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	<description>Puente de palabras vivas</description>
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		<title>Lectura como palimpsesto</title>
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		<pubDate>Sat, 28 Jan 2012 19:34:35 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[Palimsestos]]></category>

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		<description><![CDATA[MANUEL GARCÍA VERDECIA &#124; …hoy sería benéfico desaparecer del universo escritural tantos bodrios sin otro valor que la propia agrupación de palabras que nos fuerza a practicar la lectura. Siempre he pensado que al leer realizamos un palimpsesto. Esta hermosa y rara palabra se refiere a una práctica a que forzó la economía, pero que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/01/Literatura-como-palimpsesto..jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-8932" title="Literatura como palimpsesto." src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/01/Literatura-como-palimpsesto.-300x232.jpg" alt="" width="300" height="232" /></a><a href="mailto:manuel.odiseo@gmail.com">MANUEL GARCÍA VERDECIA</a> | …hoy sería benéfico desaparecer del universo escritural tantos bodrios sin otro valor que la propia agrupación de palabras que nos fuerza a practicar la lectura.</strong></p>
<p>Siempre he pensado que al leer realizamos un palimpsesto. Esta hermosa y rara palabra se refiere a una práctica a que forzó la economía, pero que ha resultado luego útil para la historia del pensamiento humano. Originalmente, como no existía la cantidad suficiente de papiro o pergamino para dar cuerpo a la creciente cantidad de asuntos que se escribían, se comenzó a borrar por diversos medios lo escrito antes para, sobre esta base recuperada, escribir algo distinto. Hay que pensar que, quizás, en muchos casos fue provechoso que se blanquearan textos para nada trascendentes —incluso hoy sería benéfico desaparecer del universo escritural tantos bodrios sin otro valor que la propia agrupación de palabras que nos fuerza a practicar la lectura—. Sin embargo, lo lamentable es que muchas veces se deshicieron escritos significativos, de autores tan valiosos como Homero, Aristóteles, Euclides, Gayo o Marco Aurelio.</p>
<p>Más adelante, eso tan raro, único y generoso cuando se le bien emplea, la inteligencia del hombre, halló la manera de sondear lo oculto. Con el empleo de rayos ultravioletas, se pudo hurgar en las capas sucesivas de escritura que inevitablemente dejaban algún rastro. Así se pudo descubrir verdaderas riquezas solapadas en la maraña de sobreimpresiones.</p>
<p>Hasta ahí el uso estricto del término. No obstante, en estas líneas quiero extender el empleo de <em>palimpsesto</em> al acto de leer creadoramente. Cualquier lector medianamente informado y habituado a la lectura consciente, sabe que cada vez que uno vuelve sobre un poema, cuento, novela o ensayo, es como si se abrieran zonas no advertidas antes. Siempre que imparto un curso sobre teoría literaria invito a mis alumnos a acometer un simple, pero ilustrador, ejercicio. Consiste en revisitar un libro que hubieran leído en su infancia o adolescencia. Es sumamente deslumbrante el comprobar cómo aquello que leímos y de lo cual conservábamos un brumoso paisaje en el recuerdo, revela nuevas ideas, visiones, asociaciones, experiencias. Incluso se descubre con sorpresa la habilidad con que los autores supieron decir cosas, para nada ingenuas, que la mente del niño solo comprendería en su complejidad futura. Los libros cambian y crecen junto con el crecimiento y la maduración del individuo.</p>
<p>Ciertamente debe ser por esto que la mayoría de los intelectuales consideran la relectura como un mejor ejercicio intelectual. Cada relectura se convierte en una excavación de arqueología donde descubrimos ignoradas capas de una historia al parecer conocida, pero que el reciente hallazgo la modifica. Incluso, llega un momento de nuestras vidas en que nos volvemos remisos a aventurarnos en libros recientes, a no ser que recibamos el soplo recomendador de alguna lucidez respetada. Ocurre que nos parece que no nos alcanzará toda la vida para desentrañar el significado último de los libros que nos seducen. Esto lo saben perfectamente bien los practicantes de una religión. Así, por ejemplo, quienes se sumen en los Upanisads, los Tripitaka, la Torah o la Biblia una y otra y otra vez, quedando impregnados en cada ocasión por una sutileza de sentido inédita. Es más, toda una vasta tradición se teje en torno al perseverante reciclaje sobre esos textos.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/01/lectura-com...jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-8933" title="lectura com.." src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/01/lectura-com..-243x300.jpg" alt="" width="243" height="300" /></a>Cuando hablo de la lectura como acto de palimpsesto no me refiero al uso que le diera el catedrático francés Gérard Genette. Este emplea el término para exponer cómo un texto refiere o reescribe otro. O sea, el crítico lo asume como una metáfora de la intertextualidad. No obstante, aunque lo que expongo presupone en cierta medida el mencionado proceso, me estoy refiriendo más bien a la incorporación de la experiencia del lector a lo que lee. Quiero decir que quien lee asume la lectura de un texto como fundamento para, sobre él, realizar otras estructuraciones de sentido. Se elabora otro discurso sobre el fondo de lo leído. Éste no tiene que adoptar la forma de un nuevo escrito. Puede resultar en opiniones, paráfrasis, reelaboraciones narrativas, citaciones, extensiones, aplicaciones, etc.</p>
<p>No resulta casual que el término <em>palimpsesto</em> se generara de un vocablo griego que denotaba «raspar de nuevo». Es precisamente lo que se hace al leer concienzudamente, raspar debajo de la superficie visible de las palabras para descubrir otras relaciones e implicaciones. Todo texto es más de uno. En verdad, lo literario estaría en la riqueza de significaciones que se derivan de un discurso. Esto se cumpliría en una proporción directamente correspondiente al grado de elaboración estética de la escritura. A mayor creatividad de lo escrito más latitud de sugerencias. Este posible axioma se hace palpable de modo muy convincente y claro en las formas funcionales de escritura como noticias o informaciones, o cuando un interesado en escribir, aun sin preparación o talento, se aventura a componer algo como esos «poemas» de amor del tipo «Te amo porque eres bella,/ y quiero que seas mía/ y siempre vivir para ti/ porque la vida sin ti no vale nada». En tales casos lo escrito es todo directo, llano y unívoco.</p>
<p>Resulta que la lectura es un acto dialogante. José Martí decía que se debía leer con una pluma en la mano. Pienso que la mayoría de los lectores participativos han sentido esta incitación. Es difícil enfrentarse a un texto estimulante y sustraerse al acto de comentar, anotar o compartir lo que expone. Subrayar, acotar, resumir o simplemente ampliar en notas personales son acciones colaterales lógicamente asociadas con el acto de interpretar. Numerosos lectores llevan bitácoras de lecturas, donde no solo copian los fragmentos que más los impresionan sino que realizan observaciones y derivaciones. Personalmente, cuando leo un poema que me abre avenidas inusuales al ser, reacciono escribiendo otro. Habría que preguntar a los autores cuántos de sus escritos no nacieron de la fascinación por lo leído que los lleva a apropiárselo y reelaborarlo en otras aristas. Una posible respuesta es verificable en los lemas o exergos con que los escritores encabezan sus obras. Tal vez de aquí derivara la expresión de Jorge Luis Borges de que escribir es incurrir en tautología, pues es difícil que algo de lo que se diga no esté ya de una u otra manera en un texto precedente.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/01/lectura-como-palimpsesto.3jpg.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-8934" title="lectura como palimpsesto.3jpg" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/01/lectura-como-palimpsesto.3jpg-181x300.jpg" alt="" width="181" height="300" /></a>Cuando ejercemos la lectura no podemos evitar que una palabra, un juicio, un texto nos remita a otros. Los temas son finitos y se reiteran de un autor a otro. Lo que varía es el modo de asumirlos y tratarlos, según la peculiar comprensión que auspicia la época y el talento del escritor. El mismo tampoco escapa a las influencias de sus propias lecturas. Muchas veces los ingeniosos hallazgos al escribir no son más que una inconsciente reconstrucción de olvidos. Es por eso que, al leer un texto estamos internándonos no solo en lo que imaginó el autor sino en todo el universo que ha aprendido, digerido e incorporado a través de sus lecturas. No es casual que a determinados autores alguien les halle un regusto a X poeta o cuentista que, sin embargo, aquél no ha leído. O sea, no lo ha hecho directamente. Sin embargo lo ha conocido mediante sus lecturas de autores que si lo conocieron. Los caminos hacia otros textos son laberínticos y azarosos, pues al escribir se bebe de muchas aguas.</p>
<p>Nunca he podido escindir el acto de leer del de escribir. Igual que escuchar y hablar van siempre conectados, porque incluso cuando uno habla para sí mismo escucha su propia voz mental. Así marchan lectura y escritura. Esto no implica que todo el que lee cifra luego algo sobre un papel. Muchos lo harán así, mientras que otros simplemente lo recomponen en la página en blanco de su mente y allí construyen su versión. Y aunque no es corolario obligatorio que quien lee escriba a partir de lo escrito, siempre una y otra irán a la par. Solo pruébese a ver cómo, a partir de un mismo texto leído, varias personas lo comentan después. Además, la escritura es lectura por otros medios. Se escribe para exponer más sistemática y elocuentemente lo que se ha leído en la experiencia vital o intlectual. Muchos autores confiesan haber escrito algo porque deseaban leerlo y no pudieron hallar ese texto en ningún sitio.</p>
<p>Hay dos ejemplos clásicos de cómo la lectura induce a la escritura. Uno es Cervantes. Saturado de las novelas de caballería que le antecedieron, a partir de ellas, para dialogar críticamente con sus excesos y defectos, escribió una maravillosa novela que excede cualquier clasificación. Otro caso, de cierta manera, distinto pero igual en cuanto a escritura crítica, es el de Walt Whitman. A partir de la primera publicación de sus <strong>Hojas de hierba</strong> (1855), el autor —con todo derecho y razón pues la obra en última instancia es el propio y mutante yo—  fue retocando, añadiendo, puliendo, los poemas iniciales. De modo que sus muchos libros fueron un solo libro.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/01/Literatura-c....jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-8935" title="Literatura c..." src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/01/Literatura-c...-300x224.jpg" alt="" width="300" height="224" /></a>Leer constituye siempre una elaboración personal donde inteligencia, capacidad perceptiva, anchura de experiencia, bagaje de una tradición, consecuentemente propician menores o mayores posibilidades de comprensión e interpretación. De aquí que sea tan decisiva la determinación acerca de cómo orientar la lectura de los novicios. Nunca olvidaré mi experiencia juvenil con las obras de Carpentier. Empezaba a hacer mis <em>gateos</em> en la narración y aquellos a quienes consultaba, que tenían obra hecha, me infligían una lista desconsoladora (Faulkner, Onetti, Joyce, Woolf, e indefectiblemente Carpentier). Cada vez que abría un libro del cubano era un mazazo en mi entusiasmo. No podía con el flujo de asuntos y contextos. Solo a porrazos de voluntad insistente, porfiado en saber por qué los demás decían que era bueno, logré lentamente familiarizarme con su obra. No obstante, como todo saber, es necesario propiciar peldaños para ir escalando. Creo que esta es una de las razones por las que en las escuelas muchos estudiantes apartan la literatura. Es un acto de defensa zorruna: para ellos, esos libros <em>están verdes</em>, por lo que siguen su camino.</p>
<p>La lectura no es un acto meramente decodificador, pasivo, como alguna vez se pensó, sino constructivo y participativo. El texto que lee cada lector tiene una base común de contenido, pero sus ramificaciones de significación son distintas. Por eso el significado de una obra no radica solo en la intención del autor. Considero que el sentido del texto es el supertexto que se forma del intercambio entre la intención expresa del autor y la interpretación activa del lector. Leer es colaborar a estructurar un sentido.</p>
<p>De no ser así no sería posible que se hicieran tantos análisis de un mismo texto. Piénsese solo cuántas aproximaciones se han realizado acerca de un drama de Shakespeare, o sobre la<em> </em><strong>Divina</strong><strong> comedia</strong>, de Dante, o en torno a los cuentos de Chejov. Es como la vida misma. Los primeros filósofos veían que todo surgía a partir de uno o varios elementos —fuego, agua, aire…—, con el tiempo se van conociendo nuevos datos que derivan en otros juicios. Así, la obra va desplegando nuevas posibilidades de significación con su actualización en el tiempo y en la mirada de los lectores.</p>
<p>Quizá los que mejor han entendido la lectura como acto cabal de creación son los músicos. A partir de unos indicios sugerentes que dejaron Bach, Mozart o Beethoven, cada músico hace su <em>interpretación</em> —que es por cierto el modo como se denomina cada actuación de ellos—. La partitura es la misma, pero la manera de aprehender y proyectar de cada instrumentista no es exactamente igual. Los entendidos reconocen los matices personales de sentido en su manera de interpretar a Chopin que logran Arthur Rubisntein, Claudio Arrau o Vladimir Horowitz, por poner unos ejemplos. Es de aquí que se considere la interpretación de piezas de autores diversos como <em>creación</em> y al intérprete se le tenga como un <em>creador</em>. Entonces, ¿por qué no se ha de valorar de igual manera cada lectura de un libro que haga una mente productiva?</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/01/Lectura....jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-8936" title="Lectura..." src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/01/Lectura...-300x224.jpg" alt="" width="300" height="224" /></a>Esto lo considero primordialmente cardinal para los que ejercen la crítica y el análisis literario. Toda crítica o texto que intenta visibilizar mejor una obra, deriva de una lectura que erige otra armazón de sentido. La crítica es un caso especial de lectura. Se entiende que en ella el propósito va más allá de informarse o disfrutar. Se trata de leer para emitir juicios de valor. Por tanto el crítico lee no solo el qué, sino a la vez, y con mucha atención, el cómo y el para qué. El ojo crítico avezado difícilmente pueda escindir forma y contenido cuando lee.</p>
<p>No obstante, como en los demás asuntos de la realidad, ningún crítico es el profeta de la verdad verdadera. Siempre cualquier preceptiva es esencialmente subjetiva. Considero que el analista más certero —ése que pasa a los cánones y que la mayoría de los lectores eficaces aceptan— es aquel que reúne el conocimiento, el discernimiento y la sensibilidad para ver y traducir la mayor cantidad de claves de un texto. De modo que sus impresiones tienen la versatilidad que da acogida a las de una generalidad de lectores. Por eso se les reconoce, respeta y se aceptan como pautadores de valor. Pongamos por caso a Alfonso Reyes, Roland Barthes, Edmund Wilson o George Steiner.</p>
<p>En definitiva, toda lectura, no importa si el texto base es notable o insuficiente, incita en el que lee el deseo de darle continuidad, bien sea por contestación a sus deficiencias, bien por ampliación a sus incitaciones. Esto se logra por diversos caminos, que pueden ser orales, como el comentario, la conversación o la charla. En el caso de quienes nos inclinamos por la opción de escribir para entender mejor, preferimos elaborar un nuevo texto. De manera que una lectura puede derivar en un ensayo donde se expandan los temas sugeridos, un cuento o una novela que los reelabore ficcionalmente o un poema que cerque y sintetice sus sentidos.</p>
<p>Lo definitivo es que la lectura es un acto creativo y dialogante. Al leer un texto no solo leemos su estructura sino también sus asimilaciones y conexiones. Tal vez la mejor utilidad de la lectura es hacernos crear. Superponer a lo leído nuevos sentimientos, experiencias e ideas. Formar el inacabable palimpsesto con que el hombre intenta explicar lo que nunca se acabará de explicar. | <em>mgv</em>,<em> Holguín, Cuba, <a href="mailto:manuel.odiseo@gmail.com">manuel.odiseo@gmail.com</a> </em></p>
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		<title>Prohibido matar al Joker</title>
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		<pubDate>Sat, 28 Jan 2012 19:26:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mediaIsla</dc:creator>
				<category><![CDATA[Desdudecez]]></category>

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		<description><![CDATA[NIEVES Y MIRO  FUENZALIDA &#124; ¿Qué es más importante: cuidar de la moral personal o hacer algo que va a beneficiar a un montón de gente; hacer el bien o evitar el mal? O, lo que es lo mismo, ¿es ético matar para evitar futuras matanzas? La maldad del Joker, el enemigo mortal de Batman, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/01/prohibido-matar-al-joker.-port.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-8925" title="prohibido matar al joker. port" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/01/prohibido-matar-al-joker.-port-300x213.jpg" alt="" width="300" height="213" /></a>NIEVES Y MIRO  FUENZALIDA | ¿Qué es más importante: cuidar de la moral personal o hacer algo que va a beneficiar a un montón de gente; hacer el bien o evitar el mal? O, lo que es lo mismo, ¿es ético matar para evitar futuras matanzas?<br />
</strong></p>
<p>La maldad del Joker, el enemigo mortal de Batman, excede las fantasías de cualquier sádico. Sus crímenes son tan crueles e innumerables que sólo recordarlos produce horror. Y cada vez que sale del Asilum comete nuevas atrocidades que causan inmenso sufrimiento. Él es uno de esos tipos humanos sobre el cual la mayoría estaría de acuerdo en que su muerte evitaría dolor y salvaría incontables vidas. Por supuesto Batman siempre aprehende al Joker. Pero, cuando lo aprehende… no lo mata. ¿Por qué no lo hace y así termina de una vez por todas con este ciclo de destrucción y sufrimiento, especialmente sabiendo que volverá a escaparse para cometer nuevos crímenes? Excepto por unas pocas ocasiones, Batman ha rehusado sistemáticamente matar al Joker porque si  lo hiciera, dice, él no se distinguiría moralmente de los criminales que ha jurado combatir.</p>
<p>¿Qué es más importante: cuidar de la moral personal o hacer algo que va a beneficiar a un montón de gente; hacer el bien o evitar el mal? O, lo que es lo mismo, ¿es ético matar para evitar futuras matanzas?</p>
<p>Como observa  Mark White en un reciente ensayo, Batman plantea una serie de dilemas éticos. Matar al Joker para evitar futuras muertes es un argumento bastante evidente que a primera vista pareciera no presentar mayores complicaciones. Según el utilitarianismo, el objetivo ético de nuestras acciones es el de maximizar la felicidad o el bienestar total. Salvar la vida de muchos a costa de sólo una, por trágico que esto sea, resulta en un incremento neto del bienestar y la seguridad social. ¿No es este el argumento que Obama usa para llevar a cabo asesinatos preventivos, incluyendo el asesinato de sus propios ciudadanos? Ciertamente y para la inmensa mayoría de los norteamericanos ésta es una decisión moralmente aceptable, especialmente en una época en que un gran numero  puede ser muerto sólo por unos pocos. Podemos decir que creemos en ciertos deberes, derechos o principios absolutos, en ciertos imperativos categóricos, pero sólo y cuando estos no interfieran con la felicidad, el bienestar, la conveniencia o seguridad del mayor número posible de personas, ahora y a largo plazo. La tortura, por ejemplo, puede justificarse si con ella, según el ex vicepresidente Cheney durante la administración de Bush, podemos impedir otro ataque terrorista. La felicidad de muchos justifica el sufrimiento de uno. Pero, no para Batman. Él no quiere ningún trato con el utilitarianismo. La felicidad es importante, ciertamente, pero hay ciertas cosas que no se pueden hacer para conseguirla. Él no matara, incluso para salvar otras vidas y tampoco va a arriesgar a inocentes para capturar a los villanos. En la historia <strong>El hombre que rió</strong>, del 2005, Batman sostiene al Joker sobre las reservas de agua potable de la ciudad de Gotham pensando para sí mismo&#8230; Estas aguas tienen suficiente veneno para matar a miles de personas. Sería tan fácil ahogarlo en ellas. Ya han muerto tantos por su culpa… Pero no, no debo”.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/01/prohibido-matar-al-joker.-1.1.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-8926" title="prohibido matar al joker. 1.1" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/01/prohibido-matar-al-joker.-1.1-243x300.jpg" alt="" width="243" height="300" /></a>¿Por qué negarse a matar  a uno y con ello permitir la muerte de tantos? ¿Porque es su deber? ¿Porque es su sentido de justicia? La respuesta de Batman es siempre la misma… Porque él sería tan malo como los delincuentes que combate. Si lo hiciera cruzaría una línea de la cual nunca retornaría. La lógica utilitaria, si se aplica consistentemente, fácilmente puede llevar a la violación de la dignidad y los derechos más elementales del individuo.</p>
<p>En el fondo, Batman es kantiano. La moral de un acto se basa en las características intrínsecas del acto mismo independientemente de las consecuencias que puedan derivarse de él. El fin no justifica los medios y los medios deben justificarse por sus propios méritos. El hecho de que el asesinato de uno puede prevenir la muerte de muchos es irrelevante. El único factor relevante es que matar es erróneo. Lo correcto no es una cuestión de cálculo y beneficio, sino algo que tiene que ver con la forma apropiada en que los humanos se tratan unos a otros.</p>
<p>Hace algún tiempo atrás Philippa Foot diseñó un experimento mental que plantea un dilema moral clásico. Imaginemos, dice, que viene el tren y vemos a cinco personas en la línea que no tienen tiempo para escapar. La única manera de evitar la muerte de estas cinco personas es desviar el tren a la otra línea. Pero, en medio de  ella, también hay una persona que tampoco tiene tiempo para escapar. Ahora imaginemos que nosotros estamos al lado de la palanca de cambio de línea y que debemos elegir entre hacer nada, que lleva a la muerte de cinco personas o desviar el tren a la otra línea que lleva a la muerte de una sola persona.</p>
<p>La pregunta es ésta: ¿Estamos moralmente obligados a desviar el tren a la segunda línea o no? Si fuéramos utilitarialistas estaríamos llamados a desviarlo para salvar más vidas. Si fuéramos kantianos, en cambio, tendríamos problemas con esta elección. Según el utilitarismo todos tenemos la obligación de maximizar el bienestar social, sin excusas. Para el kantiano, en cambio, “no matar”, una vez que se transforma en imperativo categórico, significa literalmente “no matar”, incluso si hay razones que indican que sería una buena idea. Es la diferencia entre lo que es bueno y lo que es correcto. Tirar la palanca para desviar el tren y matar a uno en lugar de cinco puede ser un mejor resultado, pero no un resultado correcto, especialmente cuando no hay diferencias morales en toda esta gente.</p>
<p>Entonces… ¿no da lo mismo si  todas ellas no son  moralmente equivalentes? Judith Thomson introduce algunas modificaciones en el experimento que agregan un grado más de complejidad ¿Qué pasa si las cinco personas están borrachas y se quedaron dormidas en la línea y la otra es un trabajador ferroviario cumpliendo sólo con su deber? Él tiene derecho a estar ahí ¿cierto? en tanto que los otros no. ¿Podría uno decir que los cinco están ahí por propia elección y que la responsabilidad por lo que pase cae completamente sobre ellos, por lo que no es justo salvarlos a expensas del otro que está ahí únicamente porque es su responsabilidad? Y si es así, ¿qué queda de nuestro utilitarianismo?</p>
<p>Mark White  presenta una tercera variación en el tema: ¿Qué pasa si la otra persona es el Joker? Imaginemos que después de haber atado a las cinco personas en la línea el Joker se ubica en la otra para ver qué es lo que Batman hará. Si seguimos la misma lógica anterior tendría que favorecer la decisión de matar al Joker. Después de todo, ¿por qué sus víctimas tendrían que sacrificar sus vidas para salvarlo si sabemos que su pasión es matar inocentes? Si seguimos la lógica de Batman el Joker no debiera ser asesinado para salvar a los cinco. En estas circunstancias uno podría preguntarse: ¿pero…no tiene Batman alguna responsabilidad aquí? Como alguien en una de sus historias le dice “si tú no matas al Joker, la muerte de éstas y todas sus futuras víctimas recaerá en tus manos”. A lo que Batman responde: “No, las muertes que el Joker  causa son su responsabilidad. Yo soy sólo responsable por las muertes que yo causo”. Cierto. Batman tiene razón.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/01/prohibido-matar-al-joker.-23.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-8927" title="prohibido matar al joker. 23" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/01/prohibido-matar-al-joker.-23-300x166.jpg" alt="" width="300" height="166" /></a>¿Realmente? Supongamos que la víctima del Joker es Robin y no los cinco desconocidos del experimento anterior… ¿Cuál sería la decisión correcta? Para un kantiano como Batman el valor moral de una acción consiste no en las consecuencias que puedan derivarse de ellas, sino en la intención con que el acto se lleva a cabo. El valor reside en el acto mismo y no en otra cosa como nuestros intereses, deseos o preferencias. Un acto que se ubica más allá del principio del placer. Sólo las acciones que surgen exclusivamente del  deber y sólo por deber tienen valor moral. Actuar moralmente no es elegir los mejores medios para lograr un fin determinado, sino elegir el fin por sí mismo. Y cada ser humano es un fin en sí mismo porque cada uno tiene un valor intrínseco  absoluto. Es esto lo que en términos de deber moral le impide tratar a un ser humano como medio. No porque esté sujeto a una ley moral escrita en piedra, sino porque sólo él es el autor de su propia ley moral, sólo él  define “No matar” como su imperativo categórico.</p>
<p>Todo esto suena bastante bien. Sólo que, dejar a un asesino realizar una acción criminal por una cuestión de principios, no es cosa fácil. Especialmente cuando confrontamos situaciones extremas… ¿No es en esas situaciones cuando vemos al bien empezar a perder su contorno? ¿Cuándo la realidad sobrepasa los absolutos? Si uno de tus hijos estuviera en esta situación en lugar de Robin y tú en lugar de Batman, ¿qué harías?</p>
<p>Afortunadamente no somos ni Batman ni Obama y éste es sólo un experimento mental. Un escenario imaginario que nos permite escapar a nuestros dogmatismos y especular acerca de lo que moralmente deberíamos o no deberíamos hacer. Y, al parecer, cuando lo hacemos las elecciones no son siempre tan claras. <em> nmf, ottawa, on, <a href="mailto:nievesmiro@sympatico.ca">nievesmiro@sympatico.ca</a> </em></p>
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		<title>Angie Gaona, anticipo del sol</title>
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		<pubDate>Sat, 28 Jan 2012 19:16:49 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[Imaginerías]]></category>

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		<description><![CDATA[MERY SANANES &#124; Un cacique llora la decisión de una mandataria de expropiar 40 mil hectáreas a los pueblos ancestrales. Y se recogen firmas. Una mujer será lapidada por un adulterio. Y se recogen firmas. Otro hombre es sentenciado a una cámara de gas o a la horca y las firmas van y vienen. Pero [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/01/Angie-Gaona-anticipo-del-sol.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-8917" title="Angie Gaona, anticipo del sol" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/01/Angie-Gaona-anticipo-del-sol-230x300.jpg" alt="" width="230" height="300" /></a>MERY SANANES | Un cacique llora la decisión de una mandataria de expropiar 40 mil hectáreas a los pueblos ancestrales. Y se recogen firmas. Una mujer será lapidada por un adulterio. Y se recogen firmas. Otro hombre es sentenciado a una cámara de gas o a la horca y las firmas van y vienen.</strong></p>
<p><em>Pero si pones en tu lengua una gota de este dolor | destilarás quizá un extracto de la admonición: |una masacre nunca es la última | todavía no estamos sentados como hermanos y | sigue siendo un obsceno misterio | el Mal con mayúscula</em>—<em> | pero si pones en tu lengua una gota de este dolor | sabrás que el cabo es también para ti | la culpa final, cierto, a quién atribuirla | pero sí es nuestra la culpa finita sí | y mientras te creas al margen no tendrás las manos limpias. | No busques culpables, tú mismo has de cambiar | antes que las manos están los corazones | y mejor es no ensuciarse que pensar en la colada</em>. <em>Jaime Vandor</em> – <em><a href="http://embusteria.blogspot.com/2012/01/jaime-vandor-nunca-korczak-llego.html">Por qué Janus Korszac no llegó a Jerusalem</a></em></p>
<p><strong>Una estopa en la garganta</strong></p>
<p>Estas palabras estrujadas unas con otras, como los niños con Janus, quiebran todos los moldes. Se salen de las clasificaciones, se desbordan de los papeles y de las nomenclaturas. Y es lo que queda de pie como estandarte, hasta que alguna vez —si alguna vez será—, que nos sentemos como hermanos y el Mal con mayúscula deje de ser ese obsceno misterio que nos engulle, destroza, inhabilita, trastorna, hasta convertirnos en meros espectadores.</p>
<p>Aquí no hay nada que distraiga. Todo el texto es esa gota de dolor que hay que colocarse en la lengua, hasta que de tanto arder, entendamos que mientras nos creamos al margen no tendremos las manos limpias y que seremos culpables hasta que podamos hablar de la última masacre del hombre contra el hombre. Esto no es literatura, y como diría León Felipe, es una estopa en la garganta.</p>
<p><strong>La inmensa tragedia del hombre</strong></p>
<p>Un hombre muere tras 50 días en huelga de hambre en Cuba.  Durante la alocución de nueve horas del mandatario venezolano, diez personas caían asesinadas en este expaís. En la Sierra Tarahumara 50 personas se suicidaron al carecer de alimentos para llevarles a sus hijos. Una niña se suicida cuando en apenas unos días iba a parir a su hijo. Este 23 de enero se inicia el juicio contra la poeta colombiana Angie Gaona acusada de rebelión y narcotráfico. Seis millones de judíos fueron exterminados por los nazis. Pero ocho millones más, también fueron masacrados, por las mismas fuerzas, en negociación con las fuerzas opuestas, sin que al parecer los números digan algo de la inmensa tragedia que sacude al hombre.</p>
<p><strong>Una masacre que nunca es la última</strong></p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/01/Angie-gaona.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-8918" title="Angie gaona" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/01/Angie-gaona-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a>Y Angie exclama: Somos llama / anticipo del sol / aún oculto en esta noche fría / lodazal donde vemos cruzar la luz / cuando nos juntamos. Y uno sólo tiene la palabra para bordarle un inmenso expediente a un mundo en el cual, dice Vallejo el dolor crece a treinta minutos por segundo. Un tiempo en el cual una masacre nunca es la última, porque todavía no estamos sentados como hermanos y el Mal con mayúscula sigue siendo un obsceno misterio.</p>
<p>Un mal que hemos minimizado a tal altura que convive con nosotros, y ni siquiera nos damos cuenta. En una esquina a un niño lo atraviesa una bala que jugaba a ver qué blanco hacía entre dos bandas. Un mendigo desfallece en una acera sin haber logrado reunir lo suficiente para saciar su sed y su hambre. Un hombre dispara porque fue enseñado a matar. Y otro dispara para defenderse hasta convertirse a su vez en alguien que mata.</p>
<p>Ese mal está en el niño que no regresó a su madre. Al que le robaron la sonrisa. A los que no han nacido y a los que languidecen bajo toda forma de hambrunas, como si ese no fuera un holocausto mayor. En el que fabrica, distribuye y consume las drogas. El que mata en nombre de una fe y en el que lo hace sin fe alguna. El que se dedica a contabilizar el horror sin advertir que está inmerso en él.</p>
<p><strong>Un mal en mayúsculas que no hemos podido detener</strong></p>
<p>Describir el horror es entonces pasearse por este planeta de fronteras cerradas y mares abiertos a la aventura de huir. De riquezas insólitas y miserias indescriptibles. Por el dolor del ensañamiento y del ensañado. Por las cárceles de castigo. Por el hacinamiento. Por la pérdida de toda humana dignidad. Por los soldados que pisan los cadáveres de sus enemigos. Y por el niño que carga una bomba a su cinto para producir a su vez decenas de cadáveres.</p>
<p>Por los aherrojados del mundo y por los que cuando pueden comienzan a fabricar sus propios hierros para dejar idénticas huellas. Un planeta en el cual todo se ha convertido en mercancía. Revoluciones, democracias, tiranías, dictaduras todas formas distintas de ejercer un mismo mal.</p>
<p><strong>La niña de Hiroshima sigue corriendo desesperada</strong></p>
<p>El hombre común, el hombre a solas, está al margen de las decisiones, y de sus propios destinos. Paramilitares y guerrilleros se juntan en ver quien lleva el horror a un más alto grado. Los tiranos y los defensores de una tal democracia que aún no existe esgrimen argumentos para proceder con permiso a lanzar sus misiles atómicos. Y la niña de Hiroshima sigue corriendo desesperada buscando un lugar seguro que nunca encontrará.</p>
<p>Un cacique llora la decisión de una mandataria de expropiar 40 mil hectáreas a los pueblos ancestrales. Y se recogen firmas. Una mujer será lapidada por un adulterio. Y se recogen firmas. Otro hombre es sentenciado a una cámara de gas o a la horca y las firmas van y vienen.</p>
<p><strong>Firmar para no estar al margen</strong></p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/01/Angie-gaona-4.jpg"><img class="alignright size-thumbnail wp-image-8919" title="Angie gaona 4" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/01/Angie-gaona-4-150x150.jpg" alt="" width="150" height="150" /></a>Y hay que firmarlas. Hay que hacer algo por conmover la opinión de quienes tienen acceso a estas tecnologías para que hagan bulla, para que le griten en el oído al masacrador, al asesino, al carcelero y a todos los que se convierten en sus cómplices, que hay quien quiere que eso cambie. Que hay multitudes que quieren detener el Mal con mayúsculas, que no queremos estar al margen</p>
<p>Que hoy seamos apenas una firma en un papel es apenas una señal de que vamos creciendo, aquí, allá, más acá de nosotros mismos y más allá de quienes creen dominarnos, y que hay la esperanza sembrada en un papel de que alguien detendrá la mano, el mazo, el disparo, la arbitrariedad, en alguna parte. Y hay que empujar.</p>
<p>Hoy es la antesala del comienzo del juicio de la poeta colombiana, Angie Gaona, firmamos porque la liberen, por protestar contra la injusticia, por afirmar nuestro derecho a disentir de los poderes, por aspirar un mundo distinto, por reclamar libertad.</p>
<p>Firmamos porque la fuerza de estas rúbricas, de estos nombres estampados en papeles, representan las luchas de todos los que al igual que ella, quieren ser silenciados, ignorados, desaparecidos, domesticados, inhabilitados.</p>
<p><strong>Para hacer sentir una voz colectiva</strong></p>
<p>Firmamos para hacer sentir una voz colectiva que está en contra del terror, de la opresión y de la muerte. Un sentir que quiere avanzar hacia una realidad distinta, en la cual el hombre deje de ser una mercancía, un objeto negociable, un ser prescindible.</p>
<p>Y hoy, con esa gota de dolor en la lengua, con esa estopa encendida en la garganta, con la convicción de que el silencio nos hace cómplices y responsables, que nos hace partícipes de un mal, en mayúscula o minúscula que queremos erradicar del vivir, queremos gritar alto, muy alto, como si estuviésemos en el fondo de un pozo.</p>
<p>Alzar la voz, como si fuese un poema recitado, un murmullo de flor, una imaginería desbordada, con resonancia de trombón, acordes de clave y la irisada dulzura de una flauta dulce, para que nos escuchen quienes pretenden culpar de terrorismo y narcotráfico a quien sueña ser anticipo del sol, luz entre lodazales, mano extendida de amaneceres, y para que el poder sepa, dondequiera que esté, que hay un conglomerado, un colectivo, un hombre innumerable que esta allí atento, para detener el horror donde quiera se encuentre y en su lugar sembrarle maticas de amor al porvenir. <em>ms, caracas, venezuela, <a href="mailto:merysananes@gmail.com">merysananes@gmail.com</a> </em></p>
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		<title>Carlos Rodríguez, mensajero divino</title>
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		<pubDate>Sat, 28 Jan 2012 19:10:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mediaIsla</dc:creator>
				<category><![CDATA[Lecturas]]></category>

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		<description><![CDATA[MIGUEL ANÍBAL PERDOMO &#124; La poesía de Carlos Rodríguez es la historia de una perplejidad. Busca traducir la realidad porosa que es el mundo como acaso sugiere uno de sus versos: “En la sexta recámara del sueño habitan las puertas” Para Carmen Dorilda Sánchez El poeta debe hacerse vidente, clamaba Arthur Rimbaud al final del [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/01/Carlos-Rodriguez-mensajero-divino.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-8909" title="Carlos Rodriguez, mensajero divino" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/01/Carlos-Rodriguez-mensajero-divino-199x300.jpg" alt="" width="199" height="300" /></a>MIGUEL ANÍBAL PERDOMO | La poesía de Carlos Rodríguez es la historia de una perplejidad. Busca traducir la realidad porosa que es el mundo como acaso sugiere uno de sus versos: “En la sexta recámara del sueño habitan las puertas”</strong></p>
<p style="text-align: right;"><strong><em>Para Carmen Dorilda Sánchez</em></strong></p>
<p>El poeta debe hacerse vidente, clamaba Arthur Rimbaud al final del siglo diecinueve, y la única forma de lograrlo es por el desarreglo de los sentidos; afirmación que sería bandera estética no sólo de su propia obra, sino de toda la poesía del siglo XX, especialmente del surrealismo. Carlos Rodríguez pareció encarnar esta consigna, pues en el  parnaso dominicano actual nadie ha asumido su destino poético como este habitante de Riverside, en el lado oeste de Manhattan donde sentó sus tiendas. Cuando alrededor nuestro proliferan tantos “poetas”, es reconfortante redescubrir una auténtica voz que viene desde los océanos más frescos de la poesía contemporánea, lejos del dulzor de versificadores al uso, lejos de una poesía que tiene por lo menos medio siglo de retraso y que se estancó en Pablo Neruda.</p>
<p>Para mí ha sido un gran placer descubrir <strong>Lago gaseoso</strong> (Editora Nacional, 2011), poemario que recoge los textos póstumos de Rodríguez y señala su ascenso a la madurez, entreabriendo una puerta a la enigmática personalidad artística de este poeta. Es imposible separar su vida de una obra que parece nutrirse de la propia sustancia vital del autor quien fue autodidacta y antilibresco. Su abordaje del fenómeno poético nos recuerda al de aquellos místicos renacentistas españoles que buscaban una vía sensorial, intuitiva, para acercarse a la divinidad. Para ellos, una vez obtenida la unión con el amado, el mundo y sus ilusiones sobraban. Rodríguez vivió en la poesía: sus actos fueron los de un poseído por las musas. Escribir para él no era más que un ritual que registraba lo ocurrido en la prosaica dimensión de lo cotidiano donde vivía en libertad contemplándose a sí mismo e inmolándose. Pues Rodríguez era una víctima propiciatoria: en el poema quedaban su sangre, las limaduras de sus huesos, los residuos del vino y el tabaco que le permitían enfrentarse a su destino solitario y sobrehumano. Los ungidos por los dioses, como Aquiles, deben pagar con su vida paradójica  tal privilegio.</p>
<p>Aquí radica el misterio en torno a Rodríguez que no podíamos explicarnos. Como no frecuentaba la academia, su carencia de una formación tradicional causaba suspicacia. Como no solía tener un oficio regular, resultaba sospechoso a quienes estamos acostumbrados a las convenciones laborales. Olvidábamos que Rodríguez habitaba en su propio mundo lírico, que estaba consciente de su destino, de que la sustancia vital que alimentaba su poesía pronto se agotaría. Volcado en la soledad de su cosmos poético, iba creando una pirámide con palabras, un laberinto en que solo podemos orientarnos a través de chispazos donde la belleza nos mira a los ojos. Intuimos entonces que en este mundo sensible subyace otra verdad: la que el poeta buscaba afanoso. Sus poemas son viajes hacia ese orbe inasible que una vez vislumbrado nos hará despreciar las apariencias, la vida convencional, y entender que la poesía es la otra cara de la mística. Rodríguez lo comprendió a cabalidad y asumió su destino con los ojos abiertos.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/01/Carlos-Rodriguez-mensajero-divino2.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-8910" title="Carlos Rodriguez, mensajero divino2" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/01/Carlos-Rodriguez-mensajero-divino2.jpg" alt="" width="195" height="273" /></a>Para el poeta de Riverside la vida placentera no era un fin sino un medio: conducía al desarreglo de los sentidos propuesto por Rimbaud, a esas disociaciones que los surrealistas comprendieron y que la poesía de Rodríguez refleja. Tal vez sus alusiones a José Lezama Lima y a César Vallejo puedan sugerirnos una tenue relación con estos, como lo demuestran la acumulación barroca de elementos en algunos de sus poemas y la creación de neologismos onomatopéyicos. Pero es imposible recluirlo en una escuela literaria. Su poesía no sigue la preceptiva: corresponde a la necesidad de traducir un flujo síquico, un choque con una realidad desconcertante para cuya comprensión no puede uno limitarse a las ilusiones objetivas de la ciencia. Hoy ésta ha vuelto a Aristóteles: la física cuántica se ha encontrado de bruces con la metafísica, puesto que  el mundo atómico reta la absoluta reducción del conocimiento a pura lógica. Así, Jorge Luis Borges tenía razón: el intento de teólogos, filósofos y científicos de explicarnos el mundo es admirable, aunque inútil. La anémica razón humana no puede aprehender este laberíntico universo.</p>
<p>La poesía de Rodríguez es la historia de una perplejidad. Busca traducir la realidad porosa que es el mundo como acaso sugiere uno de sus versos: “En la sexta recámara del sueño habitan las puertas” (53). Pero toda traducción incluye una dosis de fracaso, y el sueño y el mito son otras versiones de la poesía que nos abren también la vía intuitiva, la única posible para entrever lo trascendental y “matar la vulgaridad del diario vivir”. El vidente de Riverside piensa que el poeta es un ser atrapado y por eso no puede ser virtuoso (149). Al final, poesía, vino y el cuerpo de la diosa-mujer se unen en un mismo proceso en el que el poeta testifica su paso por el mundo. Frente a una realidad aplastante y contradictoria, la única salida es la muerte. Lo demás es ilusión (lo es el texto mismo), residuo de una combustión en que el poeta se ha ido consumiendo como una vela encendida por ambos extremos.</p>
<p>Rodríguez lanzó una moneda al aire y ganó la apuesta: “Preferí vivir cuarenta y ocho años y no ciento dos” (171), aclara. Él escogió su modo de vida y su anverso: la muerte consciente, lúcida, privilegio de unos pocos. Esta convicción atraviesa el libro de manera escalofriante, obsesiva, sobre todo en su etapa final:       <strong><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/01/Carlos-Rodriguez-mensajero-divino3.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-8911" title="Carlos Rodriguez, mensajero divino3" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/01/Carlos-Rodriguez-mensajero-divino3-196x300.jpg" alt="" width="196" height="300" /></a></strong></p>
<blockquote><p><strong>Es irreal el mundo </strong><strong></strong><strong></strong></p>
<p><em>Es irreal el mundo. | Es irreal el árbol  que está frente a | esta primavera con sabor a estío | (por no decir calor u otra cosa). | La realidad duerme. | Nos transformamos. | El año está a la altura de la fecha fatídica. | Ahí estamos, envejeciendo, fumando tabaco. | Dilapidando la vida que no sirve. | Punto y aparte (182).</em></p></blockquote>
<p>Pero no hay temor sino liberación, la seguridad de que detrás de cada compuerta aguarda el  vacío. El poema se ha ido por el precipicio “y ahí estamos pletóricos de nada”, se queja Rodríguez (177). El poeta ha testificado, cargado con su desapacible misión y sigue t<strong></strong>an perplejo como al principio, mas<strong> </strong>con la conciencia tranquila por el deber cumplido. “Ya es hora/ de empezar a morir”, podía haber escrito al margen de su último poema, evocando a José Martí.</p>
<p><strong>Lago gaseoso</strong><em>, </em>es prueba palpable de la vida fructífera de este amigo bueno y afectuoso que vivía tan sólo para oficiar con su sangre en el templo de la diosa poesía. Su aparente anarquía vital, su escepticismo ante el conocimiento formal, escondían una aguda inteligencia, disciplina, vocación a toda prueba  y un talento poético que este libro nos permite entender en su total dimensión. <em>map, new york, ny </em><em><a href="mailto:mperdomojimenez@yahoo.com">mperdomojimenez@yahoo.com</a></em></p>
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		<title>Les Luthiers: silencio, hora de reír</title>
		<link>http://mediaisla.net/revista/2012/01/les-luthiers-silencio-hora-de-reir/</link>
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		<pubDate>Sat, 28 Jan 2012 19:01:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mediaIsla</dc:creator>
				<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>

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		<description><![CDATA[LUCILA OLIVERA * &#124; El grupo se despide de “Chist!” Con 44 años de carrera, los músicos y humoristas se siguen eligiendo. Imaginan cómo serían sus vidas sin la banda. Hoy y mañana, las últimas funciones en el Gran Rex. Ni bien Marcos Mundstock, Jorge Maronna, Daniel Rabinovich, Carlos López Puccio y Carlos Núñez Cortés aparecen [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><cite><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/01/Les-Luth.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-8897" title="Les Luth" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/01/Les-Luth-300x199.jpg" alt="" width="300" height="199" /></a>LUCILA OLIVERA * | </cite>El grupo se despide de “Chist!” Con 44 años de carrera, los músicos y humoristas se siguen eligiendo. Imaginan cómo serían sus vidas sin la banda. Hoy y mañana, las últimas funciones en el Gran Rex.</strong></p>
<p>Ni bien Marcos Mundstock, Jorge Maronna, Daniel Rabinovich, Carlos López Puccio y Carlos Núñez Cortés aparecen en el Gran Rex (hoy y mañana, a las 21 y en esa sala, son las últimas funciones de <strong>Chist!</strong> ), se adivina el (buen) clima que habrá durante la entrevista. Están a un par de horas de ponerse sus trajes, tomar sus instrumentos y convertirse en Les Luthiers. Ofrecen café, Maronna pregunta si será molestia que su hijo menor se quede durante la entrevista y elogian el campanófono, el instrumento que sumaron para estos días.</p>
<p>Como grupo, llevan 44 años recorriendo con su música y humor los escenarios del mundo. Pareciera que supieron dejar que los años los añejaran de manera inteligente. Y esa es una fórmula que les resulta tanto arriba como abajo del escenario. Veamos.</p>
<p>—<strong>¿Cómo y quién decide qué va y qué no en un espectáculo?</strong></p>
<p><strong><em>Mundstock</em></strong><strong> </strong>: Los instrumentos tienen su vía aparte. Están a cargo de nuestros luthiers y van produciéndose a lo largo de los años. Después se ve en qué espectáculo se usan y el compositor de una pieza decide la instrumentación.</p>
<p>—<strong>¿Cualquiera puede decidir? </strong></p>
<p><strong><em>Rabinovich</em></strong>: No. Marcos y yo no componemos música, podemos opinar, pero realmente nunca se nos va a ocurrir decidir.</p>
<p><strong><em>Maronna</em></strong><strong> </strong>: Pero fijate que Daniel es el que toca más instrumentos informales.</p>
<p>—<strong>¿Cómo se organizan en las giras? </strong></p>
<p><strong><em><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/01/Les-Luthiers.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-8898" title="Les Luthiers" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/01/Les-Luthiers-300x253.jpg" alt="" width="300" height="253" /></a>López Puccio</em></strong>: Tenemos un <em>road manager</em>, que está al tanto de detalles que nosotros ni nos enteramos. Nos manda mails por días, o nos deja mensajes debajo de las puertas. Y eso es lo que nos resulta más sencillo, porque somos muchos.</p>
<p>—<strong>¿Hay alguno impuntual? Cuando son muchos suele ser un tema&#8230;</strong></p>
<p><strong><em>Mundstock</em></strong>: Yo tengo la mala costumbre de llegar, por lo general, cinco minutos tarde. Pero gracias a ellos fui mejorando con el tiempo.</p>
<p><strong><em>Rabinovich</em></strong>: Si no se lo hubiésemos recriminado, ¡a esta altura serían horas! (se ríen).</p>
<p><strong><em>Mundstock</em></strong>: La realidad es que somos un grupo ordenado, responsable y democrático. Somos bastante serios.</p>
<p><strong><em>López Puccio</em></strong>: Es que si no, no hay forma de que esto funcione. Imaginate: a veces, cuando nos vamos de gira, cada uno llega de un lugar distinto y nos vemos directamente en el escenario.</p>
<p><strong><em>Mundstock</em></strong>: Es cierto. Nosotros hacemos espectáculos muy cerrados, armaditos. Tanto que ya no probamos ni sonido porque está el equipo técnico que arma antes y prueba. Yo subo al escenario y encuentro mi silla y mi micrófono donde tienen que estar.</p>
<p>—¿Cómo fue la logística de Chist!?</p>
<p><strong><em>Nuñez Cortés</em></strong>: Nos reunimos, discutimos, vimos juntos todos los tapes, volvimos a reunirnos&#8230; Una vez que nos pusimos de acuerdo, agarró la carpeta Jorge, que organiza los ensayos. El establece, por ejemplo, dónde y cuándo hacerlos. Los demás nos despreocupamos del tema porque confiamos en su criterio.</p>
<p><strong><em>Maronna</em></strong>: Y funciona. Alguna vez pasó que pudimos levantar ensayos enteros. Algunos se fueron de vacaciones y ¡otros nos quedamos por los nervios que da la previa! ¿Se siguen poniendo nerviosos?</p>
<p><strong><em>Todos</em></strong>: ¡Por supuesto!</p>
<p><strong><em>Maronna</em></strong>: Yo me aterro. Pienso en la memoria, en la capacidad de recordar el texto, en la música&#8230;</p>
<p>—<strong>¿Alguna vez estuvieron a punto de separarse? ¿Hay recetas para manejar las broncas y los egos?</strong></p>
<p><strong><em>Nuñez Cortés</em></strong>: La respuesta es sí.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/01/Les-Luthiers-b.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-8899" title="Les Luthiers b" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/01/Les-Luthiers-b-300x196.jpg" alt="" width="300" height="196" /></a>—¿Hay una fórmula?</p>
<p><strong><em>Núñez Cortés</em></strong>: No, es que pasa todo eso que nombrás (se ríe).</p>
<p><strong><em>Mundstock</em></strong>: Creo que lo que tenemos en común es único e irrepetible, es muy fuerte lo que armamos y a esta altura somos familia. Les Luthiers es para cada uno de nosotros una bendición.</p>
<p><strong><em>Núñez Cortés</em></strong>: El fenómeno de lo que produce el grupo es mucho más que lo que somos cada uno.</p>
<p><strong><em>Rabinovich</em></strong>: No es que me voy de acá a la primera de cambio porque total armo otro grupo. ¿Otro grupo con quién? Pero podrían planteárselo&#8230;</p>
<p><strong><em>Maronna</em></strong>: Podría pasar.</p>
<p><strong><em>Mundstock</em></strong>: No dudo de que hay gente más talentosa que nosotros. Pero no hay este milagro que nos sucede. En una época buscamos hacer un clon de Les Luthiers, pensábamos en que íbamos a crecer y envejecer y vendría bien armar grupos paralelos, como hace el Cirque du Soleil.</p>
<p><strong><em>Rabinovich</em></strong>: Fracasamos rotundamente. Y teníamos ganas, ¿eh? ¿Se ven cuando no trabajan? Hay tres que son vecinos, ¿no?</p>
<p><strong><em>Maronna</em></strong>: Sí, vivimos a 100 metros de distancia con Marcos y Daniel, en Vicente López. Y antes también estaba cerca Carlos (Nuñez Cortés), en San Isidro, pero se mudó.</p>
<p><strong><em>Mundstock</em></strong>: ¡No nos aguantaba más! (risas).</p>
<p><strong><em>López Puccio</em></strong>: La verdad es que nos llevamos re bien, por eso estamos juntos. Cada uno hace su vida, pero también compartimos de vez en cuando cosas con nuestras familias. Antes de las presentaciones en Punta del Este, Daniel ya había organizado dos asaditos con las familias en su casa. Es un clásico.</p>
<p><strong><em>Rabinovich</em></strong>: En las giras almorzamos de a dos o de a tres, es lo normal.</p>
<p><strong><em>Maronna</em></strong>: Pero muchas veces nos alojamos en distintos hoteles y nos encontramos en el laburo. La inteligencia de este grupo es que fue armando una organización que permite que nos enfoquemos en lo que nos corresponde a cada uno.</p>
<p><strong><em>Rabinovich</em></strong>: A mí cuando me preguntaban a qué hotel prefería ir contestaba “al que va la mayoría”. Me da igual. El que sabe de hoteles es Jorge. Ahora lo que contesto es que no me dejen solo, ¡porque no me gusta! Y porque ya no hay una mayoría en ese rubro.</p>
<p>—<strong>Todos tienen otras actividades. ¿Se consultan entre ustedes?</strong></p>
<p><strong><em>López Puccio</em></strong>: Sí, puede pasar que nos digamos mirá esto o escuchá tal cosa. Y no hay conflictos con hacer otras cosas. Cuando empezamos el año ya sabemos cuántas semanas vamos a estar ocupados con Les Luthiers.</p>
<p><em>Rabinovich</em>: A mí me interesa, me gustan las cosas que hacen. Todo eso nos enriquece, le da un enorme valor al grupo.</p>
<p>—<strong>¿Imaginan qué hubiese pasado con sus vidas de no ser parte del grupo?</strong></p>
<p><strong><em>Rabinovich</em></strong>: Muchas veces lo pensé, estaría en una escribanía o en un estudio jurídico. Probablemente cantaría en un coro, no me conocería nadie, no tendría seguramente ni la plata ni las posibilidades que tengo.</p>
<p><strong><em>Núñez Cortés</em></strong>: En mi caso, yo hice toda la carrera, así que estaría haciendo alguna investigación bioquímica. Y la música, de alguna manera estaría. Puccio y Jorge seguramente serían músicos, como son, porque se prepararon para eso.</p>
<p><strong><em><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/01/Les-Luthiers-Sonamos-Pese-a-Todo-front.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-8900" title="Les Luthiers-Sonamos, Pese a Todo-front" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/01/Les-Luthiers-Sonamos-Pese-a-Todo-front-300x300.jpg" alt="" width="300" height="300" /></a>Mundstock</em></strong>: La verdad es que cuando empezamos todos, pensábamos que esto era un juego.</p>
<p><strong><em>López Puccio</em></strong>: Nadie daba un peso, ni nosotros. Yo creo que no nos imaginábamos ni como seríamos a los 40 años. Y ahora estamos llegando a los 70.</p>
<p><strong><em>Mundstock</em></strong>: Bueno, no todos (se ríe). Yo creo que una clave de este milagro que nos ha pasado es que fuimos aprendiendo a sumar lo mejor de cada uno. En alguna época fuimos más jóvenes y competitivos y en vez de aprovechar las cualidades del otro, nos enfrentábamos. Por ejemplo, yo quería tocar música, no quería ser menos, y era un lastre. Los roces se pueden dar en las decisiones artísticas, en la decisión de horarios, en la convivencia&#8230; Por eso, entender esto fue muy importante para todos. Eso te ayuda a seguir teniendo ganas.</p>
<p>—<strong>¿Cuántas ganas más tienen? </strong></p>
<p><strong><em>Rabinovich</em></strong>: Mientras el cuerpo me dé, yo quiero seguir actuando. No tengo ningún otro plan mejor que vivir acá adentro.</p>
<p>Una vez más, por los gestos de sus caras, están todos de acuerdo. Que así sea. * <em>Clarin</em></p>
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		<title>Baltasar y la nada. Una reflexión sobre «La renuncia del héroe Baltasar» de Edgardo Rodríguez Juliá.</title>
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		<pubDate>Sat, 28 Jan 2012 18:49:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mediaIsla</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cabotaje]]></category>

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		<description><![CDATA[REY ANDÚJAR &#124; Este texto de Rodríguez Juliá prefigura el interés por el asunto racial y sus escisiones en la sociedad, un interés que encuentra sentido en textos como «El entierro de Cortijo» o las crónicas de «Caribeños». El conflicto presentado es el siguiente: Baltasar Montañez, hijo de un líder de la revuelta de esclavos, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/01/Baltasar-y-la-nada.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-8884" title="Baltasar y la nada" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/01/Baltasar-y-la-nada-195x300.jpg" alt="" width="195" height="300" /></a>REY ANDÚJAR | Este texto de Rodríguez Juliá prefigura el interés por el asunto racial y sus escisiones en la sociedad, un interés que encuentra sentido en textos como </strong><strong>«</strong><strong>El entierro de Cortijo</strong><strong>»</strong><strong> o las crónicas de </strong><strong>«</strong><strong>Caribeños</strong><strong>»</strong><strong>.</strong></p>
<p>El conflicto presentado es el siguiente: Baltasar Montañez, hijo de un líder de la revuelta de esclavos, resiste ser convertido en símbolo de una supuesta convivencia entre los representantes de la Corona Española y la<em> negrada</em> puertorriqueña. El año es el 1753 y la idea del Obispo Larra, máxima autoridad del prelado, es casar al negro Montañez con la hija del Secretario de Gobierno, General Prats. “Significa ello que este desclasado, este intruso tendría que renunciar a su negritud, a la cultura de los barracones […] y asumir todas las fórmulas sociales, culturales y religiosas de la ‘buena sociedad’ blanca del Puerto Rico colonial del siglo XVIII.” Se entiende que esta transacción fortalece las diferencias ya existentes en una colonia dominada en número por negros y mulatos. Los acontecimientos son propuestos desde una voz narrativa investida por la autoridad que concede el intelecto. El <em>conferenciante</em> justifica su disertación asegurando “que en la historia encontramos figuras de muy bajo relieve que, en cambio, tienen una gran profundidad humana […] Baltasar Montañez es una de estas figuras.” Las alocuciones del <em>conferenciante </em>se mezclan con citas tomadas de la obra del escritor Alejandro Juliá Marín y los documentos epistolares de Larra y el mismo Baltasar.</p>
<p>El primer inconveniente que encuentra el plan del obispo es la renuencia del padre de la niña Josefina. Esto se pretende resolver arrestando al Secretario de Gobierno, lo cual no da resultado y aumenta las hostilidades; el obispo “era acusado del más impío maquiavelismo, calificado de traidor a su raza y su religión.” Un rasgo a destacar en esta novela es la elegancia de las imágenes y el correcto uso de los adjetivos. Las primeras descripciones de la celebración nupcial presentan el exceso de la negrada al sonido de los tambores ante una población blanca intimidada por la barbarie afrocaribe. Larra reitera su poder ordenando el permanente encarcelamiento del padre de la novia y nombrando al moreno recién casado en el puesto del suegro. Se enfatiza que el interés del obispo es anestesiar el nervio rebelde de una población negra harta de la esclavitud, consciente de su mayoría en número y alerta ante otros levantamientos en el Caribe.</p>
<p>Luego de establecidas las intenciones la novela se concentra en la demostración de fuerzas entre Larra y Baltasar. El obispo cual Dr. Frankenstein se confiesa intimidado ante su creación. Es verdad que Montañez se rebela, pero donde el negro supera las expectativas es en su decisión. Baltasar apuesta a él. No quiere saber nada de la negrada. Es entonces cuando se presenta el problema para la seguridad de los blancos. Si Baltasar no acepta el cargo de la gobernación, todo el chantaje de la integración racial queda expuesto. Arranca <em>la matanza de los inocentes.            </em></p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/01/Baltasar-y-la-nada-2.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-8885" title="Baltasar y la nada 2" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/01/Baltasar-y-la-nada-2-283x300.jpg" alt="" width="283" height="300" /></a>Alejandro Juliá Marín repite vívidamente los sucesos; descripciones plásticas en donde Baltasar se entrega a los placeres del bajofondo e involucra al resto de los personajes. Rebaja categorías, seduce de forma cínica. Así lo va transformando la investigación del conferenciante; de un negro que tuvo la oportunidad de repetirse en las hazañas del padre, Baltasar reniega la negritud. Es un hombre universal, de ideario <em>póstumo</em>, ya que su propuesta tiene que ver con el mañana terrible que se avecina. El Apocalipsis. Lo interesante es la proyección de Baltasar, quien no va a perpetuarse como el héroe que se espera de él, sino que va a reinventarse en un mito, superando la pretendida sensatez de lo católico romano y la extrañeza de las tradiciones africanas. El producto Baltasar que reniega el obispo es el que busca su verdad afincado en la teoría de que cualquier dios dispuesto a la creación yerra, ya que lo fundamental es la nada perfecta, o sea, lo que estuvo <em>antes. </em>Octavio Paz entiende que el momento inmediato antes del Génesis es el más sublime. En <strong>Los signos en rotación</strong><em> </em>el mexicano recuerda que el ser es la ruptura en la forma perfecta y compacta del universo.</p>
<p>Para Baltasar el hombre es un error, y su contribución a la búsqueda de un orden es la matanza de los blancos, porque con esa fiesta de sangre y hoguera la raza negra (re)afirma la idea de salvajes que de ellos se tiene. Los dos bandos pierden. Es esta la proeza de Baltasar, la verdadera sublevación. <a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/01/Edgardo-Rodriguez-Julia.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-8886" title="Edgardo Rodriguez Julia" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/01/Edgardo-Rodriguez-Julia-e1327776093138-207x300.jpg" alt="" width="207" height="300" /></a></p>
<blockquote><p><em>Y ahora grito que yo me alzo como aquel que se llamó Prometeo, y renuncio a los humanos deseos y añoranzas, y por ello, que es renuncia a mi deleznable humanidad, recobro el signo perdido de la piedad luciferina: ¡destruid! ¡destruid! ¡destruid!</em></p></blockquote>
<p>El obispo no quiere comprender y repele los postulados con fiereza, aunque se destaca que su retórica cristiana resulta chata ante la filosofía del moreno. Hacia el final la novela consigue uno de sus mejores momentos cuando se trata el asunto culinario. Para convencer a Baltasar, Larra recurre a tentaciones; la segunda de ellas se refiere a los “manjares de la mesa.” Aquí se describen, coloridas, las diferentes colaciones, vegetales, frutas, bebidas y narcóticos. Un apartado escrito con muy buen gusto. Este nivel de discurso no decae, ya que el texto culmina con la pluma de Alejandro Juliá Marin, voz que provee a quien escribe del tono necesario para conseguir una prosa lírica fortalecida en sutilezas que otorgan vivacidad al texto. En verdad terminé la novela exaltado; el final es a la vez exabrupto y exquisitez. Este texto de Rodríguez Juliá prefigura el interés por el asunto racial y sus escisiones en la sociedad, un interés que encuentra sentido en textos como <strong>El entierro de Cortijo</strong><em>*</em> o las crónicas de <strong>Caribeños</strong>. | <em>ra, chicago, il <a href="mailto:emmanuelandujar@gmail.com">emmanuelandujar@gmail.com</a></em></p>
<p>*He publicado una nota sobre <strong>El Entierro</strong><em> </em>en media<strong>i</strong>sla.</p>
<p><a href="../2010/11/el-color-de-la-cronica-una-mirada-analitica-a-el-entierro-de-cortijo/">El color de la crónica: una mirada analítica a <strong>«</strong>El entierro de Cortijo<strong>»</strong> </a></p>
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		<title>Beatriz E. Mendoza: “Mi poesía es más de dormitorio que erótica”</title>
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		<pubDate>Sat, 28 Jan 2012 18:36:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mediaIsla</dc:creator>
				<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>

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		<description><![CDATA[JAIME CABRERA GONZÁLEZ &#124; «Hacer un poema es como si te llegara nada más un hilito o una hebra del cielo y luego tu trabajo como poeta es halar esa hebra y bajar todo el hilo, toda la madeja y armarla y hacer como una bolita y con eso armas un poema». Cuando Beatriz Elena [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/01/JaimeyBeatriz3.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-8875" title="JaimeyBeatriz3" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/01/JaimeyBeatriz3-200x300.jpg" alt="" width="200" height="300" /></a>JAIME CABRERA GONZÁLEZ | </strong><strong>«</strong><strong>Hacer un poema es como si te llegara nada más un hilito o una hebra del cielo y luego tu trabajo como poeta es halar esa hebra y bajar todo el hilo, toda la madeja y armarla y hacer como una bolita y con eso armas un poema</strong><strong>»</strong>.</p>
<p>Cuando Beatriz Elena Mendoza me dijo un día que había dejado de corregir esos poemas sueltos que había paseado por tantos lugares durante tantos años, me confirmaba que ya eran un libro publicado.</p>
<p><strong>Esa parte que se esconde </strong>consta de 23 poemas en verso y 5 en prosa, impreso por Ediciones del Bookanero (Colección <em>A ras de cielo</em>) e ilustrado por el pintor colombiano Iván Santos.<em><br />
</em></p>
<p>Son poemas coloquiales sobre lo que Octavio Paz llama “ceremonia subterránea” y responden a aquella experiencia que  —como expresa un poema del nicaragüense Martínez Rivas— “sin saber qué hacer con aquel amor lo ha hecho canción”.</p>
<p>En suma, <strong>Esa parte que se esconde</strong> tiene la virtud de revelar la intensidad del fuego, la calidez del rescoldo y las pavesas definitivas valiéndose de la expresión sencilla y singular en que se fraguó una experiencia del deseo y su más allá.<em><br />
</em></p>
<p>Ésta es<strong> </strong>la segunda aparición editorial de Beatriz E. Mendoza (Barranquilla, Colombia) después de haber sido incluida en la antología <strong>Rompiendo el silencio</strong>, con su cuento <em>Toñita</em>, publicado por Editorial Planeta.<strong><br />
</strong></p>
<p>—<strong>¿Cómo surgieron estos poemas?</strong></p>
<p>—Estos poemas surgieron a los veintitantos… Empezaron en Bogotá cuando estudiaba en la Universidad Javeriana. Cuando me trasladé a Miami como vivía sola —con largos periodos de soledad, interrumpidos por cortos periodos de compañía— aprovechaba el tiempo para escribir. Escribía de noche. He sido un poco insomne y las trasnochadas siempre ayudan para la poesía. Los poemas fueron surgiendo como ejercicios, digamos que no literarios, sino como ejercicios personales para conocerme a mí misma. Durante muchos años he llevado diarios que no son acerca de lo que me pasa en el día, sino sobre lo que siento, y a partir de esos diarios empiezan a brotar ese tipo de sentimientos que son los que pueblan mis poemas.</p>
<p>—<strong>En </strong><strong>«</strong><strong>Esa parte que se esconde</strong><strong>»</strong><strong> </strong><strong>hay una unidad temática,  ¿desde el principio te propusiste el tema erótico?</strong></p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/01/Beatriz-Mendoza.-De-dormitorio.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-8876" title="Beatriz Mendoza. De dormitorio" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/01/Beatriz-Mendoza.-De-dormitorio-198x300.jpg" alt="" width="198" height="300" /></a>—Yo he escrito otro tipo de poemas, pero el amor y el erotismo siempre han estado presentes en mi poesía. El otro tema que dejé por fuera de este libro es el existencial, el quién soy yo, para dónde voy… Solamente incluí uno que otro poema,  tal vez dos que tocan ese tema.  A la hora de escribir los poemas surgen como ellos quieren y ahí es poco lo que el poeta puede hacer para impedirlo, pero a la hora de editar el libro hubo una selección y decidí explícitamente dejar por fuera los que no eran de corte “de dormitorio” como les digo yo… Porque me gusta decir que mi poesía es más de dormitorio que erótica.</p>
<p>—<strong>Haces una diferencia entre poemas de alcoba y poesía erótica…</strong></p>
<p>—Bueno, definitivamente los poemas son eróticos. Lo que pasa es que no me gusta la palabra como tal, por eso busco algo que la suplante.  Me gusta hablar de alcoba, de dormitorio, porque ahí pasan muchas cosas. Porque además de irnos a dormir y hacer el amor, también lloramos. Es un lugar muy íntimo y los poemas son eso. La concepción de erotismo que yo tengo es muy ceñida a la palabra eros, que significa amor, y el amor lo abarca todo, no sólo el plano espiritual, sino que incluye el sexo. Entonces no diría que mis poemas son solamente sobre sexo. Para mí, el erotismo abarca el amor físico y el espiritual.</p>
<p>—<strong>¿Cómo fue lo del título?</strong></p>
<p>—El título del libro surge a partir de un poema que se llama <em>Esa parte que se esconde</em> y es un poema —como todos los del libro— muy íntimo, que coloqué en la mitad del libro, página 29. Y siempre me preguntan que cuál es esa parte que se esconde. Es lo que la gente quiere saber. Y es interesante ver las diferentes interpretaciones que los lectores hacen, pero es más sencillo de lo que parece. Es tal como dice en esas palabras, lo que escondiendo de lo demás, no en ninguna parte. Sencillamente me refiero a la parte más íntima del ser humano: el alma.<strong><br />
</strong></p>
<p>—<strong>En este poemario</strong> <strong>las descripciones del acto sexual son directas, apenas se asoman tímidamente algunas figuras retoricas. La voz poética exige, reclama, señala, pide, se muestra como víctima o como verdugo, es mucho más que un encuentro de cuerpos.  Llamas a cada cosa por su nombre, aunque —valga el logro— sin perder su efecto poético ni caer en el lugar común…</strong></p>
<p>—Sin embargo, yo traté de sacar algunas palabras que me perturbaban… Me gusta llamar las cosas por su nombre porque me gusta que la poesía sea directa y que llegue a las masas. Sí creo en las metáforas y en las figuras literarias, pero me gusta que el lenguaje sea directo. Hoy en día tenemos una escasez tan grande de poesía. De por sí, ante el fenómeno de la Internet, la gente cada vez lee menos, para qué me voy a dar vueltas y hacer rodeos si no quiero perder el sentido de lo que quiero decir. Lo existencial está en los poemas y por más que trate de sacarlo del libro una vez un poema tiene ese ángulo es muy difícil quitárselo, habría que cambiar el poema. Me parece que son muy trabajados, que si te pones a pensar son 15 años con estos poemas a cuestas, para arriba, para abajo, en lecturas, en correcciones, nunca terminas de corregirlos. Pero sí, definitivamente, hay un  punto de existencial en ello. No sé si fue así a propósito, sencillamente esa es mi naturaleza.</p>
<p>—<strong>Hay poemas en verso y otras en prosas…</strong></p>
<p>—Al final decidí —decidimos junto con mi editor René Rodríguez Soriano— incluir unas prosas poéticas por una cuestión de edición y también porque originalmente mi idea era hacer un libro de prosas poéticas, y no quiero que pasen otros 15 años. Y dije, deja tomar las prosas poéticas que tengo hasta ahora y que tengan temas amorosos o eróticos e incluirlas, y así el libro me queda con una unidad.</p>
<p>—<strong>Encuentro algunas fijaciones en tus poemas, tanto en verso como en prosa&#8230; Es decir, sólo cambia la forma de expresión ¿Cómo se dio la prosa poética?</strong></p>
<p>—<a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/01/JaimeyBeatriz2.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-8877" title="JaimeyBeatriz2" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/01/JaimeyBeatriz2-300x200.jpg" alt="" width="300" height="200" /></a>Se dio en forma simultánea. Pero como te digo, el libro tuvo un periodo de creación muy grande. Lo empecé a escribir a los veinte y tantos años y lo terminé de escribir en agosto del año pasado [2010] cuando escribí cosas nuevas. Yo me muevo en dos mundos: en el de la narrativa y en el de la poesía. Y la prosa poética me permite habitar los dos mundos al mismo tiempo, lo cual es maravilloso. Me permite expresar lo que siento, pero no me restringe tanto como el verso. Y hay un poema en particular que me gusta mucho que es el de <em>Los tequieros</em> que tiene un elemento de influencia muy cortazariana y son cosas que no sé… la inspiración funciona así. Como anécdota  te cuento que es una prosa que escribí de un solo tirón y luego la trabajé. Si ves el texto original es muy poco el cambio de palabras y de la estructura. Soy una persona que las influencias —como pasa con todo el mundo— funcionan así, no es que estés copiando a nadie ni nada. Uno lee a un autor y pasan años y eso se queda en tu inconsciente y en algún momento sale a flote. Y eso fue lo que pasó.</p>
<p>—<strong>¿Cómo es tu proceso creativo?</strong></p>
<p>—Hacer un poema es como si te llegara nada más un hilito o una hebra del cielo —creo que lo dice Octavio Paz, si no estoy mal, en <strong>Libertad bajo palabra</strong>—, y eso puede ser un verso y tu lo copias en cualquier cuadernito, agenda, libreta de teléfono… y luego tu trabajo como poeta es halar esa hebra y bajar todo el hilo, toda la madeja y armarla y hacer como una bolita y con eso armas un poema. Esa es una forma. A veces me llega solo el primer verso. Otra forma es cuando todo me llega completo y hay que cambiar muy poco. Entonces tengo esas dos formas de trabajar la poesía. Sencillamente es así.</p>
<p>—<strong>¿Pero hay un momento del día en especial?</strong></p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/01/Beatriz-Mendoza.-ME-MOJAS.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-8878" title="Beatriz Mendoza. ME MOJAS" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/01/Beatriz-Mendoza.-ME-MOJAS-225x300.jpg" alt="" width="225" height="300" /></a>—Estoy tratando de entrar en una disciplina, en una dinámica de escribir diario… No siempre puedo, tengo que cumplir con mis otras obligaciones, trabajo, la casa, etc. Pero últimamente por mis horarios me doy cuenta de que por la mañana me rinde más  y tengo más inspiración que por las tardes. Por las tardes el cerebro esta frito y lograr que salga algo es muy complicado. Por lo general, últimamente me acuesto temprano y a las cinco o seis de la mañana ya estoy despierta y a esa hora me voy a mi escritorio, ya sea que encienda la computadora o abra un diario, y empiezo a escribir. Para la narrativa la computadora me ayuda más; la poesía es mas de diario, definitivamente es de escribir a mano.</p>
<p>—<strong>Ya el libro ha circulado desde meses atrás, ¿qué te dice la gente que lo ha leído el libro, tanto hombres como mujeres?</strong></p>
<p>—La acogida que ha tenido entre las mujeres me deja gratamente sorprendida. En el trabajo vendí un par de libros y han pasado de mano en mano. Hay un poco de vergüenza de mi parte porque me da pena mezclar poesía con trabajo, pero la acogida es tal que todos los días alguien me dice trae un libro que lo quiero comprar. Los hombres ven el libro de una manera diferente a las mujeres. Creo que las mujeres se sienten identificadas y esa era la intención de alguna forma, darle voz a la mujer, que pudiera dedicar. No encuentro poemas de mujeres para dedicar a los hombres. Los hombres ven el libro de una manera más picara. Pero igual, creo que genera pasiones de lado y lado.</p>
<p>—<strong>Volvamos a los títulos de los poemas…</strong></p>
<p>—Los títulos surgen después de escrito el poema. Pero a veces el título te da el tema de lo que vas a hablar. Son concisos. Una anécdota es que tenía un poema que le cambie el titulo <em>Todos los animales que soy cuando estamos en la cama </em>por <em>Caracola dormida</em>. Porque pasó —para que veas que las lecturas que uno hace en público sirven para algo— que a un círculo de escritura que coordina la poeta nicaragüense Rubí Arana en Books &amp; Books asistió un escritor cubano que se llama Sindo Pacheco y me dijo: “¿Por qué no le cambias el título y el verso último se lo pones de título. Y el título, de verso último. Y me gustó. Quedó: “Caracola dormida, coral y espuma…”</p>
<p>—<strong>En la narrativa, tus cuentos son de un ambiente más abierto, si se puede decir con color Caribe, mientras que la poesía es más cerrada, más hacia adentro, más íntima…</strong></p>
<p>—La narrativa es más acción, no hay la reflexión que me planteo en la poesía. Últimamente escribo más narrativa y otros temas, no sé si eróticos, pero que tienen que ver con sexo.</p>
<p>—<strong>¿Qué puedes adelantar al respecto?</strong></p>
<p>—Tengo muchos proyectos. Demasiados. Además de mi interés por la edición de libros míos o de otros, me gustaría escribir un libro de cuentos. Tengo varios cuentos. Ahorita mismo estoy trabajando en unos cuentos sobre el mundo sórdido de la prostitución y estoy como tratando de ponerme en los zapatos <em>de</em>. Y los cuentos van por ese lado y aspiro a que sean narraciones cortas. Me gustan los cuentos apretados de una página. © Fotos: Ulises Regueiro. <em>jcg, miami beach, fl </em><em><a href="mailto:kabreraj@aol.com">kabreraj@aol.com</a></em><em> </em><em></em></p>
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		<title>Balaguer frente a su propia historia</title>
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		<pubDate>Sat, 28 Jan 2012 18:23:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mediaIsla</dc:creator>
				<category><![CDATA[Glosas golosas]]></category>

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		<description><![CDATA[MIGUEL ÁNGEL FORNERÍN &#124; El relato de la vida de Balaguer aparece como la diégesis escamoteada en el que las fisuras de los asesinatos en las calles de Santo Domingo, el robo continuo de las elecciones y la entrega del patrimonio nacional […] hacen que la construcción grandilocuente de su figura se venga abajo como [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/01/Balaguer-ante-su-propia-historia.-Amin-Able-Hasbun.jpg"><img class="alignright size-full wp-image-8863" title="Balaguer ante su propia historia. Amin Able Hasbun" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/01/Balaguer-ante-su-propia-historia.-Amin-Able-Hasbun.jpg" alt="" width="283" height="280" /></a>MIGUEL ÁNGEL FORNERÍN | El relato de la vida de Balaguer aparece como la <em>diégesis</em> escamoteada en el que las fisuras de los asesinatos en las calles de Santo Domingo, el robo continuo de las elecciones y la entrega del patrimonio nacional […] hacen que la construcción grandilocuente de su figura se venga abajo como la estatua de un coloso de barro.<br />
</strong></p>
<p align="left">Tal vez las acciones de los sujetos individuales sean más importantes para las comunidades que las historias que tratan grandes períodos, quizás sean más significativas que la valoración histórica de las clases sociales o la historia de las instituciones. El relato oral, que hoy día se conforma a través de la radio y la televisión, ha contribuido a conformar una visión del pasado en la que las acciones de los grandes personajes se encuentra por encima de aquellas formas que modernamente han tenido los historiadores de reescribir el pasado.</p>
<p>El asunto me parece ejemplarizado cuando analizamos la figura de Joaquín Balaguer. Su muerte y su entierro produjeron signos y simbolizaciones que ponen en evidencia una reiterada manera de construir lo histórico. Para la cultura oral dominicana la historia tenía un sentido de grandes caudillos. Pero también es significativo que los llamados caudillos han tenido también su propia concepción de la Historia. En el caso de Balaguer quien siempre se creyó un testaferro de fuerzas ocultas.</p>
<p align="left">Teóricamente Balaguer era “historiador”. Un romántico historiador que fuera exaltado a la academia de la Historia dominicana. Sus textos históricos (<strong>El Cristo de la libertad</strong>, (1950) sobre la vida del patricio Juan Pablo Duarte;  <strong>El centinela de la frontera</strong><em> </em>(1962), sobre la vida del general independentista Antonio Duvergé; <strong>Historia de la literatura dominicana </strong>(I956), <strong>Galería heroica</strong> y <strong>Los próceres escritores</strong><em> </em>(1947), <strong>Colón precursor literario</strong> (1958), entre otros)  pretenden explicar desde la realidad histórica que construye el sujeto historiador, las acciones de los grandes hombres.</p>
<p align="left"><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/01/Balaguer-ante-su-propia-historia.-Viriato-sencion1.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-8865" title="Balaguer ante su propia historia. Viriato sencion" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/01/Balaguer-ante-su-propia-historia.-Viriato-sencion1-300x199.jpg" alt="" width="300" height="199" /></a>En sus obras históricas, mezcla de relato y reconstrucción de la historia empírica, Balaguer construye a un Duvergé como la verdadera espada de la Independencia y lo contrapone a su rival y verdugo, Pedro Santana; en <strong>Los próceres escritores</strong> y en la <strong>Historia de la literatura dominicana</strong>, Balaguer valora los grandes momentos de hombres (y algunas mujeres) que construyen una galería de la grandeza dominicana.</p>
<p>Así Balaguer construye un sentido de la Historia a partir de lo grandioso singularizado en la vida y la expresión de las grandes figuras. Pero sin desligarse del todo de un sentido histórico de sus propias acciones. He leído su libro <strong>El Cristo de la libertad</strong>, como la construcción de un joven democrático  (Duarte) frente a las acciones políticas del autoritarismo trujillista (Santana). Balaguer era amanuense de Trujillo y a la vez su sucesor. Las disparidades entre el personaje Duarte y Pedro Santana, que aparecen en sus textos sobre el primero y Antonio Duvergé, tiene su encuentro resolutorio en lo empírico donde Santana logra el reconocimiento final con el depósito de sus restos en el Panteón Nacional. En las honras funerarias, Balaguer muestra las contracciones de la coyuntura y la diferencias entre el momento histórico de la escritura de los textos señalados y el final de paz eterna a sus restos.</p>
<p>Es significativo destacar que Balaguer no solamente hace Historia desde el régimen trujillista sino que era un continuo propagandista de ese régimen. En sus discursos de alabanza a Trujillo (<strong>La palabra encadenada</strong>, 1975) aparecen  reiteradas las figuraciones y metáforas del poder omnímodo, del César dominicano, del gran dirigente de pueblo, del gran constructor. Sus acciones son tan poderosas y su transformación tan significativa que el cambio de nombre de la ciudad de Santo Domingo por el de Ciudad Trujillo es plenamente defendido en su obra histórica <strong>Guía emocional de la ciudad romántica </strong>(1944). Balaguer panegirista de Trujillo lo muestra como su propio padre, el padre de la República y el incomprendido hacedor del Estado moderno.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/01/Balaguer-ante-su-propia-historia.-Narciso-Gonzalez.jpg"><img class="alignright size-full wp-image-8866" title="Balaguer ante su propia historia. Narciso Gonzalez" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/01/Balaguer-ante-su-propia-historia.-Narciso-Gonzalez-e1327774763947.jpg" alt="" width="280" height="210" /></a>Joaquín Balaguer Ricardo (1906-2002) nació en Navarrete. Era hijo de Joaquín Balaguer Lespier, comerciante venido a menos. Se graduó de licenciado en derecho y desde muy joven utilizó sus dotes oratorias para oponerse a la ocupación estadounidense de la República dominicana (1924-1916). Se enrola en el movimiento cívico de Estrella Ureña contra el presidente Horacio Vázquez y que culmina con el ascenso del coronel Rafael Leonidas Trujillo en 1930, dando apertura a uno de los momentos más altos del autoritarismo político latinoamericano. De ese régimen fue diplomático, canciller, secretario de educación, propagandista, vicepresidente y luego presidente testaferro.</p>
<p>Al igual que muchos de los jóvenes que se desarrollaron en su época, cuando el arielismo y el positivismo habían sido agotados por otras concepciones sobre el presente, Balaguer estuvo sumamente preocupado por la inestabilidad del país que lo había llevado a la pérdida de la soberanía bajo las tropas estadounidenses (véase, su novela <strong>Los carpinteros</strong><em>, </em>1984). Su preocupación se manifestaba como la búsqueda de un hombre fuerte, un caudillo que eliminara a los pequeños caudillos regionales. Y ese hombre aparece en la figura de Trujillo.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/01/Balaguer-ante-su-propia-historia.-OrlandoMartinez.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-8867" title="Balaguer ante su propia historia. OrlandoMartinez" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/01/Balaguer-ante-su-propia-historia.-OrlandoMartinez-245x300.jpg" alt="" width="245" height="300" /></a>En <strong>La fiesta del chivo</strong>, Mario Vargas Llosa construye a un Balaguer inscrito en la historia contemporánea dominicana como el hombre que posibilitó el tránsito hacia la democracia en la República Dominicana. Las notas panegíricas que su entierro presentó, las construcciones que la oralidad y representación mediática le dieron, lo encumbraron como el salvador del país frente a los remanentes del trujillismo. La historia de los grandes hombres que él contribuyó a confirmar como una permanente en el sentido histórico, lo ha colocado en la historia de los grandes caudillos.</p>
<p>Pero la historia no siempre la escriben los vencedores. El relato de la vida de Balaguer aparece como la <em>diégesis</em> escamoteada en el que las fisuras de los asesinatos en las calles de Santo Domingo, el robo continuo de las elecciones y la entrega del patrimonio nacional a favor de las oligarquías locales y extranjeras, hacen que la construcción grandilocuente de su figura se venga abajo como la estatua de un coloso de barro que no resiste el reflejo de su mirada en el espejo de su propia Historia. <em>maf, caguas, pr <a href="mailto:trabajosparafornerin@gmail.com">trabajosparafornerin@gmail.com</a> </em></p>
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		<title>René Rodríguez Soriano: una teoría del recuerdo</title>
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		<pubDate>Sat, 28 Jan 2012 18:14:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mediaIsla</dc:creator>
				<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>

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		<description><![CDATA[J. J. JUNIELES &#124; Rodríguez Soriano acostumbra jugar baloncesto con los muchachos de la calle, parece de lejos un faro caminando con sus casi dos metros de estatura. Frente a las incertidumbres de nuestro presente, ante el mar casi infinito de portadas en las tiendas, se levantan sus palabras como una luz que brilla sólo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/01/Siete-anos-y-nueces.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-8855" title="Siete anos y nueces" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/01/Siete-anos-y-nueces-205x300.jpg" alt="" width="205" height="300" /></a>J. J. JUNIELES | Rodríguez Soriano acostumbra jugar baloncesto con los muchachos de la calle, parece de lejos un faro caminando con sus casi dos metros de estatura. Frente a las incertidumbres de nuestro presente, ante el mar casi infinito de portadas en las tiendas, se levantan sus palabras como una luz que brilla sólo para nosotros, que nos acompaña y redime.</strong></p>
<p>Creo que se trataba de Peter O&#8217;Toole quien decía, con ánimo burlón, que la vida era una piscina llena de basura en la que era imposible no ponerse a nadar, el secreto consistía en intentar salir de allí oliendo a violetas. Algunas vidas parecen honrar esa idea, existencias que hablan del lado soleado de la calle, de su belleza y esplendor, pero también de la otra orilla, maleva e indecorosa. Vidas como la del dominicano René Rodríguez Soriano, quien nos ha concedido esta entrevista.</p>
<p>Rodríguez Soriano juega con el lenguaje, pero lo más interesante es que el lenguaje accede a jugar con él, y esa reciprocidad no es fácil hallarla, con plenitud, en la obra de un creador. No sé por qué, pero creo que es un hijo espiritual de Joao Guimaraes Rosa, el gran escritor brasileño. A eso creo que se refería el escritor y crítico Marcio Veloz Maggiolo, cuando dice que “René tiene el don de manejar la poesía que deshiela el misterio. No es necesario que el cuento sea un dechado de ejercicios técnicos, su pluma nos lleva por el remolino de la fantasía que puede ser una teoría del recuerdo.”</p>
<p>Rodríguez nació en Constanza, República Dominicana (1950), vivió quince años en  Miami, y desde hace un año lo encontramos en Houston. Pero como él suele decir, nuestra verdadera patria es la del idioma de nuestros sueños: el español. Sus libros tienen una larga lista de reconocimientos en su país y ultramar, los más recientes el Premio Nacional de Novela de la Universidad Central de San Pedro de Macorís 2007, gracias a su novela <a href="http://www.lulu.com/product/tapa-blanda/el-mal-del-tiempo/15113092?productTrackingContext=search_results/search_shelf/center/1"><strong>El mal del tiempo</strong></a>, y<em> </em>el Premio de Poesía otorgado por la misma Universidad Central en San Pedro de Macorís 2008, por su libro de poesía <a href="http://www.alibris.com/booksearch.detail?invid=10086886890&amp;noworks=1&amp;query=Rumor+de+pez%2C+Ren%C3%A9+Rodr%C3%ADguez+Soriano&amp;qsort=&amp;page=1"><strong>Rumor de pez</strong></a><em>. </em>Recientemente puso en circulación <a href="http://www.alibris.com/booksearch.detail?invid=10960447731&amp;noworks=1&amp;query=Tientos+y+trotes%2C+rene+rodriguez+soriano&amp;qsort=&amp;page=1"><strong>Tientos y trotes</strong></a>, libro en el que Rodríguez Soriano comparte asombros, dudas y entusiasmos.</p>
<p>Rodríguez Soriano acostumbra jugar baloncesto con los muchachos de la calle, parece de lejos un faro caminando con sus casi dos metros de estatura. Frente a las incertidumbres de nuestro presente, ante el mar casi infinito de portadas en las tiendas, se levantan sus palabras como una luz que brilla sólo para nosotros, que nos acompaña y redime. Algo que, como dice Eduardo González Viaña, inscribe las historias de Rodríguez “dentro de la mejor tradición narrativa latinoamericana”. René es cofundador y coordinador de la revista digital <em>mediaIsla</em>, con trece años de existencia, desde donde desarrolla una intensa labor de difusión y promoción de la literatura latinoamericana (mediaisla.net/revista).</p>
<p>—<strong>Para quienes llegan a René Rodríguez Soriano por primera vez, qué podemos decir sobre él. Cuáles son esas señas inevitables cuando se pregunta por su identidad.</strong></p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/01/Tientos.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-8856" title="Tientos" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/01/Tientos-194x300.jpg" alt="" width="194" height="300" /></a>—De seguro, no lo sé. Tal vez raros acordes, contrapunteos y dislates o un innegable aroma de pinares, descampados y arroyuelos que se me sale por los dedos, que escriben, se piensan y se me desbandan casi siempre a lomo de un lapicito rombo, salvado a puro pulso de la estampida que me arrojó desde el monte hacia inciertas llanuras del espanto y la llovizna. Me seducen, me dejan mongo y sin cordura los tantálicos tableteos de los teclados, los tambores y el trastabilleo de las sílabas, los fonemas y los monemas manoteándose con persistente perversidad hasta engendrar la frase que, feliz o infeliz, enciende el verbo o la palabra a todo tren sobre el papel o el aire. Me encantan las palabras y, ya lo he dicho, arrojarlas como dardos o pinceles sobre el lienzo del diálogo, sin condones, sin reglas. Nunca miento, ni siquiera cuando digo la verdad.</p>
<p>—<strong>Parecen existir más preguntas que respuestas en su obra, más viajes que horizontes prometidos. Qué visión tiene de su estilo literario, es decir, de su forma de organizar y presentar historias, ideas y sensaciones.</strong></p>
<p>Enarbolo la flauta o el pincel con la misma impericia o ineptitud con la que pulo losas o tablaos; perfilo historias que carecen de historia y que por carecer de ella generan una intrahistoria que está en la inexistente otra orilla. Es como un juego en el que las reglas y preceptos no interfieren con el tránsito de los cuerpos o las cosas; un juego corporal, una realidad que acontece en un universo neutro y sobre todo erótico, por encima, y del otro lado de todas las leyes de la chata censura policial de la razón. Escribo o nado en los terrenos de la transgresión, más allá de normas y prejuicios, hasta los límites del cuerpo tal vez. Algo así como un intento de decir o transmitirlo todo o nada: tocar ciertas fibras o ciertas melodías, corretear por los patios de la tarde sin alborotar las palomas; decir verdades o mentiras sin pasar facturas; volar, surcar los aires. Dialogar con lectores sin género, sin sexo ni bandera y, sobre todo, respirar menos viciado el aire y sus alrededores.</p>
<p>—<strong>¿En su proceso de escritura prevalece el discernimiento, el análisis, experiencia o la imaginación?</strong></p>
<p>—Escribo, sueño que escribo o viajo por los sueños y me veo que escribo soñando que escribo, como Elizondo. Degenerado y desgeneracionado como he sido y vivido hasta hoy, tal vez.</p>
<p>—<strong>Qué opinión le despierta hoy lo que antes denominaban literatura latinoamericana, ¿todavía podemos llamarla así?</strong></p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/01/El-olvido-es-la-Rumor-de-Pez.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-8857" title="El olvido es la Rumor de Pez" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/01/El-olvido-es-la-Rumor-de-Pez-215x300.jpg" alt="" width="215" height="300" /></a>—Soy del Caribe, y aunque estoy convencido de que nada sonoro me es ajeno, no estoy tan seguro de que encuadre dentro de la definición con la cual, académicos y estudiosos, nos engloban. Dudo, siempre dudo, de las definiciones y aparcelamientos; me aburren las fronteras con sus sangrudos y biliosos agentes de inmigración y Aduanas. La literatura es la literatura; la preceptiva, la veo más bien como parte de aquel baldón de conocimientos inútiles que nos tuvimos que engullir a empujones en los incómodos pupitres de antaño. De modo que, la literatura con apellidos ralos o pomposos, me resulta poco menos que un oscuro vellocino tras el cual tendremos que embarcarnos, quizás a naufragar, en los vastos mares de incomunicación y asedio en que nos ha sometido este tiempo de estrechas aperturas.</p>
<p>—<strong>¿Qué contribuye a su fe como escritor, esas cosas que no dejan que el fuego creador se extinga en medio del cansancio y la incertidumbre?</strong></p>
<p>—La sed.</p>
<p>—<strong>¿Cómo desearía ser recordado?</strong></p>
<p>—Como sapo o gusano, el bronce es una tentación que ya nadie se resiste a desmontar tarjas, estatuas y bicornios cuando aparecen los chinos en escena, comprando todo, todo.<strong><br />
</strong></p>
<p><strong><a href="http://rodriguesoriano.net/">Rodríguez Soriano Básico</a>:</strong> (Constanza, 1950) Ha recibido distinciones  como el Talent Seekers International Award 2009-2010, el Premio uce de Poesía 2008, el Premio uce de Novela 2007, el Premio Nacional de Cuentos José Ramón López de República Dominicana (1997), entre otros. De sus libros publicados destacan: <em>Raíces con dos comienzos y un final</em> (1977), <em>Todos los juegos el juego</em> (1986); <em>Su nombre, Julia</em> (1991), <em>La radio y otros boleros</em> (1996), <em>Queda la música</em> (2003), <em>Sólo de vez en cuando </em>(2005), <em>Apunte a lápiz</em> (2007), <em>El mal del tiempo</em> (2008), <em>Rumor de pez</em> (2009) y <em>Tientos y trotes </em>(2011). © Foto Regina Swain.  <em>jjj, cartagena, colombia, <a href="mailto:john.junieles@gmail.com">john.junieles@gmail.com</a> </em></p>
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		<title>Ezequiel o el canto divino de un loco (I de II)</title>
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		<pubDate>Sat, 28 Jan 2012 17:57:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mediaIsla</dc:creator>
				<category><![CDATA[La senda]]></category>

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		<description><![CDATA[JOSÉ TOBÍAS BEATO &#124; A un intelectual nada le está vedado, salvo perder su independencia de criterio que lo haga silenciar su voz, o peor aún, alabar con palabras hermosas y sonoras la fetidez del pantano. Si Freud hubiera podido tener en su famoso diván al profeta Ezequiel, probablemente hubiera concluido que estaba en presencia [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/01/Ezequiel-y-los.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-8843" title="Ezequiel y los" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/01/Ezequiel-y-los-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a>JOSÉ TOBÍAS BEATO | A un intelectual nada le está vedado, salvo perder su independencia de criterio que lo haga silenciar su voz, o peor aún, alabar con palabras hermosas y sonoras la fetidez del pantano.</strong></p>
<p>Si Freud hubiera podido tener en su famoso diván al profeta Ezequiel, probablemente hubiera concluido que estaba en presencia de alguien que era más que un neurótico. Porque Ezequiel mostraba comportamientos muy singulares, característicos de un loco, pero un loco inspirado. Su locura, “mar de la palabra divina”, como declaró una vez San Jerónimo. Allí recostado, expuesto al método analítico del psiquiatra vienense, el hipotético paciente rápidamente hubiera evidenciado que estaba dominado por ideas fijas, que era poseso de monomanía. Su mensaje, revelaciones —que no caiga en olvido tal palabra— en forma de visiones simbólicas de parte nada más y nada menos que del misterioso Iahvé, ser que según sus creencias era todopoderoso y creador del mundo.</p>
<p>Ezequiel le habría contado que oía voces y que tuvo visiones en las que seres fantasmales, rodeados de fuego y en medio de atemorizantes relámpagos, le ponían las manos sobre los hombros, le hacían comer rollos escritos de lamentos, de amenazas o promesas cargadas de esperanza; también le habría dicho acerca de un brillante espíritu que lo transportaba a sitios extraños. Le hubiera hablado de cómo estando con los ancianos de Judá en su casa de Babilonia, fue transportado en trance por un ser que era como de fuego de la cintura para abajo y de metal bruñido de la cintura para arriba. Y acaso hasta le hubiera dibujado o pintado —pues parece que Ezequiel dominaba tales artes (Ez 4.1) — a ese extraordinario ser que tomándolo por los cabellos, lo llevó a Jerusalén, dejándolo frente al templo (Ez 8.2-3).</p>
<p>También le habría dicho al famoso psiquiatra, por cierto de su misma raza, que vio a otro ente vestido de lino, poniendo una señal en la frente de cada jerosolimitano que no estaba de acuerdo con las cosas detestables que se practicaban en la ciudad (Ez 9.4): un ritualismo exento de contenido vital, la adoración de astros y figuras hechas por ellos mismos a las que consideraban dioses y ofrecían sacrificios (hasta de niños). Y, sobre todo, la corrupción de gobernantes y sacerdotes, particularmente el egoísmo de “sentirse orgullosos de tener abundancia de alimentos y de gozar de comodidad,  pero nunca ayudaron al pobre y al necesitado” (Ez 16. 49), cosas todas merecedoras de desprecio y castigo.</p>
<p>Allí mismo le habría descrito las ruedas llenas de ojos (¿reflejos?) que podían avanzar en cualquier dirección, que en ocasiones se elevaban sobre el suelo, sobre las que irían seres de cabeza humana cuando se les veía de frente y de rostros de animales si les veía de lado (Ez 1.10), al tiempo que sobre su cabeza llevaban una bóveda brillante como el cristal, acaso similar a la que hoy usan nuestros astronautas. Le habría hablado de seres que, aunque caminaban derechos y sin volverse, sus extremidades inferiores terminaban en pezuñas brillantes como bronce pulido (¿botas?) y que, sin embargo, arriba tenían manos humanas por los cuatro costados (Ez 1.7-9). En el día de hoy, algunos, y sin querer ser irreverentes, nombran a esos seres extraños con una palabra que tiene sus connotaciones y peligros: “extraterrestres” les llaman. Para otros, son los mentados serafines o querubines; y aún para otros, con pretensiones de tener una  mayor hondura filosófica, pues ven en ellos a los célebres “Elohim(s)” de los primeros tiempos, aquellos seres intermedios y misteriosos que supuestamente crearon la raza humana. En cualquier caso, un tema seductor y alucinante, pero que aquí obviamos… sencillamente porque no es el punto…</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/01/ezequiel....jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-8844" title="ezequiel..." src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/01/ezequiel...-300x239.jpg" alt="" width="300" height="239" /></a>Pero no es eso solamente. El hombre, luego de su primera visión a orillas del río Quebar, afluente del Éufrates que atravesaba la antigua Caldea, contaría que fue a una llanura donde volvió a tener la misma aparición con idénticos espectros. Allí, un extraordinario ser le puso la mano nuevamente en el hombro y le advirtió que por un tiempo indefinido se quedaría mudo, con la lengua pegada al paladar. Y que al llegar a su casa, sería atado con cuerdas por razones que no están nada claras. (Ez 3.22-26).</p>
<p>Más adelante, al morir su esposa, asumiría un comportamiento tan en extremo chocante para las costumbres establecidas entonces, que sus compatriotas se vieron obligados a preguntarle qué significado tenía para ellos su conducta inusual. Y es que contra la costumbre, Ezequiel no lloró a su mujer, ni se cubrió la cabeza, ni anduvo descalzo, ni se cubrió la cara en señal de dolor, ni comió el pan especial que se hacía para las ocasiones de duelo. Todo para indicarle a sus vecinos que, en breve, ellos estarían en situación similar, pues serían exiliados en la Babilonia orgullosa, donde tampoco podrían llorar a sus parientes muertos en el asedio final contra Jerusalén por parte de Nabucodonosor, quien además profanaría e incendiaría el templo, orgullo de los israelitas.</p>
<p>También durante 390 días durmió de un lado como expresión de culpa del reino de Israel, y durante otros 40 días sobre el otro costado, esta vez por la culpa del reino de Judá. Recuérdese que en esos tiempos (desde el 931 aproximadamente, hasta el 587 AC cuando Jerusalén fue destruida por los babilonios), los hijos de Jacob estuvieron divididos en dos reinos: el del norte, Israel, y el del sur, más conocido como Judá. Por eso nuestro profeta durmió sobre sus costados alternativamente, por los pecados de los dos reinos. Eso sin contar que, como ya dije arriba,  dormía atado por cuerdas, las cuales, según refería, se las anudaba Dios mismo (Ez 4.8). Lo cierto es que según el libro que relata su vida y sus profecías, amanecía maniatado, acaso en trance.</p>
<p>Incluso, en un acto que lo separaba totalmente de sus vecinos, se rapó la cabeza y se afeitó la barba para realizar con su pelo diversas acciones simbólicas. Y es que en aquella cultura un hombre que se atreviese a mostrar públicamente su cabeza rapada, o que se afeitase la barba, era poco menos que un loco, a no ser que lo hiciese como expresión de duelo o grave aflicción, que no era el caso.</p>
<p>Todavía narraría Ezequiel otras excentricidades. Relataría cómo le dirigió una proclama a los montes y valles de Israel en la que anunciaba que sobre sus suelos y árboles habría una terrible matanza. Y para decir esto, pateó la tierra con violencia, dio golpes con las manos y lanzó horribles gritos de dolor (Ez 6.11). Ante ese comportamiento, algunas escuelas de la Psiquiatría del siglo XX simplemente lo habrían sometido al bondadoso tratamiento de los choques eléctricos, y si todavía seguía remolón y pateador le hubieran aplicado una dosis apropiada de trementina en el pie a fin de calmarlo, como hacían con el barítono de voz portentosa Eduardo Brito, cuando en la oscuridad de su locura sifilítica se ponía violento, tras cantar arias que ya le eran imposibles.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/01/Ezequiel-o-el.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-8845" title="Ezequiel o el" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/01/Ezequiel-o-el-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a>Y eso no sería todo lo que Ezequiel confesaría: como remate de su especial locura, le habría contado al autor de “Tótem y tabú” y de “La interpretación de los sueños” que, delante de todo el pueblo israelita, cocía su alimento diariamente con fuego de estiércol de vaca (Ez 4.15), porque de este modo le advertía a su pueblo que alimento impuro sería lo que comería en el destierro. Por todo lo referido, Ezequiel, hoy podría ser fácilmente clasificado por nuestros humanitarios y sabios psiquiatras como un esquizofrénico, un paranoico, o una combinación de ambas cosas; en todo caso, un demente o maniático, u otras lindezas parecidas. Es más, de haber vivido ahora, hubiera permanecido encerrado en cualquiera de nuestros confortables y caritativos manicomios, mejor dicho, clínicas de salud mental, donde permanecería encerrado con camisa de fuerza, por obvias razones de seguridad.</p>
<p>Ahora bien; como ya señaló Renán: “Entre nosotros, por ejemplo, el loco es un ser fuera de la normalidad, se le atormenta para hacerle regresar a ella; los horribles procedimientos de las antiguas casas de locos eran consecuentes con la lógica escolástica y cartesiana. En Oriente, el loco es un ser privilegiado; entra en los más altos consejos sin que nadie ose detenerle; se escucha, se le consulta. Es un ser al que se cree más cerca de Dios porque se ha extinguido su razón individual y se supone que participa de la razón divina” (Ernest Renán, Vida de Jesús, pág. 31, Biblioteca Edaf). Hablo del antiguo oriente, por supuesto, pues hoy hay allí otra clase de locos, que pretenden imponer a la fuerza el versículo del Corán que reza que “Cualquiera que no esté gobernado según las enseñanzas de Alá se encuentra entre los transgresores&#8221;. Por eso Al Qaeda ejecuta actos terroristas donde mueren miles de inocentes, el grupo “Forsane Alizza” (Caballeros orgullosos) en Francia recluta combatientes y el gobierno se ve forzado a declararlo ilegal;  o en el norte de Nigeria el grupo “Boko Haram” que mató entre el 21 de enero y el 22 de este año 2012, en un solo fin de semana, a 160 personas, porque se opone a todo contacto con Occidente ( ni sus ropas, ni su educación, aunque si sus técnicas y armas). Eso, pese a no ser algunas de las potencias occidentales santas inocentes, desvinculadas de intereses mercuriales, particularmente de las reservas minerales y de petróleo de tales regiones.</p>
<p>Volviendo a Renán; de los múltiples ejemplos que pueden ponerse para verificar su aserto, tomo el del profeta designado por el también profeta Eliseo para ungir al capitán Jehú como rey de Israel y acabar con Ahab y su mujer Jezabel, los dos que abusaron de Nabot y se apropiaron de su viña, consagración que hizo prontamente y a solas con el escogido en una habitación. Al salir de la misma, tal y como Eliseo le había instruido, el profeta salió huyendo, sin dar tiempo a nada.</p>
<p>Entonces azorados y burlones, los compañeros de armas de Jehú le preguntaron: “¿Qué pasa? ¿Para qué ha venido a verte este loco?” Sin embargo, al referirles Jehú la acción del  presunto loco, al punto “cada uno de ellos tomó su capa y la tendió a sus pies, sobre los escalones. Luego tocaron el cuerno de carnero y gritaron: ¡Jehú es el rey!” (2 Reyes 9.11-13). Es decir, esos locos gozaban de credibilidad, se les tenía respeto.</p>
<p>Lo que no quiere decir, por supuesto, que aquellos hombres no fueran también objeto de burla, de persecuciones y hasta de muerte. Más de lo que suponemos. Especialmente cuando arremetían contra los sacerdotes, el rey, o denunciaban los vicios del pueblo, pues los profetas no eran demagogos que por tener aprobación popular temieran enfrentar sus errores. No contaban con nadie, más que con su palabra inspirada y los “cojones” para combatir lo que consideraban injusto o errado, sin importar consecuencias. Pues, claro, en aquellos tiempos no había prensa, ni sindicatos, ni nada parecido. Y enfrentarse al poder siempre ha sido cosa seria, tremebunda. Así vemos quejarse a Jeremías por su triste destino, a Oseas lamentar que lo tomen por necio (Os 9.7b).  Y Amós, quien según Ortega y Gasset fue el “primer pensador hebreo”, murió probablemente de un golpe en la cabeza que le propinó el hijo de uno de los sacerdotes que aquel había denunciado por corrupto.</p>
<p>Y he aquí una coincidencia paradójica entre profetas y pensadores: lo mismo que éstos, todo profeta es profeta contra algo o alguien. Y para un individuo como yo, importa en grado extremo destacar tal coincidencia, especialmente en una época en la que buena parte de los intelectuales han perdido su enfoque y razón de ser, pues los que ejercen el poder, con tal de mantenerse en el mismo sobornan y reparten migajas, y a veces hasta hacen partícipe de las mieles del poder a aquellos cuya misión esencial es la crítica, el examen o análisis, justamente porque su oficio les exige pensar por sí mismos… desde su punto de vista la cosa es excusable, porque un nombramiento sorpresivo los enternece, aún a aquellos que hasta ese momento se consideraban rebeldes e indómitos. Una posible embajada les agita el corazón hasta el extremo del infarto, y la mención de su nombre en un discurso rutinario del tiranuelo de turno, les hace verter lágrimas de agradecimiento y enrojecer sus mejillas de  lacayos redomados. Han olvidado la sentencia del viejo Quilón, uno de los sabios de la Grecia clásica: “Es sobre la piedra donde se prueba el oro, pero es sobre el oro donde se prueba al hombre”. Porque a un intelectual nada le está vedado, salvo perder su independencia de criterio que lo haga silenciar su voz, o peor aún, alabar con palabras hermosas y sonoras la fetidez del pantano. Estos artículos llevan como carga de fondo, reclamar la vigencia del papel del intelectual.</p>
<p><a href="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/01/ezequiel3_a80.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-8846" title="ezequiel3_a80" src="http://mediaisla.net/revista/wp-content/uploads/2012/01/ezequiel3_a80-300x246.jpg" alt="" width="300" height="246" /></a>Precisamente porque los profetas son ejemplo de audacia y rebeldía volveré sobre el tema, e incluso ampliaré con consideraciones generales sobre los mismos, y posteriormente narraré una breve historia sobre los primeros filósofos griegos, explicando la razón de ser de ese nombre tímido, huidizo —filósofo, como quien dice, un anheloso de saber, mas no un sabio—, que escondía la verdadera actividad de los que se dedicaban a la misma. De paso, a acabar con el mito de que en Atenas fue que se forjó la actividad filosófica, aunque lo digan ilustres profesores del ramo como Michel Foucault siguiendo vieja tradición, tal y como decía un artículo publicado en Media Isla semanas atrás. Más bien lo contrario: en Atenas comienza y se organiza por primera vez la persecución de los que ejercían tal “oficio”, porque ciertamente eran peligrosos, puesto que buscaban causas y exigían justificaciones: Anaxágoras sometido a juicio por negar que el sol mereciera adoración, pues en su opinión no era más que una piedra, no un dios; Protágoras, el primero que elaboró una constitución que obligaba a la educación pública y gratuita, quien murió ahogado camino al exilio, tras ser expulsado de Atenas; y Sócrates condenado a morir envenenado por cicuta, precisamente porque se propuso “no ceder ante nadie, sea quien fuere, contra la justicia” (Platón, Apología de Sócrates, pág. 30, Edaf, Los Clásicos). Pero, lo primero, primero. Así pues, en la próxima ocasión: la naturaleza del mensaje de Ezequiel. <em>jtb, Miami, fl <a href="mailto:setobe1@yahoo.com">setobe1@yahoo.com</a> </em></p>
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