http://mediaisla.net/revista/2011/10/marron-y-negro/</link>
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		<pubDate>Sat, 29 Oct 2011 14:24:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mediaIsla</dc:creator>
				<category><![CDATA[Visiones]]></category>

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		<description><![CDATA[FIDEL MUNNIGH [mediaisla] Un mundo sin limpiabotas es tan increíblemente hermoso como improbable. Digo limpiabotas, pero pienso en toda una pequeña humanidad que hallo a mi paso, regada por nuestras calles y avenidas… Estoy sentado tranquilo debajo de un paraguas. A mi alrededor hay mesas ocupadas por estudiantes universitarios. Los fines de semana vengo a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/10/Marron-y-negro..jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-8204" title="IF" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/10/Marron-y-negro.-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a>FIDEL MUNNIGH </strong>[<a href="../../revista">media<strong>i</strong>sla</a>] <strong>Un mundo sin limpiabotas es tan increíblemente hermoso como improbable. Digo limpiabotas, pero pienso en toda una pequeña humanidad que hallo a mi paso, regada por nuestras calles y avenidas…</strong></p>
<p>Estoy sentado tranquilo debajo de un paraguas. A mi alrededor hay mesas ocupadas por estudiantes universitarios. Los fines de semana vengo a esta ciudad del interior a impartir docencia. Entre clases, tomo un breve descanso. El calor es insoportable a esta hora del día. Me siento a tomar un jugo de naranja en el patio de la cafetería. Dentro de quince minutos daré otra clase. Filosofía, estética. Siempre que debo enseñar me enfrento a la misma cuestión: ¿Cómo ser novedoso sin repetirme? ¿Cómo evitar que la clase se convierta en una odiosa reiteración de lugares comunes? ¿Cómo hacerla dinámica y atractiva, divertida incluso? En esas estoy cuando una vocecilla viene a sacarme de mis pensamientos.</p>
<p>¿Va a limpiar, señor?</p>
<p>Dejo de tomar y vuelvo la cabeza. A mi lado hay un chiquillo con una caja de limpiar zapatos en la mano. Lo miro algo sorprendido:</p>
<p>—¿Va a limpiar, señor? —me repite.</p>
<p>—No, gracias, otro día —le digo.</p>
<p>—Están sucios —señala a mis zapatos—. Se los limpio por diez pesos.</p>
<p>Realmente lo están. Se me habían ensuciado un poco de camino a la universidad.</p>
<p>—Sólo a diez pesos la limpia, eh? —insiste.</p>
<p>—Está bien, límpialos —me rindo.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/10/Marron-y-negro.-Limpia_Botas_by_Pablo_Amorsolo.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-8205" title="Marron y negro. Limpia_Botas_by_Pablo_Amorsolo" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/10/Marron-y-negro.-Limpia_Botas_by_Pablo_Amorsolo-300x210.jpg" alt="" width="300" height="210" /></a>El niño se entrega de inmediato a su tarea. Entonces lo miro más detenidamente. Es pequeño y delgado, con unos ojos vivos y una mirada de hambre. Los dientes, algo separados, sobresalen hacia delante. Debe tener unos diez u once años. Sigo mirándolo. Decido hablarle:</p>
<p>—¿Cómo te llamas? —le pregunto.</p>
<p>—Jansel —responde.</p>
<p>—Jansel. ¿Cuántos años tú tienes?</p>
<p>—Once, señor.</p>
<p>—Once. ¿Y vas a la escuela?</p>
<p>—Sí, señor.</p>
<p>—¿Y en qué curso estás?</p>
<p>—En tercero.</p>
<p>—En tercero. ¿Y a qué hora vas a la escuela, si tienes que limpiar en el día?</p>
<p>—Por la tarde. Cuando termino de limpiar.</p>
<p>Con el extremo del cepillo toca la caja para indicarme que debo poner el otro pie. Limpia despacio, se toma todo su tiempo. A veces levanta la cabeza para contestarme. Entonces guiña el ojo derecho y abre la boca. Un rayo de sol le da directo a la cara.</p>
<p>—¿Y qué haces con el dinero que te ganas? —continúo.</p>
<p>—Se lo llevo a mi mamá. Le doy la mitad y la otra mitad la cojo para mí. Me la como y también compro pasta y líquido. Ayudo a mi mamá porque ella se dejó de su marido —el chico ahora me sorprende por lo locuaz.</p>
<p>—¿Y tienes hermanos?</p>
<p>—Sí, tengo tres hermanas. Toditas son más viejas que yo. Yo soy el más chiquito de mi casa.</p>
<p>—¿Y ellas trabajan?</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/10/Marron-y-negro.-nina.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-8206" title="Marron y negro. nina" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/10/Marron-y-negro.-nina-e1319897983262-232x300.jpg" alt="" width="232" height="300" /></a>—No, ninguna trabaja. Ellas estudian. Yo soy el único que trabaja. Con la caja de limpiar. Mi mamá ahora tiene una fritura porque el hombre que vivía con ella se fue de la casa.</p>
<p>—¿Y tu papá? —llego a ese punto.</p>
<p>—El ya no vive con nosotros. Le digo que se fue de la casa!</p>
<p>Dejo de preguntarle. El niño llama a su padre “el hombre”, “el marido” de su madre. Baja la cabeza y se queda pensativo un rato. Un momento después la levanta de nuevo:</p>
<p>—¿Usted es profesor aquí, verdad?</p>
<p>—Sí, soy profesor.</p>
<p>—¿Y de qué da usted clases? —ahora es él quien interroga.</p>
<p>—Doy clases de filosofía —respondo sin esperar que me entienda.</p>
<p>—Filo…fiso… ¿Y qué es eso?</p>
<p>Me ha puesto en apuros. Qué responderle.</p>
<p>—Bueno, mira, es una clase que trata de…bueno, de…a ver, cómo te digo…trata de quiénes somos y por qué vivimos —improviso algo para salir del apuro—. Sí, de eso. Trata de quiénes somos y por qué vivimos.</p>
<p>Me mira sin comprender y vuelve a bajar la cabeza. Luego le pasa el paño a mi zapato. Sigue concentrado en su labor. Ya casi termina.</p>
<p>—El presidente de la república quiere llenar de computadoras todas las escuelas del país —es lo único que se me ocurre decirle—. ¿Te gustaría cambiar tu caja por una computadora?</p>
<p>—Yo no sé —contesta.</p>
<p>—¿No sabes? ¿Nunca has visto una computadora?</p>
<p>—Yo no sé…Espérese. ¿Eso no es como una caja con una pantalla que hay en las bancas donde la gente apuesta los cuartos?</p>
<p>—Más o menos. Pero es bueno que algún día no haya más niños limpiabotas.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/10/Marron-y-negro.-limpiabotas.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-8209" title="Marron y negro. limpiabotas" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/10/Marron-y-negro.-limpiabotas-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a>—¿Y entonces quién va a limpiar zapatos, quién? Alguien tiene que hacerlo —razona—. Señor, los limpiabotas no se acaban nunca —concluye tajante.</p>
<p>Su respuesta me desarma. No hay argumento que valga frente a la interrogación de un niño. Me callo. Una estudiante se me acerca para saludarme, otra me indaga sobre exámenes y notas.</p>
<p>Respondo cualquier cosa. Jansel termina de limpiarme los zapatos. Con el cepillo toca la caja. No me doy cuenta de que ha terminado. Vuelve a tocar la caja. Sigo distraído.</p>
<p>—Señor, ya terminé —me dice.</p>
<p>—Ah sí. ¿Cuánto te debo?</p>
<p>—Diez pesos.</p>
<p>—Toma veinte. Te los ganaste.</p>
<p>—Gracias, señor. ¿Usted viene siempre por aquí?</p>
<p>—Sí, pero sólo los sábados.</p>
<p>Me levanto del asiento, recojo mis libros y papeles. Me despido del niño. No le digo nada más, tampoco le doy consejos para la vida. Odio ponerme sentimental. Ni siquiera le he preguntado qué quiere ser cuando sea grande. Ignoro qué futuro le espera, si estudiará o seguirá limpiando zapatos.</p>
<p>No quiero pensar en la próxima clase. “Los limpiabotas no se acaban nunca”. Tal vez Jansel tenga razón. Un mundo sin limpiabotas es tan increíblemente hermoso como improbable. Digo limpiabotas, pero pienso en toda una pequeña humanidad que hallo a mi paso, regada por nuestras calles y avenidas: canillitas, maniseros, dulceros, limpiavidrios, palomitos guelecemento,…</p>
<p>Ya debo volver a clases. Me esperan mis alumnos. Ahora sólo pienso en la clase que voy a dar. ¿Será interesante y amena, diré algo nuevo o me repetiré? Camino unos   pasos en dirección al aula. Entonces vuelvo a escuchar la vocecita a mis espaldas: “¿Señor, va a limpiar?”. |<strong>FIDEL MUNNIGH</strong>, Santo Domingo, 1962. Profesor universitario, ensayista y traductor.  Es autor de <em><strong>Huellas del errante</strong></em><em> </em>(2002), <em><strong>La memoria incautada</strong></em> (2007) y <em><strong>La condición rebelde</strong></em><em> </em>(2010).</p>
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		<title>La Casa Usher</title>
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		<pubDate>Sat, 24 Sep 2011 17:00:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mediaIsla</dc:creator>
				<category><![CDATA[Visiones]]></category>

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		<description><![CDATA[MANUEL GARCÍA VERDECIA [mediaisla] La fantasía narrativa de Bradbury es un alerta contra la muerte de la imaginación. El autor defiende los inagotables beneficios de esta facultad esencialmente humana y humanizadora a la vez.  La ignorancia y los prejuicios son factores que concitan no pocos crímenes contra los seres humanos. La gente que se atrinchera [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/09/Ray-Bradburry.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-7937" title="The 12th Annual L.A. Times Festival Of Books - Day 1" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/09/Ray-Bradburry-e1316883374663-300x202.jpg" alt="" width="300" height="202" /></a>MANUEL GARCÍA VERDECIA </strong>[<a href="http://mediaisla.net/revista">media<strong>i</strong>sla</a>] <strong>La fantasía narrativa de Bradbury es un alerta contra la muerte de la imaginación. El autor defiende los inagotables beneficios de esta facultad esencialmente humana y humanizadora a la vez.</strong> </p>
<p>La ignorancia y los prejuicios son factores que concitan no pocos crímenes contra los seres humanos. La gente que se atrinchera en determinados conceptos como el chauvinismo, el puritanismo moral, la preeminencia clasista, étnica o cultural, tiende a pensar que los otros, los diferentes —que de tan diferentes pueden en un momento pensarse como prescindibles—, son siempre enemigos. Lo peor es que algunos poderes propician y enconan estos conceptos para dominar y prevalecer. Son estos elementos sustanciales en la obra del excelente escritor estadounidense Ray Bradbury (Waukegan, Illinois, 22 de agosto de 1920). </p>
<p>Como pocos autores, Bradbury ha sabido penetrar y reflejar el clima de estupidez y violencia que ha generado la sociedad industrial desarrollada. Si Charles Dickens fue el pionero en describir los horrores de la escalada del progreso industrial sin verdadero progreso social, en la pauperización y marginalización de numerosos grupos de individuos, el estadounidense ausculta los niveles de devastadora sutileza destructiva que alcanzaría después. En medio de la más sofisticada técnica y el increíble progreso científico, el control y la banalización del individuo van más allá de la dependencia económica hasta el sometimiento mental y moral. Fue un adelantado en prever las maneras en que la información automatizada y la televisión derivaban en opiáceos alternativos, altamente aceptados por su aparente inocuidad. </p>
<p>Lamentablemente al autor se le etiquetea con usual simpleza como escritor de ciencia ficción y esto arroja una tinta engañosa que no deja percibir toda la hondura y la aguda reflexión humana presente en sus obras. Lo científico-ficticio de sus narraciones (desplazamiento a tiempos futuros, al ámbito interplanetario, a un desarrollo altamente robotizado, etc.) no es más que una construcción simbólica que le permite trasladar a un plano más atractivo, universal y perdurable agudos dilemas del individuo de su tiempo. En las obras de Bradbury el sujeto es siempre coartado de sus posibilidades de realización por los condicionamientos que impone un poder totalitario que lo reduce a “masa”. Esto halla razón si advertimos que lo fundamental de su obra la escribió en lo más espeso de la Guerra Fría, aquel conflicto bipolar que oscilaba entre la contención y la amenaza de la desaparición nuclear, y en medio de la cruenta inquisición maccarthista. </p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/09/Ray-Bradburry.-2.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-7938" title="Ray Bradburry. 2" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/09/Ray-Bradburry.-2-182x300.jpg" alt="" width="182" height="300" /></a>El concepto de “masa” es una creación de la sociedad industrial. El sujeto de los grandes grupos que no están entre la élite de poder deviene una suerte de materia amorfa que es modelada por los que saben, los que tienen, los que pueden. Esa ductilidad que posibilita su mejor manipulación por los poderosos se logra mediante la instrucción, la propaganda y el arte debidamente condicionados y simplificados. La acción sistemática de estos elementos adulterados tiende a eliminar el germen de la individualidad real, o sea, todo pensamiento consciente y creativo. Por esa acción erosiva, el individuo deviene gradualmente un número, un mero elemento reactivo, como el perro de Pavlov que responde siempre en una predecible forma ante determinados estímulos. El sujeto se convierte en una entelequia perfectamente controlable y manipulable. </p>
<p>La obra de Bradbury se alza desafiante contra esa estupidización del individuo. Un ejemplo eficaz lo hallamos en su cuento “Usher II” de <strong>Crónicas marcianas</strong>, 1950. El mismo está inspirado en “La caída de la casa Usher” de Edgar Allan Poe. Esto es bien intencional pues Poe representa la exaltación de la imaginación y, su cuento, una muestra de cómo ciertos antivalores pueden conducir a la aniquilación. En el cuento de Bradbury, un hombre ha conseguido construir en Marte una réplica exacta de la Casa Usher, según es descrita en el relato original. Ha esperado pacientemente por la oportunidad para resarcirse del período de censura conocido como la Gran Hoguera (tema de su novela <strong><em>Fahrenheit 451</em></strong>), cuando se eliminaron todos los productos del arte verdadero. Una vez construida la mansión logra que a ella concurran los burócratas miembros de la Sociedad de Represión de lo Imaginario. Los invita a una fiesta y los va suplantando por clones robots, de manera que consigue hacer desaparecer la infame estirpe. </p>
<p>Hay determinados seres que temen a la imaginación, carecen de ella y no entienden su esencia ni función. Ven en quienes la practican y propugnan una extraña hueste de facinerosos y raros, por eso tratan de censurarla. Consideran que la información y el conocimiento pueden ayudar a la “masa” a perder su esencia indolente y maleable. Por eso tratan de evitar a toda costa cualquier estímulo al despertar de la conciencia. Describe, “Diversos grupos comenzaron a censurar las revistas de historietas, las novelas policiales y, naturalmente, las películas, siempre en nombre de algo distinto: la política, la religión, los intereses profesionales. Siempre había una minoría temerosa de algo y una gran mayoría temerosa de la oscuridad, del futuro, del presente, temerosa de sí misma y de su propia sombra.” Esa timidez es precisamente el resultado del desconocimiento que estimula los prejuicios, del desgaste de la voluntad individual que se logra mediante la constante mella de la capacidad razonadora y la voluntad del ser. </p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/09/Ray-Bradburry.-fahrenheit-451.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-7939" title="Ray Bradburry. fahrenheit-451" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/09/Ray-Bradburry.-fahrenheit-451-186x300.jpg" alt="" width="186" height="300" /></a>Tangencialmente, Bradbury nos da señas del modo en que progresó un determinado concepto de la educación y el arte, no como formas de refinamiento del sujeto reflexivo y participativo sino como mecanismo de su anulación en la informe masa. Relata, “Y apretando un tornillo aquí y una tuerca allá, presionando, sacudiendo, tironeando, muy pronto convirtieron el arte y la literatura en una pasta de caramelo, retorcida, aplastada, sin consistencia ni sabor (…), las cámaras cinematográficas se detuvieron, los teatros quedaron a oscuras, y de las imprentas que antes inundaban el mundo con libros, revistas y periódicos, comenzó a salir, como de un cuentagotas, una materia inofensiva e insípida.” La maquinaria de idiotización creó un arte sin sentido ni valores, fácil de digerir y mejor de reemplazar. Artificios que ayudaran a conferir mayor plasticidad y proporcionalmente menor capacidad de raciocinio a quienes lo consumen. Es lamentable comprobar que mucho, demasiado, de este “arte” ha prevalecido, se ha extendido, se ha imitado irreflexivamente e, incluso, ha llegado a conseguir sus “teóricos” defensores. Conozco que muchos encandilados aún creen que todo lo que emiten los grandes centros de poder son destellos de estrellas verdaderas y no meras luces impostoras. La “deshumanización del arte” de la que advertía Ortega no es fantasía. Está ahí, royendo y corroyendo en los flancos de la humanidad. </p>
<p>La fantasía narrativa de Bradbury es un alerta contra la muerte de la imaginación. El autor defiende los inagotables beneficios de esta facultad esencialmente humana y humanizadora a la vez. La imaginación es una sonda eficaz para penetrar lo desconocido de la vasta realidad. Es también un recurso infinito de senderos para sortear los dilemas prácticos. No solo constituye un fértil terreno para hallar respuestas en la verdad desconocida sino también un aliciente propicio para formular preguntas nunca hechas. </p>
<p>El novelista estadounidense ha sido un adelantado del verdadero progreso, el del hombre en su esencia humana. Su obra se ha consagrado a advertirnos de las nocivas consecuencias de una sociedad que antepone los adelantos técnicos al crecimiento de los sujetos, neutralizadora del individuo antes que activadora de sus potencialidades. Nos previene sobre una situación donde todo —educación, información, arte— se reduce a un mero consumo de contenidos debidamente simplificados y condicionados para lograr que el sujeto entre por el aro de lo inocuo y trivial. </p>
<p>Ray Bradbury es un escritor necesario. Cuenta entre los autores que entretienen pero incitan. Los indignados del mundo tienen en él un profeta eficaz. | <strong>MANUEL GARCÍA VERDECIA</strong>, Holguín, Cuba, profesor, escritor, editor y traductor poeta y ensayista, en 2007 obtuvo el Premio Julián del Casal de la UNEAC en poesía, autor de <em>El día de la cruz</em>, 2008</p>
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		<title>J. D. Salinger: cómo se engendra un monstruo</title>
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		<pubDate>Sat, 24 Sep 2011 16:10:09 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[MANUEL VICENT [*] El escritor publicó en 1951 El guardián entre el centeno, y cuatro años después vino al mundo Mark David Chapman, el asesino de John Lennon. Los tres tenían algo en común con Holden Caulfield, el protagonista de la novela  No todos los escritores tienen la suerte de que un asesino, que acaba [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/09/SALINGER.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-7909" title="SALINGER" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/09/SALINGER-227x300.jpg" alt="" width="227" height="300" /></a>MANUEL VICENT</strong> [*] <strong>El escritor publicó en 1951 El guardián entre el centeno, y cuatro años después vino al mundo Mark David Chapman, el asesino de John Lennon. Los tres tenían algo en común con Holden Caulfield, el protagonista de la novela</strong> </p>
<p>No todos los escritores tienen la suerte de que un asesino, que acaba de cometer un crimen histórico, esté leyendo tu mejor novela en el momento de ser detenido. Es más. Hay que ser un autor privilegiado, bendecido por los dioses, para que el famoso asesino se llame Mark David Chapman, quien disparó cinco balas de punta hueca por la espalda a John Lennon, después de pedirle un autógrafo, en el vestíbulo del edificio Dakota de NY, el 8 de diciembre de 1980 y una vez vaciado el cargador del revólver 38 especial se siente tranquilamente en un bordillo de la acera a leer <strong><em>El guardián entre el centeno</em></strong><em>,</em> esperando a que llegue la policía y en su descargo confiese que él no había hecho otra cosa que acomodar su vida a la de Holden Caulfield, protagonista de la novela. &#8220;Esta es mi confesión&#8221;, exclamó Chapman exhibiendo el libro, mientras era esposado. </p>
<p>Las ventas de la novela de J. D. Salinger, ya de por sí millonarias, se dispararon una vez más. Una nueva oleada de lectores asaltó masivamente las librerías al saber que la historia llevaba una carga suficiente como para borrar del mapa a John Lennon, héroe de una rebeldía en la que se reconocían varias generaciones de jóvenes. En ese momento J. D. Salinger había hecho de su fuga y anonimato una de las obras de arte que consagran definitivamente a un escritor. Vivía refugiado en una granja de Cornish y llegar hasta él era una misión tan difícil como encontrar un mono en Marte, siempre que el explorador fuera un periodista, biógrafo, crítico literario o editor, pero no una jovencita admiradora o una becaria dispuesta a ser pasada por las armas. Mark David Chapman había asesinado a Lennon buscando la fama; en cambio J. D. Salinger se había hecho extremadamente famoso por no querer serlo y haberse convertido en un ser invisible.</p>
<p>El escritor Salinger, el asesino Chapman e incluso el asesinado John Lennon tenían algo en común con Holden Caulfield, el protagonista de <em>El guardián entre el centeno,</em> un chaval de buena familia, que se movía como un tornillo suelto en el engranaje de la sociedad neoyorquina de aquella época, cuando la gente se sentía feliz en medio de la plétora de tartas de frambuesa que trajo la victoria en la Segunda Guerra Mundial.</p>
<p> <a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/09/Salinger_1569032c.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-7910" title="707546_01" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/09/Salinger_1569032c-300x187.jpg" alt="" width="300" height="187" /></a>Salinger, Chapman, Lennon, Holden, los cuatro habían sido adolescentes sarcásticos, rebeldes, inconformistas e inadaptados y se habían comportado con un desparpajo irreverente con los mayores, ya fueran padres, profesores o simples predicadores de la moral de consumo. Los cuatro fueron expulsados del colegio. Los cuatro odiaban los ritos, las costumbres y los gestos del orden constituido, para ellos todo el mundo era idiota, una actitud que en algunos acaba cuando desaparece el acné para convertirse en señores respetables, a otros les incita a escribir o a tocar la guitarra hasta transformarse en artistas y a otros les lleva a encargar un revólver por correo y usarlo contra el héroe de sus sueños. Los cuatro habían pasado por YMCA, la organización religiosa juvenil. Allí Marc David Chapman estuvo encargado de cuidar de los niños, un trabajo que ejercía a la perfección, hasta el punto de que le pusieron Nemo de sobrenombre; la misma y única aspiración manifestó también Holden Caulfield al final del relato, la de vigilar a unos niños mientras jugaban entre el centeno. En el YMCA un amigo le dio a leer a Chapman la novela de Salinger y el futuro asesino decidió ordenar su vida según la del protagonista mientras en Chicago tocaba la guitarra en iglesias y locales nocturnos cristianos. </p>
<p>Salinger nació en NY el 1 de enero de 1919, hijo de un judío llamado Salomón, descendiente a su vez de un rabino que, según las malas lenguas, se hizo rico importando jamones. En realidad Salomón Salinger fue un honrado importador de carnes y quesos de Europa. La compañía Hoffman para la que trabajaba estuvo envuelta en un escándalo, acusada de falsificar agujeros en los quesos de bola, pero de ese lío salió indemne Salomón quien acabó viviendo en un lujoso apartamento de Park Avenue entre la alta burguesía neoyorquina. Allí el adolescente Jerome David Salinger comenzó a sacar las plumas. Después de ser expulsado del colegio McBurney entró como cadete en la academia militar de Valley Forge donde empezó a escribir iluminando el cuaderno con una linterna bajo las sábanas unos relatos cortos que durante años mandó sin éxito a las revistas satinadas. Después ingresó en la Universidad de NY y siguió escribiendo, seduciendo a chicas adolescentes a las que a la vez despreciaba. Era un joven elástico, rico, inteligente, esnob y sarcástico. Se comportaba como el propio protagonista de su novela, el Holden Caulfield enfundado en un abrigo negro Chesterfield que envidiaban sus compañeros. Las chicas se volvían locas con él, mientras luchaba denodadamente por ser famoso, pero hubo una que le fue esquiva, Oona O&#8217;Neill, la hija del famoso dramaturgo, a la que escribió mil cartas de amor hasta de Charles Chaplin, 40 años mayor que ella, se la birló para hacerle seis hijos. </p>
<p>El caso de Salinger es sintomático. Ningún aprendiz de escritor luchó tanto por sacar cabeza buscando el éxito, nadie como él realizó tanto esfuerzo por colocar los relatos cortos en las revistas que habían consagrado a otros famosos escritores en cuyo espejo Salinger se miraba, Fitzgerald, Hemingway, Capote. A la vez nadie era tan quisquilloso y peleaba hasta la agonía con los directores de esos medios, <em>The Story, Saturday Evening Post, Bazzar&#8217;s,</em> y sobre todo <em>The New Yorker.</em> Nadie buscó con tanto ahínco la fama y a continuación, al verse aplastado por ella, buscó refugio bajo tierra como si se tratara de un bombardeo cruel de una guerra ganada. </p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/09/jd-salinger.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-7911" title="jd-salinger" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/09/jd-salinger-300x219.jpg" alt="" width="300" height="219" /></a>Antes de este tormento del éxito Salinger viajó a Europa pensando en hacerse mercader de quesos. Después se alistó en la Segunda Guerra Mundial. Participó en el desembarco de Normandía, mientras todo su carácter y experiencia se lo iba transfiriendo en la imaginación al personaje de ficción que lo haría célebre. En 1951 publicó <em>El guardián entre el centeno,</em> paradigma del desasosiego juvenil y cuatro años después vino al mundo el monstruo que engendró la novela, cuando Salinger ya había huido del mundo, se había metido en un agujero y se había hecho discípulo de Jesús, de Gotama, de Lao-Tse y de Shankaracharya hasta convertir su anonimato en una leyenda, una fuga que no le impedía degustar en secreto de mujeres cada vez más jóvenes. </p>
<p>Chapman nació en Fort Worth, Texas en 1955, cuando el protagonista Holden Caulfield empezaba a arrasar en todas las librerías. El padre de Chapman era un sargento de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, y su madre, Kathryn Elizabeth Pease, era una enfermera. Él dijo que vivía con miedo de su padre cuando era niño. En la mañana del 8 de diciembre de 1980 Chapman salió del hotel Sheraton donde estaba hospedado, dejó su documentación en la habitación para facilitar el trabajo a la policía, se dirigió a una librería de la Quinta Avenida, compró la novela de Salinger y bajo el título añadió su firma a la del autor. La mañana del crimen el asesino había visitado el lago de Central Park, que estaba helado, y como Holden Caulfield, se había preguntado adónde habrían ido a parar los patos. Con el crimen no trataba sino de escenificar escenas de <em>El guardián entre el centeno.</em> Fue sentenciado a prisión entre los veinte años y la perpetuidad. Sigue encarcelado en Attica Correctional Facility, en Attica, Nueva York, después de haber sido denegada la libertad condicional en seis ocasiones. El monstruo en la cárcel y el autor de la ficción condenado por la fama a vivir bajo tierra hasta la muerte. Esta es la historia. [*] <strong>Babelia</strong></p>
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		<title>Claroscuro</title>
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		<pubDate>Sat, 24 Sep 2011 16:01:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mediaIsla</dc:creator>
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		<description><![CDATA[FIDEL MUNNIGH[mediaIsla] El Caribe se ha convertido en el mar de los detritos, un mar contaminado adonde van a parar nuestras podredumbres. Es curioso: cuando nos sentamos en el malecón, solemos darle la espalda.  Empezaba a restablecerme de una virosis que me había dejado tres días postrado en cama. Me recuperaba lentamente.  En el trópico, los [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3><strong><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/09/Claroscuro_The_Big_ComboTrailer.png"><img class="alignright size-full wp-image-7894" title="Claroscuro_The_Big_ComboTrailer" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/09/Claroscuro_The_Big_ComboTrailer.png" alt="" width="320" height="196" /></a>FIDEL MUNNIGH</strong>[<a href="http://mediaisla.net/revista">mediaIsla</a>] <strong>El Caribe se ha convertido en el mar de los detritos, un mar contaminado adonde van a parar nuestras podredumbres. Es curioso: cuando nos sentamos en el malecón, solemos darle la espalda.</strong> </h3>
<p>Empezaba a restablecerme de una virosis que me había dejado tres días postrado en cama. Me recuperaba lentamente.  En el trópico, los virus son tenaces y no te sueltan tan fácil. A duras penas logré levantarme del lecho. Caminé un poco por la sala, di algunas vueltas y fui hasta el balcón. Allí me paré y me puse a mirar a lo lejos.  Desde lo alto (vivo en un quinto piso) disfruto de una vista parcial de la ciudad, con el mar al fondo. Perdida la mirada, miraba aquella franja de mar y divagaba. El Caribe se ha convertido en el mar de los detritos, un mar contaminado adonde van a parar nuestras podredumbres. Es curioso: cuando nos sentamos en el malecón, solemos darle la espalda. Casi hemos perdido nuestra antigua relación con el mar. Pensaba en ello cuando de pronto me sentí observado. Me volví y advertí detrás de mí una presencia, agazapada en la sombra. Tardé un tiempo en reconocerla. <em>Aparición</em> salió de la sombra y vino hacia mí: </p>
<p>—¿No esperabas mi llegada, verdad? Aunque yo nunca llego, pues siempre estoy allí donde estás. Te veía contemplar el mar de tu infancia. </p>
<p>—Cuando quiero descansar miro al mar. Me hace bien.  Cuando lo contemplo, pienso mejor, veo más claro. Lo contemplo y me confundo con lo contemplado. Medito. </p>
<p>—Conozco el objeto de tu meditación. Te preocupa no saber hacia dónde vamos, si todo esto lleva a algún lado, si el presente es viable, si tenemos porvenir. No eres lo que se dice un entusiasta del futuro ni de la idea de progreso. </p>
<p>—Estoy acostumbrado a dudar. Desconfío siempre. Aún soy joven, pero ya he  vivido bastante.  He sobrevivido al fin de las utopías, al desastre del amor, al cerco de la soledad. Me ha tocado un tiempo incierto y difícil. ¡Y heme aún aquí! Soy fuerte. </p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/09/claroscuro.-cl.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-7895" title="claroscuro. cl" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/09/claroscuro.-cl-266x300.jpg" alt="" width="266" height="300" /></a>—Es bueno dudar. La duda, y no la afirmación dogmática, es el principio de todo conocimiento. Un intelectual es una conciencia: alguien que hace de la vida  un ejercicio del entendimiento. Su misión principal es la crítica. Sus instrumentos, además de la palabra, son el juicio, el examen, la duda. </p>
<p>—Y, sin embargo, parece que hay que creer en algo. ¿En qué? ¿En Dios? ¿En el hombre? ¿En el amor? ¿En la democracia?<em> </em></p>
<p><em>Aparición</em> guardó silencio. No quiso responder a mi pregunta. Prefirió dejarme pensar. Al tiempo prosiguió: </p>
<p>—Si ya no se cree en ideales superiores, es preciso al menos creer en el mejoramiento. Hay un derecho a la esperanza, legítimo, irrenunciable. </p>
<p>—Vivimos bajo un orden más o menos democrático. ¿No es esto acaso lo que debemos mejorar? —pregunto. </p>
<p>—La democracia es una voluntad y una conquista siempre mejorable, perfectible —responde—. Es un deseo: no es lo que somos, sino lo que queremos ser. Las palabras clave parecen ser diálogo, consenso, participación. El juego de la democracia se asemeja hoy cada vez más a un juego de luces y de sombras. Hay esplendores y miserias. Sin embargo, demasiadas cosas se oponen a ella. En primer lugar, el poder.  </p>
<p>—¿El poder? —interrogo. </p>
<p>—¿Has leído a Nietzsche? “Se paga caro el llegar al poder: el poder <em>vuelve estúpidos</em> a los hombres”. </p>
<p>—Es cierto. Nada obnubila más que el poder. Su ejercicio entumece los sentidos y envilece el alma. </p>
<p>—Nuestros políticos deberían leer a Nietzsche más a menudo. Les vendría bien.  Sabes, los políticos locales no leen a los filósofos. </p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/09/Claroscuro-vegetal.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-7896" title="Claroscuro-vegetal" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/09/Claroscuro-vegetal-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a>—Ni falta que les hace para gobernar y ejercer poder…Pero Nietzsche se refería a la Alemania de su tiempo, posterior al 1871 –trato de explicar-. Cuando afirma que “el poder vuelve estúpidos a los hombres”, lo hace pensando en los alemanes, el otrora “pueblo de los pensadores y los poetas”. Por entonces la política lo envilecía todo. Imperaba lo mediocre. Pero no debemos extrapolar su pensamiento. Estamos en el Caribe insular, a dos mil y tantos años después de Cristo.   </p>
<p>—Poco importa. No se trata de extrapolar su pensamiento, sino de compartir sus intuiciones. Hoy como ayer imperan la vulgaridad, la chabacanería, el instinto de mediocridad. El poder obnubila. La política es un falso paradigma, la Gran Engañifa. ¿No has pensado que disfrutar del poder y a la vez mantener la conciencia íntegra son cosas casi excluyentes? Te diré más: el poder es el gran narcótico de la humanidad, el más nocivo de todos, el narcótico que han consumido los grandes Jefes o Caudillos o Dictadores de nuestro siglo, el de Trujillo, el de Hitler y Stalin. Por eso, toda oposición al Poder es un acto de salud mental, de purificación interior, de libertad suprema. </p>
<p>—De acuerdo, pero hay cosas (buenas y no pocas) que sólo pueden hacerse desde el poder. Oigo repetir que “el poder es para ejercerlo”.   </p>
<p>—¡Cuidado! Es la frase más cínica que pueda haber. Resulta peligrosa. Sirve para legitimar cualquier conducta desde el poder, su uso y su abuso. Convierte al poder en un fin en sí mismo, en una instancia inapelable. </p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/09/Claroscuro....jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-7897" title="Claroscuro..." src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/09/Claroscuro...-201x300.jpg" alt="" width="201" height="300" /></a>—Entre nosotros la política es un ámbito demasiado envolvente, demasiado decisivo. Lo es todo, o casi todo. Labra caminos. Garantiza éxitos. Otorga privilegios y prebendas. Decide vidas y destinos.<em> </em></p>
<p><em>Aparición</em> me escuchaba atentamente. Hizo una pausa como si meditara sus palabras. Después dijo: </p>
<p>—Escucha. Si queremos evitar que se nos entronice como realidad absoluta, el poder debe ser relativizado, interpelado.  Y sólo puede serlo desde la ética. Nuestro fracaso consiste en no haber sabido ni podido conciliar historia y moral, ética y política. </p>
<p>—¿Una ética desde el poder o una ética frente al poder? </p>
<p>—La primera es casi imposible: el poder suele prescindir de toda ética que lo pueda relativizar.  La segunda no sólo es posible, sino también necesaria, urgente. El poder del intelectual está en hacer la crítica del poder. Esta crítica debe ser radical y subversiva. El intelectual puede ser lo que desee, cualquier cosa menos complaciente con el Poder. ¡Aléjate del poder, de sus tentaciones seductoras, de su fuerza corruptora! ¡Aléjate de los halagos exagerados y del aplauso lisonjero! ¡Y aléjate también de la gritería y los excesos de la multitud! Y sigue pensando: recuerda que ese es tu primer y acaso único deber. No olvides que eres un hombre de estudio. Y ahora debo dejarte. Creo haberte ayudado a ver un poco más claro.<em> </em></p>
<p><em>Aparición</em> se marchó tan inesperadamente como llegó. Cuando lo hizo, volví de nuevo la vista al mar. Seguí mirando a lo lejos un buen rato, de pie, débil aún, hasta que una sensación de ligero decaimiento me obligó a volver a cama. | <strong>FIDEL MUNNIGH</strong>, Santo Domingo, 1962. Profesor universitario, ensayista y traductor.  Es autor de <em>Huellas del Errante</em> (2002), <em>La Memoria Incautada</em> (2007) y <em>La condición rebelde</em> (2010).</p>
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		<title>Filosofía: una comunidad inexistente</title>
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		<pubDate>Sat, 24 Sep 2011 15:52:36 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[MANUEL CRUZ [*] Quizá los filósofos deban fijarse en los científicos para compartir procedimientos fecundos en el desarrollo de sus conocimientos  Nosotros somos seres racionales &#124; de los que toman las raciones en los bares. Siniestro Total, Somos Siniestro Total  Desde que Thomas S. Kuhn le concediera un lugar preeminente en su propuesta teórica, el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/09/filosofia1-portada.png"><img class="alignright size-medium wp-image-7882" title="filosofia[1] portada" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/09/filosofia1-portada-300x227.png" alt="" width="300" height="227" /></a>MANUEL CRUZ</strong><strong> </strong><strong>[*] Quizá los filósofos deban fijarse en los científicos para compartir procedimientos fecundos en el desarrollo de sus conocimientos</strong><em> </em></p>
<p><em>Nosotros somos seres racionales | </em><em>de los que toman las raciones en los bares. </em><strong>Siniestro Total,</strong> <em>Somos Siniestro Total</em> </p>
<p>Desde que Thomas S. Kuhn le concediera un lugar preeminente en su propuesta teórica, el concepto de <em>comunidad científica</em> ha venido siendo utilizado cada vez con mayor asiduidad para referirse al conjunto de autores que comparten el conocimiento y la práctica de una misma disciplina. Sin embargo, está lejos de ser evidente que el concepto pueda utilizarse de forma tan irrestricta como suele hacerse. Por poner el caso que mejor conozco, el de la comunidad filosófica, me atrevería a afirmar que uno de los rasgos más característicos de su peculiar naturaleza es precisamente el hecho de que incumple buena parte de los estándares que Kuhn prescribía a una comunidad para ser tal, esto es, para desempeñar el papel protagonista en la historia de su disciplina que, según él, desempeñaban aquellas comunidades que sí los cumplían. </p>
<p>Entre filósofos no existen ni las revistas de referencia que sancionan de forma irreversible lo que debe ser considerado un avance de la disciplina, ni los libros de texto universalmente aceptados que sirven para formar a los futuros miembros de una comunidad, ni ninguno de los demás rasgos con los que el autor de <em>La estructura de las revoluciones científicas</em> describiera a dicho tipo de grupo. Y aunque es cierto, como ha sido señalado en más de una oportunidad, que algunos filósofos parecen haberse deslizado en los últimos tiempos hacia un hiperespecialismo que no tiene nada que envidiar al de los científicos duros más conspicuos (de manera que no es raro que, pongamos por caso, el especialista en filosofía griega alardee de desconocer por completo el pensamiento contemporáneo, el esteta sonría displicente ante cualquier tipo de consideración ética y el ético, a su vez, desdeñe todo lo relacionado con la lógica formal o la teoría de la ciencia) lo cierto es que, en el interior de cada uno de esos universos, no rigen criterios inequívocos a la hora de valorar las aportaciones y propuestas de un autor. </p>
<p>Probablemente sea eso (sin descartar motivaciones psicológicas, que, como es obvio, no vienen al caso) lo que se encuentra en el origen de esa variedad de aparentes elogios (en el fondo, inequívocamente envenenados) que se prodigan entre sí los miembros de la comunidad filosófica, de los que un inicial muestreo podría ser el siguiente (entre paréntesis se indica lo que el presunto elogiador de veras opina): </p>
<p><strong><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/09/filosofia..jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-7883" title="filosofia." src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/09/filosofia..jpg" alt="" width="274" height="273" /></a>1.</strong> &#8220;En realidad es un poeta&#8221; (o sea, no es un genuino filósofo). </p>
<p><strong>2.</strong> &#8220;Es una pena que se haya metido en política&#8221; (de hecho, siempre utilizó el pensamiento como palanca para alcanzar el poder). </p>
<p><strong>3.</strong> &#8220;Donde de verdad luce es en sus conferencias&#8221; (no nos engañemos, lo suyo es una pirotecnia insustancial pero muy efectista, propia de un encantador de serpientes sin mayor fundamento teórico). </p>
<p><strong>4.</strong> &#8220;Su mejor libro es el primero&#8221; (esto es, desde entonces no ha hecho otra cosa que repetirse). </p>
<p><strong>5.</strong> &#8220;A mí donde más me gusta es en sus artículos periodísticos&#8221; (&#8230; porque los libros que ha escrito -la prueba del algodón para comprobar el talento del auténtico filósofo- carecen del menor interés). </p>
<p><strong>6.</strong> &#8220;Sin duda es un tipo muy listo&#8221; (de hecho, ha salido a flote por su principio de realidad -i. e., por su capacidad de adaptación al medio- pero no por sus méritos propiamente filosóficos). </p>
<p><strong>7.</strong> &#8220;Es muy trabajador: no para de hacer cosas&#8221; (en definitiva, sustituye la calidad por la agitación pública permanente del propio nombre)&#8230; Y así sucesivamente. </p>
<p>Como se habrá podido observar, el común denominador de todos estos aparentes elogios es que localizan las virtudes del presunto <em>elogiado</em> en un lugar distinto (y de menor importancia o valor) del que se supone que realmente debería contar, que no es otro que la actividad académica, entendida, además, en un sentido extremadamente restrictivo. El problema es que ese lugar desde el que se pretende dictaminar la ausencia de valor de la tarea ajena es, en sí mismo, un lugar de casi imposible definición (por no decir un lugar vacío). Buena prueba de ello la constituye el hecho de que también los elogios, aunque sean sinceros, que a menudo estos <em>hipercríticos-con-los-otros</em> dedican a los del propio grupo resultan susceptibles de análoga decodificación. En efecto: </p>
<p><strong><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/09/filosofia.-sabato.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-7884" title="filosofia. sabato" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/09/filosofia.-sabato-300x200.jpg" alt="" width="300" height="200" /></a>1.</strong> Afirmar de alguien que es &#8220;un filósofo socrático&#8221; se puede interpretar, no sin cierta malevolencia, como equivalente a que el elogiado no ha escrito prácticamente nada, </p>
<p><strong>2.</strong> Señalar que &#8220;ha dedicado toda su vida a la universidad&#8221; admite sin gran esfuerzo la traducción libre de que el personaje en cuestión se las ha apañado para no dejar en ningún momento de ocupar algún carguito en el organigrama universitario, </p>
<p><strong>3.</strong> Enfatizar que &#8220;se ha negado a hacer concesiones fáciles&#8221; casi siempre es una forma maquillada de decir que sus textos resultan de muy difícil inteligibilidad; o, en fin (por terminar en algún sitio), </p>
<p><strong>4.</strong> Resaltar (por lo general con tono solemne y voz engolada) que un pensador determinado &#8220;posee un sólido conocimiento de los clásicos&#8221; a menudo de lo que de veras está informando es de que el susodicho está decididamente al margen de los debates más actuales y urgentes. </p>
<p>Tal vez a los filósofos no nos viniera del todo mal disponer de criterios unánimemente compartidos que nos permitieran ir dirimiendo, de la forma más consensuada posible, el genuino valor de nuestras propuestas teóricas. Tras tantos años denostando la manera de funcionar de los científicos (tan incapaces ellos, según nuestros autosuficientes clásicos -la desdeñosa crítica de Heidegger a la técnica vendría a constituir un ejemplo paradigmático-, de pensar el sentido profundo de su propia tarea), acaso haya llegado la hora de importar alguno de esos criterios que, desde luego, tan buen resultado parecen haber dado a los primeros en sus respectivas disciplinas. Cuando menos, les ha permitido constituirse en comunidad e ir pactando procedimientos fecundos para el desarrollo de sus conocimientos. Habrá que ir con cuidado, claro está, para que lo que se importe sean sus virtudes y no sus patologías. Pero en todo caso siempre resulta preferible constituir comunidad que no mera tropa (conde de Romanones <em>dixit),</em> especialmente si a lo que ésta se aplica con especial ahínco es a la producción de elogios envenenados del tipo de los relacionados en el presente texto. [*] <strong>Babelia</strong></p>
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		<title>Theodor Adorno, teórico de la opinión</title>
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		<pubDate>Sat, 27 Aug 2011 17:12:47 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[MANUEL GARCÍA VERDECIA [mediaIsla] …se escribe, no sólo después de Auschwitz, sino también después de Srebrenitza, las Twin Towers, Gaza, Mosul, Kirkuk, Bagdad. Se escribirá porque es lo menos que puede hacer la lucidez  Un día, el viejo profesor explicaba su lección acerca de la opinión, el conocimiento y el fanatismo, cuando tres alumnas se [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/08/Teodoro-adorno.jpg"><img class="alignright size-full wp-image-7576" title="Teodoro adorno" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/08/Teodoro-adorno.jpg" alt="" width="200" height="148" /></a>MANUEL GARCÍA VERDECIA </strong>[<em><a href="http://mediaisla.net/revista">mediaIsla</a></em>] <strong>…</strong><strong>se escribe, no sólo después de Auschwitz, sino también después de Srebrenitza, las Twin Towers, Gaza, Mosul, Kirkuk, Bagdad. Se escribirá porque es lo menos que puede hacer la lucidez</strong> </p>
<p>Un día, el viejo profesor explicaba su lección acerca de la opinión, el conocimiento y el fanatismo, cuando tres alumnas se adelantaron hasta el púlpito, se desnudaron los tersos pechos y atacaron a besos al absorto maestro. Era una protesta liberal, aparte de lo voluptuosa, ante lo que las jóvenes estudiantes consideraban una traición: el viejo profesor había moderado sus pensamientos radicales y ya no respondía exactamente a las inquietudes de las primaverales revueltas europeas. El escándalo fue una de las últimas acciones en que se vio envuelto el eminente filósofo Theodor Adorno. Tiempo después un infarto liquidaba sus días terrestres, el 6 de agosto de 1969, cuando se cumplían veinticuatro años de la destrucción nuclear de Hiroshima. Había nacido en 1903, el 11 de septiembre, fecha que desde 2001, al ser arrasadas las Twin Towers, se vería relacionada para siempre con el recuento de catástrofes. De modo que su arco vital transcurre entre dos datas de horror. Es como un símbolo añadido por la vida a una existencia dedicada a entender las vicisitudes de nuestra modernidad. Sobre todo, el intelectual alemán trató de ventilar la cuestión de “por qué la humanidad, en lugar de entrar en un estado verdaderamente humano, se hunde en un nuevo género de barbarie.” Seguimos esperando una respuesta, mientras recordamos al profesor marxista.</p>
<p>Adorno —sociólogo, musicólogo y filósofo—  fue uno de los principales pensadores de la llamada Escuela de Francfort, movimiento de pensamiento de orientación marxista que surgió en 1923 y que se vinculó al Instituto de Investigación Social de esa ciudad alemana. El grupo de filósofos asociados a esta Escuela trataba de contrarrestar las influencias de la filosofía irracional en boga por esos años y de activar el cuerpo teórico del marxismo. El método y la concepción que seguían se identificaron en el término <em>filosofía crítica</em>. Éste ya indicaba la función que atribuían a sus proposiciones teóricas en el laberinto de ideas del siglo XX. A dicha escuela estuvieron asociados nombres fundamentales del pensamiento contemporáneo como Max Horkheimer, Walter Benjamin y Herbert Marcuse, tal vez el más difundido, y últimamente Jürgen Habermas.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/08/Teodoro-Adorno-portada-baghdad-bombing3.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-7577" title="Teodoro Adorno portada baghdad-bombing3" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/08/Teodoro-Adorno-portada-baghdad-bombing3-300x210.jpg" alt="" width="300" height="210" /></a>Fue en la capital austriaca, mientras estudiaba música bajo la tutoría del eminente Alban Berg en 1925, que Theodor Wiesengrund —su verdadero nombre— se decepcionó del irracionalismo que auspiciaba el Círculo de Viena. Así, aunque sus primeros trabajos se dirigieron a la música, básicamente a referir la obra del genio del momento, Arnold Schönberg, a su regreso de Viena empezó a esbozar los rudimentos de tu teoría filosófica. Escribió primero una tesis sobre el inconsciente en Kant y Freud que fue rechazada, por lo que se aventuró en una nueva sobre Kierkegaard. Esta fue aprobada y publicada en 1933, lo que le granjeó la entrada al Instituto de Investigación Social de Franckfort. Pero ese año de desgracia no fue sólo el de esa decisiva publicación, sino también el de la entronización del nazismo en la vida del país. Theodor y el Instituto se veían en peligro. El filósofo se iría a Gran Bretaña. Fue allí donde asumió el apellido de soltera de la madre para firmar sus artículos sobre música y filosofía. El Instituto emigraría también para radicarse primero en Zurich y luego en Nueva York, a donde se incorporaría Theodor en 1938. Regresaría a Alemania en 1949, tras la derrota de Hitler. Retomaría sus clases en el Instituto desde 1951 hasta su muerte.</p>
<p>El pensamiento de Adorno, disperso en artículos y en libros fundamentales como <strong>Dialéctica de la Ilustración </strong>(en coautoría con Horkheimer), <strong>Mínima moralia</strong> y <strong>Dialéctica negativa</strong>, es un intento por devolver la razón, el conocimiento y la verdad a su puesto, despojados de todo fanatismo, superchería y utilitarismo. En su obra sobresalen diversos conceptos fundamentales muy divulgados y debatidos. Estaba convencido de que al racionalismo se le había empleado muchas veces sin base cierta de razón. Se despojaba el sistema de su esencia y se apelaba, tramposamente, a sus elementos superficiales. Así desarrolló el concepto de “razón instrumental”, razón que persigue determinados fines no siempre positivos, se refiere a la destitución de los ideales de la razón, el conocimiento y el progreso, izados por la Ilustración y que la sociedad industrial corroe con su utilitarismo y consumismo bestializante. Todo pensamiento debía revitalizarse mediante la crítica sistemática. La duda y el amplio sustento en la crítica resultan necesarios para que la razón alcance su verdad. De ahí que su sistema adquiriera el nombre de <em>filosofía crítica</em>. De igual modo, reprocha “la cultura industrial”, que degrada el arte y lo transforma en productor de objetos de consumo, al servicio de la comodidad más que del espíritu. También emplea el de “personalidad autoritaria” para caracterizar a los conformistas que piensan según un dictado, que asumen su rol social acríticamente, prefiriendo obedecer los mandatos de las estructuras establecidas antes que criticar, pensar, transformar.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/08/Teodoro-adorno.-srebrenitsa.jpg"><img class="alignright size-full wp-image-7578" title="Teodoro adorno. srebrenitsa" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/08/Teodoro-adorno.-srebrenitsa.jpg" alt="" width="296" height="243" /></a>Adorno dedicó especial atención a las relaciones entre opinión, conocimiento y verdad en la vida social. En tal sentido sus tesis son sumamente interesantes y pueden servir en mucho a todos los Indignados de la Tierra. Para el profesor, “Opinión es la posición, siempre acotada en cuanto válida, de una conciencia subjetiva, restringida en su contenido de verdad.” De modo que es la subjetividad que indaga y trata de expresar un sentido la que confiere carácter a la opinión, si bien está lógicamente limitada en cuanto al grado de verdad pues entiende esta como un proceso sucesivo de penetración. Una subjetividad crítica y consciente formula opiniones propias, en lugar de repetir las “normales”. La opinión aceptada como general, “normal”, se basa en un sistema de criterios arraigados en la tradición. Por eso, indica, “En general, tener una opinión, juzgar, es expresarse en cierta medida contra la experiencia, tender a la locura, mientras que, por otro lado, solo el capaz de juzgar está dotado de razón.” De manera que ya el hecho de opinar, de emitir una idea propia, es ir contra la corriente, entrar en el territorio de lo considerado como chiflado. Adorno se basa en el concepto de que cada idea es ya un producto anormal pues busca abrirse un nuevo espacio en determinada realidad. Escribe, “Todo pensamiento es una exageración, en cuanto que cada pensamiento, que lo es en realidad, apunta más allá de su rescate por medio de hechos dados.”</p>
<p>Sostiene que la opinión es siempre subjetiva y que los individuos se adscriben a ella. Mientras el conocimiento es supuestamente lo verificado objetivamente, aunque la mayoría de las veces, según Adorno, ha sido “una vacía promesa”, pues no deja de haber subjetividad e intención en la búsqueda de lo objetivo. Pero existe una dialéctica entre opinión y conocimiento, pues no siempre es posible obrar desde este último. Los hombres están forzados a operar con opiniones, por la propia dinámica del conocimiento y la vida. Es lo que hace a la opinión desplegarse “contra la experiencia”, pues solo lo irruptor puede abrir nuevos caminos de cognición. De ahí surgen cuestionamientos como el de <em>opinión san</em>a y <em>opinión insana</em>. Estas él las ve determinadas y fijadas por los círculos de poder, no halla una discriminación precisa y objetiva, sino que difusa y relacionada. “La frontera entre la opinión sana y la infectada no la traza <em>in praxi</em> el conocimiento objetivo sino la autoridad vigente.” Esto lo ha corroborado la vida más de una vez, al verse cómo ideas puestas en flujo por determinados grupos de poder aparecen siempre con la debida sustentación objetiva que, luego, el desencadenamiento de hechos nos revela que no eran tales.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/08/Teodoro-adorno.-mosul.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-7579" title="Teodoro adorno. mosul" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/08/Teodoro-adorno.-mosul.jpg" alt="" width="259" height="194" /></a>De modo que no siempre la opinión general es la opinión cierta. Es por ello que discrepa del eslogan americano de que “Millones de americanos no pueden estar equivocados”. Pide que desarrollemos, “una actitud crítica ante esa candorosa imagen de la opinión.” Plantea que no solo es inadecuado considerar que la opinión normal sea verdadera y la chiflada o anormal sea falsa, pues la considerada como normal es la establecida por los grupos de predominio. Señala que el pensamiento normal, “no es capaz de pensar lo verdadero de una manera distinta a como todos piensan.” Es de aquí el peligro de llevarse por los criterios extendidos y al uso sin mayores cuestionamientos. La influencia de los medios y el poder pueden hacer equivocar a grandes grupos de individuos. La experiencia de la Alemania nazi confirmó su tesis. “La razón al servicio de la sinrazón (…) se pone de parte de la opinión y la endurece de tal modo que ni se la puede ya alterar en nada, ni se manifiesta tampoco su índole absurda.” Lo cual desemboca no solo en la mentira, sino peor, en la injusticia y el crimen.</p>
<p>Tras la catástrofe social y cultural del nazismo, ante el horror de los campos de exterminio, Adorno se había preguntado, “¿Cómo escribir después de Auschwitz?” Sin embargo, sí se escribió, se escribe, no sólo después de Auschwitz, sino también después de Srebrenitza, las Twin Towers, Gaza, Mosul, Kirkul, Bagdad. Se escribirá porque es lo menos que puede hacer la lucidez: tratar de entender, dejar testimonio, advertir, mostrar la parte honrada de la humanidad. Las tesis de Adorno sobre la necesidad permanente y dialéctica de la razón crítica nos alumbran en tal sentido. |<strong>MANUEL GARCÍA VERDECIA</strong>, Holguín, Cuba, profesor, escritor, editor y traductor poeta y ensayista, en 2007 obtuvo el Premio Julián del Casal de la UNEAC en poesía, autor de <em>El día de la cruz</em>, 2008</p>
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		<title>Necesidad de lo sagrado</title>
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		<pubDate>Sat, 30 Jul 2011 10:54:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mediaIsla</dc:creator>
				<category><![CDATA[Visiones]]></category>

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		<description><![CDATA[MANUEL GARCÍA VERDECIA &#124; Desgraciadamente, la sociedad mundial contemporánea se ha ido deslizando hacia un pragmatismo burdo y desconsolador. Por múltiples razones (…) se ha entronizado como meta de vida un urgido deseo de alcanzar, sumar, tener.  Estos pensamientos afloraron mientras asistía a una conferencia realizada por unos reconocidos historiadores. Éstos reflexionaban sobre el sentido [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/07/Disquisicion.-water-flame.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-7293" title="Disquisicion. water flame" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/07/Disquisicion.-water-flame-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a>MANUEL GARCÍA VERDECIA | </strong><strong>Desgraciadamente, la sociedad mundial contemporánea se ha ido deslizando hacia un pragmatismo burdo y desconsolador. Por múltiples razones (…) se ha entronizado como meta de vida un urgido deseo de alcanzar, sumar, tener.</strong> </p>
<p>Estos pensamientos afloraron mientras asistía a una conferencia realizada por unos reconocidos historiadores. Éstos reflexionaban sobre el sentido de los museos en los tiempos que corren y las estrategias a considerar para su labor más eficaz. Con razón se quejaban del obvio desinterés que una numerosa parte de la población muestra hacia la acción de estos centros de cultura. Con conocimiento de causa criticaron en los expertos enfoques superficiales y rutinarios a la hora de guiar al espectador por las salas que guardan tanta historia cristalizada. Sin embargo, mi intuición me decía, me dice, que faltaban por analizar otros aspectos. </p>
<p>Ante todo me percato de que este no es un problema privativo de un país en particular. He estado en museos distintos (de arte, de historia, de vida natural, etc.) en varios países del mundo, sitios con inmejorables condiciones materiales y capacidad de difusión e información. Sin embargo, la mayoría de las ocasiones sólo me han acompañado el polvoriento silencio y mi estupefacta sombra. Y no se trataba del elemental silencio y el margen de soledad necesarios para la comunicación productiva entre obra y espectador. Era exactamente ausencia indiferente. </p>
<p>Tampoco es este un dilema que atañe únicamente al museo. Por inmejorables que sean sus condiciones de exhibición, por capaces que se desempeñen sus empleados, por amenos que sean los elementos de seducción al público que utilicen, un gran porcentaje de su eficacia no depende de él. Debe considerarse que en todo acto cognoscitivo-valorativo es el sujeto quien determina la eficacia de dicho acto. Es indispensable una facultad subjetiva intrínseca en el que debe apreciar estos tesoros que no puede sustituirse ni implantarse simplemente desde el exterior. Es algo que depende de la educación y del ambiente social que sustenta y anima al sujeto. </p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/07/Necesidad.-Pensador_Rodin.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-7294" title="Necesidad. Pensador_Rodin" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/07/Necesidad.-Pensador_Rodin-225x300.jpg" alt="" width="225" height="300" /></a>Desgraciadamente, la sociedad mundial contemporánea se ha ido deslizando hacia un pragmatismo burdo y desconsolador. Por múltiples razones (falsa visión del progreso, sociedades expoliadas que tratan de “modernizarse”, imitación de modelos supuestamente afluentes, audaz erosión de las técnicas de mercado, pertinaz sugestión de los medios de difusión masiva, precarios sistemas educacionales, desintegrada tutela de la familia, etc.), se ha entronizado como meta de vida un urgido deseo de alcanzar, sumar, tener. Ha prosperado un principio posesivo de existencia. Vivir bien es acumular. Vive mejor quien posee más. Triunfa quien obtiene más objetos, posesiones, utilidades, reconocimientos. Básicamente importa lo visible, lo tangible, lo brillante, lo escandaloso, lo multitudinariamente reconocido. Tantos siglos de abuso, pillaje, insolvencia y restricción, han empujado la tendencia social hacia su orilla más desaforadamente materialista. </p>
<p>Entonces creo que se ha perdido en gran medida el sentimiento de lo sagrado. No me refiero exactamente a lo religioso. Acudo a la acepción cuarta de la palabra en el diccionario de la Real Academia: aquello que es digno de <em>veneración</em> y <em>respeto</em>. Sí, porque es imprescindible saber que hay asuntos que merecen nuestra reverencia y admiración. Personas, obras, acontecimientos, que han constituido peldaños sustanciales en el inacabable y afanoso ascenso de la humanidad hacia su emancipación más cabal de todo cuanto la avasalla, limita y frustra. Reverenciar es reconocer el sentido que lo reverenciado lega en nosotros y, por nosotros, extiende en el tiempo. Por supuesto, ha habido muchas confusiones y pases de gato por liebre. Pero debe acudirse al principio de Tales de Mileto, “De los seres… el más sabio es el tiempo, porque todo lo descubre”, por eso deviene este el juez más atinado y justo. De ahí deriva en primer término el contenido admirativo de los museos: se trata de cosas cuyo paso por el tiempo de los hombres ha verificado y enriquecido su significación. </p>
<p>Sin embargo, insisto en la capacidad reverencial del ser humano. Nada serían esos objetos si no hallaran el sentimiento admirativo de los seres humanos. Es lamentablemente lo que falta. Hay en la actualidad menos personas con sentido de trascendencia. Me refiero a sujetos conscientes de significados que rebasan el espacio y el tiempo, de valores que por su dignidad, belleza y verdad no sufren los embates de las épocas y continúan despertando actitudes sublimes. Estos se alzan como paradigmas de lo supremo humano. </p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/07/Necesidad.-Jose-Marti.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-7295" title="Necesidad. Jose Marti" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/07/Necesidad.-Jose-Marti-300x300.jpg" alt="" width="300" height="300" /></a>De aquí deriva su alcance intemporal. Las creaciones sustantivas del hombre —construcciones, obras de arte, acciones históricas, etc.— siempre nos hablan en presente, al ser que somos, al que los otros siguen siendo en nosotros por la validez de sus contribuciones. Por eso los museos no constituyen para los sujetos sensibles sitios que muestran un pasado muerto sino ámbitos que activan pensamientos y emociones que resucitan el sentido prístino y vital de dichas obras. Cada vez que nos enfrentamos sensiblemente a un objeto reverenciable éste respira y se instala en nuestro hoy para acrecentarnos. </p>
<p>Por eso, para que se complete el arco de lo sagrado no sólo hace falta el objeto con un significado decantado y construido en el tiempo, sino un ser humano perceptivo al concepto de que ese objeto tiene algo que decirle, un valor trascendente que incorporarle. Si no fuese así, ¿qué diferencia habría entre el desgastado traje de José Martí y cualquier otro apolillado traje? Lo que le da vibración humana al primero es que alguien reconoce que en aquel vistió sus días y sus denuedos un hombre que hizo mucho y bueno por la humanidad. Ese ser imantó el objeto de una sustancia admirable y eterna, su espíritu inspirador y luminoso. </p>
<p>Pues de esto hablamos de la espiritualidad en nuestras vidas. El ser humano es la única criatura conocida que ha alcanzado una dimensión espiritual. Ésta le permite dialogar con fuerzas, tiempos, sentidos que están más allá de lo perceptible y verificable. Lo integra con un todo mayor, inasible, proteico e inagotable, un todo que da amplios márgenes a lo inefable. Su espiritualidad lo conduce a apreciar que existe algo más allá del espacio, el tiempo, las formas y estructuras que conforman un determinado momento de la existencia humana. Esta apreciación lo conecta con la sustancia del pasado y la del porvenir, brindándole la sensación de lo eterno. </p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/07/Necesidad.-la-victoria-de-samotracia.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-7296" title="Necesidad. -la-victoria-de-samotracia" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/07/Necesidad.-la-victoria-de-samotracia-203x300.jpg" alt="" width="203" height="300" /></a>La espiritualidad del hombre es la que lo impulsa a la constitución del llamado capital simbólico. El hombre es un ser que necesita crear símbolos. En ellos no sólo percibe y entiende la vida sino que cifra un destino, un sentido de pertenencia y continuidad. Los símbolos son referencias, modelos, aspiraciones, por los que actuamos, nos reconocemos y nos proyectamos. Es por eso que debemos preservarlos y cultivarlos, pues confieren coherencia y dirección a nuestra existencia humana. </p>
<p>Si no preguntémonos por qué la gente sigue viajando a visitar las pirámides o a ver la Gioconda o admirar el sable de Bolívar. No es mera curiosidad cognoscitiva. Hay sobre todo una incitación ritual. Se trata de acercarnos, entrar en sintonía con algo que tuvo un sentido para alguien y, a través de esa contigüidad, esa osmosis por contacto, alcanzar un poco de ese sentido. Esto, incluso de un modo u otro, lo hacemos todos, sólo que unos con más conciencia de trascendencia que otros. ¿Qué nos empuja a guardar un dientecito del niño, una foto de la abuela, una prenda del padre? Muchos asisten al cementerio a poner flores aún cuando no los inspira un sentimiento religioso de vida después de la muerte. Sin embargo se estremecen y sienten la cercana compañía del ser querido que allí no deja de existir. Tal es la eficacia y la necesidad del sentimiento sagrado. </p>
<p>El mejor ejemplo de cómo debe asistirse a un museo se observa en las iglesias. El devoto asiste allí sin que lo incite alguien, que no sea el yo que busca su expansión y definición en lo otro. Acude al sitio esplendoroso sin que lo animen otros propósitos que el de reencontrarse con aquello que lo colma de significado. Entra emocionado y establece una comunicación especial con el espacio, los iconos, los elementos del rito. Roza así lo divino, que es su ser en lo inefable, lo que le nutre de una emoción que lo afirma y enaltece. </p>
<p>Creo que no tenemos conciencia plena de cuánto ganaría la humanidad si en vez de informar con más datos y entretener con más artilugios a nuestros semejantes, sembráramos y alentáramos en ellos las capacidades espirituales. Son esas facultades para apreciar el bien, la verdad, la belleza que inclinan a <em>venerar</em> y <em>respetar</em> todo cuanto simboliza esas virtudes. Tal vez así muchos empiecen a ver que un árbol no es sólo un árbol ni las estrellas sólo chispas de luz en el cielo. Tal vez entonces adviertan, como decía Martí, que toda la fruta no acaba en la cáscara.  | <strong>MANUEL GARCÍA VERDECIA</strong>, Holguín, Cuba, profesor, escritor, editor y traductor poeta y ensayista, en 2007 obtuvo el Premio Julián del Casal de la UNEAC en poesía, autor de <em>El día de la cruz</em>, 2008.-</p>
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		<title>El arte y el destino de quien vive el arte</title>
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		<pubDate>Sat, 25 Jun 2011 06:11:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mediaIsla</dc:creator>
				<category><![CDATA[Visiones]]></category>

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		<description><![CDATA[LEIDER UTRIA &#124; El arte y el artista son la combinación más inconforme de este planeta. Una combinación de reacción con el conformismo. Siempre está atenta al cambio o en muchos casos a producirlo ella misma en y con su burbuja creativa.   Hay una zona de misterio, una incógnita, &#124; que a veces sólo se [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/06/el-arte.-mario_benedetti.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-6953" title="el arte. mario_benedetti" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/06/el-arte.-mario_benedetti-300x198.jpg" alt="" width="300" height="198" /></a>LEIDER UTRIA | El arte y el artista son la combinación más inconforme de este planeta. Una combinación de reacción con el conformismo. Siempre está atenta al cambio o en muchos casos a producirlo ella misma <em>en</em> y <em>con</em> su burbuja creativa. </strong><strong> </strong></p>
<p><em>Hay una zona de misterio, una incógnita, | que a veces sólo se despeja cincuenta años después. | Lamentablemente, para ese entonces | no me van a poder mandar un telegrama con el resultado. </em><strong>Mario Benedetti</strong><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-admin/post-new.php#_edn1">[i]</a> </p>
<p>El constante salpique de angustias que dominan la cotidianidad son los protagonistas del destino que elegimos; una palabra, una acción, un suspiro. Incluso nuestras mínimas d son tomadas luego de un minúsculo análisis; de acá a que actuemos con racionalidad meticulosa es otro cuento; tampoco debemos exagerar, por lo menos tener la cabeza fría y las manos dispuestas. Claro, que si sentimos el bache común que debe aparecer como requisito, mejor no lo saltamos. Es más práctico verlo, analizarlo, contemplarlo y jugar con él. No es que sea fácil dejar el barco andar, es sólo que los andamios y los salvavidas son más pasivos que las filas en stop. </p>
<p>Las decisiones son las musas del hombre, son una extrañeza profunda de emancipación y libertad. De sentirse superiores a lo adverso o a lo que nos detiene, si es que acaso nos detiene algo, porque mayor terco que el ser humano quizás los santos y las coronas de reyes que luchan por no calzar en las cabezas. Nuestras manos son la espada, y toda batalla necesita un escudo; el escudo que nos lo proporcione el destino, ¿quién sino él puede protegernos? y la protección, como ha de ser; encarna en el miedo que nos hace reyes sin coronas, en esclavos sin norte, en el destino que dirigimos. </p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/06/El-arte.-neruda.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-6955" title="El arte. neruda" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/06/El-arte.-neruda-e1308857068984-288x300.jpg" alt="" width="288" height="300" /></a>Los casos de quienes dejan todo a un lado para dedicarse a sus pasiones, quienes guardan en un cajón sus títulos y pormenores por buscar su verdadera felicidad, los amantes de lo desconocido que se arriesgan en una amalgama de maromas y tácticas y estrategias para solventar su fe ciega, su pasión, su libertad…su arte; se reducen dócilmente en un misterioso ritual de dudas y cartas abiertas, y como diría Jorge Drexler en una de sus canciones <em>“</em>Es cierto que no hay arte sin emoción, y que no hay precisión sin artesanía<a href="http://mediaisla.net/revista/wp-admin/post-new.php#_edn2">[ii]</a><em>” . </em>La emoción; fuerte pieza irrompible de nuestro destino y de nuestras decisiones, enemiga férrea del miedo, el miedo que juega con nosotros en una bizarra obra de marionetas, sobre todo cuando hablamos de futuro, y le tememos, le tememos a un miedo que no conocemos y sonará ilógico ¿cómo temerle a lo desconocido? al contrario, lo desconocido debe causarnos interés, no miedo; ha de ser el causante de nuestras decisiones no el verdugo de nuestras elecciones. Visto desde un rincón del espacio la lucha entre miedo y decisión reside en la estabilidad y la <em>felicidad</em> que el control nos brinda. </p>
<p>Estanislao Zuleta, el filósofo colombiano definía la felicidad como <em>un estado de pobreza e impotencia de imaginación</em><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-admin/post-new.php#_edn3">[iii]</a>, un estado de vida en donde no existen los riesgos, ni la lucha, ni la búsqueda de la superación. Un estado de bobería y conformismo, una <em>conciencia feliz</em> donde la muerte es sólo una palabra que nunca llega. Una situación de éstas sólo puede terminar en un mundo sin deseos, un mundo sin carencias. Pero, el arte y el artista son la combinación más inconforme de este planeta. Una combinación de reacción con el conformismo. Siempre está atenta al cambio o en muchos casos a producirlo ella misma <em>en</em> y <em>con</em> su burbuja creativa. </p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/06/El-arte.-bukowski1.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-6957" title="El arte. bukowski" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/06/El-arte.-bukowski1-236x300.jpg" alt="" width="236" height="300" /></a>El arte es una extraña combinación de amor y desazón que deja la boca agria cuando el artista no siente acabada su obra, o está terminada pero simplemente no siente su corazón dejada en la misma. El artista se siente cohibido cuando mira a su bebé recién nacido y vocifera “(¿) ¡esto es lo que yo quería! (?)”; viendo su obra aún en pañales y con orgullo la destroza cargado de soberbia e impotencia o caso contrario la guarda para mostrarla luego a los primeros críticos, ojala amigos que no maten su creatividad a punta de comentarios con cabeza de bala y cuerpo de arsénico. Y las brochas ya no sean de colores en la paleta. Los brochazos transmutan en improperios y fuertes caricias malsanas a la vida, y fuerte no por lo rudo sino por lo mísero; y acá nace el artista rebelde, el transformador; <em>el emancipado del destino</em>, si es que se puede llamar así. Es acá donde aparecen los casos de quienes gozan de buenas críticas y malas ventas o aquel que vende su arte como una manifestación más del consumismo. El destino es el mismo, es decir, tanto para lo uno o para lo otro no somos dueños de él. Debemos entonces ser su aliado. </p>
<p><strong>El punto final como sinónimo de creatividad</strong> </p>
<p>Naveguemos en el tiempo que no existe pero que recreamos, en el tiempo que está ahí estático y que nos llama lentamente a un paso de soprano, al tiempo en que se le da el punto final a un libro con la duda de si será publicado o no. Ese tiempo en que se releen las hojas en el computador o la máquina de escribir, el tiempo en que nace la idea o nace el personaje. El momento justo cuando la hoja deja de estar en blanco y van saliendo las letras, luego las palabras y al final un párrafo concluyente. El momento en que se suspira y se dice “<em>al fin”</em>. </p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/06/El-arte.-estanislao-zuleta1.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-6958" title="El arte. estanislao-zuleta" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/06/El-arte.-estanislao-zuleta1-206x300.jpg" alt="" width="206" height="300" /></a>Hablando de finales y creyéndonos el cuento de que quien imagina vuela, situémonos en la siguiente escena; alguna vez en una extraña reunión de esas que suelen suceder cuando fluyen las ideas y mezclan el cigarrillo con la luz apagada, Benedetti, Neruda, Bukowski y tantos otros habrán pensado en como terminar o empezar con algún libro. Benedetti probablemente pensó en terminar con su soledad de exiliado bañado en nostalgia bautizando su libro de poemas <strong>Las soledades de Babel</strong><em>,</em> Bukowski en regresar al hipódromo y apostar a los caballos como una excusa a su truncada libertad de viejo amante de la música clásica con <strong>El capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco</strong> y Neruda <em>con</em> si le faltó algún detalle en su mítica vida sentado al borde del muelle jugando con sus caracoles cuando terminó de escribir su <strong>Confieso que he vivido</strong><em>”, </em>pero, y ese punto final o ese inicio ¿de qué depende? Se confía ciegamente que proviene de la imaginación, de la genialidad o de la creatividad y es entonces acá donde aparece otro <em>pero</em> <em>¿</em>Dónde reside la genialidad o la creatividad del artista? ¿Qué es aquello que lo convence de concluir su obra? En un letargo de calma y pasión Bukowski alcanzó a definir la genialidad y a un genio. En su antología poética <strong>Abraza la oscuridad</strong><em> </em>Bukowski nos dice: <em>“conocí a un genio en el tren hoy como de 6 años de edad, se sentó a mi lado y mientras el tren avanzaba a lo largo de la costa llegamos hasta el océano, entonces él me miró y dijo, no es hermoso. Fue la primera vez que me percaté de ello<a href="http://mediaisla.net/revista/wp-admin/post-new.php#_edn4"><strong>[iv]</strong></a>” </em>¿Qué es entonces la genialidad y la creatividad? Digamos que es aquello que flota y que vive en el aire esperando ser agarrado o imaginado. Y cuando concluye es la explosión misma del arte, es el nacimiento inverso de la obra; la paternidad del artista. </p>
<p><strong>El arte y la libertad, una eternidad sin palabras</strong> </p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/06/El-arte.-jorge-drexler.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-6959" title="El arte. jorge-drexler" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/06/El-arte.-jorge-drexler-224x300.jpg" alt="" width="224" height="300" /></a>La libertad es la cúspide del placer definitivamente, y llamemos placer lo que se nos ocurra; sexo, religión, drogas y rock and roll, un buen libro, caminar descalzo en la playa; cualquier cosa, el placer siempre estará marcado por la libertad y la libertad al igual que el placer siempre estará marcada por los celosos de esa felicidad que añoran. ¿Es realmente libre el artista? Como dice Silvio Rodríguez<em>: “la libertad solo es visible para quien la labra”</em>, el problema yace en el resultado que al artista transmite. Mi libertad, hablando de expresión, bien puede ser víctima de mi creatividad y sentir el veto, el rechazo y el exilio. </p>
<p>¿Qué sentirá el artista cuando ve que su arte resulta en un arma? En una amenaza para el poderoso, en una molestia en ascuas que trasciende fronteras y contamina tantas mentes. Típico es el caso latinoamericano en que las letras se han convertido en una plataforma de despegue, una extraña protección fruto de la intelectualidad, un remedo de emociones que luchan por mantenerse en pie y alimentarse del amor (acá no es preciso definir amor, basta con recordar la poesía de las calles del país abandonado). </p>
<p>El exilio es la muerte más lenta y tormentosa que pueda sufrir un artista. Ver como sus decisiones se convierten no en su proyecto de vida añorado sino en su enfermedad terminal producto de la distancia. Ejemplo de esto son los poemas de Neruda, sus memorias, sus palabras, los de Benedetti… los de tantos otros que por años visitaban a su país únicamente por las letras y el llanto de la nostalgia eran los mares y las lluvias latinas. La poesía al igual que las necesidades son excusas para sonreír y a la vez para llorar, se sabe que los bebés lloran sin lágrimas la primera vez y ahora sabemos que la poesía llora tintas en el exilio. </p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/06/El-arte.-Rene-Rodriguez-Soriano.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-6960" title="El arte. Rene Rodriguez Soriano" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/06/El-arte.-Rene-Rodriguez-Soriano-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a>El poeta dominicano René Rodríguez Soriano recrea un paisaje nostálgico, esta vez recordando su niñez en su casa paterna alejado de la tecnología y la moderna E.E.U.U donde reside hoy en día; país en que daría el punto final a su libro <em>Apunte a Lápiz</em>:<em> </em></p>
<p><em>Cada vez que me mira, | ve que la miro | envejeciendo de este lado | mientras ella cada vez rejuvenece | en mi recuerdo<a href="http://mediaisla.net/revista/wp-admin/post-new.php#_edn5"><strong>[v]</strong></a></em><em> </em></p>
<p>El arte es un arma emancipadora, la poesía es una escopeta de rebelión, las letras son el refugio de quienes deciden optar por el arte como destino de vida. Por muy complicado que sea ese destino o el camino para llegar a él, quién decide tomarlo toma como certeza el adagio popular que reza que <em>mañana por la mañana todo mejorará</em>, sólo el calendario sabe cuántos mañanas han pasado desde la primera noche y… y el cielo sigue siendo azul. | <strong>LEIDER UTRIA</strong>, Barranquilla, Colombia, 1988, editor de la revista literaria <em>Bacanal</em><strong>, </strong>ha publicado <a href="http://www.lulu.com/product/tapa-blanda/elmundo-en3partes/6387526">elmundO en3partes</a><strong>, </strong>mediaIsla, 2010].</p>
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<hr size="1" />
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<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-admin/post-new.php#_ednref1">[i]</a> Entrevista encontrada en el libro, <em>16 Cuentos Latinoamericanos</em>.</p>
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<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-admin/post-new.php#_ednref2">[ii]</a> <em>Guitarra y voz</em>, Jorge Drexler, ECO</p>
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<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-admin/post-new.php#_ednref3">[iii]</a> <em>Elogio de la dificultad y otros ensayos</em>, Zuleta, E. Fundación Estanislao Zuleta, 1994.</p>
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<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-admin/post-new.php#_ednref4">[iv]</a> Poema: Conocí a un genio, de Charles Bukowski, encontrado en la antología poética <em>Abraza la oscuridad.</em></p>
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<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-admin/post-new.php#_ednref5">[v]</a> Retrato de mamá, Rodríguez Soriano, R. <em>Apunte a lápiz</em>. Paso Bajito, RD, 2007</p>
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		<title>La maestría narrativa de Rubén Sánchez Féliz en  «Los muertos no sueñan»</title>
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		<pubDate>Sat, 25 Jun 2011 06:06:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mediaIsla</dc:creator>
				<category><![CDATA[Visiones]]></category>

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		<description><![CDATA[ORLANDO ALCÁNTARA FERNÁNDEZ (ORLY) &#124; Sánchez Féliz ha sabido crear una novela corta de excelsa factura que nos hace reflexionar sobre el sentido transitorio de la vida en su paso inexorable hacia la muerte.   Mientras que en La muerte de Iván Ilich, de León Tolstoi, la muerte figura en primer plano desesperadamente altisonante y ciega, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/06/La-maestria.-Los-muertos-tambien-suenan.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-6836" title="La maestria. Los muertos tambien suenan" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/06/La-maestria.-Los-muertos-tambien-suenan-204x300.jpg" alt="" width="204" height="300" /></a><a href="http://resujesus.com/">ORLANDO ALCÁNTARA FERNÁNDEZ (ORLY)</a> | Sánchez Féliz ha sabido crear una novela corta de excelsa factura que nos hace reflexionar sobre el sentido transitorio de la vida en su paso inexorable hacia la muerte.</strong> <strong> </strong></p>
<p>Mientras que en <strong>La muerte</strong><strong> de Iván Ilich</strong>, de León Tolstoi, la muerte figura en primer plano desesperadamente altisonante y ciega, en <strong>Los muertos no sueñan</strong>, de Rubén Sánchez Féliz, la parca aparece en primera línea desconsoladamente tácita y pérfida. Su omnipresencia en ambas novelas cortas convida a la reflexión meditabunda acerca de los entresijos de su desfachatez más cierta. No lo podemos negar. La muerte es una obscenidad. Todo un descalabro. Un desasosiego que impide dormir en quietud cuando sus tentáculos nos persiguen con su voracidad abismal o su esplendidez paradisíaca.  Pues dos opciones nos presenta la impávida muerte: la Gloria Eterna o el Infierno con sus Eternos Tormentos. No hay atajos; no hay otra salida. Gracias a Dios en Jesucristo podemos enfrentarnos a esta realidad certera con ojos lúcidos y placenteros si nos arrepentimos a tiempo y ejercemos a la vez fe en el sacrificio perfecto de nuestro Señor Jesucristo en la Cruz Golgótica del Calvario (ver Marcos 1:15). </p>
<p>En <strong>Los muertos no sueñan</strong>, el autor se nos muestra ágil e imaginativo mediante un accionar narratológico impecable con técnicas y recursos excelentemente manejados para dotar a la ficción del matiz de realidad que hace de esta novela y todo su andamiaje una pequeña obra maestra de 120 páginas esmeradamente hilvanadas en sendas paralelas de una sola historia exquisitamente unificada.  </p>
<p>Mientras que en <strong>La muerte de Iván Ilich</strong> el grito es estruendosamente sonoro ante la muerte, en <strong>Los muertos no sueñan</strong> ese mismo grito es silentemente apacible y hasta cierto punto reflexivo sin entrar en disquisiciones escatológicas o teleológicas. Se trata simplemente de “la muerte a secas”, sin explicaciones ni divagaciones, sin aspavientos, asumida de un modo telúrico como es asumido todo el panorama neoyorquino al describir una y otra vez el cielo, los árboles, los animales, la lluvia, el aguacero, los gatos de espeluznante presencia.  </p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/06/La-maestria.-Ruben-Sanchez-Feliz.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-6837" title="La maestria. Ruben Sanchez Feliz" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/06/La-maestria.-Ruben-Sanchez-Feliz-300x256.jpg" alt="" width="300" height="256" /></a>Sánchez Féliz ha sabido crear una novela corta de excelsa factura que nos hace reflexionar sobre el sentido transitorio de la vida en su paso inexorable hacia la muerte.  Una vida que en el protagonista principal de la narración lo remite implacablemente al recuerdo tormentoso de su niñez desvalida en Santo Domingo. Una vida que en el segundo protagonista de la ficción lo hace transitar por el bajo mundo del narcotráfico y el crimen de la manera más descarada posible con sus desafueros sexuales.    </p>
<p>Nueva York, de este modo, sirve como escenario impersonal e impávido, como telón de fondo de una tragedia y un drama apabullantes, dotados de una sordidez desquiciante que lleva a uno al suicidio y al otro al asesinato. Se trata de un Bronx y un Alto Manhattan poblados por latinos que han emigrado tras el <em>Sueño Americano</em> para encontrarse frente a frente con la realidad más cruda ensortijada en pequeñas pesadillas cotidianas en la Gran Urbe. Pérdida de inocencia en la mayoría de los casos. Pérdida del sentido de la existencia en muchas de las historias citadinas. Y de este modo la muerte hace acto de presencia con sus garras omnipresentes que muestran a cada momento sus apetitos insaciables narrados de modo magistral por la pluma de Rubén Sánchez Féliz, para así hacerse merecedor digno del Premio Único del Concurso Letras de Ultramar 2010 (género Novela), del Ministerio de Cultura de la República Dominicana, con el presente texto narrativo tan apasionante en la elipsis de sus sentimientos acallados.  </p>
<p>De su lado, el Apóstol Pablo clama en I Corintios 15:55: “¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?”  Y la Buena Nueva de la Resurrección de nuestro Señor Jesucristo continúa resonando como un eco profundo, sostenido como estandarte y baluarte, ante el sinsentido de la muerte, ante la sinrazón obscena de la inescrutable parca que con su implacable presencia toma el primer plano en <strong>Los muertos no sueñan</strong>. Y así notamos la fe farisaica y vacía de Pimpo, el narcotraficante asesino, quien se persigna tres veces en la novela, y la fe ausente de Héctor, el suicida atribulado por los cargos de conciencia, quien rememora sus andanzas de sexo fortuito y absurdo al pasar frente a un convento sin hacerse la señal de la Cruz: Contradicción pertinaz que hace eco en la memoria del lector desprevenido.  </p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/06/La-maestria.-Los-muertos-tambien-suenan1.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-6838" title="La maestria. Los muertos tambien suenan" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/06/La-maestria.-Los-muertos-tambien-suenan1-204x300.jpg" alt="" width="204" height="300" /></a>Como digo que la novela <strong>Los muertos no sueñan</strong> es una pequeña obra maestra ahora daré algunas razones adicionales que sustentan esta valoración crítica. En primer lugar, no se puede considerar la presente edición de la novela como definitiva, pues amerita una corrección de estilo más rigurosa que resuelva algunos problemitas, como es el uso incorrecto del subjuntivo. En segundo lugar, el punto clave que dota de maestría a este texto narrativo es el hecho de que proporciona la solución salvífica necesaria e imprescindible en cualquier obra literaria que busque alcanzar el estatus de obra maestra. Esa solución salvífica está implícita en toda la obra de marras y permea todo el discurso narratológico por medio de el empleo estratégico de los siguientes términos y conceptos: Dios, Cristo, pecados y Diablo. En uno de los momentos más cruciales de la novela aparece el nombre “Cristo” como elemento salvífico inferido. La realidad existencial siempre presenta el problema vital entre el Cielo y el Infierno y en este texto fictivo el narrador asume una posición imparcial y sugerente ante los sucesos tumultuosos de la trama. El poder sugestivo de los elementos salvíficos permea toda la novela. En tercer lugar, tenemos las características sobresalientes del uso excelente de las técnicas y los recursos narrativos, la riqueza léxica, la tridimensionalidad de los personajes, la trama perfecta, la agilidad narrativa, la florida imaginería poética, entre otros aspectos que nos hacen valorar como una pequeña obra maestra esta novela. Todo encaja a la perfección y el andamiaje sugestivo de la solución salvífica sobresale con brillantez y lucidez al someter el texto a una acuciosa y ecléctica lectura.    </p>
<p>El uso de malas palabras en esta novela no se hace de manera gratuita u ofensiva, sino, por el contrario, como un reflejo de la crudeza social en que viven los personajes.  Además del contenido erótico en este texto narrativo tiene un contenido humorístico que le confiere mayor valor a lo narrado. El hecho de que esta novela sea una pequeña obra maestra, en mi humilde opinión en Cristo Jesús, significa que es una obra de antología que merece un lugar de primacía no sólo en la literatura dominicana o latinoamericana, sino, también, en la literatura universal.  </p>
<p>Felicitamos encarecidamente a Rubén Sánchez Feliz y le deseamos futuros éxitos.  Gracias a Dios en Jesucristo ha logrado producir una pequeña obra maestra en 120 páginas. Debe sentirse satisfecho por el deber cumplido. Felicidades en Cristo Jesús.  ¡Albricias!  ¡Enhorabuena, novelista impecable!</p>
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