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	<title>mediaisla &#187; Voces</title>
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	<description>Puente de palabras vivas</description>
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		<title>Radiografía de la crítica literaria</title>
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		<pubDate>Sat, 26 Nov 2011 18:32:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mediaIsla</dc:creator>
				<category><![CDATA[Voces]]></category>

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		<description><![CDATA[WINSTON MANRIQUE SABOGAL * Ha llegado la hora de la autocrítica. Una veintena de los más influyentes líderes de opinión literaria de Europa y América analizan el presente y las transformaciones de la profesión ante la fuerza y expansión del mundo digital. Un diagnóstico que impone nuevas actitudes Al aura polémica y de crisis casi [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/11/RAdiogracia-de-la-critica.-1.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-8575" title="RAdiogracia de la critica. 1" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/11/RAdiogracia-de-la-critica.-1-300x239.jpg" alt="" width="300" height="239" /></a>WINSTON MANRIQUE SABOGAL</strong> * <strong>Ha llegado la hora de la autocrítica. Una <a href="http://elpais4.servicios.prisacom.int/elpaismedia/ultimahora/media/201111/25/cultura/20111125elpepucul_1_Pes_PDF.pdf" target="_blank">veintena de los más influyentes líderes de opinión literaria de Europa y América analizan el presente</a></strong><strong> y las transformaciones de la profesión ante la fuerza y expansión del mundo digital. Un diagnóstico que impone nuevas actitudes</strong><strong></strong></p>
<p>Al aura polémica y de crisis casi connaturales de la crítica literaria se suma la pluralidad de espacios en la Red y tecnologías emergentes sobre cómo ejercerla y divulgarla. El juego es el mismo, las reglas apenas han cambiado, pero los tableros son otros; y un jugador pugna por ganar protagonismo: el lector anónimo y el personaje o famoso de turno.</p>
<p>La crisis económica y el avance del mundo dual, analógico y digital remueven los pilares de la crítica literaria. Sobre su estado reflexionan 22 críticos y directores de los suplementos literarios más prestigiosos de Europa, Estados Unidos, América Latina y España. Un debate coral que invita al análisis y entabla un diálogo con los lectores.</p>
<p>Algunas de las conclusiones sobre este paisaje en continua transformación se pueden dividir en tres apartados: <strong>1.</strong> La reducción de páginas y espacios dedicados a la crítica, las directrices o filosofía de cada medio sobre la clase de textos que quiere brindar y la aparente mayor concesión al mercado en detrimento de la calidad. <strong>2.</strong> La revisión del ejercicio de la propia crítica a la cual le faltaría independencia, valentía, compromiso, rigor (ser menos complaciente) y profundidad (dar más elementos de valoración). <strong>3.</strong> La pérdida de la influencia de la crítica literaria justo ahora cuando más se necesita en una era de sobreinformación y proliferación de canales que distorsionan y tienden a igualar el arte, a lo cual se suma la confusión ante la democratización de la crítica desde la plaza virtual.</p>
<p>En línea con ese mundo dual, este trabajo se presenta de tres maneras complementarias: <strong>1.</strong> En la edición impresa el protagonismo es para nueve temas con las respuestas más clarificadoras. <strong>2.</strong> En la edición digital el foco recae en los participantes, ya que junto a este texto se adjuntan todas sus respuestas. <strong>3.</strong> Los lectores tendrán la palabra en el blog de <em>Babelia,</em> &#8216;Papeles perdidos&#8217;, a través de un debate que se abre hoy (<a href="http://blogs.elpais.com/papeles-perdidos/" target="_blank">http://blogs.elpais.com/papeles-perdidos/</a>).</p>
<p><strong>I. FUNCIÓN DE LA CRÍTICA</strong></p>
<p><strong>Marie Arana</strong></p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/11/Radiografia.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-8576" title="Radiografia" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/11/Radiografia-287x300.jpg" alt="" width="287" height="300" /></a>Escritora, exdirectora literaria del desaparecido <em>World Book,</em> de <em>The Washington Post,</em> y su actual escritora principal (Estados Unidos)</p>
<p>El crítico literario es un guardián cultural, un juez que ha leído mucho, conoce el canon literario y posee una amplia variedad de experiencias con muchos géneros. Nuestro trabajo consiste en actuar como lectores serios. Nuestro objetivo debería ser el de ubicar un libro, juzgarlo con la perspectiva de una larga tradición literaria. Somos informadores, educadores y animadores, todo en uno. Deberíamos ser concienzudos, interesantes, reflexivos. Es sobre nuestros hombros donde se sostiene la cultura del libro. Somos la conexión entre los escritores serios y los lectores serios. De nosotros depende que esa conexión siga siendo fuerte, esencial y vibrante.</p>
<p><strong>Claire Armitstead</strong></p>
<p>Editora literaria de <em>The Guardian</em> (Reino Unido)</p>
<p>Es una parte vital de la economía cultural. Una de las pocas formas capaces de poner un espejo delante de nuestra sociedad y sus valores. Tiene un valor social.</p>
<p><strong>Jordi Gracia</strong></p>
<p>Catedrático y crítico de <em>Babelia</em> de EL PAÍS (España)</p>
<p>Su función es muy modesta, y sin embargo tiene pleno sentido, y es insustituible en una sociedad civilizada: la capacidad de discutir, desmenuzar, impugnar, rebatir o elogiar los libros que se publican es casi la función natural de la vida intelectual privada y, por tanto, también pública.</p>
<p><strong>Alberto Olmos</strong></p>
<p>Escritor y crítico, gestiona el blog <em>Lector Malherido</em> y bloguero de <em>Hikikomori</em> (España)</p>
<p>La crítica debería hacerse fuerte en dos funciones concretas: <strong>1.</strong> Señalar los libros que, puntualmente, reflejan el espíritu de su tiempo y que ningún lector debería perderse. <strong>2.</strong> Contrarrestar el éxito de otras novelas que, menos puntualmente -de hecho, de forma habitual-, embrutecen el acto mismo de leer y abaratan el arte literario. Esta segunda función es la que la crítica literaria actual en España ha dejado por completo de satisfacer, ya sea por esnobismo, ya por presiones empresariales, ya por cobardía.</p>
<p><strong>II. ESTADO Y DIAGNÓSTICO</strong></p>
<p><strong>Bernard Pivot</strong></p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/11/Radiografia-de.jpg"><img class="alignright size-full wp-image-8577" title="Radiografia de" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/11/Radiografia-de.jpg" alt="" width="145" height="232" /></a>Periodista, crítico y divulgador cultural de programas de televisión como <em>Apostrophes</em> (Francia)</p>
<p>Respecto a la crítica que he conocido hace cincuenta años, tiene menos espacio, pero sigue existiendo. Incluso a veces vivaz. Cuando la crítica literaria está agrupada tiene una influencia importante. Cuando está aislada no tiene el poder que puede tener un programa de televisión e incluso de radio. Aunque no creo que la crítica literaria haya evolucionado mucho, salvo que tiene menos espacio. Se le pide sobre todo a los periodistas que escriban artículos menos largos.</p>
<p><strong>Paul Ingendaay</strong></p>
<p>Escritor, exeditor literario del <em>Frankfurter Allgemeine Zeitung (</em>Alemania) y corresponsal cultural en España</p>
<p>No se puede juzgar la calidad de la crítica literaria sin tener en cuenta las formas de divulgar la literatura en los medios de comunicación, igual que los criterios de su evaluación. En este sentido, el concepto de lo que se llamaba &#8220;literatura seria&#8221; se ha ido esfumando. Se podría decir que con la mezcla de géneros se ha democratizado, pero también es cierto que, con respecto a la calidad literaria, se ha bajado el listón.</p>
<p><strong>José María Guelbenzu</strong></p>
<p>Escritor y crítico de <em>Babelia. </em>EL PAÍS (España)</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/11/Radiografia-de-la.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-8578" title="Radiografia de la" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/11/Radiografia-de-la-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a>Si nos circunscribimos a la crítica literaria como tal crítica, sigue más o menos igual; si pensamos en las reseñas de los medios, creo que ha aumentado la complacencia y ha disminuido la exigencia.</p>
<p><strong>Philippe Lançon</strong></p>
<p>Crítico del suplemento literario de <em>Libération</em> (Francia)</p>
<p>En la prensa generalista ha empeorado sin duda. Los críticos no son más (ni menos) comprometidos que antes con las editoriales, con su propia vanidad y deseo de existir, de &#8220;ocupar el terreno&#8221;. Pero como los libros no tienen ya tanta importancia en la vida social y mental de los lectores, la crítica tampoco la tiene en los periódicos. La falta de tiempo, de espacio y de afán (por parte de los lectores, o al menos de estos lectores generalmente incultos que son ahora los directores de periódicos) la debilita mucho -la reduce como una cabeza de jíbaro-. Generalmente, la crítica se ha vuelto publicidad más o menos informativa. Es un problema mental, social y económico.</p>
<p><strong>Eliot Weinberger</strong></p>
<p>Escritor, traductor y crítico de medios como <em>The New York Review of Books (</em>Estados Unidos)</p>
<p>Estados Unidos no tiene la clase de suplementos literarios habituales en España y muchos otros países. Solo tiene una publicación periódica importante sobre crítica literaria: <em>The New York Review of Books.</em> Ya no hay críticos estadounidenses poderosos, como los había hasta la década de 1960, escribiendo en una prosa que era inteligible para cualquiera e introduciendo la literatura en los problemas políticos, sociales y morales del día. La llamada crítica &#8220;seria&#8221; ha pasado en su mayoría a ser dominio de los académicos, que escriben usando una jerga especializada, en la extraña creencia de que lo complejo solo puede presentarse por medio de frases impenetrables, y que parecen más preocupados por la crítica de la crítica que por la crítica de la literatura. El resto es publicidad principalmente: los extraordinariamente eficaces departamentos de <em>marketing</em> de las grandes empresas editoriales dictando aquello sobre lo que se escribirá en los periódicos y revistas. Uno se pregunta por qué sigue habiendo siquiera periodistas culturales. La crítica, en Estados Unidos, se ha reducido a las &#8220;recomendaciones&#8221;, que llegan a través de las reseñas, los blogs y Twitter. Los premios se han convertido en la validación estándar del mérito literario. No puedo pensar en un solo crítico estadounidense a quien uno pueda recurrir ahora en busca de ideas. Quizás esta sea la razón por la que el mundo es más confuso que nunca.</p>
<p><strong>José María Pozuelo Yvancos</strong></p>
<p>Escritor y crítico de <em>Abc Cultural,</em> de <em>Abc</em> (España)</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/11/Radiografia-de-la-critica-literaria.-Ilustracion_Eva_Vazquez.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-8580" title="Radiografia de la critica literaria. Ilustracion_Eva_Vazquez" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/11/Radiografia-de-la-critica-literaria.-Ilustracion_Eva_Vazquez-200x300.jpg" alt="" width="200" height="300" /></a>Se mueve en estratos distintos. Es tan diversa como la pluralidad de lectores y de medios de expresión. En términos globales me parece que la crítica literaria ha mejorado mucho en España, porque se ha aumentado el número de voces, pero también porque hay una mayor involucración de gentes muy prestigiosas en su ámbito. La antigua dicotomía entre crítica universitaria / crítica periodística se ha roto, y eso ha sido positivo para ambos lados.</p>
<p><strong>Marie Arana</strong></p>
<p>En Estados Unidos, la crítica literaria ha sufrido un golpe aparentemente mortal. En los últimos cinco años, periódicos que constituían la primera línea del debate inteligente sobre los libros se han visto obligados por las presiones económicas a recortar sus coberturas. La parte interesante es que el sector editorial en sí mismo ha conservado su fortaleza. Nadie lee menos, pero la manera de valorar los libros ha sufrido una gran transformación.</p>
<p><strong>Enrique Krauze</strong></p>
<p>Director de la revista <em>Letras Libres</em> (México)</p>
<p>La crítica en los periódicos independientes y la mayoría de las revistas de habla hispana deja mucho que desear. Por lo general, las reseñas son meros resúmenes de las obras, elogios indiscriminados o acercamientos teóricos. Falta casi todo: compromiso, penetración, discernimiento, profundidad, horizonte, pero sobre todo valentía. Atreverse a opinar con fundamento si una obra es buena o mala y por qué. La crítica de cine o la deportiva es mejor. ¿Por qué no tenemos la crítica literaria que necesitamos? Intervienen varios factores: compromisos editoriales, institucionales y hasta amistosos.</p>
<p>Santos Sanz Villanueva</p>
<p>Escritor y crítico de <em>El Cultural,</em> de <em>El Mundo</em> (España)</p>
<p>Más que mejorar o empeorar, la crítica hoy es distinta de cómo ha sido en el pasado desde que adquiriera un perfil definido en el siglo XIX. Hasta tiempos recientes era un elemento fundamental del sistema literario, formado por la cadena autor-lector-crítico. El último eslabón ha sufrido un desplazamiento de su función y ha sido sustituido por otros factores más determinantes: el <em>marketing,</em> la publicidad, el peso de la industria editorial, la arrasadora influencia de los medios audiovisuales.La cultura del espectáculo ha sustituido a la cultura del razonamiento y ha traído como consecuencia el relegamiento del crítico. Los críticos nos hemos quedado sin lectores, salvo los escritores, los profesores y una minoría muy interesada por las letras.</p>
<p><strong>III. VIRTUDES Y DEFECTOS</strong></p>
<p><strong>Jorge Aulicino</strong></p>
<p>Poeta y editor del suplemento <em>Ñ,</em> de <em>Clarín</em> (Argentina)</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/11/La-critica.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-8581" title="La critica" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/11/La-critica-203x300.jpg" alt="" width="203" height="300" /></a>Resaltan más sus defectos, por cuanto sus espacios han aumentado. Hay más espacios de crítica porque la industria aumentó. Y el principal defecto es la complacencia con ese estado. Los críticos están demasiado vinculados a la industria editorial; son, a la par que críticos, ensayistas o novelistas, o poetas o autores de libros de crítica. Por otra parte, comparten demasiados saraos y vida socioliteraria con los escritores, y no quieren pelearse con ellos. Hay muchas excepciones, pero gran parte de la crítica resulta publicidad encubierta.</p>
<p>Jordi Gracia</p>
<p>La tendencia a creer en su empeoramiento es casi invencible. La crítica es más previsible para muchos porque nosotros mismos somos los previsibles. El rasgo más llamativo es la propensión a una brevedad extrema que tiende a favorecer el impresionismo analítico y el comentario de lectura más que el análisis metódico o contextualizado o vinculado a otras obras y tradiciones.</p>
<p><strong>Claire Armitstead</strong></p>
<p>El mayor problema (a diferencia de otras artes) es que no hay ninguna estructura profesional en ella, de modo que la mayoría de los críticos tienen que combinar las reseñas con ganarse la vida ya sea como escritores o como profesores, lo cual pone en peligro su independencia.</p>
<p><strong>José María Pozuelo Yvancos</strong></p>
<p>Hay dos principales defectos: el primero, de carácter general, es que la critica ejercida en un periódico o suplemento no siempre se separa bien de las leyes del mercado, porque el mismo suplemento, el medio, también es mercado, y debe hablar de lo que la gente habla. Esta pulsión de novedad, y de énfasis en &#8220;estar en la onda&#8221;, es el principal defecto. Si la crítica termina hablando igual que el mercado y sigue sin más sus leyes se hará innecesaria por redundante. Refiriéndome al crítico, el principal defecto es que crea que su gloria o su lugar coincide con el que le concede el periódico. Muchas veces la mucha significación del crítico es directamente proporcional a su insignificancia. En cuanto a las virtudes: qué bien que una pequeña editorial o una autora de la que el mercado no habla sale a superficie porque un suplemento (o un crítico) llama la atención sobre ella, y la descubre. Contribuir a la visibilidad de quien vale, incluso al margen del mercado, seria quizá la mejor virtud de la crítica.</p>
<p><strong>Mario Jursich</strong></p>
<p>Periodista, escritor y subdirector de la revista <em>El Malpensante</em> (Colombia)</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/11/La-critica-literaria.-Portada.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-8582" title="La critica literaria. Portada" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/11/La-critica-literaria.-Portada-300x137.jpg" alt="" width="300" height="137" /></a>Las virtudes son más o menos las mismas de siempre: iluminar el sentido de un libro, ponerlo en relación con su contexto y con otros libros, explicar sus mecanismos de composición, etcétera. Los males son básicamente dos: <strong>1.</strong> La idea firmemente arraigada de que la crítica literaria no es una instancia de reflexión sino parte del proceso de promoción del libro. <strong>2.</strong> La convicción, no menos arraigada, de que la mala prosa es fundamental para hablar de literatura.</p>
<p><strong>Marie Arana</strong></p>
<p>En Estados Unidos ha perdido su vigor. Hay poca espontaneidad y emoción en el análisis de los libros. Si existe espontaneidad es en la dispersión de blogs literarios, pero son indisciplinados, están pobremente escritos y, a menudo, descuidados. Ninguno se ha revelado como una voz influyente.</p>
<p><strong>Iván Thays</strong></p>
<p>Escritor y bloguero de <em>Moleskine literario</em> y <em>Basta de carátulas</em> (Perú)</p>
<p>Su principal virtud está en no haber cedido, en la mayoría de los casos, al lector menos aventajado, el no haberse trivializado (como sucedió con las reseñas literarias, cada vez más parecidas a contratapas). Su principal defecto es no conseguir deshacerse del lenguaje académico codificado, el crear tendencias que no existen y el distanciarse de los nuevos fenómenos (salvo excepciones). Lo peor es que la crítica sigue buscando ser canónica y sesgada, pese a que la literatura actual es anticanónica y más bien dispersa y muy versátil.</p>
<p><strong>Bernard Pivot</strong></p>
<p>El principal defecto es cuando los críticos escriben para ellos mismos o sus amigos. No escriben para el público.</p>
<p><strong>IV. EL PAPEL DE LOS MEDIOS</strong></p>
<p><strong>Jordi Gracia</strong></p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/11/Radiografia-de-la-cr.1.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-8583" title="Radiografia de la cr." src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/11/Radiografia-de-la-cr.1-300x65.jpg" alt="" width="300" height="65" /></a>El ejercicio de la crítica -la discriminación, la valoración, la ponderación- como función fundamental en una sociedad viva y como secuela casi necesaria de ese ejercicio se desprende la orientación sobre lo que son los libros que se publican de acuerdo con cada crítico o comentarista.</p>
<p><strong>Gustavo Guerrero</strong></p>
<p>Profesor de la Universidad de Cergy-Pontoise y consejero literario para el español de Gallimard (Francia)</p>
<p>Las políticas de los suplementos y revistas literarias son muy diversas. Quizá su virtud principal radique justamente en esa diversidad que nos muestra cómo se ha instalado el pluralismo en la vida literaria y cómo se ha desterrado la idea de que existe una jerarquía de valores única en cuestiones de estética. Hoy una novela o un poemario pueden ser buenos, mejores o peores para distintos públicos de muy distintas maneras, lo cual no implica que todo valga, sino que el valor literario es una construcción social que resulta de una apreciación y unos arbitrajes susceptibles de crear consensos más o menos extensos, estables y duraderos.</p>
<p><strong>Mario Jursich</strong></p>
<p>No es posible ni deseable que todos cumplan el mismo rol. Eso dependerá de la personalidad y los intereses de quienes dirijan esas revistas, esos suplementos, esas radios o esas webs.</p>
<p><strong>Iván Thays</strong></p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/11/Bosch_juan1.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-8584" title="Bosch_juan" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/11/Bosch_juan1-e1322331999919-300x241.jpg" alt="" width="300" height="241" /></a>Mientras más suplementos literarios impresos cierran, más blogs literarios aparecen. La crítica literaria o el comentario de libros por Internet es una selva tupida en donde hay de todo. Uno debe andar muy atento y con un buen machete para abrirse camino por esa jungla donde todos tienen algo que decir, y lo dirán. Y ya sabemos: la ignorancia es atrevida. Creo que un blog o un <em>website</em> con rigor puede tener más importancia que un suplemento escrito. Lo fundamental es el contenido, sea la plataforma que sea.</p>
<p><strong>V. DESAFÍOS DEL NUEVO PAISAJE</strong></p>
<p><strong>Gustavo Guerrero</strong></p>
<p>Ante los demasiados libros que se publican, nunca antes el lector ha tenido tal necesidad de mediadores y nunca antes los mediadores han brillado tanto por su ausencia. No es fácil imaginar una salida para esta situación. La recomposición del paisaje mediático y tecnológico a la que estamos asistiendo quizás abra algunas puertas. Si la crítica quiere recobrar al menos una parte de su influencia social, va a tener que entrar en una dinámica multimedia porque el impacto de lo escrito se ha ido debilitando y tiene un alcance cada vez más limitado, sobre todo ante las posibilidades que ofrecen los medios audiovisuales e Internet.</p>
<p><strong>Juan Antonio Masoliver Ródenas</strong></p>
<p>Escritor y crítico de <em>Culturas,</em> <em>La Vanguardia</em> (España)</p>
<p>Internet llega de una forma más inmediata al lector. Hay blogs y revistas excelentes que compensan la escasez de revistas impresas. Pero nada impide la improvisación, el <em>amateurismo,</em> el narcisismo y confundir criticar con destruir. Hay mucho camino por recorrer y de momento aún vivimos en el caos. Pero la crítica -el lenguaje crítico- no ha cambiado. Sí ha cambiado el acceso, mucho mayor.</p>
<p><strong>Marie Arana</strong></p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/11/Carlos-Vazquez-Cruz1.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-8585" title="Carlos Vazquez Cruz" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/11/Carlos-Vazquez-Cruz1-194x300.jpg" alt="" width="194" height="300" /></a>El verdadero desafío proviene de los tiempos que vivimos. Hemos llegado a un punto en el que mucha de la información ya no se procesa de manera tradicional. Internet es cualquier cosa menos algo &#8220;desconectado&#8221;, como es el libro. Está intrincadamente conectada y ha cambiado nuestra forma de pensar y leer. Alimentada por un número interminable de escritores, la Red está pensada para un número interminable de lectores. Los desafíos y problemas de la crítica están vinculados a la supervivencia de los periódicos.</p>
<p><strong>Philippe Lançon</strong></p>
<p>Más independiente. Más resistente al espíritu de publicidad y de negocio. Más lenta, más elitista. Y, sobre todo, mejor escrita.</p>
<p><strong>Claire Armitstead</strong></p>
<p>Internet ha hecho que la crítica informada, procedente de una fuente fiable, sea más importante que nunca. En cuanto al modo de ofrecer eso en el siglo XXI, todavía estamos tratando de averiguarlo. Mi propia impresión es que tenemos que adoptar la variedad que ofrecen las nuevas tecnologías y encontrar formas de llevar la crítica a una nueva generación de &#8220;lectores&#8221; a través del medio que prefieran.</p>
<p><strong>José María Pozuelo Yvancos</strong></p>
<p>Las revistas literarias tienen que pasar a la Red, pero no abdicar de lo que es propio de ellas. Ningún suplemento literario llama a cualquiera para que hable según le parezca, sino que los buenos se han rodeado de expertos, han reclamado el concurso de quienes saben hablar el idioma literario. La única posibilidad de existencia futura de la revista cultural o del suplemento es ser diferente, dar lo que otros medios no dan.</p>
<p><strong>VI. ¿UN PUNTO DE REFERENCIA EN EL CIBERESPACIO?</strong></p>
<p><strong>Paul Ingendaay</strong></p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/11/Canonizador_Harold_Bloom_1.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-8586" title="Canonizador_Harold_Bloom_" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/11/Canonizador_Harold_Bloom_1-200x300.jpg" alt="" width="200" height="300" /></a>No, los medios están al alcance de todos. Serán los lectores quienes decidan si de verdad necesitan una &#8220;crítica literaria&#8221; en el sentido tradicional. Internet nos ha traído otras formas de debate igual de válidas. Es un punto de referencia para lectores que no intercambiaban opiniones.</p>
<p><strong>Philippe Lançon</strong></p>
<p>No sé. Es un momento revolucionario para toda la prensa, y sobre todo para la prensa cultural: la legitimidad del &#8220;gran crítico&#8221; o de tal periódico ya casi no existe. La figura del &#8220;gran crítico&#8221; desapareció más o menos con la del &#8220;gran escritor&#8221;. Sin embargo, la gente necesita más que nunca puntos de referencia cultural, pues el problema del &#8220;gusto&#8221; se ha vuelto muy importante para la personalidad de cada uno. Lo que no veo es cómo se van a desarrollar nuevos puntos de referencia.</p>
<p><strong>Jorge Aulicino</strong></p>
<p>La democratización de la crítica, la opinión, la información -esto implica el espacio virtual interactivo- requiere más que nunca puntos de referencia. El periodismo profesional no puede ser reemplazado por la información <em>amateur.</em> Aun en la Red. Primero, porque el periodismo es un trabajo colectivo con profesionales. Producir información, justamente por impulso de la globalización, requiere equipos, recursos humanos, tecnología, que cada uno por sí mismo no está en condiciones de tener. Los lectores pueden encontrar crítica muy buena dentro o fuera de los grandes medios, pero la calidad de esa crítica se deberá siempre a lo mismo: la calidad de lectura y de la escritura del crítico.</p>
<p><strong>Alberto Olmos</strong></p>
<p>El líder de opinión o creador de tendencias es connatural al juego social y a su inabarcabilidad, por lo que los lectores van a tomar siempre a algún emisor de opiniones como guía. La situación es que ese &#8220;punto de referencia&#8221; no tiene por qué venir enmarcado en un medio tradicional, sino que puede ser cualquier persona que consiga transmitir a su vez un gusto coherente y una práctica honesta de su labor opinativa.</p>
<p><strong>Jordi Gracia</strong></p>
<p>Convertirse en punto de referencia es un efecto o una consecuencia del ejercicio de la crítica. Y tanto los blogs o las revistas digitales como los suplementos o las revistas tradicionales son capaces de concitar esa forma de respeto o de mera atención por parte de otros lectores. La multiplicación de canales de opinión propicia una nueva pluralidad de puntos de vista y es en esa diversidad donde ahora mismo está fabricándose la posibilidad de un crítico solvente o de una revista más respetable que otra.</p>
<p><strong>II. INFLUENCIA Y PODER EN JAQUE</strong></p>
<p><strong>José María Guelbenzu</strong></p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/11/Fidela-Matheu-y-Adrian.-portada2.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-8587" title="Fidela Matheu y Adrian. portada" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/11/Fidela-Matheu-y-Adrian.-portada2-196x300.jpg" alt="" width="196" height="300" /></a>Ha perdido la misma influencia que los pensadores y los intelectuales en general; pero, sobre todo, no ha incorporado lectores de manera significativa. ¿Quién tiene que cambiar para que eso ocurra? ¿El crítico? ¿Los nuevos lectores?</p>
<p><strong>Philippe Lançon</strong></p>
<p>Ha perdido casi todo su poder. Para luchar con eso, cada crítico, cada servicio literario, debe luchar primero en su propia empresa para tener más espacio, más libertad, más capacidad para hablar de lo que le gusta, y no necesariamente de los libros de moda.</p>
<p><strong>Claire Armitstead</strong></p>
<p>El poder de la crítica literaria se ha reducido por tres motivos principalmente: los periódicos tienen menos lectores, la crítica no es una forma de periodismo que esté de moda y la mayoría de las reseñas carecen de relevancia para el mercado mayoritario en el mundo anglosajón, porque los libros del mercado mayoritario rara vez son literarios, así que les resulta más útil la publicidad que los juicios críticos. Para el libro apropiado, sin embargo, las buenas reseñas pueden representar la diferencia entre existir y desaparecer sin dejar rastro. Es importante recordar que el propósito de una reseña de un libro no es vender libros, es ubicarlos en el contexto del panorama cultural.</p>
<p><strong>J. Ernesto Ayala-Dip</strong></p>
<p>Crítico de <em>Babelia. </em>EL PAÍS (España)</p>
<p>Si el poeta en la sociedad burguesa del segundo imperio francés había perdido su aura, como nos enseña Walter Benjamin en la figura de Baudelaire, el crítico ya había nacido sin ella. Ser consciente de ello es crucial para sobrellevar con inteligente dignidad la labor crítica. En palabras de Sartre: el crítico literario es el pariente tonto de la familia social. Así que me niego a hablar de influencia ni de poder. Somos profesionales de la lectura analítica. Y, aunque a veces no lo parezca, la crítica es un género literario. Cuando un crítico es bueno, se lo lee, no sólo para que influya en una dirección determinada, sino también por el simple placer de leerlo.</p>
<p><strong>Jordi Gracia</strong></p>
<p>No estoy seguro de que haya tenido mucho poder antes, excepto en momentos muy concretos, pero seguramente la segmentación de la crítica ha hecho que su influencia sea más dispersa y leve frente a una operación de signo contrario, que es el incremento sustancial de la capacidad publicística de las grandes editoriales. El efecto vuelve a ser un sistema de crítica literaria segmentado, atomizado en múltiples focos, e invisibilizado por la potencia hegemónica de otros instrumentos públicos.</p>
<p><strong>Gustavo Guerrero</strong></p>
<p>Hasta hace unos años, la crítica no era solo una herramienta hermenéutica sino también un instrumento de regulación del mercado que, al crear consensos de opinión, administraba el valor literario. Pero en las últimas décadas es cada vez menos capaz de cumplir con esta misión, en parte, porque sus canales de difusión se han ido estrechando mientras que el volumen de libros crece; y en parte, porque con la incorporación del sector editorial a las industrias culturales de masas y con el desarrollo de agresivas políticas comerciales se ha ido reduciendo sensiblemente la influencia de la crítica, el periodismo, la academia y la enseñanza en la producción del valor literario.</p>
<p><strong>Paul Ingendaay</strong></p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/11/voltaire.jpg"><img class="alignright size-full wp-image-8588" title="voltaire" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/11/voltaire-e1322332161374.jpg" alt="" width="200" height="283" /></a>Su influencia en un país concreto, salvo excepciones, siempre será limitada en el extranjero. Idiomas de gran divulgación o dominio como el inglés sí tienen sus críticos influyentes (Harold Bloom, George Steiner). El factor comercial parece que es más fuerte hoy que hace décadas.</p>
<p><strong>VIII. DEMOCRATIZACIÓN EN LA RED </strong></p>
<p><strong>Claire Armitstead</strong></p>
<p>Tuvimos un gran debate sobre si abrir las reseñas a los comentarios de los lectores en la web, y finalmente decidimos hacerlo fundamentándonos en que valoramos las opiniones y experiencias de nuestros lectores y en que ellos querían implicarse más. Nuestra experiencia ha sido la de que, cuando el crítico está preparado para responder a las críticas, ello puede intensificar el compromiso con un libro. Estamos al comienzo de un viaje con nuestros lectores en esto, ya que es una tradición muy nueva dentro de la cultura literaria.</p>
<p><strong>Bernard Pivot</strong></p>
<p>Cuanta más gente se interese en los libros, mejor. La crítica se democratiza en Internet. Pero estamos en lo mismo, es un fenómeno de masas. Cuando los internautas son decenas o cientos en recomendar un libro, tiene influencia en su compra. Pero críticas aisladas en Internet no harán que se venda.</p>
<p><strong>Alberto Olmos</strong></p>
<p>Es una opción que sirve de aviso a los críticos y a su particular esnobismo, que les lleva a creer que las ventas de un libro no tienen nada que ver con su calidad. Por amiguismo, círculos de influencia y papanatismo intelectual ha llegado a considerarse que cuanto menos vende un libro más merece ser considerado entre los críticos, lo que ha llevado a que los lectores descrean de juicios estomagantemente sibaritas y empiecen a atender a los juicios de los lectores rasos.</p>
<p><strong>Mario Jursich</strong></p>
<p>Pienso que la crítica literaria no es un asunto de expertos; por eso me parece una opción saludable que además ha contribuido a volver más plural el contenido de algunos diarios. Ahora, esas colaboraciones deben ser tratadas con el mismo rigor editorial que se aplica a los profesionales.</p>
<p><strong>Enrique Krauze</strong></p>
<p>Me parece bien, pero el problema básico de un editor es el mismo: discriminar. Seleccionar las notas de aquellos lectores que sí han leído el libro y tienen algo que aportar a la conversación, de aquellos que utilizan el foro para el insulto y la descalificación.</p>
<p><strong>Jorge Aulicino</strong></p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/11/portada-de-la-primera-edicion-de-entre-dos-silencios-de-hilma1.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-8589" title="portada-de-la-primera-edicion-de-entre-dos-silencios-de-hilma" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/11/portada-de-la-primera-edicion-de-entre-dos-silencios-de-hilma1.jpg" alt="" width="205" height="298" /></a>El <em>efecto Amazon</em> no anulará la crítica. Leo los comentarios de lectores. Leo el correo de los lectores en <em>Ñ.</em> No hay una democratización de la crítica sino de la opinión. No creo que la opinión de la crítica pueda ser anulada por la opinión de los lectores.</p>
<p><strong>Gustavo Guerrero</strong></p>
<p>No veo nada malo en que cada cual exprese sus gustos y favoritismos, pero lo que veo perverso es que esa libertad se utilice subrepticiamente para seguir reduciendo el ya escaso ascendente de la mediación de crítica en la creación de valor y el mercado.</p>
<p><strong>Jordi Gracia</strong></p>
<p>Es un episodio más del impudor y la impunidad frenética que ha despertado la Red y que puede tener efectos positivos cuando de esos colaboradores espontáneos -o incluso filtrados por la redacción- aparezcan autores capaces de atraer la atención de los demás, tanto por razones banales como por razones literarias. El intrusismo ha sido una auténtica bendición para la literatura del siglo XX, aunque de ese funcionamiento un tanto anárquico haya podido salir también parte de las taras mismas del sistema.</p>
<p><strong>Ni golpear, ni babear </strong></p>
<p><strong>Reglas para una crítica equilibrada</strong></p>
<p><strong>1.</strong> Situar al autor, decir quién es y lo que representa el libro en su obra.</p>
<p><strong>2.</strong> Ubicar el libro y juzgarlo con la perspectiva de una larga tradición literaria.</p>
<p><strong>3.</strong> Argumentos razonados y con ejemplos para que el lector pueda comprender y evaluar.</p>
<p><strong>4.</strong> Informar, educar y entretener.</p>
<p><strong>5.</strong> Poca sinopsis y trama.</p>
<p><strong>6.</strong> Informar sobre el estilo, el significado y la carga simbólica del libro.</p>
<p><strong>7.</strong> Decir lo que piensa el autor sobre el tema del libro.</p>
<p><strong>8.</strong> Decir lo que el crítico piensa sobre lo que el autor del libro dice sobre el tema del libro.</p>
<p><strong>9.</strong> Ni golpear ni babear, una opinión ponderada y una fundamentación mesurada son más convincentes que un exabrupto.</p>
<p><strong>10.</strong> Prohibir los adjetivos publicitarios, quien debe concluirlos es el lector.</p>
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		<title>¿Hubo matriarcados en la América Prehispánica?</title>
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		<pubDate>Sat, 27 Aug 2011 17:11:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mediaIsla</dc:creator>
				<category><![CDATA[Voces]]></category>

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		<description><![CDATA[RIMA DE VALLBONA [mediaIsla] Conforme se efectuaban las guerras expansionistas de los imperios indígenas, se fue excluyendo a las mujeres del ámbito de política, religión, economía, cultura e instituciones militares. El signo mujer perdió entonces fuerza y dominio Los conquistadores que llegaron al Nuevo Mundo saturados de fantasías de las novelas de caballería, en esas [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/08/AZTECAS-PAREJA-AZTECA-SENTADA.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-7677" title="AZTECAS- PAREJA AZTECA SENTADA" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/08/AZTECAS-PAREJA-AZTECA-SENTADA-290x300.jpg" alt="" width="290" height="300" /></a>RIMA DE VALLBONA </strong>[<a href="http://mediaisla.net/revista"><em>mediaIsla</em></a>] <strong>Conforme se efectuaban las guerras expansionistas de los imperios indígenas, se fue excluyendo a las mujeres del ámbito de política, religión, economía, cultura e instituciones militares. El signo mujer perdió entonces fuerza y dominio</strong></p>
<p>Los conquistadores que llegaron al Nuevo Mundo saturados de fantasías de las novelas de caballería, en esas exóticas tierras vieron o pretendieron ver hecho realidad lo imaginado, como la presencia de Amazonas, sirenas, dragones y otros entes fantásticos. Además, hay que considerar que esos conquistadores, pese a que ya habían entrado en el Renacimiento, trajeron a las tierras conquistadas las falsedades y misterios de la Edad Media; a todo esto hay que agregar “las historias de marineros […] y de viajeros como Marco Polo, Sir John Mandeville y el caballero Tafur […, quienes traían] rumores de islas misteriosas con extrañas formas de vida, hidras, gorgonas, sirenas, horrendos Calibanes y cantantes Arieles”.</p>
<p>El primero en dejar constancia escrita de las maravillas sorprendentes que presenció en la geografía de América, fue Cristóbal Colón. El almirante compara el clima y la vegetación de las primeras islas divisadas, con los de Andalucía en el mes de abril y queda admirado ante el “cantar de pajaritos que parece que el hombre nunca se querría partir de aquí, y las manadas de los papagayos que oscurecen el sol; y aves y pajaritos de tantas maneras y tan diversas de las nuestras que es maravilla”. En esos fascinantes dominios de maravilla, no es extraño que Colón haya visto tres sirenas “que salieron bien alto de la mar [pero] no eran tan hermosas como se pinta[ba]n”.</p>
<p>¿Y qué mayor aturdimiento para aquellos hombres que venían de la pusilánime Castilla medieval, de altos cuellos y abundantes vestimentas, que ver a las taínas mozas desnudas y que solo traían “por delante de su  cuerpo una cosita de algodón que escasamente les cobija[ba] su natura”?<del cite="mailto:Rima%20Vallbona" datetime="2011-08-09T00:08"> </del></p>
<p>De asombro en asombro, de portento en portento, fue así como se inició entre esos rudos hombres el mito de las amazonas. Y ¿quién sino Colón, fue el primero que dio la noticia de “la isla Matinino que era poblada de mujeres sin hombres” y que había otras islas, donde “hallaron muchas estatuas en figuras de mujeres […] muy bien labradas”.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/08/CHOROTEGAS-NICOYA-DANZA-INDIGENA.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-7678" title="CHOROTEGAS -NICOYA -DANZA INDIGENA" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/08/CHOROTEGAS-NICOYA-DANZA-INDIGENA-300x283.jpg" alt="" width="300" height="283" /></a>Gonzalo Fernández de Oviedo aporta al dato de Colón lo siguiente: hay  mujeres indígenas que “viven en repúblicas e son señoras sobre sí, a imitación de las Amazonas”. A lo largo de su crónica suministró datos de que algunos conquistadores, bajo el mando de Jerónimo Dortal, hallaron en tierra firme “pueblos, donde las mujeres [...eran] reinas o cacicas e señoras absolutas, e manda[ba]n e goberna[ba]n, e no sus maridos, aunque los ten[í]an”. Nuño Guzmán y sus huestes, conquistadores de Nueva Galicia (Jalisco), “tuvieron nueva de una población de mujeres, e luego nuestros españoles las comenzaron a llamar amazonas”. Nuño de Guzmán otorgó permiso a Gonzalo López, su maestre de campo, para explorar esa región; éste, con el permiso de ellas, entró con su tropa en el pueblo donde vivían, llamado Çiguatán o Ciguatlam, vocablo que quiere decir “Pueblo de Mujeres”. Ellas “diéronles muy bien de comer e todo lo nescesario de lo que tenían. Aquella república es de mill casas y muy bien ordenada; e súpose, dellas mismas, que los mancebos de la comarca vienen de su cibdad cuatro meses del año a dormir con ellas, e aquel tiempo se casan con ellos de prestado e no por más tiempo, sin ocuparse en más de las servir e contentar en lo que ellas les mandan que hagan de día en el pueblo o en el campo. [...] E cumplido el tiempo que es dicho, ellos todos se van a sus tierras [...]. Y si quedan esas mujeres preñadas, después que han parido, envían los hijos a sus padres para que los críen [...]; e si paren hijas, retiénenlas consigo, e críanlas para aumentación de su república”.</p>
<p>Tiempo después Nuño de Guzmán afirmó que no era cierto, pues cuando él volvió al sitio, halló a algunas casadas “e que lo tienen por vanidad”. Sin embargo, hoy en día Blanca López de Mariscal afirma que esta noticia “no está en absoluto reñida con la forma en que se describe la organización social de las mujeres de Cihuatlán (un pueblo que aún hoy lleva este nombre, situado en el estado de Jalisco, muy cercano a la frontera con Colima). Ellas reciben a los mancebos de la comarca a su entera conveniencia”.</p>
<p>También Fernández de Oviedo menciona que el gobernador Jerónimo de Dortal y sus acompañantes  hallaron “en muchas partes, pueblos donde las mujeres eran reinas o cacicas e señoras absolutas, e manda[ba]n e gob[ernab]an, e no sus maridos, aunque los […tuviesen]; y en especial una, llamada Orocomay, que la obedescen más de treinta leguas en torno de su pueblo”. Ella sólo se hacía servir de mujeres y en su pueblo no vivían hombres, salvo los que ella misma llamaba para realizar trabajos o enviarlos a la guerra.</p>
<p>Asimismo se tuvieron noticias del capitán Francisco de Orellana y los descubridores que navegaban con él, que la cacica Conori gobernaba en Tierra Firme, en Quito (entre el río Marañón y el Río de la Plata o Paraguanazú), un territorio de más de trescientas leguas<strong> </strong>“pobladas de mujeres, sin tener hombres consigo. [... Conori era] muy obedescida e acatada e temida en sus reinos e fuera de ellos, en los que le [eran] comarcanos. E t[enía] subjetas muchas provincias que la obedesc[ía]n e t[enía]n por señora ”. Fernández de Oviedo explicó que era tanto el poderío de esta gobernanta, que le rendían obediencia y tributo “grandes señores e señorea[ba]n mucha tierra”.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/08/AZTECAS-Sahagun.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-7679" title="AZTECAS - Sahagun" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/08/AZTECAS-Sahagun-e1314464478740-185x300.jpg" alt="" width="185" height="300" /></a>En las crónicas abundan los  pasajes en los que se mencionan regiones gobernadas por cacicas; una de ellas fue la del pueblo llamado Jalameco; esta cacica recibió al gobernador Hernando de Soto con fastuosidad. Fernández de Oviedo cuenta que la “trujeron principales con mucha auctoridad en unas andas cubiertas de blanco (de lienzo delgado) y en hombros, e pasó en las canoas, e habló al gobernador con mucha gracia y desenvoltura. Era moza y de buen gesto, e quitóse una sarta de perlas que traía al cuello e echósela al gobernador por collar e manera de se congraciar e ganarle la voluntad&#8221;.</p>
<p>También, Fernández de Oviedo recogió en sus crónicas rumores de pueblos habitados y gobernados por mujeres en las costas de Venezuela, Colombia, Quito y México. Para hacer más verosímil la presencia de las amazonas en el Nuevo Mundo, en junio de 1542, fray Gaspar de Carvajal consignó que él y quienes lo acompañaban las vieron luchando como capitanas al frente de un batallón de hombres indígenas. Ellas peleaban tan valientemente que los hombres bajo su mando no se atrevían a rendirse y aquellos que intentaban retirarse, los mataban ahí mismo, ante los españoles. No obstante esas pruebas, Fernández de Oviedo  pone en tela de juicio el que en realidad fueran amazonas las que vivían en esos pueblos de mujeres, explicándolo como sigue: los cristianos las comenzaron a llamar amazonas, sin lo ser; porque aquellas que los antiguos llamaron amazonas, fue porque para ejercitar el arco y las flechas, seyendo niñas, les cortaban o quemaban la teta izquierda, e no les crescía, e dejaban la derecha para que pudiesen criar la hija que pariesen [... así pues, en griego,] amazona quiere decir <em>sin teta”</em>.</p>
<p>Basada en esas y otras noticias, la antropóloga Laurette Séjourné dedica parte de sus investigaciones a seguir la pista a los vestigios matriarcales que se observan en algunas comunidades nativas del Nuevo Mundo, como el hecho de que “el hombre no se avergüenza de hacer las tareas juzgadas en otras partes como indignas del sexo fuerte”. Una de las pruebas, a su entender, se puede apreciar en lo que ocurría en Ecuador y en los alrededores del Cuzco, donde, según Cieza de León, las mujeres labraban los campos y beneficiaban las tierras y las mieses, y los maridos hilaban, tejían y se ocupaban en hacer ropas. Además, hay que tomar en cuenta lo que fray Bartolomé dice de los hombres que no eran “para mujeres” o habían perdido su virilidad, los cuales usaban “vestidos femíneos, para dar noticia de su defecto, pues se habían de ocupar en hacer las haciendas y ejercicios de mujeres”.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/08/AZTECAS-MUJERES-fuego-nuevo1.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-7686" title="AZTECAS MUJERES fuego nuevo" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/08/AZTECAS-MUJERES-fuego-nuevo1-187x300.jpg" alt="" width="187" height="300" /></a>Una de esas comunidades es la chorotega. Por mandato del gobernador Pedrarias Dávila, fray Francisco de Bobadilla efectuó una entrevista a los nativos de Nicaragua durante el tiempo que pasó en esa región adoctrinándolos; dicha entrevista la reprodujo Gonzalo Fernández de Oviedo en su <em>Historia general y natural de las Indias,</em> en la cual se pueden apreciar los muchos privilegios que tenían las mujeres chorotegas. Empezaré por explicar quiénes eran los chorotegas o mangues: descendientes de los habitantes de Chiapas, México, los chorotegas se establecieron en la reducida región de la Gran Nicoya, hacia el siglo XIV D.C.  Clavijero cuenta que “al llegar a Xoconusco, [los chiapanecas] se dividieron, yendo unos a poblar Nicaragua y quedaron los restantes en Chiapas”. La Gran Nicoya, donde se establecieron, constituía un puente entre el norte y el sur y por tanto, el entrecruce de varias culturas, como las de Colombia en el año 1000 D.C., otra de México, cincuenta años después de la chorotega y la de los caribes de Venezuela, en 1400 D.C.. La influencia de todas ellas sobre los chorotegas se puede apreciar en algunas de las costumbres, en especial las de los aztecas, pues practicaban, como ellos, la antropofagia ritual; de Colombia, el tratamiento del oro por el vaciado en cera.</p>
<p>Cuando llegaron los conquistadores y durante varios siglos después, la Península de Nicoya formaba parte del territorio de Nicaragua. En 1824 los habitantes de los pueblos de Santa Cruz y Nicoya efectuaron un plebiscito por medio del cual decidieron la anexión del Partido de Nicoya a Costa Rica. Esto explica que Fernández de Oviedo mencione siempre a Nicaragua al referirse a la Gran Nicoya. Sustenta el hecho de que el poderío de los aztecas llegó hasta esas regiones, vale explicar que el término Nicaragua procede de “<em>Nic-Anahuac</em>” que sugiere el sentido de “el Anáhuac de aquí”.<del cite="mailto:Rima%20Vallbona" datetime="2011-08-09T00:27"> </del></p>
<p>En muchos aspectos, los chorotegas o mangues de la Gran Nicoya, se destacaron por transgredir las estructuras del poderío azteca, por lo que se prestan como ejemplo de lo que podrían ser vestigios de un muy lejano matriarcado. Empecemos por señalar que en la sociedad chorotega algunos padres llevaban a sus hijas vírgenes al cacique y hasta le suplicaban que las desflorara. Esto lo hacían “para las honrar a ellas e a sus parientes, e luego se casaban con ellas de mejor voluntad los otros indios”.<del cite="mailto:Rima%20Vallbona" datetime="2011-08-09T00:29"> </del></p>
<p>Además, en los areitos o bailes participaban igualmente hombres y mujeres; ellas, “asidas de las manos, e otras, de los brazos, e los hombres en torno de ellas, más afuera”. Terminada la danza y los sacrificios rituales de algunos de los bailarines, “todas las mujeres dan una grita muy grande y se van huyendo al monte [...] contra la voluntad de sus maridos e parientes, de donde las toman a unas con ruegos, e a otras con promesas e dádivas, e a otras que han menester más duro freno, a palos o atándolas por algún día [...]; e a la que más lejos toman, aquélla es más alabada e tenida en más”.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/08/INCAS-Coya-Mama-Ocllo-o-Tocta-Cuca.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-7681" title="INCAS - Coya Mama Ocllo o Tocta Cuca" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/08/INCAS-Coya-Mama-Ocllo-o-Tocta-Cuca-163x300.jpg" alt="" width="163" height="300" /></a>Bien podría interpretarse con Lévi-Strauss que esta algazara o “guirigay” en todas las latitudes es signo y complot de una ruptura del orden, ruptura entendida como matrimonios desavenidos, eclipses, sacrificios, guerras, motines, etcétera. De acuerdo con esto se podría descifrar la gritería y huida de las mujeres como una protesta contra el régimen patriarcal que imponía guerras y horrendos sacrificios humanos.</p>
<p>A lo anterior hay que agregar que entre los chorotegas la prostitución era un  respetable oficio que practicaban algunas mujeres al precio de diez granos de cacao por sesión; este “dinero” estaba destinado a acumular una enjundiosa dote que atrajera a los mejores pretendientes; lo interesante es que era la joven la que escogía a su futuro marido, y no sus padres, como era costumbre entre los aztecas. Una vez casadas, en general las mujeres chorotegas no querían tener hijos para no estropear su belleza. Contrariamente a la costumbre de los aztecas, el aborto era muy corriente entre los chorotegas, siempre que lo aprobara el marido</p>
<p>Vale mencionar que el prostíbulo de las comunidades chorotegas se hallaba en el mercado o <em>tianguez</em>, y éste era administrado y atendido sólo por las mujeres, quienes vendían “esclavos, oro, mantas, maíz, pescado, conejo e caza de muchas aves, e todo lo demás”. A ningún hombre de la comunidad se le permitía la entrada, excepto a los mancebos que no habían conocido mujer, a los hombres de otros pueblos y a forasteros aliados.</p>
<p>Puesto que las mujeres chorotegas se cuidaban del trueque y trato de las mercancías, los hombres debían proveer los productos de su quehacer cotidiano, a saber, labranza, caza o pesca; pero antes que el marido saliera a cumplir con esas actividades, tenía que dejar barrida la casa y encendido el fuego. Dicha obligación asignada a los varones, bien podría interpretarse como una manifestación más propia del sistema matriarcal transgresor del patriarcado que tradicionalmente asigna esas tareas a las mujeres. Por todo lo anterior, los <em>nicaraos</em>, haciendo alarde de que eran “muy señores de sus mujeres” a las que mandaban y tenían sujetas a su voluntad, les echaban en cara a los chorotegas, sus vecinos, feroces y valientes guerreros, recriminándoles ser “mandados e subjetos a la voluntad e querer de sus mujeres”.</p>
<p>Además de los chorotegas, existen signos en otros grupos etnohistóricos que sugieren la presencia de lejanos matriarcados en la geografía del Nuevo Mundo. Por ejemplo, Fernández de Oviedo informa que las mujeres del Golfo de Urabá, en Castilla del Oro, “van a las batallas con sus maridos, e también, cuando son señoras de la tierra e mandan e capitanean su gente”, las llevan en andas, al igual que los señores, por una o dos docenas de indios.</p>
<p>Asimismo, Séjourné relata que en la actualidad han quedado en otros grupos indígenas supervivencias de algunas costumbres que practicaban los antiguos chorotegas, en especial, la de la presencia dominante de las mujeres en el tiánguez o mercados. La antropóloga lo experimentó en  Tehuantepec, donde todavía, en 1978 (fecha de publicación de su libro), “sería extraordinario encontrar a un hombre del lugar en el mercado [...]. Es evidente que sólo las mujeres venden en los mercados; los [...] hombres que allí se ven provienen de afuera”. Los lugareños pacientemente “esperan en el exterior de la cerca que lo rodea, que alguna mujer quiera llevarles lo que piden”. Ninguno de ellos se atrevería a instalar un puesto en esos tiánguez, pues las mujeres lo echarían en seguida con burlas y desprecios. En el pueblo de San Mateo del Mar de esa región, como vimos antes entre los chorotegas, son los varones los que realizan ciertas tareas atribuidas por tradición a la mujer; cuenta Séjourné que mientras la esposa reinaba en el mercado, el marido “lavaba la hamaca que fue destinada [para ella como huésped], cuidaba del fuego del hogar y cosía alegremente a máquina los huipiles” o camisas largas.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/08/Vallbona.-culturas-precolombinas.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-7682" title="Vallbona. culturas precolombinas" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/08/Vallbona.-culturas-precolombinas-246x300.jpg" alt="" width="246" height="300" /></a>Sustentan más la teoría de Séjourné los documentos contenidos en archivos de la nación, en especial el Archivo General del Estado de Oaxaca, Archivo Regional de la Mixteca, Tlaxiaco y el Archivo del Poder Judicial del Estado de Oaxaca, los cuales superan los datos suministrados por la etnohistoria oficial de los cronistas. Basándose en documentos de archivo de esas regiones, Ronald Spores suministra evidencia de la abundancia y riqueza de cacicas que durante la Colonia predominó en esa geografía. Entre dichas cacicas se destacan Ana de Sosa, Catalina de Peralta y María de Saavedra.</p>
<p>La primera, Ana de Sosa, fue cacica de Tututepec, una de las comarcas más fértiles de Mesoamérica, la cual abarcaba desde el Istmo de Tehuantepec hasta la frontera entre Oaxaca y el actual estado de Guerrero. Ana recibió el cacicazgo a raíz de la muerte de su marido, cerca de 1550 y mantuvo dicho puesto y autoridad hasta que en 1570 el título pasó a manos de su hijo, Melchor de Alvarado; éste defendió y mantuvo el puesto y poderío contra Alonso de Mendoza, hijo bastardo de su padre. En 1601, Isabel de Alvarado, nieta de Ana de Sosa, fue confirmada cacica de Tututepec y Juquila por el virrey y la audiencia de Nueva España. Ella tenía extenso número de bienes muebles e inmuebles, entre los que contaban propiedades, huertas, lagunas, ricas joyas, piedras preciosas y finísimas ropas. Spores explica que “sólo las posesiones de Hernán Cortés en el Valle de Oaxaca y de Tehuantepec, excedían las de Ana de Sosa. […] Sin duda alguna, a mediados del siglo XVI Ana de Sosa era la mujer más rica y poderosa, nativa o española, en el sur de Nueva España”.</p>
<p>La segunda cacica de Oaxaca fue Catalina de Peralta, quien en 1559 recibió el título real de cacica de Teposcolula después de un largo pleito legal contra Felipe de Austria de la familia poderosa de Tilantongo. Felipe era el viudo de la hija del difunto cacique de Teposcolula, Pedro de Osorio, quien no dejó herederos, por lo que el viudo reclamó que se le declarara sucesor. Catalina pudo substanciar su demanda como hija de la hermana de Osorio; asimismo, probó que ella era la legítima heredera, por ser nieta de gobernantes pre-hispánicos de Teposcolula. Éste fue un muy importante cacicazgo, tanto antes, como después de la Conquista. El precio legal declarado de los bienes de Catalina “abarcaba casas, joyas, tierras y huertas y era de <em>seis mil pesos de oro de minas y mucho más,” </em>enorme suma para aquellos tiempos . Las cursivas son del autor). Catalina pasó su vida defendiendo su herencia, pero murió sin dejar hijos, por lo que a finales del siglo XVI ese título recayó en un noble primo suyo.</p>
<p>Otra de las poderosas cacicas de la región mixteca fue doña María de Saavedra, quien en 1573 recibió el cacicazgo de Achiutla y Tlaxiaco, dos de los más grandes y ricos patrimonios nativos, que heredó de su padre, don Felipe de Saavedra. Con el fin de que doña María recibiera ese título, su padre impuso en su testamento la orden de que su hija debía casarse con su primo, el hijo de la hermana de él, doña Isabel de Rojas. En 1587 doña María de Saavedra contrajo matrimonio con su primo hermano, don Francisco de Guzmán, hijo del cacique de Yanhuitlan, Gabriel Guzmán y doña Isabel de Rojas de Tlaxiaco-Achiutla. Recordar que los mixtecas practicaban la endogamia, por lo que  era común para ellos el matrimonio entre primos durante la época pre-hispánica y la Colonia. Una vez cumplió con los requisitos impuestos en su testamento por su padre, los terrenos, pastizales, huertas, tributos que recibiría de los pueblos bajo su mandato y los bienes muebles e inmuebles que heredó doña María fueron incontables. Spores, el autor del artículo, dice que sus tierras y posesiones “eran las más extensas y valiosas, pertenecientes a un solo individuo en la provincia de Tlaxiaco a mediados del siglo XVI”; tanto, que en 1581 ella donó y vendió algunas de sus más fértiles tierras al monasterio dominicano de Tlaxiaco.  <del cite="mailto:Rima%20Vallbona" datetime="2011-08-09T12:41"></del></p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/08/Vallbona.-museo.jpg"><img class="alignright size-full wp-image-7683" title="Vallbona. museo" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/08/Vallbona.-museo.jpg" alt="" width="210" height="158" /></a>Spores menciona otras cacicas mixtecas menos poderosas que las de Tlaxiaco, Yanhuitlan y Teposcolula, como doña Juana de Rojas, titular del cacicazgo de Tlacotépec en el centro de la región mixteca, quien estaba casada con don Jerónimo de Rojas, cacique de Ocotepec. María López fue cacica de Tlacotepec, el cual, a su muerte, pasó a manos de doña Juana de Rojas, quien en un litigio probó que don Juan de Guzmán había usurpado el poder y  que a ella le correspondía ese título; ganó el litigio y quedó dueña del cacicazgo de Ocotepec y de Tlacotépec.</p>
<p>Algunos de esos cacicazgos siguieron siendo gobernados por mujeres, según Spores, hasta el siglo XVIII y otros continuaron hasta principios del XIX; ése fue el caso de doña Pascuaza Feliciana de Rojas, descendiente de doña Juana de Rojas, y cacica de Santo Tomás Ocotepec, Santa Cruz Nundaco y otras comunidades mixtecas. Más avanzada la Colonia, las mujeres mixtecas perdían sus privilegios y títulos, los cuales eran reñidos por sus propios parientes, comunidades vecinas, caciques, la orden de frailes dominicos, y hasta españoles, mestizos e indios. “Doña Pascuaza tuvo que defender sus derechos en varias ocasiones, de modo que sus herederos continuaron en posesión de sus tierras hasta muy entrado el período posrevolucionario”.</p>
<p>Powers continúa informando acerca del poderío de las mujeres mixtecas, quienes “heredaban títulos dinásticos por medio de descendencia directa, tal como los heredaban sus contrapartes masculinos y eran iguales a ellos en rango”. Asimismo los mixtecas desarrollaron un sistema de alianzas maritales endogámicas que produjo una multitud de pequeños cacicazgos desde el año 1000 DC. Estas indígenas mixtecas tendían a gobernar más que las mujeres del centro de México. Aparentemente, concluye Powers, lo que contaba en esa sociedad era el linaje y no el género.</p>
<p>Todas esas cacicas mixtecas eran miembros de la misma casta endogámica y estaban relacionadas a través del matrimonio o por vínculos familiares. De acuerdo con Spores, “las cacicas fueron activas e influyentes en la vida social, económica y política y representaron un importante papel en la formación de la sociedad colonial mixteca”.</p>
<p>Como dato curioso, Fernández de Oviedo cuenta que en el Nuevo Reino de Granada (hoy Colombia), habitaban los feroces panches. Durante las batallas, no son los hombres los que piden tregua o la paz, “sino la mujer o mujeres; porque dicen que son más amigables y más blandas para alcanzar la paz de los contrarios [...] y porque es mejor que mientan ellas, que no ellos”. Entre estos panches, las mujeres que no quieren casarse acostumbran llevar arco y flechas y van a la guerra con los hombres; ellas guardan castidad y “pueden matar sin pena a cualquier indio que les pida el cuerpo o su virginidad”.</p>
<p>Entre los incas existían grupos étnicos gobernados por mujeres llamadas <em>capullanas</em>, con el mismo poder y privilegios de los líderes masculinos. Cuando hacia 1530 llegaron los españoles, estas mandatarias mantenían su poderío en la costa norte del Perú. Aquí interesa mencionar el caso de doña Francisca <em>Sinagsichi</em>, cuyo mandato en las tierras del altiplano del Ecuador, fue legitimado por el Inca durante la conquista de los Andes del norte “en una doble ceremonia en la que a ella y a su esposo se les concedió separada jurisdicción sobre la gente de esa área”.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/08/AZTECAS-BAILARINAS.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-7684" title="AZTECAS - BAILARINAS" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/08/AZTECAS-BAILARINAS-285x300.jpg" alt="" width="285" height="300" /></a>Sin embargo, bajo el mandato de los españoles, las capullanas poco a poco fueron perdiendo su poderío; ése fue el caso de doña Francisca <em>Canapaynina</em>, quien se apoyó en la tradición de que las mujeres gobernaban antes de la llegada de los españoles, para reclamar ante las cortes el liderazgo de uno de esos grupos del altiplano; ella perdió su caso y el poder pasó a su marido, don Juan <em>Temoche</em>. En cuanto a la capullana doña Francisca Sinagsichi, del Ecuador, quien había recibido el poder de mano del Inca, después de la invasión de los españoles, las autoridades coloniales reconocieron sólo a su esposo, don Sancho <em>Hacho, </em>como el poderoso señor de la entera provincia de Latacunga, que abarcaba los dominios de su esposa. Además, por servicios militares, se le otorgó a él una encomienda, la orden de caballero y un escudo heráldico; así, el señor Hacho se convirtió en uno de los más ricos quitenses del siglo XVI. A doña Francisca se le concedió una propiedad hereditaria y en los expedientes españoles aparece sólo como la esposa legítima de don Sancho. En 1580, cuando doña Francisca preparaba su testamento, don Sancho la había abandonado y vivía en concubinato con doña Francisca <em>Chiguaranquil. </em>Esto la llevó a temer que su marido se aprovechara del sistema colonial que no favorecía en nada a las mujeres y le quitara poder político.</p>
<p>Refuerza el aserto de un posible matriarcado el hecho de que a lo largo de la geografía precolombina hubo regiones en las que persistía una conducta matrilineal. En el Imperio Inca existió, por ejemplo, entre los señores principales la supremacía de la herencia materna, sobre todo en las costas del Pacífico, donde el poder no iba  a manos del hijo del hermano, como lo expuso Cieza de León, sino “antes al hijo de la hermana, que deste preferían, diziendo que éste era más sierto heredero y sobrino que el hijo del hermano”, pues lo había parido la cuñada. También en Ecuador, “es el hijo de la hermana el heredero”, tal como lo explica López de Gómara. En lo que toca a los mayas, en Yucatán, por ejemplo, se le asignaba el primer lugar al nombre del clan de la madre, mientras que al clan del padre se le concedió ese privilegio poco antes de la llegada de los españoles.</p>
<p>La hegemonía de la mujer en comunidades como la de los chorotegas en el Golfo de Nicoya, las de Urubá en Castilla del Oro, y las de Tehuantepec y Oaxaca en México, ha dado motivo a la antropóloga Laurette Séjourné para interpretarla como un signo de que a la llegada de los españoles y hasta durante el siglo XX, todavía se podían apreciar vestigios de algún posible lejano matriarcado indígena. Es así que ella concluye que  “la supervivencia del conjunto cultural centrado en la filiación femenina no se observa más que en los países colindantes con el Pacífico, por lo que se puede pensar que el lugar de origen [del matriarcado] sea la región del actual Perú”.</p>
<p>No obstante, aquí se hace preciso aclarar que aún no se sabe si el matriarcado existió como un ciclo independiente de cultura, o sea que hubiese habido una etapa de la historia caracterizada por un absoluto predominio de la mujer. Sin embargo, existen ciertas estructuras ̶ el matrilocalismo, la ginecocracia  ̶  que realzan la importancia social, jurídica y religiosa de las mujeres. Empero,  Eliade explica que importancia no significa supremacía de ellas. Aquí conviene revisar lo siguiente: existe una hipótesis que fue adoptada por la escuela histórico-cultural, según la cual, las sociedades secretas de hombres surgieron como consecuencia del ciclo matriarcal: el objetivo de dichas sociedades consistía en disfrazarse de demonios para aterrorizar a las mujeres y así eliminar el poderío de ellas, producto del matriarcado. Eliade dice que no hay prueba de eso y que más bien “las sociedades secretas de hombres se derivan de los misterios de iniciación tribal”; las de las mujeres, en cambio, tienen su  origen en algunos ritos de iniciación durante la pubertad, conectados con la primera menstruación. Además, hay que tomar en cuenta que según los etnólogos, si hubo un matriarcado, este no fue un fenómeno primordial, pues ocurrió después del cultivo de las plantas y de la propiedad en tierra laborable.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/08/Vallbona.-partoazteca1.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-7688" title="Vallbona. partoazteca" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/08/Vallbona.-partoazteca1-180x300.jpg" alt="" width="180" height="300" /></a>Los inusuales comportamientos de la mujer nativa, los cuales desconcertaron a los conquistadores, podrían explicarse mejor echando mano a la acertada interpretación de la conducta indígena bajo la definición de paralelismo genérico auto-independiente y la descendencia paralela, que expone Powers de la siguiente manera: entre los aztecas, ese sistema posibilitaba a las mujeres a ocupar amplios espacios en los que sus quehaceres tenían un equivalente masculino. En una  sociedad en los que sus quehaceres tenían un equivalente masculino. En una sociedad con ese  sistema, las “mujeres y hombres operan en dos esferas separadas pero equivalentes, en las cuales cada género disfruta de autonomía”; como ejemplo, la autora expone el siguiente: tanto en la sociedad azteca como en la inca, las mujeres tenían sus propias organizaciones religiosas y políticas con su propia jerarquía de sacerdotisas y oficiales, como tenían los hombres en su esfera. Pese a que cada género funcionaba en su propia esfera, sus mundos eran altamente interdependientes y se juntaban en la cúspide del sistema político por el mandato de un señor supremo y su concejo.</p>
<p>Aquí conviene tomar en cuenta que en el sistema político y gubernamental, el puesto de máxima autoridad, después del monarca azteca, lo ejercía un hombre cuyo título era el de <em>cihuacóatl</em>, que quiere decir “mujer serpiente”. Ángel Mª Garibay, en el prólogo a la <em>Historia</em> de fray Diego Durán, presenta la siguiente interpretación de ese vocablo nahua: “<em>cihuacóatl, cihuacuatl, cihuacohuatl.</em> Grafías variadas. [...] Es el funcionario segundo en categoría; sigue al <em>tlacatecuhtli</em>, y es el representante del ‘principio femenino’. De ahí su nombre, que puede traducirse ‘Mujer serpiente’ o mejor ‘Comparte femenino’. Es el que sustituye al rey, como la mujer al marido en casa”. De esta estructuración mítico-simbólica de un doble principio vital podría derivarse el sentido de dignidad que se mantuvo entre los aztecas. A partir del monarca azteca y de cihuacóatl, su correspondiente en el poder, se aprecia una casi rigurosa correspondencia de las funciones de hombres y mujeres que reproducen las que cumplían las parejas sagradas en el Cosmos.</p>
<p>Interesa consignar que la anónima <em>Relación de Michoacán</em> recoge instancias en las que el rey o <em>cazonci</em> saludó a los sacerdotes diciéndoles: “‘madres, seáis bienvenidas’. Pues así era como se dirigían a los sacerdotes de la madre <em>Cuerauaperi</em>”. A lo anterior hay que agregar la tendencia nahua de llamar a sus gobernantes “padres y madres” del pueblo  ̶ explica Haskett ̶  lo cual significaba que tanto los varones como las mujeres en su función paternal eran necesarios para realizar un liderazgo adecuado.</p>
<p>Por su parte, Kellogg explica que “la base del paralelismo genérico se apoya tanto en las formas de cultura y pensamiento mexicanos, como en las creencias y estructuras mexicanas del parentesco. Aquéllos abarcan en especial dualidades y complementariedades, las cuales a veces ponen énfasis en contrastes y oposiciones”. En ese sistema del que participaban igualmente aztecas como incas, las mujeres no se consideraban subordinadas o menos importantes en el manejo exitoso de la sociedad. Por ejemplo, en las comunidades andinas, los hombres araban, las mujeres sembraban y los dos juntos recogían las cosechas. En Mesoamérica, mientras el hombre luchaba en los campos de batalla, las mujeres en la casa tenían que conservarla limpia y ordenada para así cumplir con su responsabilidad de mantener el equilibrio cósmico.</p>
<p>Algunos estudiosos del tema dicen que ese principio paralelístico fue socavado tanto por los aztecas como por los incas, pues con la expansión de sus imperios, la guerra llegó a ser la ocupación más prestigiosa; según ellos, fue así que las mujeres, que no podían ser guerreras, perdieron su estatus social. Otros como Louise Burkhart expusieron que esas sociedades desarrollaron entonces nuevas ideologías del género que equiparaban el rol de la mujer al de los guerreros. Eso se puede apreciar en el hecho de que el parto con éxito lo comparaban los aztecas con la victoria del guerrero en el campo de batalla, pues en el momento en el que la criatura salía del vientre de la madre, &#8220;la partera daba unas voces a manera de los que pelean en la guerra; esto significaba [...] que la paciente había vencido varonilmente, y que había <em>cautivado </em>un niño&#8221;. Además, las que morían durante su primer parto, recibían parecida gloria e igual tarea a la de los guerreros caídos en batalla: éstos, con sus rodelas y armas, “iban delante [... de Tonatiuh, el dios Sol] peleando, con pelea de regocijo, y llevábanlo así hasta el puesto de mediodía. [...] Las mugeres que morían en la guerra, y las que del primer parto fallecían [...iban] a la casa del sol, y [...residían] en la parte occidental del cielo”.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/08/Vallbona.-busto.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-7689" title="Vallbona. busto" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/08/Vallbona.-busto.jpg" alt="" width="100" height="65" /></a>En resumen, poco a poco, conforme se efectuaban las guerras expansionistas de los imperios indígenas, se fue excluyendo a las mujeres del ámbito de política, religión, economía, cultura e instituciones militares. El signo mujer perdió entonces fuerza y dominio, a tal punto que sus derechos y campos de acción independientes o no subordinados a los hombres, quedaron reducidos a los que los conquistadores  dejaron consignados en sus crónicas. En suma, la presencia de los españoles en el Nuevo Mundo remachó dicha tendencia y acabó del todo, en la mayoría de las comunidades indígenas, con el paralelismo interdependiente de los géneros, que expusimos arriba<strong>. | RIMA DE VALLBONA</strong><em> (Costa Rica, ), DML. </em>Catedrática Emérita, University of St. Thomas, Houston, Texas. Miembro numerario de la ANLE  y Correspondiente de la Academia Costarricense.-<strong> </strong></p>
<p><strong>Textos consultados</strong><strong><em> </em></strong></p>
<p><strong><em>1.   Códices, crónicas, relaciones y cartas </em></strong></p>
<p>Anónimo. <em>Historia de Tlaxcala</em>. Germán Vázquez Chamorro, Ed. México: Editorial Dastin, 2002.</p>
<p>Anónimo. <em>Relación de las cerimonias y rictos y población y gobernación de los indios de la provincia de Mechoacán,</em> <em>hecha al ilustrísimo señor don Antonio de Mendoza, virrey y gobernador desta Nueva España por su majestad.</em> Leoncio Cabrero Fernández, Ed. Madrid: Editorial Dastin, S. L., 2002. Conocida como <em>Relación de Michoacán</em>.</p>
<p>Anónimo. <em>Relación de Michoacán</em>. Leoncio Cabrero Fernández, Ed. Madrid: Editorial Dastin, 2002. Anónimo<em>. Relation de Michoacan</em>. Le Clézio, J. M. G., Ed. Paris: Gallimard, 1984 (Versión en francés).</p>
<p>Bobadilla, fray Francisco de, en Fernández de Oviedo. <em>Historia general y natural de Indias,</em> vol.<em>, </em>IV.  Madrid: B.A.E., Ediciones Atlas, 1959: 366-84.</p>
<p>Casas, fray Bartolomé de las. <em>Historia de las Indias</em>, 5 Vols. Madrid: B A E, Ediciones Atlas, 1958.</p>
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<p>Clavijero, Francisco Javier. <em>Historia antigua de México</em>. Mariano Cuevas, Ed. México: Editorial  Porrúa,  S. A., 1971.</p>
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<p>Fernández de Oviedo, Gonzalo. <em>Historia general y natural de las Indias</em>, 5 Vols. Madrid: B A E., Ediciones Atlas, 1959.</p>
<p>Ixtlilxóchitl, Fernando de Alva. <em>Obras históricas</em><em>. </em>Alfredo Chavero, Ed. México<em>: Editora Nacional, 1965.</em><em> </em></p>
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<p>Sahagún, Fr. Bernardino de. <em>Florentine Codex &#8211; General History of the Things of New Spain</em>. Arthur J.O Anderson y Charles E. Dibble, Eds. e introducciones.13 Vols. Santa Fe, Nuevo Mexico: Monographs of the School of American Research, 1982. <em>Historia general de las cosas de Nueva España.</em> 2 Vols. Carlos María de Bustamante, Ed.  México: Imprenta del Ciudadano Alejandro Valdés, 1829. <em>Historia general de las cosas de Nueva España</em> &#8211; Versión íntegra del texto castellano del manuscrito conocido como <em>Códice Florentino</em>. 3 Vols. Introducción, paleografía, glosario y notas de Alfredo López Austin y Josefina García Quintana. 3ª Ed. México: Cien de México, 2000.</p>
<p>Tezozómoc, Fernando Alvarado. <em>Crónica mexicana</em>. Gonzalo Díaz Migoyo y Germán Vázquez  Chamorro, Eds. Madrid: Dustin, S. L. Polígono Industrial Europolis, 2001.</p>
<p>Zorita, Alonso. <em>Breve y sumaria relación de los señores y maneras y diferencias que había de ellos en la Nueva España </em>en <em>Colección</em>&#8230; de García Icazbalceta, Ed. Ver García Icazbalceta.</p>
<p><strong>2. <em>Textos críticos e informativos, historias, relaciones, diccionarios y otros</em></strong></p>
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		<title>Estirpe de novelistas</title>
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		<pubDate>Sat, 27 Aug 2011 13:26:06 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[CARLOS FUENTES * &#124; Carlos Fuentes, uno de los autores clave de la literatura en español, publica La gran novela latinoamericana. En exclusiva para Babelia escribe sobre la historia y la evolución de dicha narrativa y presenta su canon de escritores y obras esenciales del siglo XX y XXI. Cristóbal Colón vio las sirenas del [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/08/Estirpe-de-novelistas-1.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-7669" title="Estirpe de novelistas 1" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/08/Estirpe-de-novelistas-1-300x300.jpg" alt="" width="300" height="300" /></a>CARLOS FUENTES</strong> * | <strong>Carlos Fuentes, uno de los autores clave de la literatura en español, publica La gran novela latinoamericana. En exclusiva para Babelia escribe sobre la historia y la evolución de dicha narrativa y presenta su canon de escritores y obras esenciales del siglo XX y XXI.</strong><strong></strong></p>
<p>Cristóbal Colón vio las sirenas del Caribe en 1495 aunque dice que &#8220;no eran tan hermosas como las pintan&#8221;. En cambio, Diego de Rosales las ve &#8220;bien agestadas, con cabezas y crines largas&#8221; y al zambullir, noté &#8220;cola y espaldas de pescado&#8221;. Fernández de Oviedo abunda en la descripción de maravillas. Tiburones &#8220;que tienen el miembro viril o generativo&#8230; cada uno tan largo como desde el codo&#8230; a la punta mayor del dedo de la mano&#8221;. Las sorpresas abundan en estas primeras <em>Crónicas del Nuevo Mundo</em>. Cocuyos que iluminan las noches. Tortugas con nidadas de mil huevos. Perlas negras. Salamandras ardientes y frías a la vez. Es la noche de la iguana, exclamó Cieza de León.</p>
<p>Europa necesitaba un mundo nuevo que colmara sus ansias de fantasía. Pero si la narrativa de las Américas se inicia con la imaginación mítica, Bernal Díaz del Castillo pronto la ubica en la conquista épica. Su <em>Conquista de la Nueva España</em> se inicia con acento mítico: México-Tenochtitlán se parece a &#8220;los encantamientos&#8230; en el libro de Amadís&#8221;. Pronto, el asombro del descubrimiento es vencido por el clamor de la conquista. Una victoria llena de dudas, pues Bernal nos describe la destrucción de un mundo al que ama por otro mundo al que obedece. Su libro es la memoria de la juventud de un hombre maduro, olvidado y ciego. El mito ya es épica.</p>
<p>Ambos -mito y épica- serán silenciados por las prohibiciones de la Corona. La &#8220;historia oficial&#8221; sustituye a la imaginación épica mítica y la obligación de los súbditos del rey es callar y obedecer, dice el virrey de México, marqués de Croix. Sólo que junto con los &#8220;libros de los valientes&#8221;, descubridores y conquistadores, llegaron las ideas de la época, secretas a veces, creciendo a pasos largos y lentos. La idea de América coincide con la <em>Utopía</em> de Tomás Moro, que Vasco de Quiroga quería recrear en Michoacán. Coincide con <em>El príncipe</em> de Maquiavelo, que parecería el abecedario de los conquistadores: no digas, haz. La descendencia literaria de Maquiavelo se encuentra en el <em>Tirano Banderas</em> de Valle-Inclán, los Archivos de Gallegos, el <em>Pedro Páramo</em> de Rulfo, el patriarca de García Márquez y, en su versión moribunda y final, en el Trujillo de Vargas Llosa. Genio y figura hasta la sepultura.</p>
<p>Menos obvia, más profunda, es la herencia erasmista en América. Visible en la arquitectura colonial de Aleijadinho en Ouro Preto o de Kondori en el Alto Perú, es en la poesía de sor Juana Inés de la Cruz donde la influencia erasmista es más cierta:</p>
<p><em>En dos partes dividida | </em><em>tengo el alma en confusión: | </em><em>una, esclava a la pasión, | </em><em>y otra, a la razón medida.</em></p>
<p>¿Pasión? ¿Razón? ¿En dónde estaba entonces la fe? Si en estas condiciones el cuestionamiento propio de la novela no era posible, sí lo fue la historia que empiezan a contar, con definiciones nacionales, Clavijero en México y Molina en Chile, jesuitas expulsados de los reinos que para ellos ya eran naciones distintas de España. Es natural que a partir de las guerras de independencia (1810-1821) los historiadores se encargaran de decir lo no dicho: Lastarria y Bilbao en Chile, Mora en México y, sobre todo, Andrés Bello, el venezolano aclimatado en Chile y fundador de su Universidad, y Domingo Faustino Sarmiento, cuyo <em>Facundo</em> es, acaso, el libro definitivo del siglo XIX latinoamericano. Sarmiento consagra la confusión de géneros (como <em>El Quijote):</em> es biografía, geografía, historia, política.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/08/Cortazar1.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-7670" title="Cortazar" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/08/Cortazar1-225x300.jpg" alt="" width="225" height="300" /></a>La novela de la independencia la inaugura el mexicano Fernández de Lizardi con <em>El periquillo sarniento</em> (1816) y prolongan el género varios escritores sumamente influidos por el romanticismo, el realismo y, al cabo, el naturalismo europeos. La gran excepción se da en Brasil y se llama Joaquim Maria Machado de Assis, cuyo <em>Blas Cubas</em> (1881) recupera la tradición cervantina de la mezcla de géneros, el humor, el héroe menor, las ilusiones y el engaño, así como la crítica del libro dentro del libro y el cuestionamiento de la autoría.</p>
<p>La novela realista y documental aún tendrá momentos importantes en la obra de Rómulo Gallegos y en los novelistas de la revolución mexicana. Pero dos de estos, Agustín Yáñez y Juan Rulfo, habrían de cerrar el ciclo con obras que a un tiempo tratan de un tiempo histórico (la revolución mexicana) y la trascienden con, más que, aunque también, la novedad del estilo, la estructura y la intención. <em>Al filo del agua</em> y <em>Pedro Páramo</em> cierran un capítulo temático (la revolución), pero abren un capítulo de la escritura como arriesgada búsqueda de lo no dicho antes. Así, la historia que nos contaron en el siglo XIX se convierte en la historia que nadie había contado antes: la pasión de Pedro Páramo por Susana San Juan, la soledad inmensa de los pueblos de Yáñez, la duda acerca del tema fundador: ¿quién es mi padre, quiénes son mis madres?</p>
<p>El heredero mayor de Machado de Assis es Jorge Luis Borges, quien da el paso de más. El universo aspira a la totalidad pero sólo lo explica la excepción. <em>El Aleph</em> es todos los espacios. <em>Funes</em> es todas las memorias, y la <em>Historia universal de la infamia</em> es todas las historias. Sólo que cada &#8220;absoluto&#8221; borgiano es vencido desde adentro por un amo personal (Beatriz Viterbo en <em>El Aleph),</em> por una disminución del absoluto <em>(Funes)</em> o por la particularidad excéntrica <em>(La infamia).</em> Al cabo, en <em>Pierre Menard</em>, Borges reescribe <em>El Quijote,</em> línea por línea, palabra por palabra. Sólo que la intención es distinta.</p>
<p>Más corrosivos, más libres, en cierto modo, del juego borgiano son Juan Carlos Onetti y Julio Cortázar. Onetti, en <em>La vida breve</em>, triplica al protagonista sin perder la diferencia entre los tres. Y Cortázar, en <em>Rayuela</em> y en sus cuentos, sólo emplea la diferencia entre las dos orillas (Europa-Argentina) para indicar, al revés de Borges, la universalidad de la diferencia. Los tiempos simultáneos de una operación quirúrgica hoy y de un sacrificio ayer nos hablan de este acierto cortazariano: lo diferente puede ser simultáneo o al revés.</p>
<p>Hablo aquí de los contemporáneos de Borges. Bioy Casares y José Bianco, pero sobre todo de sus descendientes, Tomás Eloy Martínez, Sylvia Iparraguirre, Ricardo Piglia, Luisa Valenzuela y Matilde Sánchez. La literatura más variada y fervorosa de la América española es la argentina. La más <em>sui géneris</em> (como el país mismo) es la chilena. País de poetas (Neruda, Huidobro, Mistral, Parra), la narrativa moderna arranca con José Donoso y Jorge Edwards y prosigue hoy con Isabel Allende, Arturo Fontaine, Antonio Skármeta, Sergio Missana, en tanto que en Perú, después de la gran obra de Mario Vargas Llosa, que va de <em>La ciudad y los perros</em> a <em>El sueño del celta</em>, se refundan los derechos no sólo de la imaginación, sino de la expansión, simultaneidad y precipicios de la lengua. Santiago Roncagliolo es un ejemplo.</p>
<p>Más arduo ha sido el problema de los jóvenes novelistas de Colombia. García Márquez es, a un tiempo, referencia, calidad y estorbo. Lo significativo de Gabo es que con <em>Cien años de soledad</em> recogió las grandes tradiciones de la selva y el campo para transformarlas en una narrativa doble, que por el hecho de serlo, disminuye a las anteriores. Porque el secreto de <em>Cien años de soledad </em>es su doble narración. Los Buendía son objeto de una primera narración que resulta, al cabo, ser la falsa narración del verdadero narrador, el taumaturgo gitano Melquíades, anuncio, en sí, de una serie de narraciones continuas anteriores, imaginables, imposibles, olvidadas y deseadas.</p>
<p>Heredar semejante excelencia es el problema de Santiago Gamboa y de Juan Gabriel Vásquez. Ambos superan la tradición, claro está, con nueva creación. <em>El síndrome de Ulises</em> de Gamboa o <em>Historia secreta</em> <em>de Costaguana</em> de Vásquez no niegan lo que heredan, pero saben que el parricidio puede ser un renacimiento.</p>
<p>La literatura mexicana, superada la fatalidad agraria por el arte de Yáñez y Rulfo, se ha centrado en la vida urbana (Villoro, Enrigue) aunque también en el pasado como memoria de la actualidad (Solares, Celorio, Lara Zavala). El punto de renovación, sin embargo, fue el <em>Farabeuf</em> <em>o la crónica de un instante</em> (1965) de Salvador Elizondo, antecedente extremo de una imaginación tan liberada que ella misma es su única frontera. Las &#8220;prohibiciones&#8221; nacionalistas del pasado fueron superadas, pos-Elizondo, por el grupo autodenominado El Crack y su compañero Xavier Velasco. La literatura escrita por mujeres (que no literatura femenina) ha acompasado este cambio.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/08/Curso-personal.-Onetti3.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-7671" title="Curso personal. Onetti" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/08/Curso-personal.-Onetti3-300x218.jpg" alt="" width="300" height="218" /></a>Regreso adonde empecé: el Caribe, cuna de nuestra cultura. Son dos de sus novelistas mayores en castellano, ya que el Caribe es región de muchas lenguas y muchos perfiles. Del Caribe son William Faulkner y Jean Rhys, Édouard Glissant, Saint-John Perse, Derek Walcott y Aimé Césaire. También, y cubanos, Alejo Carpentier y José Lezama Lima.</p>
<p>Lezama, poeta <em>(Enemigo rumor</em>, 1941) y ensayista <em>(La expresión americana</em>, 1957), escribió una de las más difíciles y complejas novelas latinoamericanas, <em>Paradiso</em> (1966). Hablo de ella por muchos motivos. La riqueza del lenguaje, las formas proteicas del libro, su atrevimiento mayúsculo en todo lo necesario para crear la obra mayor del barroco literario latinoamericano. Se recomienda leer primero a Luis de Góngora y Argote (&#8220;no puede durar el mundo&#8230; que suena a vidrio quebrado y que ha de romperse presto&#8221;) y un poco a Francisco de Quevedo (&#8220;abuelo de los dinamiteros&#8221;, según César Vallejo). Dura el mundo sin embargo, a pesar de los dinamiteros y el vidrio quebrado. ¿Hermético, metafórico, neoplatónico? Lezama descubre sus propias claves, y las nuestras, en un ensayo fundador de nuestra cultura, <em>La expresión americana</em>, donde todo lo que parecía lugar común reaparece como luminoso renacimiento: la cultura como destino porque tiene orígenes, la literatura como alusión de la realidad, la imagen como relación. Todo lo que creíamos saber de la América española, nos pide Lezama, debemos repensarlo y aun así no lo conoceremos del todo, jamás.</p>
<p>El otro gran cubano es Alejo Carpentier. Como Lezama, Carpentier redescubre un mundo nuestro. Lo coloca en la historia <em>(Guerra del tiempo</em>, <em>El siglo de las luces),</em> en el drama político <em>(El acoso),</em> en la imaginación de las culturas <em>(El reino de este mundo),</em> en la parodia voluntaria <em>(Concierto barroco)</em> y en un audaz remontarse al origen de la vida en <em>Los pasos perdidos</em>. Quizás ésta sea la novela clave para entender la obra de Carpentier. Una novela contiene a todas las novelas porque toda literatura, aunque no lo sepa, es idéntica a su origen más remoto. Y éste, en <em>Los pasos perdidos</em>, es el primer fuego en la montaña, la primera palabra en la selva, el primer baile ceremonial para celebrar el origen <em>(siendo</em> el origen sin saberlo). Majestuosas creaciones literarias las de Carpentier. La negra magia religiosa de Ti Noel. La magia negra política de Víctor Hugues. El derecho a la resurrección en <em>Guerra del tiempo</em>. El derecho al amor de Sofía y Esteban del narrador y la narrada en <em>Los pasos perdidos</em>. La soledad del perseguido acompañado sólo por la música de Beethoven en su acoso. Y un poder solitario, resuelto por un dictador latinoamericano que en su apartamento parisiense necesita unas palmeras y un perico para sentirse &#8220;en casa&#8221; <em>(El recurso del método).</em></p>
<p>Incluyo en este libro a dos autores que parecerían (y son) atípicos. La brasileña Nélida Piñon, porque es gallega de origen y más cercana a este volumen que sus grandes antecedentes Jorge Amado, Clarice Lispector y João Guimãraes Rosa. No nos entenderíamos sin Brasil y Brasil no se entendería sin nosotros. Por eso, además, de Nélida, hablo en este libro de Aleijadinho y de Machado de Assis, y en cuanto a Juan Goytisolo, si escribe en castellano, habla también en hebreo y árabe. Ateo de cultura cristiana y heredero, <em>nolens volens</em>, de Grecia y Roma. Es nuestro porque señala como nadie nuestra heredad, en este volumen evocada.</p>
<p><strong>Canon siglo XX</strong><strong> </strong></p>
<ul>
<li><strong>El Aleph</strong><em> | </em>Jorge Luis Borges</li>
<li><strong>Los pasos perdidos <em>| </em></strong>Alejo Carpentier</li>
<li><strong>Rayuela | </strong>Julio Cortázar</li>
<li><strong>Cien años de soledad </strong><em>| </em>Gabriel García Márquez</li>
<li><strong>Paradiso </strong><em>| </em>José Lezama Lima</li>
<li><strong>La vida breve </strong><em>| </em>Juan Carlos Onetti</li>
<li><strong>Noticias del imperio</strong><em> | </em>Fernando del Paso</li>
<li><strong>Yo el supremo</strong><em> | </em>Augusto Roa Bastos</li>
<li><strong>Pedro Páramo</strong><em> | </em>Juan Rulfo</li>
<li><strong>Conversación en La Catedral </strong><em>| </em>Mario Vargas Llosa</li>
<li><strong>Santa Evita</strong><em> | </em>Tomás Eloy Martínez</li>
</ul>
<p><strong>Canon siglo XXI </strong><strong> </strong></p>
<ul>
<li><strong>Historia secreta de Costaguana</strong> <em>| </em>Juan Gabriel Vásquez</li>
<li><strong>En busca de Klingsor</strong><em> | </em>Jorge Volpi</li>
<li><strong>Oír su voz</strong><em> | </em>Arturo Fontaine</li>
<li><strong>El desierto</strong><em> | </em>Carlos Franz</li>
<li><strong>Las muertes paralelas</strong><em> | </em>Sergio Missana</li>
<li><strong>Amphitryon</strong><em> | </em>Ignacio Padilla</li>
<li><strong>El síndrome de Ulises</strong><em> | </em>Santiago Gamboa</li>
<li><strong>Abril rojo</strong><em> | </em>Santiago Roncagliolo </li>
</ul>
<p><strong>Carlos Fuentes</strong> recibirá hoy el Premio Formentor de las Letras en reconocimiento a toda su obra. Se trata de una distinción en el 50º aniversario de la creación de este galardón que se recupera tras varios años suspendido. Formentor es una península estrecha de Mallorca (España) donde en los años sesenta se realizaron jornadas literarias convertidas en referencia para la vanguardia de la edición europea y el debate cultural, Fueron creadas por las familias Barceló y Buadas Rotger. Entre los anteriores galardonados figuran: Samuel Beckett, Jorge Luis Borges, Juan García Hortelano, Jorge Semprún, Saul Bellow y Witold Gombrowicz. |<em> * Babelia</em></p>
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		<title>Cartagena, memorias de la vida nómada</title>
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		<pubDate>Sat, 27 Aug 2011 13:16:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mediaIsla</dc:creator>
				<category><![CDATA[Voces]]></category>

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		<description><![CDATA[J. J. JUNIELES [mediaIsla] El escritor colombiano John Jairo Junieles, comparte aquí un adelanto de sus memorias prematuras, fragmento que hace parte de un libro en concepción, y que lleva por título: «Una carnada para el pez profundo». Su más reciente libro es «El amor también es una ciencia» (diez relatos). Matiné Mi foto más [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/08/En-una-calle-de-Cartagena-foto-de-Camilo-Rozo..jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-7658" title="En una calle de Cartagena, foto de Camilo Rozo." src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/08/En-una-calle-de-Cartagena-foto-de-Camilo-Rozo.-300x300.jpg" alt="" width="300" height="300" /></a>J. J. JUNIELES</strong> [<em>mediaIsla</em>] <strong>El escritor colombiano John Jairo Junieles, comparte aquí un adelanto de sus memorias prematuras, fragmento que hace parte de un libro en concepción, y que lleva por título: «Una carnada para el pez profundo». Su más reciente libro es «El amor también es una ciencia» (diez relatos).</strong></p>
<p><strong>Matiné </strong></p>
<p>Mi foto más antigua es aquella en la que estoy montado sobre un burro disecado que está disfrazado de caballo. Yo también estoy disfrazado, pero de vaquero, con sombrero, chaleco y pistola. También parezco disecado, como una estatua, porque el fotógrafo ha dicho que si nos movemos no va a repetir la foto, y tendremos que pagarla de todos modos.</p>
<p>Mamá, Papá, y mi hermana, están a mi lado en la foto. A mi hermano menor lo hemos dejado en el pueblo. Estamos en el Camellón de los Mártires, en el centro de Cartagena. A pocos pasos se encuentra el Parque del Centenario, donde vamos casi todos los domingos a ver los animales. En las albercas hay tiburones pequeños, babillas, y peces de colores semejantes a las pirañas que salen en la tele. En los árboles se ven guacamayas, tucanes y loros. Un alcaraván y un gavilán están atados a una piedra por una cuerda. En otras ramas hay micos, marimondas, y perezosos. También hay un árbol al que no se acerca nadie, porque hay un mico de pelo rojo que tira mierda a todo aquel que se le acerque. Al final de la tarde, tomábamos un pequeño bus de ventanas anchas, y regresábamos al barrio.</p>
<p>Nací en el pueblo de Sincé, Sucre, la tierra de mis padres. Me resulta difícil reconocer a ese extraño muchacho que llegó a Cartagena en 1977. Vivíamos en el cuarto callejón del barrio Amberes, muy cerca de la Iglesia María Auxiliadora, y a sólo veinte minutos del centro en los buses de aquella época. Entonces yo me parecía mucho al mico que tiraba mierda desde su rama en el Parque del Centenario. Era esa sensación, de muchos niños, de no pertenecer del todo al mundo en el que viven, y que en mí se había acentuado al dejar la casa del pueblo. De pronto estaba en esas calles donde podía perderme para siempre si sólo daba algunos pasos. Por eso me gustaba estar solo, era escurridizo, y casi invisible, pasaba más tiempo en el techo de la casa que dentro de ella. Así pasé varios años viendo películas en la televisión o leyendo comic de Blue Demon, Santo el enmascarado de plata, Fantomas, Kalimán o Vampirella.</p>
<p> Algunos domingos la familia se iba de paseo a las playas de Marbella o Bocagrande. Nos íbamos con ollas de comida para almorzar en la playa. Recuerdo la primera vez que vi el mar: daba dolor cerrar los ojos, hasta para parpadear. Miraba horas enteras el secreto ritmo de su marea, la forma en que parecía meterse dentro de uno. Y el sol sobre ese mar, que parecía un mango maduro al alcance de la mano. Allí en Amberes mi madre abrió una tienda que llamó El Milagro.</p>
<p>El letrero de la tienda tenía la imagen barbuda de San Judas Tadeo, el patrono de las causas perdidas, el mismo santo al que ella rezaba cuando me veía salir de casa, porque había empezado, poco a poco, a juntarme con los muchachos del barrio. Supe que si quería respuestas tenía que buscarlas allá afuera donde la vida y la muerte andan jugando. No sé donde leí una historia que ilustra un poco ese impulso: un payaso está agachado en la calle bajo un poste de luz buscando desesperadamente algo. Al verlo, un caminante le pregunta: ¿haz perdido algo? Mis llaves, responde el payaso. ¿Y no las encuentras?, pregunta el caminante. Es que las perdí más allá, dice el payaso. Y entonces por qué las buscas ahí?, pregunta el otro. “Porque aquí es donde hay luz”, dice el payaso. A veces es necesario alejarse de esas luces confortables y protectoras, para internarnos en la oscuridad, esa oscuridad desconocida que son los otros, porque muchos de los otros son la respuesta que buscamos.</p>
<p>Los muchachos de Amberes nos íbamos al parque del barrio Bruselas, que quedaba muy cerca. Allí tomábamos el bus y nos íbamos a vagabundear hacia el centro y Bocagrande. Llegábamos hasta las playas frente a los grandes hoteles. Todos tumbados allí en la arena caliente, borrachos de sol, escuchábamos la música de los kioscos. También caminábamos con las manos, cabeza abajo, y hacíamos competencias de nado y buceo. Y esa sensación de la arena deshaciéndose bajo los pies, mientras las olas retroceden para luego volver.</p>
<p>Los muchachos de Amberes nos íbamos al parque del barrio Bruselas, que quedaba muy cerca. Allí tomábamos el bus y nos íbamos a vagabundear hacia el centro y Bocagrande. Llegábamos hasta las playas frente a los grandes hoteles. Todos tumbados allí en la arena caliente, borrachos de sol, escuchábamos la música de los kioscos. También caminábamos con las manos, cabeza abajo, y hacíamos competencias de nado y buceo. Y esa sensación de la arena deshaciéndose bajo los pies, mientras las olas retroceden para luego volver.</p>
<p>En las playas nos topábamos con muchachos de otros barrios. Muchas veces, por los motivos más idiotas, surgían peleas donde todos terminaban peleando con todos. Entonces lo importante era vender cara la sangre, y luego aprender a reírse con los labios rotos. Fue cuando descubrí que soy un buen corredor de cien metros con obstáculos, sobre todo si tenía un bate de béisbol zumbando detrás de mí. El juego más inocente de ese tiempo, era escalar de noche los postes de la luz, lo más alto que se pudiera. No sé cómo sobreviví a todo eso. Es cierto, el que nace para ser colgado no se ahoga.</p>
<p>Estar con los amigos del barrio parecía una condición para seguir vivo, por eso terminé identificándome con ellos. Me llamaban: vasito de leche, porque era el único blanco entre ellos. Todos mis amigos eran negros y mulatos en busca de un golpe de suerte, con gustos que terminaron siendo los míos. Todos queríamos conquistar alguna chica blanca y rubia, alguna turista gringa o canadiense de las que toman el sol en las playas. Enseñarles a bailar salsa, vallenato, y convertirse en el novio de las vacaciones. Hace algunos años volví a caminar por el cuarto callejón de Amberes, no reconocí a nadie. Me sentí como Raskólnikov, el personaje de Crimen y castigo, volviendo al lugar del crimen. </p>
<p><strong>Vespertina </strong></p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/08/Foto-de-J.-J.-Junieles.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-7659" title="Foto de J. J. Junieles" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/08/Foto-de-J.-J.-Junieles-300x168.jpg" alt="" width="300" height="168" /></a>Mi padre era funcionario público y trabajaba en una oficina del centro de la ciudad. Por eso decidimos, a principio de los ochenta, cerrar la tienda de Amberes y mudarnos a una casa de segundo piso en la Calle Estanco del Tabaco.En realidad era una pensión de estudiantes a la que llegamos, provisionalmente, mientras descubríamos una casa grande de arriendo barato. En la pensión ocupábamos dos grandes habitaciones contiguas, una hacía las veces de cocina y comedor, en la otra estaban tres camas, y de noche mis padres colgaban las hamacas donde dormían. Éramos la única familia en la casa, todos eran estudiantes, oficinistas, o turistas de paso. Por muchas circunstancias vivimos en muchos sitios, por eso las calles de mi infancia y juventud son tantas, que han terminado convertidas en una sola calle larga atravesando mi memoria.</p>
<p>Después, a mediados de los años ochenta, nos mudamos a otra casa de pensionados en la Calle Factoria, frente a la Casa del Marqués de Valdehoyos. Una tarde de algún domingo, vimos salir corriendo al guardia de la casa del Marqués, llevaba el susto en la cara, y contaba, mordiéndose la lengua, que le había hablado el retrato del Marqués que colgaba en una de las paredes. La casa de pensión se dividía en pequeños apartamentos, con un jardín interior que no daba espacio para el futbolito. Los partidos se terminaban jugando en un gran solar, frente</p>
<p>a un gran edificio en ruinas, con maderos negros, ventanas tapiadas, hojas de cinc oxidado, y habitado por ratas, zopilotes y murciélagos; hoy allí se levanta el Hotel Santa Teresa.</p>
<p>En la casa vivía una pensionada que se llamaba Tibisay. Tenía diecisiete o dieciocho años. Tal vez fue el primer nombre en mi larga lista de amores imposibles. Ella había venido de Venezuela para estudiar en la universidad. Usaba blusas ajustadas, yines apretados, y faldas cortas que eran un anzuelo para los ojos. Tenía pechos medianos, cobrizos, puntiagudos, y un culo que provocaba estremecimientos. Por alguna extraña razón, lo que más recuerdo de ella eran los hoyuelos que aparecían en sus mejillas cuando reía; daban ganas de meter el dedo en ellos. Con el tiempo aprendí a amar hasta el modo en que ella me ignoraba.</p>
<p>Del viejo centro cartagenero, recuerdo mujeres barriendo los zaguanes de las casas, y otras echando agua en las macetas con flores de los balcones. Las peleas entre las pandillas del barrio San Diego y Getsemaní. Los populares restaurantes chinos. Las vendedoras de frutas y dulces criollos, cuyos gritos atravesaban los gruesos muros hasta los últimos rincones de las casas. Los circos y las ferias mecánicas se instalaban donde hoy queda el Parque de la Marina. En ese gran solar también se abrían las casetas bailables, cada una con su picó musical, haciendo vibrar la tierra donde se bailaba. También sobrevive mi impresión, de un cuarto que vi en una casa de Getsemaní, donde había un altar con yerbas, máscaras, y mil velas encendidas a las siete potencias africanas.</p>
<p> En invierno la ciudad parecía temblar bajo la borrasca de lluvia y viento. El calor era sofocante, pegajoso, se cortaba el fluido eléctrico, y uno se sentía sumergido hasta el cuello en un plato de sopa. El mar se salía del Muelle de los Pegazos para inundar el Camellón de los Mártires. El agua se empozaba en las calles del centro, se desbordaban las alcantarillas, y se formaban canales de agua sucia que sólo podías atravesar en las carretas de los vendedores de plátanos y frutas, quienes llevaban a la gente de un extremo a otro de las calles por algunas monedas.</p>
<p>Un apartamento en el edificio Puerta del Sol fue nuestro siguiente destino de gitanos. Yo atravesaba el Parque del Centenario para llegar al Colegio Central de Getsemaní, donde estudiaba bachillerato. Cuando el mar se sale de madre en Cartagena, las olas saltan los espolones de piedra, llenando de algas, piedras y cangrejos las avenidas, a eso le llaman mar de leva. Recuerdo que durante el bachillerato yo me hacía mucho eso: La Leva; así dicen en Cartagena cuando sales de casa pero no llegas al colegio, también si te escapas de allí valiéndote de un profesor miope, o una paredilla muy baja. Entonces uno se iba para algún lugar mejor.</p>
<p> Los viejos cinemas de la ciudad: Calamarí, Bucanero, Colón y Cartagena, eran vecinos del Puerta del Sol. A un par de calles también quedaban los cines de la Calle Larga de Getsemaní: los teatros Padilla y Rialto. La gente se colaba por debajo del torniquete y pagaba la mitad de la taquilla. Los muchachos se comían las uñas y se peinaban las cejas, esperando en los escalones aquellas muchachas que olían a champú Palmolive. Largas filas para ver las patadas de Bruce Lee en El camino del Dragón, las piernas de Kim Catrall en Maniquí, y la mirada orillera de Al Pacino en Caracortada.</p>
<p><strong> Noche</strong></p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/08/cartagena.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-7660" title="cartagena" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/08/cartagena-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a>Nuestra caravana volvió a levantar el polvo a principio de los años noventa. Esta vez nos mudamos al barrio Lo Amador. Alguna vez le pregunté a mi padre por qué nos mudábamos tanto, parecíamos nómadas, creo que ni él mismo lo sabía porque no respondió nada. Un profesor de la universidad, Juan Dager Nieto, aficionado a las genealogías, me dijo que Junieles era un apellido judío sefardita. En un libro encontré que el pueblo sefardita era nómada, no por incapacidad de mantener un territorio, sino por su naturaleza: los hábitos de lejanos muertos perviven. Aparte de eso, la única referencia cierta que tengo de familiares lejanos, es la de un tal Warren Juniels mencionado en un archivo de cartas de la Guerra Civil Norteamericana en 1.908. </p>
<p>Al escritor Jorge García Usta le gustaba recordar dos largas paredes que alguna vez vio en una calle de Lo Amador. En una había un letrero de varios colores y escrito con esmero: Multa de $ 50 mil pesos a quien tire basura en este lugar. Inspector de policía. Al pie, podían verse perros y gallinas entre bolsas y cajas con desperdicios y sobras. En cambio, el corredor de la pared de enfrente, extrañaba por el contraste de su excesiva limpieza, no había ni un papel en ese lado de la calle, porque había también un letrero, escrito a mano, y sin mucha estética, pero disuasorio, como el ultimátum de un mafioso: Su madre a quien tire aquí la basura. En Lo Amador practiqué boxeo por un par de meses, en el gimnasio Chico de hierro, con el legendario entrenador Fortunato Grey, quien entrenó muchos campeones mundiales, en cuya lista evidentemente nunca estaré yo.</p>
<p>Allí, en el callejón Meza de Lo Amador, mi familia vivió casi una década. Era el barrio donde más escuchaba las sirenas de los buques en los muelles. Había talleres de mecánica y salones de belleza en cada calle, y conocí varios trabajadores de los puertos.</p>
<p>Los fines de semana las puertas de las casas se abrían, subían el volumen de los equipos de sonido, y las voces de Joe Arroyo, Bob Marley y Héctor Lavoe, se tomaban las calles poniendo a bailar la gente hasta con su sombra. Fueron los años de estudio en la universidad, de los amores a medio camino, de los primeros trabajos formales como periodista, aprendiz de abogado, y funcionario en juzgados criminales. En realidad pasaba poco tiempo en Lo Amador. Mi vida eran las callejuelas estrechas del centro, las empanadas chinas del Portal de los Dulces, cervezas de tienda y cafés ambulantes del Parque Bolívar y San Diego, los kioscos del Muelle de los Pegazos. Y por supuesto, las legendarias cafeterías cerca de la Universidad de Cartagena, donde me encontraba con tantos amigos. Si los fantasmas regresan para recoger sus pasos, yo tendría que vivir otra vida en la Biblioteca Bartolomé Calvo, donde pasé días y meses sin cuenta leyendo las vidas ajenas de los libros.</p>
<p>Con la curiosidad de saber si algún día yo sería capaz de imitar la vida con las palabras. Ponerle nombre a las cosas que no tenían, o recordar aquellas cosas cotidianas amenazadas por el olvido, aquellos rostros, aquellas palabras, aquellos gestos imborrables. Recuerdo a Roberto Rossellini, diciendo: “el hombre ha perdido todo sentimiento heroico de la vida. Es preciso devolvérselo, porque el hombre es un héroe. Cada hombre es un héroe. La lucha cotidiana es una lucha heroica.” Los artistas existen porque la vida no es perfecta. Nuestra mirada sobre el mundo es más bella o cruel que el mismo mundo. Buena parte de lo que he escrito en realidad es una imitación pobre de la vida. Un intento por recuperar y recrear esa ciudad de mi infancia y juventud. Esa ciudad que al recordarla hoy me parece de mentiras, así como el muchacho que vivió tantas cosas en ella. Deseo darle vida a esa ciudad, hacerla encarnar, ponerla de nuevo en movimiento ante mis ojos, quiero que sea esa ciudad a donde siempre me lleven las palabras. | <strong><a href="http://www.jjjunieles.tumblr.com/">J. J. JUNIELES</a></strong></p>
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		<title>José, danos una señal</title>
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		<pubDate>Sat, 28 May 2011 07:43:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mediaIsla</dc:creator>
				<category><![CDATA[Voces]]></category>

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		<description><![CDATA[Mitología y Realidad en la obra de José Olimpo Álvarez  LUIS ALBERTO MIRANDA &#124; El profesor y escritor colombiano José O. Álvarez se encuentra en la lista de personas desaparecidas durante el poderoso tornado que devastó casi por entero la ciudad de Joplin, en el estado de Misurí el 22 de mayo pasado. Escritores y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3><strong><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/05/Jose-Alvarez.gif"><img class="alignright size-full wp-image-6669" title="Jose Alvarez" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/05/Jose-Alvarez.gif" alt="" width="298" height="448" /></a>Mitología y Realidad en la obra de José Olimpo Álvarez</strong><strong> </strong></h3>
<p><strong>LUIS ALBERTO MIRANDA | El profesor y escritor colombiano José O. Álvarez se encuentra en la lista de personas desaparecidas durante el poderoso tornado que devastó casi por entero la ciudad de Joplin, en el estado de Misurí el 22 de mayo pasado. Escritores y amigos de José Álvarez desarrollan una intensa campaña a través de los medios de comunicación y las redes sociales, tratando de obtener alguna información sobre su paradero. Álvarez es autor de los libros de relatos <em>Cuentos de vida, muerte y resurrección</em>, <em>Vivir del cuento </em>y <em>Cuentos cortos para viajes largos</em>, entre otros títulos. </strong></p>
<p><strong>Al contrario de muchas cosmovisiones orientales</strong>, para los griegos los dioses son creados por el universo. Las dos entidades primigenias son el Cielo y la Tierra. Sus hijos son los Titanes, cuyos hijos a su vez son los Olímpicos, los más importantes dioses griegos. Los Titanes rigen el universo con dioses tan importantes como Océano, Mnemosyne (memoria) y Prometeo, benefactor de la humanidad quienes reinaron hasta que Zeus y sus otros hijos los conquistaron.</p>
<p>El término Olímpicos viene del monte Olimpo, hogar mítico de los dioses, un lugar idílico y celestial.</p>
<p>Alguien tiene la sensibilidad oculta tras sus cejas y su mirada de felino al acecho. Si los animales eran símbolo en muchas culturas primitivas, no era capricho de sus sacerdotes, simplemente, no. Era la evidencia de las destrezas y cualidades de ciertos humanos. A ese alguien, su  padre le bautizó con la combinación de las dos grandes culturas, resumen de las grandes vertientes de las grandes civilizaciones; oriente y occidente. José, padre de Jesús y Olimpo, perteneciente al ámbito de los dioses.</p>
<p>Bautizarlo así no fue un accidente, todo lo contrario, fue la expresa voluntad de su padre, un auténtico colonizador, amante de la cultura griega y hombre recto y férreo en la educación de sus hijos, crítico implacable de la cultura de vanidades y superficialidades propias de la sociedad de consumo. Para el padre de José, la televisión era corruptora de las costumbres. Así era el hombre que con su varita bautismal hizo que José creciera en estrecha correspondencia y consonancia entre su axiología, su intelecto y su sensibilidad humana.  </p>
<p>Con estos principios José es un niño ávido de conocimiento, lector incansable y observador imparcial del mundo que le rodea. El campo enseña con franqueza las crudas realidades de la vida y la violencia cruenta de la naturaleza. Él no puede aceptar ciertas verdades, se rebela contra ellas, es un niño poeta. Luego se hace un hombre de letras amante de la literatura, con una vocación indiscutible de maestro. Sabe que debe mantener la fuerza y la pasión de la juventud en cada nueva jornada que se emprende y así ejerce la cátedra inculcando a su alumnado el espíritu auténtico de la creatividad.</p>
<p>Pretende derrumbar mitos y tabúes cambiando los términos de la relación maestro-alumno. Convierte la pedagogía en una razón de ser. En el camino de su formación aparece Borges, sobre quien hace su tesis de grado para optar por el doctorado en literatura.  &#8220;Todo encuentro casual es una cita&#8221;, &#8220;Somos el sueño de un loco que puede despertar en cualquier instante&#8221;; La capacidad borgiana para la brevedad, tocar con un lenguaje parco y ajustado los vórtices y las espirales de la cotidianidad, se convierten en pilares fundamentales de la manera de pensar de José O. Álvarez. La existencia y el aleph, lo mismo que la eternidad discurren entre la nada pasada y la nada por venir.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/05/Jose-Alvarez-2.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-6670" title="Jose Alvarez 2" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/05/Jose-Alvarez-2-300x200.jpg" alt="" width="300" height="200" /></a>Junto con esta formación académica el joven José posee otras cualidades que lo hacen pertenecer por derecho propio, al medio ambiente del Olimpo. Sus dotes naturales de creador: su capacidad musical como compositor, guitarrista e intérprete. Su talento pictórico y el balance de una espiritualidad totalmente ajena a la alienación en las cosas materiales, hacen que la personalidad de José O. Álvarez sea avasallante. Todo aquel que lo conoce siente su calidad humana, su sencillez, su desprendimiento de las banalidades, su crítica mordaz de la superficialidad, su generosidad a toda prueba, para entregar a amigos y extraños el conocimiento de todo lo que va descubriendo. Estas cualidades hacen de él un personaje incomparable.</p>
<p>Autor de ocho libros, la mayoría de cuentos, algunos escritos con sus alumnos, y varias antologías; así como numerosos textos pedagógicos que constituyen en sí mismos, una narrativa del ser de José. Entre ellos: &#8220;Cuentos de vida, muerte y resurrección&#8221;, que aparenta ser un libro religioso, ilustrado en su portada con un cuadro clásico de su hermano Agustín, pero que es un conjunto de ficciones ancladas en lo secular y lo mundano, que no pueden escapar a la profunda espiritualidad de su autor, quien con la sorna propia de una refinada intelectualidad, capaz de reconocer las diferencias estilísticas de autores como Dostoievski, Kafka, Cervantes y Borges, descalifica a los mediocres, cuando se trata de medir las valorativas sociales, literarias y artísticas.</p>
<p>Por eso, la mejor manera de aproximarse, tanto a sus textos como a los eventos de su vida cotidiana y personal, es entregarse a una revelación de que su calidad humana, tiene raíces profundas en una espiritualidad pocas veces evidente en el mundo actual. José O. Álvarez está presente y actuante en el círculo de influencias que sobre sus colegas, amigos, estudiantes y lectores de sus textos, ejerce; no sólo con el contenido de los mismos, sino rubricando con su propia humanidad, a través de su manera de aproximarse a la amistad, los afectos personales y las relaciones profesionales.</p>
<p> Allí prima un carácter definido en su generosidad y un temperamento anclado en la antigüedad, encarnado en el mundo moderno, que nos afecta profundamente, cuando tratamos de entender sus razones y su destino mitológico, el cual se halla sustentado en el eterno retorno, que recurrentemente, continúa circundando con su amable figura, los desafíos de una cotidianidad cada vez más compleja.  </p>
<h3><strong>TEXTOS DE JOSÉ O. ÁLVAREZ</strong><strong> </strong></h3>
<p><strong>Pedro Mena, autor de Borges</strong></p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/05/Jose-Alvarez-3.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-6671" title="Jose Alvarez 3" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/05/Jose-Alvarez-3-300x200.jpg" alt="" width="300" height="200" /></a>Soy Pedro Mena y soy el autor de Borges. Puede que esta confesión caiga como baldado de agua fría en la cabeza de los amantes de ese impostor, pero es una verdad que no ha visto la luz por estar cumpliendo condena. Un editor que tiene los derechos de la obra cervantina y ahora “dizque borgesiana”, me demandó por plagio.</p>
<p>Sus espías académicos defensores de las letras y la dignidad me cogieron copiando El Quijote al pie de la letra y eso me ha costado casi toda mi vida en prisión. Sin embargo, el mismo desgraciado que desgració mi vida se dio mañas para hacerse a mis escritos.</p>
<p>Ahora que soy libre me encuentro con que todos mis apuntes los han falseado y tergiversado y le son atribuidos a un tal Borges.</p>
<p>El tiempo de prisión me curó de la costumbre de copiar textualmente a los clásicos que tenía desde que tengo uso de razón. Dante, Shakespeare, Homero, Tomás de Aquino, Aristóteles y uno o dos más eran mis maestros. Repetir textualmente los escritos de estos autores me permitía adentrarme en los vericuetos de su genialidad para apropiarme de su memoria, aburrirme con sus ángeles y gozar con sus demonios. Era una forma de re-lectura en la que me escudaba para evitar la pérdida de tiempo con la basura de los contemporáneos que mis contertulios me recomendaban con ahínco.</p>
<p>Aunque mi amigo el siquiatra me diagnosticó que la mejor manera de ser escritor era asistiendo a los talleres de escritura, con una sola vez que asistí a uno de ellos quedé curado. Me estrellé con mucha parla, poca letra.</p>
<p>En la corte no aceptaron mis excusas. Con palabras altisonantes tan caras a esa gentuza me disculpé con aquello de que la mejor lectura es la que se escribe. El peso de la fortuna del editor de marras pesó en el mazo de madera del juez y mi vida se dirigió por los senderos del infortunio.</p>
<p>No fue por falta de talento que no escribí novelas o ensayos peripatéticos. La brevedad de mis escritos se debió, en principio a la falta de papel, al final a una progresiva desconfianza hacia el lenguaje. El único escrito largo, exceptuando las obras que copiaba textualmente, fue el que escribí en las paredes de la cárcel que pintaban una y otra vez. Ésa, que considero mi obra maestra, era mandada a borrar por el director de prisiones cada vez que llenaba sus muros. Enemigo acérrimo del graffiti castigaba sin piedad toda escritura. Abrigo la esperanza que algún día, cuando logre aclarar todo este embrollo, pueda exhumar el palimpsesto de mi obra maestra siguiendo los procedimientos que utilizaron para recuperar el original de la Ultima Cena de Leonardo de Vinci que casi había desaparecido.</p>
<p>La infamia de todo este enredo merece una historia local. Han llegado al descaro de titular a unos de mis manuscritos como &#8220;Textos cautivos&#8221;, cuando el que estaba cautivo era yo. Afortunadamente puedo contar el cuento porque no llegaron al extremo de poner en práctica los postulados del homicida Roland Barthes.</p>
<p>No quiero agobiarlos con hechos de mi vida para dar constancia de mi reclamo, sino enumerar algunas de las obras cuyos títulos y contenido fueron tergiversados añadiéndoles retazos de enciclopedia para congraciarse con los pedantes.</p>
<p>&#8220;El Delta&#8221;, que seguía las electroencefalográficas frecuencias del sueño, fue cambiado a &#8220;El Aleph&#8221; que se ubica en el nivel de lo real. La cuadratura del tiempo finito representado en un dado, dio paso a la cacofonía del caos del infinito tiempo circular representado en una minúscula bola brillante.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/05/Jose-Alvarez-4.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-6672" title="Jose Alvarez 4" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/05/Jose-Alvarez-4-300x258.jpg" alt="" width="300" height="258" /></a>El Jardín de los senderos que se bifurcan era el de los senderos que se multiplican. Había rehusado ese título que fue el primero que me asaltó al escribirlo, porque me parecen abominables las pobres dicotomías que tanto sirven a los críticos.</p>
<p>Funesto el desmemoriado, quien había servido de conejillo de indias a un doctor alemán de apellido Alzheimer, lo bautizaron Funes, el memorioso. El protagonista mío veía la inutilidad de la historia que siempre se repite. Por eso su memoria era virgen. Ninguna idea lo manchaba. En cambio el otro, se convertía en una enciclopedia ambulante de datos inútiles que matan la capacidad del asombro.</p>
<p>Para no caer en el campo de las repeticiones, de las enumeraciones ad infinitum abusadas por mi impostor, el lector ya puede imaginar lo que sucedió con todos los otros manuscritos. Si de lector pasivo se trata (Dios me libre de invocar aquí la torcedura política de Cortázar), remítase a la teoría de la recepción del tan manoseado teórico alemán.</p>
<p>Su supuesto &#8220;corpus&#8221; literario es motivo de discusión en todos los círculos del planeta. Lecturas borgesianas compiten con lecturas chamánicas y lecturas bíblicas. En los primeros he tratado de entrar para aclarar dicha impostura pero siempre me sacan a empellones y me declaran persona no grata.</p>
<p>Una revista francesa que denunció el entuerto fue sacada de circulación y Roger Caillois, quien firmaba el documento, condenado al olvido. Antonio Tabucchi, siguiendo las pistas del francés, lo corroboró en el suplemento literario del periódico Clarín de Buenos Aires el 13 de junio de 1996, pero recibió su bien merecido: fue ignorado y declarado loco.</p>
<p>No culpo a Borges. Él fue solo una víctima del tinglado armado por académicos y editores. Se aprovecharon de su bondad pero fundamentalmente de su ceguera, como se aprovecharon de mí por venir de un lugar remoto.</p>
<p>Por ese complejo de inferioridad de creer que sólo trasciende lo que huela a extranjero, vea a blanco y suene a plata, hasta mi nombre fue cambiado. En lugar de Pedro Mena, natural del Chocó, negro y sin dinero, me llamaron Pierre Menard.</p>
<h3><strong>Viaje </strong></h3>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/05/Jose-Olimpio-Alvarez1.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-6678" title="Jose Olimpio Alvarez" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/05/Jose-Olimpio-Alvarez1-300x296.jpg" alt="" width="300" height="296" /></a>El primer viaje lo hice el día que nací. Entré a este mundo con 28 días de retraso porque algo me amarraba umbilicalmente a ese paraíso que todos hemos perdido. Es muy paradójico que aunque parezca una persona lista, ordenada, trascendente, teleológica, hierática, totalizadora y centrada, siempre por alguna u otra razón me descarrilo y llego tarde a todo. Por más que quiero combatir la discontinuidad, la dislocación y la rutina postmodernas; los segundos, minutos, horas, días, años, siglos e infinitos, se imponen a mis designios.</p>
<p>Como la vida es un viaje y la mezquindad va sentada en primera clase, una angustia sartreana me apabulla. Puedo asumir entonces que llegue tarde a la cita con la muerte o que quede condenado a llevar la abúlica existencia de los dioses.</p>
<h3> <strong>Escape onírico</strong></h3>
<p>Después de la lluvia el hermoso verde se apoderó del paisaje poniendo en ridículo las pinturas bucólicas. La música callada hacía resonar la soledad. El olor de tierra preñada empezó a gestarse. Era el momento anhelado para interrogar el universo al creer conjuradas las iras salvajes. Una serpiente se abrió buscando la vida que pensaba hallar emponzoñando. Desde siempre me acechaba pero, sólo hasta ese momento, dudé de su sapiencia que escondía tras un velo de dulzura. Incapaz de soportar el oprobio rasgó el velo. Mi cuerpo saltó a tiempo pero mi mano, detenida por un instante, le sirvió de blanco.</p>
<p> Pude salirme de su sueño sibilino y despertar del mío mientras dos gotas de sangre corrían por el dorso de mi mano.</p>
<h3> <strong>Paraíso recuperado</strong></h3>
<p><strong><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/05/Jose-Alvarez-Jaime-Cabrera-Martha-Daza-y-Luis-Miranda.jpg"></a> </strong>Eva, aburrida de tanta felicidad paradisíaca, empezó a hacerse las preguntas que se hacen los ociosos. ¿De dónde vengo? Había aceptado, a regañadientes, que venía de una costilla de Adán. ¿Para dónde voy? Eso no lo sabía y no quería conformarse con el letargo que produce el vivir como los dioses.</p>
<p>El creador les había prohibido que se devanaran los sesos con cuestiones que no les incumbían. Cuestionarse era adentrarse en los laberintos del bien y del mal para adorar o matar al minotauro. Cuestionarse era un acto de rebelión castigado con el ostracismo.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/05/Jose-Alvarez-Jaime-Cabrera-Martha-Daza-y-Luis-Miranda1.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-6679" title="Jose Alvarez, Jaime Cabrera, Martha Daza y Luis Miranda" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/05/Jose-Alvarez-Jaime-Cabrera-Martha-Daza-y-Luis-Miranda1-300x207.jpg" alt="" width="300" height="207" /></a>Eva comenzó a tentar a Adán con esos cuestionamientos. Al principio Adán no le hacía caso porque se lo pasaba embobado como Leibniz y agradeciendo las maravillas de la creación.</p>
<p> La duda contaminó a Eva. No podía dormir y no dejaba dormir a Adán.</p>
<p>—¿Tú no crees que el viejo se guarda algo para sí y por eso no quiere que indaguemos? —insistía Eva en las noches de desvelo— ¿No crees que detrás de esa noche profunda se esconden otros paraísos?</p>
<p> Adán cayó. El vacío pascaliano lo enfermó y empezó a cuestionar todo. Los cuestionamientos, que luego retomarían los atenienses, los animaron a afrontar al amo quien al sentir que movían sus cimientos los echó del paraíso. No podía soportar que simples criaturas creadas del barro se atrevieran a pensar.</p>
<p> Al ver que lo habían perdido todo, se culparon mutuamente. Cada uno cogió por su lado. Por primera vez sintieron la angustia existencial de los mortales. El tiempo hacía mella en ellos y el espacio era ancho y ajeno. Al llegar a las antípodas, volvieron a encontrarse.</p>
<p> El encuentro fue revelador. Cada uno tenía lo que le faltaba al otro. Descubrieron la caricia que les hizo deducir cómo llenar el vacío de sus vidas.</p>
<p> Al llenarlo, recuperaron el paraíso.</p>
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		<title>El piano</title>
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		<pubDate>Sun, 24 Apr 2011 01:48:03 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[RICARDO PIGLIA © &#124; Anotaciones sobre la intervención militar y el riesgo atómico, que hace semanas han sustituido a las noticias locales; sobre supersticiones y cultura académica norteamericana, y sobre la que fue, quizá, la última tormenta de nieve del invierno Lunes Después del terremoto y el tsunami en Japón ella solo lee a Kawabata, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/04/Piano.-Desastre-nuclear-tokio.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-6281" title="Piano. Desastre nuclear tokio" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/04/Piano.-Desastre-nuclear-tokio-300x224.jpg" alt="" width="300" height="224" /></a>RICARDO PIGLIA</strong> © |<strong> </strong><strong>Anotaciones sobre la intervención militar y el riesgo atómico, que hace semanas han sustituido a las noticias locales; sobre supersticiones y cultura académica norteamericana, y sobre la que fue, quizá, la última tormenta de nieve del invierno</strong></p>
<p><strong>Lunes</strong><strong></strong></p>
<p>Después del terremoto y el tsunami en Japón ella solo lee a Kawabata, como un rabino leería la Torá en tiempos de crisis. En su caso no es para pedir compasión sino para sentirse de ese modo personalmente afectada. Estoy afectada, dice, y reflexiona sobre el sentido de la expresión. Piensa que la palabra define las afecciones -y los afectos- de una experiencia verdadera. Cierto que también la usa para descartar a los escritores que le parecen <em>afectados.</em> Por ejemplo ¡El insufrible Murakami!, dice. ¡Espantoso! Se ha ido el viernes a Nueva York, muy preocupada por la crisis de las centrales nucleares, y desde entonces estoy solo en casa.</p>
<p>Me despierto temprano y salgo a tomar el desayuno en el pueblo. El día está claro y frío, una de esas luminosas mañanas de invierno del hemisferio norte. Doy vueltas por el centro, compro los diarios en el quiosco de Palmer Square y por fin entro en el café Small World.</p>
<p>Pido un expreso doble, un donut y un jugo de naranja. En las mesas cercanas, las chicas y los muchachos toman agua mineral o té verde, concentrados en sus notebooks, sus iPod, sus BlackBerry, los auriculares puestos, aislados en sus cápsulas espaciales pero ligados a las realidades exteriores por el teléfono celular. En el <em>New York Times</em> hace dos días que los reactores de Fukushima han desplazado a la intervención militar en Libia y a los conflictos del Medio Oriente. A la vez en estos días la intervención militar y el riesgo atómico han sustituido a las noticias locales.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/04/Piano.-Blanco-nocturno.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-6282" title="Piano. Blanco nocturno" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/04/Piano.-Blanco-nocturno-191x300.jpg" alt="" width="191" height="300" /></a>Como siempre los actos de control y de agresión se hacen en defensa de los controlados y agredidos. Si uno habla por teléfono con alguna repartición publica aparece una voz mecánica que anuncia: Por su seguridad esta conversación está siendo grabada. En este caso la CIA ha decidido bombardear a la población civil &#8220;para proteger a la población civil&#8221;.</p>
<p>Cuando estoy leyendo la sección de deportes, suena mi celular. Es ella, está en Park Avenue y la calle 50. Siempre necesita localizarse antes de hablar. Estoy justo frente a la casa de discos donde estuvimos el otro día, me dice. Ella y sus amigas han formado una especie de brigada de Agit Prop y participan en rondas y marchas de protesta ante la embajada japonesa. Van a contaminar los océanos, me dice, subrayando el plural. La radiación viene por el mar. ¡No comas pescado de ninguna manera! Quiere que nos vayamos a vivir a Berlín porque los verdes tienen poder en Alemania y se puede luchar contra la destrucción de la naturaleza.</p>
<p><strong>Jueves</strong><strong></strong></p>
<p>Hace años que doy vueltas con la idea de hacer una historia de la pintura a partir de los títulos de los cuadros. Una serie de larguísima duración. A veces son un relato; a veces parecen la línea perdida de un poema. <em>El sumo sacerdote Coreso sacrifica su vida para salvar a Calirroe</em> de Fragonard. <em>Luxe, calme et volupté</em> de Matisse. Algunos muestran la incertidumbre de la representación <em>Light, Earth and Blue</em> de Rothko que puede ser visto como <em>Luz, Tierra y Cielo</em> o como <em>Claro, Marrón y Azul.</em> Otros son muy precisos: <em>Vista de Delft</em> de Vermeer, <em>Treinta y seis vistas del monte Fuji</em> de Hokusai.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/04/Piano.-ricardo_piglia.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-6283" title="Piano. ricardo_piglia" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/04/Piano.-ricardo_piglia-220x300.jpg" alt="" width="220" height="300" /></a>Los nombres mejoran a medida que los cuadros dejan de ser figurativos. <em>Impression Soleil Levant</em> (1872) de Monet es un título fundador (del impresionismo). Y lo mismo podríamos decir del extraordinario <em>Cuadro blanco sobre fondo blanco</em> de Malevich. O de <em>Juzgue</em> el duchampiano título de Xul Solar. Como son descriptivos tienden a ser enigmáticos porque la imagen que representan no es fácil de nombrar. Por eso muchos pintores han terminado por trabajar con el grado cero de la descripción, como Pollock con su <em>Number 32,</em> <em>1950.</em></p>
<p>La clave desde luego es que el título depende del cuadro; en un sentido lo describe, en todo caso lo nombra. La tensión entre mostrar <em>(showing)</em> y decir <em>(telling),</em> sobre la que Henry James fundaba su teoría de la novela, define la tensión entre la palabra y la imagen.</p>
<p>Define un particular uso del lenguaje: lo que se nombra, está ahí. (En la literatura lo que se nombra ya no está). Algo se fija en el lenguaje, mejor sería decir, el lenguaje se fija en una imagen. Depende de ella, aunque la desmienta, como en el célebre <em>Esto no es un pipa</em> de Magritte. Describir aquello de lo que trata la obra no es decir lo que significa y lo que significa no depende del título.</p>
<p>La fotografía en cambio parece necesitar del lenguaje para significar. Todo es tan visible que hace falta lo que Jean-Marie Schaeffer en su libro sobre la fotografía llama el saber lateral, es decir, ciertas informaciones que no surgen de la propia imagen. Como los sueños, la foto necesita del lenguaje para encontrar su sentido. Digamos que necesita un título. Mejor sería decir (freudianamente) el título de la foto es su interpretación.</p>
<p>Vivimos en una cultura donde la interpretación define las imágenes. La hiper explicación es la marca de la cultura actual, circula por los medios, en los blogs, en el facebook, en los twitter: todo debe ser aclarado. Las series en EE UU, <em>Lost, The Corner,</em> se interpretan y se discuten casi en el momento mismo en que se emiten los capítulos, los receptores tienen un conocimiento completo de lo que están por ver.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/04/Piano.-tormenta_de_nieve.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-6284" title="Piano. tormenta_de_nieve" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/04/Piano.-tormenta_de_nieve-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a>Lo mismo ha sucedido siempre en el fútbol, gran espectáculo narrativo de masas, el relato de los partidos está acompañado por un análisis muy sofisticado, que explica las tácticas y el sentido de juego. Se narra y se interpreta al mismo tiempo.</p>
<p><strong>Martes</strong></p>
<p>Doy una conferencia en la Universidad de Pensilvania sobre el escritor como crítico. Después cenamos con Roger Chartier, Antonio Feros, Luis Moreno-Caballud y otros amigos en el restaurant White Dog. En esta casa vivió Madame Blavatsky, fundadora de la Sociedad Teosófica; según dicen, el piano del salón principal a veces toca solo en la noche. Conversación muy divertida sobre supersticiones y cultura académica norteamericana. Paso la noche en Filadelfia y a la mañana antes de volver a Princeton, alcanzo a ver la exposición de Roberto Capucci en el museo. Una muestra extraordinaria. Alumbrados con luz blanca en la penumbra de una galería circular los vestidos y las esculturas de tela parecen mujeres mutantes de un mundo paralelo. Habría que agregar estas figuras femeninas sin cuerpo a la historia de la representación de la mujer que John Berger reconstruyó admirablemente en su serie de televisión <em>Modos de ver.</em> Capucci diseñó los vestidos de Silvana Mangano en la película <em>Teorema</em> de Pasolini.</p>
<p>La crítica literaria es la más afectada por la situación actual de la literatura. Ha desaparecido del mapa. En sus mejores momentos -en Iuri Tinianov, en Franco Fortini o en Edmund Wilson- fue una referencia en la discusión pública sobre la construcción del sentido en una comunidad. No queda nada de esa tradición. Los mejores -y más influyentes- lectores actuales son historiadores, como Carlo Ginzburg, Robert Darnton, François Hartog o Roger Chartier. La lectura de los textos pasó a ser asunto del pasado o del estudio del pasado.</p>
<p><strong>Miércoles</strong><strong></strong></p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/04/Piano.-Desastre-nuclear-tokio1.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-6285" title="Piano. Desastre nuclear tokio" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2011/04/Piano.-Desastre-nuclear-tokio1-300x224.jpg" alt="" width="300" height="224" /></a>Ella me está esperando en Princeton Junction y, de vuelta a casa, paramos en Home Depot. Es una especie de enorme ferretería con instrumentos, aparatos y maquinarias cubriendo el espacio como si fueran las piezas de un interminable taller desarmado. No hay clientes, ni empleados, está vacío. Es la crisis dice ella. Caminamos por los pasillos numerados entre grandes objetos rojos y taladros mecánicos. Tengo la sensación de estar todavía en el museo de Filadelfia. Un museo masculino, ironiza ella. Es la fantasía del galpón de herramientas de las casas antiguas, dice, pero ampliado hasta el delirio. Las cajas registradoras están cerradas y enfundadas. Al costado, una muchacha atiende el único mostrador en funcionamiento. Nadie hace cola porque no hay nadie. Compro una pala para la nieve, un par de guantes de lona y una pinza (para abrir y cerrar las ventanas). Se anuncia una tormenta de nieve, la última del invierno, quizá. | © <strong><em>Babelia</em></strong></p>
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		<title>En el camino de Zoar</title>
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		<pubDate>Sat, 04 Dec 2010 19:00:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mediaIsla</dc:creator>
				<category><![CDATA[Voces]]></category>

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		<description><![CDATA[JUAN CARLOS MIESES &#124; Aunque Las palomas de la guerra no es un libro sobre la Revolución de Abril, aquellos días de ira y de esperanza están presentes en cada página y en cada línea de texto  La primera ciudad arrasada por un arma de destrucción masiva no fue Hiroshima; fue Sodoma según la tradición [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/12/mujer-de-lot.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-5242" title="mujer-de-lot" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/12/mujer-de-lot-300x219.jpg" alt="" width="300" height="219" /></a><a href="http://www.jcmieses.com/">JUAN CARLOS MIESES</a> | Aunque <em><a href="http://laspalomasdelaguerra.blogspot.com/">Las palomas de la guerra</a></em> no es un libro sobre la Revolución de Abril, aquellos días de ira y de esperanza están presentes en cada página y en cada línea de texto</strong> </p>
<p>La primera ciudad arrasada por un arma de destrucción masiva no fue Hiroshima; fue Sodoma según la tradición hebrea. En cuanto al  arma, no se trató de un artefacto nuclear, sino de la exterminadora decisión del dios del <em>Génesis</em>. De esa catástrofe el <em>Génesis</em> no abunda en detalles; apenas cita un testigo ocular, pero se trata de un testigo impecable. Abraham. El patriarca que viviera en Canaán y que es el padre de los creyentes en las tres religiones del <em>Libro</em>. El trágico acontecimiento es contado de esta manera: </p>
<p><em>Abraham miró hacia Sodoma y Gomorra, y hacia toda la tierra de aquella llanura miró; y he aquí que el humo subía de la tierra como el humo de un horno. </em> </p>
<p>A menos que la frase “como el humo de un horno” esconda un sentido profético y señale un lejano porvenir de crematorios alemanes en el siglo XX, resulta curioso que ante aquella escena apocalíptica el autor del <em>Génesis</em> pensara en un horno, porque no se trataba de preparar el pan de cada día, sino de un holocausto en donde todos los seres vivientes en las dos ciudades del valle, al este del río Jordán, acababan de perecer. </p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/12/En-el-camino-de-zoar-1.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-5243" title="En el camino de zoar 1" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/12/En-el-camino-de-zoar-1-300x217.jpg" alt="" width="300" height="217" /></a>Los hombres, las mujeres, las aves de corral, las mascotas, las abejas, las luciérnagas, los olivos, las viñas y hasta las criaturas que esperaban la luz del sol en el vientre de sus madres murieron… De aquellas ciudades quedó sólo el viento que pasaba por ellas, para decirlo con el dolor y las palabras de Bertolt Brecht. </p>
<p>Pero hubo una excepción. Siempre las hay. Una familia salvó su vida; la familia de Lot. La noche anterior, unos jóvenes luminosos que no parecían de este mundo —y había una buena razón, puesto que según el Génesis, eran ángeles—  le habían advertido a Lot: <em> </em></p>
<p><em>Escapa por tu vida; no mires tras de ti, ni pares en toda la llanura; huye al monte, no sea que perezcas. </em> </p>
<p>Así que esa noche, antes del alba, la familia de Lot ya estaba camino a las colinas, lejos de los muros de Sodoma. Iban camino a Zoar, una aldea que quedaba al otro lado de las colinas de Sodoma. Caminaban unos detrás de otros por un sendero estrecho, en la penumbra de la madrugada, cuando de pronto un inusual resplandor encendió los cielos. Ese resplandor no era el sol. Era la cólera del dios de los hebreos que había hecho estallar en llamas la ciudad de Sodoma. </p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/12/En-el-camino-de-zoar.-3.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-5244" title="En el camino de zoar. 3" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/12/En-el-camino-de-zoar.-3-217x300.jpg" alt="" width="217" height="300" /></a>Para mí, lo más conmovedor de ese episodio —si exceptuamos el holocausto en sí— no es el destino de Lot, sino el de su mujer; porque la mujer de Lot nunca llegó a Zoar. Ella no logró salvarse.</p>
<p> Vencida por la curiosidad, la angustia o quizás el temor, en el momento del fantástico estallido la mujer de Lot desobedeció a los ángeles y giró su cabeza hacia la luz, hacia aquel atroz resplandor de aniquilamiento. </p>
<p>En ese momento ella caminaba detrás de su esposo y de sus hijas, llevada de la mano por uno de los mensajeros del Edén. Se encontraba a pocos pasos de la salvación; casi vislumbraba el oasis de Zoar; venteaba ya el sereno perfume del agua bajo el trasluz de las palmas datileras; sentía el aroma del pan sin levadura que se cocía sobre el barro caliente. </p>
<p>Podía escuchar el arrullo de las palomas, el rebuzno de los asnos, el canto de los gallos y hasta un tenue desgranar de preces mañaneras que parecían un riachuelo de palabras recitadas sin pausas en aquel oasis de Palestina. </p>
<p>Para salvarse, ella sólo tenía que caminar un poco más. Aferrarse a la mano tibia y vaporosa del ángel que la guiaba. Sólo tenía que cerrar los párpados y luchar contra el tonto deseo de mirar hacia el valle. </p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/12/En-el-camino-de-zoar.-Las-palomas-de-la-guerra.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-5245" title="En el camino de zoar. Las palomas de la guerra" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/12/En-el-camino-de-zoar.-Las-palomas-de-la-guerra-201x300.jpg" alt="" width="201" height="300" /></a>Era todo lo que tenía que hacer. </p>
<p>Pero no lo hizo. </p>
<p>Lot y sus hijas adivinaron el fin de aquella mujer, de aquella madre, de aquella esposa, sin necesidad de voltear sus cabezas, porque en ese instante el mundo se transformó y todos ellos quedaron atrapados en una pesadilla que no era un sueño. Una pesadilla que era real. En ese intervalo de tragedia no pudieron respirar: el aire se tornó en una nube de cristal, en un translúcido panal de infinitos alvéolos. </p>
<p>No pudieron ver: un ardiente resplandor de granadas maduras les laceró las pupilas. No pudieron caminar: el peso de los cielos los aplastó contra el sendero.</p>
<p>No pudieron hablar: sus lenguas, sus labios, sus gargantas se impregnaron con la amargura del Mar Muerto; la salazón de sus aguas se había concentrado en la saliva de sus bocas. </p>
<p>El perfume del oasis fue remplazado por el vaho del azufre. La frescura del viento por el soplo de los infiernos; no podían escuchar sino el sordo, el inmenso, el poderoso clamor de destrucción que subía desde Sodoma. A sus espaldas la mujer, la esposa, la madre se había transformado en una estatua de sal. </p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/12/Regala-un-libro-en-navidad-4.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-5246" title="Regala un libro en navidad 4" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/12/Regala-un-libro-en-navidad-4-300x170.jpg" alt="" width="300" height="170" /></a>Todos hemos escuchado esa historia alguna vez, pero nadie, nadie recuerda el nombre de esa mujer. El Génesis no lo menciona y como todas las víctimas de aquel día de ira la mujer de Lot se aferra, más de veinticinco siglos después, a su memorable anonimato y si el personaje principal de mi novela la evoca —como la evoco yo en esta ocasión— es, tal vez, porque él también es un ser anónimo como ella y como ella él también se atrevió a mirar hacia el pasado.  </p>
<p>La novela comienza con el recuento de ese episodio como una velada advertencia contra la nostalgia. Esa nostalgia que es quizá el corazón invisible de <strong>Las palomas de la guerra</strong> (Editorial Santuario, 2010).  Y digo advertencia porque creo que en algún momento del tiempo del ser humano, a cada hombre y a cada mujer sobre la tierra se nos presenta la oportunidad de continuar nuestro viaje, nuestra vida en otros valles, a condición de no mirar hacia atrás, como si cada uno de nosotros estuviéramos condenados a convertirnos, en alguna ocasión, en un indeciso Lot repetido en el tiempo y en el espacio de la humanidad. </p>
<p>Aunque <strong><a href="http://laspalomasdelaguerra.blogspot.com/">Las palomas de la guerra</a></strong> no es un libro sobre la Revolución de Abril, aquellos días de ira y de esperanza están presentes en cada página y en cada línea de texto, pero yo tiendo a pensar que se trata de un libro que nos recuerda que la nostalgia puede ser más peligrosa que la temeridad y más despiadada que el impredecible porvenir. </p>
<p>Y a mí, que me gustan los finales felices, no pude encontrar uno para mi personaje. Quizá no podría ser de otra manera porque lo que cuenta el narrador es un viaje hacia su propia vida durante los años de su juventud en aquella revolución de primavera, y todos sabemos que volver no es más una ilusión; un espejismo de la memoria, que los caminos sólo nos pueden llevar hacia adelante y que todos terminan, no importa la dirección que tomemos, todos terminan en el mismo lugar. </p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/12/En-el-camino-de-zoar-.-portada.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-5247" title="En el camino de zoar . portada" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/12/En-el-camino-de-zoar-.-portada-300x217.jpg" alt="" width="300" height="217" /></a>Durante la lectura del texto podríamos acariciar la fantasía de un posible retorno, de una vida que es dable repetir, quizá porque en cierta forma nada desaparece por completo y porque el pasado es lo que define y conforma nuestro presente, ese presente tan fugaz donde la vida derrame en nosotros sus delirios, donde el tiempo destila gota a gota sus entusiasmos y sus agonías; este presente tan inasible y sin embargo tan absoluto que nos embruja con sus sueños de eternidad como si la muerte no nos desgastara sin cesar tal como afirma Borges, o como si no estuviéramos condenados a pasar, a pasar como el agua, como los caminos o como este preciso instante que aquí y ahora se escurre y se esfuma&#8230;  </p>
<p>Y durante la lectura podríamos tener la impresión de que el mundo de ayer —gracias a los sueños y a las palabras— puede repetirse, de que el pasado puede resucitar en cada uno de nosotros aunque sólo sea por el tiempo de una novela y en el espacio de unas pocas páginas, pero no olvidemos, que esa dulce sensación de retorno y de repetición puede venir acompañada de la amenaza siempre latente, siempre real, de convertirnos en estatuas de sal.</p>
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		<title>Las hermanas Mirabal: heroicidad y martirio*</title>
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		<pubDate>Sat, 27 Nov 2010 12:49:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mediaIsla</dc:creator>
				<category><![CDATA[Voces]]></category>

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		<description><![CDATA[ÁNGEL GARRIDO &#124; Con el asesinato de aquellas tres valientes mujeres y de su aguerrido acompañante Rufino de la Cruz, la vejez tiránica no pudo impedir el amanecer de la libertad que con su noble gesta apuntalaron las hermanas Mirabal.  En el curso de mi vida he reflexionado en innúmeras ocasiones acerca del significado patrio [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Las-hermanas.-Patria-Minerva-y-Maria-Teresa-Mirabal.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-5128" title="Las hermanas. Patria, Minerva y Maria Teresa Mirabal" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Las-hermanas.-Patria-Minerva-y-Maria-Teresa-Mirabal-300x200.jpg" alt="" width="300" height="200" /></a>ÁNGEL GARRIDO | Con el asesinato de aquellas tres valientes mujeres y de su aguerrido acompañante Rufino de la Cruz, la vejez tiránica no pudo impedir el amanecer de la libertad que con su noble gesta apuntalaron las hermanas Mirabal.</strong><strong> </strong></p>
<p>En el curso de mi vida he reflexionado en innúmeras ocasiones acerca del significado patrio —y humano en general— del ingente sacrificio puesto por obra en mi país por las hermanas Patria, Minerva y María Teresa Mirabal: “Mi madre no fue la guerrillera obstinada que aparece en la película. Mi madre diseñó y cultivó el jardín de nuestra casa. Mi madre confeccionaba ropita y zapatitos de niños para nosotros”, le he oído decir de Minerva Mirabal a su hija Minou Tavárez. Con las primeras luces del alba de aquel fatídico 25 de noviembre de 1960 las tres hermanas Mirabal se despedían de sus hijitos y demás familiares en el jardín diseñado por Minerva. Al volante del vehículo todoterreno que las llevaría hasta la cárcel de Puerto Plata iba un héroe y mártir dominicano llamado Rufino de la Cruz. Varias personas de la comunidad habían evadido el altísimo riesgo que en esa época comportaba conducir el vehículo en el cual se transportaran las hermanas Mirabal: “Las muchachas no encontraron quien las acompañara aquel día porque todo el mundo tenía temor por la tiranía”, había de rememorar muchos años después Miledys de la Cruz, hija de Rufino, “ellas lo buscaron, y mi papá no se negó en ningún momento”, le diría Miledys en 1998 a la cineasta chilena Cecilia Domeyko.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Noviembre-y-nuestra.-Manolo-y-MInerva.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-5129" title="Noviembre y nuestra. Manolo y MInerva" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Noviembre-y-nuestra.-Manolo-y-MInerva-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a>Mata la vergüenza, que no el miedo; y por vergüenza había consentido Rufino de la Cruz en acompañar a las hermanas Mirabal a la cárcel de Puerto Plata: “…ellas lo buscaron, y mi papá no se negó en ningún momento”. Los maridos de Minerva y María Teresa Mirabal, luchadores contra la tiranía de Rafael L. Trujillo, habían sido trasladados desde una cárcel próxima a la capital dominicana hasta la de Puerto Plata, en la costa norte del país. Es caprichoso el azar, si le asiste razón a Joan Manuel Serrat: Patria Mirabal había solicitado aquel día el asiento del <em>Land Rover </em>de cuatro pasajeros que en buena lid le habría correspondido a doña Fefita, la suegra de María Teresa Mirabal. La carta que a la familia Mirabal le había cambiado a última hora el azar apareció envuelta en un razonamiento exento de toda ponderación: Patria había esgrimido el argumento inapelable ante la muerte de que hacía mucho tiempo que no veía a sus cuñados encarcelados. Si de evocar a Descartes se tratara, tendríamos que admitir que el corazón de Patria Mirabal tenía razones que la razón no entendía: quería sin duda correr la misma suerte de sus hermanas, y si le hubieran fallado las razones del corazón, tal vez la tendríamos hoy sentada a nuestro lado mientras charlamos con ustedes acerca de la heroicidad y el martirio de sus hermanas.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Las-hermanas.-Entierro-de-las-Mirabal.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-5130" title="Las hermanas. Entierro de las Mirabal" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Las-hermanas.-Entierro-de-las-Mirabal-300x255.jpg" alt="" width="300" height="255" /></a>José Ortega y Gasset ha postulado que en todo hecho humano, además de una razón física matemática, hay también lo que el filósofo español define como razón narrativa del hecho humano que nos ocupe. Para entender el hecho humano que comporta la heroicidad y el martirio de las hermanas Mirabal habría que narrarlo. Para intentar esa narración han organizado COPODO y la OPS la charla que intentamos materializar esta tarde de domingo. La vida de las tres heroínas y mártires se desarrolla dentro del marco que delimitan las fuerzas sociales y políticas que se mueven en el seno de la sociedad dominicana de mediados del siglo XX, pero el aporte de ellas tres a la lucha por la libertad de nuestros pueblos trasciende en sentido espiritual el sacrificio de las hermanas Mirabal de la misma manera que en sentido material la gran muralla china trasciende a Chin Sin Huang que la construyó.</p>
<p>Aquel ominoso 25 de noviembre de 1960, en la curva de Marapicada junto al puente en que fueron detenidas y próximo al cañaveral en que serían a renglón seguido asesinadas, se jalonó un hito histórico que seis meses después había de dar al traste con la horrorosa tiranía que durante más de tres decenios había padecido el pueblo dominicano. Sobre el sicario Ciriaco de la Rosa había caído la bochornosa responsabilidad de asignarle un asesino a cada víctima, y el azar —de nuevo caprichoso tantas veces como ganas le dé— había convertido a Silvio Núñez en <a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Las-hermanas.-heroes-de-14-de-junio.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-5131" title="Las hermanas. heroes de 14 de junio" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Las-hermanas.-heroes-de-14-de-junio-300x227.jpg" alt="" width="300" height="227" /></a>el único testigo involuntario del crimen más atroz y abominable de la tiranía trujillista. Silvio conducía un camión al servicio del Correo dominicano y presenció sin remedio el momento en que Rufino y las tres héroes restantes eran arrastrados hacia el cañaveral en el cual se ejecutaría el aberrante crimen. Como los cuatro mártires habían sido asesinados a garrotazos crueles, los esbirros del régimen intentaron sin éxito simular un inverosímil accidente automovilístico que llevaba en su seno la evidencia incontrastable de su propia imposibilidad: los cuatro mártires habían sido desnucados a garrotazos fieros y la casualidad no podía ser tan selectiva como para reservarles a todos el mismo golpe en la nuca de haber muerto los cuatro de resultas de un accidente<br />
automovilístico. La burda pretensión de los esbirros había de ser desenmascarada en el acto por el fiscal Luciano Ambriorix que desde Santiago vino. La maquinaria apabullante del terror trujillista le impuso el silencio.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Las-hermanas.-Rufino-de-la-Cruz.jpg"><img class="alignright size-full wp-image-5132" title="Las hermanas. Rufino de la Cruz" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Las-hermanas.-Rufino-de-la-Cruz.jpg" alt="" width="225" height="280" /></a>En medio de la lucha con los sicarios que les habían detenido, Patria Mirabal alcanzó a gritarle al camionero Silvio Núñez: “Dígale a la familia Mirabal en Salcedo que los calieses nos han detenido y que nos van a matar”. (Calié es un dominicanismo que significa agente secreto y cuyo origen se ha buscado en el término francés “cahier” que significa cuaderno o libreta de apuntes: el espía toma nota.) El hecho de que Silvio Núñez recibiera tamaña encomienda de labios de la propia Patria Mirabal ha llevado a su hijo Leonidas Núñez a sustentar que toda historia de las hermanas Mirabal estará siempre incompleta sin el testimonio de su padre. Leonidas tiene razón. Por desventura, y por previsible temor genético a la tiranía, no han entendido el compromiso patrio que tal testimonio echa sobre sus hombros, y no lo han ofrecido nunca. Cecilia Domeyko, productora de un encomiable documental sobre la espantosa tragedia dominicana, ha hecho todo lo posible por obtener el testimonio de Silvio Núñez. No lo ha logrado, y el país se corre el altísimo riesgo de que Silvio se lleve consigo su testimonio a la tumba.</p>
<p>Sin embargo, el testimonio que sí aparece con lujo de detalles documentado en la historia reciente del país dominicano es el papel jugado por Minerva Mirabal y sus hermanas en la formación del Movimiento Revolucionario 14 de Junio (<strong>1J4</strong>) que honró con su nombre la fecha del desembarco guerrillero del año 1959 contra la tiranía trujillista, y que estremeció con sus acciones los cimientos de la misma: “Sólo tengo dos enemigos importantes: la Iglesia <a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Las-hermanas.-Maria-Teresa-Mirabal.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-5133" title="Las hermanas. Maria Teresa Mirabal" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Las-hermanas.-Maria-Teresa-Mirabal-210x300.jpg" alt="" width="210" height="300" /></a>(católica, apostólica y romana) y las hermanas Mirabal”, había dicho un año antes de morir el propio dictador. Se trataba de un tropo, de una metonimia: Trujillo había aludido al todo por una de sus partes. Se refería el tirano a la Iglesia y al 1J4, que ya lideraba Manuel Aurelio Manolo Tavárez Justo, esposo de Minerva Mirabal.</p>
<p>Era al movimiento revolucionario a quien temía en verdad el dictador, y desde luego no sería exagerado en modo alguno decir que Minerva Mirabal, junto a su esposo Manuel Aurelio, era sin duda el ser que le insuflaba aliento a dicho movimiento. Y el movimiento 1J4, ya lo hemos dicho, le rendía con su nombre tributo al importante aunque malogrado desembarco guerrillero del año 1959, tal y como lo testimonia el himno que popularizara dicha organización política:</p>
<p><em>Llegaron llenos de patriotismo | enamorados de un puro ideal | y con su sangre noble prendieron | la llama augusta de la libertad | Su sacrificio, que Dios bendijo | la patria entera glorificará | como homenaje a los valientes que allí cayeron por la libertad | Catorce de Junio, gloriosa gesta nacional | sus mártires están en el alma popular | Hermanas Mirabal, heroínas sin igual | un grito vibrante es el grito de la Raza Inmortal.<br />
</em><br />
<a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Las-hermanas.-Manolo-Tavarez-Justo.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-5134" title="Las hermanas. Manolo Tavarez Justo" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Las-hermanas.-Manolo-Tavarez-Justo-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a>Ahí, señoras y señores, donde mismo las dejó el himno del 1J4; es decir, prendidas en el alma popular, ahí están las hermanas Mirabal; y esa circunstancia explica que nosotros estemos reunidos hoy en este salón de actos de la OPS para conmemorar un nuevo aniversario de una fecha que ya fue declarada en una reunión de mujeres latinoamericanas celebrada en Colombia en 1981 como el “Día de la No-Violencia contra la Mujer”. Un día que ha de adquirir cada vez mayor importancia en el mundo. Desde luego que los que hemos nacido y nos hemos criado al calor de una lengua romance, acostumbrados como estamos a valernos de la antonimia como recurso expresivo, habríamos preferido un antónimo de violencia para calificar dicho día. Lo podemos hacer con holgura sin recurrir a la fórmula de negación no-violencia que nos acerca más a la lengua inglesa que a la nuestra. Bien podríamos decir: “El Día Internacional de la Concordia hacia la Mujer”, o “El Día Internacional de la Dulzura hacia la Mujer”, o “El Día Internacional de la Equidad, de la Ecuanimidad hacia la Mujer”. Comoquiera se vale, y a las Mirabal se lo debemos.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Las-hermanas.-Dede-Mirabal.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-5136" title="Las hermanas. Dede Mirabal" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Las-hermanas.-Dede-Mirabal-300x209.jpg" alt="" width="300" height="209" /></a>Ya ven ustedes cómo se proyecta en el ámbito internacional el significativo aporte que a la libertad de su pueblo hicieron estas heroínas de la provincia de Salcedo, en la región dominicana de El Cibao, quienes en la clandestinidad antitrujillista eran conocidas por el delicado nombre de Mariposas. Cuesta creerle al cantautor Silvio Rodríguez que él no interpreta la indescriptible nostalgia de Manuel Aurelio Tavárez Justo cuando en sus versos musicalizados y vocalizados con impar maestría consigna:  </p>
<p><em>Hoy viene a ser como la cuarta vez que espero | desde que sé que no vendrás nunca más | He vuelto a ser aquel cantar del aguacero | que hizo casi legal su abrazo en tu cintura | y tú apareces en mi ventana, suave y pequeña, con alas blancas | yo ni respire, para que duermas y no te vayas | ¡Qué maneras más hermosas de recordar tiene uno! | ¡Qué maneras más curiosas!  | Hoy recuerdo mariposas que ayer sólo fueron humo | ¡Mariposas, mariposas! | que emergieron de lo oscuro | bailarinas, silenciosas.</em></p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Las-hermanas.-Minerva-Mirabal.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-5137" title="Las hermanas. Minerva Mirabal" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Las-hermanas.-Minerva-Mirabal-199x300.jpg" alt="" width="199" height="300" /></a>El pueblo árabe vincula al Paraíso el origen del olor de los niños, y la mitología occidental asocia al Paraíso con un jardín. Minerva Mirabal había diseñado un jardín en un paraje de la provincia de Salcedo con nombre paradisíaco: Ojo de Agua. Allí besaron ella y sus hermanas por última vez a sus niños. Allí ha erigido el pueblo dominicano un santuario al amor a la patria, a la familia, a la humanidad. Hacia ese mítico lugar han vuelto sus ojos las mujeres del continente reunidas en Colombia en 1981 y han proclamado el 25 de noviembre, fecha en la que nuestro pueblo conmemora cada aniversario de su muerte, como lo que bien pensado debería ser el Día Internacional de la Equidad entre la Mujer y el Hombre.</p>
<p>Las hermanas Mirabal no cejaron en su lucha a pesar del espantoso antecedente de que a lo largo de 31 años todo el que había tratado en la República Dominicana de derrocar el régimen de Trujillo había fracasado. Rafael L. Trujillo había echado en torno suyo las bases del capitalismo moderno en nuestro país. Trujillo encarnaba en sí mismo la figura del dictador y la del primer burgués moderno que en el sentido sociológico de la palabra tuviera el país dominicano. Esa dualidad explica el control absoluto que sobre hombres, mujeres y haciendas llegara a ejercer el tirano. Controlaba en persona, o a través de familiares y amigos íntimos, el poder político y militar, así como la industria, el comercio y la banca.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Las-hermanas.-Cocina-de-las-hermanas-Mirabal.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-5138" title="Las hermanas. Cocina de las hermanas Mirabal" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Las-hermanas.-Cocina-de-las-hermanas-Mirabal-300x200.jpg" alt="" width="300" height="200" /></a>Carecemos por desventura de los recursos descriptivos indispensables para poder transmitirles a ustedes esta tarde de domingo una idea siquiera aproximada de lo que era la República Dominicana de mediados del pasado siglo XX. Dígase a guisa de ejemplo que Trujillo ha sido desde siempre y hasta hoy el único ser de la vida de Dios que se ha atrevido a secuestrar dentro del territorio nacional<br />
estadounidense a un refugiado político para transportarlo vivo hasta otro país, torturarlo y asesinarlo luego. Eso hizo con el exiliado vasco Jesús de Galíndez. Y añádase además el hecho de que ese mismo secuestro le costó también la vida al piloto estadounidense que hasta Santo Domingo lo transportara. Dígase asimismo que ha sido el único miembro de la variopinta fauna dictatorial de América Latina que se ha atrevido a cambiarle por el suyo el nombre a la capital del país. Fue así como la histórica Santo Domingo pasó a llamarse Ciudad Trujillo.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Noviembre-y-nuestra.-Hermanas-Mirabal1.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-5139" title="Noviembre y nuestra. Hermanas Mirabal" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Noviembre-y-nuestra.-Hermanas-Mirabal1-300x168.jpg" alt="" width="300" height="168" /></a>Pero no sólo la capital del país tomó por disposición de un senado gomígrafo el nombre del dictador. También las calles, las avenidas, los puentes, las provincias, las escuelas públicas se llamaban como él o como sus familiares más cercanos. La capital dominicana es atravesada de norte a sur por el río Ozama, en cuya margen occidental se preserva encascado en hormigón el árbol de ceiba en el que la tradición asigna proís a la carabela en que navegaba Colón. En la margen oriental del mismo río existe una urbanización que lleva su nombre: Ensanche Ozama. El río es atravesado desde 1955 por un puente que hoy se llama Duarte en honor al fundador de la República, pero que en tiempos de Trujillo llevaba el nombre de su hijo mayor. La calle que da a la cabecera occidental del puente era perpendicular a otra que llevaba el nombre del padre del tirano, la cual a su vez pasaba frente al parque que hoy se llama Enriquillo en honor al primer indio que en América se rebelara contra el dominio europeo. La avenida que empalma con la margen oriental del puente llevaba el nombre de su hijo menor. Y esa avenida era a su vez perpendicular a otra del Ensanche Ozama que llevaba el nombre de la mujer de Trujillo. El ingenio popular dominicano le atribuye al chusco la siguiente respuesta a un peatón que le pidió las coordenadas para llegar hasta una ferretería que quedaba enfrente al parque que llevaba el nombre de la madre del dictador:</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Noviembre-y-nuestra.-Hnas-Mirabal-y-Rufino-de-la-Cruz1.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-5140" title="Noviembre y nuestra. Hnas Mirabal y Rufino de la Cruz" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Noviembre-y-nuestra.-Hnas-Mirabal-y-Rufino-de-la-Cruz1.jpg" alt="" width="200" height="156" /></a>—Mira —le recomendó—: caminas recto por la avenida de la mujer; giras a la derecha en la avenida del hijo menor; atraviesas el puente del hijo mayor; giras de nuevo a la izquierda cuando llegues a la avenida del papá, y cuando hayas llegado al parque de la mamá, verás del lado derecho la ferretería que buscas.</p>
<p>Pero no asuman por favor que por haberle visto la frente al tirano, ya le vieron la parte posterior de la cabeza. Les queda mucho por ver y por saber.</p>
<p>En el terreno sociológico, lo mejor sería que le cediéramos la palabra a Juan Bosch, intérprete por excelencia de lo que fuimos y lo que somos, y profeta en igual medida de lo que deberíamos ser: “…en septiembre de 1940 liquidó (Trujillo) la deuda externa dominicana y su gobierno tomó posesión de las aduanas, que habían estado bajo control norteamericano desde principios de siglo.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Agua-que-no.-Portada1.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-5141" title="Agua que no. Portada" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Agua-que-no.-Portada1-300x200.jpg" alt="" width="300" height="200" /></a>A partir de ese momento Trujillo no tendría ataduras de ninguna especie para manejar la política económica del Estado y la República entraría a marchas forzadas por las sendas de un país burgués, si bien con las limitaciones propias de una sociedad que todavía no estaba regida por una burguesía nacional, sino por una burguesía familiar, casi unipersonal. En octubre de 1941 quedaba fundado el Banco de Reservas, que consistía en el traspaso al Estado con un nombre nuevo de las sucursales de The National City Bank of New York. El hecho<br />
de que el primer banco nacional tuviera que ser creado por el Estado da una idea bastante aproximada de lo que sucedía en el orden de la composición social; menos de tres años después iba a celebrarse el primer centenario de la República y el país no tenía un banco comercial y de crédito dominicano, y cuando lo tuvo fue establecido por el Estado porque ningún comerciante o empresario dominicano tenía idea de lo que significaba un banco dominicano. En el siglo XIII, antes aún de que tomara el poder político, la burguesía de Florencia manejaba bancos que operaban en toda Europa; casi siete siglos después, lo que algunos llaman la burguesía dominicana no sabía para qué servía un banco”. Véase al respecto <strong>Composición Social Dominicana</strong>, decimosexta edición de Alfa y Omega fechada en Santo Domingo en julio de 1988, páginas 403 y 404.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Las-hermanas.-Entierro-de-las-Mirabal1.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-5142" title="Las hermanas. Entierro de las Mirabal" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Las-hermanas.-Entierro-de-las-Mirabal1-300x255.jpg" alt="" width="300" height="255" /></a>Ese, amigas y amigos, era el país en el cual luchaban las hermanas Mirabal. El 10 de enero de 1960, en una finca de la ciudad dominicana de Mao, se reunió un grupo de jóvenes luchadores para dejar fundado el movimiento revolucionario 14 de Junio. Minerva Mirabal había de jugar aquel día un papel determinante. Fue propuesta para presidir el movimiento, pero ella le cedió la vez a su esposo, Manuel Aurelio Tavárez Justo: la lealtad del corazón valió por todos los salmos. Pero de resultas de los deleznables servicios de un traidor la tiranía había de desvelar días después los planes del movimiento. Tavárez Justo sería el primer prisionero, y la saña de los sectores más retardatarios del país contra él no cesaría jamás hasta verlo muerto. Había de caer asesinado tres años y meses más tarde, luego de haberse hecho al monte en defensa del primer gobierno democrático que tuvo el país en varios decenios. Encabezado por Juan Bosch, ese gobierno había sido elegido con casi un 60% de los votos emitidos el 20 de diciembre de 1962, y había sido juramentado el 27 de febrero de 1963. A los siete meses de inaugurado el nuevo gobierno, una conjura infame desató sobre el país los demonios de la guerra civil y un nuevo y dilatado período de cárceles, exilios y asesinatos que bien habríamos podido evitar de haberse preservado la Constitución democrática en cuya defensa ofrendó su vida Manuel Aurelio Tavárez Justo y el grupo de aguerridos compañeros que hasta nuestras montañas le acompañó.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Las-hermanas.-Minerva-Mirabal-.jpg"><img class="alignright size-full wp-image-5143" title="Las hermanas. Minerva Mirabal `" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Las-hermanas.-Minerva-Mirabal--e1290874174651.jpg" alt="" width="100" height="167" /></a>Ofrendaron en defensa de la Constitución la propia vida, es cierto. Pero también la ganaron para las generaciones y presentes y futuras. Todas las virtudes tienen en el honor su raíz. Y tanto respetó la Raza Inmortal el código del honor que por ósmosis dialéctica permearon al propio adversario. Don Emilio de lo Santos, un jurista de renombre que había presidido el año anterior la Junta Central Electoral que validó con apego a la ley el triunfo de Juan Bosch en las elecciones del 20 de diciembre de 1962, y que había sido sonsacado por los golpistas para que presidiera el gobierno de facto que asumió el Poder tras el golpe de Estado, se había atrevido a garantizar la vida de Manuel Aurelio Tavárez Justo y sus seguidores armados. Cuando supo que los militares les habían asesinado sin ningún apego a las leyes del honor, abdicó en el acto a la presidencia de la República y en un gesto sin precedentes en la historia universal caminó cabizbajo desde sus oficinas en el Palacio Nacional hasta su hogar sito en el casco antiguo de la capital dominicana. A pie llegó a su casa don Emilio de los Santos, pero libró con el gesto a su descendencia del estigma del deshonor patrio.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/1.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-5144" title="1" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/1-300x202.jpg" alt="" width="300" height="202" /></a>Por la vía que señalan la Constitución y las leyes adjetivas del país dominicano, otro caballero de honor ejerce hoy la primera magistratura del Estado: “Siento la presencia de Juan Bosch cada mañana al entrar en mi despacho”, ha declarado en público en fecha reciente el presidente dominicano Leonel Fernández.</p>
<p>Reivindicamos hoy el ingente sacrificio de las hermanas Mirabal, como una manera modesta de resarcir a su familia y a la humanidad toda. Reivindicamos a la vez el sacrificio de todas las madres dominicanas: la mano que mece la cuna, bien debería regir el mundo. La misma mano que trazó un jardín en Ojo de Agua jalonó con su insobornable conducta otro hito en el largo y escarpado camino del pueblo latinoamericano hacia su libertad y dominio de sus riquezas naturales y de sus envidiables recursos humanos. Ningún lugar más apropiado para hablarles esta tarde acerca de la heroicidad y el martirio las hermanas Mirabal que esta organización encargada de velar por la salud de todo un continente, y a cuyo servicio ha laborado el doctor Jaime David Fernández Mirabal, hijo de doña Dedé Mirabal, única hermana Mirabal sobreviviente a la implacable saña de la dictadura y el oprobio.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/agua2.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-5145" title="agua" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/agua2-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a>El camino hacia el futuro lo trazaron aquellos jóvenes que lideraban Minerva Mirabal y sus compañeros: “La vejez”, ha consignado el riquísimo refranero del pueblo ruso, “es más sabia que la juventud, pero la mañana sabe más que la tarde”. Con el asesinato de aquellas tres valientes mujeres y de su aguerrido acompañante Rufino de la Cruz, la vejez tiránica no pudo impedir el amanecer de la libertad que con su noble gesta apuntalaron las hermanas Mirabal. ¡Gloria eterna a su memoria!</p>
<p>Buenas tardes, y a la orden. (*) Conferencia dictada por Ángel Garrido en la sede de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) en Washington, DC, y auspiciada por COPODO en conmemoración del cuadragésimo cuarto aniversario del asesinato de las hermanas Patria, Minerva y María Teresa Mirabal. Publicada originalmente en  Resumen 83 de<strong> mediaIsla </strong>el 24 de noviembre 2004. | <strong>Ángel Garrido</strong>, autor de <em>Génesis, si acaso</em>. Premio Nacional de Novela, República Dominicana 2004.</p>
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		<title>La plaga</title>
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		<pubDate>Sat, 20 Nov 2010 20:32:30 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[GUSTAVO DUCH GUILLOT * &#124; Con la llegada de la modernidad muchas cosas cambiaron. La propiedad de nadie paso a ser titularidad de cada uno o una. Las asambleas se cuajaron en jerarquías. A los consejos, la mayoría sin valor, se les puso precio.  Para Hendrikus y Xavier, los buenos he´fês  En su lengua, he’fê [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/La-plaga.-2.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-4979" title="La plaga. 2" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/La-plaga.-2-300x275.jpg" alt="" width="300" height="275" /></a><a href="http://www.rebelion.org/autores.php?id=83">GUSTAVO DUCH GUILLOT</a></strong> * | <strong>Con la llegada de la modernidad muchas cosas cambiaron. La propiedad de nadie paso a ser titularidad de cada uno o una. Las asambleas se cuajaron en jerarquías. A los consejos, la mayoría sin valor, se les puso precio.</strong><em> </em></p>
<p style="text-align: right;"><em>Para Hendrikus y Xavier, los buenos he´fês</em> </p>
<p>En su lengua, <em>he’fê</em> era una persona cuerda que siempre te echaba una mano. <em>He’fê</em> decían los más chicos a aquellas cuyo tiempo vivido, cuya juventud acumulada, les había dado más noches de descubrimientos, más días de experiencia. Arrimarse a un <em>he’fê</em>, impregnarse de sus hazañas y reveses eran lecciones que no tenían precio, pero sí mucho valor. </p>
<p>Cuando la brújula no tenía la respuesta y la decisión no era fácil, cualquiera de la comunidad, hombre o mujer, joven o anciano buscaba un <em>he´fê </em>sabio, despierto, con una perspectiva diferente que supiera sacarle del atolladero. El buen <em>he´fê</em> te daría siempre la pregunta adecuada para que tú pudieras responderte. </p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/La-plaga.-portada1.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-4980" title="La plaga. portada" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/La-plaga.-portada1-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a>También llamaban <em>he’fê</em> a quien proponía una reflexión colectiva, atizando un buen debate, que les permitía pensar de forma nueva y diferente, avanzar. </p>
<p><em>He´fê</em> era la madre que guiñaba el ojo al hijo, que volvía a casa después de haber andado un camino equivocado, pero volvía por su iniciativa y tesón. </p>
<p><em>He´fê</em> fue quien durante la temporada de lluvias, con menos cosas para hacer en los huertos comunales, salía en nombre del pueblo a visitar las tribus vecinas y saber de ellas, a organizar encuentros para pensar y repensar en común. Al regreso el <em>he´fê</em>, después de descansar y reponerse, contaba lo que fue hablado, y pedía disculpas por lo que pudiera haber malinterpretado. </p>
<p>Con la llegada de la modernidad muchas cosas cambiaron. La propiedad de nadie paso a ser titularidad de cada uno o una. Las asambleas se cuajaron en jerarquías. A los consejos, la mayoría sin valor, se les puso precio. Para cualquier cosa que te preguntaras, alguien de arriba, tenía la respuesta que debías utilizar. Hasta las ocas dejaron de volar juntas, cada una debía superarse por si sola. Y les cuesta más que nunca levantar el vuelo. Las palabras cambiaron poco de forma, pero mucho de contenido. Hoy, a quien decide en nombre de los demás sin deliberar, sin indagar en las preocupaciones comunes, a quien llegó al mando por linaje, herencia o sobornos, a quien no sabe parpadear pero sí levantar la mano, aún se le llama, después de tantos años, igual: la jefa, el jefe. </p>
<p>Y los hogares, los palacios de gobierno, los cuarteles, las fábricas y empresas están saturadas de jefes. Una plaga de mandamases. | * <em>Rebelión</em></p>
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		<title>Un poeta de la zozobra, Paul Celan</title>
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		<pubDate>Sat, 20 Nov 2010 19:54:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mediaIsla</dc:creator>
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		<description><![CDATA[MANUEL GARCÍA VERDECIA &#124; La poesía de Celan queda como una rosa en el regazo del dolor. Ella nos dice (fue la respuesta de Celan a Adorno) cómo sí se puede y, más, se debe escribir poesía después de Auswistch, aún después del Gulag, después de Rwanda y Kosovo y Srebrenica y Abu Graib y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Un-poeta.-Selected-Poems.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-4951" title="Un poeta. Selected=" alt="" width="198" height="300" /></a><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Un-poeta.-1.jpg"></a>MANUEL GARCÍA VERDECIA | La poesía de Celan queda como una rosa en el regazo del dolor. Ella nos dice (fue la respuesta de Celan a Adorno) cómo sí se puede y, más, se debe escribir poesía después de Auswistch, aún después del Gulag, después de Rwanda y Kosovo y Srebrenica y Abu Graib y Ciudad Juárez.</strong> </p>
<p>Este 23 de noviembre Paul Celan hubiera podido cumplir noventa años. Queda dentro del límite de lo humanamente posible. Sin embargo, el 20 de abril de 1970, el último en una cadena de intentos resultaría eficaz, al lanzarse a las pardas aguas del Sena, estas cerraron detrás un singular periplo de vicisitudes y búsqueda de expiación. Había sido una vida angustiada, demasiado asediada por la muerte numerosa, principal y cercanamente, las del padre y la madre, agobiada por la destrucción del ancestral mundo que lo había nutrido en la infancia y por la recurrencia del horror en el recuerdo de su propia reclusión pavorosa. Su obra para siempre parece haber quedado inscrita, como esas huellas de las eras en la piedra, en aquellos versos que lo resumen: </p>
<p><em>Negra leche del alba te bebemos de noche | te bebemos a mediodía  | la muerte es un maestro que viene de Alemania</em> </p>
<p>Esa leche de la desgracia y el desconsuelo llegaba para forzarlo a beber, a él y al pueblo suyo instalado en Europa, de manos de ese maestro de Alemania. Eran alemanes tratando de ser más alemanes quienes produjeron el holocausto (lo de <em>maestro</em> tal vez alcance asidero emblemático por Heidegger, alguien cuyas tesis dieron aliento a nefastos manejos y con quien Celan tuvo una agónica relación, esperando de él quizás un gesto conciliatorio). Leche que, una vez bebida, no se digería sino que persistía como un estado de perpetua zozobra sin alivio. Fue este sentimiento el que empujó a Celan por la vida, la neurosis y la muerte.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Un-poeta.-Paul-Celan.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-4946" title="Un poeta. Paul Celan" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Un-poeta.-Paul-Celan-246x300.jpg" alt="" width="246" height="300" /></a>En la propia persona del poeta concurren algunas de los antagonismos fundamentales que estremecieron a Europa en la primera mitad del siglo XX. Nació Paul Antcschel (de este elaboró su alias artístico) en Cernăuţi, un pueblo de la Tierra de las Hayas, la Bucovina, en ese momento rumana, territorio que desde siglos venía siendo objeto de pugnas que lo pasaban de una nación a otra. Descendía de judíos, comunidad cuyo sino atávico la volvía extraña en medio de rumanos. El padre quiso educarlo en la tradición y la lengua hebreas, algo que se vio forzado a cumplir hasta saldar su compromiso con el ritual del <em>bar mitzvah</em> que le abría las puertas a la mayoría de edad. No obstante, la madre siempre había guiado al hijo por los derroteros de la lengua alemana y sus letras. En su relación con el padre y su reacción ante la obligación a sumirse en la ortodoxia hebrea hay algo vinculante con otros escritores judíos. Al igual que Kafka, Celan mantuvo una actitud crispada respecto a la férula modeladora de Leo Antcschel y pronto apartó el rigor hebreo. De modo que su existencia estuvo signada por continuas bifurcaciones. </p>
<p>Luego, Celan trataría de acercarse a la cultura occidental cristiana. Se fue a París a hacer una carrera. Estudió otras lenguas como el francés, el inglés y el ruso. Éstas le sirvieron para su obra de traductor. Sin embargo, fue el alemán su puente de creación. En el caso de los poetas, la traducción siempre ha sido una suerte de sonda para introducirse en la mecánica expresiva de otros creadores, así como para examinar desde dentro de su órgano de manifestación cómo opera determinada cultura. En Celan, alguien que no tenía un centro existencial consistente sino uno ambiguo y desenfocado en su contradicción, creo que relacionarse con varias culturas y lenguas lo ayudaba a establecer ejes alternos que le conferían cierta seguridad complementaria. Al no poder ser ciudadano coherente de una lengua y una cultura, lo era de un ámbito plural y, por ende, más flexible. Así mismo, judío germano-parlante, vivió en un territorio neutral, básicamente en Francia, aunque también residió por períodos en Alemania, Suiza e Israel. Hay como una búsqueda de un espacio que diera aliento y justificación a sus actos, tras la desaparición de su mundo original (su Bucovina rumana natal, tras la derrota nazi, era ahora territorio de la Ucrania soviética).  </p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Un-poeta.-Paul-Celan-Poems.jpg"><img class="alignright size-full wp-image-4947" title="Un poeta. Paul Celan Poems" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Un-poeta.-Paul-Celan-Poems.jpg" alt="" width="182" height="276" /></a>El idioma alemán lo enfrentaba a una contradicción medular. El alemán era, en el sentido más entrañable, su lengua materna, aquella con la que su progenitora trataba con él. Sin embargo, en un hecho terriblemente alucinante, era la lengua en que se oyeron los primeros gritos de sus verdugos. Medio de comunicación convertido en instrumento destructivo de quienes hicieron lo posible por borrar su pueblo de la faz de la tierra, entre los que estuvieron su madre de un balazo y el padre de tifus contraído en el campo. Esto, indudablemente, tenía que quebrar la conciencia de un ser lúcido y sensible, dejando un estado de permanente desasosiego. Lengua por donde podía elevar su oración por el mundo y memoria de las voces de sus asesinos. </p>
<p>Pienso que fue de aquí donde derivó la actitud del poeta ante la lengua. Quiso resolver en el lenguaje lo que la vida no había podido solventar. Deshacer el idioma alemán, tal y como usualmente se empleaba, erradicar la estructura por la cual se había exteriorizado el odio, para resucitarlo en su poesía, moldeándolo como medio de dignidad y expiación. </p>
<p>La poesía de Celan es sumamente enigmática sin dejar de ser atrayente. Siempre debemos destacar una obviedad pero muy determinante en su caso: no leemos (no los que lo leemos en otras lenguas) la voz del poeta sino la reproducción de sus traductores, la mayoría no poetas que serían los mejores trasladadores. En un creador como él que se hace inexpugnable en su elaboración lingüística, tal trasvase lo vuelve casi inaccesible. Esto se evidencia al contrastar las diversas versiones de un poema, donde hallamos no sólo diferencias sino incluso contradicciones. Sin embargo, no dejamos de intuir, por encima de las dubitativas y frágiles transcripciones, el rico y hábil sustrato de la imaginación del poeta. </p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Un-poeta.-Paul-Celan.-Poet.-Survivor.-Jew.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-4948" title="Un poeta. Paul Celan. Poet. Survivor. Jew" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Un-poeta.-Paul-Celan.-Poet.-Survivor.-Jew-195x300.jpg" alt="" width="195" height="300" /></a>Distinguen a este creador ciertos manejos no sólo de las palabras sino de toda la estructura de dicción del poema. Su expresión funciona mediante imágenes indirectas, al parecer inconexas, de inusitadas asociaciones, donde sus referencias se diluyen hábilmente, con suma parquedad de palabras y sin una rigurosa coordinación sintáctica. Sin embargo, por la desconcertante capacidad imaginativa su poesía se vuelve cautivante. Los núcleos de sentido más sistemáticos, como no podía ser de otra manera en alguien que había descendido a los abismos más crueles de su tiempo y alzádose desde allí para la restitución, coinciden con los núcleos agónicos de su siglo. Hallamos el tiempo incomprensible en sus modos de ser e inmensurable en sus articulaciones espirituales, la muerte que acontece con la vida y se anuncia en las mil presencias de la nada, la búsqueda del otro que es parte del yo y extensión de su sustancia y aliento, la culpa que pende en la impronta de los siglos y que reaparece en la responsabilidad al no coartar los imponderables del devenir y, por supuesto, el lenguaje, enlace de las partes y el todo, mecanismo por donde lo genérico se hace presencia y pertenencia del yo, definitiva corporización de la realidad y de la voluntad que la somete y transforma. </p>
<p>Al repasar los textos de Celan en el transcurso de los libros que publicara, comprobamos que hay ciertos vocablos que una y otra vez saltan a nuestro encuentro como sustanciosas carpas de oro. Cuatro son las voces que sobresalen: palabra, piedra, noche y muerte. En su poema “Nocturnamente enfaldados”, dedicado a Hanna y Herman Lenz, podemos hallarlos todos: </p>
<p>N<em>octurnamente enfaldados | los labios de las flores, | cruzados y triscados | los troncos de los abetos, | agrisado el musgo, la piedra estremecida, | despertados al vuelo infinito | los grajos sobre el glaciar: || esta es la comarca donde | reposan aquellos | a quienes dimos alcance: || Están separados en el mundo, | cada uno en su noche,| cada uno en su muerte, | hosco, desnudo, escarchado | de lo cercano y lo distante. || Ellos pagan la culpa que infundió alma a su origen,| la pagan en una palabra | que persevera injustamente, como el verano. || Una palabra – tú sabes: | un cadáver. | Vamos a lavarla, | vamos a peinarla, | vamos a volver su ojo | hacia el cielo.</em> </p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Un-poeta.-11.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-4952" title="Un poeta. 1" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Un-poeta.-11-200x300.jpg" alt="" width="200" height="300" /></a>El poema, una suerte de <em>kaddish</em>, esa oración que hacen los hebreos por los difuntos, es un amoroso acercamiento a aquellos que están <em>separados del mundo</em> del poeta, por la sevicia del mal. El mundo que prosigue en su tiempo se divide del tiempo de los muertos, sólo la palabra los conecta. Al purificarla, al ponerla de frente al cielo en su gloria y divinidad, se limpia la memoria de los caídos y se les restituye su inocencia en el futuro. </p>
<p>Véanse en el poema los cuatro puntos cardinales de su expresión. En verdad, nunca se tiene certeza de lo que anima el alma del poeta. Sin embargo uno tras abrazarse una y otra vez con los textos (único modo de acceder a la poesía, mediante el <em>eros</em>, uniéndose a través de todos los sentidos con el poema) determinadas implicaciones vibran. <em>Piedra</em> podría ser lo sustancial, lo germinal, el significado detrás de las cosas, la evidencia del tiempo y su doble subjetivo, la memoria. <em>Palabra</em> es el vínculo con lo divino, el mundo, la historia, la memoria, el otro, es el cuerpo que hace posible la existencia para el sujeto. <em>Noche</em> sería<strong> </strong>lo desconocido, lo innombrable, lo protector, lo inocente, el silencio. <em>Muerte</em> no sería únicamente la anulación del ser sino también la intromisión permanente de la nada en nuestras vidas, la eliminación de la voluntad por una violencia más poderosa, o el borrón en la memoria. </p>
<p>Sin embargo, la percepción y el establecimiento de esto sólo se consiguen por la articulación del idioma. Para el sujeto, el lenguaje es todo para la apropiación y construcción del mundo. Es la carne y los huesos por los cuales el mundo se vuelve conocimiento, pensamiento y memoria. Tal y como el insecto que muere en su afán de reproducirse: </p>
<p><em>La mantis, otra vez, | en la cerviz de la palabra, | en que te habías escurrido,  | hacia dentro del ánimo  | camina el sentido, | hacia dentro del sentido | el ánimo.</em> </p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Un-poeta.-Paul-Celan...2.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-4953" title="Un poeta. Paul Celan..." src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Un-poeta.-Paul-Celan...2-174x300.jpg" alt="" width="174" height="300" /></a>De manera que hay un ir y venir entre la palabra y el ser del mundo. </p>
<p>Cada vez más el poeta se propuso despojar el idioma de toda gravidez tiempo-espacial. Deseaba devastarlo de inmediatez y alcanzar su total abstracción, una sutileza que lo acercara a la música o las matemáticas, en un relampagueante simbolismo concentrado. Hacerlo muy esencial, apto para disímiles situaciones y tiempos. Se ve en “Flor”, que por demás habla de esta relación ser-lenguaje: </p>
<p><em>La piedra. | La piedra en el aire, yo la seguí. | Tu ojo, tan ciego como la piedra. || Éramos | manos, | apuramos la oscuridad hasta vaciarla, hallamos | la palabra que brotó al verano: flor. || Flor </em>—<em>una palabra de ciegos. | Tú y mi ojo: | procuran | el agua. || Crecimiento. | Va hojeando | pared a pared del corazón. || Una palabra más como esta y los martillos | oscilan al descubierto.</em> </p>
<p>Sin embargo no es la poesía de Celan solo un laboratorio de palabras. El autor no pierde nunca el ansia por la restitución de la bondad y la posibilidad. </p>
<p>Oigo que el hacha ha florecido, | oigo que el lugar es innombrable, | oigo que el pan, que lo mira, | saluda al ahorcado, | el pan que le coció la mujer, | oigo que llaman a la vida | el único refugio. </p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Un-poeta.-Portada1.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-4954" title="Un poeta. Portada" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2010/11/Un-poeta.-Portada1-300x226.jpg" alt="" width="300" height="226" /></a>Así de desesperadamente humana es su poesía. Sin embargo quien creía que la vida era refugió único buscó en la muerte acallar todas las voces que lo recriminaban e inculpaban. </p>
<p>La poesía de Celan queda como una rosa en el regazo del dolor. Ella nos dice (fue la respuesta de Celan a Adorno) cómo sí se puede y, más, se debe escribir poesía después de Auschwitz, aún después del Gulag, después de Rwanda y Kosovo y Srebrenica y Abu Graib y Ciudad Juárez. Porque mientras la vida no sea condescendiente y piadosa sólo nos queda la palabra que se alza y clama. Esa que guarda el humanismo en los desesperados versos de Celan llamando a la vida sin dilación: </p>
<p>Es tiempo de que la piedra consienta en florecer, | que a la inquietud le palpite un corazón. | Es tiempo de que llegue a ser tiempo. || Es tiempo.<em> </em></p>
<p><em>Es tiempo</em>. <em>Es tiempo</em>. <em>Es tiempo</em>, gritémoslo sin descanso y con fe, que la palabra del poeta exorcice el mal. | <strong>MANUEL GARCÍA VERDECIA</strong>, Holguín, Cuba, profesor, escritor, editor y traductor poeta y ensayista, en 2007 obtuvo el Premio Julián del Casal de la UNEAC en poesía, autor de <em>El día de la cruz</em>, 2008</p>
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